La ruski que venció al Führer: Un manga cuenta la historia de un soldado alemán enamorado de una joven rusa…

Manga Furher

Una de las viñetas de Frau Tovarich, la camarada. - REBECA FERNÁNDEZ

REBECA FERNÁNDEZ – BARCELONA – 31/10/2009 08:00

Entre bombas, crueldad y principios desgarrados, parece imposible un resquicio para la humanidad. Jun Matsuura (Barcelona, 1980) quiere creer que sí, que la hay. Este dibujante de padre japonés ha depositado su confianza en el personaje de Joannes Matthäus, un soldado alemán de la II Guerra Mundial destinado al frente del Este, que actúa como un muñeco en manos del ideario nazi y que tendrá que perderlo todo para llegar a una conclusión: tanto el bando alemán como el ruso defienden “la misma mierda”, pero con distinto nombre.

Matthäus apareció en la cabeza de Matsuura mientras daba un paseo hace cinco años y, ahora, protagoniza su primer cómic Frau Tovarich, la camarada (La Cúpula), que estos días protagoniza el Salón del Manga de Barcelona. “Me interesaba contar una historia de personas que viven en un conflicto y que tienen sus propios principios”, explica este dibujante a Público.

Más cercano al estilo de dibujo europeo que al japonés, Matsuura refleja el proceso de concienciación de Matthäus y sus compañeros, que llegan a cuestionarse los motivos de la guerra y su propia presencia en la batalla. “Todos ellos están en primera línea, luchando por defender unos intereses que no les incumben y al final se acaban enfrentados los de siempre, los de abajo, que se matan entre ellos sin que nadie les dé las gracias”, explica el dibujante. A pesar de todo, en ese contexto marcado por la crueldad que el lápiz de Matsuura perfila en blanco y negro, la llama de la esperanza consigue abrirse paso tímidamente en la piel de una soldado rusa, a la que los alemanes llaman ruski, que se convertirá en el último recurso de Matthäus para conservar su humanidad.

Este duro proceso de degeneración emocional podría darse en cualquier militar de cualquier guerra, pero Matsuura eligió el punto de vista de un soldado nazi en lugar de uno ruso para mostrar que, además de “monstruos”, en las filas de Hitler también había gente que no empatizaba con su ideología. En este planteamiento, también influyó la estancia del dibujante en Alemania, donde pudo comprobar los recuerdos vivos de la contienda que aún perduran en las ciudades germanas, así como recoger las impresiones de generaciones jóvenes que no vivieron la guerra pero que mantienen el “sentimiento de culpabilidad”.

Público.es

http://www.publico.es/265649

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