Un detective cree haber hallado a uno de los bebés ‘desaparecidos’ en La Línea años atrás…

agosto 7, 2010

El investigador dice que podría tratarse de un varón nacido en una clínica privada en 1962…

Juan Cisneros, fiscal jefe.

SORAYA FERNÁNDEZ / LA LÍNEA |

Las pesquisas de un detective privado, Rafael Pérez Carrasco, le habrían llevado a encontrar con vida, según afirma, a uno de los bebés presuntamente desaparecidos al nacer en La Línea y otras localidades gaditanas en torno a los pasados años 60 y 70.

Tras ser contratado por las hermanas Díaz Carrasco, las primeras en denunciar la supuesta desaparición de su hermano recién nacido en el hospital de La Línea en 1967, este investigador se ha prestado a colaborar desinteresadamente con estas familias, cada vez más numerosas.

Del caso sobre el que el detective abriga estas esperanzas ya tiene constancia la Fiscalía de Algeciras, que ha abierto diligencias para investigar qué pudo ocurrir con estos recién nacidos. Las familias sospechan que fueron vendidos o dados en adopción a otras con más poder adquisitivo.

Este hombre, de ser ciertas las sospechas de este investigador, debería tener hoy 48 años. Nació en 1962 en una clínica privada de La Línea. Llegó sano al mundo y todo parecía ir bien. Si bien y nuevamente, como se repite en la mayoría de estas historias, transcurridas unas horas le dieron a la madre la mala noticia de que el niño había fallecido. Los padres no vieron el cuerpo del bebé fallecido, sólo un ataúd blanco y un cochero que lo llevaba a enterrar al cementerio. Como en todas las ocasiones que han salido a la luz pública hasta ahora, el entierro de este bebé no consta en el cementerio. Rafael Pérez cree que fue adoptado por una familia y que ha dado con él: “Creo haberlo encontrado. Todas las investigaciones me llevan a él pero la familia biológica, en caso de serlo, no quiere continuar, no quiere saber nada. Yo defiendo el derecho que tiene este hombre a saber realmente quién es. Estoy dispuesto a hablar con él y si quiere, que se someta a las pruebas de ADN”.

Este detective reconoce que todos los casos plantean dudas razonables sobre si los bebés siguen vivos. “Todos nacieron sanos y murieron horas después. Los hospitales les dijeron a las familias que se encargaban de los entierros pero no consta que recibieran sepultura y no hay apenas documentación sobre los ingresos hospitalarios de aquellos años”.

Por otra parte, el fiscal jefe de Algeciras, Juan Cisneros, aún no ha llamado a declarar a las familias denunciantes; probablemente lo hará en septiembre. Cristina Díaz Carrasco, una de las primeras denunciantes, junto con su hermana, afirma que no van a tirar la toalla: “Estamos totalmente dedididas a continuar”.

Enviado por Miguel Ángel Rodríguez vía Faceboock


Se salvó de la muerte y su testimonio abrirá una importante fosa del franquismo…

agosto 7, 2010

Poco antes de ser fusilado consiguió escapar, pero siempre supo donde habían dejado los restos de sus compañeros. Los familiares de las víctimas llevan años luchando por abrir una de las fosas más importantes de Aranda del Duero. Este sábado su sueño se verá cumplido gracias a las indicaciones del ‘topo’.

NUEVATRIBUNA.ES – 06.08.2010

Sixto Adrián ya tenía su sentencia de muerte. Sabía que le quedaban unas horas para ser fusilado. Sin embargo, el destino se dio la vuelta y antes de que la bala tocara su cuerpo consiguió escapar de su sepultura. Sus compañeros no tuvieron la misma suerte y sus cuerpos cayeron derrotados en una fosa de Aranda del Duero.

Las víctimas eran los vecinos de Sotillo de la Rivera, asesinados por la Guardia Civil. Sixto, el único testigo de la tragedia se convirtió en un ‘topo’ y se mantuvo durante siete años escondido en los bosques, pero no dudó en avisar a las familias del lugar donde habían tirado a sus muertos.

Gracias a las indicaciones de Sixto Adrián, este sábado, los familiares de los vecinos de Sotillo de la Rivera podrán abrir la fosa, hacer su merecido duelo, y darles el entierro que se merecen. “Hace tiempo que queremos abrir esta fosa, es una de las más importantes”, declaraba José Ignacio Casado, coordinador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en Burgos.

Desde 1938 se conocía el paradero de estas víctimas de a Guerra Civil.”Incluso en el año 38, cuando se hizo el campo de aviación, por eso se conoce el paraje así, hubo un aeródromo que se utilizó para despegar y aterrizar bombarderos del bando nacional, tuvieron que hacer un camino, dieron con aquella fosa y tuvieron que hacer una curva justo en el sitio donde ellos estaban. Estas son las referencias que nosotros teníamos. Era un sitio muy concurrido donde la gente, los braceros, iban a trabajar y siempre se ha conocido que allí estaba la fosa”, ha señalado José Ignacio Casado.

NI TRABAS VECINALES, NI JUDICIALES

El coordinador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en Burgos, ha aprovechado la apertura del sábado para recordar los obstáculos con los que se encuentran a la hora de abrir fosas. En esta ocasión la suerte ha estado de su parte: “Menos mal que la fosa esté fuera de fincas privadas, a escasos 20 metros de una, pues en la finca contigua intentaron abrir otra fosa la semana pasada y, los dueños se negaron en redondo a que pudiéramos entrar en ella”, ha explicado.

La Ley de la Memoria Histórica tampoco ha servido de nada en materia de fosas. Los juzgados territoriales no se mojan. Casado lo confirma: “De las más de de más de 400 personas que han encontrado por la zona, sólo una vez se personó el juez y abrió diligencias”.

Casado denuncia que tanto antes como después de la Ley de Memoria Histórica, si aparecen restos humanos, “un juez tiene la obligación de acudir al lugar donde se encuentran esos restos” y, si no lo hace “está cometiendo una dejación absoluta de sus funciones, y más teniendo en cuenta que estas personas murieron violentamente”.

“Además, eso es extremadamente peligroso porque, ¿qué método utiliza el juez para saber si son muertos de la Guerra Civil o no? Porque una vez aparecieron cuatro personas cuando iban a construir un chalet y resultó que fueron asesinados en los años 70. Estamos hablando, no ya de que se abran unas diligencias para saber quien los asesinó, sino que el juez siempre está obligado a hacer las diligencias mínimas para levantar el cadáver”, ha remachado.

Nueva Tribuna.es


Ni perdón, ni olvido…

agosto 7, 2010

ANTONIO MORA PLAZA

¡Ay si pudieran volver atrás en la historia los Aznar, las Aguirre, los Oreja, las Ritas y los Arenas, de qué cosas serías capaces con tal de quitar el aborto, el divorcio, las bodas homosexuales, con tal de eliminar a rojos, ateos y nacionalistas! ¡Con tal de volver al rezo y la oración diaria y obligatoria en los colegios! ¡Con tal de volver al Cara el Sol, al yugo y las flechas y a las Montañas Nevadas!

J. M. Aznar, Ana Botella, M. Rajoy, Esperanza Aguirre y A. Gallardón

NUEVATRIBUNA.ES 01.08.2010

Cuando oigo y veo a los Aznar, a las Aguirre, a los Oreja, a las Ritas, a los Arena, me vuelve a la memoria los tiempos en los que, de niños, cantábamos el Cara al Sol en un colegio de Ventas, barrio de Madrid, de los curas de los Hermanos la Salle. Y espero que sólo sea un recuerdo y no una premonición. Asocio también, apenas sin esfuerzo de la imaginación, los bolsos de Louis Vuitton de la Rita Barberá y los trajes impolutos y gratuitos de F. Camps con los regalos que nos hacían a fin de curso ciertas mujeres de una nobleza venida a menos a nosotros, los hijos de los pobres, aunque no pobres de solemnidad. No reniego de ellos, de los regalos y no puedo ocultar mi agradecimiento por semejante acto de caridad, porque a los ricos no les gusta pagar impuestos, pero a veces lo compensan con la caridad cristiana-vaticana: da lo que te sobra a los pobres, que a pesar de ser lo que te sobra, para los pobres es mucho. Esa la gran ventaja de ser pobre, que te den lo que te den siempre parece mucho, necesario e inmerecido. Habían ganando la guerra in-civil, salió triunfante su golpe de Estado, su genocidio posgolpista cuando el bando nacional del Invicto había tomado sus últimas posiciones. Se sentían generosas estas damas de rezo y sacristía, mientras sus maridos, con sus altos cargos en el Movimiento y en el Estado, liquidaban durante años y años a republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas, masones o, simplemente, personas de la cultura, de la intelectualidad y de la ciencia. ¡Ojalá que los fantasmas de sus crímenes nunca les dejen descansar!

La doble moral había ganando. Casi siempre gana la doble moral, porque para eso prepararon e hicieron la guerra, para imponer su moral a los pobres, con la colaboración de la Iglesia católica-vaticana, porque en eso la Iglesia, al menos desde los Borgia, es una experta; lo es en criminalidad y en lo de la doble moral. Los pobres no podíamos divorciarnos, ni abortar; las relaciones entre personas del mismo sexo eran delito con el BOE en la mano, que para eso la iglesia católica-vaticana ha tenido siempre a mano el brazo secular de la ley, la inquisición y las hogueras, y en el 36 y posteriores, las cunetas, los pelotones, las fosas comunes, y hasta las plazas de toros. Pero ellos, mejor dicho, sus hijas, sus mujeres y sus queridas, tenían Londres o Suiza para el aborto, porque con arrepentirse o confesarse con el curilla de turno tenían licencia para pecar de nuevo: la doble moral, es decir, el cinismo y la hipocresía les salvaban del fuego eterno.

Mi padre estudió en el Colegio Virgen de la Paloma, en Madrid, colegio que para los franquistas de la posguerra, colocados ellos en las instituciones y en el funcionariado por fuer de su adicción al régimen, era un nido de rojos y masones. Lo era porque sus profesores procedían de la Escuela Normal de Maestros y del Instituto Libre de Enseñanza, instituciones que creo la II República para poner la enseñanza a la altura de los tiempos. Mi padre tuvo enormes dificultades para encontrar trabajo porque el pecado de estudiar en ese colegio era un baldón que los franquistas y falangistas -que muchos eran jefes de personal en la empresas- no podían soportar. Nunca le reconocieron el título de bachiller: tuvo que venir la democracia para ello. Al final mi padre encontró un trabajo por la mañana y otro que se buscó -hoy se diría autónomo- por la tarde. Trabajó décadas más de 14 horas diarias. Mi madre, cuando se casó con mi padre, tuvo que irse desde el centro de Madrid a un pueblo cercano de la capital que no tenía agua corriente y vivir en una casa llena de humedades. Ya se sabe que, al menos durante algún tiempo, la Obra Social sólo alcanzaba a los adictos al régimen.

Leyendo el libro de Paul Kennedy, Auge y caída de las grandes potencias, me viene una reflexión quizá nada original: las batallas se pierden o se ganan, pero las guerras las perdemos siempre los mismos, estemos del lado que estemos. La nuestra, además de una cruzada de los católicos, tanto de civil como de militar, fue una guerra de rapiña. Los vencedores, al menos un buen puñado de ellos -muchos de ellos meros desertores del arado-, se quedaron con lo que dejaron o les quitaron a los exiliados, a los fusilados, a los encarcelados. También tuvieron como ¿recompensa? que irse a trabajar a Alemania: los vencidos sólo tuvieron esta segunda opción. ¿Y quieren que les perdonemos? Nunca. No está en nuestras manos perdonar sus crímenes, sus 40.000 años de dictadura, que diría Forges, durante la cual siguieron asesinando, exiliando y encarcelando. ¡Qué pidan perdón a su dios! Que nuestros padres o abuelos les hayan perdonado, consentido, y hayan convivido o coexistido con gentes de semejante ralea es cosa de nuestros padres o abuelos. Nosotros, sus hijos y sus nietos, pensamos de otra forma. Pensamos que son ellos los que tienen que pedir perdón por lo que hicieron. Quizá no lo hagan porque en el fondo saben que nosotros, los hijos y los nietos de los vencidos, no les vamos a perdonar nunca. Nunca. Aunque estuviera en nuestras manos. Convivimos con ellos por imperativo legal y porque somos infinitamente mejores. Sabemos donde están y sin embargo los consentimos y los coexistimos, pero ni perdonamos ni olvidamos. Sabemos que muchos estáis ahí, escondidos entre el voto del Partido Popular, entre su militancia, pero no os preocupéis, que no somos como vosotros. ¡Ay si pudieran -si pudierais- volver atrás en la historia los Aznar y los Fraga, las Aguirre y los Oreja, las Ritas y los Arenas, de qué cosas seríais capaces con tal de quitar el aborto, el divorcio, las bodas homosexuales; con tal de eliminar a rojos, ateos y nacionalistas!; ¡con tal de volver al rezo y la oración diaria y obligatoria en los colegios!; ¡con tal de volver al Cara al Sol, al yugo y las flechas y a lasMontañas Nevadas! Pero saben que ya no lo conseguirán porque tuvieron -tuvisteis- 40 años para imponerlo durante los próximos 1000 años y no lo lograron, por más FAES (y de las JONS) que monten, por más golpes de Estado institucionales que den a la ONU (Aznar, guerra de Irak) o a la misma Constitución (el mismo por la misma causa); por más que de los suyos coloquen en los tribunales del poder judicial, en el Supremo o en el Constitucional.

Hay al menos dos Españas, en efecto, pero no la España de derechas o de izquierdas, o la España de los nacionalismos, sea periférica o españolista. De esto algo hay, en efecto, pero hay sobre todo la España de los vencedores y de los vencidos, la España de la razón de la fuerza y la España de la fuerza de la razón. Vencieron -vencisteis- los de la primera: ahora toca la victoria incruenta de la segunda, la de la justicia universal y la de la reparación histórica, la de la III República Federal y definitiva. No vamos a apaciguar vuestras conciencias -conciencias a veces heredadas, malas conciencias a veces decididas a serlo- hasta que no traigamos la III República, a pesar de que sabemos que volverías a matar para impedirlo… si pudierais. Pero ya no podéis volver a las armas ni tampoco os dejaríamos. Hemos aprendido la lección. Sabemos que no nos daríais ni la justicia, ni la paz, ni el perdón, lo mismo que no se lo distéis a la República de D. Manuel Azaña, a pesar de que sois vosotros quienes tenéis que perdonar. ¿Venganza? No, nunca, porque nos repugna ser como sois y fuisteis, nos repugna utilizar vuestras armas, no sabemos ser como vosotros. Además, no merecéis ni la venganza. Ahora, con las nuestras, con la razón, la justicia y la historia, tenemos para recuperar lo que nos quitasteis. Espero no parecer ingenuo. Si queréis reparar lo que hicisteis, primero la III República y luego, ya veremos.

Antonio Mora Plaza – Economista

Nueva Tribuna.es


Memoria de un periodista…

agosto 7, 2010

LIDIA FALCÓN

Cuando se cumplen cien años del nacimiento de Miguel Hernández recuerdo que en la Semana Santa de 1966 Eliseo Bayo y yo sacrificamos nuestros pocos días de asueto y nos fuimos a Orihuela, que no era nuestra patria pero sí la de Miguel Hernández, porque queríamos sacarle del olvido en que la dictadura y sus corifeos pseudointelectuales lo habían hundido. Una semana que nos conmovió a quienes nos sabíamos sus versos y su triste biografía de memoria.
El primer reportaje que sobre Miguel Hernández se publicó en España en aquellos peligrosos años lo escribimos nosotros y se publicó en la revista Destino de Barcelona, que entonces constituía un pequeño refugio de rojos. Visitamos la casa de sus padres, nos entrevistamos con sus hermanos y cuñadas, conversamos con los amigos que lo ayudaron y con los próceres de la ciudad que lo persiguieron, fotografiamos el colegio, la iglesia y los campos de cabras donde se forjó la infancia de Miguel. La viuda y su hijo vivían en Alicante entonces y no querían hablar con nadie, perseguidos todavía por el odio franquista. Fuimos hasta el cementerio de Alicante y el vigilante nos guió hasta su nicho, que exhibía únicamente dos palabras en la lápida: “Miguel Hernández”, de la cual aún guardo la fotografía. Ni siquiera constaba la fecha de su muerte. A pesar del riesgo que corrimos y que desafió la revista, no tuvo eco aquel trabajo. Durante este tiempo han aumentado los trabajos sobre la obra de Miguel, incluyendo la serie que se filmó en los nefastos tiempos de la televisión de Aznar, donde se le humillaba y minimizaba. Han debido pasar 44 años para que se cumpla su centenario y al fin eclosione el entusiasmo que todos sentimos por la obra y la vida de Hernández en congresos, conferencias, revistas, libros. Ninguno de ellos recoge aquella primera, valiente y novedosa aproximación a la vida del poeta y a la obra del militante comunista, que no por breve y autocensurada como correspondía al momento deja de tener su mérito.
Leo el número de La República de las Letras, revista dirigida por Andrés Sorel, donde se recogen 20 trabajos literarios, históricos y biográficos sobre el poeta y constato que en ninguno de ellos se menciona a César Falcón, mi padre, el periodista y escritor peruano que vivió en España 20 años y luchó por la República y el socialismo invirtiendo en ello todo lo que tenía: su prestigio como intelectual, su trabajo como periodista, su libertad, que perdió en varias ocasiones, su supervivencia económica, y que concluyó finalmente en el exilio. Falcón conoció y protegió a Miguel, un muchacho recién llegado a Madrid cuando mi padre ya había sido corresponsal de El Sol en París y en Londres, y colaboraba en Blanco y Negro, y más tarde perteneció al Comité Central del Partido Comunista. Mi padre fue director del periódico Mundo Obrero, publicó novelas, escribió obras de teatro, montó y dirigió durante varios años el Teatro Proletario, la versión revolucionaria de un teatro popular frente al elitista de La Barraca, del que hoy se han querido olvidar, y estuvo en primera línea de fuego con el primer programa de radio que creó con el nombre de Altavoz del Frente y que transmitía las noticias de la guerra. Para el muchacho que era Miguel, Falcón fue su amigo al llegar a Madrid, su maestro en el periodismo y su avalador en el partido. Frente a la hostilidad que le mostró García Lorca, desde su pedestal de poeta exquisito, mi padre admiró y apoyó a Hernández. El compromiso militante que no todos los intelectuales de la época asumieron, unieron a Falcón y a Hernández, que más tarde se encontrarían en el frente, donde uno en su juventud luchaba con las armas y el otro en su madurez con las palabras. Ninguno de los eruditos colaboradores de La República de las Letras lo conoce e incluso alguno atribuye Altavoz del Frente a otro periodista.
Todavía más sorprendente es que ni aún se le mencione en la ponencia publicada en el libro, dirigido por Julio Rodríguez Puértolas, sobre los periodistas y escritores latinoamericanos que estuvieron en España durante la República y la Guerra Civil, de la que es autor Teodosio Fernández Rodríguez. No puedo decir que tal ninguneo me haya sorprendido. Exceptuando a Gonzalo Santonja, que escribe con verdadera erudición sobre los intelectuales que defendieron la República y que publicó una hermosa semblanza de César Falcón en Diario16, nadie más le cita y quizá ni siquiera le conoce.
Bien sé que el viento de muerte que se abatió sobre España mató, con la mejor gente de nuestro pueblo y de nuestra intelectualidad, también el recuerdo y envileció la historia. Pero en estos años, los que dirigen el país no sólo no han mostrado reconocimiento ni gratitud por aquellos que lucharon y murieron por construir un país que les permitiera a ellos sentarse en los sillones del Parlamento, de los gobiernos y de las cátedras, sino que han elevado a la fama y al reconocimiento a mediocres personajillos, cuando no corruptos, a los que se les conceden las canonjías, los puestos de mando, los sustanciosos sueldos y los premios. Cierto es que la primera ingratitud es la del Partido Comunista, que nunca ha reivindicado la figura y el papel que cumplió César Falcón durante tantos y difíciles años, pero los profesores e investigadores que se especializan en descubrir la verdadera y oculta historia de nuestro país no tienen derecho a ignorar que César Falcón fue uno de los intelectuales más afamados de la España de los años veinte y treinta, que luchó contra el fascismo invirtiendo en ello su tiempo y su libertad y que hizo más por conseguir que la democracia se implantara en nuestro país que muchos de ellos.

Lidia Falcón es periodista y escritora.

Ilustración de José Luis Merino

Público.es:

http://blogs.publico.es/dominiopublico/2251/memoria-de-un-periodista/