El periodista Fernando Olmeda analiza el presente y el futuro del monumento y asegura que la Ley de Memoria Histórica sólo es “el principio del cambio”…

marzo 31, 2009

Después de 34 años de la muerte de Franco, el Valle de los Caídos sigue siendo la mejor representación de una dictadura que dinamitó al país. Familias de republicanos que solicitan sacar a sus muertos del mausoleo y que siguen sin obtener respuesta. Una Ley de Memoria Histórica que ha limitado al Valle a su uso religioso, pero que no se ha enfrentado a otras propuestas como hacer allí un Centro de Memoria. El Valle de los Caídos, como ha dicho Fernando Olmeda, ha sido “una fuente de conflictos continúa”. El periodista analiza en su libro y con Nuevatribuna.es el presente y el futuro del polémico monumento.

LA PRUDENCIA DEL GOBIERNO

Al leer el libro de Fernando Olmeda, la melancolía te descubre de repente. Una sensación de deudas pendientes y de llegar al siglo XXI con los deberes sin hacer.

  • ¿Una Ley de Memoria Histórica insuficiente?- Ante la pregunta el autor reflexiona unos instantes y asevera: “Creo que muchas de las propuestas que se escucharon en el debate público y la tramitación parlamentaria de la LMH eran muy sensatas. Hasta ahora nadie en su sano juicio ha hecho una propuesta seria de derribar el monumento, porque los espacios de la memoria han de permanecer para que las nuevas generaciones conozcan qué fue de la dictadura española. El Gobierno ha sido prudente en el manejo del destino del Valle, limitándolo al uso religioso y no político, pero considero que no es más que el principio. Tarde o temprano las demandas sociales que fueron derrotadas en el Parlamento deberán tener su sitio”.

Según el autor, la prudencia del Gobierno se debe a dos factores: por un lado el interminable número de apartados a negociar en las cuales hay muchos asuntos “más importantes que el Valle de los Caídos”, y por otro, el hecho de que “generar más polémica con este monumento les podría traer problemas con el Vaticano”. A pesar de que Olmeda considera que la solución de ahora “es breve y corta”, el periodista está convencido de que esta Ley es sólo el principio: “Al igual que la desacralización del Valle es un tema más peliagudo, sí pienso que sería indispensable la apertura de un museo en el que se explicara la historia del mausoleo. La reforma no se puede quedar así porque ni la historia del monumento lo merece, ni los muertos que reposan allí, ni la sociedad española”.

LA MEMORIA, UNA DEUDA PENDIENTE

El simple hecho de hablar de ‘memoria’ en este país desata pasiones y odios, Olmeda es consciente de ello y por eso prefiere terminar con ciertos tópicos: “Conocer nuestra historia reciente no tiene nada que ver con abrir o cerrar heridas, esa es una tesis que plantea la derecha. El problema reside en todo lo que no está contado, porque hasta ahora la historia la escribieron los vencedores y queda mucho que descubrir”.
El juez Garzón fue el último en intentar desempolvar nuestro pasado pero le salió el tiro por la culata: “Parece que es imposible sentar en el banquillo a los responsables de la dictadura, pero también hay que ser realistas, lo que no quiere decir que no haya que pedir lo máximo. Ahora mismo lo más importante es continuar con las exhumaciones, apoyar el trabajo de las asociaciones memorialistas y confiar que una gran parte de la sociedad quiere conocer su historia”. El periodista reconoce que estamos a años luz de otros países que llevan mucho tiempo buscando a sus muertos y apoyando a sus familias, sin embargo es muy optimista: “Nos queda mucho camino que recorrer y tenemos que aprender de otros países como Alemania o Argentina. En la medida que la memoria venza al olvido se podrá aspirara a la normalización, la reconciliación me parece difícil, pero vivir con normalidad nuestra historia sí se podrá conseguir”.

Además de ser un camino arduo, Olmeda señala algunos obstáculos a tener en cuenta: “No hay que olvidar que los memorialistas de derechas también están haciendo su trabajo, como ocurrió con el Holocausto, reuniendo datos para crear una verdad distinta a la verdad, o para mantener su tesis sobre lo que ellos dicen que ocurrió. Hace poco la diputación de Castellón ha sacado un libro en el que se niega la sublevación contra el régimen republicano y se dice que era legítima, y eso ha sido financiado por fondos de la Diputación de Castellón”, cuenta indignando.

“SÓLO LOS MONJES LO SABEN”

Entre los numerosos conflictos que ha desencadenado el Valle de los Caídos, uno de los más perturbadores para los familiares de republicanos, es conseguir trasladarlos del mausoleo para darles su propio entierro. Tal y como cuenta Olmeda en su libro, las llamadas de familiares a Patrimonio Nacional han sido constantes: “Aquellas personas que saben que tienen familiares en el Valle están totalmente legitimadas para solicitar su traslado, pero más allá de esta legitimidad hay que tener en cuenta dos cuestiones: una es técnica y la otra está vinculada con la legalidad del trámite”. Olmeda señala que al estar enterrados en un terreno católico, perteneciente a Patrimonio Nacional y por tanto recinto público, es importante que las administraciones determinen qué es lo legal y lo técnicamente posible.

Según el periodista, localizar a los muertos es lo más sencillo: “Están perfectamente pormenorizados los días, el número de personas que ingresaron, conciliación conocida o desconocida, y en qué columbario de qué capilla están. Está perfectamente listado, dos libros y medio, no hay más que verlo, tal persona, en tal sitio, en tal piso. En principio no habría más que ir y sacarlo”. Incluso en el caso de los desconocidos, descripción a la que pertenecen la mayoría de los republicanos, se podrían encontrar vía la procedencia. Uno de los casos más conocidos lo relata en el libro: “Sí, el caso de Pajares de Adaja, cuyo padre aparece como desconocido, pero sí sabe que se encuentra en el columbario 17 porque allí están los que venían del pueblo Aldeaseca, por lo tanto o por la vía del nombre o de la procedencia se sabe dónde están”.

Sin embargo el periodista, con los datos en la mano y después de haberse estudiado durante un año esos dos libros y medio, reconoce que no ha bajado allí, es más, en su libro recoge una declaración del Padre Abad en la que señala la imposibilidad de sacar a los muertos porque se han amalgamado las cajas con el cemento de la cripta debido a filtraciones: “No voy a entrar a valorar las palabras del padre Abad, pero sí puedo asegurar que sólo los monjes saben qué es lo que hay y en qué situación se encuentra”.

¿FRANCO HA GANADO LA PARTIDA?

Las familias siguen sin recuperar a sus muertos, los 20N están llenos de falangistas y Franco y José Antonio Primo de Rivera siguen allí. En el último capítulo del libro, Olmeda reconoce que a pesar del esfuerzo de la Guardia Civil porque el último 20N se cumpliera la LMH (actos no políticos en el Valle, prohibida de entrada de símbolos franquista como banderas preconstitucionales…) “las cosas no han cambiado tanto”.

  • ¿Es muy atrevido pensar que de alguna manera Franco ha ganado la partida?-
  • “Sí, de momento. Tiene sentido, porque yace en su monumento por antonomasia, el monumento simbólico de su dictadura y la LMH determina un uso sólo religioso, pero que no garantiza un futuro razonable para el monumento. El simple hecho de que haya una misa por Franco y José Antonio implica la asistencia de 3.000 personas con sus hijos pequeños a un oficio religioso que es algo más que eso. Por otro lado hay que reconocer que es minoritario y hay que dimensionar la importancia del monumento en la sociedad española. Pero en cierta medida todo sigue igual. ¿Qué si ha ganado la batalla?, de momento sí, su monumento le ha sobrevivido 34 años. Por eso la LMH sólo se puede considerar como el principio de un impulso para que las cosas caminen en función de las demandas sociales, y para que sea un monumento de todos los españoles Franco y José Antonio no pueden estar allí.”.