Garzón y los desastres de la guerra…

abril 20, 2010

04-20.jpgEn 1998 la Justicia francesa condenó al entonces octogenario Maurice Papon a cumplir pena de prisión por crímenes contra la humanidad. Los tribunales galos consideraron probado que Papon participó en la deportación de cientos de judíos a los campos de exterminio nazis.

También entendieron que estos graves delitos no pueden prescribir por el transcurso del tiempo, en la línea de la jurisprudencia que ha ido elaborando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos a partir de este y otros casos similares referentes a otros países. Ciertamente, ninguno de los magistrados franceses que intervinieron en los distintos procesos fue acusado de prevaricación y la condena se ejecutó hasta que fue suspendida por el estado de salud de Papon. Del mismo modo, el fiscal Fritz Bauer consiguió, con un tesón admirable, la condena en los procesos de Fráncfort de numerosos criminales nazis, a pesar de las reacciones adversas de parte de la sociedad alemana de posguerra.

El juez Garzón se ha centrado en la misma jurisprudencia de los tribunales internacionales para investigar en España las terribles violaciones de derechos humanos cometidas durante la Guerra Civil. Sin embargo, no sólo su investigación tropezó con innumerables resistencias, sino que además el propio magistrado se encuentra a un paso de sentarse en el banquillo y quizás de ser condenado por prevaricación. ¿A qué se debe esta diferencia entre lo ocurrido en España y en otros países? Se han escrito opiniones que aluden a la influencia de un persistente franquismo sociológico y otras voces hablan de rencillas entre compañeros de profesión. Resulta difícil creer que en un Estado de derecho se pueda perseguir a un magistrado por estas razones. Sin embargo, parece probable que en buena parte de la jurisdicción española exista cierta desconfianza sobre la aplicación directa de las normas internacionales en materia de derechos humanos.

Desde el respeto a las resoluciones del Tribunal Supremo en la materia, hemos de considerar que las mismas parten de una interpretación discutible sobre la aplicación estricta del derecho nacional, sin integrarlo en los tratados internacionales suscritos por nuestro país, desde los términos expresados en nuestro texto constitucional. Además, la acusación contra Garzón se basa en dos premisas: los crímenes contra la humanidad perpetrados durante la Guerra Civil no podrían investigarse, por impedirlo la preconstitucional Ley de Amnistía de 1977; y, por otro lado, el magistrado instructor habría prevaricado por asumir una competencia que no le correspondía. No obstante, debe valorarse que los tribunales internacionales han declarado de forma reiterada la inaplicabilidad de estas normas de amnistía respecto de semejantes violaciones de derechos humanos, precisamente porque no afectan sólo a los ciudadanos de un país concreto, sino que lesionan al conjunto de la humanidad. Y ello implica una especial protección jurídica de las víctimas para evitar que prevalezca la impunidad. Por ejemplo, hemos de recordar que la Corte Suprema de Argentina anuló la Ley de Punto Final, a pesar de haber sido aprobada por un parlamento democrático, por resultar contraria a los citados principios. Por otro lado, la competencia de Garzón para instruir las denuncias presentadas por asociaciones de víctimas y familiares fue respaldada por otros magistrados que han intervenido en las actuaciones, así como por bastantes juristas que consideramos que sus resoluciones fueron correctas desde el punto de vista procesal y sustantivo. En este contexto, si se opta por una interpretación extensiva de la prevaricación, nos podríamos acercar a una criminalización de la discrepancia, lo cual acabaría provocando una alarmante limitación de la independencia judicial.

En su célebre serie de grabados Los desastres de la guerra, con el pretexto de la invasión napoleónica, Goya indaga en las consecuencias de cualquier conflicto bélico. El pintor no se recrea en el fragor de las batallas o en las peculiaridades de cada bando, sino en la ruina moral que supone toda contienda para quienes la protagonizan y padecen. Al igual que en las mejores novelas de Juan Marsé, frente a la quimera de que una guerra puede ganarse, llegamos a la conclusión de que todos acaban perdiendo con los duraderos efectos de una conflagración. Aunque, como sugiere con sutileza Esther Tusquets, unos perdieron bastante más que otros en nuestra Guerra Civil. En todo caso, resulta indudable la degradación de determinados valores que la contienda provocó en el conjunto de nuestra sociedad, cuyas secuelas han llegado hasta nuestros días.

El propio proceso contra Garzón representa una singular anomalía respecto de lo sucedido en otras partes, como han señalado la prensa internacional y relevantes juristas de todo el mundo, más alejados de las pasiones que aquí nuestro pasado sigue despertando, sin duda transmitidas de padres a hijos. Todo ello evidencia que todavía no hemos sabido cerrar esta página ignominiosa de nuestra historia. Pero no se puede pasar la página sin haberla leído previamente. Y para poder leerla aún quedan demasiadas letras ocultas y sepultadas en multitud de fosas comunes que siguen constituyendo una inquietante vergüenza colectiva para una sociedad democrática.

Ximo Bosch es magistrado y portavoz territorial de Jueces para la DEmocracia (JpD)

Ilustración de Patrick Thomas

PÚBLICO.ES

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TRIBUNA: REYES MATE. Cuando las injusticias no prescriben…

abril 20, 2010

REYES MATE 20/04/2010

“La memoria abre expedientes que el derecho considera archivados”,

Sin memoria no hay justicia. El juez Garzón está del lado de la memoria, y el juez Varela, del olvido.

Walter Benjamin

El recurso a la memoria, proclamado con rabia en plena guerra mundial cuando a los vencidos no les quedaba otra arma de lucha contra la barbarie, se ha convertido en clave interpretativa de los conflictos más agudos de nuestro tiempo, incluido el que afecta al juez Garzón.

Baltasar Garzón está siendo procesado, acusado de prevaricación, por intentar dar satisfacción a las víctimas del franquismo. El juez instructor, Luciano Varela, le echa en cara desconocer principios esenciales del Estado de derecho como “la irretroactividad de la ley y de leyes como la de amnistía”. La actual querella contra el franquismo está siendo abordada desde perspectivas muy diferentes: desde la técnica jurídica y ahí el problema es cuándo una interpretación de la ley deriva en prevaricación; desde el costado político y ahí la ironía es que grupos falangistas lleven al banquillo al juez que quiso juzgar al franquismo; o también desde la cultura que somete los planteamientos del derecho a las exigencias morales de la memoria. Estaríamos entonces ante un conflicto entre la memoria y el olvido.

Si hoy la memoria resulta, aquí y fuera de aquí, tan peligrosa es porque se ha ido cargando a lo largo del siglo XX, debido a las dos guerras mundiales, de una autoridad que escapa a los controles que durante siglos habían impuesto el derecho, la política y la ética. Esa autoridad procede de unos contenidos nuevos que hoy reconocemos como propios de la memoria. En primer lugar, que no es un sentimiento sino un conocimiento. La memoria ve algo que escapa a la historia o a la ciencia. Lo que la memoria ha descubierto en los últimos años es que las víctimas del colonialismo, de la esclavitud, de la conquista o de la guerra civil son significativas, tienen significación. Claro que víctimas ha habido siempre, pero eran insignificantes o invisibles porque entendíamos que eran el precio del bienestar presente o de la transición política. Había que asumirlo como irremediable y lo que tocaba era pasar página. Eso se ha acabado. Ahora son visibles y si queremos romper una lógica política que camina sobre víctimas, hay que hacer justicia a las víctimas de la historia. No podemos plantearnos el futuro del País Vasco al margen de la memoria de las víctimas y no podemos lograr la reconciliación sin la memoria de la guerra y de la postguerra.

El segundo componente consiste precisamente en entender la memoria como justicia y al olvido como injusticia. Primo Levi cuenta que una joven le preguntó, después de oír su testimonio, qué podrían hacer ellos, los oyentes. Y Levi, que no daba una puntada sin hilo, respondió con un escueto “los jueces sois vosotros”. Extraña respuesta porque ¿qué justicia puede impartir un oyente? Eso debería ser cosa de los tribunales o de la historia. Pero Levi lo tenía muy claro. Sabía que sin memoria de la injusticia no hay justicia posible. Sin memoria la injusticia deja de ser, como si lo que en su momento fue crimen, robo o infamia, nunca hubiera tenido lugar. Nadie lo sabe mejor que el propio criminal, por eso se afana, una vez cometido el crimen, en borrar las huellas, es decir, en quitar importancia al crimen, interpretándolo como inevitable dadas las circunstancias. Los supervivientes mantenían viva esa memoria de la injusticia mientras vivían, pero, una vez idos, el testigo pasaba a las generaciones siguientes. Lo que Levi pedía a la generación de la joven es que hiciera justicia bajo esa forma modesta, pero fundamental, que es la memoria de la injusticia. La forma más perversa de olvido consiste en privar de significación y de actualidad a la injusticia pasada.

El deber de memoria alcanza al derecho en el sentido de la frase del exordio: la memoria abre expedientes criminales que las leyes de punto final o de amnistía convinieron en dar por clausurados. Algunos de esos expedientes abiertos han sido muy sonados. Recordemos el Juicio de Nüremberg. Cayó de un plumazo el sacrosanto principio, mantenido durante milenios, de que hasta los crímenes más horrorosos prescribían con el tiempo. Pues no, hay crímenes, como los del franquismo, que no prescriben aunque se invoquen dos amnistías. Pero más allá de las anécdotas, lo importante es señalar que gracias a la moderna cultura de la memoria se ha creado una cultura moral que establece una relación indisoluble entre justicia y memoria de la injusticia, de suerte que las figuras del olvido son cómplices de la injusticia. Entre las variables que un juez, también si es del Tribunal Supremo, tiene que tener en cuenta en la interpretación de la ley, la atención a las injusticias pasadas olvidadas es prioritaria porque es un deber moral. En el caso de que esa inspiración moral no haya logrado aún cambiar las leyes en ese sentido, debe condicionar la argumentación jurídica siempre en favor de dar satisfacción a las víctimas que esperan se las haga justicia. En este caso el juez Garzón está del lado de la memoria y el juez Varela, del olvido.

Reyes Mate es profesor e investigador del CSIC, autor de La herencia del olvido, premio Nacional de Ensayo.

El País.com

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ROSA MONTERO Justicia


El Congreso tendrá que debatir sobre la Ley de Amnistía…

abril 20, 2010

IU-ICV presenta una proposición para modificar la norma tras el proceso abierto contra Garzón.

FERNANDO GAREA – Madrid – 20/04/2010

El Pleno del Congreso de los Diputados tendrá que debatir en los próximos meses sobre la Ley de Amnistía en plena polémica sobre la investigación de los crímenes del franquismo y el proceso contra el juez Baltasar Garzón.

El debate lo forzarán los diputados de IU-ICV, Gaspar Llamazares y Joan Herrera, con una proposición de ley que han registrado hoy en la Cámara. El texto pide adecuar esa norma a los tratados internacionales, es decir, a los que tienen que ver con la imprescriptibilidad de los delitos de genocidio y de los que atentan contra los derechos humanos. Se trataría de darle prevalencia a esa legislación internacional.

Obviamente, la iniciativa no tendrá mayoría suficiente para salir adelante, porque ni el PSOE parece dispuesto a apoyarlo a priori, pero supone abrir este debate en el Pleno por primera vez en muchos años.

El único problema es que el debate se demorará porque estos diputados tienen un cupo muy limitado para presentar iniciativas en el Pleno. No podrá celebrarse el debate antes de final de este año a menos de que otro grupo le cediera a IU-ICV la capacidad de presentar esta iniciativa ante el pleno.

El País.com


Apoyo a Garzón en Latinoamérica…

abril 20, 2010

HERNÁN VELA SUBIELA / CARMEN TAGüEñA PARGA (Presidenta del Ateneo Español de México) – Buenos Aires, Argentina / México – 20/04/2010

Soy argentino, vivo en Buenos Aires, soy nieto de españoles, como tantos otros por aquí. En la década de los noventa una fundación pluripartidaria de la que formo parte, organizó un seminario sobre herramientas de lucha contra la corrupción, mal endémico en esta parte del mundo: allí lo conocí, a Baltasar Garzón y su mujer Pilar; pasé tiempo con ellos, tanto en Buenos Aires como en Mar del Plata, junto a mi mujer. Creo, como muchos por aquí, que es un hombre honesto, severo y con agallas. No concuerdo con él en algunos de sus juicios y opiniones, pero eso no me impide respetarlo.

A los españoles, vuestra historia y vuestro presente. Pero si la Falange avanza, el fascismo avanza, y ya deja de ser un tema sólo español. Como escribiera Hemingway: “¿Por quién doblan las campanas? Doblan por ti”.

El Ateneo Español de México, fundado en 1949 por exiliados españoles e intelectuales mexicanos, asiste con estupor a los ataques contra el juez Baltasar Garzón por grupos residuales de la dictadura, apoyados por una derecha anacrónica y antidemocrática y se solidariza con el dolor y la indignación de las familias de las víctimas.

El Ateneo ha sido una tribuna libre y abierta, no sólo a los exiliados españoles, sino a todos aquellos que en México, país de asilo, encontraron refugio contra la persecución y la violación de los derechos humanos.

El juez Garzón pretendía llevar ante la ley a quienes se creían impunes; es incomprensible que ahora él sea enjuiciado por aplicar principios de justicia universal que son avalados por todos los países democráticos, y están en consonancia con los tratados y convenios internacionales sobre la no prescripción de los crímenes contra la humanidad, suscritos por la propia España. El Ateneo Español de México exhorta a quienes tienen en sus manos este caso a que reflexionen sobre las consecuencias de imponer una justicia a todas luces injusta y recapaciten sobre el abismo ético entre aferrase a un pasado innoble o labrar un futuro de dignidad.

El País.com


Octavio Alberola : “Garzón y la Democracia « atada y bien atada »”…

abril 20, 2010
(Una nueva afrenta a las víctimas de la represión franquista)

Como bien señalan Rafael Cid (“Más allá de Garzón (y su entorno)”) y Carlos Taibo (“Garzón : ¿un héroe antifascista ?”), son muchas las razones que deberían incitarnos a la prudencia antes de sumarnos a la actual movilización en defensa del juez “estrella” de la Audiencia Nacional.

Y, entre ellas, la que me parece justificar aún más nuestra prudencia es la que, tanto a Cid como Taibo, les preocupa más : la posibilidad de que se trate de una operación jurídico-mediática montada para que la opinión olvide la responsabilidad del Gobierno socialista y de la clase política en su cobarde y vergonzoso renunciamiento a anular las sentencias franquistas.

Cid : “Desde luego es difícil creer que estas acciones de repulsa, que socaban la credibilidad de un puntal del Estado de Derecho como es el Tribunal Supremo, no respondan en segunda instancia a una planificación política. Cualquier agit-pro en la sociedad de la información y de la imagen tiene delante o detrás una agenda oculta y un think tank. Y en el caso que nos ocupa, el retorno de los brujos de la prospectiva lectoral, el marketing político y los sondeos de opinión buscan, en mayor o menor medida, fidelizar a la opinión publicada.”

Taibo ; “Aunque los protagonistas bien intencionados de la solidaridad con Garzón parezcan ignorarlo, es muy grave que el debate sobre la memoria histórica haya quedado engullido por una discusión relativa a si un juez prevaricó o no. Lo diré de otra forma : ya no se discute, hablando en propiedad, sobre la memoria y sí sobre Garzón. Pese a que las explicaciones conspiratorias me han gustado siempre poco, no me resisto a sugerir que algo hay, en la trastienda, de inteligentísima y ocultatoria operación.”

No obstante, pienso en que Cid tiene razón al incitarnos, al final de su artículo (“Con Garzón o sin él”), a aprovechar la ocasión (“Galgos o podencos, la ocasión la pintan calva”) para desmontar “la falacia de la modélica transición” e intentar derogar “las sentencias del franquismo”. Pues, se piense lo que se piense de este juez y del enorme cúmulo de intrigas que rodean sus actuaciones, es obligado reconocer que ha sido su peculiar forma de abrir y cerrar la investigación de este caso la que ha puesto públicamente en evidencia la pervivencia del franquismo judicial y ha reactualizado el debate público sobre lo que quedó a medio hacer, o se hizo mal, en la “transición” de la Dictadura a la Democracia.

Efectivamente, es indiscutible que han sido el protagonismo de Garzón y su “impericia procesal” las que han llevado a la derecha franquista ha quitarse la careta y a recomenzar la “guerra civil” en la dehesa judicial con la intención de impedir cualquier tentativa de cambiar el ordenamiento jurídico que les protege y les exime de toda responsabilidad en los crímenes del franquismo. Un ordenamiento que, según pretenden, quedó blindado con la Ley de amnistía de 1977 y que ha servido al juez Varela para encausar a Garzón, aun a riesgo de escandalizar a amplios sectores de la opinión pública, nacional e internacional, y de provocar las reacciones de los colectivos memorialistas y las movilizaciones de estos últimos días. Movilizaciones en las que, por primera vez, participan también sindicatos, políticos e intelectuales y artistas de la izquierda “progresista” para impedir que la ultra derecha consiga sentar en el banquillo de los acusados a Garzón. Reacciones y movilizaciones tardías, pues han pasado treinta y cinco años desde la muerte de Franco, y, al fijarse como objetivo exclusivo la defensa de Garzón, más bien parecen ser instrumentalizadas o por lo menos recuperadas por el Gobierno y el PSOE para engullir el debate sobre la memoria histórica y la rehabilitación judicial de las víctimas del franquismo en “una discusión relativa a si un juez prevaricó o no”.

No olvidemos el por qué nos encontramos en una tal situación…

Pese a lo tardías de esta reacciones y movilizaciones, no creo que sea el momento de lamentarlo, aunque otro gallo nos cantaría si se hubieran producido antes : tras comenzar la andadura de la Democracia parida por los pactos de la “Transición” o cuando algunas víctimas de la represión franquista comenzaron a pedir justicia… Desgraciadamente no fue así y los años no pasaron en balde (sobre todo para los familiares mayores de las víctimas de la represión franquista) y ahora quizás sea ya tarde para reparar esa injusticia… Por ello es necesario recordar cómo comenzó el proceso de recuperación de la “memoria histórica” y la ausencia de reacciones y movilizaciones (sindicales, políticas y culturales) cuando la viuda del comunista Julián Grimau presentó en 1989 en el Tribunal Supremo un recurso de revisión contra la sentencia del Consejo de Guerra que en 1963 condenó a muerte a su marido. Y eso que también entonces el Gobierno era socialista. O cuando en 1998 los familiares de los jóvenes anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado, también condenados y ejecutados en 1963, recurrieron ante el Supremo para pedir la revisión de la sentencia “por existir un elemento nuevo”…

No, no se debe olvidar lo que costó sensibilizar a los partidos políticos sobre esta materia pendiente de la “Transición” y conseguir que algunos de ellos comenzaran -¡por fin a partir del año 2000 !- a comprometerse y apoyar el recurso de revisión del caso Granado-Delgado y los que otras familias (de Puig Antich, de Peiro, etc.) habían presentado en el Supremo. Como tampoco se debe olvidar que no fue hasta entonces que comenzaron a surgir y actuar las Asociaciones para la recuperación de la “memoria histórica”… Ni que, pese a ello, aún en 2003 estuviéramos solos (los libertarios) en una concentración pública en la Puerta del Sol de Madrid para exigir al Tribunal Constitucional que anulara las sentencias franquistas, sin que se sumaran al acto los manifestantes por la República que en ese mismo momento recorrían calles cercanas.

Es necesario no olvidarlo porque eso permite comprender el por qué no fue hasta finales de 2007 que se aprobó la cobarde e infame Ley de “Memoria Histórica” y aún en 2010 no se ha conseguido poner fin al deshonor de una Democracia que sigue validando las sentencias pronunciadas por la dictadura franquista. Una Dictadura surgida de un golpe de Estado que el Congreso de los Diputados condenó por fin el 20 de noviembre de 2002 ; pero sin efecto, puesto que en abril de 2010 aún debemos movilizarnos para que un juez no sea sentado en el banquillo de los acusados por haber abierto y cerrado una causa para investigar desapariciones forzadas durante el franquismo.

Una reacción tardía pero necesaria…

Pues bien, aunque la reacción que se está produciendo sea tardía, yo también creo como Cid que ella es necesaria y que debemos apoyarla. Y ello porque, a pesar de los fortísimos intereses políticos y hasta personales que están en juego en el enjuiciamiento del juez de la Audiencia Nacional, no debemos permitir que la derecha se salga con la suya. Pero, sobre todo, porque la reacción unitaria en contra de este enjuiciamiento puede servir para abrir un nuevo frente en la lucha por la recuperación de la memoria histórica y la rehabilitación de las víctimas de la represión franquista. Decimos “puede servir” porque ello dependerá del objetivo que se fije a las actuales movilizaciones ; pues sería un error que éste sólo fuese la defensa de Garzón y que no se aprovechen las movilizaciones para exigir la anulación de las sentencias franquistas. Para exigirlo a quienes tienen la responsabilidad y potestad políticas, además del deber moral de hacerlo, pues son los grupos parlamentarios los que constitucionalmente “representan la soberanía de la nación”. Y al decir grupos parlamentarios nos referimos a los Partidos, que son los que marcan la pauta del poder legislativo, el único facultado para anular y aprobar leyes.

No olvidemos que es gracias a esa cobarde e infame Ley de “Memoria Histórica”, aprobada por esos Partidos y sus Grupos parlamentarios, que la Justicia española puede seguir escamoteando el pronunciarse clara y definitivamente por la anulación de las sentencias pronunciadas por los tribunales franquistas. Ese “oprobio” que, según declaró recientemente la nieta del poeta Miguel Hernández, “aún pesa como una losa” sobre las víctimas de la represión franquista. Aunque también debemos reconocer que, si esto es así, lo es por no haber sido capaces de unirnos antes para hacerlo desaparecer. No volvamos pues a la desunión y movilicémonos todos en la misma dirección…

Allá cada uno con su conciencia y esperemos que algunos no vengan ahora sólo para la foto o para hacer olvidar pasados dudosos. Es la hora de sumar, de unirnos para aprovechar esta ocasión y dar un paso definitivo hacia la completa rehabilitación moral, política y judicial de las víctimas de la represión franquista. Pero no nos equivoquemos otra vez de objetivo. No son los jueces los que tienen la posibilidad de hacerlo. Ellos sólo interpretan y aplican leyes. Son los políticos los que tienen la potestad y la obligación de promulgar leyes menos abyectas que las actuales (la de amnistía de 1977 y la de “Memoria Histórica” de 2007) para ser consecuentes con su pretendida profesión de fe democrática y hacer desaparecer ese vergonzoso baldón que “aún pesa como una losa” sobre la Democracia española. Ahora bien, no olvidemos que los políticos no lo harán si no se lo exigimos, si no los obligamos a hacerlo. Nuestro deber es pues, terminado el episodio Garzón, seguir unidos y movilizados para exigir se ponga fin a esa escandalosa injusticia histórica de la que aún son víctimas los que lucharon y padecieron la represión por defender las libertades que hoy se proclaman como constitucionales.

Octavio Alberola

Rojo y Negro/Google noticias


El CGPJ recibirá el jueves 200.000 firmas contra la suspensión de Garzón…

abril 20, 2010
  • EFE/Madrid

Asociaciones para la recuperación de la Memoria Histórica y colectivos de víctimas del franquismo aseguran haber recogido unas 200.000 firmas que el próximo jueves entregarán al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) para exigirle que no suspenda al juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón.

En el texto, las asociaciones señalan que este órgano y el Tribunal Supremo van a decidir sobre la suspensión y el procesamiento de Garzón “por tratar de juzgar el genocidio español, ejercido durante la dictadura franquista, a instancia de las querellas presentadas por los grupos ultraderechistas Falange Española y Manos Limpias”.

Ambas instancias “se enfrentan ahora a una decisión histórica: respetar la Ley y las libertades constitucionales o permitir que la ideología y la impunidad prevalezcan sobre los criterios de la Justicia”, añade el escrito, titulado “Un millón de voces en defensa de las víctimas del franquismo. Por la democracia, por los derechos humanos y en apoyo al juez Garzón”.

“Como ciudadanos demócratas, en nombre de la voluntad popular, exigimos que (…) el Poder Judicial no proceda a la suspensión del juez Baltasar Garzón, pues causaría un gravísimo perjuicio al principio constitucional de independencia judicial, a los derechos inalienables de las víctimas de la dictadura y a los valores democráticos del Estado de derecho”, concluyen.

Por otra parte, las asociaciones pretenden presentar próximamente en los tribunales escritos en los que los firmantes se autoinculpan de haber participado el pasado día 13 en el acto de apoyo a Garzón que los sindicatos UGT y CCOO celebraron en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

La “autodenuncia” es una respuesta a la que Manos Limpias presentó contra el rector de la Universidad, Carlos Berzosa, y contra el ex fiscal jefe Anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, por las manifestaciones críticas a la actuación del Tribunal Supremo que se realizaron durante el acto.

En los escritos se denuncia a su vez a Manos Limpias “por constituir asociación ilícita” y se pide a los tribunales que “se incoen diligencias en averiguación” de su “verdadera naturaleza”.


Oroituz Andoainen reclama una nueva ley de la memoria histórica…

abril 20, 2010

Familiares de las víctimas del franquismo participaron en una ofrende floral en el parque Alfaro

20.04.10 – 02:16 –

MARIVI OLANO | ANDOAIN.
Homenaje. El parque Alfaro acogió a un nutrido grupo de participantes. :: UNANUE
Txalapartaris, dantzaris y bertsolaris acompañaron el sábado a los familiares de los 22 andoaindarras fusilados en Andoain en el homenaje que organizaba Oroituz Andoainen en el parque Alfaro. El sonido del violín se escuchó en el momento en que los familiares depositaban ramos de flores junto a la escultura realizada por Gotzon Etxeberria en memoria de las víctimas.
El homenaje contó con la participación de Ana Barrena, representante del colectivo navarro Memoriren Bidean, y de miembros de Oroituz Andoain. Por parte de éste último, Xabier Lasa aseguró que es el momento de exigir a partidos y sindicatos que pactaron durante la transición el silencio e impunidad sobre los crímenes cometidos, que «rectifiquen su trayectoria e implementen las medidas políticas e institucionales necesarias para que inicien una nueva fase de negociación con todos los agentes socio-políticos afectados por el genocidio franquista, de una nueva ley de la memoria y para que procedan a la construcción de comisiones de la verdad como instrumentos propicios para la consecución de la verdad, la justicia y la reparación, incluidas las garantías de no repetición, y el enjuiciamiento histórico y político del franquismo».
Críticas al Ayuntamiento
Representantes de Oroituz dennunciaron la negativa del Ayuntamiento a mantener reuniones con el colectivo. Según afirmaron, desde hace cuatro años se viene presentando un plan de trabajo con su correspondiente presupuesto que ha sido rechazado en todas las ocasiones. El colectivo afirma que se han pedido reuniones con el alcalde y que incluso se ha enviado una carta al Ayuntamiento que no ha tenido respuesta alguna.
Criticaron igualmente el homenaje a los fusilados organizado por el Ayuntamiento el 14 de abril, que calificaron de ‘paripé’, y recordaron que los familiares de las víctimas del franquismo participan año tras año en el homenaje que se organiza desde el colectivo y, sin embargo, no toman parte en la ofrenda floral que lleva a cabo el consistorio.
El homenaje de Oroituz finalizó con la intervención de Gotzon Garmendia, secretario de Lau Haizetara Gogoan, y con la actuación de la banda republicana, que realizó una kalejira por la localidad.

Diario Vasco vía google noticias