La 16º Ronda en Sol, 26 08 2010.

agosto 27, 2010

Con un calor infernal a las 20.00 h en Sol se han vuelto a oir los gritos de Verdad , Justicia y Reparación.La Ronda no ha parado en todo el verano. Se nota que los dias se acortan ya a las 21.00h.va anocheciendo..no importa la Ronda seguirá.Muchos turistas y curiosos a nuestro alrededor y repitimos incesantemente lo que exigimos.Al final nuestro minuto de silencio en respeto a nuestros familiares desaparecidos.También se compartió ese minuto de silencio  en memoria de nuestro compañero CEFERINO ALVAREZ FERNANDEZ importante miembro de la Memoria del Exilio, fallecido hoy 26 de agosto 2010, In memoriam.

Abriendo la Ronda los "Nuestros" ( la Memoria Viva). Foto PVRdCR

(El reportaje gráfico de Fuen, salvo las dos primeras, a pesar del entorno con publicidad mural descomunal refleja la afluencia masiva al acto).¡ Todos los jueves a las 20h en Sol!


La 15ª Ronda en Sol, 19 de agosto 2010

agosto 20, 2010

Los familiares de víctimas del franquismo han realizado, como ya es tradición todos los jueves, la Ronda de 20h a 21h en Sol, reclamando Verdad , Justicia y Reparación y que no queden impunes los crímenes del franquismo.

Una vez concluido el acto con el minuto de silencio en honor a las víctimas, culminado con Vivas a la República, los asistentes se dirigieron  a la plaza Stª Ana para rendir homenaje a Federico García Lorca delante de la estatua que le representa frente al teatro Español, recordando que nuestro poeta fue asesinado el 18 de agosto de 1936. Hubo poema y canto en su honor.

Paco Redondo recitando a Lorca

Fco. Román Hoter, con Paco Redondo, le salió del alma un canto a la tricolor en homenaje al Poeta


COMUNICADO: La Memoria Viv@ efectúa un pequeño parón estival…

agosto 15, 2010

Cerca ya  de cumplir nuestros dos años de actividad y como el verano pasado, después de más de 2.700 publicaciones, 318.765 entradas en el blog, más de 245.000 registros de Ip, de haber atendido casi un millar de consultas y de la participación en distintos actos, actividades y exhumaciones, nos disponemos a reducir nuestra actividad a mínimos para poder disfrutar de un pequeño descanso estival desde el día de hoy 15/08/2010 hasta el 01/09/2010.

Aún así os mantendremos algunas actividades como la asistencia los jueves a la  concentración de Puerta del Sol – Madrid y os mantendremos informados ante cualquier eventualidad o noticia relevante  que afecte al mundo memorialista. Las consultas y comentarios que nos dejéis serán atendidos paulatinamente a nuestro regreso.

Gracias a todos aquellos que colaboráis, nos seguís, sois usuarios de estas páginas y que formáis parte de este proyecto. Hasta pronto compañeros. Recordad que sólo muere aquello que olvidamos.

¡Salud, Memoria y República!

Asociación Independiente La Memoria Viv@

AVISO A NUESTROS USUARIOS


El Valle de la libertad…

agosto 15, 2010

Las torres de las iglesias de Unha y Salardú (izquierda), escenario de un tiroteo entre guerrilleros y guardias civiles.- JUAN MILLÁS

En octubre de 1944, 4.000 guerrilleros invadieron el Valle de Arán para liberar a España de Franco. Fue el hecho de armas más importante tras la Guerra Civil. Fracasó y se silenció. La novela ‘Inés y la alegría’, de Almudena Grandes, lo rescata ahora del olvido.

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS 15/08/2010

Vicente López Tovar fue comandante de la Operación Reconquista de España (Fotografía del libro 'Hasta su total aniquilación' (editorial Almena).-

No hay un alma en el puerto de la Bonaigua. Tan solo la montaña peleándose con las nubes bajas y una cruz herrumbrosa con una leyenda que ha perdido parte de las letras: “El Señor está contigo, Luis”. Desde estos 2.000 metros se entiende a la perfección lo que el Valle de Arán tiene de paraíso, castillo y ratonera. Hasta la apertura del túnel de Viella, a unos 40 kilómetros de aquí, la Bonaigua era la única conexión con la Península de esta comarca de la vertiente norte de los Pirineos, 620 kilómetros cuadrados de la provincia de Lleida que se rigen por sus propias instituciones tanto como por un clima propio. Aquí puede llover mientras al otro lado de la cordillera el sol luce a sus anchas.

La antigua quitanieves alemana, varada en lo más alto y rodeada ahora de bosta de vaca -la Peeter la llaman, abreviando su nombre: Scheefrase Peter-, empezó a funcionar, lo recuerda una placa, en 1944. En octubre de ese año, alrededor de cuatro mil hombres armados entraron en el valle por todos los lugares posibles, pero, sobre todo, por su puerta natural, Pont de Rei, la cómoda conexión con Francia que sigue el curso del río Garona. Habían salido de España al final de la Guerra Civil y combatido durante años en la Resistencia francesa. Muchos habían entrado en París con el general Leclerc y muchos más soñaban con entrar en Madrid. El partido comunista los convocó en Foix y Toulouse -la capital simbólica del destierro español-, formaron un ejército bajo las siglas de la Unión Nacional Española y llamaron a la operación Reconquista de España.

“Era ya el momento de que la liberación cruzase los Pirineos”

La historia y la geografía parecían de su parte. Cuatro meses antes, el 6 de junio, los aliados habían desembarcado en Normandía. Era el momento de que la liberación cruzase los Pirineos. Solo había que conseguir que los hechos consumados ayudaran a vencer las reticencias de las potencias internacionales. Se trataba de que el débil Gobierno republicano en el exilio se hiciera fuerte en el interior. Los adalides de la democracia tendrían difícil ignorar a un presidente legítimo instalado en su propio país. Ese presidente sería Juan Negrín, y la capital provisional, Viella, el centro político del valle. Habría que controlar la Bonaigua y el primitivo túnel de Viella, un estrecho agujero de cinco kilómetros de largo y todavía en obras. El invierno haría el resto. La nieve cerraría al ejército franquista los pasos menores y el tiempo correría a favor de la guerrilla. Entre tanto, la población se uniría a los libertadores y los aliados no tendrían más remedio que aportar a la República la ayuda que le habían negado entre 1936 y 1939. En el escudo del Valle de Arán hay una llave, y no es por casualidad.

Todo empezó bien. Terminó todo mal. Habían pasado apenas 24 horas desde la invasión cuando el castillo comenzó a transformarse en ratonera. Después de semanas de entrada de guerrilleros por Aragón y Navarra, una columna de hombres al mando del coronel Vicente López Tovar cruzó el Garona a las seis de la mañana del 19 de octubre. Después de asegurar el paso de Pont de Rei para recibir refuerzos y suministros o retirarse si llegaba el caso, en unas horas llegaron a Bossòst. Fue el lugar elegido como cuartel general después de una refriega con los militares. Entretanto, en el este de Arán, camino de Baqueira, los disparos cruzaban de pueblo a pueblo. Desde el campanario de Unha, los guerrilleros acosaban a los guardias civiles atrincherados con una metralleta en la torre de la iglesia de San Andrés, en Salardú.

Café de Fos, último pueblo francés antes de la frontera.- JUAN MILLÁS

Cuando la ofensiva principal, en su ruta hacia Viella, alcanzó Es Bordes, encontró la resistencia del destacamento militar acuartelado en el pueblo. La iglesia conserva todavía los impactos de bala en la fachada. En la puerta de su casa, a unos metros, Antonio Déo recuerda hoy los combates entre los guerrilleros y los soldados parapetados en la torre. Él tenía 12 años y su padre era el alcalde, conocía bien a los militares: “Ahí”, dice señalando una vivienda cercana, “cayó una bomba incendiaria. Ardieron dos casas más. Hubo resistencia, pero los soldados eran 100, y los maquis, casi 5.000”. Es difícil encontrar en el Valle de Arán a alguien que quiera contar sus recuerdos de la invasión. Eso sí, los que deciden bucear en sus recuerdos terminan relatando su vida. “Aquí hubo unos 15 muertos en total”, dice Déo, que sería concejal del pueblo a partir de 1968: “Antes había 500 habitantes, ahora no deben de pasar de los 120. Vivíamos de las vacas. Y de lo que se cultivaba. Ahora los que quedan trabajan fuera. Por eso el pueblo se queda desierto hasta la noche”.

“Para muchos araneses, la invasión de 1944 sigue siendo un tabú”

Algunos de los muertos de los que habla Antonio Déo están enterrados a doscientos metros escasos de la plaza del pueblo, en un cementerio con vistas increíbles al río Joue, que aflora en una cascada de película, 10 kilómetros más arriba, después de nacer en el Aneto. En una pared del camposanto hay una lápida que señala una fosa adornada con flores de tela. Lleva la fecha del comienzo de la invasión y una leyenda: “Los antiguos guerrilleros FFI [Fuerzas Francesas de Interior] a sus camaradas muertos en combate por la libertad”. Debajo, una tira de mármol nuevo ha añadido otra frase: “Y a los no identificados”.

En el valle, las tumbas son el único recuerdo del hecho de armas más importante ocurrido en territorio español desde la Guerra Civil. El Consejo de Arán, no obstante, tiene previsto señalar con paneles este mismo año los enclaves en los que queda algo de aquellos días del otoño de 1944: un nido de ametralladoras en Pont d’Arrós, la sede de La Caixa que centró los combates en Les, un búnker construido después de la invasión para proteger la boca del túnel de Viella, abierto al tráfico en 1948 después de que un batallón de prisioneros ayudara a terminar los trabajos que habían empezado en 1924.

Una lápida en el cementerio de Es Bordes recuerda a guerrilleros muertos en la toma del pueblo.- JUAN MILLÁS

Todo deberá estar listo antes de que el invierno vuelva inaccesibles muchos de esos lugares. Lo cuenta en su despacho del Consejo, en Viella, la historiadora Elisa Ros, que recuerda que para muchos araneses la invasión de 1944 sigue siendo un tabú: “La gente se encerró en sus casas y no quiso saber nada. Estaba cansada de la Guerra Civil y lo vieron como una vuelta a empezar. Hubo dos muertos civiles en un momento de descontrol, pero en general no hubo muchos atropellos”. La consigna de respetar a la población surgió del empeño de Juan Blázquez Arroyo, que tenía 30 años entonces. Su nombre de guerra era César, y su graduación, general de división del Ejército francés. Elisa Ros muestra en un catálogo el carné que le extendió la seguridad francesa: domiciliado en Toulouse, ojos y pelo negro, 1,75 metros de altura; rasgos particulares: le falta un dedo.

El general César había nacido en Bossòst y fue elegido alcalde de su pueblo en 1936. Era militar de carrera y había estudiado Derecho y Filología. En 1937 pasó al frente, y dos años más tarde, al exilio. Después de dirigir en Toulouse el Centro de Albergue de Intelectuales españoles refugiados, con la invasión alemana se unió a la Resistencia tratando de organizar a sus compatriotas. Fue uno de los fundadores de la Unión Nacional Española y terminó pasando por dos campos de internamiento. Evadido, volvió a la lucha. Los aliados le condecoraron diez veces. El Gobierno francés, con la Legión de Honor.

Blázquez Arroyo, César, fue el jefe de información de la Operación Reconquista de España. Dice Elisa Ros que, desde el principio, el militar era consciente de que la acción era “inviable”, pero que ante la insistencia de sus superiores aconsejó la entrada por el Valle de Arán. Era el lugar que menos riesgos comportaba y más fácil hacía la posible retirada. Muy mal se tenía que dar el invierno para que no se pudiera volver a Francia por Pont de Rei, el punto más bajo de la ratonera, un paso a tan solo 600 metros de altura en un laberinto de montañas de hasta 3.000.

El Nere a su paso por Viella, capital prevista para la República.- JUAN MILLÁS

“En la gente pesó más el miedo que las promesas de libertad. Pocos se unieron”

Pese a los desvelos del antiguo alcalde, en la gente pesó más el miedo que las promesas de libertad. Pocos se unieron a los guerrilleros. Muchos trataron de ayudar a sus vecinos guardias civiles. Sentado en el poyo de la ermita de San Roque, en Bossòst, Eugenio Marqués Bersach, 15 años en 1944, recuerda que “los maquis” buscaron durante días a los dos guardias de su pueblo, Canejan. Se habían escondido en una cueva, uno de ellos estaba casado con una chica del pueblo y su cuñado les llevaba patatas para que no murieran de hambre. “Comida, los maquis no nos pedían”, recuerda; “se la traían de Francia, pero la gente tenía mucho miedo. En parte por si había represalias por la guerra. Hay quien dice que se llevaron ganado. En mi pueblo, no. ¿Que si la gente habla de los maquis? Poco, pero acordarse se acuerda”. También él se acuerda. En Girona, durante el servicio militar -“del 51 al 52, el último año del racionamiento”-, se encontró con, dice el nombre de carrerilla, el teniente Francisco Torrado Contreras: “Me contó que él era el que había sacado a los maquis del valle. No sé si sería verdad, pero cuando se enteró de que yo era de aquí me quiso dar un enchufe para las oficinas, pero yo apenas sabía las cuatro letras. Una lástima. En mi casa hablaba aranés. El catalán lo aprendí durante la mili, en Camprodón; el castellano, en la escuela. Pero iba poco”. Había empezado como pastor a los nueve años. Así, dice con orgullo, se ganó el traje de la comunión. Entrado junio y hasta el 7 de octubre, feria de Salardú, se iba solo a la montaña con 600 vacas y dos perros. En invierno echaba una mano en casa a lo que saliera, cazando martas o cortando abetos. Trabajó hasta los 70 años. Ahora tiene 81. “Francisco Torrado Contreras era el nombre”, repite entre dientes.

Pero la verdad es que el nombre era José Moscardó Ituarte, capitán general de Cataluña. Visto el fracaso de la adhesión popular, a los guerrilleros les quedaban todavía dos objetivos, y tan difíciles como el primero: tomar la Bonaigua y conquistar Viella, la futura capital del Gobierno legítimo. Moscardó se encargó de dar al traste con ambos. Él y Ricardo Marzo, el general de la División de Montaña destinado a reforzar los Pirineos ante la evolución de la guerra mundial, y también ante los rumores de actividad guerrillera. Después de un momento de sorpresa que, según el relato de su propio hermana, llegó a sacar a Franco de sus casillas, los refuerzos del Ejército franquista llegaron a la Bonaigua antes que los republicanos, los contuvieron a las puertas de Viella y se hicieron con el control de las obras del túnel. En poco tiempo se desplegaron en el valle 50.000 efectivos. Solo quedaba Pont de Rei, la puerta de salida. Todo terminó el 27 de octubre, nueve días después de haber comenzado. Santiago Carrillo, alto cargo del buró político del PCE, se reunió en Bossòst con el coronel Tovar y dio la orden de retirada. A la mañana siguiente, los guerrilleros regresaron a Francia mientras a sus espaldas se iba cerrando la frontera y, de paso, los libros de historia. El episodio se convirtió en un párrafo desleído en los apéndices de algunos estudios sobre la Guerra Civil.

Luego, el silencio.

La escritora Almudena Grandes recaló dos veces en uno de esos párrafos. Estaba en las memorias de Manuel Azcárate, miembro de la dirección comunista que preparó la invasión. La primera vez pasó de largo. La segunda se convirtió en una obsesión. Buceó en los pocos libros disponibles sobre el acontecimiento -los de Fernando Martínez Baños, Daniel Arasa, Secundino Serrano y Francisco Moreno Gómez- y en las memorias y biografías de todos los que tuvieron algo que ver en él. Décadas de desmemoria habían hecho muy difícil el trabajo de los historiadores. Ni siquiera hay un censo oficial de bajas. Muchas fuentes coinciden en fijar en 129 muertos las pérdidas del bando guerrillero. Algunos añaden 240 heridos y 200 prisioneros. En el Ejército, entre tanto, los muertos habrían sido una treintena. Pero todo son versiones.

Me he tomado la libertad de dar mi versión porque no existe una oficial”

El agujero de la historia era tan grande que por él podrían volver a pasar otros 4.000 hombres. El silencio de muchos de los protagonistas era tan clamoroso que en él cabía una novela de 700 páginas. Esa novela es Inés y la alegría (Tusquets), el primero de seis “episodios nacionales” sobre la resistencia antifranquista. En la entrega inaugural, Almudena Grandes narra la historia de amor de una muchacha de familia conservadora que termina uniéndose a los guerrilleros instalados en Arán, un valle que, explica, solo visitó con la novela terminada: “Si voy antes, corro el riesgo de que la realidad se me imponga. Usé los mapas de Google, me hice unos planos con flechas y datos -mi gran obra de ingeniería militar- y los colgué en la pared. Mi hija se reía de mí… Luego fui y todo encajaba”. La mezcla de imaginación y documentación y la ausencia de testimonios sobre episodios concretos le permitió “volver al siglo XIX, inventar batallas; la de Vilamòs, por ejemplo”.

“Me he tomado la libertad de dar mi versión porque no hay una versión oficial”, dice la novelista. Junto a la trama amorosa, Grandes resume las claves de algo que pudo ser y no fue. Con personajes reales esta vez, el resultado es casi otra novela dentro de la novela: de espionaje, clandestinidad, supervivencia, crueldad diplomática y soberbia política. El choque de trenes entre, la frase se repite durante todo el libro, la historia inmortal y el amor de los cuerpos mortales: “129, algunos más o muchos menos, los soldados de la UNE que no lograron salir vivos de Arán, murieron para que nadie lo sepa”, se lee en Inés y la alegría. “La Historia con mayúsculas de los documentos y los manuales los ha barrido con la escoba de los cadáveres incómodos”.

Fue la incomodidad de muchos lo que cerró la puerta de la memoria. A Franco, que oficialmente trató siempre a los maquis de bandoleros, no le interesaba dar muestras de debilidad. La propaganda se encargó de ocultar que durante días la bandera republicana ondeó de nuevo en territorio español y que durante años su ejército no pudo hacerse con el control absoluto de los Pirineos. Los aliados, entre tanto, se desentendieron. De Gaulle, que no quería un segundo frente en el Sur, empezaba a ver como un problema a los miles de españoles armados que habían participado en la Resistencia y a Churchill le preocupaban casi más los comunistas que los nazis, que terminarían rindiéndose al año siguiente. Para entonces, Franco ya había declarado en una entrevista a la United Press que España nunca había sido fascista y que no tenía ninguna alianza con las potencias del Eje. La invasión del Valle de Arán fue declarado asunto de política interna y todos miraron para otro lado.

La dirección del partido comunista, por su parte, quiso, mientras pudo, nadar y guardar la ropa. En 1939, Stalin firmó con Hitler su tratado de no agresión y no quería a los dirigente del PCE en una Francia que terminaría siendo ocupada. Con el buró político dividido entre América Latina y la URSS, donde estaba Dolores Ibárruri, el partido quedó al mando de Jesús Monzón en territorio francés. Lejos de resignarse a sobrevivir, Monzón reconstruyó una organización tan numerosa como cohesionada que despertó en Moscú una mezcla de admiración y recelo. Él fue el cerebro de la Operación Reconquista de España. Con la invasión lanzada por el tobogán del otoño de 1944, Pasionaria ordenó a Santiago Carrillo, que se encontraba en el norte de África preparando la entrada en Málaga de un grupo de hombres armados, que se presentara en Francia. Durante días, todo fueron cautelas. No podían evidenciar que una maniobra así se había hecho sin que ellos estuvieran al corriente, por mucho que la consideraran una quimera, ni contribuir a que Monzón se llevara las mieles del triunfo si la locura era un éxito. Nadie movió un dedo para pedir a Stalin que lo moviera. El sueño iba camino de convertirse en pesadilla cuando se dio la orden de retirada. Nunca hubo una versión oficial, pero también el vacío tiene su traducción: durante los años que siguieron a la invasión, muchos de sus participantes fueron depurados por el PCE.

El penúltimo capítulo de una operación que “pudo haber cambiado para siempre el destino de España” fue, durante 60 años, el silencio. En él, dice Almudena Grandes, “perece la memoria de unos cuantos miles de hombres que arriesgaron su vida por la libertad y la democracia de su país. Ellos aportaron el único elemento íntegramente positivo de este episodio”. En su casa de Madrid, después de mover los hilos imaginarios de una trama llena todavía de sombras, la escritora recuerda que en la historia del partido comunista hay “suficiente grandeza” como para que se reconozcan sin miedo sus “miserias”. Luego vuelve por un instante al Valle de Arán, a octubre de 1944, y dice: “La llaman quimera, y en gran parte lo fue, pero podría haber sido otra cosa. Y fue tan efímera… Pudo ser importante y se deshizo en el aire…”.

‘Inés y la alegría’, de Almudena Grandes, se publica a primeros de septiembre en la editorial Tusquets.

El País.com


El último maquis llega a Venecia…

agosto 15, 2010

El filme ‘Caracremada’, de Lluís Galter, competirá en la próxima edición del festival…

ANNA FLOTATS – Barcelona – 15/08/2010

Ramon Vila, alias Caracremada dedicó los últimos 15 años de su vida a cortar torres de alta tensión con una sierra. Formaba parte de su solitaria rutina en el bosque, igual que comer, dormir o lavarse los dientes. El sabotaje a las centrales eléctricas fue la resistencia particular de este hombre indomable, hijo de casa pobre, activista obrero, encarcelado antes y durante la República, que fue el último maquis en Cataluña. El director Lluís Galter (Figueres, 1983) narra la vida de este guerrillero antifranquista en su ópera prima, Caracremada, que acaba de ser seleccionada para competir en el apartado Orizzonti de la 67ª edición de la Muestra Internacional de Cine de Venecia.

Galter no es un apasionado de la historia, ni tampoco un profundo conocedor de los maquis, más allá de los mediáticos Marcel·lí Massana y Quico Sabaté. Este joven estudiante de Comunicación Audiovisual estaba obsesionado con grabar una película inspirada en El mito de Sísifo, de Albert Camus. Un día, un amigo le hizo cambiar de idea: contar la filosofía del absurdo era demasiado abstracto. Necesitaba un personaje. Y entonces ese amigo le regaló la única biografía que existe de Ramón Vila. “Me interesaba mucho la parte invisible de su historia, la más clandestina”, cuenta Galter. En su película no hay disparos ni persecuciones. La imagen principal es Caracremada serrando torres de alta tensión en medio del bosque. Hizo de la resistencia su oficio. “Sabotear las centrales era su protesta contra la dictadura porque creía que así provocaría el caos y la caída del Régimen, era el acto individual de un hombre para resistir hasta la muerte”, explica el director.

En sus últimos años, Ramon Vila se dedicó a sabotear líneas eléctricas

Según la biografía publicada por Josep Clara, Ramon Vila Caracremada, el darrer maqui català, el protagonista de la película de Galter nació en Peguera (Berguedà) en 1908 y conoció la represión obrera trabajando de minero. Se afilió a la CNT y al poco tiempo ya lideró un grupo armado en una revuelta libertaria en la cuenca del Alt Llobregat. Hizo la guerra en la columna de Hierro y después, en el exilio francés, luchó contra los nazis. Tras la liberación, quiso volver a Cataluña para proseguir una obstinada lucha contra el franquismo. Pasó sus últimos años de vida escondido en el bosque, saboteando tendidos eléctricos hasta que, en 1963, la Guardia Civil lo abatió a tiros en Castellnou del Bages.

Ambientada en estos bosques de la Cataluña Central, el filme de Galter nació de manera casual entre cuatro amigos de facultad que acabaron siendo 30. Se empezó a rodar “con un presupuesto irrisorio” y sin una productora detrás, pero con las cámaras en marcha, el productor Paco Poch se interesó por el proyecto. Igual que varios Ayuntamientos catalanes, la Diputación de Girona, el Consell de les Arts, Memorial Democràtic y el Museo del Exilio de La Jonquera. TV-3 ha comprado los derechos de antena de la película, que también se presentará, aunque sin competir, en el Festival de San Sebastián.

El Caracremada del siglo XXI lo interpreta Lluís Soler. “Pensamos en él desde el primer momento porque sus facciones se parecen ligeramente a las de Ramón Vila”, opina Galter. El maquillaje solo sirvió para desfigurarle sutilmente la cara. Cuentan leyendas sin mucho fundamento que Caracremada debe su apodo a un rayo que cayó encima de su casa o a una caída infantil sobre un brasero. La película apenas tiene diálogo y la mayoría de personajes están interpretados por gente corriente, porque “sus rasgos y sus miradas lo dicen todo”.Todavía sin fecha de estreno es España, Galter ve la nominación en Venecia como la oportunidad de dar a conocer su película -que competirá en el apartado de nuevas tendencias con Guest, de José Luis Guerín- y potenciar su distribución. “Es una lástima que el filme guste más en Italia, donde ni les va ni les viene el tema de los maquis, que en España o Cataluña”, denuncia Galter. Aun así, el director puntualiza: su película es local, pero no localista, porque la manera de contarla, desde la filosofía del absurdo, “es universal y se entiende en todo el mundo”.

El País.com

Ramón Vila "Caracremada"


¡Que hay personas debajo, señores!

agosto 15, 2010

Por Miguel Ángel Rodríguez Arias

Que hay personas debajo, señores!. Con esa gráfica expresión que hago mía recibieron Delphine Crespo y los activistas del grupo de “Barcelona contra la impunitat”, en su página Factbook hace unos días, las informaciones publicadas en distintos medios sobre la construcción de una urbanización y un parquecito sobre el probable emplazamiento de la tumba de Federico García Lorca y otros “paseados” en la localidad granadina de Alfacar, Granada.

Informaciones y desconcierto agravado, si cabe, con aquellas primeras declaraciones desorientadas en El Pais por parte del Comisario Andaluz de la Memoria Histórica, Sr. Juan Gallo – seguramente consciente de la dimensión de los hechos y de que algo habría que decir – : “(…) puede haber fosas o no. Para proteger la zona tenemos que tener seguridad” sostenía…así que como no tenemos pues construyamos felices, le falto decir al parecer. (Contrástese: El Gobierno niega que pueda proteger las zonas de fusilamientos de Alfacar. El Ayuntamiento aprovecha la falta de restricciones para edificar:

http://www.elpais.com/articulo/andalucia/Gobierno/niega/pueda/proteger/zonas/fusilamientos/Alfacar/elpepiespand/20100728elpand_2/Tes

Tela. Marinera no, más.

¿Entenderá algún día el Sr. Gallo que es al revés, que si no se sabe seguro si hay personas o no debajo, es una auténtica bestialidad que se meta pala y cemento?

¿Que lo civilizado es asegurarse primero de que no hay nadie debajo antes de construir?

¿Que, como he reflexionado más ampliamente en otro lugar, lo de “enterrar a los muertos” – sin construirles casas, ni parques o ninguna otra cosa encima – forma parte de la civilización más elemental ya desde las «siete Obras de la verdadera Misericordia» del antiguo Egipto?

No le faltó de nada al Sr. Gallo al sostener también que dicha protección brindarse además “a petición de los familiares de las víctimas” Una y otra vez el mismo argumento de la impunidad, y habrá que explicarlo a la ciudadanía cuantas veces haga falta: a los familiares de las víctimas de Franco no les compete asumir las responsabilidades y funciones del Estado en ningún caso.

Y el mismo rechazo por ese tipo de comportamientos desatinados, y que crean desatino, vaya para la alcaldesa socialista de Alfacar, la Sra. Fátima Gómez, que ni corta ni perezosa, aprovechó la insuficiente protección de aquel lugar para abrir las puertas a la edificación.

Porque, por si no lo sabían, el Ayuntamiento que ha permitido que se eche cemento sobre el posible emplazamiento de la fosa de Federico García Lorca no es del PP, como erróneamente hubiésemos podido pensar a la vista de lo sucedido en Málaga y en otros lugares en estos días, – aunque entre los ayuntamientos protagonistas, por cierto, también en el ayuntamiento de Cáceres donde la alcaldesa del PSOE, Dª María Carmen Heras Pablo, mantiene ya durante largo tiempo retirada la lápida con los fusilados de aquel cementerio (Cementerio de Cáceres: La lápida de los fusilados sigue desaparecida, linkear:

http://armhex.blogspot.com/2010/07/cementerio-de-caceres-la-lapida-de-los.html

Que va. En Alfacar es a un Ayuntamiento del PSOE al que le ha parecido que lo mejor que se podía hacer con el posible emplazamiento de la fosa clandestina de Federico García Lorca era construir encima una urbanización antes de estar completamente seguros de que ello no es así. Y ello en una Comunidad Autónoma del PSOE, la andaluza, la que según parece no le ha puesto objeción alguna al Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) del municipio que preveía hacer esto desde hace varios años, según declaraciones de la alcaldesa.

Y eso ya sería injustificable incluso antes de que el Sr. Gallo quisiese echar balones fuera con declaraciones inciertas como las suyas. Lo que ha provocado que tenga que enmendarle la plana su superior, el Consejero de Gobernación y Justicia, Sr. Luis Pizarro, que ya se ha encargado de decir que, por supuesto, que la Junta asumirá su responsabilidad de proteger… de proteger lo que quede “del resto” de la zona, al margen de la edificación ya desarrollada, le ha faltado decir…

No me digan que si no fuese porque se está poco menos que profanando lugares de enterramiento clandestino de víctimas brutalmente asesinadas – y brutalmente tratadas ahora también por Ayuntamiento de Alfacar y Junta de Andalucía –, si fuese otro el tema, no resultaría hasta entretenido seguir pendientes de las nuevas peripecias, declaraciones y contra declaraciones, del Sr. Juan Gallo, alto representante, como se ve, para la Memoria Histórica de la Junta de Andalucía, que resulta que al final sí que podía hacer algunas cosas al parecer sin tener que descargar sus responsabilidades en las familias de las víctimas, pero D. Juan no se acordaba…

¿Qué se puede decir ante todo ello?, ¿Cómo se ha podido construir en un lugar de la memoria como ese y en tales condiciones, encima de Federico García Lorca y todos ellos?.

http://www.larepublica.es/spip.php?article20931

Enlace fuente de la noticia: Foro por La Memoria:

http://www.foroporlamemoria.info/2010/08/%c2%a1que-hay-personas-debajo-senores/


Homenaje a un aviador…

agosto 15, 2010

Álava recuerda a José Martínez de Aragón, el piloto republicano que logró el aeropuerto para Vitoria.

PEDRO GOROSPE – Bilbao – 13/08/2010

Un suave olor a romero evoca en el Paseo del Aeropuerto, en el barrio vitoriano de Salburua, el lugar en el que nació la aviación comercial en Álava. Una misa en la ermita de San Vicentejo, a la que acudió el diputado general alavés, Xabier Agirre, sirvió ayer para recordar la muerte en 1935 del piloto republicano, José Martínez de Aragón. Sobre el papel, ambos hechos no guardan ninguna relación. Sin embargo, se hallan íntimamente relacionados. El aeropuerto vitoriano nació gracias al piloto, pese a que el aviador republicano falleció sin llegar a verlo.

El segundo aeródromo que tuvo la capital alavesa, tras el primer campo de Lakua, que ha pasado a la historia como Aeropuerto General Mola, fue bautizado en 1935 como Aeropuerto José Martínez de Aragón. Sin embargo, el fallecimiento del general franquista el 3 de junio de 1937 cuando su avión se estrelló durante un temporal regresando a Vitoria dejó al piloto republicano en el olvido.

El homenaje que ayer, como cada 12 de agosto, le brinda la Diputación alavesa supone un pequeño tributo a una gran aportación del aviador, quien no solo peleó para dotar a Vitoria y a toda la provincia de una instalación aeroportuaria, sino que además donó muchos terrenos de su familia para que el proyecto pudiese finalmente salir adelante.

Junto al jardín aromático que recuerda hoy el desaparecido aeropuerto no existe, sin embargo, ninguna referencia al piloto. La estructura de una avioneta realizada con tubo de acero y una manga de viento forman el único guiño a aquellos días en los que volar seguía siendo una aventura incierta, una aventura que al pionero alavés le costó la vida.

José Martínez de Aragón no pudo esperar a que el tiempo mejorase aquella mañana de 1935. Le habían comunicado que el Gobierno republicano había dado ya luz verde a la construcción del aeropuerto de Vitoria y con uno de sus copilotos inició el viaje a Madrid. Algo se torció cuando volvía con el documento administrativo que autorizaba el inicio de las obras. Y en un accidente sobre el que no existe demasiada información, Martínez de Aragón falleció.

Sin embargo, ese mismo año de 1935 los trabajos en la pista de aterrizaje concluían y los primeros aviones comenzaron a llegar a la capital alavesa.

El aeropuerto fue inaugurado poco después con su nombre con el objetivo de sentar las bases de una incipiente industria aeronaútica. El inicio de la Guerra Civil, sin embargo, lo transformó en un aeropuerto militar. El campo se hizo famoso en 1937 porque sirvió de base a los aviones de la Legión Cóndor alemana que bombardearon Gernika. El lunes 26 de abril de ese año, a las 16.30, despegaron de allí cuatro bombarderos Heinkel He-111, una escuadrilla de Junker Ju-52 y otra de caza Messerschmidt que lanzaron más de 40 toneladas de bombas contra la villa foral.

El País.com