La República se presenta en Llanes a través de una exposición de 22 paneles…

diciembre 6, 2009

La exposición titulada ‘II República en Asturias: de súbditos a ciudadanos’ estará abierta hasta el 16 de diciembre.

El Comercio, 5-12-09 – 6 Diciembre 2009

GUILLERMO F. BUERGO | LLANES.

La segunda planta de la Casa de la Cultura de Llanes sirvió ayer de marco para la presentación de la exposición titulada ‘II República en Asturias: de súbditos a ciudadanos’. La muestra, abierta hasta el 16 de diciembre, está formada por 22 paneles y fue presentada por José Manuel Herrero, concejal del Ayuntamiento de Llanes; Juan Cigarría, comisario de la exposición, y Javier de la Fuente, presidente del Foro para la Memoria del Oriente de Asturias.

La visita a los 22 paneles se estructura en tres temas que abarcan contenidos políticos, culturales y de la presencia de la mujer. La descripción histórica de la república se ocupa de su proclamación y de la constitución de 1931, para concluir con la insurrección obrera de 1934 y el Frente Popular. En los aspectos culturales pone en valor temas relacionados con la fotografía, la pintura, la literatura, la educación, el teatro y los ateneos obreros.

Y al tratar de la intervención de la mujer en la vida pública se explica la importancia de la tres primeras diputadas nacionales: Victoria Kent, Clara Campoamor y Margarita Nelken, quienes abrieron el camino a Matilde de la Torre y Veneranda Manzano, diputadas por Asturias a partir de 1933.

José Manuel Herrero comentó que la exposición tiene «gran valor para los más jóvenes, a fin de que conozcan todo aquello que en su momento pudo haber aportado la República».

http://www.elcomerciodigital.com/20091205/oriente/republica-presenta-llanes-traves-20091205.html

Fuente de la información. Foro por la Memoria:

http://www.foroporlamemoria.info/2009/12/la-republica-se-presenta-en-llanes-a-traves-de-una-exposicion-de-22-paneles/


Los trabajos en la supuesta fosa de Lorca acabarán en cinco días…

diciembre 6, 2009

Justicia prevé que la excavación en las zonas acotadas concluirá en torno al 10 ó 12 de este mes.

Los trabajos de la segunda parte de la fase arqueológica en el parque Lorca de Alfacar, donde se trata de localizar los restos del poeta, son lentos y complejos. Las labores se centran en las dos supuestas zonas de enterramiento que los geólogos han detectado en un área cercana al monolito alzado en memoria del poeta y se realizan de forma manua. Además, el frío de los últimos días ha provocado que se realicen “con algo más de dificultad”, si bien transcurren con “total normalidad”.

Así lo valora la presidenta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de Granada, Maribel Brenes, quien explica que para la excavación de estas dos posibles fosas se ha trasladado parte de la estructura que cubría anteriormente el primer área en el que han trabajado los expertos y se han montado dos pequeñas naves.

Se trata de un trabajo delicado que los expertos han preferido realizar a mano, sólo con la ayuda de un pico y una pala, a fin de no dañar los restos óseos, que se prevén encontrar en malas condiciones “no sólo por los tiros que recibieron, sino por el peso que han soportado de tierra”.

A la vista de los primeros resultados, la búsqueda podrá ampliarse a otras zonas, aunque siempre dentro del parque, para lo que no será necesario pedir nuevos permisos.

Según ha explicado la consejera de Justicia, Begoña Álvarez, aunque inicialmente se delimitaron seis posibles enterramientos, los arqueólogos han señalado en un informe “otras posibles zonas de actuación” dentro del parque, declarado recientemente lugar apto para el enterramiento.

Sin embargo, Justicia prevé que, en todo caso, la intervención en las zonas delimitadas concluya en torno al 10 o 12 del presente mes.

Diario de Sevilla


Ley de Memoria Histórica: Lagunas de la memoria.

diciembre 6, 2009

La Ley para reparar a las víctimas del franquismo no termina de saldar las cuentas pendientes.

MARTXELO ÁLVAREZ DIEGO PAREDES MANOTas JORGE PÉREZ JAUREGI arantza irazabal

BILBAO

EL próximo 26 de diciembre se cumplen dos años de la entrada en vigor de la Ley de Memoria Histórica. Un texto que nació con un amplio consenso pero que en la actualidad padece lagunas crónicas. Entre polémicas por la exhumación o no de ciertas fosas comunes y jueces que toman la delantera a la iniciativa que se le debiera suponer al Gobierno español, el debate sobre la citada ley ha regresado al Congreso. La culpa, el desencanto del PNV con la ejecución de ciertos mandatos de la norma. Y como telón de fondo, la negativa de PSOE y PP a indemnizar a los miembros de grupos armados asesinados en la dictadura, entre ellos los de ETA.

En un primer momento, el texto no hacía distinciones entre las víctimas que decidieron coger las armas para combatir a Franco y los que optaron por medios menos beligerantes, según recuerda el portavoz del Grupo Vasco en materia de Memoria Histórica, Aitor Esteban, que denuncia al Ejecutivo de Zapatero por “traicionar” la Ley al realizar una interpretación “timorata” de la misma a base de decreto. “Cómo pueden decir que un integrante de ETA asesinado en el franquismo no se podría haber integrado en la democracia. No se puede juzgar con gafas del presente la situación de 1970″, asevera.

El no del Partido Socialista a indemnizar a los familiares de quienes hayan pertenecido a grupos armados ha puesto de relieve el agravio comparativo que padecen los integrantes de este colectivo, que en un primer momento se podían acoger al artículo 10 de la Ley de Memoria Histórica, es decir, “aquellas personas desaparecidas en defensa de la democracia entre el 1 de enero de 1968 y el 6 de octubre de 1977″, fecha en la que se dictó la Ley de Amnistía.

84 personas En Euskadi, según datos de la asociación Ahaztuak, al menos 84 personas entran dentro de esta horquilla de tiempo -miembros de organizaciones armadas que perdieron la vida, manifestantes muertos por disparos de las fuerzas franquistas y ciudadanos de a pie que simplemente pasaron por el lugar equivocado-. Aquí se hace evidente otra de las carencias de la Ley de Memoria Histórica: la falta de información que han padecido las víctimas para solicitar indemnizaciones. “No se han dirigido desde ninguna administración para decirles que pueden reclamar ciertas ayudas. Es triste que nadie les haya mandado una simple carta”, critica Martxelo Álvarez, portavoz de Ahaztuak, tras denunciar que sólo nueve de las 84 familias que podían encajar su caso dentro del artículo 10 han podido entregar la documentación necesaria dentro del plazo de un año marcado por el Gobierno español.

“Algunos dirán que en un año da tiempo de entregar todo, pero es que no se han enterado. Si algo tienen estas víctimas es una enorme desconfianza con las Administraciones, porque llevan más de tres décadas sin ayuda”, añade. “Cuando nos dimos cuenta de que el plazo se acababa nos pusimos manos a la obra, pero ya era demasiado tarde”, apostilla. Unos pocos pudieron cumplimentar todos los papeles a tiempo, pero la mayoría tendrá que esperar.

Es el caso de la iruindarra Aran-tza Irazabal, que se enteró horas antes de la fecha tope. Viuda de Alberto Asurmendi, su marido murió el 6 de abril de 1969 junto a Jokin Artajo al estallarles un explosivo dentro del coche en el que viajaban por el valle de Ultzama. Miembros de EGI-Batasuna -uno de los diferentes grupos armados que convivieron en la recta final del franquismo-, el objetivo de Alberto, de 23 años, y Jokin, no era provocar heridos, sino el corte de una etapa de la Vuelta ciclista a España. La bomba que habían preparado les reventó. También a Arantza. Tras duros interrogatorios, llamadas anónimas y mucho dolor, la compañera de Alberto estaba decidida a coger el testigo de su marido. “Quería luchar contra el régimen. Estaba tan encendida que quería hacer algo, pero al final no pudo ser”, rememora esta mujer, que todavía lamenta la falta de repercusión que han tenido con el paso de los años los casos como los de estos dos militantes de EGI-Batasuna: “Por supuesto que hay víctimas de primera y de segunda. Cuando veo otros homenajes prefiero no darle muchas vueltas porque me enciendo. Es duro que se acuerden de unas personas mucho y de otras nada”.

Al haber sido su marido miembro de un grupo armado, Arantza admite que tampoco tenía mucha confianza en ser admitida por el Gobierno de Zapatero, para quien tiene palabras críticas. “La violencia de ahora no es comparable con la de entonces. Antes había una dictadura y no todo era ETA. Nosotros éramos un grupo de chavales que quería luchar de alguna forma contra el régimen”, asegura. Una postura que también defiende el portavoz del PNV en materia de Memoria Histórica, que ya no se considera “vinculado” con esta Ley. Esteban cree que el Gabinete Zapatero está confundiendo el terrorismo que se registra en 2009 con el de la dictadura, algo que en la citada norma se decidió no recoger al prevalecer la Ley de Amnistía: “Es un punto de inflexión y concede el beneficio de la duda que se le concedió a personas como Mario Onaindia, Teo Uriarte o Jon Juaristi, el mismo que se le quería conceder en esta Ley a Txiki, Otaegi o Puig Antich, porque no sabemos cuál hubiera sido su trayectoria a partir de la Ley de Amnistía”.

ediles del pse y “txiki” Precisamente, Diego Paredes Manotas, hermano de Txiki, -una de las últimas víctimas del régimen franquista, fusilado el 27 de septiembre de 1975 junto a Otaegi y tres miembros del FRAP-, tiene asumido que las indemnizaciones y el reconocimiento del Gobierno español tampoco esta vez van a llegar. El impedimento, la pertenencia de su hermano a ETA. “Dejan fuera a la gente que pertenecía a un grupo armado por no reconocer que en aquellos momentos estaban bastante legitimados por el pueblo. Aquí, en Zarautz, hay concejales del PSE que eran compañeros de Txiki. La gente luego cambió y mi hermano también podría haberlo hecho, pero les duele mucho que perteneciera a ETA y no pueden decir que le han pagado a uno de sus integrantes”.

Duda de que las Administraciones le tomen en consideración pese a haber presentado los papeles a tiempo. El recuerdo del último homenaje a su hermano que fue prohibido por la Audiencia Nacional, y que hizo a la Policía vasca intervenir en el cementerio, todavía está fresco en la cabeza de Diego: “La Guardia Civil siempre ha respetado su tumba, pero el otro día la Ertzaintza se pasó. Mi ama no paraba de llorar y a sus 80 años no entiende que a su hijo no le hayan reconocido por defender unos ideales. Los que ahora critican fueron a mi casa a llorar y a las manifestaciones. Veías que el pueblo le quería y ahora también. Que le llamen terrorista sin saber qué hubiera hecho ahora duele. Equivocados o no, han luchado por ideales y que no les traten por igual…”, denuncia. Diego, que al igual que otros muchos no quiere dinero, sino que se reconozcan las cosas después de 34 años de silencio, se lamenta de que “estas cosas se hagan de cara a la galería, por un puñado de votos”. Algo que también sostiene el portavoz de Ahaztuak, que denuncia al Gobierno español por estar permitiendo que la “consideración de terroristas para toda esta gente” permanezca en la actualidad con la Ley de Memoria Histórica.

“Si vamos a lo estricto, víctimas del franquismo también son los que pertenecían a grupos armados, porque practicaban una forma de lucha contra un régimen dictatorial”, remarca Álvarez, que denuncia una falta de voluntad política por reconocer todas las realidades del franquismo. En esta línea, Aitor Esteban destaca que la Ley como tal tiene “mucho recorrido”, aunque el PSOE no está por la labor de desarrollarla en su máxima expresión, lamenta el diputado del PNV. Otros que piensan de la misma manera son los familiares de Roberto Pérez Jauregi, joven de Eibar que el 8 de diciembre de 1970 murió a los 21 años tras ser tiroteado por las fuerzas franquistas en una manifestación. Su hermano Jorge y su padre Casimiro han presentado toda la documentación para pedir la indemnización -un máximo de 135.000 euros- que establece la ley.

voluntad política Roberto, según recuerda su hermano Jorge, que por aquel entonces tenía 15 años, cayó herido de muerte el 4 de diciembre de hace 39 años, en plena protesta por el proceso de Burgos. Eibar estaba tomada por la Guardia Civil y los secretas llegaron por una de las calles de la ciudad armera “disparando a todo lo que se movía”. La manifestación se rompió y unos se echaron al monte y otros se escondieron donde pudieron. “Cuando llegué a casa me enteré de que a mi hermano le habían disparado. Fue de muy cerca, no fue una bala perdida como nos dijeron las autoridades”. Con el hígado destrozado y sin capacidad de reacción, Roberto falleció cuatro días después en Donostia. Jorge niega que su hermano fuera miembro de una organización armada. “Era militante del PCE (i) y trabajaba como electricista en el taller de mi padre”.

A priori, el caso de Roberto cumple todos los requisitos para acogerse a la Ley de Memoria Histórica tras las modificaciones del PSOE. Jorge todavía lamenta que el Ayuntamiento de Eibar no haya reconocido a su hermano como víctima del terrorismo. “Fue terrorismo de Estado”, destaca, tras quejarse del doble rasero que desde algunos sectores se aplica a los afectados por la violencia armada: “Los que tienen el reconocimiento son las víctimas de ETA, los demás, poco más. Un país que se denomina democrático tiene que reconocer y no hacer borrón y cuenta nueva cuando le interesa. El Gobierno español, que tiene la llave y el poder para cambiar esto, no está por la labor. En este momento, el terrorismo es exclusivamente ETA”.

La clave para solucionar todo este embrollo la tienen PSOE y Partido Popular, que sumaron sus votos para frenar una moción del Grupo Vasco encaminada a reconocer a los miembros de grupos armados asesinados en la dictadura. En la carpeta de asuntos por resolver también figuran la retirada efectiva de todos los símbolos franquistas, la confección del mapa de localización de restos humanos de víctimas de la Guerra Civil o la aclaración por parte de la Administración de qué exhumaciones se han hecho y cuáles quedan por hacer. Son las lagunas de la Ley de Memoria Histórica.

Deia/Google noticias


Memoria histórica La reunión en Málaga de la ejecutiva del PSOE-A es un respaldo al trabajo del equipo de Heredia…

diciembre 6, 2009

José Antonio Griñán. :: A. SALAS

Este miércoles, día 9, se conmemora el aniversario del fallecimiento del fundador del PSOE, Pablo Iglesias. Coincidiendo con la efeméride, los socialistas malagueños pondrán en funcionamiento la remodelación de su sede provincial, en la calle Fernán Núñez de la capital. Una obra que sufrió un retraso por un problema con la falta de licencia. A ese acto acudirán representantes de la UGT -sindicato también impulsado por Iglesias-, Juventudes Socialistas, y la plana mayor del socialismo malagueño, con Miguel Ángel Heredia a la cabeza.
Moderna y funcional, así es esta sede, en la que los respaldos de las sillas del despacho del secretario general e incluso el lapicero son de color rojo; para que no haya dudas. Asimismo, y quizás siguiendo el ejemplo de la Ley de Memoria Histórica, han dedicado la sala principal de reuniones a quien fundara el PSOE en Málaga, Rafael Salinas. También hay recuerdos para otros dos históricos socialistas: la luchadora feminista Victoria Kent y Antonio García Duarte, que darán nombre a sendas dependencias interiores. En este ejercicio de renovación, la web del partido en la provincia experimentará cambios para adaptarse a los nuevos tiempos.
Será la nota emotiva en una semana en la que el socialismo malagueño tendrá un día ajetreado el viernes. Ese día, por primera vez en muchos años -algunos apuntan a que es la primera vez en la historia- la ejecutiva regional del PSOE andaluz se reunirá en Málaga, encabezada por el presidente del Gobierno andaluz, José Antonio Griñán. Al encuentro acudirá, aunque no es miembro, Miguel Ángel Heredia. Esta reunión, según algunas fuentes, es un ejemplo de la descentralización orgánica del partido y un respaldo al trabajo de la cúpula liderada por Heredia. En ella se aprobará un documento sobre las líneas estratégicas del PSOE andaluz en Málaga. A este gesto se unirá en enero que el propio Griñán presidirá la reunión semestral del comité ejecutivo provincial del socialismo, otro hecho novedoso.
Ese viernes, Griñán tendrá un acto de presentación en Málaga del acuerdo de concertación social. Junto al presidente estarán el máximo responsable de los empresarios, Santiago Herrero, y los líderes andaluces de los dos grandes sindicatos, Manuel Pastrana (UGT) y Francisco Carbonero (CC OO). Volviendo a lo orgánico, a la conclusión del evento el jefe del Gobierno regional mantendrá un encuentro con jóvenes emprendedores de la provincia. Le acompañarán Heredia y el presidente de la ejecutiva municipal socialista, José María Martín Delgado. Otro gesto de apoyo y espaldarazo al ex rector de la UMA, que es quien tiene más papeletas para enfrentarse en 2011 al actual alcalde, Francisco de la Torre.
Tensa semana
Un regidor que ha vivido una tensa semana con la dimisión del edil Marmolejo por la adjudicación de contratos a su cuñado, y que ha culminado con el recorte a los concejales de distrito en la concesión de contratos menores. Una medida que ya se está interpretando como un reconocimiento implícito de que algo no se estaba haciendo bien. Respecto a la marcha de Marmolejo -que ahora se dedicará por completo al trabajo orgánico en el PP preparando las próximas citas electorales-, en la sede provincial del PP se interpreta como un elemento que les fortalecerá en sus disputas dialécticas con el PSOE y será un arma a azuzar contra los socialistas presuntamente involucrados en casos similares y que no se han marchado. Una tesis que el mismo día de la dimisión empezó a utilizar Elías Bendodo. A buen seguro no será la última vez que oiremos hablar de ‘caso Marmolejo’. En la Casona del Parque ya se rumorea que en los próximos días saltarán casos parecidos que afectarían a un miembro de la corporación.

Sur Digital (Andalucía)


El último revolucionario…

diciembre 6, 2009

Cipriano Mera, el cenetista que batió a Mussolini en el 36

Un filme redescubre a Cipriano Mera, el cenetista que batió a Mussolini en el 36.

CARLOS PRIETO – MADRID – 06/12/2009 08:00

¡Más maletas, es la guerra! Quien pensara que el fotógrafo Agustí Centelles, protagonista de la controversia cultural de la semana, era la única persona que huyó de España en 1939 portando una maleta codiciada por todos se equivocaba. El cenetista Cipriano Mera manejó hasta dos maletas de contenido explosivo, como se cuenta en el documental de Valentí Figueres Vivir de pie. Las guerras de Cipriano Mera, que se estrenó el viernes.

La mejor manera de comprender el mito de Cipriano Mera, el albañil anarquista que llegó a comandar la 14ª división del Ejército republicano durante la contienda, es desvelar el contenido de estos dos bultos. El primero llegó a sus manos tras batir a las tropas de Mussolini en la Batalla de Guadalajara (marzo de 1937). Era del general italiano Annibale Bergonzoli. En su interior había “fotos del militar vestido con ropa interior femenina”, explica Figueres. No sabemos qué se le pasó por la cabeza a Mera cuando vio a su enemigo en el campo de batalla travestido, pero sí que ordenó quemar las fotos y se quedó con la maleta italiana.

Fue analfabeto hasta los 23 años, cuando abrazó el anarquismo

Dos años después, durante los caóticos días de la caída de Madrid, tuvo la oportunidad de cambiar la maleta de Bergonzoli por otra repleta de dinero y joyas. Pero no lo hizo (aunque, como veremos, algunos pensaron que sí se quedó la pasta). Envió la bolsa del tesoro al Banco de España con la siguiente nota: “De parte de Cipriano Mera”. No sería la última vez que este hombre salido de la miseria de pequeño compartió cama con sus ocho hermanos, aprendió a leer y a escribir a los 23 años y practicó la acción directa contra la dictadura de Primo de Rivera y los pistoleros de la patronal demostraría su condición de persona recta e íntegra hasta el final.

Dando tumbos por el mundo

Mera partió entonces al exilio africano: tres años de prisiones, fugas y campos de concentración en los territorios franceses del Norte de África. Por si no tuviera suficiente con haber perdido la guerra, sus problemas se agudizaron debido a un equívoco. Circulaban por ahí todo tipo de leyendas sobre las fabulosas cantidades de dinero que habían sacado de España los jefes vencidos del Ejército republicano. Tanto las autoridades francesas en Casablanca como los espías franquistas y algún que otro refugiado estalinista creían que Mera escondía en su maleta el oro suficiente para montar una guerrilla anarquista para luchar contra Franco. Entre todos ellos le hicieron la vida imposible. A Mera toda esta situación le puso de los nervios. “Repugnante es que los hombres tengan que huir de los hombres para poder vivir”, escribió en su diario mientras vagaba por los desiertos marroquíes.

Durante la caída de Madrid rechazó llevarse una maleta con dinero

Finalmente fue trasladado a una cárcel española, donde penó tres años hasta que, en un intento de las autoridades por lavar su imagen exterior, le concedieron el indulto. Pero Mera erre que erre: el día de su liberación le espetó a su carcelero una de las sentencias más demoledoras sobre la España de los años cuarenta: “No pedí el indulto, sólo me sacan a un patio más amplio que el de esta prisión”.

El abuelo rebelde

En esa época, enterró su maleta bajo su casa, en el barrio de Tetuán de las Victorias, a salvo de las redadas de la Policía franquista. Nadie parecía saber nada de su paradero hasta hace unos meses, cuando el equipo de rodaje de Figueres la encontró por casualidad, olvidada en la casa de la viuda del hijo de Mera, Floreal, en la periferia parisina. “No dimos crédito. Allí estaban los partes de guerra de su cuerpo del Ejército y otros manuscritos”, rememora el cineasta.

Su paso por varias cárceles y las peleas partidistas marcaron su exilio

Pero lo más sorprendente estaba por llegar: Figueres tuvo que explicar a los nietos de Mera, que no hablaban una sola palabra de español, quién era en realidad su abuelo. “No tenían ni idea ni de su militancia sindical, ni de su activa participación en la Guerra Civil. Ninguno había leído las memorias que publicó Ruedo Ibérico”, cuenta el cineasta aludiendo a Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalista, editado por la mítica editorial antifranquista afincada en Francia en 1974.

Tan sólo una de sus nietas recordaba que el abuelo había desaparecido misteriosamente de casa durante algunas jornadas del mes de mayo de 1968. “Nos preguntábamos donde estaría”, cuenta en el filme. Muy fácil: el abuelo estaba tirando abajo un muro. “Esta es una película sobre un albañil y tres grietas”, explica Figueres. “La primera grieta se produjo tras la Revolución Rusa de 1917, que dio alas a aquellos que como Mera ansiaban la revolución social. La segunda el 19 de julio de 1936, cuando el pueblo se alzó en armas y se inició el corto verano de la anarquía”.

La tercera grieta se abrió durante el mayo francés. “Desde 1936, Mera no había vuelto a ver esa energía que hace tambalearse al mundo”, cuenta el documental. Tras sufrir un exilio doloroso (detenciones, cárceles, expulsión traumática de la CNT por enfrentarse a la dirigencia exiliada en Francia), Mera se llevó la gran alegría de sus últimos años de vida viajando en bicicleta (libre de equipaje) por las barricadas parisinas. Justicia poética, lo llaman.

La guerrilla desata la guerra de los carteles

Si vive usted en alguna de las principales ciudades españolas puede que se halla topado con una serie de carteles y grafitis que simulan una batalla propagandística entre los principales actores de la Guerra Civil española: Franco, Stalin, Hitler, Durruti, Cipriano Mera, Millán Astray, etc. Se trata de la ‘Guerra de carteles’, una innovadora estrategia de difusión ideada por los autores de ‘Vivir de pie. Las guerra de Cipriano Mera’, que están dispuestos a utilizar todos los recursos a su alcance para que la gente vea su película. Hasta animan a los espectadores a que se descarguen el filme en Internet. En el cartel de Hitler que ilustra este texto aparece la siguiente leyenda tapando los labios del líder del Tercer Reich: ‘Piratea la peli. Viverdepie.net’. Una posición que contrasta, y mucho, con la mantenida por otros creadores.

Público.es

http://www.publico.es/275814


ANTONIO MUÑOZ MOLINA IDA Y VUELTA Demasiadas historias…

diciembre 6, 2009

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 05/12/2009

Cuando parecía que menguaba la actualidad de las fosas de la Guerra Civil los periódicos se llenan con la noticia del hallazgo de la momia de un rey no se sabe si aragonés o catalán del siglo XIV. Con vehemencia, aunque con cierto retraso, el partido socialista propone recompensar a los descendientes de los moriscos expulsados en 1609. Una asociación o fundación cultural reclama la anulación del consejo de guerra y de la condena a muerte de Miguel Hernández, quizás como primer paso para abolir también el dolor y la vergüenza de que se muriera en la cárcel. Cuanto más oscuro se vuelve el porvenir más ahínco ponen las diversas castas políticas españolas o ex españolas en agitar fantasmagorías del pasado, como si el pasado fuera una materia dúctil que cada uno pudiera manipular a su capricho, o como si fingir que es posible modificar lo que sucedió hace mucho tiempo sirviera para distraer a un público entontecido sobre la frivolidad y la incompetencia en el manejo de los asuntos que sí tendrían remedio.

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“El pasado puede usarse para casi cualquier cosa que uno quiera hacer en el presente”, dice la historiadora Margaret MacMillan, que tiene escrito un libro deslumbrante sobre la Conferencia de Paz de Versalles en 1919 y otro sobre el viaje del presidente Nixon a China en 1972. Los dos están hechos con un rigor escrupuloso y con un pulso narrativo que vienen de la gran tradición de los historiadores anglosajones, y que le hacen a uno sumergirse en relatos tan ajenos entre sí con el mismo entusiasmo, descubriéndole la trama sólida de los hechos y además los matices de los retratos individuales y de las atmósferas. En los salones de Versalles, en los meses siguientes al final de la carnicería de la guerra europea, se dibujaron mapas que iban a marcar las vidas y las muertes de muchos millones de seres humanos a lo largo del siglo. En 1972, en un viaje a China que tuvo algo del tortuoso exotismo de las crónicas de Marco Polo, Richard Nixon y Henry Kissinger se encontraron con el viejo tirano ya casi embalsamado Mao Zedong, y sus reuniones y sus alianzas secretas determinaron el porvenir de la guerra fría. Desde su decrépita lejanía de emperador asiático Mao veía desdeñosamente a Kissinger como un hombre gesticulante y sudoroso al que le temblaba la voz cuando se dirigía a él. Mientras el hambre y las revoluciones asolaban una Europa en ruinas los representantes de las potencias vencedoras discutían en Versalles sobre las minucias de protocolo de una cena oficial. A MacMillan parece que no hay pormenor de los hechos históricos que no la seduzca ni personaje que no disfrute en retratar, pero su claridad expositiva es igual de poderosa, y le despierta a uno la curiosidad al mismo tiempo que le permite la estimulante satisfacción de comprender lo muy complicado: el laberinto europeo de 1919, el juego global de equilibrios entre la Unión Soviética y China y los Estados Unidos en 1972.

Su último libro, Dangerous Games, trata de la Historia en sí: del modo en que se la usa y en que se abusa de ella, en que se la manipula para justificar una matanza o una guerra o el poder de un tirano, en que se la sustituye por leyendas urdidas para alimentar el narcisismo colectivo, para envejecer y ennoblecer un pasado que no tuvo nada de ejemplar ni de glorioso o que sencillamente no existió. “Usamos la Historia para entendernos a nosotros mismos y deberíamos usarla para entender a otros”, escribe MacMillan, pero el catálogo de desatinos que ella misma enumera le da a uno una idea más bien pesimista de la actitud humana hacia el conocimiento de la verdad. Los nacionalistas serbios viven obsesionados por una confusa derrota militar de 1389 que en los años noventa del siglo pasado servía para convertir a los verdugos en víctimas y para justificar la llamada limpieza étnica, la matanza de bosnios musulmanes cuya culpa se mantenía intacta desde que en el siglo XIV se pusieron de parte del imperio otomano. Organizaciones de veteranos de las fuerzas aéreas canadienses lograron que se clausurara una exposición en la que se ponía en duda la eficacia, por no hablar la legitimidad, de los bombardeos que arrasaban las ciudades alemanas en la Segunda Guerra Mundial sin más objetivo que aterrorizar a la población civil. En la Unión Soviética los libros de Historia se modificaban de un día para otro para ajustarlos a los cambios en la ortodoxia o a la caída en desgracia de los cortesanos del Kremlin. Hitler se veía a sí mismo como un heredero del emperador medieval Federico I Barbarroja. Stalin se medía con Iván el Terrible y con Pedro el Grande, y los relatos históricos se ajustaban adecuadamente al capricho de su megalomanía. A otra escala, George W. Bush quería modelar su figura pública sobre la de Winston Churchill, del mismo modo que identificaba a Sadam Husein con Hitler, y a los que ponían en duda la conveniencia de atacar Irak con los apaciguadores que en los años treinta creían posible un compromiso con la Alemania nazi. Los dictadores, dice MacMillan, aspiran al mismo tiempo a hacer tabla rasa del pasado y a inundar el porvenir de estatuas suyas y monumentos a su propia memoria. Como Robespierre, Pol Pot quiso que los años empezaran a contar desde cero; en la Revolución Cultural china, tan celebrada por los universitarios de Occidente, Mao alentó a sus guardias rojos a destruir cualquier edificio y cualquier libro que entorpeciera la amnesia necesaria para construir una humanidad radicalmente nueva.

Los partidarios de una historia confortable y terapéutica han inventado la moda de pedir perdón por abusos ocurridos hace siglos o de aliviarlos virtualmente cancelando sentencias injustas, como si estuviera en nuestra mano alterar el pasado, o como si sirviera de algo. El Vaticano pide perdón por haber condenado a Galileo, pero la evidencia de su antiguo oscurantismo no le sirve para adoptar ahora actitudes racionales sobre el control de la natalidad ni para desdecirse de la mentira de que los preservativos no impiden la transmisión del sida. Los inventores de patrias no se cansan de repetir la leyenda del pueblo ancestral que se ha mantenido idéntico desde los tiempos más remotos y a la vez es un modelo de modernidad y cosmopolitismo acogedor, que ha sufrido sin doblegarse la opresión de un poder forastero y enemigo, el cual tiene la culpa de todas sus desgracias, y además es grosero, atrasado, arrogante, en muchos casos español.

Este último rasgo, la censurable españolidad, lo apunto yo, no Margaret MacMillan, pero tengo la sospecha de que si pasara unas semanas en nuestro país sacaría materia suficiente para otro libro entero. Ella dice que el estudio riguroso de la historia es necesario para desbaratar las mentiras sobre ella que cuentan los políticos. El relato de lo que sabemos a ciencia cierta que pasó, la causalidad, la secuencia de los hechos, asegura MacMillan, tiene una fuerza que desbarata por sí sola el atractivo del engaño. Pero quizás hay un grado de efervescencia en los delirios colectivos sobre el pasado que vuelve indecible o inverosímil la verdad.

Margaret MacMillan: Dangerous Games. The Uses and Abuses of History. Modern Library, 2009. 208 páginas. Nixon and Mao. The Week That Changed the World. Random House, 2007. 432 páginas. París, 1919. Seis meses que cambiaron el mundo. Traducción de Jordi Beltrán. Tusquets, 2005. 696 páginas. 29 euros. http://www.margaretmacmillan.com/.

El País.com

http://www.elpais.com/articulo/portada/Demasiadas/historias/elpepuculbab/20091205elpbabpor_5/Tes/


Stop. Nos vemos en Madrid. Stop…

diciembre 6, 2009

Aspecto de la fachada del hotel Embassy, centro de reunión de informadores y agentes de la Gestapo, en los años cuarenta.-

Un documental descubre los rincones de la capital en la posguerra por los que se movía Juan Pujol, ‘Garbo’, el agente doble que engañó a Adolf Hitler.

PABLO LEÓN - Madrid – 06/12/2009

“Madrid era uno de los lugares más interesantes para el espionaje, una de las ciudades que más tráfico de información tenía del mundo”. Así recuerda la condesa de Romanones, periodista, modelo y espía para Estados Unidos, esa capital de posguerra, deprimida y agitada, entre cuyas calles se forjó la figura de uno de los agentes más importantes y desconocidos de la historia, Juan Pujol (Barcelona, 1912-Caracas, 1988).

La noticia en otros webs

El entorno de la Cibeles, el Café de Lyon o el Embassy fueron zonas clave

Las hazañas del agente doble, que trabajó para Alemania y el Reino Unido y engañó a Adolf Hitler sobre el lugar donde se iba a realizar el desembarco de Normandía, protagonizan el documental Garbo. El espía. Pero antes de crear sus álter ego (Alaric, Arabal y Garbo) y de ser la única persona en el mundo condecorada con la Cruz de Hierro y la Orden del Imperio Británico (máximas enseñas alemana y británica, respectivamente), Juan Pujol vivió casi dos años en Madrid.

La ciudad se convirtió en el epicentro del espionaje de la época. “Se trataba de un lugar clave para el Eje y los aliados. Aquí llegaba información de Lisboa, Tánger o América Latina, y los alemanes tenían una de sus delegaciones más grandes, con casi 250 agentes. Los ingleses y estadounidenses no querían perder su posición diplomática, para mantener a Franco fuera de la guerra [la II Guerra Mundial], y estratégica por la cercanía del Tercer Reich”, explica Javier Juárez, escritor de Juan Pujol, el espía que engañó a Hitler.

Los alrededores de la Cibeles, la Embajada de Alemania, el Café de Lyon o el hotel Embassy fueron lugares clave en los que tejió su red de contactos y donde urdió una trama de falsas identidades, colaboradores ficticios y mentiras, muchas mentiras.

Sin la contrainformación de Garbo “es posible que la victoria el día D no hubiera ocurrido”, resume el historiador inglés Nigel West en el documental sobre el espía. Entre las entrevistas de la cinta, que se ha estrenado este fin de semana, se alternan imágenes reales y cortes de películas de Hollywood. “Al no tener material de la época preferí tomar fotogramas que la recrearan, como Greta Garbo interpretando a Mata-Hari o Alec Guinness en el papel de Nuestro hombre en La Habana”, explica el director Edmon Roch.

A principios de 1939, Pujol dejó Barcelona y se mudó a Madrid con un objetivo, el número 16 de la calle de Fernando el Santo. Desde la sede de la delegación británica que, tras la intervención del arquitecto W. S. Bryant en 1966, se mantuvo como Embajada del Reino Unido hasta febrero de 2009, Pujol quería luchar contra el nazismo. Debido a la cercanía ideológica entre Franco y Hitler, los británicos tenían orden de no confiar en ningún español, por lo que el catalán cambió de táctica y se encaminó al flamante paseo de la Castellana para trabajar con la Embajada alemana, ahora el restaurante italiano Da Nicola. Sólo una pequeña capilla aledaña al edificio, que acoge a la Comunidad Evangélica Alemana de Madrid, recuerda el dominio germano del centro de la capital. La red nazi se reunía en el hotel Ritz, celebraba sus éxitos en la cervecería El Águila (al principio de la callé de Alcalá) y recorría sin problemas el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Los aliados, por su parte, se citaban en pequeñas tabernas junto a escritores, pintores y artistas extranjeros. Ese ambiente de los alrededores de Cibeles alentó el espíritu antifascista de Garbo, que acudía regularmente a las charlas del Café de Correos y las tertulias del Café de Lyon, también frecuentado por el escritor Dámaso Alonso o el Nobel Vicente Aleixandre.

La cripta del Lyon, reconvertido en el pub irlandés James Joyce Irish Pub (Alcalá, 59), además de acoger las reuniones de los falangistas de Primo de Rivera, era paso obligado de intelectuales. En la cripta se mantienen algunos murales de los años treinta, como el famoso La ballena alegre. Otro de ellos decora el piso superior.

Tanto británicos como nazis apreciaban el glamour. En el Madrid de posguerra, el hotel Embassy (Serrano, 56) era casi el único sinónimo de delicatessen. Lleno de productos imposibles de encontrar en la ciudad, durante las meriendas en los salones los informadores aliados y los oficiales de la Gestapo se saludaban mientras en los sótanos del edificio una red de evasión organizaba la huida de judíos a Gibraltar.

Tras ganarse la confianza de los alemanes, en julio de 1941 Garbo también dejó Madrid. Su maleta: un frasco de tinta invisible, una clave para cifrar mensajes y 3.000 dólares. Su destino: Londres. Su misión: espiar en la capital británica. Su verdadero objetivo: “Hacer todo lo posible para evitar el satánico esplendor de los nazis”. Y a juzgar por el resultado de su trabajo, lo consiguió. Siguiendo los mensajes de Garbo, Alaric para los teutones, las tropas del Führer esperaban a los americanos en el Paso de Calais en lugar de en Normandía. Tras morir dos veces, Pujol se ganó el anonimato hasta ser enterrado en Venezuela en 1988. Por las calles de Madrid todavía se pueden seguir sus pasos.

El País.com

http://www.elpais.com/articulo/madrid/Stop/Nos/vemos/Madrid/Stop/elpepuespmad/20091206elpmad_6/Tes


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