El Mito de la Transición…

septiembre 26, 2009

FrancoyJuanCarlos203b Algunas reflexiones a partir del libro de Ferrán Gallego. O sobre las    múltiples facetas de una misma realidad.

Biduido, Soitu.es, 24-09-2009 – 26 Septiembre 2009

Es bien sabido que para conocer nuestros males presentes es necesario indagar en sus causas pretéritas. Al menos, bien sabido para los historiadores. Esta es la intención de Ferrán Gallego, quién en su obra El Mito de la Transición esboza una historia de este proceso político completado hace poco más de 30 años, en la cual se pueden definir algunas de las causas de fenómenos políticos aún presentes en la vida política española actual. Hay que decir antes de proseguir, y ya como comentario del libro, que esta no es una historia “oficial” de la Transición: ese relato casi épico (¿quién no se acuerda de la serie perjeñada por Victoria Prego?) en el cual intrépidos mandamases del tardofranquismo, subitamente concienciados de las bondades de la democracia, se empeñaron en romper por completo con el sistema político en el que habían iniciado y/o desarrollado su carrera política. Pero esto, según Gallego, no tiene sentido. Pongamos un ejemplo, baste pensar en Suárez, que fue falangista antes de ser presidente del Gobierno que impulsó la Ley de Reforma Política. ¿Qué sentido tiene que quisiese romper el sistema que le vió nacer políticamente?. ¿Era acaso un demócrata infiltrado que llegó a Ministro Secretario del Movimiento antes que a la propia presidencia?. Esta es quizás la cuestión principal de este libro.

Para Ferrán Gallego, la historia fue otra. En primer lugar, resulta inverosímil argumentar que el propio sistema franquista y sus miembros estuviesen buscando su desaparición. Lo que se buscó fue una continuidad del sistema, reformado para hacerlo más tragable dentro del contexto político de Europa y para los propios españoles. Proceso iniciado antes de la muerte de Franco, y continuado después en los gobiernos de Arias Navarro y Adolfo Suárez. No se planteó jamás una ruptura, algo que demandaba la oposición democrática, sino pasar “de una legitimidad a otra”, sin cuestionar el régimen previo e implementando sólo reformas, no revoluciones, del ordenamiento jurídico e institucional existente. La diferencia es que, mientras el gobierno de Arias Navarro, con Fraga Iribarne en su seno, fue un ejecutivo dividido en su interior sobre cómo llevar esa reforma, lo cual al final acabó pagando caro cuando se produjeron los graves incidentes sociales de inicios del 76 (con las huelgas políticas en Madrid y Barcelona, y los sucesos de Vitoria), el gobierno de Suárez fue lo bastante hábil como para presentar un proyecto unitario, que fuese capaz de aglutinar a todos los sectores del franquismo, marginando sólo al “bunker”, los tardofranquistas más recalcitrantes. Leyendo a Ferrán Gallego, parece evidente que este proceso fue basicamente gubernamental, dirigido desde las instituciones del tardofranquismo, bajo la tutela del rey Juan Carlos, y donde no cupo la participación de las fuerzas de oposición democrática, a las que se negó toda legitimidad primero, para otorgársela más tarde pero de una manera tramposa, ya que tuvo que asumir el diseño del proceso realizado desde del gobierno y las cortes franquistas (que fueron quienes aprobaron, no nos olvidemos, el someter a referendum la Ley de Reforma Política, y el sistema electoral empleado para ello).

La oposición democrática es el segundo de los actores políticos de este drama. Gallego define un panorama poco complaciente, en el que los partidos políticos, víctimas de errores estratégicos de bulto (como en el caso de los comunistas, que creyeron que el franquismo era un cáscara vacía que se derrumbaría tras la muerte de Franco, nada más lejos de la realidad), así como de una capacidad de movilización limitada al triángulo Cataluña-Madrid-Euskadi, deben adoptar su estrategia política a medida que se desarrolla el proceso, pasando de la exigencia de una ruptura, a la de una ruptura negociada, para terminar aceptando los trazos básicos de la reforma presentada desde el gobierno. Es bien cierto que sus movilizaciones fueron capaces de tumbar, en parte, el primer reformismo de Arias y Fraga, más parecido a un neocanovismo que otra cosa. Pero no fueron capaces de forzar las maniobras del gobierno de Suárez, que se hizo con una legitimidad más amplia gracias a su hábil empleo del tempo político y el control de los resortes del poder, que emplearon para dar y quitar a su connivencia, destacando sus evidentes esfuerzos por dividir a la oposición, significativamente mediante el acercamiento a un PSOE que estaba en franca inferioridad en militancia y organización frente a un PCE que llevó, durante muchos años, el peso de gran parte de la oposición al franquismo.

A este respecto resulta muy ilustrativo señalar el origen de los dos partidos de derecha en esos momentos. Por un lado, se funda Alianza Popular, donde recalan no sólo los reformistas derrotados de Fraga y compañía, para los cuales la Ley de Reforma Política era un exceso que dinamitaba la legitimidad del franquismo, sino también sus antaño enemigos del búnker, los recalcitrantes. Posiciones ambas desacreditadas por los hechos políticos de esos años, como se traslucirá en su escasísima representación parlamentaria. Por el otro lado, tenemos el CDS, un claro ejemplo de partido montado desde el gobierno para aglutinar sus adhesiones y dotarse de un organigrama nuevo. Es importante señalar como Gallego insiste en que el objetivo del CDS, a donde fueron a parar muchos franquistas reformados y aliados democristianos (los moderados de la oposición democrática a Franco), no era otro que perpetuar a una clase política nacida en el tardofranquismo en su control de los resortes del poder, para lo cual contaron con todo el apoyo del gobierno. Una clara ventaja, obviamente.

La conclusión final de este libro (muy recomendable pese a su estilo densísimo y farragoso, ya se sabe que los buenos historiadores no tiene porque ser buenos escritores), es que la Transición, en realidad, fue un proceso político destinado a salvaguardar el privilegio político y económico de una serie de grupos incubados durante el franquismo, en un contexto de grave crisis social y económica, sin romper con nada de lo establecido, sino “superándolo”, de manera que la legitimización de 40 años de férrea dictadura en lo político y en lo social estaba fuera de toda discusión. Tesis arriesgada sin duda, pero que permite explicar varios de los fenómenos políticos y sociales que vivimos, hoy en día. Veamos algunos de ellos.

En primer lugar, tenemos la Ley de Memoria Histórica. Los medios adscritos a posiciones conservadoras invocan el “espíritu y concordia” de la Transición  para oponerse a la exhumación de republicanos asesinados y la reparación de sus familiares, entre otras medidas, dando a entender que sobre este período de la historia de España hubo un acuerdo general en los 70. Borrón y cuenta nueva, en resumen. Leyendo a Ferrán Gallego podemos comenzar a entender que esto quizás no fue así. Parece más bien que el abandono de la memoria republicana se debe a la imposición de una legitimidad del franquismo que la oposición democrática no pudo romper durante la Transición, y que se convirtió en uno de los puntos clave del proceso. Al fin y al cabo, si hubiese habido una ruptura desligitimadora del franquismo, la clase política criada bajo este régimen hubiera tenido mucho más difícil continuar ejerciendo como tal.

En segundo lugar, podríamos reseñar el sistema electoral. En las últimas elecciones generales, IU se quejó amargamente de una ley electoral que parece claramente injusta hacia los grupos de izquierda, obligándolos a tener muchos más votos que otras fuerzas para obtener escaño. En efecto, parece que nuestra ley electoral es una de las más regresivas del entorno europeo (como analiza V. Navarro en este artículo), y la razón reside, según palabras de Herrero de Miñón, uno de sus diseñadores, en el intento de minar la capacidad de movilización electoral del PCE en las primeras elecciones.

Por último, podríamos abordar la perpetuación de oligarquías e intereses económicos. quizás uno de los aspectos menos obvios, y que por tanto más justificación y explicación requirirían. Simplemente nos limitaremos en este artículo a dejarlo caer. Algunos estudiosos relacionan un proceso de transición democrática dirigida por sectores conservadores, en el que la los más progresistas iban siguiendo la estela, con una estructura y política económica en la que los derechos de los trabajadores han sido sistemáticamente menguados en forma de paro, menos servicios sociales, especulación, o mantenimiento de grandes privilegios económicos en manos de familias que estuvieron muy vinculadas al franquismo, y que prosperaron bajo su ala y protección. A los estudios ya casi clásicos a este respecto de V. Navarro, podríamos añadir ejemplos concretos, como los grandes patrimonios forjados o protegidos por el franquismo, salvados por el mismo de la Reforma Agraria o el control democrático de la economía que pretendía implementar el régimen republicano. De hecho, ojeando las publicaciones de papel cuché o de color salmón podríamos hacer una pequeña lista. Dejamos al lector ese ejercicio de momento, que no deja de ser interesante para ejercitar la conciencia social. Algo muy necesario en esta crisis si no queremos volver a repetir los errores del pasado, tal y cómo se lamenta Ferrán Gallego al final de su obra.

http://www.soitu.es/participacion/2009/09/24/u/biduido_1253822007.html


Los símbolos franquistas en Ceuta: una cuestión de Defensa…

septiembre 26, 2009
Llano amarillo - Ceuta

Llano amarillo - Ceuta

El símbolo más característico es el Monumento del Llano Amarillo

EFE/Adn.es, – 26 Septiembre 2009

Rafael Peña.

El franquismo tiene en Ceuta una “parada obligada” como consecuencia de los símbolos que esta época de la historia ha dejado en la ciudad. Monumentos, lápidas y cerámicas se reparten por zonas de la autonomía ceutí, como muestras evidentes de este periodo histórico.

Sin embargo, el Gobierno de Ceuta ha dejado claro que los símbolos franquistas “son cuestión de Defensa”, teniendo en cuenta que las competencias las tiene este departamento ministerial, ya que ninguno de los símbolos pertenecen a la institución autonómica.

Para ello, fuentes de la Comandancia General de Ceuta han aclarado a EFE que, desde primeros de año, el estamento militar ceutí no tiene nada que ver con el mantenimiento de estos símbolos debido a una instrucción general que ha centralizado todas las actuaciones que el Ministerio de Defensa llevará a cabo en este asunto.

Esta circunstancia ha motivado que el Ministerio de Defensa disponga de una relación con todos los símbolos que existen en la ciudad ceutí, para que se pueda actuar en el momento que se estime oportuno.

La consejera de Cultura del Gobierno ceutí, Mabel Deu (PP), ha dejado claro a EFE que no procederá a la retirada de los monumentos de la época del franquismo “porque no es un asunto que nos compete”.

Mabel Deu ha afirmado que esta situación se ha puesto dos veces en conocimiento del Consejo de Patrimonio Histórico “pero no hay novedades, sin bien la mayoría de los símbolos son propiedad de Defensa y no pertenecen a la institución autonómica”.

En este sentido, el Gobierno ceutí quiere revitalizar el entorno de uno de estos monumentos con la creación de un parque, nuevos accesos e incluso dotarlo de una cafetería, un proceso que está en estudio.

El símbolo más característico es el Monumento del Llano Amarillo, inaugurado en el valle de Ketama (Marruecos) el 12 de julio de 1940 para conmemorar las maniobras militares celebradas entre el 5 y el 12 de julio de 1936.

Este monumento fue traído a Ceuta piedra a piedra en mayo de 1962 y en la actualidad se encuentra en el extrarradio de la ciudad, justo debajo del monumento “Convoy de la Victoria”, popularmente conocido como Pies de Franco, el cual es un homenaje a las tropas sublevadas.

Un mástil de un barco de la época, una lapida a los caídos situada en la Catedral, una placa de inauguración de una mezquita y unas cerámicas en la escalera noble del Palacio Autonómico constituyen el resto del legado histórico más importante de esos momentos franquistas, al margen de rótulos de calles.

El historiador Francisco Sánchez Montoya, un estudioso en este asunto, tiene claro que “algunos no tienen ningún valor patrimonial o arquitectónico y sobraría con modificarlos para conservar el importante que es el del Llano Amarillo”.

Francisco Sánchez, que hizo un listado de las 268 personas que fueron ejecutadas en Ceuta en la Guerra Civil y la dictadura franquista, ha entendido que “en este asunto también tienen que hablar las autoridades eclesiásticas por una lápida y una placa de su potestad pero tampoco dañan a nadie”.

Ceuta y el franquismo se dan la mano con estos monumentos cuyo futuro está por decidir.

http://www.adn.es/politica/20090925/NWS-1852-Defensa-franquistas-simbolos-cuestion.html


Las fosas comunes del Cementerio de San Fernando de Sevilla…

septiembre 26, 2009
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Todos los nombres, 25 Sep 2009 – 26 Septiembre 2009

Informe firmado por Eva Ruiz donde se señalan las fosas comunes del Cementerio de San Fernando de Sevilla, en Pdf.

En la página web de “Todos los nombres” hay un informe firmado por Eva Ruiz donde se señalan las fosas comunes del Cementerio de San Fernando de Sevilla, así como de los monumentos que recuerdan a los que allí yacen.

ENLACE AL DOCUMENTO PDF:

FOSAS COMUNES EN EL CEMENTERIO DE SAN FERNANDO DE SEVILLA


La memoria del Arzobispo Emérito de Oviedo: «De niño me hicieron ir al Partido Comunista, con carné de pionero»…

septiembre 26, 2009

«A los que estaban amenazados de muerte, mi primo anarquista les dio armas y carnés de CNT, que se llenó de “carcas”, como decían los comunistas».

Gabino Díaz Merchán, en la Casa Sacerdotal de Oviedo. / luisma murias

Gabino Díaz Merchán, en la Casa Sacerdotal de Oviedo. / luisma murias

Gabino Díaz Merchán Arzobispo emérito de Oviedo

Republicano melquiadista. «Mi padre era republicano y de niño viví la alegría de mi casa por la llegada de la República. Había sido monárquico, pero con la Dictadura de Primo de Rivera hubo muchos monárquicos que se pasaron a trabajar por la República; el Rey era inaguantable para ellos. Mi padre había hablado muchas veces con mi primo sobre el anarquismo y él defendía una autoridad en el Estado, y mi primo no: creía que los problemas se arreglaban mejor con cuanta menos autoridad fuera posible. Concretamente, mi padre era melquiadista. Tenía un amigo desde la escuela, Hipólito Jiménez, al que quería como si fuera su hermano, o más. Don Hipólito, abogado, venía a veces a visitarnos porque vivía en Madrid, donde tenía un bufete. Trabajó también con Melquíades Álvarez. De Hipólito Jiménez dice Azaña en sus memorias que si quería casarse con una hija de Melquíades. Bueno…, lo que fuera. Hipólito fue director general de prisiones en la República, con un ministro de Justicia católico, Ramón Álvarez Valdés, asturiano, como Melquíades».

«Los del moco atrás». «Melquíades Álvarez e Hipólito Jiménez habían fundado el Partido Republicano Democrático, y en Mora los de izquierdas les llamaban “los del moco atrás”, porque lo de democrático no era aceptable entonces por los partidos de izquierda, que defendían la revolución y la dictadura del proletariado. Mi padre no tuvo actividad política, ni era líder del melquiadismo, pero sí facilitó en Mora unos locales para el partido y en algún momento le propusieron que fuera alcalde. Era muy estimado y querido en el pueblo porque lo que hacía con los comerciantes lo hacía también con las personas que no tenían trabajo. Iban a comprar a casa y pagaban cuando podían».

«Quiero morir con mi marido». «Mis padres murieron el 21 de agosto, de modo que vivieron un mes desde que en julio empezó la revolución. Y digo esto porque viví el comienzo de la guerra como si fuera una revolución de izquierdas. Se apoderaron del comercio de mi padre y se incautaron de la vivienda. En el comercio había dependientes de mi padre, pero todos los géneros los daban bajo la fórmula “UHP. Lo paga el comité” (UHP era el lema Uníos Hermanos Proletarios). Mi padre no salió de casa en todo ese tiempo porque estaban matando a todos sus amigos. Se fue viniendo abajo y tuvo un problema con una pierna, una embolia decían, así que andaba con dificultad. Cuando fueron a por él le dijeron que querían arreglar cuentas del comercio y que se lo iban a devolver. Mi madre, como él estaba cojo, dijo que lo acompañaba hasta el Ayuntamiento, que era donde le habían citado. Pero al llegar al Ayuntamiento le dijeron que la reunión iba a ser en “el Convento”, que era como se llamaba a la cárcel, y donde había cantidad de personas esperando a que los liberaran o los ejecutaran. Entonces, mi madre se dio cuenta de que mi padre no iba a recibir cuentas, sino que iban a matarle y les dijo a los milicianos: “Si matáis a mi marido, yo quiero morir con él, quiero acompañarle hasta el final”».

Una mujer valiente. «Mi madre era muy valiente. Lo que mi padre tenía de abatido lo tuvo ella de valentía. Les dijo: “Así no ganaréis la guerra, matando a hombres de bien”. Debieron de convencerle de que no iban a matar a mi padre y mi madre se vino para casa. Yo estaba jugando en la calle y no vi lo que sucedía, pero me lo relataron después. No llegó a la hora cuando vienen a por mi madre. Ella creyó que le soltaban y se fue contentísima. Pero la realidad es que estaba mi padre ya metido en un coche para llevarle al fusilamiento y a mi madre le dijeron que montara. Todo lo que pasó en aquel coche lo sé por testigos, los propios ejecutores, a los que nunca conocí, pero lo contaron a otras personas».

La noche aciaga. «Mi madre pudo ayudar a morir a mi padre, que llevaba el ánimo muy caído acordándose de nosotros, los hijos. Mi madre le fue confortando por el camino. Le decía que pensara en Dios, que él no quería más a sus hijos que Dios, al que iba ahora a dar cuenta de su vida. Y que la providencia y los tíos ayudarían a sus hijos, que era su gran preocupación. Mi madre le vendó los ojos ante el pelotón y le cogió del brazo. Ella no quiso vendarse. Dijo: “¡Viva Cristo Rey”!, y así murieron. Aquella noche, mi familia no sabía todavía lo que había sucedido, pero el padre de la novia de un tío mío, que no era político, sí tenía un hijo del PC. Era Esteban, a quien yo siempre he llamado hermano y fue mi chofer durante muchos años. El padre de Esteban fue a la cárcel para llevarles a mis padres un colchón y comida. Le dijeron que ya no hacía falta. Vino entonces a contárselo a mi abuela. A mí me mandaron a dormir a casa de mi tía. Esa noche hubo un tiroteo en el pueblo porque algunos se escaparon de la cárcel. Fue una noche aciaga. Se me pasó por la cabeza que eran mis padres los que habían escapado. Al día siguiente vi a mi abuela llorando y me lo contaron todo. Era el 22 de agosto. Por la mañana temprano habían ido con dos ataúdes a recoger los cadáveres, a Orgaz».

Experiencias de cariño y persecución. «Nunca tuve ansia de vengarme, pero sí pasé una confusión enorme, y en parte religiosa. Yo ya era creyente a mi modo. Mi madre era muy cristiana y había rezado conmigo desde que yo era muy niño. En el mes de guerra que vivió, como habían matado o echado del pueblo a los sacerdotes, nos reunía en una habitación, encendía unas velas, cogía el misal y leía la misa del domingo. Recuerdo que mi estructura espiritual interior era de preguntarle al Señor “Esto, ¿por qué?”. A mi modo, como un niño. Me rodeaba un gran cariño de toda la gente de Mora, que lloraban por la calle cuando me vieron con una camisita negra que me pusieron. Lloraban y me abrazaba incluso la gente del campo, de tradición de izquierdas. Pero, por otro lado, había pequeños grupo agresivos que me perseguían por la calle. Así que tuve esas dos experiencias. Me perseguían por la calle los chicos, que salían de los partidos de izquierda. En aquellos momentos había palos en cada esquina. Los partidos pegaban en las paredes sus carteles y pasaban los otros arrancándolos, así que tenían que ponerse señores con un bastón para defender la propaganda. A mí me habían obligado antes a ir al PC y me dieron carné de pionero, e íbamos a una especie de catequesis».

A Campo de Criptana. «Mi hermana tenía 4 años y yo 10 (ella, Francisca Isabel, vive en Madrid y tiene ya nueve nietos). Fuimos a vivir con mi abuela y esto fue providencial, porque mi hermana quería a la abuela a rabiar. Ella no notó la falta de sus padres hasta que fue mayor. Pero mi abuela no podía mantenernos. Las cuatro perras que tenía en el banco se las habían quitado. Teníamos que vivir yendo a comer a casa de la novia de un tío mío, que tenía una fonda. Allí hacía mi abuela algún trabajito. Pero nos queríamos mucho, mi hermana, yo y los tres hijos de la hermana de mi madre, a cuyo marido, que era guarda de prisiones en Ocaña, habían matado también. Los cinco vivíamos con mi abuela y ella, entre que no podía darnos de comer y que veía que a mí me perseguían y me pegaban, pensó que yo me fuera a Campo de Criptana, a vivir con otra de las hermanas de mi madre».

Otra guerra: CNT contra PC. «Mi abuela me llevó primero a Ciudad Real, donde estaba la familia porque habían metido preso a mi primo el anarquista. Pistola en mano, había defendido las sedes del anarquismo en Campo de Criptana contra el PC. Aquello fue una lucha a tiros. La Policía de Alcázar de San Juan detuvo a los de un lado y a los del otro. Mi primo se había hecho responsable de los anarquista y estuvo un mes y medio en la cárcel. Luego volvió a Criptana. Antes y después de estar en prisión, a todos los que estaban amenazados de muerte mi primo les daba carnés de la CNT y armas para defenderse. Los comunistas veían que entraban en la CNT todos los “carcas”, como decían entonces. Viví en Criptana prácticamente hasta que acabó la guerra y allí contemplé esa otra guerra: la CNT y el PC».

Un gabán cargado de pistolas. «Mi primo no tenía estudios especiales, pero escribía obras de teatro y se estrenó una suya en el teatro del pueblo. Yo no tenía ropa de invierno y me habían hecho un gabán, arreglando el de un mayor, con lo que las manos no me llegaban al fondo de los bolsillos. Me llevaron a aquel estreno y se presenta la Policía del Ejército, que vigilaba a las fuerzas armadas y a los partidos. Los de mi primo llevaban pistola y me las metieron todas en los bolsillos del gabán. “Tú te sales ahora tranquilamente, que no te van a decir nada”. Me vi en esa encrucijada, pero, más que miedo, lo que pasaba es que no podía con el abrigo porque era un niño delgadín, que estaba en los huesos. Pero salí entre los policías. Salí al ambigú del teatro hasta que se fue la Policía y entré de nuevo con el armamento. Me sacaron las pistolas, se las guardaron y yo quedé a gusto. Y eso pasaba porque se mataban en la calle. Si un anarquista iba solo y se encontraba con unos cuantos del PC, que tenía la Alcaldía, lo mataban en la calle, y los anarquistas, igual si veían a un comunista solo».

La traición de Andreu Nin. «Mi primo no respiraba venganza por lo de mis padres, pero a los comunistas no los podía ver, y llevaba escolta porque se exponía a que le mataran. Pero deploraba que siendo alcalde de Mora su íntimo amigo del PC hubieran matado a su tío y a mi madre, y siendo así que quince días antes le había dicho que no se los llevara. Eso fue lo que nunca comprendió mi primo. Recuerdo haberle oído también hablar mal del PC por la muerte de Andreu Nin. Decía que eran unos traidores. Mi primo sobrevivió a la guerra. Se fue del pueblo y vivió en Valencia bastante tiempo. Le fui a ver siendo ya sacerdote. No cambió de ideas y seguía siendo anarquista. Había salvado a mucha gente de Criptana y cuando acabó la guerra se portaron bien con él y le aconsejaron que se fuera a vivir fuera».

Diabluras y consentimientos. «En los años en los que estuve en Criptana me enfrié religiosamente. Recuerdo que en los primeros meses fui a una catequesis clandestina que daban unas mujeres que eran unas santas y recibían a los niños en su casa y se exponían a morir. Les quitaron la casa y siguieron recibiendo niños allí donde iban. Me rodeaba un cariño grande de mi familia; tan grande que no era natural. Recuerdo de esos años el estar pisando un terreno de consentimientos y eso que yo hacía verdaderas diabluras. Mi tío tenía cinco hijos, chicos y chicas, y era calderero. Fabricaba depósitos o tanques para transportar el vino. Tenía unas láminas de cobre y se las cogí para hacer una pila de Volta y encender bombillas. He sido siempre muy aficionado a los aparatos, pero le fastidié las planchas. Él también tenía un martillo que llamaban de rebatir, para afinar un caldero. Era como un espejo, pero yo lo usé para clavar clavos y lo rompí. “¡Qué es esto, qué es esto!”, exclamaba. “Ha sido Gabino”, decían mis primos, pero a mí no me tocaba. Esto hizo que creciera un poco salvaje en Criptana. Me trataron como si fuera un hijo especial. Cuando iba a casa de mi primo anarquista, su mujer, Dolores, me daba leche con huevos batidos porque yo estaba anémico. Llegué a pesar poquísimo. Iba al peluquero y me mareaba de verle dar vueltas alrededor mientras me cortaba el pelo. Mi prima Dolores me alimentaba bien y me sacaron adelante».

De guardia en la cárcel. «Cuando ya acababa la guerra, mis tíos me dicen que me vuelva con la abuela, así que cuando entraron en Mora las tropas nacionales yo ya estaba allí. Alguien de mi familia hizo una denuncia de los que, según decían, habían matado a mis padres. Fui a la cárcel porque me llamaron a declarar o algo así. Tenía 13 años. Vi que los presos estaban allí hacinados y les daban con una fusta. A mí me dieron un fusil para que hiciera servicio de custodia. No podía con el fusil, que pesaría siete u ocho kilos. Además, sentí una repugnancia enorme a esa situación, aunque los encarcelados allí estaban acusados de muerte. Antes habían muerto en mi pueblo 200 o 300 personas miserablemente, sin proceso ninguno. Al acabar la guerra hubo denuncias. En aquella situación, me impresionó ver a hombres hechos y derechos llorando, diciendo que no habían hecho nada… Vi que ese no era mi sitio y dije que no podía estar allí y lo comprendieron. Nunca sentí el odio del rencor».

Una impresión crucial. «Antes de que entraran los nacionales en Mora hubo un grupo de presos a punto de ser fusilados. Estaban en una cárcel que era el colegio de monjas donde yo había estudiado. A estos los salvó el director de la cárcel porque los armó y cuando llegó el piquete que quería fusilarlos, ya en huida, el director les dijo que ni autorizaba ni dejaba de autorizar las ejecuciones, y les advirtió de que están armados en el interior. El piquete decidió irse. Entraron los nacionales y los encarcelados salieron. La gente los agasajaba por las calles y se dirigieron a la casa de la madre de Carlos Torres, el alcalde del PC. Yo fui con ellos. Íbamos vociferando y al entrar en la casa, donde ya no estaba Carlos Torres (que huyó a Madrid pero le cogieron y lo ejecutaron), vimos a su madre, que era una mujer de edad, pero no anciana. Algunos empezaron a romperle los muebles, pero uno de los presos se subió a una silla y arengó a los presentes de modo inesperado para mí. «Esto no se puede hacer, ¿qué culpa tiene esta mujer de lo que haya hecho su hijo? Si lo ha hecho, que él sea juzgado, pero lo que estamos haciendo con esta mujer no es cristiano». Aquel hombre se confesó cristiano y el caso es que acabábamos de oír misa en la cárcel, la primera tras la guerra, con un cura que había venido de Toledo. «Y ahora nosotros, cristianos, estamos haciendo sufrir a esta mujer», añadió aquel hombre. La gente bajó la cabeza y salió de la casa. Yo con ellos. Aquello me impresionó muchísimo. Entonces comprendí que había que tomar una actitud distinta y que la revancha no era cristiana. Fue muy grande aquel impacto para mi vida».

Gabíno Díaz Merchán nace en Mora de Toledo, el 26 de febrero de 1926. Estudia en el Seminario de Toledo y en la Universidad Pontificia de Comillas (licenciatura en Filosofía y el doctorado en Teología).

Es ordenado sacerdote en Comillas, el 13 de julio de 1952. En 1956 es nombrado capellán mozárabe y, en 1960, canónigo de la Catedral Primada de Toledo. Es designado obispo de Guadix-Baza el 23 de julio de 1965, y de Oviedo, el 4 de agosto de 1969. Toma posesión de la sede asturiana el 21 de septiembre de 1969. Juan Pablo II acepta su renuncia, por edad, el 7 de enero de 2002.

Preside la Conferencia Episcopal Española de 1981 a 1987 y es miembro de su comité ejecutivo de 1981 a 2002.

Es hijo adoptivo y medalla de oro de Oviedo; medalla de oro de Castilla-La Mancha, medalla de oro del Principado e hijo predilecto de Toledo.

Segunda entrega, mañana, lunes: «Memorias» de Díaz Merchán.

lne.es

http://www.lne.es/siglo-xxi/2009/09/26/nino-hicieron-partido-comunista-carne-pionero/810646.html


El piloto detenido en Manises por los “vuelos de la muerte” se jactaba de arrojar gente al mar…

septiembre 26, 2009

El ex militar argentino J. A. Poch calificaba de “terroristas de izquierda” a las víctimas de sus aviones ante sus compañeros.

Julio Alberto Poch, a la izquierda, en la época en que pilotó algunos "vuelos de la muerte

Julio Alberto Poch, a la izquierda, en la época en que pilotó algunos "vuelos de la muerte

Eran “terroristas de izquierda” y había que “arrojarlos al mar”. Bajo esa justificación admitía Julio Alberto Poch su participación como piloto militar en los vuelos de la muerte de la dictadura argentina. Se lo contaba a los compañeros de su nuevo trabajo como piloto de la aerolínea comercial holandesa Transavia.com. Pero las revelaciones de estos crímenes le han costado caras al ex teniente de fragata argentino. Anteayer, poco después de que aterrizara en Manises el avión que él mismo pilotaba desde Amsterdam, Julio Alberto Poch fue detenido por la policía nacional.La orden de detención la cursó el juez argentino Sergio Torres, del Juzgado Federal Nº12, después de haber recopilado en Holanda varios testimonios que vinculaban a Poch con los vuelos de la muerte, en los que miles de prisioneros fueron arrojados al mar desde aviones militares argentinos entre 1976 y 1983. Según un extracto del informe del magistrado, facilitado ayer a Levante-EMVpor la Corte Suprema Argentina, un piloto de la misma aerolínea de Poch aseguró en la ciudad de Amestelveen que el represor “exactamente me dijo que en su avión se echaba por la borda personas con vida con el fin de ejecutarlas” y justificó esas prácticas sosteniendo que “se trataba de terroristas”.

Otro piloto relató al juez Torres que Poch “defendía el hecho de haber arrojado gente al mar”. Su comportamiento -matizó- era “impresionante”. “Él todavía defiende sus argumentos tras pasar treinta años. Cree que tiene razón. Lo veo en su cara, en su ferocidad. Habla de terroristas de izquierda”, dijo el testigo. Es más: se justificaba alegando que aquello “era una guerra” y que las víctimas “habían sido drogadas previamente”, tras lo cual añadía que “los familiares no se deben quejar porque sabían que sus hijos y sus esposos eran terroristas”.

Los testimonios sobre la crudeza de Poch van todavía más lejos. Un copiloto de la compañía aérea Transavia.com, que había compartido con el detenido un vuelo de larga distancia, trasladó al juez que el supuesto represor sostuvo que los dirigentes de la dictadura argentina “deberían haber matado a todos”. Otro testigo recuerda cómo Poch le confesó que “durante el periodo de su servicio como piloto del régimen de Videla, él realizó vuelos regulares desde los cuales grupos de personas eran arrojadas de su avión al mar”, y que “el objetivo de esos vuelos era matar y deshacerse de los terroristas en Argentina”.

“Poch todavía está de acuerdo con las cosas que hizo y cree que hizo lo justo. Nos dio la impresión de que no fue forzado a hacerlo y que puede vivir con eso sin problemas emocionales”, añadió el testigo. En todo caso, precisó el mismo confidente, el detenido “debe haber tenido cierta responsabilidad a bordo de un avión militar, ya que cuando uno vuela con personas a bordo la responsabilidad es del piloto”.

Cuestiones morales y judiciales aparte, las conversaciones de Poch con sus compañeros de Transavia.com reflejan una convicción de impunidad que ahora se ha demostrado del todo imprudente para un prófugo de la justicia.

La temeridad del piloto argentino, afincado en Holanda desde los años 80, llegaba hasta el hecho de haberse creado su propio perfil en Facebook, la red social más popular de internet. En esa página, Poch se identifica con su nombre y apellido real. Cuenta que nació un 20 de febrero (no especifica de qué año), que vive en la ciudad holandesa de Alkmaar, que está casado, que tiene una hija llamada Mariana y que, a través de Facebook, busca amistades y contactos profesionales. También explica que es empleado de la aerolínea holandesa Transavia y que estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires en los años setenta.

El Juzgado de Instrucción número 2 de Quart de Poblet acordó ayer el ingreso en prisión provisional y sin fianza de Julio Alberto Poch, piloto de origen argentino detenido anteayer en el aeropuerto de Manises por su presunta participación en los vuelos de la muerte de la dictadura argentina. El piloto, que trabajaba en la actualidad como comandante de avión para la aerolínea comercial holandesa Transavia.com, fue arrestado durante una escala de 40 minutos en Manises antes de regresar a Amsterdam a los mandos de un avión de pasajeros.

Tras prestar declaración ante la juez, el piloto de origen argentino y nacionalidad holandesa fue trasladado ayer a la cárcel de Picassent. El Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional será el encargado de tramitar el expediente de extradición que han solicitado las autoridades argentinas. De hecho, a Julio Alberto Poch se le imputa en cuatro procesos penales que investigan hechos acaecidos entre 1976 y 1983 en Argentina en los que hubo más de mil víctimas, según la policía. En aquella época, Poch era teniente de fragata y aviador naval en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada, la mayor cárcel clandestina instalada durante la dictadura.

La detención de este prófugo de la justicia argentina se produjo tras arduas pesquisas del Grupo de Localización de Fugitivos de la policía española, con la colaboración de agentes de la Comunitat Valenciana e informaciones procedentes de la Agencia Tributaria. Tras confirmar algunos datos a través de Interpol, la investigación policial averiguó que Julio Alberto Poch pilotaba con relativa frecuencia el vuelo Schipol-Manises-Schipol para la compañía aérea Transavia.com.

De este modo, la policía nacional preparó la captura llevada a cabo el martes por la tarde, poco después de que el avión pilotado por Poch aterrizase sobre la pista de Manises. Hasta tal punto estaba dispuesto el operativo policial que se había previsto un nuevo comandante con antelación para que pilotase el vuelo, que salió con retraso.

Por otro lado, el Gobierno de Argentina elogió ayer el “empeño y la diligencia” de la justicia del país, y alabó la colaboración de Holanda y España para lograr la captura.
Kaos en la red

http://www.kaosenlared.net/noticia/piloto-detenido-manises-vuelos-muerte-jactaba-arrojar-gente-mar


Andalucía en la historia: la mano negra…

septiembre 26, 2009

Ciertamente, vale la pena tener en cuenta este nº 25 de la revista AH tanto por los trabajos que publica como por el DVD y los libros que incluye…

104864_2Mano_Negra Aunque uno pueda desconfiar por muchos otros motivos, no por ello hay que de dejar de reconocer determinadas actividades y ediciones dependientes de la administración. Esto al margen de que se trate de una operación de prestigio, y por otras consideraciones que no sabría apreciar. En el caso de las revistas, y un buen ejemplo sería Debats, de las Ediciones Alfons el Magnànim, la Institució valenciana d´ estudis i investigacions, a la que hace tiempo perdí la pista pero que a lo largo de los años ochenta editó una buena colección de números francamente extraordinarios…Habría que añadir que la obra editorial de la Universitat de Valencia ma parece no menos valiosa, sobre todo en el capítulo de los estudios históricos, labor que me gustaría tratar en otro artículo informativo .

No sé si este es el modelo de AH, pero el hecho es que, buscando una edición del documental La mano negra, de Paco Palacio, encontré una información sobre la revista, y del dato según el cual la suscripción anual incluía además un DVD de este gran trabajo más dos volúmenes de la colección Biblioteca del Exilio que edita cuidadosamente Renacimiento de Sevilla que ha sacado casi medio centenar de títulos que, entre otros muchos, se cuentan varias obras de Max Aub (San Juan, Morir por cerrar los ojos), León Felipe (Antología poética), César M. Arconada (Cuentos de Madrid), Vicente Llorens, en concreto su dos trabajos más conocidos: Estudios y ensayos sobre el exilio republicano de 1939, y Memorias de una emigración (1939-1945), en ediciones a cargo del infatigable Manuel Aznar Soler.

Con la revista pues venían, las Incursiones literarias, de uno de nuestros intelectuales marxistas más insignes, Adolfo Sánchez Vázquez, una vasta edición del marxista, precedida de un estudio introductorio de Manuel Aznar Soler y de una presentación de Federico Álvarez Arreguí. La lista de ensayos de Sánchez Vázquez se extiende sobre temas y personajes muy variados, entre los últimos García Lorca, Marx, Engels, Lenin, Gogol, Tolstoy, y un largo etcétera. El siguiente es de un autor menos conocido, el sevillano Luís Suárez, combatiente contra el militar-fascismo en la guerra española, exiliado en México y responsable de una vasta bibliografía que, aparte del libro editado por Renacimiento,  España comienza en los Pirineos, comprende también otros como Confesiones de Diego Rivera, Los países no alineados, Entre el fusil y la palabra (con entrevistas con Fidel, el “Che”, Caamaño, Salvador Allende, etc), Cárdenas, retrato inédito, etcétera. Procedentes ambos del ámbito comunista oficial, ya ajustaron sus cuentas con el estalinismo, punto sobre el que  Suárez aclara: “Ingresé socialista y miliciano en la pelea y salí de ella comunista y capitán de las Fuerzas Armadas de la República (…) Jamás me arrepentiré de aquel paso político, ni siquiera por ese espanto posterior de haber sido estalinista…” (p. 13).

Al margen de un artículo que parece de chiste del señor José Manuel Cuenca Toribio afirmar que la Iglesia ha estado “Al servicio de los andaluces” (lo cual sería cierto si limitamos a estos a las clases dominantes, y baste mencionar un nombre para desmentir todo su trabajo: cardenal Segura), lo demás resulta, por lo general,  interesante o muy interesante. En esta última categoría tenemos el “dossier” Mujeres entre la represión y la resistencia (1936-1950,  que congrega aportaciones de Carme Molinero (Entre el silencio y la invisibilidad),  Pilar Sánchez Sánchez (Individuas y sujetas), Encarnación Barranquero Texeira (Hambre, hacinamiento y doctrina), Francisco Moreno Gómez (Guerrilleras y enlaces), Lucía Prieto Borrego (El desafío a la escasez), y finalmente de Llum Quiñonero Hernández, autora de una documental capital sobre la cuestión que hablar de Verlas y nombrarlas. Seguro que hay muchos otros trabajos, pero este me ha servido para saber muchas cosas que ignoraba.

Entre todos nos ofrecen un cuadro muy intenso de las mujeres vencidas tras la Guerra Civil fueron víctimas de la maquinaria represiva del franquismo que las castigó doblemente: por ser mujeres y por ser rojas. Encarceladas, desterradas e incluso asesinadas, su condena puso en peligro la subsistencia de la unidad familiar porque sentenciándolas a ellas se castigaba a su vez a niños, ancianos y maridos (algunos de ellos también presos) que, en muchos casos, dependían absolutamente del trabajo de sus madres, hijas o esposas, los que peinamos canas sabemos de historias terribles sobre las que nos se podía hablar. Y sin embargo, pese a que el régimen no escatimó esfuerzos para combatir la libertad y los derechos de las mujeres, estas fueron, en muchos casos,  capaces de resistir al poder utilizando todas las armas a su alcance: crearon redes de solidaridad dentro y fuera de las cárceles, desafiaron la política del hambre con estrategias de todo tipo y jugaron un papel principal de apoyo de la guerrilla que se escondía en el monte. De todos los castigos que les fueron impuestos, el silencio fue, sin duda, el peor, un silencio en el que las víctimas eran señaladas de haber hecho “algo malo”. Por este motivo, la revista Andalucía en la Historia, cumple la obligación de rendirles un homenaje recordando su historia; recuperando la memoria de millares de mujeres anónimas juzgadas por los tribunales militares, encarceladas y, sobre todo, adoctrinadas en la moral del nacionalcatolicismo para evitar que volviesen a subvertir su rol de sumisión, del precepto que tanto gustaba a Hitler de cocina, cama, Iglesia. Esta es una realidad histórica tan cercana como desconocida, algo que todavía podemos tocar con las manos, y que merecería ser ampliamente divulgado.

Coordinado por la investigadora Pura Sánchez Sánchez, el dossier Heroínas invisibles, mujeres entre la represión y la resistencia (1936-1939) que publica la revista Andalucía en la Historia, recorre la historia de estas mujeres, les pone nombre y apellidos y desvela los mecanismos con los que se articuló una represión que fue cualitativamente distinta en el caso de los hombres y de las mujeres.

No menos interesante es el trabajo de Diego Caro Cancela sobre La Mano Negra, un capítulo célebre que demostraría la extrema crueldad de los terratenientes andaluces, y da noticia de todo el montaje policial destinado a aniquilar el embrión del desarrollo sindical entre los jornaleros afiliados a la Internacional. Profesor de la Universidad de Cádiz, Diego Caro Cancela, resume los hechos acaecidos entre 1882 y 1884 para desvelar que la supuesta sociedad anarquista sólo existió en los papeles de las fuerzas del orden con el objetivo de poner fin al incipiente movimiento obrero que en aquellos años empezaba a tomar fuerza en la campiña jerezana. Asimismo, la revista regala a sus lectores el riguroso documental dirigido por Paco Palacio que analiza y recrea este dramático episodio de la historia de Andalucía sobre el que es justo y necesario darle la mayor publicidad posible. Un documental que recomiendo a toda la gente interesada en la historia social de ayer y hoy…

Pepe Gutiérrez-Álvarez en Kaos en la Red
Kaos en la red

http://www.kaosenlared.net/noticia/andalucia-historia-mano-negra


La familia de Baena, ejecutado en 1975, pide reparación a Zapatero…

septiembre 26, 2009
Los cinco fusilados en 1975 entre ls que se encontraba Xose Humberto Baena
Los cinco fusilados en 1975 entre ls que se encontraba Xose Humberto Baena

P. CARBAJO – Vigo – 26/09/2009

María Flor, hermana de Xosé Humberto Baena Alonso, ejecutado por el régimen franquista el 27 de septiembre de 1975, ha dirigido al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, una carta abierta en la que, una vez más, reclama la anulación del “injusto consejo de guerra sumarísimo” que condenó a su hermano “tras una farsa de juicio donde se vulneraron todas las leyes y no se consiguió que se aportara ninguna prueba, ni de balística ni de testigos presenciales, que los había”.

La noticia en otros webs

El de Baena es un caso único entre las víctimas de los juicios franquistas. El 1 de Mayo de 1975, un guardia civil de paisano mató en la Travesía de Vigo a un vigilante de Fenosa. Un grupo de trabajadores, entre ellos Baena, hizo una colecta para una corona de flores y una esquela. Días después, la policía registró su casa (sin resultados) con un despliegue imponente que hizo huir al joven. Dos meses más tarde, la familia se enteró por la televisión de que estaba acusado de la muerte de un policía. El propio Baena sólo lo supo cinco días después de ser detenido y torturado, y tampoco fue consciente de la declaración que firmó.

Como recuerda su hermana, Xosé Humberto no pudo cometer el crimen porque ese día ni siquiera estaba en el lugar del asesinato. Murió proclamando su inocencia, y ahí emprendió la familia su “lucha desesperada por demostrar la injusticia”.

El Tribunal Supremo y el Constitucional rechazaron sus recursos porque en 1975 no estaba vigente la Constitución, y lo mismo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ya que en 1975 España no había firmado la Convención Europea de Derechos Humanos. Ese recorrido impide a su vez que su caso pueda incluirse entre las sentencias “ilegítimas” que contempla la Ley de Memoria Histórica: tendrían que aportarse nuevas pruebas, y no las hay. Por eso María Flor recurre a Zapatero: para limpiar el nombre de su hermano y para que impulse la prohibición total de la pena de muerte en España.

El País

http://www.elpais.com/articulo/Galicia/familia/Baena/ejecutado/1975/pide/reparacion/Zapatero/elpepuespgal/20090926elpgal_17/Tes

Biografía:

Nació en Vigo. Después de finalizar el bachillerato superior empezó la carrera de filosofía y letras en la Universidad de Santiago de Compostela, ayudado con el dinero que le mandaban unos parientes cercanos, pues sus padres carecían de recursos.[2] Durante el primer curso de carrera, fue detenido, juzgado y expedientado por participar en unas manifestaciones estudiantiles en Santiago de Compostela en 1970.[2] De este proceso salió absuelto en el año 1972, aunque tardaron dos años en hacer el juicio. Estuvo un mes en la cárcel, en las comisarías de Vigo, Santiago y La Coruña.[2] Debido a este proceso tuvo que dejar los estudios. Intentó trabajar en distintos sitios encontrando obstáculos debido a que en las fábricas exigían un certificado de buena conducta, que la policía se negaba a darle, a pesar de haber sido absuelto.[2] Tampoco podía tener pasaporte, ni carné de conducir. Por ello, tuvo que trabajabar de forma ocasional, en un comercio, de camarero, de vendedor de libros, etcétera.

Hizo el servicio militar en Colmenar Viejo (Madrid). Debido a su ficha policíal, fue vigilado constantemente por personal del SIM (Servicio de Información Militar) del cuartel. Es destinado a un cuartel de castigo en Hoyo de Manzanares.[3] Fue militante del partido PCE (m-l)[2] Se integró en el Partido Comunista de España (marxista-leninista) mientras cumplía su servicio militar en Madrid.

Al finalizar su servicio militar, volvió a Vigo. Empezó a trabajar de peón de fundición en Simuelza, una empresa de 150 obreros. Allí trabajó durante cinco meses. En 1974 participó en el lanzamiento de cócteles molotov contra una sucursal del Banco de Bilbao en Vigo en protesta por la ejecución de Salvador Puig Antich. El Día 1 de mayo de ese año y tras participar en la manifestación, la policía intenta detenerlo. Para evitarlo, intenta huir a Portugal, pero finalmente se refugia en Madrid para continuar con la lucha política.[2]

Es detenido el 22 de julio de 1975, acusado de matar a un policía en Madrid. No se tuvo en cuenta un testimonio que declaró que no se parecía al autor del atentado y fue condenado a muerte.[4]

La ejecución:

El Consejo de Ministros del viernes 26 de septiembre confirma las penas de muerte de cinco encausados. Hay varias protestas de abogados en el Colegio de Abogados de Barcelona y se realizan gestiones con el Vaticano.

En Barcelona, fue ejecutado Juan Paredes Manot, Txiqui, de 21 años, y en Burgos, Ángel Otaegui, de 33. Ambos, acusados de pertenecer a ETA. En Hoyo de Manzanares (Madrid), José Luis Sánchez Bravo, de 22 años, Ramón García Sanz, de 27, y José Humberto Baena Alonso, de 24, miembros del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP).[1]

En Hoyo de Manzanares los fusilamientos lo hicieron tres pelotones compuestos cada uno por diez guardias civiles o policías, un sargento y un teniente, todos voluntarios. A la 9.10, los policías fusilaron a Ramón García Sanz. A los 20 minutos, a José Luis Sánchez Bravo y poco después a Humberto Baena. A las 10.05 todo había concluido. No pudo asistir ningún familiar de los condenados, pese a ser “ejecución pública”, según marcaba la ley.[1]

Los cadáveres de los tres miembros del FRAP fueron enterrados la misma mañana de su ejecución en Hoyo de Manzanares. Los restos de Sánchez Bravo serían trasladados, posteriormente, a Murcia, y los de Ramón García Sanz, al cementerio civil de Madrid.

Fuente: Wikipedia.

Http://es.wikipedia.org/wiki/Humberto_Baena