Visitar a Machado…Una historia llena de dolor…

marzo 4, 2009

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ES una de las historias más tristes que un país puede contarse a sí mismo. Febrero, 1939. Antonio Machado y su madre, su hermano José y la mujer de este, Matea, llegan a Collioure (Francia) el 28 de enero. Llevan encima el aturdimiento de un viaje sin esperanza, que parte del dolor y del cansancio y va a la nada. Será la culminación, para Antonio y también para Ana Ruiz, su madre, de una retirada fatal que se inicia en el 36 y se acelera agónicamente cuando se anuncia como inminente la caída de Barcelona. Al comienzo de la guerra, Antonio, profesor de instituto en Madrid, abandona la ciudad y se instala en Rocafort, Valencia. En el 38, pasan a Barcelona y, el 22 de enero del 39, se unen a la riada confusa y desesperada que lucha por llegar a Francia.
Café, leche y pan
Monique Alonso, artífice de la Fundación Antonio Machado en Collioure, hija de exiliados españoles, nos cuenta en vivo, paso a paso sobre el asfalto de las calles de Collioure, los detalles de la llegada de los Machado. Con la ayuda de Corpus Barga suben al tren que los deja en la estación de Collioure. Caminan, exhaustos, en busca de un hotel. Doña Ana Ruiz no puede más: Corpus Barga la lleva en brazos y ella pregunta que cuándo llegarán a Sevilla. Delante de una mercería (hoy es una tienda de vinos) han puesto una mesa con café, leche y pan para los refugiados. Allí acogen al grupo exhausto.
Un libro de Jacques Issorel, Collioure 1939, ‘Últimos días de Antonio Machado’, recoge testimonios tristísimos. A menudo Machado no bajaba a cenar, ni tampoco a almorzar al día siguiente. Madame Quintana preguntaba si se encontraba enfermo. Pero la razón era la falta de dinero para abonar los gastos del hotel. La dueña insistió en que no debía preocuparse.
Más triste aún es el episodio de la camisa. Antonio y su hermano José no bajaban nunca juntos a comer. Sólo tenían una camisa presentable, y se turnaban para ponérsela y acudir al comedor. Madame Quintana, al enterarse, les facilitó mudas de ropa a ambos.
El poeta Antonio Jiménez Millán cuenta en la cena la historia de Guiomar. Aquel otro milagro de la primavera que esperaba el corazón de don Antonio se quedó en cálculo e indecisiones por parte de la amada, la madonna del Pilar, que veía, a medida que avanzaba la guerra, un peligro cada vez mayor en su amador republicano. Machado, elegido por Guiomar por despecho -su marido la engañaba con una joven que se suicidó-, se reunía furtivamente con ella en un jardín de Moncloa o en un reservado de una taberna del barrio de Tetuán. Pero el milagro hospitalario de Leonor no iba a repetirse.
De todo esto se acordaría don Antonio en sus horas agónicas al otro lado de la frontera. Imaginamos su insoportable pesadumbre, ya postrado en su cama de metal verde de Collioure, su certeza del final en medio del quebranto absoluto del mundo, de la derrota de las amadas ideas y de los sueños de civismo y libertad, de la pérdida de todo asidero e ilusión. Pero en el centro de la más amarga de las desesperanzas, casi ya en compañía de la muerte más torva y esquelética, el poeta aún encuentra palabras para nombrar los únicos restos que halla de belleza y de luz: estos días azules y este sol de la infancia.
En el cementerio
En el cementerio de Collioure una multitud se aprieta en torno a la sepultura de Machado en un homenaje que se celebra cada año el domingo más próximo a la fecha de su muerte. Es imposible abrir brecha y escuchar las palabras y las ofrendas. De pronto, en la periferia de ese círculo apretado, suena una guitarra y una voz conocida. -Parece Paco Ibáñez. ¿Quién lo imita tan bien? Y es que era Paco Ibáñez, que se había acercado a Collioure, por amor al maestro, a cantar unas cuantas canciones que emocionan a todos.
Entre los visitantes que han viajado desde España, una señora elegante y alta lleva un foulard que es la bandera republicana. Le pido permiso para fotografiarla; se llama Ventureta Ballús, huyó en el 39 con cinco meses del pueblo en el que su padre era teniente de alcalde y ahora pertenece a ARMH, Asociación para la Recuperación de a Memoria Histórica. Su hija es jurista en la ONU especializada en casos de desaparecidos. Todos los visitantes tienen una historia y el cementerio se vuelve cálido y acogedor. La lápida, cubierta de ramos y ofrendas, apenas deja ver el apellido de Machado.
Las autoridades andaluzas depositan en la tumba una pequeña maceta de arrayán del palacio de las Dueñas. Un exvoto que lleva algo de aquel sol de la infancia entrevisto en los últimos días. Al fondo de la calle, la rue Machado, el arroyo Douy se abre a un segmento de mar que un viento muy frío peina con estelas de espuma. Sí hay camino, caminante. «En la poesía de Machado, escribe Emilio Lledó, se hace resonar la historia del país al que querríamos pertenecer».
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Las dos caras de la moneda sobre la tumba de A. Machado…

marzo 4, 2009

La tumba de

Antonio Machado

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MICHEL MOLY (Alcalde de Collioure) – Francia – 03/03/2009
No sé de qué habla Almudena Grandes en el artículo que publicó en EL PAÍS del 23 de febrero, pero está claro que ella tampoco. En cuanto al motivo que le lleva a derrochar sus injurias gratuitas, no me interesan en absoluto. ¡No le gusta la tumba de Antonio Machado y de su madre en el pequeño cementerio de Collioure! Está en su pleno derecho.
La tumba que tanto menosprecia es el resultado de una suscripción popular que se realizó en 1957 bajo el impulso de Pablo Casals y del Comité Antonio Machado de Collioure. El Ayuntamiento del momento cedió gratuitamente y a perpetuidad una ubicación destacada a la entrada del cementerio. En cuanto a mí se refiere, me adhiero plenamente al espíritu que presidió la elección del tipo de sepultura, esto es: la modestia que ennoblece el gesto y engrandece el símbolo. Y creo que Antonio Machado le hubiera cedido, muy gustoso, el mármol y el oro que parecen gustarle tanto. Antes que su opinión, prefiero la sinceridad de los numerosos donativos que se recibieron en cuanto se lanzó la suscripción o el testimonio de los que han continuado visitando desde entonces, de forma oficial o anónima, la tumba de Antonio Machado (Manuel Vázquez Montalbán, Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Gabriel Celaya, Blas de Otero, Ángel González, Carmen Conde, José Luis Cano y un largo etcétera.)
Al Comité Antonio Machado le sucedió, en 1977, la Fundación Antonio Machado de Collioure, de la que soy presidente de honor. El Ayuntamiento sigue apoyando material y económicamente esta asociación, que honra cada año con diferentes manifestaciones artísticas y culturales la memoria del poeta y con él a todos los exiliados españoles.
Entre las actividades artísticas y culturales, la fundación organiza el Premio Internacional de Literatura Antonio Machado en el que, si mal no recuerdo, Almudena Grandes participó como jurado hace unos años. Dejo que cada uno se imagine todo lo que estos eventos pueden aportarle económicamente a la Fundación y al Ayuntamiento.

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ALMUDENA GRANDES

Para Antonio

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ALMUDENA GRANDES 23/02/2009
Fue un regalo sorpresa. Mi padre me lo dio un día cualquiera, toma, para que dejes de robarme los míos. Aquel libro pequeño, encuadernado en piel roja, con letras doradas y un grabado minúsculo en el lomo, me impresionó tanto que estuve a punto de no marcarlo, pero tenía sólo 13 años y una necesidad insuperable de afirmarme en todo, así que, con un boli azul y mucho cuidado, escribí mi nombre, y la fecha, encima del suyo, Antonio Machado, Poemas.
Muchos años después, hace pocos, estuve en Colliure, donde él no eligió morir, en el cementerio donde le enterraron hace hoy 70 años. Mucha gente dice que es bonito. A mí me pareció espantoso, una tumba pequeña, indigna, pobre, ajena, insignificante y sobre todo fría, muy fría, demasiado para un poeta que me ha hecho temblar de emoción tantas veces. Pero no todo es negativo. Para el Ayuntamiento de Colliure, por ejemplo, Machado representa una estupenda fuente de ingresos. Además, los españoles que llegan hasta allí por autopista, ni siquiera se dan cuenta de lo cerca que están de las playas donde los franceses encerraron, como si fueran ganado, a los soldados del Ejército Popular de la República, esos hombres que afrontaron la derrota con los versos que el poeta había escrito para ellos, grabados en la memoria y en el corazón.
Nunca más volveré a gastarme un céntimo en Colliure. Pero, a despecho del tiempo y de la historia, quiero ofrecerle a Antonio una tumba española, caliente y soleada. Porque ya no tengo el libro que me regaló mi padre. Sin dar opción a sus hermanas, mi hijo mayor me lo robó hace años, y no se lo pediré cuando se vaya. Así, algún día, mis nietos se lo robarán a él, y al abrirlo, leerán una cuidadosa inscripción con boli azul, Almudena, 73. Y aprenderán por qué Antonio Machado es el poeta nacional español, aunque esté enterrado tan lejos de casa.
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©El País.


Franco, ya no volverá a cabalgar por Madrid…

marzo 4, 2009

Declarada nula la

retirada de la

última estatua

de Franco en

Madrid

Los jueces consideran que no hay que reponerla por carecer de finalidad práctica

_40936349_ffrancobody2RAFAEL FRAGUAS – Madrid – 04/03/2009
Si la Ley de Memoria Histórica no lo hubiera remediado, Franco cabalgaría de nuevo en Madrid. En esta ocasión, con el aval del madrileño Tribunal Superior de Justicia. Este órgano judicial ha dado la razón a la Fundación Nacional Francisco Franco, que mediante recurso contencioso-administrativo impugnó en marzo de 2005 el desmontaje y la retirada de la estatua ecuestre del dictador del acceso sur de los Nuevos Ministerios.
Si la Ley de Memoria Histórica no lo hubiera remediado, Franco cabalgaría de nuevo en Madrid. En esta ocasión, con el aval del madrileño Tribunal Superior de Justicia. Este órgano judicial ha dado la razón a la Fundación Nacional Francisco Franco, que mediante recurso contencioso-administrativo impugnó en marzo de 2005 el desmontaje y la retirada de la estatua ecuestre del dictador del acceso sur de los Nuevos Ministerios. La escultura permaneció 46 años sobre una peana, a 6,5 metros de altura, en la plaza de San Juan de la Cruz.
El alto tribunal madrileño se pronuncia a favor del recurso planteado entonces, al detectar infracciones administrativas por parte del Ministerio de Fomento, y sentencia la “nulidad de pleno derecho de su actuación material” al decidir el desmontaje. Y estima que tal actuación constituyó una innecesaria “vía de hecho”. Pero el TSJM establece que “no procede la reposición inmediata de lo realizado”, como solicitaba la fundación legataria del dictador, pues la recolocación de la escultura carece de finalidad práctica.
Asimismo, destaca que tras la entrada en vigor de la Ley 52/07, concerniente a la Memoria Histórica, “ha surgido una pérdida sobrevenida del objeto del pleito”, ya que aquélla faculta a las administraciones a retirar cuanto exalte la sublevación militar, la Guerra Civil y la represión durante la dictadura.
Fuentes del Ministerio de Fomento señalaron anoche que su departamento estudia la sentencia a efectos de recurrirla, si bien considera que, aunque establece defectos formales por parte del ministerio, “al no determinar costas por indemnización a terceros y no contemplar la reposición de la estatua, poco más cabría obtener de tal recurso”.
En la noche del 17 de marzo de 2005, a demanda de la Subsecretaría del Ministerio de Fomento, operarios de la empresa Tragsa, provistos de una licencia municipal para reparar una acera en la plaza de San Juan de la Cruz, andamiaron la estatua ecuestre de Franco allí ubicada, la desmontaron y la retiraron de la peana que ocupaba. Fue trasladada a unos almacenes del ministerio situados en la calle de Gregorio Benítez, número 18, según explica la sentencia.
La retirada de la escultura se demoró varias horas, al comparecer varios agentes de la Policía Municipal que demandaron la licencia de obra; en el contorno surgían los cánticos del himno falangista Cara al sol por parte de unos 200 nostálgicos del franquismo y curiosos allí congregados. El anclaje de la peana al suelo, afianzada con garfios metálicos, demoró la actuación de la grúa que intentaba izarla. La estatua de Franco, inspirada en la que Donatello esculpiera en 1450 en Padua para el condottiero Erasmo de Narni, Gattamelata, fue fundida en bronce en 1956 por el valenciano José Capuz (1884-1964) y permaneció en los Nuevos Ministerios desde 1959 a 2005, 30 años después de la muerte del dictador.

©El País


36 cadáveres de soldados jóvenes que nadie quiere…

marzo 4, 2009

Tras nueve meses de aquí para allá, los restos de soldados de ambos bandos serán enterrados. Tuvieron la desgracia de ser hallados cuando se buscaba a 12 republicanos fusilados. Es el epílogo sarcástico en el dichoso año de la Memoria.

36-cadaveres-que-nadir-quiere1Un viento helado y silbante azota de costado Singra la mañana del miércoles. Manuel Martín, el alcalde de esta localidad ubicada 40 kilómetros arriba de Teruel, abre una de las puertas del antiguo colegio -cerrado por falta de críos desde hace dos décadas- y señala el despropósito: «Usted cree que esto es sitio…». En la pared de la izquierda del cuartucho, junto a una vieja mesa, una pala, un banco descolorido y un montón de botes de pintura llenos de polvo y telarañas, se apilan un montón de cajas de cartón marrón.

Se comprende el enojo del regidor. Esta especie de sombrío almacén no parece el lugar más apropiado para conservar lo que las cajas contienen. En ellas se guardan los restos de 36 soldados muertos en las inmediaciones de Singra durante la Guerra Civil y sacados la primavera pasada de una fosa común del cementerio. Desde entonces, hará nueve meses, han estado rodando de una dependencia a otra sin que nadie supiera muy bien qué hacer con los huesos de estos 36 desconocidos, combatientes de ambos lados. Antes que en cajas estuvieron cuatro meses extendidos sobre papel de periódico en el suelo del aula de al lado. «Expuestos a que cualquier rata u otro animal entrara y los destrozara», explica Manuel Martín.

Hasta que el alcalde socialista de este pueblo conservador -los 98 vecinos votan al PP en las generales pero al él en las municipales- logró colar su voz en la radio aprovechando la polémica montada por el juez Baltasar Garzón y su iniciativa de desenterrar hasta el último muerto de la Guerra Civil. «Podemos levantar media España buscando a familiares», se pronunció Martín, «pero, ¿qué pasa con los que salen y que nadie reclama?, ¿qué hacemos con ellos?». La denuncia surtió efecto. Pasado mañana, por orden del Gobierno de Aragón, los 36 de Singra abandonarán sus féretros de cartón y serán ceremoniosamente sepultados en tres nichos del cementerio de la localidad.

Para entender cómo han llegado los huesos a este lúgubre rincón de la vieja escuela hay que remontarse dos años atrás. Fue en 2006 cuando la asociación Pozos de Caudé, que agrupa a familiares de desaparecidos durante la contienda y quienes han abierto varias fosas en la zona, se puso en contacto por primera vez con el ayuntamiento de Singra. [En toda España, desde el año 2000 se han abierto 175 fosas comunes de las que se han recuperado los restos de 4.100 personas].

Los de Pozos de Caudé buscaban a 12 concejales republicanos de la vecina localidad de Calamocha fusilados en las cercanías de Singra en 1936, en los albores de la contienda. Según algún testimonio de la época, sus cadáveres habían acabado bajo el suelo del camposanto del pueblo. Llamaban al alcalde porque querían sacarlos de allí y entregárselos a sus descendientes. «Todos sabíamos que en esa fosa había soldados y que si excavaban sus restos saldrían los primeros», relata Martín.

La historia de la sepultura de los combatientes anónimos se conocía porque la había contado Vicente Gómez, quien participó en los enterramientos. Vicente, 90 años el próximo abril, es un anciano muy lúcido y bien puesto. Sentando frente al ventanal de su casa, dibuja las posiciones que ocupaban los dos bandos enfrentados aquel febrero de 1938. Los nacionales, instalados en Singra -algunos oficiales dormían en su casa- avanzando camino de Madrid. Los republicanos, en la sierra de enfrente intentando contener la embestida. Cuando la batalla acabó, con el triunfo de los primeros, a Vicente le ordenaron que aparejara su carro y recogiera los cadáveres, de ambos bandos, desperdigados en la zona. «Salimos cuatro carros y cargamos una decena de cuerpos cada uno», recuerda.Los echaron en la fosa.

Y allí estaban cuando los arqueólogos comenzaron las excavaciones en octubre de 2007. Ni rastro de los concejales republicanos que se buscaban, quienes, probablemente, están bajo las tumbas de los vecinos de Singra, levantadas en los 80. Para sacarlos habría que mover a todos los muertos. En su lugar, salieron esqueletos armados con cartucheras, restos de municiones, dentaduras jóvenes…Uno a uno, hasta 36. Anónimos. Sin ninguna placa o pista que los identificara.

El martes serán enterrados de nuevo juntos, distribuidos en tres nichos que serán sellados con una enorme placa de zinc. En ella, se leerá la famosa estrofa del poeta John Donne: «La muerte de cualquier hombre me disminuye porque soy parte de la humanidad.Por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas…».

Fuente: El Mundo.