Juan Gallo González, comisario para la Memoria Histórica de la Junta de Andalucía: «Todos los pueblos deberían hacer igual que Casares; no olvidar a sus asesinados»

julio 8, 2010

05.07.10 – MERCEDES PERIÁÑEZ marbella@diariosur.es | CASARES.

Gallo González ha participado en unas jornadas para conmemorar el nacimiento de Blas Infante. :: M. P.

«Como Junta de Andalucía me siento deudor con el Ayuntamiento por la lucha que está sosteniendo», dice…

Asegura que las heridas del pasado se curan con la verdad, pero nunca con la amnesia. Juan Gallo González dirige el comisariado de la Memoria Histórica, un departamento adscrito a la Consejería de Justicia y Administraciones Públicas de la Junta, que se encarga de integrar todas las políticas en esta materia. Reconoce que Blas Infante tiene un papel destacado en este asunto y anima a no olvidar a ninguno de los asesinados durante el franquismo.
-¿Sigue presente la figura de Blas Infante en la memoria colectiva?
Sigue presente. La realidad actual de Andalucía no se puede entender sin la figura de Blas Infante. Desde los símbolos externos como el himno o la bandera, hasta la realidad política que supone hoy la autonomía plena que tenemos en Andalucía. Todo esto es fruto de la mente de este hombre, de sus ideales, de sus pensamientos, de sus escritos; todo lo que pisamos, vivimos y cómo somos hoy los andaluces, se debe a este hombre.
-¿Qué papel tiene el padre de la patria andaluza en la memoria histórica?
-En Andalucía, al igual que Blas Infante, hubo 50.000 asesinados con motivo del golpe militar. Sus efectos fueron muchísimo peores que en otros sitios. El tema de Andalucía y Blas Infante conecta muy bien, representa en este sentido trágico que lo que ocurrió con Andalucía fue demoledor en cuanto al número de víctimas y al daño que se le hizo a la propia Andalucía.
¿Cree que se ha ocultado a lo largo de todos estos años; que no se ha hecho suficiente por darlo a conocer?
-Se ha ocultado todo, claro. Los vencedores taparon parte de la historia y la otra la distorsionaron. En una parte porque la gente no quería remover, por el terror que daba hablar de esas cosas y después de esa época ha llegado el olvido.
-El Ayuntamiento de Casares ha pedido al fiscal general del Estado que anule la sentencia que condenaba a muerte a Blas Infante. ¿Qué piensa de esto?
-Ocurre que la Ley de la Memoria Histórica declara injustas e ilegítimas todas las sentencias de los fusilamientos y eso choca con la declaración de nulidad; son términos jurídicos que no son equivalentes. A Blas Infante se le asesinó, no se le juzgó.
-¿Piensa que es valiente la postura municipal?
-Siempre.
-Casares tiene una lucha por mantener viva la memoria de Blas Infante. ¿Son importantes este tipo de iniciativas para evitar el olvido?
-Claro, fundamental. Lo que hace Casares lo deberían hacer todos los pueblos; no olvidar a ninguno de sus hijos asesinados. Sobre todo en el caso de Blas Infante por lo que significa la figura no para Casares sino para toda Andalucía. Yo como Junta de Andalucía me siento deudor, a lo mejor, con el Ayuntamiento de Casares por la lucha que está sosteniendo.
-En un momento social en el que hay tanta convulsión acerca de la memoria histórica, ¿qué papel juega la Administración andaluza en este asunto?
La Comisaría de la Memoria Histórica de la Junta lleva constituida desde hace unos cuatro o cinco años. Desde 2001 es cuando la Junta empieza a emitir ya órdenes y a regular todos los trabajos de la memoria histórica. Son por ejemplo, las compensaciones económicas a quienes han sufrido prisión en el franquismo por motivos políticos o ayudas a personas que quieren recuperar los restos de sus familias que están enterrados en cunetas para darle un enterramiento digno. Hacemos publicaciones, jornadas, colaboramos con las universidades, investigamos, ayudamos económicamente a los ayuntamientos que quieren hacer monumentos para no olvidar a los vecinos de ese pueblo que fueron asesinados… Ahora vamos a sacar otra nueva normativa para compensar económicamente a las mujeres que fueron vejadas por el franquismo.
-¿Qué percepción tiene sobre la situación actual?
-Yo creo que el tiempo del olvido ha terminado y en este momento la Ley de Memoria Histórica -no es la mejor que se podía haber hecho, pero es la que se pudo hacer- ha servido bastante y autonomías como Andalucía estamos trabajando fuertemente en ello y las asociaciones de víctimas no creo que tengan mucha queja de la Administración.
Sur Digital (Andalucía)

El franquismo y el “HOMOPATIENS”…

julio 8, 2010

TESIS DOCTORAL DICE QUE EL FRANQUISMO GENERÓ CIUDADANO “Paciente y resignado”

Tesis doctoral dice que franquismo generó ciudadano “paciente y resignado”

(Murcia) SOCIEDAD-SALUD,EDUCACION |  AREA: Educación
08-07-2010 /

Murcia, 8 jul (EFE).-

El régimen franquista generó el “homo patiens”, un sujeto “paciente, resignado y estoico”, según una de las conclusiones de la tesis doctoral presentada en la facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia por Salvador Cayuela Sánchez, según han indicado fuentes universitarias.

Las conclusiones del estudio, que ha obtenido la calificación de sobresaliente cum laude, indican también que este modelo de persona “estaba sometido a la realidad de sus circunstancias y era una pieza clave en el sostenimiento de la dictadura y la verdadera obra predilecta del régimen”.

Para Cayuela Sánchez, el régimen de Franco puede ser dividido en dos etapas diferenciadas, la primera de las cuales llegaría hasta el año 1959 y la segunda, desde este año hasta 1975, en que fallece el dictador.

El autor de la tesis doctoral ha analizado la forma de actuar de mecanismos como el Frente de Juventudes, el sindicalismo vertical, los seguros sociales y la política económica del régimen en sus distintas etapas, así como el sistema educativo.

Este trabajo de investigación ha sido dirigido por el profesor Antonio Campillo, recientemente elegido decano de la facultad de Filosofía.

ABC.es vía agencia EFE

Franco con M. Fraga en la considerada segunda etapa de la dictadura (Foto de archivo)


Y el gallego se coló en el pleno…

julio 8, 2010

A Coruña conmemora la elección del primer edil nacionalista, Lois Peña Novo, en 1920 – Calificaba a las diputaciones como “cuevas caciquiles”.

PAOLA OBELLEIRO – A Coruña – 08/07/2010

Homenaje a Castelao en 1932. En el centro, a la derecha de la bandera, Manuel Lugrís y Castelao. A su izquierda, entre otros, Ramón Vilar Ponte, Francisco Fernández del Riego, Antón Vilar Ponte, Plácido Castro, Otero Pedrayo, Rodríguez Somoza, Manuel Beiras A su derecha, Suárez Picallo, Carlos Maside y Álexandre Bóveda, en una foto cedida por la Academia.-

A Coruña no sólo estrenó la democracia con un alcalde nacionalista, Domingos Merino. Fue también la institución política donde por primera vez se habló oficialmente en gallego, de la mano del primer cargo electo del nacionalismo, el concejal Lois Peña Novo. Fue hace 90 años, el 7 de julio de 1920, cuando el joven abogado, activo dirigente de As Irmandades da Fala, entró en el Palacio Municipal de María Pita y tomó posesión como edil. Era la primera vez que la lengua vernácula se empleaba en un salón de plenos.

Una placa en la calle que lleva su nombre y una conferencia del historiador Manuel Roque Cendán, esta tarde en la asociación cultural Alexandre Bóveda, conmemoran el aniversario para “rendir homenaje a todos los hombres y mujeres que trabajaron por dignificar el gallego y llevarlo a todos los ámbitos”, en palabras de la edil de Normalización Lingüística, Ermitas Valencia (BNG). Y una ocasión, apunta, de celebrar que A Coruña, sede de la centenaria Real Academia Galega y cuna de As Irmandades da Fala creadas en 1916 para fomentar la lengua de Galicia, “ya era vanguardia de este país”.

Una moción de censura desalojó a Merino de la Alcaldía en la que estuvo dos años (1979-1981). El mandato de Peña Novo terminó a los tres años por el golpe de Estado de Primo de Rivera, en septiembre de 1923, que conllevó la disolución de las corporaciones locales, la prohibición del gallego y la exhibición de todos sus símbolos. Pero su elección como concejal en las municipales de febrero de 1920, por el distrito tres de A Coruña, el barrio de Monte Alto, no dejó de ser considerado un hito para los galleguistas y nacionalistas hasta entonces sin representación política, “una jornada de gloria para Galicia”, como se comentaba en una crónica de A Nosa Terra.

La figura de Lois Peña Novo (Vilalba, 1893-Outeiro de Rei, 1967) es “muy desconocida”, corrobora Roque Cendán, pese a ser uno de los grandes activistas del gallego y del nacionalismo. Ponente del primer Estatuto de Autonomía de 1936, trabajó por esa causa codo con codo con Castelao, Manuel Lugrís, Alexandre Bóveda, Francisco Fernández del Riego o Antón Vilar Ponte. Este último fue el promotor de As Irmandades da Fala, que se expandirían durante el primer tercio del siglo XX por toda Galicia e incluso entre la emigración de Madrid, Buenos Aires y La Habana. Llegaron a estar en 30 localidades, con 600 miembros -la mitad en A Coruña- en su mayoría intelectuales, escritores, estudiantes y profesionales liberales que propugnaban llevar el gallego, entonces circunscrito al medio rural, a todos los ámbitos de la sociedad.

En las elecciones municipales de 1920, As Irmandades decidieron dar el salto, convencidas de que “el nacionalismo debe llegar a todo y meterse en todo”, con la presentación de dos candidatos nacionalistas en A Coruña: Peña Novo y Vilar Ponte. “El primer tanteo se convirtió en una gran victoria”, relataba A Nosa Terra. “Sin organización previa, de dos candidatos que presentamos, uno salió electo y el otro logró una votación honrosa”.

Vilar Ponte se quedó fuera del Ayuntamiento por poco, pero Peña Novo entró en María Pita tres meses después. Durante su mandato -los republicanos liberales gobernaban entonces en A Coruña- se dedicó con esmero en intentar que el Ayuntamiento adoptase iniciativas promovidas por As Irmandades, como exhibir la bandera gallega cada 25 de julio, apoyar a las asociaciones agrarias en su lucha contra los foros o reclamar la construcción de centros de enseñanza.

Fue pionero en la defensa de un concepto que aún hoy está de actualidad en el debate político: la creación de una mancomunidad gallega que, vaciando de competencias las diputaciones provinciales, dotaría a Galicia de un modelo de poder más ajustado con su estructura. “Las diputaciones son cuevas caciquiles”, defendió Peña Novo en una destacada intervención, siendo concejal.

El País.com (Galicia)


“España no ha cambiado, sufre desmemoria histórica”…

julio 8, 2010

“No se podrá reparar la memoria de los exiliados, mientras los españolitos de a pie estén de acuerdo en olvidar”, advierte.

“En España, desde la época de Carlos I, cada vez que la izquierda levanta la cabeza, se la cortan”

08.07.2010 · Majo Siscar · (México)

“Vienes a verme porque soy el único que queda” exclama con sorna y se ríe. Federico Álvarez Arregui me recibe en su austero despacho del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Este vasco es de los pocos exiliados republicanos que siguen vivos y en activo en México. Desde este ajustado despacho, de unos 15 metros cuadrados y que comparte con su asistente, dirige desde hace 8 años, la revista Literatura Mexicana, una publicación académica sobre filosofía y las letras en lengua castellana. Es su trinchera particular, desde donde, pese a sus 83 años, sigue aportando al acervo cultural local. Pertenece a esa generación de intelectuales españoles que perdió nuestro país a causa de la Guerra Civil y la dictadura franquista y que en cambio, con su esfuerzo, engrandecieron la cultura mexicana y siguen haciéndolo, aunque son cada vez menos, entre ellos Álvarez Arregui, quien después de la risa, prosigue su primera frase: “no es cierto, quedan algunos más pero ya estan enfermos o muy mayores, con lo cual yo me convierto en bateador emergente”, agrega haciendo un símil con el béisbol que me recuerda sus primeros años de exilio en Cuba.

Álvarez Arregui es de los pocos intelectuales exiliados que siguen en activo en México. M.S.

El hijo del fundador de Izquierda Republicana en Guipuzcoa llegó en 1940 a la Habana a reencontrarse con sus padres después de 4 años de no verlos, pues ellos se habían quedado en Madrid después de la toma de San Sebastián por el bando nacional, y ya en la derrota cruzaron la frontera a Francia donde sufrieron los campos de concentración y finalmente pudieron salir a Cuba. Cuando Álvarez desembarcó solito del Magallanes, tenía 13 años y en la mochila traía 4 años de vivir en territorio franquista, rezar cada noche el rosario con su abuela e ir a la escuela de los Marianistas. Con este equipaje la isla le sorprendió por su luminosidad, su sol, su música, su diversidad racial y su exuberancia. “Soy un exiliado particular porque mi llegada a Cuba fue de una felicidad infinita”, asevera y se le ilumina la cara recordando el colorido cubano.

Allí pasó 7 años trascendentales de su vida, hasta los 20, y asegura que “Cuba nos integró, por lo menos a mi generación pues el pueblo cubano era enteramente antifranquista, entonces nosotros los exiliados, éramos los buenos”. Con esta disposición, estudió el bachillerato e ingresó en la carrera de ingeniería. Allí militó en los movimientos estudiantiles de izquierda radical, y bebió del caldo de lo que pocos años después sería la revolución.

Sin embargo, Cuba no integró a los intelectuales exiliados en sus estructuras culturales como hizo México. En las universidades había cuotas para profesores extranjeros y muy pocos españoles tuvieron cabida. Por eso a sus 20 años, toda la família se mudó a México, donde empezó a relacionarse con la flor y nata de la intelectualidad republicana. Esas relaciones le devolvieron su españolidad pues Federico en ese momento ya se sentía un joven latinoamericano. “Cuando llegué a México no sentí ninguna estrañeza cultural, social o política y al igual que el resto de mi generación de exiliados, que no la de nuestros padres, participé totalmente en la vida política de México. Participaba en las movilizaciones de los ferroviarios, de los mineros, de los estudiantes… Eso sí, en las manifestaciones del 1 de mayo marchábamos en el contingente de la República”

Cena en casa del editor Joaquín Diez-Canedo en 1963, el de la esquina derecha es el joven Federico Álvarez. (Ricardo Salazar/ Fototeca CNL-INBA)

Y es que los exiliados mantuvieron la llama de la democracia encendida desde la distancia. Y México fue uno de sus principales bastiones. Álvarez Arregui recuerda como en 1945, se reconstituyó la II República en la Sala de Cabildos, en la sede del gobierno del Distrito Federal, la residencia de los Virreyes en el periodo colonial. “Durante 24 horas, aquel hemiciclo fue España”, espeta con un repentino brillo en los ojos y continúa, “vinieron diputados de todos lados, exiliados en París, en Argentina, y se reunieron las Cortes por primera vez desde el 39, José Giral fue electo presidente, fue el único que recogió el variopinto sentir de los exiliados”.

Los exiliados no eran una masa uniforme. Por encima de las diferencias sociales y económicas, prevalecían las diferencias políticas que existían en la República y que se acentuaron en la Guerra Civil. Sin embargo, a todos les unía el sueño republicano y la nostalgia de la patria perdida.

“El exilio es un destierro, te fuiste y perdiste la tierra, porque sabes que no puedes regresar, al menos por un tiempo largo. La mayoría de los exiliados teníamos esa sensación permanente de destierro, una desazón que nos acompañaba siempre, y que de repente, se volvía hacía dentro y sentías como angustia de no poder volver a España”, recuerda con los ojos empañados de agua. Y continúa “saber, por ejemplo, que tus abuelos se están muriendo y no puedes ir a verlos…” Es el único momento de la entrevista en que, a este enérgico hombre de 83 años, se le enturbian los ojos, porque, de carácter afable y jovial, recuerda con alegría el peregrinaje vital que le ocasionó el exilio, y de hecho reconoce que ahora ya no vuelve porque ya no quiere. “Yo soy tricéfalo, soy mexicano, cubano y vasco”, confiesa. Y se explica: “este es mi país, aquí vivo, aquí trabajo, aquí me dan premios…”.

Sin embargo hay algo dentro de él que se resiste a serlo del todo. Pese a haber vivido más de 40 años en México sigue conservando, casi intacto, el acento vasco, y mantiene sus relaciones con sus compatriotas ibéricos.

De hecho, un telefonazo interrumpe la conversación. Es Joaquin Díez Canedo, quién ha continuado la gran labor editorial que hizo su homónimo padre primero en la editorial Joaquín Moritz y en el Fondo Económico de Cultura, publicando tanto a los exiliados españoles como a los grandes escritores mexicanos, incluso antes de que se les reconociera.  Le habla para comentarle que ha recibido el último manuscrito de otro exiliado, el filósofo Adolfo Sánchez Vázquez. Álvarez Arregui ya conoce de su existencia.

Los intelectuales españoles han mantenido una relación muy estrecha entre ellos que aún se mantiene. M.S.

“Hemos sido como una gran família”, me cuenta. De hecho Álvarez Arregui se casó con Elena Aub, la hija de Max Aub, y uno de los testigos fue Juan Rejano, por no nombrar a todos los intelectuales que estaban invitados a la boda. Al igual que la mayoría de exiliados políticos, la pareja se involucró en la lucha antifranquista. A finales de los 50, participaron en el Movimiento Español (ME/59), con la idea de llenar el exilio de contenido ideológico y organizarse con la resistencia contra el régimen del interior del país.

Cuando ya veían acercarse la caída del dictador, conformaron, junto a otros intelectuales y líderes de izquierda, la Junta Democrática que pretendía movilizar unitariamente a la oposición antifranquista, con un programa político rupturista que abogaba por una consulta ciudadana para volver a la República. Un proyecto que se frustró con la transición, que Álvarez Arregui califica de “vergüenza”. “La transición nos permitió llenar las calles de banderas rojas, ver pornografía e ir a unas elecciones donde acabó ganando la derecha”, apostilla, y continúa: “los pactos de la Moncloa son un pacto de olvido. Se prohibió hablar del exilio y de la guerra, esa fue la tercera y última derrota de los exiliados”.

Y asegura que el exilio fue una derrota permanente, que empezó con el destierro, pero que tuvo su segundo golpe en el 1955 cuando la comunidad internacional levanta el aislamiento al gobierno franquista y lo acepta en el seno de las Naciones Unidas, y por lo tanto, desconoce el gobierno republicano que tenía sede en París y embajada en México. Sólo este último país y Yugoslavia, con Tito a la cabeza, mantendrán el apoyo al gobierno del exilio hasta la transición.

Álvarez Arregui se enerva al hablar de la transición, y aunque fue entonces cuando pudo y quiso volver al Estado español, los 10 años pasados en Madrid, entre el 1971 y el 1981, le decepcionaron. Ahora, va de visita una vez al año, a ver a sus hijos y a Congresos, pero asegura que se regresa tan pronto puede.

“No lo aguanto, cada vez que voy es un golpe, la última vez que estuve en Madrid, estaba sentado en un café y en la mesa de al lado un señor le decía a otro: -Hay que matarlos a todos, y yo digo ¿a quiénes? Antes era a los rojos y ahora es a los ecuatorianos o a los marroquíes. España no ha cambiado, sufre desmemoria histórica”, afirma y empezamos a hablar de la situación política actual.

“Este pobre (José Luís Rodríguez) Zapatero que intentó al principio hacer una política de izquierdas, al final ha tenido que hacer una política de derechas y el Partido Popular todavía está en contra, la derecho española es algo impar, como ella no hay nada. En Europa hay muchos gobiernos de derechas pero el Partido Popular representa la vieja derecha, la historia española, la eterna derrota de la izquierda.

-¿Qué diferencia ve entre el PP y la derecha europea?

La derecha europea es anti fascista. En Alemania está prohibido el partido nazi, pero en España la Falange Española se sigue presentando a las elecciones, en Francia está prohibido llevar una esvástica, en Italia colgaron de los pies a Musolini, en España Franco descansa en un sagrario. Además el poder de la iglesia y del ejército son enormes y no han tenido un saneamiento. En Francia, Alemania o Italia ha habido una desnazificación pero en España los que torturaron a Grimau o a Simón Sanchez Montero, pasean por la calle. Ahí está la diferencia con Europa”.

Álvarez Arregui regresó a España en 1971 con la intención de participar en la refundación del estado después de la caída de Franco. Tal fue su decepción que en 1982 regresó definitivamente a México. M.S.

Es inevitable preguntarle por la suspensión de Baltasar Garzón como juez de la Audiencia Nacional después que iniciase tres procesos sobre las víctimas de la Guerra Civil la dictadura.

“Lo que le ha pasado a Garzón es un ejemplo singular de lo que estoy diciendo. Un recurso de Falange Española, que debe tener un uno o dos por cien de los votos, es capaz de hundir a un juez como este. En cada pueblo hay una fosa común donde estan los abuelos de muchos de los que ahí viven, y la Justicia prohibe que se abran esas fosas, no permite que se reconozcan a los muertos y que sus familiares les den sepultura”.

Esta frustración le provoca un sentimiento agridulce versus España. Por un lado recuerda con nostalgia las playas de Donosti donde jugaba de niño, por otro se enfurece con el olvido de los españoles hacia toda la barbarie que implicó el franquismo.

“No puedo volver a soportar la bandera franquista, un rey, todo lo que representa la existencia del Valle de los Caídos, y encima ver que a millones de españoles no les importa hacerlo,… Esa falta de memoria me desespañolizó y ya solamente me queda la patria chica, Guipúzcoa”.

Hablamos de la ley de Memoria Histórica. Le parece una buena iniciativa, aunque tibia y tardía. “No se podrá reparar la memoria de los exiliados, mientras los españolitos de a pie estén de acuerdo en olvidar”, reitera. “Hay algunas iniciativas positivas, exposiciones, trabajo de recuperación histórica, pero no calan en una sociedad a la que se le cercenó la izquierda, en el exilio, en prisión o bajo tierra. En España cada vez que la izquierda levanta la cabeza, se la cortan. Ya lo hizo Carlos I con los comuneros de Castilla y desde entonces, hasta ahora sigue sucediendo. España es inasequible al desaliento”, concluye.

http://periodismohumano.com/culturas/espana-no-ha-cambiado-sufre-desmemoria-historica.html


El PSdeG propone una ley para buscar a los represaliados…

julio 8, 2010

La norma crearía un banco de ADN, un mapa de fosas y un censo de víctimas.

DIANA MANDIÁ – Santiago – 08/07/2010

Los familiares de las personas desaparecidas durante la Guerra Civil dispondrán, si prospera una proposición de ley presentada ayer por el grupo parlamentario socialista, de un banco de ADN, un censo de víctimas y un mapa de localización de fosas comunes en territorio gallego. Concepción Burgo, portavoz de Cultura del PSdeG en el Parlamento y encargada de presentar el texto ante la prensa, definió la propuesta como un “compromiso moral” de su partido con los asesinados por sus ideas políticas, informa Europa Press. La ley, de aprobarse, contemplaría también la señalización de los espacios usados como fosas comunes, con el ánimo de dignificarlos, y cargaría al Gobierno gallego con la tarea de recuperar e identificar a los desaparecidos.

Burgo critica la “falta de compromiso” de la actual Xunta con los asesinados

No es la primera vez que el Parlamento gallego registra una iniciativa sobre la memoria histórica. Ya lo hizo en octubre de 2008, un año después de promulgarse la Ley de Memoria Histórica del Gobierno central. En aquella ocasión, la Cámara autonómica aprobó por unanimidad una resolución en la que reconocía la necesidad de identificar y restablecer la dignidad de los asesinados durante la guerra y la posguerra en Galicia. Pero hasta ahora no se había dado un paso tan firme para que la comunidad tuviera su propia normativa sobre la recuperación de fosas y datos de represaliados.

Una de las principales acciones que prevé el texto presentado por los socialistas es la creación de un censo de desaparecidos en el que se registrarán los datos de las víctimas para facilitar su identificación. Otras comunidades contabilizan a los asesinados en la guerra desde hace años; algunas, como Cataluña, desde antes de que se aprobase la Ley de Memoria Histórica en 2007. El censo vendría a completar otras dos grandes propuestas: la creación de mapas de localización de fosas -avanzados en Cataluña, Aragón, Andalucía, País Vasco y Extremadura- y un banco de ADN que haga rápida y fácil la identificación de los cadáveres. Los socialistas proponen también la constitución de un comité técnico en el que estarían representados la Xunta, la Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp), profesionales de la historia, la arqueología, la medicina forense y el derecho y asociaciones dedicadas a la memoria histórica. Sus representantes serán escogidos por la Xunta cada cuatro años.

En Galicia están identificadas hasta el momento unas 100 fosas comunes con 400 cadáveres, un número muy inferior al de otras comunidades que Concepción Burgo atribuyó a la ausencia en la comunidad de “enterramientos masivos”. La portavoz de Cultura de los socialistas arremetió además contra la actual Xunta del PP por su “falta de compromiso” con la memoria histórica de Galicia. Burgo recordó el cambio de uso de la isla de San Simón -la Xunta anunció su conversión en un centro cultural de “referencia internacional” -, la paralización de los convenios entre la Universidade de Santiago y el Instituto de Medicina Legal para realizar exhumaciones y el recorte del presupuesto destinado a la investigación sobre la represión. El proyecto interuniversitario As vítimas, os nomes, as voces e os lugares, por ejemplo, vio disminuidas las subvenciones de la Xunta en 200.000 euros para este año.

El País.com vía google noticias

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Exhumación de fosa (foto de archivo)


Mendia dice que la «memoria histórica no es un ejercicio de nostalgia», sino de «justicia»…

julio 8, 2010

La portavoz del Gobierno vasco visitó ayer el campo de refugiados de Gurs, al sur de Francia, que dio cobijo a 6.500 vascos tras la Guerra civil.

08.07.10 – EL CORREO | BILBAO.

Mendia, con Raymond Villalba, en el cementerio de Gurs :: EL CORREO

La portavoz del Gobierno vasco homenajeó ayer en el campo de refugiados de Gurs, al sur de Francia, «a una generación que lo perdió todo por defender la democracia y la libertad». El centro dio cobijo a cerca de 6.500 vascos que huyeron de España tras la victoria franquista.
Idoia Mendia señaló que «recuperar la memoria histórica no es un ejercicio de nostalgia, sino de plena actualidad». Por un lado, indicó, «para hacer justicia al sacrificio de tantas personas que lucharon contra el fascismo» y para «recordarnos que, para que la barbarie no se repita, debemos prestigiar nuestras instituciones democráticas y hacer frente a nuestros problemas siempre mediante el diálogo y nunca mediante el recurso a la violencia».
La consejera de Justicia y Administración Pública fue acompañada por la directora de Derechos Humanos, Inés Ibáñez de Maestu, y por Raymond Villalba, presidente de la asociación Tierra de Memoria y Lucha, que trabaja para mantener viva la memoria de los exiliados.

El Correo Digital (Álava) vía google noticias

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