PSOE insta al Ayuntamiento a retirar la placa de “exaltación a la sublevación militar” de Santa Catalina…

noviembre 6, 2009

El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Cádiz, Rafael Román, solicitó hoy al equipo de gobierno (PP) la retirada de la placa de “exaltación a la sublevación militar” que existe en el Castillo de Santa Catalina, por considerar que su mantenimiento es “claramente contrario a la Ley de la Memoria Histórica”.

En un comunicado, Román señaló que la citada placa recuerda el encarcelamiento del General Sanjurjo en términos “incompatibles con letra y con espíritu de la mencionada ley”. Asimismo, significó que la placa “ha continuado en su sitio a pesar de las obras de restauración acometidas en el castillo en varias fases en los pasados años”.

En opinión del portavoz municipal socialista, la placa podría ser trasladada al Museo Municipal, pero “no puede estar en un lugar público como memoria y reconocimiento a las reiteradas actividades golpistas de este general”, dijo en alusión a Sanjurjo.

EL TEXTO Y LA LEY

Según indicó, la placa situada en el patio central del Castillo de Santa Catalina dice: “El Exmo. Sr. Teniente General don José Sanjurjo Sacanell honró esta fortaleza ingresando en ella el día 6 de enero de 1934 ocupando este pabellón. Extinguía condena impuesta por un Gobierno traidor a España a la que quiso salvar. Cádiz, 25 de noviembre de 1937. 2º año triunfal”.

En este sentido, Román recordó que la Ley de la Memoria Histórica expresa en su artículo 15.1 que “las administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Entre estas medidas podría incluirse la retirada de subvenciones o ayudas pública

Europa Press via Yahoo! España Noticias


Tarragona identifica a 712 víctimas del franquismo…

noviembre 6, 2009

Una investigación documental arroja nombres y apellidos de los sepultados en la fosa común de la ciudad.

Cementerio de TARRAGONA

Cementerio de TARRAGONA

FERRAN BALSELLS – Tarragona – 05/11/2009

La fosa común del cementerio de Tarragona, la segunda mayor de Cataluña, recuperará nombres y apellidos. Hasta 712 fusilados por el franquismo entre el 15 de enero de 1939 y diciembre de 1948 yacen sin inscripción alguna en el camposanto, ha registrado el Ayuntamiento. Es el resultado de una investigación documental sobre la historia de la ciudad que pretende cumplir con la Ley de Memoria Histórica. El cementerio homenajeará con una placa la identidad y el recuerdo de los fallecidos a partir del primer trimestre de 2010.

 

La noticia en otros webs

La relación provisional de los nombres de las víctimas se publicará a partir del próximo lunes en la web municipal para que los familiares de los fallecidos corrijan o amplíen los datos que figurarán en la placa conmemorativa. Estas actuaciones se incluyen en el proyecto de recuperación de los espacios de la memoria histórica de la ciudad, que se ha iniciado este año con la restauración del refugio antiaéreo. El reconocimiento a los enterrados en la fosa pondrá fin a décadas de reivindicaciones de los parientes de los fallecidos, que exigían algún tipo de reconocimiento para sus familiares. “Sólo queremos que se les recuerde, ni más ni menos que a los caídos por el otro bando”, subrayó Pilar Muñoz, 56 años y familiar de uno de los presuntos enterrados en la fosa.

En el marco del mismo proyecto de recuperación de la memoria, el próximo año se procederá a la dignificación de los refugios antiaéreos de Casa Canals, así como a la museización de la prisión de Pilats de la Torre del Pretorio Romano, donde falleció un número por determinar de víctimas del franquismo.

Tarragona identifica a 712 víctimas del franquismo El País (España)

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Los partidos políticos se unen para pedir la nulidad de la condena al poeta…

noviembre 6, 2009

El PP matiza que la solicitud realizada por la familia y la Comisión Cívica ya fue tramitada oficialmente en 2004 por el director de la Fundación Miguel Hernández al Gobierno central.

Miguel Hernández

Miguel Hernández, "el poeta del pueblo"

D. P.

Los cuatro grupos políticos con representación en el Ayuntamiento de Orihuela (PP, PSOE, Los Verdes y Clr) coincidieron ayer en anunciar mociones al pleno para solicitar la nulidad de la condena al poeta Miguel Hernández. En el caso del PP oriolano se matiza que una solicitud idéntica ya se cursó por parte del presidente de la Fundación Miguel Hernández, Juan José Sánchez, el 3 de noviembre de 2004 a la vicepresidenta del Gobierno, Maria Teresa Fernández de la Vega, y “ahora está siendo retomada a nivel político”.
La nota de prensa del PP no cita que la difusión de esta iniciativa partió hace unos días de la familia del poeta y la Comisión Cívica de Alicante para la Recuperación de la Memoria Histórica, a la que no obstante, respaldan. El PP de Orihuela tilda como “pseudoproceso” el procedimiento por el que fue condenado a muerte por rebelión militar en 1940.
Por su parte, el PSOE y Los Verdes anunciaron ayer en un comunicado conjunto la presentación de una moción al próximo pleno proponiendo la rehabilitación y la reparación de la memoria del poeta, tal y como permite la Ley de Memoria Histórica. El miércoles la Diputación aprobó, con el respaldo del PP, una moción similar a la que ahora presentan los grupos oriolanos solicitando la reparación y rehabilitación de su memoria. PSOE y Los Verdes recordaron ayer que todavía pesa sobre la memoria de Miguel Hernández la condena a pena de muerte por rebelión militar impuesta el 18 de enero de 1940 y conmutada el 9 de julio del mismo año por la de 30 años. Las mismas fuentes indican que “este hecho contrasta con el valor de su obra, personalidad y legado moral y con los reconocimientos y distinciones que ha recibido a título póstumo en los últimos años por parte de numerosas instituciones y entidades -como el nombramiento de Hijo Predilecto de Orihuela en 1987; el nombramiento de doctor Honoris Causa por la Universidad Miguel Hernández en 1998 o la reciente aprobación en el plenario de la Diputación de la apertura del expediente para su nombramiento como Hijo Predilecto de la Provincia.
Por otra parte Pablo Vidal, representante de CLr, reclamó ayer a la alcaldesa de Orihuela que el Ayuntamiento y la Fundación Miguel Hernández intenten negociar con la familia del poeta para que el legado permanezca es Orihuela, donde nació el poeta y se inspiró su obra. Vidal recordó que en julio finalizó el acuerdo de la familia con el Ayuntamiento de Elche que tiene en depósito desde hace siete años el legado, formado por el archivo del poeta, biblioteca y objetos personales y que ha sido tasado en 1,7 millones de euros sin el acuerdo de la familia. Para Vidal la alcaldesa “debe coger el testigo de la negociación” e instar a la familia a una nueva valoración del legado, previa inventario consensuado, de todos y cada uno de los bienes que lo integran.

Información/ Google noticias

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Ripoll se suma a revisar la pena a Miguel Hernández El País (España)

Primeras noticias del exterminio…

noviembre 6, 2009

Galaxia Gutenberg publica las crónicas de Vasili Grossman, inéditas en castellano, sobre la Segunda Guerra Mundial en Rusia.

Crónicas de Vassily Grossman

PEIO H. RIAÑO – MADRID – 06/11/2009 07:00

Su uniforme acabó hecho trizas al año y pidió uno nuevo. Pateó el frente ruso desde el primer día de la guerra contra la Alemania nazi, en 1941 y hasta el final de la contienda mundial. No vivió la guerra desde la barrera y su necesidad de verdad le llevó a preguntar y relacionarse con los protagonistas civiles y militares, que sufrieron y lucharon durante esos años. Cuando el país es invadido, Vasili Grossman se convierte en corresponsal de guerra. Está en todos los combates, ante Moscú, en Stalingrado, en Ucrania, en Polonia y llega a Berlín en 1945. Sus crónicas y reflexiones son publicadas a partir del 5 de agosto de 1941 en Estrella Roja, el periódico del Ejército Rojo que también leía la población, y pronto llegan a la prensa internacional.

Este material reunido bajo el título de Años de guerra, que la editorial Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores pondrá en distribución la próxima semana por primera vez en castellano, supone el alma de su obra posterior. El autor de Vida y destino acumula en estos apuntes desde el frente la materia prima con la que más tarde criticará el totalitarismo nazi y soviético. Es en la escritura y testimonio de los desastres de la guerra cuando Grossman llega a la iluminación: ¿Por qué fue el único escritor soviético del que se sabe que sufrió una conversión radical, pasando de la sumisión a la rebelión? Como dice Tzvetan Todorov, “el escritor sufre una metamorfosis completa: muerte del esclavo y resurrección del hombre libre”.

Grossman entiende después de su llegada al campo de exterminio de Treblinka que él pertenece a la población destinada a la aniquilación durante la guerra. Hitler es quien confirma a Grossman en su identidad judía, pero su conversión concierne a Stalin, no a Hitler: entendió que Hitler no fue mucho peor que Stalin y así lo dejó por escrito años más tarde en su obra cumbre. La revelación de los secretos del Gulag se hace posible gracias al Lager.

Grossman entiende que él pertenece a la población destinada a la aniquilación durante la guerra

En Treblinka, acompaña a las primeras divisiones del ejército Rojo que descubren los vestigios del campo polaco. Durante días investiga, interroga a supervivientes y guardias encarcelados. Después publicará el primer relato conocido sobre los campos de exterminio, titulado El infierno de Treblinka, un texto que las autoridades soviéticas presentaron como prueba en los juicios de Núremberg e incluido en esta importante edición.

La voz de Grossman en este relato suena templada y cuidadosa. No está furioso, no está rabioso, no escribe desde el estómago, lo hace con cuidado, camina a paso lento por el horror y la organización de la tortura y los sistemas de encarcelamiento, por la descripción de los prisioneros y sus recuerdos, por el retrato de los asesinos que participaron salvajemente en la matanza de judíos y polacos. Según cuenta el historiador Antony Beevor en Un escritor en guerra: Vasili Grossman en el Ejército Rojo, 1941-1945 (Crítica), el procedimiento de nuestro autor se diferenciaba del de los periodistas al uso.

Un tipo de confianza

Grossman marchaba con las tropas, vestido como soldado, con toda la confianza del Ejército y sin prisa por escribir en el día. No tomaba notas en el momento en sus pequeños cuadernos de letra enjuta y menuda. Lo hacía más tarde, haciendo memoria de lo que le contaban y de lo que veía, de la experiencia y del sinfín de detalles relacionados con las personas en los que se fijaba. “Escuchaba y luego escribía en sus cuadernos”, cuenta Beevor, lo que explicaría esa reflexión sin vehemencia en su exposición.

Aún así, el testimonio es el de alguien superado por la maldad: “El espíritu de economía, la exactitud, el cálculo, la pulcritud pedantesca son todos ellos rasgos plausibles que poseen muchos alemanes. Aplicados a la agricultura o a la industria, dan sus frutos. El hitlerismo aplicó estos rasgos al crimen contra la humanidad y las SS del Reich procedieron en el campo de concentración polaco exactamente como si se tratara del cultivo de coliflores o de patatas”, escribe el autor ruso, que destacaba una y otra vez la afición alemana a la reglamentación y al esquema elaborado hasta los más insignificantes detalles.

“El carpintero de Varsovia Max Levit logró salvarse saliendo herido de entre los cadáveres”

Precisamente, uno de los supervivientes del campo le cuenta cómo la noche del 22 de julio de 1944 los soldados, conscientes de que la artillería soviética está a la vuelta de la esquina, liquidan a todos los presos. “El carpintero de Varsovia Max Levit logró salvarse saliendo herido de entre los cadáveres de sus compañeros cuando se hizo oscuro, y se arrastró hacia el bosque. Contó cómo, tumbado en la zanja, oyó a 30 chicos que al ser fusilados cantaron la canción “Mi gran país querido”, oyó cómo uno de los muchachos gritaba: “¡Stalin nos vengará!”, oyó cómo el jefe de los muchachos, el niño Leib, querido en todo el campo, al caer a su lado en la zanja se irguió después de sonar la descarga y pidió: “¡Señor guardián, ha errado el tiro, por favor, señor, otra vez, otra vez!”, dejó escrito.

Cuando descubre a los asesinos de Treblinka, concluye: “Lo que debe causar horror no son tanto esos seres como el Estado que los ha sacado de sus agujeros, de sus tinieblas y de sus subsuelos porque eran útiles, necesarios e indispensables”. Lo malo no son las personas, sino los totalitarismos.

En Años de guerra Grossman se mantiene fiel a la verdad, lo que llamó la atención de Gorki, supervisor de los escritores al servicio del Estado: “El naturalismo no es apropiado para la realidad soviética y lo único que hace es deformarla. El autor dice: “He escrito la verdad”. Pero debería haberse planteado dos preguntas: ¿qué verdad? ¿Y por qué?”, evidentemente molesto por la intención de un joven Grossman por arrimarse lo máximo posible a la verdad. El organizador de la literatura de propaganda prefería el realismo que fuera útil al país.

Así que luchó por la libertad contra el propio Estado y cuando le confiscan los manuscritos de Vida y destino, Mijail Súslov, ideólogo del régimen presidido por Nikita Jruschov, le amenaza con la misma moneda que Gorki: “La sinceridad no es el único requisito para la creación de una obra literaria en nuestros días”.

La bondad y la libertad

“Para Grossman, el bien siempre es más fuerte que el mal”

“Para Grossman, el bien siempre es más fuerte que el mal. Aunque asiste a la guerra preocupado por la tragedia humana y es testigo de un sinfín de atrocidades, su percepción nunca se ofusca, apunta con atención los detalles de particular interés humano (como todo buen novelista, por otra parte)”, recuerda su traductora Marta Rebón.

El autor apunta en estos escritos el interés por la verdad, libertad y bondad. Grossman, en el horror; Grossman ante la maldad; Grossman elogiando la bondad y oponiéndolo a las doctrinas del bien. “Su humanismo es lo que cautiva”, advierte Joan Riambau, editor de Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. “En realidad, ni es un cronista, ni un periodista, es una figura singular y extraña, que hace un tratamiento muy literario de la información”, explica. Destaca el editor la preocupación por el destino de los individuos y la narración trepidante como la misma cara de todos los Grossman que aparecen por estos textos. El especialista Ricardo San Vicente también recuerda que Grossman abandonó la ideología “para unirse al hombre y a los valores comunes de la humanidad”.

Los años de Grossman en primera línea de fuego

1941, ‘El pueblo es inmortal’
El libro ‘Años de guerra’ arranca con la novela que recoge el primer año de la contienda en la provincia de Gómel, en Bielorrusia. Uno de los capítulos recoge la destrucción de una ciudad por 40 bombarderos alemanes, ejercitando su maestría para combinar realidad y ficción. “El ataque de la aviación alemana se inició aproximadamente a medianoche. Los primeros aviones de exploración, que volaban a gran altura, dejaron caer unas bengalas con paracaídas y varias cajas con bombas incendiarias. Cuando las blancas lunas de las bengalas se inflamaron y quedaron suspendidas en el espacio, las estrellas empezaron a palidecer y a difuminarse. (…) Quedaron iluminados los anuncios del teatro guiñol; las ventanas, con sus visillos y macetas con flores; la columnata del hospital; el pintarrajeado letrero de un restaurante. (…) Ya durante el día, los 40 bombarderos bimotores habían sido dispuestos para el ataque. Los mecánicos alemanes, con una meticulosidad propia de los boticarios, llenaban los depósitos de gasolina con el líquido transparente y volátil. (…) Una tras otra retumbaban las explosiones, haciendo temblar la tierra; saltaban ruidosamente los cristales, en las casas se desprendía el enlucido y se abrían de par en par puertas y ventanas. Mujeres a medio vestir, que sostenían en brazos a sus criaturas, corrían hacia las zanjas-refugio”.

1942, ‘El viejo profesor’

Grossman aprovecha la figura del profesor Borís Isaákovich para preguntarse por cuestiones que van más allá del relato inmediato del acontecimiento histórico y dibujar el destino desdichado de los civiles que sufren la guerra: “Usted, filósofo, matemático, acláreme a mí, médico, ¿qué es todo esto? ¿Un delirio? ¿Cómo un pueblo culto y civilizado, capaz de crear tales clínicas, cuna de celebridades de la ciencia médica, ha sumergido al mundo en las tinieblas de una época reaccionaria, como si fuera la Edad Media? ¿Qué es esto? ¿Una epidemia de psicosis? ¿Una rabia en masa?”, le hace preguntar un doctor a un filósofo. ‘Stalingrado’. Viaja en automóvil desde Moscú a Stalingrado y se deja llevar por uno de los pocos momentos más ligeros y propagandísticos de sus relatos: “La mujer rusa ha asumido el enorme trabajo en los campos y en las fábricas. Pero más agobiante es el peso que oprime su corazón. No duerme por las noches, llora al marido muerto, al hijo, al hermano. Paciente, espera noticias de sus familiares desaparecidos. Con su magnífico y bondadoso corazón, con su claro y juicioso cerebro, soporta los duros reveses de la guerra”.

1944,  ‘La ofensiva de primavera’

Grossman apunta este capítulo con el subtítulo de ‘Pensamientos’, escritos en la zona de Kursk. “La ofensiva comenzó por la mañana. Cuando la voz de nuestra artillería resonó en la estepa gris, se estremecieron el cielo y la tierra. Los cuerpos de la guardia royeron la defensa enemiga con las mandíbulas de acero de sus cañones. La potencia del combate crecía por horas. Algunos evocaban la batalla de Stalingrado. A causa del estruendo de nuestra artillería pesada, el hielo fino que apresaba los charcos se rompía como cristal. Los alemanes combatían con tesón y habilidad”.

1945, ‘Camino a berlín’

Varsovia liberada presenta un cuadro imponente, triste, puede decirse que trágico. El demonio alemán de la destrucción absurda y la maldad se ha ensañado a sus anchas durante más de cinco años de dominación en la capital de Polonia. Es como si un enorme monstruo, al verse libre de las cadenas que le sujetaban, hubiese asestado terribles golpes con sus puños de hierro a los altos edificios, derrumbado las paredes, destrozado las puertas y ventanas, destruido los monumentos, deformado las vigas y raíles de acero”, escribe el autor en su viaje hasta Berlín.

Público.es

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