REPORTAJE: “El hallazgo de un artista olvidado”: Un tesoro oculto en negativos…

Puerta del Sol

Sale a la luz el archivo de Ragel, retratista de Madrid desde el reinado de Alfonso XIII hasta la Guerra Civil – Fotografió en secreto los papeles del ‘oro de Moscú’

PABLO DE LLANO – Madrid – 21/03/2010

Diego González Ragel fue dos fotógrafos en una sola persona. Uno, el del Madrid de los años veinte y treinta, vivo, lúdico y fecundo; el otro, el de la posguerra, mustio, improductivo, una sombra de lo que fue. La Guerra Civil partió en dos la carrera de este reportero gráfico, que languideció en una oficina del Banco de España hasta su muerte, en 1951, y cuyo archivo quedó aparcado hasta hoy en casa de un nieto, oculto al público general.

El Museo de la Ciudad desentierra su obra con una muestra monográfica abierta hasta el 30 de mayo. Su comisaria, María Santoyo, bisnieta de Ragel (Jerez, 1893-Madrid, 1951), no conoció el tesoro familiar hasta hace cuatro años, cuando, navegando por Google, dio con el pariente que lo custodiaba, su tío lejano Carlos González Ximénez. “Me invitó a ver el archivo que tenía en casa. Fui allí, pasé al desván y aluciné”, recuerda Santoyo, historiadora de 30 años.

Ragel llegó a Madrid en 1915 y allí trabajó el resto de su vida. Las fotografías de sus primeros 20 años en la capital son retratos fabulosos de la ciudad y del campo castellano, de sus paseos por las calles madrileñas y de las monterías que disfrutaba con sus amigos aristócratas, cuando lucía entre la clase alta la costumbre de hacer política y vida social con la escopeta al hombro y una liebre colgando del cinto.

De sus jornadas de caza salieron piezas que son antropología de Castilla: la fotografía de un alimañero con un lobo a la espalda; una familia de guardeses alineada ante la cámara con la mirada atávica, o un furtivo con nombre propio, El Picorroto, con la cara escondida de la luz como un malo de película de John Wayne.

Su ojo tenía un filtro fino para los rostros. Era amigo de la familia del pintor Sorolla e hizo retratos al patriarca, un gran primer plano en la playa valenciana de la Malvarrosa, y a su hijo Joaquín, un dandi que posa muy exquisito, vestido de negro entero y con un aire malhadado. También fotografió a su hermano Carlos, un pintor que hizo de su vida una oda al artista maldito. “Se hacía llamar Skeletoff y pintaba esqueletomaquias”, cuenta Santoyo. “Era un señorito jerezano. Se dio a la bebida, empezó a montar escándalos y acabó encerrado en el psiquiátrico de Ciempozuelos. Murió allí en 1969”.

La fotografía de Ragel era jovial aun cuando trataba de asuntos serios. En 1930 tomó la imagen del momento en que el rey Alfonso XIII despidió al general Miguel Primo de Rivera camino de su exilio a París. Se aprecia bien el saludo y la corte que acompañaba a las autoridades y el humo que flota por la estación. Pero el enfoque de la imagen apunta en primer término a la rueda delantera de un lujoso coche Packard Eight. “Siempre le podía lo lúdico”, dice su bisnieta.

A partir del inicio de la Guerra Civil, la carrera del fotógrafo andaluz oscurece. Pasa de trabajar para periódicos y revistas a acompañar al general José Riquelme, jefe de la Primera División del Ejército Republicano en Madrid. De esta etapa queda muy poco. Ragel se deshizo de las fotografías y se cubrió las espaldas, por su servicio al Gobierno anterior, ofreciéndole al bando nacional unos documentos que hizo durante la guerra por un encargo clandestino.

Manuel Arburúa, un alto cargo del Banco de España, preocupado por el destino del dinero y el oro que los republicanos sacaban al extranjero -el célebre oro de Moscú-, llamó en secreto a Ragel para que que registrase con fotografías las operaciones realizadas. “Él guardó los clichés durante la guerra”, explica su bisnieta. “En 1939 se los entregó al Ministerio de Hacienda de Franco. Fue su salvoconducto para quedarse en Madrid sin riesgos”.

Ragel sobrevivió. Pero murió como artista. Guardó los negativos de su otra vida y firmó como fotógrafo de cámara del Banco de España. “A partir de 1941 sus imágenes pierden el tono lúdico. Era un vividor, un amateur de la fotografía, y pasó a ser un gris funcionario”, lamenta Santoyo.

El País.com

La Puerta del Sol

Ragel, un maestro olvidado

FOTOS – RAGEL – 18-03-2010

Imagen del centro de Madrid, tomada 1928.- RAGEL

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