“No hemos recuperado sus restos, pero sí sus nombres”. Finaliza sin éxito la búsqueda de cinco republicanos fusilados en 1936 después de haber sido obligados a cavar su propia fosa…

agosto 12, 2009

NATALIA JUNQUERA – Madrid – 11/08/2009

Fue Marisol González, de 73 años, la única hija viva de los cinco fusilados cuyos restos se buscaban en una fosa en Villanueva de la Vera (Cáceres) quien tomó la difícil de decisión de paralizar los trabajos. El equipo de antropólogos forenses y arqueólogos que el pasado jueves comenzó a buscar la fosa quiso que fuera ella quien decidiera parar cuando estuviera convencida de que no se podía hacer más. Hace unos días le explicaron la imposibilidad de encontrar la fosa. Marisol les pidió un último esfuerzo, pero finalmente, se hizo a la idea de que el cuerpo de su padre ya no estaba allí. Se dirigió al equipo de expertos y les dijo: “Hemos hecho todo lo que hemos podido”. Ésta vez no había habido suerte.

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La frustración ha sido también muy grande para Lucio Garca Tornero, un investigador que ha dedicado “toda la vida” a intentar averiguar el paradero de los cinco hombres fusilados una madrugada de agosto de 1936 después de haber sido obligados a cavar su propia fosa en Villanueva de la Vera. “No hemos conseguido recuperar sus restos, pero hemos rescatado sus nombres. Sabemos que han estado aquí, y por eso fue aquí donde les hicimos un homenaje, arrojando una rosa por cada uno y leyendo unos versos de Miguel Hernández”.

La identidad de tres de las cinco víctimas, sin embargo, sigue siendo un misterio. No tienen familiares vivos y en los pueblos de los que partieron la gente sigue teniendo terror a hablar. “En Madrigal la represión fue tan grande que la gente todavía tiene miedo. La gente no se atrevía a decirle al vecino que habían visto cómo y a dónde se llevaban a su padre para matarlo. He hablado con muchísimos hijos de desaparecidos y no saben qué fue de los suyos. Ha pasado mucho tiempo, explicó Lucio.

El equipo de expertos puesto en marcha por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica buscaba en esta fosa al padre de Marisol, Pedro González, que tenía 22 años cuando lo mataron, y a Anastasio Arroyo, que murió asesinado a los 33. Este último fue alcalde de Talaveruela por el Partido Socialista y por el Frente Popular. Pedro, que no pertenecía a ningún partido político, solía acompañarle a los mítines porque le admiraba. Ambos llegaron a hacerse bastante célebres en la comarca. Anastasio pronunciaba los discursos, y Pedro, que cantaba muy bien flamenco, convocaba al público con sus canciones.

Un arqueólogo canadiense

La fosa donde se cree que yacían enterrados permaneció señalada durante años, hasta hace muy poco, cuando la finca cambió de manos, y los nuevos dueños no respetaron aquel pacto no escrito de no sembrar nunca sobre aquel retal de tierra donde hacía siete décadas se había cometido un terrible crimen. Un testigo, ahora de 82 años, llevó a los expertos al lugar el pasado jueves, pero el terreno había cambiado, y las pistas, desaparecido. Derek Congram, el arqueólogo canadiense que ha dirigido los trabajos, sabía que algo así podía pasar. “A veces tenemos suerte, y los testimonios orales nos llevan al lugar exacto en el que está la fosa, y muchas veces, no. En este caso, el testigo tenía 9 años cuando ocurrieron los hechos. Las referencias no son las mismas. Los 10 metros de un niño de 9 años no son los 10 metros de un hombre de 82”, explica.

En este caso, además, las condiciones de la tierra han hecho imposible recuperar los restos. Los huesos habrían pasado décadas inundados en invierno y sometidos a la acidez de un suelo totalmente seco en verano. “Cada año que pasa se pierde información y probabilidad”, explica Congram, este arqueólogo canadiense que desde hace tres veranos ayuda a otros a encontrar a sus familiares. Ha participado en exhumaciones en lugares tan distintos como la Ex Yugoslavia, el Congo, Irak o Costa Rica. En aquellos procesos, explica, solía tener al Estado detrás. “En el caso de España, tengo algo que no tengo en otros países, que es el contacto con las familias. En Kosovo no les conocía. Aquí sí, les tengo al lado, me quedo en sus casas. Y eso lo hace psicológicamente más difícil, pero también muy enriquecedor”.

http://www.elpais.com/articulo/espana/hemos/recuperado/restos/nombres/elpepuesp/20090811elpepunac_12/Tes