36 cadáveres de soldados jóvenes que nadie quiere…

Tras nueve meses de aquí para allá, los restos de soldados de ambos bandos serán enterrados. Tuvieron la desgracia de ser hallados cuando se buscaba a 12 republicanos fusilados. Es el epílogo sarcástico en el dichoso año de la Memoria.

36-cadaveres-que-nadir-quiere1Un viento helado y silbante azota de costado Singra la mañana del miércoles. Manuel Martín, el alcalde de esta localidad ubicada 40 kilómetros arriba de Teruel, abre una de las puertas del antiguo colegio -cerrado por falta de críos desde hace dos décadas- y señala el despropósito: «Usted cree que esto es sitio…». En la pared de la izquierda del cuartucho, junto a una vieja mesa, una pala, un banco descolorido y un montón de botes de pintura llenos de polvo y telarañas, se apilan un montón de cajas de cartón marrón.

Se comprende el enojo del regidor. Esta especie de sombrío almacén no parece el lugar más apropiado para conservar lo que las cajas contienen. En ellas se guardan los restos de 36 soldados muertos en las inmediaciones de Singra durante la Guerra Civil y sacados la primavera pasada de una fosa común del cementerio. Desde entonces, hará nueve meses, han estado rodando de una dependencia a otra sin que nadie supiera muy bien qué hacer con los huesos de estos 36 desconocidos, combatientes de ambos lados. Antes que en cajas estuvieron cuatro meses extendidos sobre papel de periódico en el suelo del aula de al lado. «Expuestos a que cualquier rata u otro animal entrara y los destrozara», explica Manuel Martín.

Hasta que el alcalde socialista de este pueblo conservador -los 98 vecinos votan al PP en las generales pero al él en las municipales- logró colar su voz en la radio aprovechando la polémica montada por el juez Baltasar Garzón y su iniciativa de desenterrar hasta el último muerto de la Guerra Civil. «Podemos levantar media España buscando a familiares», se pronunció Martín, «pero, ¿qué pasa con los que salen y que nadie reclama?, ¿qué hacemos con ellos?». La denuncia surtió efecto. Pasado mañana, por orden del Gobierno de Aragón, los 36 de Singra abandonarán sus féretros de cartón y serán ceremoniosamente sepultados en tres nichos del cementerio de la localidad.

Para entender cómo han llegado los huesos a este lúgubre rincón de la vieja escuela hay que remontarse dos años atrás. Fue en 2006 cuando la asociación Pozos de Caudé, que agrupa a familiares de desaparecidos durante la contienda y quienes han abierto varias fosas en la zona, se puso en contacto por primera vez con el ayuntamiento de Singra. [En toda España, desde el año 2000 se han abierto 175 fosas comunes de las que se han recuperado los restos de 4.100 personas].

Los de Pozos de Caudé buscaban a 12 concejales republicanos de la vecina localidad de Calamocha fusilados en las cercanías de Singra en 1936, en los albores de la contienda. Según algún testimonio de la época, sus cadáveres habían acabado bajo el suelo del camposanto del pueblo. Llamaban al alcalde porque querían sacarlos de allí y entregárselos a sus descendientes. «Todos sabíamos que en esa fosa había soldados y que si excavaban sus restos saldrían los primeros», relata Martín.

La historia de la sepultura de los combatientes anónimos se conocía porque la había contado Vicente Gómez, quien participó en los enterramientos. Vicente, 90 años el próximo abril, es un anciano muy lúcido y bien puesto. Sentando frente al ventanal de su casa, dibuja las posiciones que ocupaban los dos bandos enfrentados aquel febrero de 1938. Los nacionales, instalados en Singra -algunos oficiales dormían en su casa- avanzando camino de Madrid. Los republicanos, en la sierra de enfrente intentando contener la embestida. Cuando la batalla acabó, con el triunfo de los primeros, a Vicente le ordenaron que aparejara su carro y recogiera los cadáveres, de ambos bandos, desperdigados en la zona. «Salimos cuatro carros y cargamos una decena de cuerpos cada uno», recuerda.Los echaron en la fosa.

Y allí estaban cuando los arqueólogos comenzaron las excavaciones en octubre de 2007. Ni rastro de los concejales republicanos que se buscaban, quienes, probablemente, están bajo las tumbas de los vecinos de Singra, levantadas en los 80. Para sacarlos habría que mover a todos los muertos. En su lugar, salieron esqueletos armados con cartucheras, restos de municiones, dentaduras jóvenes…Uno a uno, hasta 36. Anónimos. Sin ninguna placa o pista que los identificara.

El martes serán enterrados de nuevo juntos, distribuidos en tres nichos que serán sellados con una enorme placa de zinc. En ella, se leerá la famosa estrofa del poeta John Donne: «La muerte de cualquier hombre me disminuye porque soy parte de la humanidad.Por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas…».

Fuente: El Mundo.

3 Responses to 36 cadáveres de soldados jóvenes que nadie quiere…

  1. dropev dice:

    El articulo de esta noticia nos ha llegado (como se vé en su cabecera) esta semana.
    Para ser justos con la informacion y veracidad de los hechos os propongo : http://www.nodo50.org/pozosdecaude/fotografias/albums/SINGRA_231208/page_01.htm
    y que compareis las dos fuentes de informacion.
    En este enlace se puede comprobar que una fotografia fechada del 23/12/2008 existe la palca metalica con el texto: » En ella, se leerá la famosa estrofa del poeta John Donne: «La muerte de cualquier hombre me disminuye porque soy parte de la humanidad.Por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas…».»
    Un saludo fraternal. P.V. Romero de Castilla Ramos.

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    • Desiree Perez Aguila. dice:

      Llevo muchos años buscando a mi abuelo, y puede que este entre esos 36 cadáveres. Era de Jaen, de un pueblo llamado Martos. Vinieron a buscarle a su casa, que se tenia que ir a la guerra, el no quería, ya que tenia esposa y dos niños muy pequeños. Al poco tiempo de irse, su mujer recibió una carta que iban a Manzanares de Ciudad Real, que fuera ese dia mi abuela allí para verla, se vieron y pasaron la noche juntos. Se despidieron, dijo que no sabían donde les llevaban, que si le mataban y no volvia, que no se volviera a casar, ni dar padrastro a sus hijos, que como le había querido el, no la iba a querer nadie. Mi abuela de ese encuentro quedo embarazada de mi madre, y cuando estaba de seis meses, recibió una carta de que le habían matado. Y estaba en Teruel en el frente, unos compañeros del mismo pueblo, le vieron morir, le dieron un tiro en la frente que le salio por la nuca. Cuando acabo la guerra estos compañeron regresaron al pueblo, y la dijeron a mi abuela que le echaron a una fosa común, y que cuando pasara todo, la llevarían allí al lugar donde estaba la fosa. Pero mi abuela bastante tenia con sacar a tres criaturas adelante sin padre y en guerra-posguerra. Y mi madre, que no llego a conocer a su padre, siempre a querido saber donde estaría esa fosa. Y por las fechas e indicaciones, seguramente que seria esta en Singra. Mi abuelo se llamaba Antonio Aguila Garcia. Por si me quieren ayudar a encontrarlo. Muchas gracias, y un saludo.

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