”CÁNTABROS EN MAUTHAUSEN’ «El humor ayudó a los cántabros a sobrevivir al campo de concentración»…

marzo 25, 2009
El Gobierno regional financia la publicación de mil ejemplares del DVD ‘Cántabros en Mauthausen’

VICENTE VEGA DIRECTOR DEL DOCUMENTAL ‘CÁNTABROS EN MAUTHAUSEN’

El secretario de la Asociación Cántabra de Conflictología y Victimología, Vicente Vega. / A. FERNÁNDEZ

El secretario de la Asociación Cántabra de Conflictología y Victimología, Vicente Vega. / A. FERNÁNDEZ

Un centenar de cántabros estuvo prisionero durante la II Guerra Mundial en el campo de Mauthausen, dirigido por las SS, policía secreta nazi. En la actualidad sólo viven dos de ellos, Lázaro Nates y Ramiro Santisteban, protagonistas del documental ‘Cántabros en Mauthausen. El viento bajo la niebla’, dirigido por Vicente Vega y estrenado en junio de 2007 en Santander. Ahora, el Gobierno regional financiará la publicación de mil copias en DVD para centros culturales y de enseñanza.
-Como director del filme usted se reunió con Nates y Santisteban. ¿Cuáles son sus recuerdos más marcados de la estancia en Mauthausen?
-Ellos son muy lúcidos y tienen recuerdos muy nítidos de aquella época. Esto me sorprendió mucho. Ambos pasaron, en su momento, por la primera fase del trauma, que consiste en soñar y revivir lo que vivieron en el campo de concentración. Los dos lo superaron.
-¿Con cuántos años llegaron allí?
-Entraron con 16 años y salieron con 21.
-¿Le revelaron cómo consiguieron aguantar hasta su liberación por soldados norteamericanos?
-A través del humor. Los españoles somos capaces de reirnos incluso en las situaciones más complicadas. Allí dentro, junto al resto de compatriotas, formaron una organización que daba alegría y energía a todos sus compañeros. Su sentido de la solidaridad fue enorme.
-Incluso les dio tiempo a recoger pruebas contra los nazis que fueron posteriormente utilizadas en el juicio de Nuremberg…
-Sí. Un oficial de la SS se encargaba de fotografiar a todos los que llegaban al campo y de captar muchas escenas de la vida diaria en Mauthausen, de los trabajos forzados, de los asesinatos… Dos presos españoles se encargaban de hacer las copias, y siempre se guardaban una como prueba de lo que allí estaba pasando. Incluso guardaron una de la visita de Himmler, jefe de las SS, que luego sirvió de prueba contra él en el juicio.
-Ahora estos campos son centros turísticos, ¿le parece moralmente aceptable?
-La primera vez que fui a Mathausen iba con muchos prejuicios. Allí me encontré con un grupo de 200 alumnos alemanes y austriacos. Fue muy impactante el silencio y el respeto con el que hicieron la visita. Alemania ha sabido reelaborar su historia, no como España.
-¿Está a favor de la Ley de Memoria Histórica?
-Se quiso hacer algo con eso, pero al final se quedó en nada. No se tuvo en cuenta, por ejemplo, a colectivos como los maquis, que siguen estando considerados como bandoleros. Nos falta mucho trabajo de reconstrucción todavía.
-Los judíos fueron los que más sufrieron a la Alemania nazi. ¿Qué opina de lo que está sucediendo ahora en la franja de Gaza?
-Israel está cometiendo los mismos errores que Hitler. Es chocante y vergonzoso. En la Segunda Guerra Mundial hubo un genocidio contra los judíos, y ahora son ellos los que están cometiendo un holocausto.
Más información
El cine Los Ángeles proyectará el próximo 5 de marzo el documental.
Fuente: eldiariomontañes.es

La lección bien aprendida…

marzo 25, 2009

Carlos Fabra ha escrito un elogioso prólogo para un libro que ensalza la figura de Francisco Franco. Se titula España, sueño imposible, lo ha editado la Diputación que preside y el autor es José Luis Lapeña, un coronel de artillería retirado que falleció en 2005. Fabra dice de él que es “valiente”, acaso porque sostiene lo insostenible. Porque lo que defiende el libro es que Franco se apuntó al alzamiento para que este país tuviera “un régimen de justicia, paz, orden y armonía para todos los españoles”, y que no hubo golpe de Estado sino un conflicto entre dos bandos con “ideas distintas e irreconciliables”. En un lado estaba la clase media y en el otro, el republicano, “una mercancía anarquista, sindicalista y comunista, claramente proletaria”, que se escondió detrás de los ropajes de “un liberalismo burgués, tranquilo y europeo”.

Una obra “total, ambiciosa y concluyente”, ha diagnosticado Fabra. Quizá haya también que tacharlo a él de valiente. Por su arrojo a la hora de distorsionar el significado de las palabras. El diccionario define “valiente” como “esforzado, decidido, vigoroso”. Quizá, sin embargo, la palabra que se ajuste con mayor precisión a lo que han hecho el autor y el prologuista del libro sobre Franco sea otra: la de desfachatez. Como “descaro, desvergüenza” la define el diccionario.

Suele ser frecuente confundir la valentía con el descaro. El 18 de julio de 1936, un grupo de militares se rebeló contra el régimen legalmente constituido en España. El general que se convirtió poco después en su jefe convirtió ese “conflicto entre ideas irreconciliables” en una guerra de exterminio en la que procuró eliminar a esa “mercancía” que defendió a la República. Cuando Franco triunfó, dictó su versión de los hechos. Valiente es el que busca la verdad de esa época convulsa; descarado el que defiende y adorna la versión de los vencedores.

No es extraño que la Diputación de Castellón edite esa alabanza a Franco y niegue subvenciones a un grupo de recuperación de la memoria histórica. Tampoco lo es que Fabra lleve años con varias causas judiciales pendientes y sin justificar unos ingresos de seis millones de euros: es la desfachatez del poderoso, la que aprendió del viejo dictador.

Fuente: El País