La República se presenta en Llanes a través de una exposición de 22 paneles…

diciembre 6, 2009

La exposición titulada ‘II República en Asturias: de súbditos a ciudadanos’ estará abierta hasta el 16 de diciembre.

El Comercio, 5-12-09 – 6 Diciembre 2009

GUILLERMO F. BUERGO | LLANES.

La segunda planta de la Casa de la Cultura de Llanes sirvió ayer de marco para la presentación de la exposición titulada ‘II República en Asturias: de súbditos a ciudadanos’. La muestra, abierta hasta el 16 de diciembre, está formada por 22 paneles y fue presentada por José Manuel Herrero, concejal del Ayuntamiento de Llanes; Juan Cigarría, comisario de la exposición, y Javier de la Fuente, presidente del Foro para la Memoria del Oriente de Asturias.

La visita a los 22 paneles se estructura en tres temas que abarcan contenidos políticos, culturales y de la presencia de la mujer. La descripción histórica de la república se ocupa de su proclamación y de la constitución de 1931, para concluir con la insurrección obrera de 1934 y el Frente Popular. En los aspectos culturales pone en valor temas relacionados con la fotografía, la pintura, la literatura, la educación, el teatro y los ateneos obreros.

Y al tratar de la intervención de la mujer en la vida pública se explica la importancia de la tres primeras diputadas nacionales: Victoria Kent, Clara Campoamor y Margarita Nelken, quienes abrieron el camino a Matilde de la Torre y Veneranda Manzano, diputadas por Asturias a partir de 1933.

José Manuel Herrero comentó que la exposición tiene «gran valor para los más jóvenes, a fin de que conozcan todo aquello que en su momento pudo haber aportado la República».

http://www.elcomerciodigital.com/20091205/oriente/republica-presenta-llanes-traves-20091205.html

Fuente de la información. Foro por la Memoria:

http://www.foroporlamemoria.info/2009/12/la-republica-se-presenta-en-llanes-a-traves-de-una-exposicion-de-22-paneles/


Los trabajos en la supuesta fosa de Lorca acabarán en cinco días…

diciembre 6, 2009

Justicia prevé que la excavación en las zonas acotadas concluirá en torno al 10 ó 12 de este mes.

Los trabajos de la segunda parte de la fase arqueológica en el parque Lorca de Alfacar, donde se trata de localizar los restos del poeta, son lentos y complejos. Las labores se centran en las dos supuestas zonas de enterramiento que los geólogos han detectado en un área cercana al monolito alzado en memoria del poeta y se realizan de forma manua. Además, el frío de los últimos días ha provocado que se realicen “con algo más de dificultad”, si bien transcurren con “total normalidad”.

Así lo valora la presidenta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de Granada, Maribel Brenes, quien explica que para la excavación de estas dos posibles fosas se ha trasladado parte de la estructura que cubría anteriormente el primer área en el que han trabajado los expertos y se han montado dos pequeñas naves.

Se trata de un trabajo delicado que los expertos han preferido realizar a mano, sólo con la ayuda de un pico y una pala, a fin de no dañar los restos óseos, que se prevén encontrar en malas condiciones “no sólo por los tiros que recibieron, sino por el peso que han soportado de tierra”.

A la vista de los primeros resultados, la búsqueda podrá ampliarse a otras zonas, aunque siempre dentro del parque, para lo que no será necesario pedir nuevos permisos.

Según ha explicado la consejera de Justicia, Begoña Álvarez, aunque inicialmente se delimitaron seis posibles enterramientos, los arqueólogos han señalado en un informe “otras posibles zonas de actuación” dentro del parque, declarado recientemente lugar apto para el enterramiento.

Sin embargo, Justicia prevé que, en todo caso, la intervención en las zonas delimitadas concluya en torno al 10 o 12 del presente mes.

Diario de Sevilla


Ley de Memoria Histórica: Lagunas de la memoria.

diciembre 6, 2009

La Ley para reparar a las víctimas del franquismo no termina de saldar las cuentas pendientes.

MARTXELO ÁLVAREZ DIEGO PAREDES MANOTas JORGE PÉREZ JAUREGI arantza irazabal

BILBAO

EL próximo 26 de diciembre se cumplen dos años de la entrada en vigor de la Ley de Memoria Histórica. Un texto que nació con un amplio consenso pero que en la actualidad padece lagunas crónicas. Entre polémicas por la exhumación o no de ciertas fosas comunes y jueces que toman la delantera a la iniciativa que se le debiera suponer al Gobierno español, el debate sobre la citada ley ha regresado al Congreso. La culpa, el desencanto del PNV con la ejecución de ciertos mandatos de la norma. Y como telón de fondo, la negativa de PSOE y PP a indemnizar a los miembros de grupos armados asesinados en la dictadura, entre ellos los de ETA.

En un primer momento, el texto no hacía distinciones entre las víctimas que decidieron coger las armas para combatir a Franco y los que optaron por medios menos beligerantes, según recuerda el portavoz del Grupo Vasco en materia de Memoria Histórica, Aitor Esteban, que denuncia al Ejecutivo de Zapatero por “traicionar” la Ley al realizar una interpretación “timorata” de la misma a base de decreto. “Cómo pueden decir que un integrante de ETA asesinado en el franquismo no se podría haber integrado en la democracia. No se puede juzgar con gafas del presente la situación de 1970″, asevera.

El no del Partido Socialista a indemnizar a los familiares de quienes hayan pertenecido a grupos armados ha puesto de relieve el agravio comparativo que padecen los integrantes de este colectivo, que en un primer momento se podían acoger al artículo 10 de la Ley de Memoria Histórica, es decir, “aquellas personas desaparecidas en defensa de la democracia entre el 1 de enero de 1968 y el 6 de octubre de 1977″, fecha en la que se dictó la Ley de Amnistía.

84 personas En Euskadi, según datos de la asociación Ahaztuak, al menos 84 personas entran dentro de esta horquilla de tiempo -miembros de organizaciones armadas que perdieron la vida, manifestantes muertos por disparos de las fuerzas franquistas y ciudadanos de a pie que simplemente pasaron por el lugar equivocado-. Aquí se hace evidente otra de las carencias de la Ley de Memoria Histórica: la falta de información que han padecido las víctimas para solicitar indemnizaciones. “No se han dirigido desde ninguna administración para decirles que pueden reclamar ciertas ayudas. Es triste que nadie les haya mandado una simple carta”, critica Martxelo Álvarez, portavoz de Ahaztuak, tras denunciar que sólo nueve de las 84 familias que podían encajar su caso dentro del artículo 10 han podido entregar la documentación necesaria dentro del plazo de un año marcado por el Gobierno español.

“Algunos dirán que en un año da tiempo de entregar todo, pero es que no se han enterado. Si algo tienen estas víctimas es una enorme desconfianza con las Administraciones, porque llevan más de tres décadas sin ayuda”, añade. “Cuando nos dimos cuenta de que el plazo se acababa nos pusimos manos a la obra, pero ya era demasiado tarde”, apostilla. Unos pocos pudieron cumplimentar todos los papeles a tiempo, pero la mayoría tendrá que esperar.

Es el caso de la iruindarra Aran-tza Irazabal, que se enteró horas antes de la fecha tope. Viuda de Alberto Asurmendi, su marido murió el 6 de abril de 1969 junto a Jokin Artajo al estallarles un explosivo dentro del coche en el que viajaban por el valle de Ultzama. Miembros de EGI-Batasuna -uno de los diferentes grupos armados que convivieron en la recta final del franquismo-, el objetivo de Alberto, de 23 años, y Jokin, no era provocar heridos, sino el corte de una etapa de la Vuelta ciclista a España. La bomba que habían preparado les reventó. También a Arantza. Tras duros interrogatorios, llamadas anónimas y mucho dolor, la compañera de Alberto estaba decidida a coger el testigo de su marido. “Quería luchar contra el régimen. Estaba tan encendida que quería hacer algo, pero al final no pudo ser”, rememora esta mujer, que todavía lamenta la falta de repercusión que han tenido con el paso de los años los casos como los de estos dos militantes de EGI-Batasuna: “Por supuesto que hay víctimas de primera y de segunda. Cuando veo otros homenajes prefiero no darle muchas vueltas porque me enciendo. Es duro que se acuerden de unas personas mucho y de otras nada”.

Al haber sido su marido miembro de un grupo armado, Arantza admite que tampoco tenía mucha confianza en ser admitida por el Gobierno de Zapatero, para quien tiene palabras críticas. “La violencia de ahora no es comparable con la de entonces. Antes había una dictadura y no todo era ETA. Nosotros éramos un grupo de chavales que quería luchar de alguna forma contra el régimen”, asegura. Una postura que también defiende el portavoz del PNV en materia de Memoria Histórica, que ya no se considera “vinculado” con esta Ley. Esteban cree que el Gabinete Zapatero está confundiendo el terrorismo que se registra en 2009 con el de la dictadura, algo que en la citada norma se decidió no recoger al prevalecer la Ley de Amnistía: “Es un punto de inflexión y concede el beneficio de la duda que se le concedió a personas como Mario Onaindia, Teo Uriarte o Jon Juaristi, el mismo que se le quería conceder en esta Ley a Txiki, Otaegi o Puig Antich, porque no sabemos cuál hubiera sido su trayectoria a partir de la Ley de Amnistía”.

ediles del pse y “txiki” Precisamente, Diego Paredes Manotas, hermano de Txiki, -una de las últimas víctimas del régimen franquista, fusilado el 27 de septiembre de 1975 junto a Otaegi y tres miembros del FRAP-, tiene asumido que las indemnizaciones y el reconocimiento del Gobierno español tampoco esta vez van a llegar. El impedimento, la pertenencia de su hermano a ETA. “Dejan fuera a la gente que pertenecía a un grupo armado por no reconocer que en aquellos momentos estaban bastante legitimados por el pueblo. Aquí, en Zarautz, hay concejales del PSE que eran compañeros de Txiki. La gente luego cambió y mi hermano también podría haberlo hecho, pero les duele mucho que perteneciera a ETA y no pueden decir que le han pagado a uno de sus integrantes”.

Duda de que las Administraciones le tomen en consideración pese a haber presentado los papeles a tiempo. El recuerdo del último homenaje a su hermano que fue prohibido por la Audiencia Nacional, y que hizo a la Policía vasca intervenir en el cementerio, todavía está fresco en la cabeza de Diego: “La Guardia Civil siempre ha respetado su tumba, pero el otro día la Ertzaintza se pasó. Mi ama no paraba de llorar y a sus 80 años no entiende que a su hijo no le hayan reconocido por defender unos ideales. Los que ahora critican fueron a mi casa a llorar y a las manifestaciones. Veías que el pueblo le quería y ahora también. Que le llamen terrorista sin saber qué hubiera hecho ahora duele. Equivocados o no, han luchado por ideales y que no les traten por igual…”, denuncia. Diego, que al igual que otros muchos no quiere dinero, sino que se reconozcan las cosas después de 34 años de silencio, se lamenta de que “estas cosas se hagan de cara a la galería, por un puñado de votos”. Algo que también sostiene el portavoz de Ahaztuak, que denuncia al Gobierno español por estar permitiendo que la “consideración de terroristas para toda esta gente” permanezca en la actualidad con la Ley de Memoria Histórica.

“Si vamos a lo estricto, víctimas del franquismo también son los que pertenecían a grupos armados, porque practicaban una forma de lucha contra un régimen dictatorial”, remarca Álvarez, que denuncia una falta de voluntad política por reconocer todas las realidades del franquismo. En esta línea, Aitor Esteban destaca que la Ley como tal tiene “mucho recorrido”, aunque el PSOE no está por la labor de desarrollarla en su máxima expresión, lamenta el diputado del PNV. Otros que piensan de la misma manera son los familiares de Roberto Pérez Jauregi, joven de Eibar que el 8 de diciembre de 1970 murió a los 21 años tras ser tiroteado por las fuerzas franquistas en una manifestación. Su hermano Jorge y su padre Casimiro han presentado toda la documentación para pedir la indemnización -un máximo de 135.000 euros- que establece la ley.

voluntad política Roberto, según recuerda su hermano Jorge, que por aquel entonces tenía 15 años, cayó herido de muerte el 4 de diciembre de hace 39 años, en plena protesta por el proceso de Burgos. Eibar estaba tomada por la Guardia Civil y los secretas llegaron por una de las calles de la ciudad armera “disparando a todo lo que se movía”. La manifestación se rompió y unos se echaron al monte y otros se escondieron donde pudieron. “Cuando llegué a casa me enteré de que a mi hermano le habían disparado. Fue de muy cerca, no fue una bala perdida como nos dijeron las autoridades”. Con el hígado destrozado y sin capacidad de reacción, Roberto falleció cuatro días después en Donostia. Jorge niega que su hermano fuera miembro de una organización armada. “Era militante del PCE (i) y trabajaba como electricista en el taller de mi padre”.

A priori, el caso de Roberto cumple todos los requisitos para acogerse a la Ley de Memoria Histórica tras las modificaciones del PSOE. Jorge todavía lamenta que el Ayuntamiento de Eibar no haya reconocido a su hermano como víctima del terrorismo. “Fue terrorismo de Estado”, destaca, tras quejarse del doble rasero que desde algunos sectores se aplica a los afectados por la violencia armada: “Los que tienen el reconocimiento son las víctimas de ETA, los demás, poco más. Un país que se denomina democrático tiene que reconocer y no hacer borrón y cuenta nueva cuando le interesa. El Gobierno español, que tiene la llave y el poder para cambiar esto, no está por la labor. En este momento, el terrorismo es exclusivamente ETA”.

La clave para solucionar todo este embrollo la tienen PSOE y Partido Popular, que sumaron sus votos para frenar una moción del Grupo Vasco encaminada a reconocer a los miembros de grupos armados asesinados en la dictadura. En la carpeta de asuntos por resolver también figuran la retirada efectiva de todos los símbolos franquistas, la confección del mapa de localización de restos humanos de víctimas de la Guerra Civil o la aclaración por parte de la Administración de qué exhumaciones se han hecho y cuáles quedan por hacer. Son las lagunas de la Ley de Memoria Histórica.

Deia/Google noticias


Memoria histórica La reunión en Málaga de la ejecutiva del PSOE-A es un respaldo al trabajo del equipo de Heredia…

diciembre 6, 2009

José Antonio Griñán. :: A. SALAS

Este miércoles, día 9, se conmemora el aniversario del fallecimiento del fundador del PSOE, Pablo Iglesias. Coincidiendo con la efeméride, los socialistas malagueños pondrán en funcionamiento la remodelación de su sede provincial, en la calle Fernán Núñez de la capital. Una obra que sufrió un retraso por un problema con la falta de licencia. A ese acto acudirán representantes de la UGT -sindicato también impulsado por Iglesias-, Juventudes Socialistas, y la plana mayor del socialismo malagueño, con Miguel Ángel Heredia a la cabeza.
Moderna y funcional, así es esta sede, en la que los respaldos de las sillas del despacho del secretario general e incluso el lapicero son de color rojo; para que no haya dudas. Asimismo, y quizás siguiendo el ejemplo de la Ley de Memoria Histórica, han dedicado la sala principal de reuniones a quien fundara el PSOE en Málaga, Rafael Salinas. También hay recuerdos para otros dos históricos socialistas: la luchadora feminista Victoria Kent y Antonio García Duarte, que darán nombre a sendas dependencias interiores. En este ejercicio de renovación, la web del partido en la provincia experimentará cambios para adaptarse a los nuevos tiempos.
Será la nota emotiva en una semana en la que el socialismo malagueño tendrá un día ajetreado el viernes. Ese día, por primera vez en muchos años -algunos apuntan a que es la primera vez en la historia- la ejecutiva regional del PSOE andaluz se reunirá en Málaga, encabezada por el presidente del Gobierno andaluz, José Antonio Griñán. Al encuentro acudirá, aunque no es miembro, Miguel Ángel Heredia. Esta reunión, según algunas fuentes, es un ejemplo de la descentralización orgánica del partido y un respaldo al trabajo de la cúpula liderada por Heredia. En ella se aprobará un documento sobre las líneas estratégicas del PSOE andaluz en Málaga. A este gesto se unirá en enero que el propio Griñán presidirá la reunión semestral del comité ejecutivo provincial del socialismo, otro hecho novedoso.
Ese viernes, Griñán tendrá un acto de presentación en Málaga del acuerdo de concertación social. Junto al presidente estarán el máximo responsable de los empresarios, Santiago Herrero, y los líderes andaluces de los dos grandes sindicatos, Manuel Pastrana (UGT) y Francisco Carbonero (CC OO). Volviendo a lo orgánico, a la conclusión del evento el jefe del Gobierno regional mantendrá un encuentro con jóvenes emprendedores de la provincia. Le acompañarán Heredia y el presidente de la ejecutiva municipal socialista, José María Martín Delgado. Otro gesto de apoyo y espaldarazo al ex rector de la UMA, que es quien tiene más papeletas para enfrentarse en 2011 al actual alcalde, Francisco de la Torre.
Tensa semana
Un regidor que ha vivido una tensa semana con la dimisión del edil Marmolejo por la adjudicación de contratos a su cuñado, y que ha culminado con el recorte a los concejales de distrito en la concesión de contratos menores. Una medida que ya se está interpretando como un reconocimiento implícito de que algo no se estaba haciendo bien. Respecto a la marcha de Marmolejo -que ahora se dedicará por completo al trabajo orgánico en el PP preparando las próximas citas electorales-, en la sede provincial del PP se interpreta como un elemento que les fortalecerá en sus disputas dialécticas con el PSOE y será un arma a azuzar contra los socialistas presuntamente involucrados en casos similares y que no se han marchado. Una tesis que el mismo día de la dimisión empezó a utilizar Elías Bendodo. A buen seguro no será la última vez que oiremos hablar de ‘caso Marmolejo’. En la Casona del Parque ya se rumorea que en los próximos días saltarán casos parecidos que afectarían a un miembro de la corporación.

Sur Digital (Andalucía)


El último revolucionario…

diciembre 6, 2009

Cipriano Mera, el cenetista que batió a Mussolini en el 36

Un filme redescubre a Cipriano Mera, el cenetista que batió a Mussolini en el 36.

CARLOS PRIETO – MADRID – 06/12/2009 08:00

¡Más maletas, es la guerra! Quien pensara que el fotógrafo Agustí Centelles, protagonista de la controversia cultural de la semana, era la única persona que huyó de España en 1939 portando una maleta codiciada por todos se equivocaba. El cenetista Cipriano Mera manejó hasta dos maletas de contenido explosivo, como se cuenta en el documental de Valentí Figueres Vivir de pie. Las guerras de Cipriano Mera, que se estrenó el viernes.

La mejor manera de comprender el mito de Cipriano Mera, el albañil anarquista que llegó a comandar la 14ª división del Ejército republicano durante la contienda, es desvelar el contenido de estos dos bultos. El primero llegó a sus manos tras batir a las tropas de Mussolini en la Batalla de Guadalajara (marzo de 1937). Era del general italiano Annibale Bergonzoli. En su interior había “fotos del militar vestido con ropa interior femenina”, explica Figueres. No sabemos qué se le pasó por la cabeza a Mera cuando vio a su enemigo en el campo de batalla travestido, pero sí que ordenó quemar las fotos y se quedó con la maleta italiana.

Fue analfabeto hasta los 23 años, cuando abrazó el anarquismo

Dos años después, durante los caóticos días de la caída de Madrid, tuvo la oportunidad de cambiar la maleta de Bergonzoli por otra repleta de dinero y joyas. Pero no lo hizo (aunque, como veremos, algunos pensaron que sí se quedó la pasta). Envió la bolsa del tesoro al Banco de España con la siguiente nota: “De parte de Cipriano Mera”. No sería la última vez que este hombre salido de la miseria de pequeño compartió cama con sus ocho hermanos, aprendió a leer y a escribir a los 23 años y practicó la acción directa contra la dictadura de Primo de Rivera y los pistoleros de la patronal demostraría su condición de persona recta e íntegra hasta el final.

Dando tumbos por el mundo

Mera partió entonces al exilio africano: tres años de prisiones, fugas y campos de concentración en los territorios franceses del Norte de África. Por si no tuviera suficiente con haber perdido la guerra, sus problemas se agudizaron debido a un equívoco. Circulaban por ahí todo tipo de leyendas sobre las fabulosas cantidades de dinero que habían sacado de España los jefes vencidos del Ejército republicano. Tanto las autoridades francesas en Casablanca como los espías franquistas y algún que otro refugiado estalinista creían que Mera escondía en su maleta el oro suficiente para montar una guerrilla anarquista para luchar contra Franco. Entre todos ellos le hicieron la vida imposible. A Mera toda esta situación le puso de los nervios. “Repugnante es que los hombres tengan que huir de los hombres para poder vivir”, escribió en su diario mientras vagaba por los desiertos marroquíes.

Durante la caída de Madrid rechazó llevarse una maleta con dinero

Finalmente fue trasladado a una cárcel española, donde penó tres años hasta que, en un intento de las autoridades por lavar su imagen exterior, le concedieron el indulto. Pero Mera erre que erre: el día de su liberación le espetó a su carcelero una de las sentencias más demoledoras sobre la España de los años cuarenta: “No pedí el indulto, sólo me sacan a un patio más amplio que el de esta prisión”.

El abuelo rebelde

En esa época, enterró su maleta bajo su casa, en el barrio de Tetuán de las Victorias, a salvo de las redadas de la Policía franquista. Nadie parecía saber nada de su paradero hasta hace unos meses, cuando el equipo de rodaje de Figueres la encontró por casualidad, olvidada en la casa de la viuda del hijo de Mera, Floreal, en la periferia parisina. “No dimos crédito. Allí estaban los partes de guerra de su cuerpo del Ejército y otros manuscritos”, rememora el cineasta.

Su paso por varias cárceles y las peleas partidistas marcaron su exilio

Pero lo más sorprendente estaba por llegar: Figueres tuvo que explicar a los nietos de Mera, que no hablaban una sola palabra de español, quién era en realidad su abuelo. “No tenían ni idea ni de su militancia sindical, ni de su activa participación en la Guerra Civil. Ninguno había leído las memorias que publicó Ruedo Ibérico”, cuenta el cineasta aludiendo a Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalista, editado por la mítica editorial antifranquista afincada en Francia en 1974.

Tan sólo una de sus nietas recordaba que el abuelo había desaparecido misteriosamente de casa durante algunas jornadas del mes de mayo de 1968. “Nos preguntábamos donde estaría”, cuenta en el filme. Muy fácil: el abuelo estaba tirando abajo un muro. “Esta es una película sobre un albañil y tres grietas”, explica Figueres. “La primera grieta se produjo tras la Revolución Rusa de 1917, que dio alas a aquellos que como Mera ansiaban la revolución social. La segunda el 19 de julio de 1936, cuando el pueblo se alzó en armas y se inició el corto verano de la anarquía”.

La tercera grieta se abrió durante el mayo francés. “Desde 1936, Mera no había vuelto a ver esa energía que hace tambalearse al mundo”, cuenta el documental. Tras sufrir un exilio doloroso (detenciones, cárceles, expulsión traumática de la CNT por enfrentarse a la dirigencia exiliada en Francia), Mera se llevó la gran alegría de sus últimos años de vida viajando en bicicleta (libre de equipaje) por las barricadas parisinas. Justicia poética, lo llaman.

La guerrilla desata la guerra de los carteles

Si vive usted en alguna de las principales ciudades españolas puede que se halla topado con una serie de carteles y grafitis que simulan una batalla propagandística entre los principales actores de la Guerra Civil española: Franco, Stalin, Hitler, Durruti, Cipriano Mera, Millán Astray, etc. Se trata de la ‘Guerra de carteles’, una innovadora estrategia de difusión ideada por los autores de ‘Vivir de pie. Las guerra de Cipriano Mera’, que están dispuestos a utilizar todos los recursos a su alcance para que la gente vea su película. Hasta animan a los espectadores a que se descarguen el filme en Internet. En el cartel de Hitler que ilustra este texto aparece la siguiente leyenda tapando los labios del líder del Tercer Reich: ‘Piratea la peli. Viverdepie.net’. Una posición que contrasta, y mucho, con la mantenida por otros creadores.

Público.es

http://www.publico.es/275814


ANTONIO MUÑOZ MOLINA IDA Y VUELTA Demasiadas historias…

diciembre 6, 2009

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 05/12/2009

Cuando parecía que menguaba la actualidad de las fosas de la Guerra Civil los periódicos se llenan con la noticia del hallazgo de la momia de un rey no se sabe si aragonés o catalán del siglo XIV. Con vehemencia, aunque con cierto retraso, el partido socialista propone recompensar a los descendientes de los moriscos expulsados en 1609. Una asociación o fundación cultural reclama la anulación del consejo de guerra y de la condena a muerte de Miguel Hernández, quizás como primer paso para abolir también el dolor y la vergüenza de que se muriera en la cárcel. Cuanto más oscuro se vuelve el porvenir más ahínco ponen las diversas castas políticas españolas o ex españolas en agitar fantasmagorías del pasado, como si el pasado fuera una materia dúctil que cada uno pudiera manipular a su capricho, o como si fingir que es posible modificar lo que sucedió hace mucho tiempo sirviera para distraer a un público entontecido sobre la frivolidad y la incompetencia en el manejo de los asuntos que sí tendrían remedio.

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“El pasado puede usarse para casi cualquier cosa que uno quiera hacer en el presente”, dice la historiadora Margaret MacMillan, que tiene escrito un libro deslumbrante sobre la Conferencia de Paz de Versalles en 1919 y otro sobre el viaje del presidente Nixon a China en 1972. Los dos están hechos con un rigor escrupuloso y con un pulso narrativo que vienen de la gran tradición de los historiadores anglosajones, y que le hacen a uno sumergirse en relatos tan ajenos entre sí con el mismo entusiasmo, descubriéndole la trama sólida de los hechos y además los matices de los retratos individuales y de las atmósferas. En los salones de Versalles, en los meses siguientes al final de la carnicería de la guerra europea, se dibujaron mapas que iban a marcar las vidas y las muertes de muchos millones de seres humanos a lo largo del siglo. En 1972, en un viaje a China que tuvo algo del tortuoso exotismo de las crónicas de Marco Polo, Richard Nixon y Henry Kissinger se encontraron con el viejo tirano ya casi embalsamado Mao Zedong, y sus reuniones y sus alianzas secretas determinaron el porvenir de la guerra fría. Desde su decrépita lejanía de emperador asiático Mao veía desdeñosamente a Kissinger como un hombre gesticulante y sudoroso al que le temblaba la voz cuando se dirigía a él. Mientras el hambre y las revoluciones asolaban una Europa en ruinas los representantes de las potencias vencedoras discutían en Versalles sobre las minucias de protocolo de una cena oficial. A MacMillan parece que no hay pormenor de los hechos históricos que no la seduzca ni personaje que no disfrute en retratar, pero su claridad expositiva es igual de poderosa, y le despierta a uno la curiosidad al mismo tiempo que le permite la estimulante satisfacción de comprender lo muy complicado: el laberinto europeo de 1919, el juego global de equilibrios entre la Unión Soviética y China y los Estados Unidos en 1972.

Su último libro, Dangerous Games, trata de la Historia en sí: del modo en que se la usa y en que se abusa de ella, en que se la manipula para justificar una matanza o una guerra o el poder de un tirano, en que se la sustituye por leyendas urdidas para alimentar el narcisismo colectivo, para envejecer y ennoblecer un pasado que no tuvo nada de ejemplar ni de glorioso o que sencillamente no existió. “Usamos la Historia para entendernos a nosotros mismos y deberíamos usarla para entender a otros”, escribe MacMillan, pero el catálogo de desatinos que ella misma enumera le da a uno una idea más bien pesimista de la actitud humana hacia el conocimiento de la verdad. Los nacionalistas serbios viven obsesionados por una confusa derrota militar de 1389 que en los años noventa del siglo pasado servía para convertir a los verdugos en víctimas y para justificar la llamada limpieza étnica, la matanza de bosnios musulmanes cuya culpa se mantenía intacta desde que en el siglo XIV se pusieron de parte del imperio otomano. Organizaciones de veteranos de las fuerzas aéreas canadienses lograron que se clausurara una exposición en la que se ponía en duda la eficacia, por no hablar la legitimidad, de los bombardeos que arrasaban las ciudades alemanas en la Segunda Guerra Mundial sin más objetivo que aterrorizar a la población civil. En la Unión Soviética los libros de Historia se modificaban de un día para otro para ajustarlos a los cambios en la ortodoxia o a la caída en desgracia de los cortesanos del Kremlin. Hitler se veía a sí mismo como un heredero del emperador medieval Federico I Barbarroja. Stalin se medía con Iván el Terrible y con Pedro el Grande, y los relatos históricos se ajustaban adecuadamente al capricho de su megalomanía. A otra escala, George W. Bush quería modelar su figura pública sobre la de Winston Churchill, del mismo modo que identificaba a Sadam Husein con Hitler, y a los que ponían en duda la conveniencia de atacar Irak con los apaciguadores que en los años treinta creían posible un compromiso con la Alemania nazi. Los dictadores, dice MacMillan, aspiran al mismo tiempo a hacer tabla rasa del pasado y a inundar el porvenir de estatuas suyas y monumentos a su propia memoria. Como Robespierre, Pol Pot quiso que los años empezaran a contar desde cero; en la Revolución Cultural china, tan celebrada por los universitarios de Occidente, Mao alentó a sus guardias rojos a destruir cualquier edificio y cualquier libro que entorpeciera la amnesia necesaria para construir una humanidad radicalmente nueva.

Los partidarios de una historia confortable y terapéutica han inventado la moda de pedir perdón por abusos ocurridos hace siglos o de aliviarlos virtualmente cancelando sentencias injustas, como si estuviera en nuestra mano alterar el pasado, o como si sirviera de algo. El Vaticano pide perdón por haber condenado a Galileo, pero la evidencia de su antiguo oscurantismo no le sirve para adoptar ahora actitudes racionales sobre el control de la natalidad ni para desdecirse de la mentira de que los preservativos no impiden la transmisión del sida. Los inventores de patrias no se cansan de repetir la leyenda del pueblo ancestral que se ha mantenido idéntico desde los tiempos más remotos y a la vez es un modelo de modernidad y cosmopolitismo acogedor, que ha sufrido sin doblegarse la opresión de un poder forastero y enemigo, el cual tiene la culpa de todas sus desgracias, y además es grosero, atrasado, arrogante, en muchos casos español.

Este último rasgo, la censurable españolidad, lo apunto yo, no Margaret MacMillan, pero tengo la sospecha de que si pasara unas semanas en nuestro país sacaría materia suficiente para otro libro entero. Ella dice que el estudio riguroso de la historia es necesario para desbaratar las mentiras sobre ella que cuentan los políticos. El relato de lo que sabemos a ciencia cierta que pasó, la causalidad, la secuencia de los hechos, asegura MacMillan, tiene una fuerza que desbarata por sí sola el atractivo del engaño. Pero quizás hay un grado de efervescencia en los delirios colectivos sobre el pasado que vuelve indecible o inverosímil la verdad.

Margaret MacMillan: Dangerous Games. The Uses and Abuses of History. Modern Library, 2009. 208 páginas. Nixon and Mao. The Week That Changed the World. Random House, 2007. 432 páginas. París, 1919. Seis meses que cambiaron el mundo. Traducción de Jordi Beltrán. Tusquets, 2005. 696 páginas. 29 euros. http://www.margaretmacmillan.com/.

El País.com

http://www.elpais.com/articulo/portada/Demasiadas/historias/elpepuculbab/20091205elpbabpor_5/Tes/


Stop. Nos vemos en Madrid. Stop…

diciembre 6, 2009

Aspecto de la fachada del hotel Embassy, centro de reunión de informadores y agentes de la Gestapo, en los años cuarenta.-

Un documental descubre los rincones de la capital en la posguerra por los que se movía Juan Pujol, ‘Garbo’, el agente doble que engañó a Adolf Hitler.

PABLO LEÓN - Madrid – 06/12/2009

“Madrid era uno de los lugares más interesantes para el espionaje, una de las ciudades que más tráfico de información tenía del mundo”. Así recuerda la condesa de Romanones, periodista, modelo y espía para Estados Unidos, esa capital de posguerra, deprimida y agitada, entre cuyas calles se forjó la figura de uno de los agentes más importantes y desconocidos de la historia, Juan Pujol (Barcelona, 1912-Caracas, 1988).

La noticia en otros webs

El entorno de la Cibeles, el Café de Lyon o el Embassy fueron zonas clave

Las hazañas del agente doble, que trabajó para Alemania y el Reino Unido y engañó a Adolf Hitler sobre el lugar donde se iba a realizar el desembarco de Normandía, protagonizan el documental Garbo. El espía. Pero antes de crear sus álter ego (Alaric, Arabal y Garbo) y de ser la única persona en el mundo condecorada con la Cruz de Hierro y la Orden del Imperio Británico (máximas enseñas alemana y británica, respectivamente), Juan Pujol vivió casi dos años en Madrid.

La ciudad se convirtió en el epicentro del espionaje de la época. “Se trataba de un lugar clave para el Eje y los aliados. Aquí llegaba información de Lisboa, Tánger o América Latina, y los alemanes tenían una de sus delegaciones más grandes, con casi 250 agentes. Los ingleses y estadounidenses no querían perder su posición diplomática, para mantener a Franco fuera de la guerra [la II Guerra Mundial], y estratégica por la cercanía del Tercer Reich”, explica Javier Juárez, escritor de Juan Pujol, el espía que engañó a Hitler.

Los alrededores de la Cibeles, la Embajada de Alemania, el Café de Lyon o el hotel Embassy fueron lugares clave en los que tejió su red de contactos y donde urdió una trama de falsas identidades, colaboradores ficticios y mentiras, muchas mentiras.

Sin la contrainformación de Garbo “es posible que la victoria el día D no hubiera ocurrido”, resume el historiador inglés Nigel West en el documental sobre el espía. Entre las entrevistas de la cinta, que se ha estrenado este fin de semana, se alternan imágenes reales y cortes de películas de Hollywood. “Al no tener material de la época preferí tomar fotogramas que la recrearan, como Greta Garbo interpretando a Mata-Hari o Alec Guinness en el papel de Nuestro hombre en La Habana”, explica el director Edmon Roch.

A principios de 1939, Pujol dejó Barcelona y se mudó a Madrid con un objetivo, el número 16 de la calle de Fernando el Santo. Desde la sede de la delegación británica que, tras la intervención del arquitecto W. S. Bryant en 1966, se mantuvo como Embajada del Reino Unido hasta febrero de 2009, Pujol quería luchar contra el nazismo. Debido a la cercanía ideológica entre Franco y Hitler, los británicos tenían orden de no confiar en ningún español, por lo que el catalán cambió de táctica y se encaminó al flamante paseo de la Castellana para trabajar con la Embajada alemana, ahora el restaurante italiano Da Nicola. Sólo una pequeña capilla aledaña al edificio, que acoge a la Comunidad Evangélica Alemana de Madrid, recuerda el dominio germano del centro de la capital. La red nazi se reunía en el hotel Ritz, celebraba sus éxitos en la cervecería El Águila (al principio de la callé de Alcalá) y recorría sin problemas el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Los aliados, por su parte, se citaban en pequeñas tabernas junto a escritores, pintores y artistas extranjeros. Ese ambiente de los alrededores de Cibeles alentó el espíritu antifascista de Garbo, que acudía regularmente a las charlas del Café de Correos y las tertulias del Café de Lyon, también frecuentado por el escritor Dámaso Alonso o el Nobel Vicente Aleixandre.

La cripta del Lyon, reconvertido en el pub irlandés James Joyce Irish Pub (Alcalá, 59), además de acoger las reuniones de los falangistas de Primo de Rivera, era paso obligado de intelectuales. En la cripta se mantienen algunos murales de los años treinta, como el famoso La ballena alegre. Otro de ellos decora el piso superior.

Tanto británicos como nazis apreciaban el glamour. En el Madrid de posguerra, el hotel Embassy (Serrano, 56) era casi el único sinónimo de delicatessen. Lleno de productos imposibles de encontrar en la ciudad, durante las meriendas en los salones los informadores aliados y los oficiales de la Gestapo se saludaban mientras en los sótanos del edificio una red de evasión organizaba la huida de judíos a Gibraltar.

Tras ganarse la confianza de los alemanes, en julio de 1941 Garbo también dejó Madrid. Su maleta: un frasco de tinta invisible, una clave para cifrar mensajes y 3.000 dólares. Su destino: Londres. Su misión: espiar en la capital británica. Su verdadero objetivo: “Hacer todo lo posible para evitar el satánico esplendor de los nazis”. Y a juzgar por el resultado de su trabajo, lo consiguió. Siguiendo los mensajes de Garbo, Alaric para los teutones, las tropas del Führer esperaban a los americanos en el Paso de Calais en lugar de en Normandía. Tras morir dos veces, Pujol se ganó el anonimato hasta ser enterrado en Venezuela en 1988. Por las calles de Madrid todavía se pueden seguir sus pasos.

El País.com

http://www.elpais.com/articulo/madrid/Stop/Nos/vemos/Madrid/Stop/elpepuespmad/20091206elpmad_6/Tes


La Constitución necesita cambios…

diciembre 6, 2009

Ocho de cada 10 españoles creen que la ley fundamental tiene que ser reformada – La mayoría quiere que regule el uso de las lenguas y dé voto a los inmigrantes.

EL PAÍS - Madrid – 06/12/2009

La Constitución Española cumple hoy 31 años, pero tiene achaques. Así lo consideran ocho de cada 10 españoles (el 84%), para los que la norma fundamental necesita reformas. La Encuesta de Clima Social de Metroscopia refleja que una amplia mayoría (el 70%) querría incluir en el texto constitucional la regulación del uso del catalán, el euskera y el gallego en las comunidades autónomas en las que son oficiales. El 61% de los entrevistados la modificaría para dar voto en cualquier elección a los inmigrantes con permiso de trabajo y residencia, mientras que poco más de la mitad (el 51%) eliminaría la mención especial a la Iglesia católica.

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Que la inmensa mayoría de los ciudadanos crean que debe ser modificada no significa que la consideren una mala norma jurídica. Seis de cada 10 (el 62%) la califican de “buena”, frente a algo menos de un tercio que la tilda de “regular” y un mínimo 6% que prefiere el adjetivo “mala”. Es también un sentimiento mayoritario (apoyado por el 69%) que en la norma no han prevalecido los intereses de ningún partido o corriente política en particular. Puede que por esa razón, casi 6 de cada 10 entrevistados (58%) sólo son favorables a realizar “pequeñas modificaciones” en la Carta Magna. La cuarta parte (26%) es favorable a “una reforma a fondo”, mientras que el 12% quiere que se quede como está.

En consonancia con la preferencia mayoritaria de aprobar cambios menores, entre las modificaciones no se encontraría la de la forma de Estado. La Monarquía parlamentaria sigue siendo el régimen favorito de los españoles -la prefiere el 66%-, un porcentaje que, con pequeños altibajos, se ha mantenido estable en los últimos 13 años. Los favorables a instaurar una hipotética tercera república reflejan, sin embargo, un incremento sostenido en ese mismo periodo. En los últimos años de la década pasada sus partidarios oscilaban entre el 11% y el 15%. En 2009 se han incrementado en 10 puntos y han dado el salto hasta el 25%, la cuarta parte del país.

La reforma favorita entre los encuestados es la regulación del uso de las lenguas cooficiales, demandada por siete de cada 10 españoles. Le sigue la de dar derecho al voto a los inmigrantes regularizados en cualquier elección -no sólo municipal o autonómica- con un apoyo del 61%, y la de abolir la pena de muerte también para tiempos de guerra -la actual redacción remite en ese caso a lo que establezcan las leyes penales militares-, preferida por el 56%. Más discutido (lo apoya el 51%) sería eliminar la referencia especial a la Iglesia contenida en el artículo que regula la libertad religiosa o la de la distinción entre nacionalidades y regiones.

Casi la mitad de los entrevistados (48%) blindaría las competencias del Estado para impedir nuevas transferencias a las comunidades autónomas y sólo el 36% derogaría el papel que la norma fundamental da al Ejército como garante de la unidad de España.

Suárez, con diputados y senadores tras la aprobación de la Constitución en el Parlamento.- MARISA FLÓREZ

31º aniversario de la Constitución LA CONTROVERSIA SOBRE LA NACIÓN Y LA LENGUA EN 1978

“Que no sea una bomba retardada”

La inclusión del término ‘nacionalidades’ puso a prueba el consenso político

VERA GUTIÉRREZ CALVO - Madrid – 06/12/2009

El concepto de nación y el tratamiento de las lenguas son dos de los asuntos centrales que tienen bloqueado el fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán. Hace 31 años, los diputados constituyentes ya intuyeron los riesgos

Por momentos fueron alfareros pero también orfebres de cincel, cirujanos y, sobre todo, equilibristas. Los 34 miembros de la Comisión Constitucional del Congreso abordaron el 12 de mayo de 1978 una de las “encrucijadas” del texto elaborado por los siete padres de la Constitución: el artículo 2, que proclama la “indisoluble unidad de la nación española” y, a la vez, la existencia de “nacionalidades” en su seno. La consigna, en pos del consenso, era “innovar” con los conceptos -ya venían de hacerlo la víspera con el término “monarquía parlamentaria”-. Y tanta innovación dio lugar a un debate hondo acerca de “la naturaleza de España”, emocionante y lleno de dudas sobre lo que el futuro haría con las palabras.

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Si UCD se hubiera plantado, el término “nacionalidades” no habría sobrevivido en la Constitución: sus votos y los de Alianza Popular lo habrían tumbado. Pero el término se mantuvo, convencida UCD de que era imprescindible para sumar a PSOE, PCE y las minorías nacionalistas. Aun así, los centristas eran conscientes del riesgo de un término que Gabriel Cisneros (UCD) tildó de “deslizante” y que, según subrayó, ya había tratado de conjurar la ponencia con “el afán compartido de que su introducción no supusiera una bomba de tiempo retardado en la construcción histórica de la unidad española”.

Aunque la oposición más frontal fue la de AP -el diputado Antonio Carro sacó la Constitución de la URSS para demostrar que la nacionalidad va ligada al derecho de secesión-, el rechazo llegó por más sitios: el centrista José Miguel Ortí se mostró dispuesto, por ejemplo, a que se diera a las regiones más autonomía incluso que en un Estado federal, pero sin concederles el tratamiento de “nacionalidad”. “En este punto concreto se puede romper la concordia de los españoles”, argumentó.

“La clave” de la Constitución (Francisco Letamendia, Euskadiko Ezkerra), “la base de la futura distribución territorial del poder” (Rafael Arias-Salgado, UCD), “una hora de inmensa responsabilidad” (Gonzalo Fernández de la Mora, AP), “el tema crucial de la tarea constitucional” (Cisneros). Todo eso y más era el artículo 2, según coincidían los diputados encerrados en comisión para intentar cuadrar el círculo.

“Sentimos la gran responsabilidad de encontrar una formulación constructiva que permita a todos los españoles sentirse tales en su propia especificidad y que no engendre entre ellos, por enésima vez, insuperables divisiones”, sentenció Arias-Salgado. Su colega José Manuel Paredes añadía: “El fin trascendente de esta Constitución es resolver ese gravísimo problema, llámesele forma de Estado o simplemente reflexión sobre la naturaleza de España”.

“No son los problemas los que se constitucionalizan, son las soluciones. Dios quiera que los constituyentes del 78 no constitucionalicen el problema de las nacionalidades”, le replicaba Ortí. Otros, como Hipólito Gómez de las Roces (Candidatura Aragonesa Independiente de Centro), recelaban del camino tomado y advertían: “Ningún territorio español carece de historia, pero la más relevante es la que hicieron en común”.

El argumento de UCD era que suprimir el término “nacionalidades” -algún diputado lo tachó de “pluriindefinible”, la mayoría de, cuando menos, “confuso”- no haría desaparecer sino que “exacerbaría” los nacionalismos. Por eso había que “constitucionalizar” el concepto, dándole una interpretación que limitase su alcance y evitara “hipotéticas consecuencias desintegradoras”. Pero había casi tantas interpretaciones como grupos. La pregunta clave era: ¿Nación y nacionalidad son lo mismo? Si lo son, ¿cómo preservar la soberanía única de la nación española? Ahí van algunas respuestas en el calor del debate de 1978:

Arias-Salgado (UCD): “El vocablo nacionalidad no es ni puede ser fundamento de un derecho a constituirse en Estado [...] Implica, simplemente, el reconocimiento de la existencia de formaciones sociohistóricas a las que se confiere un derecho a la autonomía cuyo límite de principio infranqueable reside precisamente en la soberanía de la unidad política que las comprende”.

Miquel Roca (Minoría Catalana): “Nacionalidades y nación quieren decir absolutamente lo mismo. Lo que ocurre es que, en la vida política, los términos se amoldan [...] Naciones sin Estado [son] lo que modernamente ha venido en llamarse nacionalidades [...] Es evidente que España es una realidad plurinacional”.

De la Fuente (AP): “He tratado de investigar gramatical, sociológica y políticamente este concepto y no he encontrado la manera de desvincularlo del concepto de nación [...] ¿Entonces es posible la existencia de la unidad nacional desde la pluralidad de naciones? [...] El mantenimiento de los dos conceptos conduce a una tremenda, a una indudable confusión que deja en el futuro en la indeterminación lo que vaya a ser la organización territorial de este país”.

Gregorio Peces-Barba (PSOE): “España es una nación de naciones y esto no es nuevo, porque esto es el Reino Unido de Gran Bretaña y del Norte de Irlanda, esto es Bélgica, esto es Checoslovaquia, esto es Yugoslavia y no se puede decir que no sea esta realidad una realidad sin peligro ninguno de separatismos [...] Nacionalidad es sinónimo de nación”.

Jordi Solé Tura (PCE): “Estamos ante dos conceptos, ante dos visiones de lo que es España y de lo que es unidad [...] La auténtica unidad de España se basa en el reconocimiento de lo que hay. Eso es lo que hay que articular”.

Gómez de las Roces (CAIC): “La ponencia se limita a dar un puntapié al problema, a trasladarlo a mañana. En vez de quitar el proyectil del cañón para que no se dispare, ha preferido ponerle un tapón [...] ¿Quién impedirá que crezca la semilla de la nacionalidad y que en una segunda fase se trate de ocupar una parte alícuota de la soberanía nacional?”

Joan Reventós (Socialistas de Cataluña): “Pretenden conjurar unas posibilidades secesionistas que no existen detrás de la palabra nacionalidades”.

Xavier Arzalluz (PNV): “No buscamos ni en la palabra nacionalidades ni en la autonomía un trampolín para la secesión”.

Tras pasar por la Comisión Constitucional, todavía habría más filtros al texto -y nuevos debates-: el pleno del Congreso, el del Senado, un foro mixto… Pero el artículo 2 no cambió, y ya en comisión distintas interpretaciones del “alcance” del término nacionalidades dieron lugar a diagnósticos de futuro muy diferentes. “Habrá dos clases de territorios en España y, por tanto, dos clases de españoles [...] Las autonomías nacionalistas van más allá, no nos engañemos, y crearán de alguna manera la punta de lanza permanente”. Ese peligro, terció Solé Tura, dependería a su juicio de otra cosa: “De cómo organicemos el poder político, de cuál sea el juego real de las autonomías y la relación con el poder central”. “Allí está la clave del asunto, no en el concepto de nacionalidades”, subrayó.

Miguel Herrero de Miñón (UCD) sostuvo que “España era antes, y será después de esta Constitución, una entidad permanente”. Pero su compañero José Luis Meilán apuntó: “Evidentemente, no somos dueños de las palabras; a veces las palabras siguen su curso independientemente de quien las pronuncia”. “En un periodo constituyente como éste”, concluía el diputado centrista hace algo más de tres décadas, “nadie puede saber exactamente cómo terminarán las cosas”.

Artículo 2

- “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

- Aprobado en la Comisión Constitucional del Congreso el 12 de mayo de 1978 por 30 votos a favor (UCD, PSOE, PCE, Minoría Catalana y PNV), dos en contra (AP) y dos abstenciones (Francisco Letamendía y Emilio Gastón, del Grupo Mixto).

El País: Enlaces:

http://www.elpais.com/articulo/espana/Constitucion/necesita/cambios/elpepuesp/20091206elpepinac_2/Tes

http://www.elpais.com/articulo/espana/sea/bomba/retardada/elpepiesp/20091206elpepinac_5/Tes


Los huesos silenciosos de Federico García Lorca y el esqueleto de nuestra democracia…

diciembre 6, 2009

6 de Diciembre de 2009

Las imágenes del entierro de Víctor Jara, treinta y seis años después de que fuera asesinado, rodeado de miles de personas, con la participación del Estado chileno, es la medida de una sociedad que está viviendo la liberación del pasado de la dictadura del general golpista Augusto Pinochet. Tras su segunda autopsia, practicada en parte por el profesor de la Universidad del País Vasco, Francisco Etxeberría, que tantas fosas ha abierto por el suelo del Estado español, la sociedad chilena ha cerrado el duelo por la que fue la voz del pueblo.

El impacto de su muerte y de su segundo entierro ha sido enorme y es una demostración de la democratización de la democracia que han conseguido construir quienes sufrieron la dictadura pinochetista. El cantante Joan Manuel Serrat ha escrito unas palabras en homenaje al cantautor chileno: “A quien dice: Dejad en paz a los muertos, les respondo: ¿están los muertos en paz? ¿Estamos en paz con ellos?”. Y añade: “Esta vez Joan Turner (su viuda) no caminará sola. A su lado marchará una multitud que, nadie lo olvide, treinta y seis años después del crimen, sigue clamando justicia”.

A miles de kilómetros de allí, bajo una carpa, un grupo de expertos busca los restos del poeta Federico García Lorca, otra voz del pueblo segada por la intolerancia, el fascismo y las pistolas del nacional catolicismo español. Cuando fue asesinado Franco culpó al Gobierno republicano por haber repartido armas  al pueblo.

Pero spain is different. Los familiares de Lorca han llegado a decir delante de José María Aznar que el hecho de que el poeta fuera homosexual o de izquierdas era superficial, dándole al gestor de la mayor regresión de nuestra sociedad hacia el franquismo el título de legítimo representante del poeta, ya que sólo les separaba que era rojo y maricón y en el resto Aznar y Federico están cerca el uno del otro. Incluso el ex presidente llegó a decir en el centenario del nacimiento del poeta: “Hoy todos somos Federico” (y no era un piropo a Jiménez Losantos).

No nos hemos puesto todavía a desalambrar los latifundios culturales construidos por cuarenta años de franquismo. Aquí se abre la fosa de Lorca en silencio, ocultando un gran crimen; aquí sus familiares no claman justicia; aquí Joan Manuel Serrat no escribe sobre los muertos que no están en paz y con los que no estamos en paz; aquí la izquierda no trabaja por su justicia; aquí ningún colectivo de homosexuales ha reclamado justicia, ha pedido que se investigue, que se repare, que Lorca es un símbolo de su persecución; aquí el Estado mira para otro lado, para otros lados y un cultura invisible, que está dentro de nosotros, emanada del franquismo, de la que todavía no nos hemos deseducado, sigue llenando de silencio ese pasado, ocultando los crímenes de la dictadura, como si no hubieran ocurrido, culpabilizando a los aguafiestas que reclaman justicia para las víctimas del franquismo y quieren joder este festín que ha llenado de hipermercados nuestro país.

Los huesos de Lorca, allá donde estén, son el esqueleto de un enorme silencio que camina por nuestro país a sus anchas, un silencio sordo y retorcido que protege a los asesinos, a los torturadores, a los ladrones de bebés nacidos de los vientras de las presas republicanas y que hace vivir a buena parte de la sociedad como si hacer justicia por el asesinato y la desaparición de más de 113.000 hombres y mujeres fuera algo superficial. Aquí, mientras no haya justicia para tantas familias la democracia seguirá siendo todavía un esqueleto.

¡Quitándole el fuego a los dioses! Por Emilio Silva

http://www.emiliosilva.org/?p=813


REPORTAJE: MEMORIA HISTÓRICA: La muerte lenta de Víctor Jara…

diciembre 6, 2009

Torturado y asesinado por los golpistas chilenos, el cantautor fue sepultado de forma casi clandestina en un modesto nicho. EL PAÍS reconstruye su muerte con los recuerdos de los testigos…

MANUEL DÉLANO 05/12/2009

La muerte lenta de Víctor Jara’ es un reportaje del suplemento ‘Domingo’ del 6 de diciembre de 2009

Cansados y con sus manos entrelazadas en la nuca, los 600 académicos, estudiantes y funcionarios de la Universidad Técnica del Estado (UTE) tomados prisioneros por los militares golpistas iban entrando al Estadio Chile, un pequeño recinto deportivo techado cercano al palacio de La Moneda. Un oficial con lentes oscuras, rostro pintado, metralleta terciada, granadas colgando en su pecho, pistola y cuchillo corvo en el cinturón, observaba desde arriba de un cajón a los prisioneros, que habían permanecido en la universidad para defender el Gobierno del presidente socialista Salvador Allende. Era el 12 de septiembre de 1973, día siguiente del golpe militar, en el alba de la dictadura de 17 años encabezada por el general Augusto Pinochet.

La noticia en otros webs

“¡No me lo traten como señorita, carajo!”, gritó un militar al ver a Víctor Jara. Después le dio un culatazo

Un conscripto confesó que jugaron a la ruleta rusa antes de acribillarlo en el subterráneo

Con voz estentórea, el oficial repentinamente gritó al ver a un prisionero de pelo ensortijado:

-¡A ese hijo de puta me lo traen para acá! -gritó a un conscripto, recuerda el abogado Boris Navia, uno de los que caminaba en la fila de prisioneros.

“¡A ese huevón!, ¡a ése!”, le gritó al soldado, que empujó con violencia al prisionero. “¡No me lo traten como señorita, carajo!”, espetó insatisfecho el oficial. Al oír la orden, el conscripto dio un culatazo al prisionero, que cayó a los pies del oficial.

-¡Así que vos sos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda! -gritó el oficial. Navia rememora. Es uno de los testigos del juez Juan Fuentes, que investiga el asesinato del cantautor, uno de los crímenes emblemáticos de la dictadura, porque Jara fue con su guitarra y con sus versos el trovador de la revolución socialista del Gobierno de Allende en Chile. Por su impacto y la impunidad en que están los culpables, el crimen de Jara es en Chile el equivalente al asesinato de Federico García Lorca en España.

“Lo golpeaba, lo golpeaba. Una y otra vez. En el cuerpo, en la cabeza, descargando con furia las patadas. Casi le estalla un ojo. Nunca olvidaré el ruido de esa bota en las costillas. Víctor sonreía. Él siempre sonreía, tenía un rostro sonriente, y eso descomponía más al facho. De repente, el oficial desenfundó la pistola. Pensé que lo iba a matar. Siguió golpeándolo con el cañón del arma. Le rompió la cabeza y el rostro de Víctor quedó cubierto por la sangre que bajaba desde su frente”, cuenta a este periódico el abogado Navia.

Los prisioneros se habían quedado pasmados mirando la escena. Cuando el oficial, conocido como El Príncipe y hasta hoy no identificado con plena certeza, se cansó de golpear, ordenó a los soldados que pusieran a Jara en un pasillo y que lo mataran si se movía. El autor de canciones como El cigarrito y Te recuerdo Amanda, que Serrat, Sabina, Silvio Rodríguez y Víctor Manuel han incorporado en sus repertorios, entró así al campo de prisioneros improvisado por los militares donde vivió sus últimas horas.

Muchos recordaron a Jara con emoción esta semana, cuando su viuda e hijas y la fundación que lleva su nombre organizaron el funeral que no pudo tener en 1973, la despedida popular que merecía, para sepultar los restos del cantautor, exhumados en junio por orden del juez y devueltos a la familia después de una nueva autopsia, que confirmó las huellas de bala y torturas.

El ensañamiento con Jara fue uno de los signos de la dictadura de Pinochet (1973-1990), que truncó con brutalidad el Gobierno de Allende y los sueños socialistas, dejando un reguero de más de 3.200 muertos y desaparecidos, alrededor de 30.000 torturados y decenas de miles de exiliados. El Chicho, como era conocido Allende, un médico socialista y masón, había llegado a la presidencia en 1970, en su cuarto intento, con el 36% de los votos, encabezando la Unidad Popular, la coalición que reunía a la izquierda chilena en un arco multicolor.

Con un programa que ofrecía reforma agraria, medio litro de leche diaria para los niños y la nacionalización del cobre, principal riqueza de Chile, en manos de empresas norteamericanas, la victoria de Allende en las urnas, la primera de un marxista en Occidente en plena guerra fría, sorprendió a Estados Unidos e insufló esperanzas en muchos países, incluidos los opositores de Franco en España. Un irritado presidente Richard Nixon ordenó en la Casa Blanca intensificar las acciones desestabilizadoras.

Pero en Chile se vivían tiempos de efervescencia. Las movilizaciones sociales iban en ascenso y con Allende en La Moneda, el Gobierno ganó apoyo en las urnas en lugar de perderlo. El cerrojo norteamericano se apretó con el embargo de las exportaciones de cobre, en réplica a una nacionalización en la que Chile resolvió no indemnizar a las empresas expropiadas por haber obtenido ganancias excesivas, mientras la oposición de centro y derecha se reunió en una coalición contra Allende, y la izquierda más radicalizada comenzó a desbordar al Gobierno acusándolo de reformista. La lucha política se exacerbó.

El Gobierno socialista concitó una amplia adhesión de artistas e intelectuales. En los tres años de Allende, Chile vivió un destape cultural como nunca antes y Víctor Jara fue uno de los protagonistas. Hijo de inquilinos campesinos, conoció de la explotación y miseria en su infancia y juventud. Aprendió música por la intuición de su madre. Cuando ella falleció, viajó a Santiago a estudiar teatro. Como director teatral recibió premios de la crítica y la prensa por sus montajes e hizo giras por dos continentes.

Mientras estudiaba dramaturgia, comenzó a tocar y componer con el grupo Cuncumén. Después trabajó con la pléyade del folclor chileno: Quilapayún, Inti Illimani, Ángel e Isabel Parra, Patricio Manns, Rolando Alarcón. Violeta Parra, la autora del universal Gracias a la vida, fue una de las que descubrió tempranamente el talento de Jara como compositor e intérprete.

Militante comunista, Jara defendió a la Unidad Popular con su guitarra, hizo canciones de protesta, pero sus obras mayores, aquellas más sencillas e imperecederas, son las que brotan desde la tierra y de la pobreza de las barriadas periféricas de Santiago, las fuentes de su saber. Víctor creía que “la mejor escuela para el canto es la vida”, recuerda su viuda, Joan Turner, en Un canto trunco, las memorias de Jara. Nombrado embajador cultural por Allende, prefería compadrear en una peña popular a los cócteles de diplomáticos.

Durante el paro de octubre de 1972, con el que la oposición quiso poner de rodillas al Gobierno, junto con decenas de miles de personas, Jara salió a realizar trabajos voluntarios para impedir que la economía se detuviera. En la vorágine escribió Manifiesto, su testamento musical: “Yo no canto por cantar / ni por tener buena voz, / canto porque la guitarra / tiene sentido y razón”.

Con la inflación desbocada, desabastecimiento y mercado negro, el transporte paralizado y con el mayor partido opositor, la Democracia Cristiana, cerrando las puertas al diálogo para encontrar una salida, a Allende casi no le quedan opciones, y muchos creen que un golpe militar es inminente. Resuelve que el martes 11 septiembre llamará a un plebiscito que decidirá si sigue o no en el poder. Enterados, los militares adelantan el golpe militar para ese martes.

El escenario que había escogido Allende para pronunciar este discurso que podría haber cambiado la historia es la sede de la UTE. Nunca llegó. Enterado de la sublevación militar, Allende acude con sus colaboradores más cercanos a La Moneda, a defender la democracia. Dispuestos a todo, los militares bombardean el palacio y Allende, que sólo saldrá sin vida de ese lugar, pide a los trabajadores que permanezcan en sus puestos, pero que no se dejen provocar, y anticipa en su lúcido discurso final que otras generaciones superarán ese momento.

En asambleas por facultad, la comunidad de la UTE resolvió permanecer en la sede universitaria, como pidió Allende. Entre ellos, Víctor Jara, que trabajaba en extensión en la universidad e iba a cantar en el acto de Allende. Habla dos veces por teléfono con Joan y cree que volverá a casa al día siguiente. Esa noche anima a los estudiantes en su último recital, mientras en todo Santiago suenan las balas de los militares.

Al día siguiente, los militares instalan un cañón frente a la universidad y disparan a la rectoría mientras un centenar de soldados vacía sus cargadores. No hay resistencia: estaban desarmados. Rompen puertas y cerrojos y toman prisioneros a los 600 que permanecían ahí.

El infierno está a un par de kilómetros, en el Estadio Chile, rebautizado en democracia como Estadio Víctor Jara. Ahí el cantautor queda tendido en el suelo. A un estudiante peruano que confunden con cubano le cortan una oreja con un cuchillo. A un profesor de ciencias sociales que llevaba pruebas recién corregidas de sus alumnos le piden las dos mejores notas, las entrega y lo obligan a que se coma las hojas. Los amenazan con barrerlos con “las sierras de Hitler”, ametralladoras de gran calibre cuyas balas cortan los cuerpos. Un obrero grita: “¡Viva Allende!”, y se arroja desde las graderías, muriendo desangrado. En el recinto caben apretadas 2.000 personas, pero hacinan a más de 5.000 prisioneros.

El Príncipe tiene visitas de oficiales y quiere exhibir a Jara. Un oficial de la Fuerza Aérea que está con un cigarrillo le pregunta a Jara si fuma. Con la cabeza, niega. “Ahora vas a fumar”, advierte, y le arroja el cigarrillo. “¡Tómalo!”, grita. Jara se estira tembloroso para recogerlo. “¡A ver si ahora vas a tocar la guitarra, comunista de mierda!”, grita el oficial y pisotea las manos de Jara, relata Navia.

“Cuando llegaron más prisioneros y los soldados fueron a recibirlos, Víctor se quedó sin custodia. Entre varios lo arrastramos adonde estábamos y comenzamos a limpiar sus heridas. Llevaba casi dos días sin comida ni agua”, dice Navia. Un detenido consigue que un soldado le regale un tesoro: un huevo crudo. Se lo dan a Jara. Con un fósforo, el cantautor perfora el huevo en ambos extremos y lo sorbe. “Nos dijo que así aprendió en su tierra a comer los huevos”, recuerda.

A Jara le vuelven las energías. “Mi corazón late como campana”, dice. Y habla, de Joan y sus hijas. Dos detenidos logran salir libres gracias a contactos. Varios escriben mensajes breves para que avisen a sus parientes de que están vivos. Víctor pide lápiz y papel. Navia le pasa una libreta pequeña de apuntes, que hoy conserva la Fundación Jara como pieza de museo. Escribe con dificultad sus últimos versos: “Canto que mal que sales / Cuando tengo que cantar espanto / Espanto como el que vivo / Espanto como el que muero”.

Repentinamente, dos soldados lo toman y arrastran, y Jara alcanza a arrojar la libreta. Navia se queda con ella. Comienza una golpiza más brutal que las anteriores, a culatazos. Otros prisioneros lo verán con vida horas después. Un conscripto, José Paredes, confiesa 36 años después que jugaron a la ruleta rusa con Jara antes de acribillarlo en los subterráneos. Es el único procesado vivo en el caso. El otro, el jefe del recinto, el coronel Mario Manríquez, falleció. La primera autopsia, en 1973, revela 44 disparos. La nueva, en 2009, confirma que Jara murió por múltiples impactos. Pero Paredes se retracta de su confesión.

Al anochecer del sábado 15 de septiembre trasladan a los prisioneros del Estadio Chile al mayor recinto del país, el Estadio Nacional. “Al salir al foyer para irnos, vemos un espectáculo dantesco. Hay entre 30 y 40 cadáveres apilados, y dos de ellos están más cercanos. Todos están acribillados y tienen un aspecto fantasmagórico, cubiertos de polvo blanco, porque cerca estaban apilados unos sacos de cal para hacer reparaciones, que cubre sus rostros y seca la sangre. Reconozco a Víctor en primer lugar, y después al abogado y director de Prisiones Littré Quiroga”, relata Navia.

A Jara le han quitado el chaquetón que otro prisionero le había pasado porque tenía frío. Esa noche, los soldados arrojan seis de estos cadáveres, Jara entre ellos, junto al Cementerio Metropolitano, en el acceso sur de Santiago. Una vecina reconoce al cantautor y avisa para que lo recojan. Cuando el cuerpo llega a la morgue, un trabajador de este servicio, que era comunista, también reconoce a Jara y avisa a su esposa Joan para que lo sepulte antes de que lo sepulten en una fosa común.

El cuerpo del cantautor está junto al de cientos de víctimas en un mesón de la morgue, al final de una fila de jóvenes. Sólo tres personas acompañan a Joan en el funeral semiclandestino que se celebró en el Cementerio General de Santiago, donde fue inhumado en un humilde nicho. Jara está en su cenit creativo, poco antes de cumplir 41 años, y quienes tronchan su vida no saben que lo están haciendo más universal, a él, pero también a ellos mismos.

‘La muerte lenta de Víctor Jara’ es un reportaje del suplemento ‘Domingo’ del 6 de diciembre de 2009

El País.com:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/muerte/lenta/Victor/Jara/elpepucul/20091205elpepucul_4/Tes

Y ADEMÁS…

Emotivo funeral en Santiago

Miles de personas dan el último adiós a Víctor Jara, asesinado por los militares golpistas en 1973


Otra iglesia que añora a Franco…

diciembre 6, 2009

Nueva polémica por los homenajes de la Iglesia al franquismo. La Iglesia de San Jerónimo El Real organizó una misa en la que el párroco, Carmen Franco y otros feligreses besaban la bandera franquista.

El homenaje a los caídos de Paracuellos no fue la única misa franquista que organizó la Iglesia el pasado mes de noviembre. Según se puede ver en un nuevo vídeo publicado en Youtube, la parroquia madrileña de San Jerónimo El Real organizó una misa de homenaje a Franco el pasado día 22 en la que se ensalzaron los símbolos de la dictadura.

El párroco besó la bandera franquista y se la ofreció a los fieles

Las imágenes son reveladoras. El párroco de Los Jerónimos, Julián Melero, termina de oficiar la misa y sitúa en fila a los feligreses. Esta vez no iban a recibir la hostia consagrada, estaban prestos para besar la bandera preconstitucional. Antes de que lo hicieran ellos, hizo lo propio el párroco para darles ejemplo, y después Carmen Franco, la hija del dictador.

Después de la misa, siguió el homenaje y la exaltación de la dictadura fuera del templo. El vídeo muestra a un nutrido grupo de personas cantando  el “cara al sol” en las puertas de la iglesia, a la vez que ondeaban banderas presididas por el águila franquista. Una imágen que rememora a las que aparecían en los noticiarios del NO-DO.

Carmen Franco se encontraba en la parroquia

De esta forma continúa la polémica por la utilización de la Iglesia de símbolos preconstitucionales. Esa misma semana, como informó Público, el obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Plá, ofició una misa por los caídos de Paracuellos junto a una bandera franquista y otro ilustre del Régimen: Blas Piñar.

La repercusión que tuvo la información obligó al obispo a disculparse, aludiendo a que ni él ni la Iglesia se sentían identificados con ninguna posición política. La presencia de la bandera franquista la justificó diciendo que “ya se hallaba allí cuando se inició la celebración de la Misa”. Esta vez, el beso del párroco de la Iglesia a la bandera con el águila franquista deja poco márgen para la confusión.

PARA VISIONAR EL VIDEO ENTRAR EN EL ENLACE DEPÚBLICO.ES:

http://www.publico.es/275754/iglesia/anora/franco


Joan Pagès y la razón de ser de la memoria…

diciembre 6, 2009

Pagès enseñó que hasta en los objetos cotidianos se pueden encontrar elementos para la reconstrucción de la Memoria Histórica.

Sábado 5 de Diciembre de 2009 10:51 | El reconocido pedagogo catalán visitó la UNT y dio cátedra: a la historia oficial no le interesa el pasado sino controlar el futuro.

Cuando José Carreras -el inmenso tenor español – entonaba la primera estrofa de “Granada”, Don Enrique, un inmigrante granadino de 75 años, rompía en llanto. Doña Lola, su esposa, corría hacia él, lo abrazaba y lloraba a su lado. Su nieto tucumano aún indaga sobre los orígenes de las lágrimas de las que fue testigo: “Guerra”, “hambre”, “amor”, “armas”, “bombardeos”, “muertos”, “exilio”, “desarraigo”, predominaban en el relato de aquellos mayores que, sin darse cuenta, reconstruían su memoria y la de una nación. Es desde esta clase de relatos que Joan Pagès enseña a construir la “Memoria Histórica”.
Pagès es catalán. Desde el año 1977 es también profesor de Didáctica y decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Barcelona. Su currículum enumera como “publicaciones relevantes” unas 65. Curioso dato: sus publicaciones “irrelevantes” suman otras tantas. Sin embargo, los docentes y estudiantes que tuvieron el placer de escucharlo en el Virla -en su mayoría de la carrera de Historia de la UNT-, ratificaron al catalán como uno de sus autores de cabecera. Allí, lo entrevistó Sidera Visus.

-¿Qué es la Memoria Histórica?
Es el recuerdo de los hechos vividos por las generaciones del pasado. Hay elementos que valen ser trasladados a las generaciones venideras. Es la historia de nuestros mayores. Yo, por ejemplo, tengo memoria histórica de mis abuelos y de mi padre. Lo que me transmitieron oralmente, no es historia propiamente dicha sino la construcción de una vivencia personal que se relaciona con otros elementos históricos pero que tiene el valor de la vivencia.

-¿La Memoria Histórica publicada produce mayor interés en la gente que la historia oficial?
Es evidente que son dos cosas que hablan sobre el pasado. Pero, mientras que la Memoria se vincula a las emociones, la historia busca argumentos que avalen y que expliquen las causas por las que se han producido determinados hechos. Ahora bien, en ambos casos existe una “memoria oficial” y una “historia oficial” que a menudo son avaras. ¿Qué es esto? Construcciones de los hechos sociales y culturales hechas por los políticos para intentar convencer a la ciudadanía de una construcción del pasado y, en este sentido, la historia escolar está basada en la memoria oficial que los Estados imponen controlando el pasado para controlar el presente.

-¿Qué papel debe cumplir la Memoria Histórica en una Universidad?
Debe ayudar a sus integrantes a comprender por qué el presente es como es, para poder construir un porvenir en que las generaciones nuevas resuelvan los temas de otra manera sin necesidad de recurrir a la violencia, a la intolerancia y apelando siempre a la Democracia, a los Derechos Humanos y al diálogo.

-¿Están “de moda” las publicaciones de Memoria Histórica?
La Memoria tiene una perspectiva emotiva, singular, y la Historia pretende traspasar esta dimensión. La Educación Histórica debe humanizar los contenidos. En los libros de historia no aparecen hombres y mujeres concretos que son la razón de ser de la Memoria. Tanto una como la otra, deberían darse un abrazo sabiendo que, en definitiva, lo importante es que la gente aprenda Historia porque sirve para entender mejor el mundo en que vivimos. La Memoria, en cambio, a veces no ayuda tanto como la propia Historia a comprender el por qué del mundo actual y en especial el por qué de la importancia de diseñar futuros alternativos distintos de los que diseñan las memorias oficiales a las que no les preocupa el pasado sino seguir controlando el futuro.
Pagès se despide con un apretón de manos. El Virla se hace vereda y aquel nieto testigo, vislumbra el por qué de aquel sollozo de sus abuelos.

Joan Pagès

Autor de más de un centenar de publicaciones de la Historia y las Ciencias Sociales, Pagès es profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales y de Didáctica de la Historia en la Facultat de Ciències de l’Educació de la Universitat Autònoma de Barcelona en Catalunya (UAB).
También, es director de Tesis y Tesinas de Investigación y responsable del Grupo de Investigación en Didáctica de las Ciencias Sociales de la UAB. Es experto en temas curriculares del área de Ciencias Sociales, Geografía e Historia y en la formación del Profesorado en Didáctica en Ciencias Sociales.
Participó en numerosos cursos, congresos, y simposios en la formación del profesorado y educación para la ciudadanía. Conferenciante y asesor del Profesorado sobre estos temas en España y distintos países latinoamericanos.

La Historia, su enseñanza y el consumismo

“En ninguna parte del mundo se le da la importancia que debería tener la enseñanza de la Historia. Para tratar perros y gatos se necesitan carreras de cinco o seis años, mientras que para tratar a muchachos de 3 a 10 años, con tres años basta. Este despropósito evidencia que la culpa del bajo nivel de los niños no está en el docente, sino en su formación y perfeccionamiento”, afirma Pagès. “Soy de la opinión –no subjetiva sino contrastada- que todos los temas de enseñanza de Historia cada vez son menos nacionales y más internacionales porque es un género humano”, agrega mientras resalta que “la Historia es en la actualidad un producto de consumo que se refleja en el cine, en las novelas y demás géneros comerciales”.

La Gaceta Tucumán/Google noticias


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