España: Una sociedad post genocida…

abril 11, 2010

España: Una sociedad post genocida

Última actualización 10/04/2010@1
AGNESE MARRA
El abogado argentino Carlos Slepoy llevará ante la justicia de su país el caso de las víctimas del franquismo. La querella se presentará en los juzgados argentinos el próximo 14 de abril para continuar el trabajo que no pudo hacer Garzón. Nuevatribuna.es habla con uno de los juristas que está redactando dicha querella, que por primera vez en la historia, califica al franquismo de genocidio.
> “Varela hace una jugada de manual para reventar la carrera de un juez”
> Varela se alía con los ultras

NUEVATRIBUNA.ES – 09.04.2010

Lo que no ha podido hacer España, lo hará Argentina. Las víctimas del franquismo no se han quedado quietas. Además de presentar una querella contra el Juez Varela , las víctimas han decidido acudir a la Justicia argentina para que investigue los crímenes del franquismo, amparados en los principios de jurisdicción universal que están contemplados en la constitución del país rioplatense.

Si el juez Garzón hablaba de crímenes de lesa humanidad del franquismo, la querella que presentará el abogado argentino Carlos Slepoy va más allá y habla de genocidio franquista. La palabra tabú sale a la luz por primera vez “para empezar a llamar a las cosas por su nombre”, le cuenta a este diario, Miguel Ángel Rodríguez Arias, uno de los juristas que en estos momentos se encuentra elaborando la argumentación jurídica de la querella que se presentará el próximo 14 de abril.

Miguel Ángel aclara: “La acusación es tanto por crímenes de lesa humanidad como por genocidio franquista”. Los crímenes de lesa humanidad son un delito sistemáticamente perpetrado por el Estado, que utiliza los medios estatales de poder para ejercer sus crímenes. Al ser el estado el culpable de los asesinatos este tipo de crímenes no pueden ser amnistiados, ni prescribir ya que el estado presumiblemente no se va a inculpar, por eso están dentro del Derecho Penal Internacional y son amparados bajo los principios de Núremberg de 1946.

LA VOLUNTAD ANIQUILADORA DE FRANCO

El genocidio es el delito más grave de todos los delitos porque supone la conducta más inhumana de todas las conductas. ¿En qué se diferencia del crimen de lesa humanidad? “El genocidio no sólo incluye asesinatos sistemáticos por parte del estado, sino que tiene una característica específica, su voluntad aniquiladora”, explica Miguel Ángel Rodríguez.

En la querella que él junto con otros juristas está redactando, ofrece cada uno de los argumentos que explican por qué podemos hablar abiertamente de genocidio franquista. La voluntad aniquiladora de Franco se desmenuza en el documento que presentarán, mostrando cada uno de los hechos que dan pie para expresar una palabra (genocidio) a la que la sociedad española se niega a enfrentarse.

Miguel Ángel Rodríguez, reconoce que hasta 2008 él siempre había pensado en crímenes de lesa humanidad, sin embargo tras escribir su libro El caso de los niños perdidos del franquismo: crimen contra la humanidad fue consciente de que la acepción de ‘lesa humanidad’ se quedaba corta, lo que había sucedido era un genocidio.

La voluntad aniquiladora de Franco y sus secuaces emerge tanto en sus palabras como en los hechos ampliamente demostrados. “La instigación al genocidio se puede oír en las indicaciones que daba el general Queipo de Llano en las radios de la época”, dice Miguel Ángel Rodríguez, refiriéndose a frases del tipo: “…faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré…”o aquello de “…Cualquiera que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular, debe ser fusilado…Hay que sembrar el terror; dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros” que decía el general Mola.

Los hechos toman forma con sólo mirar a la Historia. Cuando pueblo a pueblo que tomaban los nacionales, exterminaban a todo aquel que tuviera una mínima simpatía con el Frente Popular. Las cifras son elocuentes: 350.000 asesinados, 200.000 exiliados, alrededor de 30.000 niños perdidos.

Según el jurista, los niños perdidos del franquismo son una de las pruebas fundamentales que demuestra la voluntad aniquiladora del caudillo: “En un genocidio lo que se pretende es exterminar a un determinado grupo social, por eso siempre están en el punto de mira las mujeres y los niños, porque ellos son el futuro, y el genocida quiere que ese grupo desaparezca por eso tienen que acabar rápidamente con las madres y sus hijos. Los niños perdidos del franquismo son los desaparecidos en vida”, nos explica Rodríguez.

En este sentido el jurista argumenta la pieza fundamental de la acusación: “La voluntad de Franco no era sólo ganar una guerra, lo que él buscaba era eliminar la base biológica del republicanismo y como todo genocida la eliminó, ocultó las pruebas y después impuso sus propias instituciones, haciendo desaparecer cualquier huella republicana”.

El genocidio de Franco va más allá del robo de niños o de los asesinatos sistemáticos a hombres y mujeres. También se puede ver en las apropiaciones de tierras, de viviendas, de solares de todos aquellos que fueron asesinados o de los que huyeron del país para no acabar en una fosa. El genocidio también se ve en los campos de trabajo forzado, en los crímenes de lesa humanidad de género, violaciones, abusos sexuales, reclutamiento forzado de menores de edad, los ataques y bombardeos contra la población civil… .

PRECEDENTES

Hasta ahora ningún jurista, ningún gobierno democrático español se ha atrevido a tildar al franquismo de ‘genocidio’. Algo que ha sido reconocido en otros países como la propia Argentina o incluso por Naciones Unidas quien comparó la lógica genocida franquista con la de Hitler en Alemania o la de Mussolini en Italia. La justificación que se impone España suele ser la de: ‘No fue un genocidio, fue una guerra’. Miguel Ángel Rodríguez hace un paralelismo muy oportuno: “lo mismo decían los turcos sobre el genocidio armenio, que era una guerra”.

Es precisamente el genocidio armenio de 1915 uno de los precedentes: “Si el de los armenio fue el genocidio olvidado del siglo XX, el genocidio español todavía hoy en el siglo XXI sigue siendo negado”. Los armenios tuvieron que esperar cincuenta años para que por primera vez un Parlamento, reconociera la atrocidad que padecieron (el Parlamento de Uruguay en 1965). El reconocimiento se extendió después a parlamentos de otros países. En el año 2000 lo reconoció el Parlamento Europeo, y hace apenas quince días, lo ha reconocido parte de la Cámara del Congreso de Estados Unidos.

LAS HUELLAS DE UNA SOCIEDAD POST GENOCIDA

Más allá de las consecuencias evidentes del genocidio franquista como los miles y miles de muertos, desaparecidos y unas fosas que como dice el jurista “esperan silenciosas a que la sociedad despierte”, España es según Miguel Ángel Rodríguez “una sociedad post genocida que sufre una serie de características muy específicas”.

Las consecuencias abarcan varios ámbitos. Desde el social, el cultural, el político y por supuesto el económico. En el ámbito de lo social, la consecuencia más evidente es la que sufren los familiares de las víctimas: “Su dolor, su angustia por no saber dónde están enterrados sus muertos, por no hablar de los insultos que han tenido que aguantar cada vez que algún representante de Estado y hasta la propia Ley de Memoria Histórica hablaba de las ‘sentencias’ de Franco, cuando se tienen que llamar crímenes de guerra”, dice Rodríguez.

Pero el profesor de Derecho Penal Internacional recuerda otra de las consecuencias más evidentes, las económicas: “No hay que perder de vista que tras un genocidio hay mucha gente que gana fortunas, ya se vio en Alemania y en otros países. El genocidio ofrece grandes beneficios económicos”. El docente no sólo se refiere a todos los bienes que le expropiaron al ‘enemigo’: “También está lo que llamaban ‘dinero rojo’ o los tipos de cambio abusivos que se producían en la frontera”.

En el plano político la sociedad española mantiene las heridas del pasado más abiertas de lo que pueda parecer. “Todavía existen estos grupúsculos fascistas como los que han sentado en el banquillo a Garzón. Hemos mantenido en nuestras administraciones no sólo a políticos de la época franquista sino también a otro tipo de trabajadores. El ejemplo más claro es como se mantuvo la misma judicatura del franquismo, algo que debería ser inconcebible”.

Hasta 2003 la Ley de Asociaciones, fundamental en cualquier Estado de Derecho, era del año 1964 con los rasgos típicos del asociacionismo vertical, con la jerarquía y el mando en sus bases: “Asociaciones, sindicatos y partidos políticos españoles se han formado en torno a una Ley franquista, impregnando a la sociedad de hábitos más cercanos al sometimiento que al de las políticas asamblearias y democráticas”, dice Rodríguez.

El genocidio franquista también fue genocidio cultural, con las secuelas que ello conlleva: “El maltrato que sufrió la mujer durante 40 años, la cual no podía hacer nada sin permiso paterno o de su marido, que era equiparada a una menor de edad, ha dejado hábitos todavía visibles en la sociedad. Aunque han mejorado muchas cosas no se puede olvidar que los cambios sociales no se hacen por haber modificado la Constitución, son mucho más lentos”. La persecución cultural tiene su ejemplo más visible en la prohibición de las lenguas que no fueran el castellano: “Esto es un claro genocidio”.

Todos estos lastres del franquismo muestran como “la transición no se ha concluido”. Sobre todo porque España cumple –según el jurista- uno de los requisitos fundamentales de una sociedad post genocida: “Todavía no reconoce que sufrió el genocidio más atroz de nuestra historia”. Hasta que este país no sea capaz de reconocerlo “la transición no habrá terminado”. Pero Rodríguez apunta otra necesidad: “Además de reconocerlo, tenemos que tener el derecho de solicitar un referéndum en el que se pregunte a los españoles, sin el ruidos de los sables, si desean una monarquía o una república. La decisión que tomen será buena, porque se habrá hecho en un periodo de paz, con el pasado resuelto”.

Miguel Ángel Rodríguez que elabora junto a otros juristas la querella que podría ser fundamental para que las víctimas del franquismo de una vez por todas consiguieran justicia, insiste a lo largo de la conversación en la “necesidad de llamar a las cosas por su nombre”. Lleva años trabajando para demostrar con argumentos jurídicos cuál fue la historia de nuestro país. Por ello la palabra que más repite durante la entrevista es ‘genocidio’: “No me cansaré de decirla todas las veces que haga falta. No me importa lo que piensen los demás, lo importante es mostrar con datos esta verdad, y después reparar y dar justicia a sus víctimas. Tengo mucho trabajo por delante, pero es apasionante”.

España: Una sociedad post genocida


CRÓNICA PERSONAL:LA CONCENTRACIÓN PRO-GARZÓN ANTE LA AUDIENCIA NACIONAL , EN MADRID…

abril 11, 2010

Madrid, 18:30 horas del jueves 8 de abril. Atardeciendo. Unos 15 grados, airecillo casi tibio. Segunda semana de primavera. Indignados por la inacción colectiva ante el procesamiento –autorizado por el Supremo tras largo debate interno– por el vengativo juez Varela contra el juez Garzón, más de medio millar de ciudadanos de Madrid nos hemos autoconvocado ante la sede de los tribunales de la Audiencia Nacional , en las inmediaciones de la hermosa y afrancesada Plaza de la Villa de París. Los alrededores de la Audiencia Nacional , tribunal especial español para delitos especiales (etarras, terrorismo islamista, mafias, narcotráfico, corrupción…). Morada profesional de Garzón en su larga carrera contra el crimen físico y político. Zona urbana céntrica pero vacía, vaciada, con perímetro de seguridad y prohibición de aparcar, siempre tomada por la policía, gruesas barreras de hierro y macizos pivotes anti-bomba en los bordillos. Policías de azul marino y cámaras en cada esquina. Vallas de contención con más policías de azul marino. Los furgones oscuros de los antidisturbios a lo lejos, allá abajo en Colón, con los destellos azul eléctrico emitiendo su advertencia, El helicóptero en el cielo, con su runrún del Gran Hermano mirando y respirando… Pero hoy la calle es “nuestra”. De un puñado (menos de un millar, quizá sólo medio) de ciudadanos un poco a la antigua, hombres y mujeres por encima casi todos del medio siglo (a los jóvenes les suena a chino la defensa de la democracia y todo eso). Profesores, funcionarios, sindicalistas, profesionales, jubilados, simples concienciados y progresistas de toda la vida. Pelos blancos y barbas blancas, chamarras y bufandas informales, alguna pipa y muchas gafas. Y junto a ellos, mezclados, un buen porcentaje de la clase judicial (abogados y abogadas, fiscales y fiscalas, quizá jueces y juezas), bien trajeados y encorbatados ellos y bien vestidas y maquilladas ellas, a favor también de Garzón, el compañero juez encausado por otro juez –el filofascista Varela–, a demanda de una organización fascista –la infausta Falange, perviviente casi un siglo después–, por haberse atrevido Garzón a encausar al fascismo golpìsta y genocida de Franco, el malvado enano cretino que casi la mitad de los españoles aún se empeña, contra toda evidencia, en considerar un bondadoso gigante sagaz. Las ocho de la tarde, hora de la convocatoria. Estamos todos. Caras conocidas, somos pocos en la ciudad millonaria de aytómatas. Aire de primavera anocheciendo. Ambiente de fiesta democrática, de calle tomada, de carteles sin tapujos y las voces alzándose poco a poco. Los policías azulmarino tratando de mantener en cierto polígono prefijado a los quinientos románticos (menos gente que en la cola del Tartufo de Molíére en un teatro cercano). Voces subiendo, venga arriba…. Gar-zón-/-no-estás-solo…. Música de la voz colectiva rebotando en las fachadas silenciosas, en esta isla judicial sin coches en medio de la indiferente urbe madrileña. Silencio roto por el helicóptero, zángano volante enviado por la Reina de la colmena para vigilarnos a nosotros, hormiguitas díscolas por unas horas. Los polis de azulmarino se esfuerzan en contener en el dichoso polígono imaginario a los que cantamos consignas cada vez más calientes e indignadas… Esto-se-va-a-acabar-/-con-la-justicia-popular…. Vosotros-fascistas-/-sois-los-terroristas….. Gar-zón-/-no-estás-solo…. Media hora ya de gritos, y nada más. Algunos nos impacientamos: hay que cortar la calle Génova, sólo así saldremos en la jodida TV y se enterará la gente de que se puede hacer algo. Nos vamos moviendo, tirando de la gente, o quizá son ellos los que vienen empujando. Rebasamos las barreras de los polis. Que no se atrevan a pararnos. La calle es nuestra, ¿o no? Avanzamos hacia Génova. Hombres y mujeres y algunos niños y algunos perros. Que no se atrevan. Los polis están desconcertados. ¡Tan poca gente, pero tan decidida…! Entramos a la calzada, pisamos el asfalto. Se detiene el primer coche, un taxista con rayos en la mirada. Que te pares, coño, que la calle es nuestra. De todos, no tuya ni de la poli: de todos. De los que clamamos este día por la justicia democrática…. Vosotros-fascistas…. Varela-cabrón-/-aprende-de-Garzón…. (éste es bueno: el “cabrón” gritado en colectivo suena como un mazazo en el eco de la calle). Un mazazo a escasos cien metros de la sede del PP en Génova… el jodido PP y su obsceno caso Gürtel de corrupción, que también instruía Garzón… surge el nuevo grito: Ahí-está-ahí-está-/-la-cueva-de-Alí-Babá…. Ahí-está-ahí-está…. Un ojo en los polis, que nos cercan sin mucha decisión, otro en los furgones oscuros, que siguen destellando en Colón… ¿por qué tanta calma policial? Y entonces, algunos nos damos cuenta: aparte de que la mirada europea esta puesta en España con este caso Garzón, nuestras filas están entreveradas de abogados, fiscales y quizá jueces. Los jefes cotidianos de los polis. Como fue y es jefe Garzón, jefe admirado, encarcelador de poderosos mafiosos o legales. Los polis están acostumbrados a obedecer a integrantes del colectivo judicial… y ahora los tienen enfrente. Así que les puede el instinto de la costumbre: guante de seda con ellos, no se puede aporrear a un juez así como así, en plena calle, sólo por cortar el tráfico cantando frasecitas. Llevamos media hora, la calle Génova cortada y atascada, el atasco llega a la gran arteria de la Castellana y por el otro lado afecta a Alonso Martínez, Bilbao y los bulevares, gran salida de la ciudad en esta hora punta. Quinientos paralizando quizá a miles. Sólo cantando…. Varela-cabrón-/-aprende-de-Garzón…. Las diez. Casi de noche ya. Dos horas de mani y una hora larga de tráfico cortado. La noticia y su repercusión, aseguradas. Ahora hay que preparar la gran manifestación de fin de mes. Que no falte nadie. El Tribunal Supremo le ha echado un pulso a la democracia de todos, y no debe –no puede– ganarlo. Hay que parar esta deriva constante hacia la reacción…. Vosotros-fascistas-…. Hoy hemos cumplido. Arriesgábamos unas buenas carreras y porrazos, pero los jurídicos “incrustados” han actuado como ángeles de la guarda. Abogados y jueces, buenos por un día..,. Varela-cabrón-/-aprende-de-Garzón.,.. Noche cerrada ya. Hora de dejar la marcha (la gente sigue), irse a los bares y recapacitar cómo y hacia dónde seguir, entre vino y cerveza, tortilla y chorizo a la sidra. Como en los viejos tiempos. Bonita tarde de primavera. La he visto florecer, y me he llevado un capullo azulmarino a casa, rayando la medianoche. Salud Juan Blanco


‘Se acaba de despertar la Inquisición’…

abril 11, 2010

Las asociaciones de víctimas interpondrán la próxima semana la misma denuncia que hoy tiene en aprietos al juez de la Audiencia Nacional de España, Baltasar Garzón, en los tribunales argentinos. Emilio Silva, quien preside la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y es nieto de un republicano víctima de los franquistas, habló con EL TIEMPO.

¿Con el caso Garzón ya se acabaron las alternativas para juzgar los crímenes del franquismo?
Tenemos una hoja de ruta. Primero hay que agotar las instancias en la Justicia española. Aún queda agotar la demanda ante el Constitucional y por encima está el Tribunal de Derechos Humanos, que es donde seguramente acabará. Pero cabe la posibilidad de que Garzón gane el juicio. Se va a presentar la próxima semana una demanda en tribunales argentinos para intentar aplicar el principio de justicia universal. Jamás nadie se ha sentado al banquillo por estos crímenes.

¿Quiénes son los perjudicados con una investigación de estos crímenes?
Con el tiempo que ha pasado, la mayoría de los responsables de los crímenes han muerto. Si hablamos de un juicio a la dictadura todavía viven ministros de esa época. Por ejemplo, Manuel Fraga, el presidente fundador del Partido Popular, fue un ministro de Francisco Franco y vive todavía.

¿Qué va a pasar con las querellas que interpusieron en el 2008?
Después de que se decida sobre Garzón, el Supremo debe decidir si la competencia para decidir sobre este tema es de la Audiencia Nacional o de los tribunales regionales. Pero con lo que le ha pasado al juez Garzón, a quien todo el mundo mira, ya ha habido casos de jueces de ciudades pequeñas que no se han querido meter en esto. Es uno de los efectos colaterales y es signo de que en España se acaba de despertar la Inquisición. Uno de los demandantes, los de la Falange, fue el partido político de los pistoleros que asesinaron a prácticamente a todas las personas que hemos exhumado incluyendo a mi abuelo. Vivimos la paradoja de que los asesinos van a acabar con la carrera del juez que ha querido investigar los crímenes. El mundo al revés.

¿Qué ha pasado con la exhumación de las fosas del franquismo?
Las seguiremos haciendo independientemente de lo que pase con Garzón o de que los gobiernos y los tribunales no nos ayuden. Antes no tuvimos la ayuda de la Justicia y ahora no la tenemos.  La percepción es que aún en España siguen abiertas las heridas… Lo interesante es que se está reabriendo un debate acerca de cómo la transición española dejó a la Justicia llena del franquismo. Lo que ocurre con Garzón es un golpe de Estado, donde una serie de jueces están forzando el Derecho para un fin político y no para hacer justicia.

La derecha ya se ve como triunfadora al sentar al juez Garzón…
Desde que murió Franco, España está gobernada, independientemente del partido, por hijos de franquistas. Realmente el franquismo arrasó a las familias republicanas y está claro que más del 70 por ciento de los miembros del Tribunal Supremo juró fidelidad a Franco. Cuando murió el dictador nadie los depuró.

ANDRÉS GARIBELLO
PARA EL TIEMPO
MADRID

Superjuez Baltasar Garzón, de perseguidor a perseguido en España

ElTiempo.com /Google Noticias


La Asociación Memoria de Mallorca presentará mañana una querella contra el juez Varela…

abril 11, 2010

PALMA DE MALLORCA, 10 Abr. (EUROPA PRESS) –

La Asociación Memoria de Mallorca (MdM) y la de Recuperación de la Memoria Histórica de Cataluña (ARMHC) presentará mañana una querella por prevaricación contra el juez del Tribunal Supremo Luciano Varela, magistrado que juzgará al juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón.

Ambas asociaciones expresan en un comunicado su “profunda indignación por el proceso judicial abierto en el Tribunal Supremo contra el juez Baltasar Garzón” por declararse competente para investigar las desapariciones durante la Guerra Civil y el franquismo.

Varela resolvió el pasado miércoles la transformación en procedimiento abreviado de la causa que se sigue en el Alto tribunal contra el juez Garzón por un presunto delito de prevaricación que habría cometido al investigar las desapariciones durante el franquismo, lo que significa que el magistrado será finalmente sentado en el banquillo y juzgado por estos hechos.

Garzón puso en marcha está investigación a instancias de las asociaciones de la Memoria Histórica “de todas partes del estado”, entre ellas ARMHC y MdM. Estos colectivos consideran que la causa abierta contra el juez de la Audiencia Nacional “es un ataque directo contra las víctimas que esperaban que, por primera vez, uno de los poderes del Estado hiciera su trabajo e investigara los crímenes contra la humanidad cometidos por el fascismo durante la Guerra Civil y la Dictadura”.

Estas asociaciones no entienden “como un pseudo sindicado de extrema derecha y una organización como la Falange Española, representantes ideológicos de los que perpetraron la mayoría de los crímenes contra la humanidad cometidos durante aquellos años, pueden tener todavía representación legal ante las administraciones democráticas”.

MdM y ARMHC añaden que Garzón es “el único juez que se ha atrevido a investigar los crímenes contra la humanidad de la Falange y sus aliados fascistas durante la guerra y la dictadura”. Por todo ello, y “por el desamparo al que los poderes públicos someten a los ciudadanos españoles” ambas asociaciones presentarán mañana una querella por prevaricación contra Varela.

Dichas asociaciones consideran que Varela ha incurrido en el delito de prevaricación porque “a sabiendas de que las decisiones del juez Garzón son sostenibles y jurídicamente aceptables sigue manteniendo su imputación”.

Además, añaden que “la causa abierta es por detenciones ilegales y desapariciones forzadas, que representan una de las más graves violaciones contra los derechos humanos, que son crímenes contra la humanidad y que contra éstos no se pueden aplicar ni prescripciones ni leyes de amnistía, ni aquí ni a ningún país”.

También apuntan que “si se consigue juzgar a Garzón por querer investigar los crímenes del franquismo, los efectos pueden ser irreparables jurídicamente” porque “la causa puede quedar imposibilitada por siempre jamás” ya que “será muy difícil que un juez quiera investigar los crímenes franquistas”.

Europa Press / Google Noticias

NOTA DEL EDITOR:

Desde estas páginas apoyamos la iniciativa de estas dos asociaciones: La Asociación Memoria de Mallorca (MdM) y la de Recuperación de la Memoria Histórica de Cataluña (ARMHC), ofreciéndoles todo nuestro apoyo y ayuda en el resto del territorio para lo que pudieran necesitar. Nos parece una gran iniciativa, y por tanto invitamos al resto de asociaciones y agrupaciones memorialistas a sumarse y ofrecer la misma disponibilidad a sendas organizaciones. Ante la impunidad del Estado, la justicia y la historia, no queda más que la unidad de los familiares de las víctimas. Por la Recuperación de la Memoria, para que se haga justicia y no nos olviden. ¡Salud, Memoria, Reparación y Justicia a todas las víctimas del franquismo!

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de la A. I. La Memoria Viv@

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ENTREVISTA: a Jose Manuel Caballero Bonald “El franquismo nos sobrevuela”…

abril 11, 2010

El escritor José Manuel Caballero Bonald- SOFÍA MORO

JUAN CRUZ 11/04/2010

Hay en José Manuel Caballero Bonald una serenidad casi anglosajona. Pero en cualquier momento parece que esa cara que te mira como si contuviera los ojos de un antepasado pudiera estallar. Es curioso pensar eso de él, en este momento en que le está haciendo fotos Sofía Moro, cambiando los muebles de sitio en su casa de siempre (de hace casi medio siglo, como su matrimonio con Pepa Ramis, “raro que se dure tanto, ¿eh?”) y enfocándolo como para que salga en el retrato esa mirada de marinero o de caminante. Porque en este momento este hombre, que según él fue colérico por causa del alcohol, vive uno de los momentos más apacibles de su vida. Pero así estaba, apacible, también en el año 2003; dijo incluso que ya estaba hecho todo, que no iba a escribir ni una línea más… Estaba apacible entonces, lo dijo, pero ocurrió la guerra de Irak, en la que entró España, y se rompió su silencio con un libro de versos, Manual de infractores (Seix Barral), que fue como una piedra en la crisma de los gobernantes de entonces, con Aznar al frente. Así que ahora está apacible, pero… Lo que le molesta, sobre todo, es la edad; ya es el más veterano de los vivos de su generación. Y a esta edad le molestan el frío y el invierno, así que, como todavía no había llegado la primavera cuando se hizo esta entrevista, ahí le ves apacible pero rabioso porque le duele todo, y además no se puede ir a su espacio dorado, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), porque allí hay humedad y los huesos rugen de estupor en contacto con el tiempo malo.

“Tengo 83 años; eso me desazona, pero también me produce cierto orgullo”

“¿En qué cabeza cabe que la ultraderecha pueda demandar a garzón?”

“¿A santo de qué iba a convivir en la Academia con personas sin crédito?”

Él nació en Jerez, en 1926; el Sur (las marismas, Doñana, el mar) ha sido su geografía poética y narrativa; Colombia fue un destino muy nutritivo para su experiencia, y también vivió en Mallorca, como secretario de redacción de Papeles de Son Armadans, la celebrada revista de Cela. Madrid ha sido el espacio del que más argumento sacó para sus memorias, Tiempo de guerras perdidas y La costumbre de vivir, dos volúmenes que son también un autorretrato muy vivo de la posguerra española, hasta que empezó la Transición. Esos dos volúmenes acaban de ser juntados en uno, que él ha revisado y titulado conjuntamente: La novela de la memoria (Seix Barral). Ya no va a escribir más memorias, repite. Pero esos dos volúmenes son oro puro, le han convertido en un memorialista literario sin cuya escritura no podría entenderse la peripecia de las letras y de la vida española de los años en los que él fue sucesivamente joven y maduro.

Así que no sabremos, por su memoria, lo que pasó por su vida cuando la Academia le negó el plácet reiteradamente, dejando fuera a uno de los escritores mejor dotados para el uso de la lengua. Sentado ya, conversando, apetece preguntarle cómo está por dentro.

¿Cómo es su estado de ánimo? Apacible. Estoy tranquilo, algo que incluso puede no ser aconsejable. Creo que la actividad compulsiva a veces tiene sus compensaciones, eso de entrar en una vía de pensamientos invasores que de pronto desembocan en un poema… Ahora estoy en una situación apacible, he vuelto a mis viejos hábitos de lector. Oigo música y leo, releo sobre todo.

Eso de estar apacible es un regalo… Bueno, cuando digo que tengo el ánimo apacible es antes de leer los periódicos. Porque cuando me entero de todos los desmanes, desvaríos, injusticias que se cometen por ahí a cada paso, me siento abrumado, afecta a una especie de hipersensibilidad que tengo muy a flor de piel, que me conmueve y me amarga la vida. De modo que en vez de tranquilo, también puedo estar indignado, o sea, cabreado.

En 2003, la guerra de Irak le sublevó tanto que se puso a escribir dando mandobles… No exactamente en contra de esa guerra, sino a partir de las consecuencias de esa guerra absolutamente indigna, falsaria, ilegal… Aquello me provocó una sensación de agredido, una necesidad de autodefensa; tenía que defenderme de esos acosos, de esas infamias que ocurrían por el mundo y usé de la poesía como de un contraveneno, algo así… O sea, que fue la mentira de esa guerra la que me hizo escribir un tipo de poesía condicionada a la sinrazón de la historia.

Fue después de haber dicho que ya no iba a escribir más. Que no quería escribir poesía lo diría en algún bache depresivo. Lo que sí dije es que no iba a escribir el tercer tomo de mis memorias. Además, yo siempre he sido un escritor discontinuo, intermitente, y no de “tiempo completo”, que es una expresión altamente metafísica… Dejaba de escribir y no me pasaba nada. Escribo cuando tengo ganas, cuando me apetece decir algo y también cuando me acompaña la salud. La buena salud es la mejor compañía para escribir.

Eso decía Onetti, que escribía como si se encontrara una amante. Onetti, un maestro, seguramente el mejor escritor que he leído en lengua española de los últimos cincuenta años. Parecía impensable que ese hombre acostado, con cara triste, bebiendo sin parar, leyendo novelas policiacas, oyendo tangos o boleros, con una vida tan cerrada, tan modesta por otra parte, escribiera tantas páginas memorables.

¿Le habría gustado ser ‘un acostado’ como Onetti? He tenido tentaciones de elegir la cama como lugar más recomendable para pasar la vida. En mi familia conocí a cinco Bonald acostados que sólo se levantaron con los pies por delante, como suele decirse. No llegué nunca a tanto ni tuve la decisión firme de hacerlo, pero tuve tentaciones de acostarme a perpetuidad.

¿Qué les llevó a ellos a acostarse? Decían que no se querían levantar porque no se encontraban con suficiente ánimo para andar por ahí de peatones. En muchos casos provocaron la bancarrota de alguna rama de la familia, ya que lo abandonaron todo, el negocio bodeguero o el químico-farmacéutico, y se instalaron en la cama. Sólo se levantaban por las razones más disparatadas… La tía Carola era más disciplinada, se levantaba para los estrenos… Ese fue el arranque de mis memorias.

¿Ha habido algún periodo de su vida en el que se ha dicho ‘¿por qué no me meto en la cama’? Sólo me quedé en la cama por depresión. En algún momento de mi ya larga vida estuve muy abatido. Un estado depresivo no grave, no maniaco-depresivo, que es asunto muy serio. Me dejé orientar por un psiquiatra catalán, Mariano de la Cruz. Aunque estuve medicándome con antidepresivos, creo que me curé por mi propia voluntad. Fue entonces cuando me quedé en la cama algún tiempo. No tenía ganas de hacer nada, lo mandé todo al carajo.

¿Qué pasó para que llegara a esa depresión? Tuve una época mala, bebía más de la cuenta. Tenía mal vino y unas resacas terroríficas. Lo que bebía entonces era vodka o ginebra, el whisky todavía no circulaba. El caso fue que estuve dos o tres días bastante metido en el recinto sagrado del alcohol, porque la ebriedad es un espacio sagrado. Una mañana me desperté sin querer hacer absolutamente nada, no me podía levantar, estaba completamente abatido, sin ningún estímulo externo que me obligara a hacer algo. Debí de quedarme en la cama como un par de semanas.

¿Cómo decidió luchar contra eso en un ambiente en el que se bebía mucho? Me dije: si me quedo en la cama un día más, me voy a quedar para siempre, tengo que hacer algo. Poco a poco fui saliendo del bache por propia iniciativa y con una decisión firme de no volver a las andadas. Estuve una temporada sin beber, pero el hecho de andar por ahí sin beber me deprimía muchísimo, de modo que empecé a beber otra vez con más moderación. Desde entonces sólo bebo vino, nada de licores.

A su generación, la gente la identifica con el alcohol. El alcohol era una especie de contestación, de estrategia para soliviantar a biempensantes, contra los convencionalismos, las obediencias… Nos oponíamos a todo ese ambiente insufrible con la insolencia del bebedor. Éramos además, como se ha dicho, partidarios de la felicidad. Vivíamos en un mundo hostil, mezquino, e intentábamos divertirnos, aparte de los sobresaltos de la lucha política clandestina. La bebida era una forma de lucha, una especie de merecimiento. De algo de todo eso habla Barral en un prólogo espléndido que le puso a La leyenda del santo bebedor, de Joseph Roth. Lo que ocurre es que algunos no supieron salir a tiempo del bache y entraron en esa especie de proceso de autodestrucción que ha afectado a muchos de los poetas de mi edad, los del grupo del 50, como nos llaman en los manuales. En fin…

También fue una generación de la amistad. Sí. Éramos amigos, unos más que otros. Yo me consideraba muy amigo, sobre todo, de Ángel González, de Carlos Barral, de Pepe Valente. De Claudio Rodríguez o de Gil de Biedma menos, no nos veíamos con tanta frecuencia. La amistad tenía unos niveles distintos, aunque teníamos muchas cosas en común. Nos unía la procedencia familiar y universitaria, éramos nocturnos, leíamos los mismos libros, teníamos más o menos la misma estatura… Literariamente hablando, cada uno iba por su lado. Sobre todo nos unió la lucha clandestina, la actitud moral frente al franquismo. Las reuniones empezaban siendo políticas y terminaban siendo etílicas, pero nos juntábamos con gusto, lo pasábamos bien juntos, conspirando, viajando por ahí…

Ahora es usted de los últimos. Digamos que soy un superviviente, lo que no es ni meritorio ni halagüeño. Como dijo Ángel, “el futuro se adelgaza”. Yo también pienso que el futuro se acorta, pero el pasado se hace cada vez más largo, los recuerdos son cada vez más desordenados, más complejos. Miras hacia atrás y te mareas… Cuando recapacitas y te dices: tengo 83 años, no es posible; eso me desazona, pero también me produce cierto orgullo. Creo haber llegado a la senectud con una estabilidad bastante grata.

Cuando llega a Madrid, narra ese color oscuro del franquismo, de la delación. ¿Cómo podría reproducir esa atmósfera ahora? Aquellos primeros años de los cincuenta se me aparecen como sumidos en cierta tristeza ambiental, con el color de la melancolía. Me obsesionaba lo que podía ocurrirme o podía ocurrir a mi alrededor. No eran buenos tiempos aquellos.

Narra algún episodio en el que los franquistas, dueños de todo, le despiertan una enorme repugnancia. Sí, además no andaba entonces muy allá económicamente. Conseguí un empleo en la Bienal Hispanoamericana de Arte y me pasaba todas las mañanas en un cuarto interior, con la luz encendida todo el tiempo. Era un trabajo anodino, que podía ser suprimido sin que se notara. Allí me pasé dos años, en aquel Madrid humana y culturalmente inhóspito. Pero tampoco tardé mucho en tener mis expansiones político-literarias, me relacioné con gentes afines. Estuve luego algún tiempo en el colegio mayor Guadalupe, donde intimé con poetas que luego serían relevantes en sus respectivos países hispanoamericanos: Eduardo Cote, Jorge Gaitán, Julio Ramón Ribeiro, Carlos Martínez Rivas, Ernesto Cardenal, Mejía Sánchez… También estaban los españoles Lledó, Juan y José Agustín Goytisolo, Valente, José María Valverde… Fue, desde luego, una rara casualidad histórica esa convivencia de un grupo de poetas y escritores muy significados. De hecho, mi biografía literaria arranca de ahí.

¿Cómo abordó la política? Porque fue un militante. Bueno, sí, aunque no tuve carné de ningún partido. El despertar político me llegó a través de Ridruejo. Aunque en principio lo traté poco, empecé a frecuentarlo cuando fundó el Partido Social de Acción Democrática, del que estuvieron cerca Vidal Beneyto, Benet, los hermanos Moreno Galván, Fernando Baeza, Roberto Mesa… Yo tenía un piso, al parecer, libre de vigilancias policiacas, y allí nos reuníamos los domingos. Dionisio era el que llevaba la voz cantante… Ocurrieron cosas incluso divertidas. Te cuento. Yo estaba pagando unos libros a plazos y el que cobraba los recibos era un gris (un guardia) que se ayudaba cobrando esos recibos los domingos. Uno de esos días llamaron a la puerta cuando estábamos reunidos y todos se quedaron en suspenso. Abrí y era el guardia con su recibo, de modo que fui a buscar el dinero, y entonces el guardia se asomó a la sala donde los demás permanecían expectantes. Todos se quedaron de piedra, y Baeza, que no sabía qué hacer, se levantó y se entregó… Supongo que el guardia se iría con la mosca detrás de la oreja.

¿Cree que este país se da cuenta ahora de la verdadera dimensión que tuvo el franquismo? Qué va. Todo eso viene arrastrado desde la Transición. Alguien ha dicho que la Transición fue un pacto entre el secretario general del Partido Comunista y el secretario general del Movimiento, o sea, entre Carrillo y Suárez. Unos acordaron no pedir cuentas ni juzgar los crímenes de la dictadura y otros decidieron prolongar un cierto franquismo disfrazado de democracia. Los seis años que van de la muerte de Franco al golpe de 1981 fueron terribles. Creo que fueron los peores años desde la Guerra Civil: la violencia, el descontento en los cuarteles, la ultraderecha dispuesta a no dejarse arrebatar ni uno de sus privilegios, el asesinato de los abogados laboralistas de Atocha, el acoso a Adolfo Suárez, la presión de la Iglesia, los asesinatos y secuestros de ETA… Creo que de ahí, de esa transición engañosa, improvisada, procede un franquismo latente que se ha mantenido hasta hoy mismo, a la vista está…

¿Cree que la reacción ante la memoria histórica es consecuencia de que el franquismo no se acabó? No, no se acabó. El franquismo está sobrevolando todavía en nuestra historia de hoy. Un indicio clarísimo es la maniobra contra el juez Garzón. ¿En qué cabeza cabe que la ultraderecha o el cabecilla de la trama Gürtel puedan demandar, presentar una querella contra el juez? Parece inconcebible, con independencia de lo que cada uno piense sobre Garzón. Todo esto es una consecuencia más de ese franquismo que la Transición mantuvo vivo.

¿Identificaría a Aznar, Rajoy, con la secuela del franquismo? Bueno, yo no llegaría a tanto… Pero hay gentes que no soporto. Por ejemplo, Aznar, Rouco Varela, Aguirre, Mayor Oreja, son personas que me producen un rechazo automático, detesto sus maneras. Y, claro, hay gente más tratable, no me permitiría ni mucho menos tildar de franquistas a otros miembros del PP. No soy tan arbitrario. También hay algún que otro impresentable en partidos de izquierda. El libro de la política está plagado de erratas. Y hay muchas cuñas franquistas incrustadas en la derecha, esa que está ejerciendo por ahí tanta crispación insultante. Realmente es una actitud muy desagradable.

¿No ocurrirá que también la sociedad se siente cómoda quizá en esta situación de oscuridad? Creo que la gente se está volviendo cada vez más acomodaticia. Hay en cierto modo un silencio cómplice en gentes que no quieren exponerse a nada. Y eso también se nota en ciertos sectores acomodaticios de la cultura. Una sensación de frivolidad, de neutralidad, de derechización, la idea de que el compromiso está pasado de moda, que eso tenía sentido en la época de la dictadura y que ahora ya no hace falta ningún tipo de intervención crítica. Eso es muy alarmante.

Ha juntado en un volumen sus dos libros de memorias. ¿Qué es lo que tacharía con rojo? No sé, quién sabe… Tampoco me privo de alguna mala conciencia, algún traspié, cosas de las que me pude arrepentir pero que están ahí contadas como si yo fuese un testigo y no un protagonista. En estas memorias procuré relatarlo todo tal como lo viví sin importarme que hubiera gente que se incomodara o se enfadara. Hay dos personas que me retiraron el saludo por lo que digo de ellas. Y ocurre que yo me critico a mí mismo en estas memorias. ¿Por qué no voy a contar entonces lo que pienso de los demás? Así que en estas memorias he procurado narrar las cosas tal como las viví, sin ningún tipo de tapujos, recovecos o pistas falsas.

Incluso bajó al infierno en Colombia. En la facultad donde yo enseñaba literatura había un geógrafo que me preguntó un día si me interesaba conocer al anticristo. Me llevó a un tugurio terrible, maloliente, con unas putas viejas asomando por unos nichos, una cantina inmunda al sur de la ciudad de Bogotá. Recorrimos un pasadizo y llegamos a un patio en el que había un bulto cubierto por una arpillera. El geógrafo le dio unas monedas a una vieja para que descubriera el bulto y era una especie de Polifemo, una criatura de cabeza enorme, con ese solo ojo ocupando media cara. Horrendo. Nunca he visto en mi vida nada más espantoso. Y ese era el anticristo, según mi colega de la facultad. Enseguida me di cuenta de que ya no podría ser el mismo que antes de verlo, aquel monstruo me dejó una huella que conservo después de tantos años…

¿No se arrepintió nunca de haberlo visto? Sí, puede ser. En todo caso me pareció una lección que no estaba mal haber recibido, aunque fuera infernal. Creo que ahí tuve una sensación de irrealidad, de alucinación que se me ha repetido con alguna frecuencia y que conté también en las memorias. Por ejemplo, cuando fui a París por primera vez a pasar un semestre. En la estación de Saint Nazaire le pregunté a un mozo de cuerda que si sabía de algún hotel económico por allí cerca. Me dijo que allí al lado, en la Rue Amsterdam, había un hotel con ese nombre, un hotel bastante modesto. Pregunté si había habitación y una señora me dijo que sí, que dejara la maleta y luego fuera a inscribirme. Me condujo a la habitación y al cabo del rato me llamó la señora: “Monsieur Cabalego Bonald, au téléphone”. ¿Cómo era posible? Si nadie sabía que estaba allí, si no le había dado el teléfono a nadie, ni me había inscrito todavía, ¿cómo sabían mi nombre? Me fui hasta el aparato telefónico, oí unas voces entrecruzadas, pero no alcancé a entender nada. Volví a la habitación y me quedé anonadado porque realmente ese episodio no tenía explicación de ninguna clase. Son cosas que no se te olvidan nunca.

¿Para qué le ha servido escribir? En primer lugar, para justificarme a mí mismo. Escribir me ha recompensado de todo mi pasado, incluso de mi presente. Como decía Cesare Pavese, “la literatura es una forma de defensa contra las ofensas de la vida”. Se escribe en contra de algo o a favor de algo. Y hoy abundan por ahí los motivos para escribir en contra de ciertas ofensas, de ciertas degradaciones. La literatura también es en este sentido una autodefensa, una forma de defensa personal.

¿Contra qué escribe? Digamos que mis últimos libros de poesía van contra los sumisos, los obedientes, los gregarios, los hipócritas… Y además suelo pensar en que alguien va a leerme y va a sentirse inculpado. Y eso me parece bien.

En sus memorias figura su experiencia como secretario de Camilo José Cela en ‘Papeles de Son Armadans’. ¿Cómo fue y cómo vivió el desarrollo de Cela hasta alcanzar el Premio Nobel? Trabajé en Papeles de Son Armadans desde el año 1956 hasta 1959, que es cuando me fui a Colombia. Veía a Cela con bastante frecuencia. Era una persona de trato difícil, imprevisible, que podía pasar de ser muy cortés un día, algo que heredó de su madre, una señora encantadora y refinada, a ser muy grosero, desapacible, incluso soez, otro día. Pero sorteé el temporal porque me interesaba mucho el trabajo en Papeles. Creo que la revista tuvo un papel importante en el desarrollo literario de aquellos años difíciles, canalizando en sus páginas la literatura catalana y gallega, y sobre todo la del exilio. Lo hice con mucho empeño, y él, Cela, secundó de muy buen grado esa estrategia.

Ese conflicto sentimental que se produjo y que surgió de nuevo al ganar el Nobel, ¿cómo le afectó? De una forma bastante desagradable… Ese conflicto, como tú dices, se aireó de la peor manera posible a través de un periodista que consiguió con muy malas artes que Charo Conde, la mujer de Cela, hiciera algunas declaraciones respecto a mi relación con ella, que se publicaron en la revista Interviú. Todo eso lo cuento, tuve que contarlo, en mis memorias.

Entre los episodios que le han dejado marcado existe otro, el de la Academia. ¿Qué efecto tuvo en usted como ser humano? Aparte de que fue un caso de mala suerte, me sorprendió bastante. Me hacía cierta ilusión ser académico, pero luego me fui olvidando del asunto y hoy no quiero ni oír hablar de la Academia. Perdí la ilusión, no me interesa para nada. Además, ¿a santo de qué iba a convivir en la Academia con personas que no me merecen ningún crédito ni literario ni humano? He desistido, y punto.

Un total de 923 páginas de memoria. Cuando las ha revisado, ¿cómo se ha quedado? Cansado y satisfecho. Satisfecho de un trabajo que considero bien hecho. Sueles decir que yo digo que no estoy capacitado para escribir mal, y con esta revisión he vuelto a darme cuenta de eso. No es ninguna petulancia ni arrogancia, es una táctica de escritor. Cuando sospecho que no me sale bien lo que quiero escribir, lo dejo, no me esfuerzo. Y este libro está bien escrito, tiene algunas descripciones brillantes, he suprimido ciertos fragmentos confusos para dejarlo todo más diáfano. Me interesaba que precisamente este libro fuera diáfano. Así como mi poesía a veces puede tener cierto gusto por el hermetismo, esta prosa narrativa no podía tenerlo. Cuento cosas divertidas, cosas significativas y cosas disparatadas.

Escritores de un tiempo (no tan) pasado

José Manuel Caballero Bonald

nació en Jerez en 1926 y pertenece, literariamente hablando, al llamado grupo poético del 50, aquellos que eran niños durante la Guerra Civil y luego jóvenes veinteañeros atenazados por el franquismo. Con algunos de sus miembros aparece retratado. Sentados, de izquierda a derecha, Jaime Gil de Biedma, Alfonso Costafreda, Carlos Barral y Caballero Bonald. En la fila de arriba, Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Ángel González y José Ángel Valente.

El Sur (Andalucía, su origen), Madrid (el centro geográfico, su residencia), Mallorca (el retiro, la isla) y Colombia (la lejanía, otro país) han sido territorios nutritivos para su experiencia vital y argumentos habituales en sus obras.

Sus memorias, publicadas en dos volúmenes, Tiempo de guerras perdidas y La costumbre de vivir, aparecen ahora reunidos en uno por Seix Barral: La novela de la memoria.

El País Semanal


Defensa retira la estatua ecuestre de Franco de Capitanía…

abril 11, 2010

Peralta anunció que la escultura del dictador no se correspondía “ni con la imagen del Ejército español ni con la imagen de la democracia española”

PABLO FERRI – Valencia – 06/04/2010

Una grúa eleva la escultura ecuestre de Franco tapada con una sábana para su traslado a Bétera.- JOSÉ JORDÁN

Envuelta en una sábana blanca, a modo de sudario, la estatua ecuestre de Francisco Franco que dominaba el patio de la Capitanía General de Valencia ha partido a su nuevo destino, un cuartel del ejército en Bétera. Sin sobresaltos, ni gritos, ni brazos alzados al viento, varios operarios del ministerio de Defensa controlaron que una grúa gigantesca hiciese levitar el monumento al caudillo sobre la valla de la sede militar hasta la base de un camión.

La estatua se traslada del patio del antiguo convento de Santo Domingo a los cuarteles militares de Bétera.

La casualidad ha querido que todo empezara y acabara a las 12.00, cuando sonaban las campanas del convento de Santo Domingo. La grúa levantó el Franco a caballo de sus anclajes y lo posó en una caja de metal sobre el camión que debía llevarle a su nuevo destino.

La retirada del monumento no ha congregado a ultraderechistas como cuando se trasladó, en 1983, del centro de la plaza del Ayuntamiento a la Capitanía General.

El delegado del Gobierno, Ricardo Peralta, declaró ayer en Castellón que la estatua del dictador no se corresponde “ni con la imagen del Ejército español ni con la imagen de la democracia española” y por ello “están siendo retiradas en todo el Estado”.

El País.com


Garzón acusa a Varela de “poner en riesgo la independencia judicial”. El magistrado recurre el auto del juez del Supremo por “contrario a derecho”…

abril 11, 2010

NATALIA JUNQUERA – Madrid – 11/04/2010

El juez Baltasar Garzón acusa al magistrado Luciano Varela de “imponer un serio riesgo para la independencia judicial” con el auto “contrario a derecho” por el que el pasado miércoles le anticipó que le sentará en el banquillo por su “imaginación creativa” al declararse competente para juzgar los crímenes del franquismo. En el recurso de reforma que su abogado, Gonzalo Martínez-Fresneda, presentó ayer ante la sala de lo penal del Supremo, Garzón alega que “han sido motivaciones ideológicas las que han movido a ciertas organizaciones y grupúsculos marginales [en referencia a Falange y a Manos Limpias] a ejercer una acción penal” contra él, y lamenta que el alto tribunal no haya valorado sus “motivaciones espurias a la hora de no dar crédito a tal persecución ideológica”.

Homenaje a los 3.000 fusilados en el cementerio de La Almudena (Madrid) frente a la tapia contra la que fueron ejecutados.- CRISTÓBAL MANUEL

El juez imputado atribuye el proceso contra él a motivos “ideológicos”

El escrito, de 28 páginas, acusa al juez instructor de su proceso por prevaricación de “vulnerar clara y decisivamente” su derecho a la defensa al denegar todas y cada una de las diligencias que solicitó a modo de prueba, como la declaración de los jueces de Granada y El Escorial -que, como él, entendieron que la Audiencia Nacional era la competente para juzgar los crímenes del franquismo-; la del historiador Ricardo Vinyes -para constatar la existencia de la denuncia sobre el secuestro organizado de niños durante la dictadura-; la de los propios denunciantes, o la petición de antecedentes de otros procesos penales que han sentado en el banquillo a criminales de guerra en Argentina, Alemania, Italia, Francia o Estados Unidos.

Con estas pruebas, Garzón pretende demostrar que cuando decidió investigar los crímenes del franquismo lo hizo “con la ley en la mano”, amparado por normas como el Convenio Europeo de Derechos Humanos (vigente en España), que aplica el Tribunal Europeo de Derechos Humanos cuando impone la interpretación restrictiva de leyes de amnistía para juzgar delitos como desapariciones forzadas, asesinatos masivos o secuestros de niños.

Garzón añade que le consta que Varela no comparte este criterio, como demostró con un voto particular en la sentencia de octubre de 2007 del caso Scilingo [represor argentino condenado a 1.084 años de cárcel por crímenes contra la humanidad], pero advierte que esta doctrina existe, la secundan otros jueces, dentro y fuera de España, y en cualquier caso ni es “extravagante” ni “cuartea principios esenciales del Estado” como aseguraba Varela. Garzón recuerda que ni la fiscalía ni la sala de lo penal en pleno de la Audiencia Nacional apreciaron delito en su decisión de investigar los crímenes del franquismo. Añade que todavía ignora los motivos por los que el Supremo le acusa de prevaricación, e interpreta en sus resoluciones un intento de “zanjar el inocultable debate jurídico de fondo [si la ley de amnistía impide juzgar estos crímenes], con una decisión que, de paso, termine con la tentación de abrirlo en el futuro”.

Por todo esto, Garzón, que se enfrenta a 20 años de inhabilitación, solicita a Varela que admita las pruebas que pide para defenderse y que archive la causa.

El País.com