El crimen contra la humanidad de los “niños perdidos” del franquismo y el silencio irreal del PSOE…

agosto 8, 2010
Análisis de Miguel Ángel Rodriguez Arias para LA REPÚBLICA.

“La apropiación de niños y niñas durante las últimas dictaduras militares en Argentina y Uruguay fue una práctica corriente y sistemática. Las fuerzas armadas y otros represores, amparados en el Estado, secuestraron a cientos de niños y niñas, los separaron de sus familias biológicas y los entregaron a otras “no subversivas” (en algunos casos las de los asesinos de sus propios padres) (…) La tarea de restitución de la identidad de cada uno de estos niños y niñas que fueron ilegítimamente apropiados, hoy jóvenes, cuenta con el apoyo de todas las fuerzas sociales, democráticas comprometidas con la justicia, porque constituye la violación, por parte del Estado, de uno de los derechos humanos fundamentales: el de conocer su origen y tener una identidad que no haya sido falseada(…)”.

Sé que sorprenderá al lector pero en tales contundentes términos se expresaba nada menos que Leire Pajín – actual Secretaria de Organización del PSOE – no hace muchos años, en uno de los libros de las Abuelas de Mayo y otros colectivos de lucha a la impunidad en Argentina.

Qué extraño que teniéndolo tan claro todavía no haya comentado nada del caso español. No, si al final vamos a tener que renacionalizar a todas nuestras víctimas como argentinos como decía el Gran Wyoming.

Será que ella, como el resto del PSOE, no se ha enterado de la Resolución de 17 de marzo de 2006 del Consejo de Europa, con su histórico “Balance de Crímenes de la Dictadura franquista”, declaración de condena internacional cuyo único antecedente comparable serían las distintas resoluciones contra el régimen “fascista” franquista por parte de la Asamblea General de Naciones Unidas en 1946, cuando se denegó inicialmente la entrada de España en dicha organización antes de la lógica bipolar.   Así, y como expresa con contundencia dicho Balance en sus puntos 72, 73, 74 y 75:

“72. Los “niños perdidos” son también parte de las víctimas del franquismo se trata de hijos de presas cuyos apellidos fueron modificados para permitir su adopción por familias adictas al régimen.

73. Varios miles de hijos de obreros fueron también enviados a instituciones del Estado porque el régimen consideraba su familia republicana como “inadecuada” para su formación.

74. Niños refugiados fueron también secuestrados en Francia por el servicio exterior de “repatriación” del régimen y situados posteriormente en instituciones franquistas del Estado.

75. El Régimen franquista invocaba la “protección de menores”, pero la idea que aplicaba de esta protección no se distinguía de un régimen punitivo. Los niños debían expiar activamente los “pecados de su padre” y se les repetía que ellos también eran irrecuperables. Frecuentemente, eran separados de las demás categorías de niños internados en las instituciones del Estado y sometidos a malos tratos físicos y psicológicos.”

Sin olvidar tampoco, junto a todo lo anterior, otra importante especificidad made in Spain que se ha querido tapar en nuestro país en cuanto al propio trato dispensado a niños y madres en dichos centros y de lo que también se hará eco la resolución europea:

77. “La Iglesia católica de España, estrechamente unida al régimen (…) también jugó un papel muy importante al proveer el personal de numerosos establecimientos penitenciarios, siendo los más tristemente célebres las prisiones de mujeres y los reformatorios para jóvenes cuyos antiguos detenidos han denunciado públicamente los malos tratos físicos y psicológicos que sufrieron por parte del personal religioso”.

Ya sé que no faltará quien, en seguida, diga que esto es todo puro rencor atávico y “guerracivilista” – mío y de la Asamblea  Parlamentaria del Consejo de Europa al parecer – , pero lo que daría por poderlo leer tan clarito algún día en España también, y en una sentencia mejor que en ninguna resolución …

O será que nuestra Leire tampoco se habrá enterado del intento de apertura del caso de los “niños perdidos” por parte de Garzón, aunque creo recordar que llegó a dirigirle buenos deseos y parabienes solidarios varios hace un par de meses. Aunque, eso sí, estoy convencido de que lo diría muy en serio vistas sus recientes declaraciones de la semana pasada, ya se sabe: a diferencia del PP el PSOE no tiene palabras vacías… como se ve perfectamente respecto del genocidio de Franco y la situación de sus víctimas tres años después de su nueva ley….

Tan clarito que lo tenía Leire para Argentina y Uruguay como se ve, con Naciones Unidas y el derecho internacional bien aprendido… está clarísimo, algo pasa con Leire, y con el propio PSOE – con este PSOE – que tras dicha condena internacional del Consejo de Europa, y tras todo lo sucedido con el juez Garzón y su extraña predilección por el turismo de tulipán, aún no han dicho una sola palabra ante el mayor caso de desaparición forzada infantil de Europa. Muy superior al proyecto nazi de desapariciones infantiles del Lebensborn de Himmler, al que el final de la guerra le paró los pies antes de poder embarcar a varios cientos de niños noruegos en aviones de la Luftwafe (link:http://segurquetomba.wordpress.com/…).

Pero ni lo mencionan siquiera en la “ley de la memoria”, ni en ningún otro instrumento o decreto a diferencia de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad – efectivamente, un “derecho” inalienable como bien decía Leire de fronteras para fuera – , creada en Argentina en el seno del Ministerio de Justicia (http://conadi.jus.gov.ar/home_fl.html)… ni les ha deseado cariños a los padres y madres que se están muriendo en una desgarradora espera por volver a ver una última vez a los suyos…no señor, ni una bendita palabra.

Ni tan siquiera tras el torrente de noticias sobre los casos de desaparición forzada infantil en la Línea de la Concepción en Cadiz, en Sevilla y en otros lugares de Andalucía recogidos hace tan sólo unos días en El País y otros medios, y que se suman así a otros recientes casos también denunciados en la clínica de O’donell de Madrid y otras comunidades. El “Málaga hoy” informaba la semana pasada de la presunta localización de uno de esos pequeños por parte de un detective privado contratado por unos familiares…un detective privado, a falta de toda acción por parte del Estado ante un crimen contra la humanidad.

Y no me cansaré de recordar que dentro del terrible abanico de cuatro décadas de desapariciones infantiles impunes – entre el año 39 y el final de la dictadura – en esos concretos casos hablamos de desapariciones forzadas infantiles perpetradas en los años 60 y 70: hablamos de “niños perdidos” que rondan hoy los 40 años de edad, que van por la calle sin tan siquiera tener el derecho a conocer su propio nombre, hablamos de sus hermanos y familiares que les buscan.

Y por todo ello – y ante el profundo calado penal internacional y constitucional de toda esta situación – sorprende mucho más, si cabe, semejante silencio completamente irreal por parte del PSOE y el hecho de que su Gobierno no haya movido todavía un solo dedo para buscar  a tales víctimas y para apoyar a estas familias, ¿hasta cuándo?

Comentarios o impresiones a Leire Pajín:http://www.psoe.es/ambito/organizac…

Miguel Ángel Rodríguez Arias es militante del PSOE, profesor de Derecho Penal Internacional de la Universidad de Castilla-La Mancha, autor del libro “El caso de los niños perdidos del franquismo: crimen contra la humanidad” y otros trabajos pioneros sobre desapariciones forzadas del franquismo que dieron lugar a las actuaciones de la Audiencia Nacional.

Enlace enviado por Miguel Ángel Rodríguez Arias vía Faceboock:

http://www.larepublica.es/spip.php?article20845


Las vicisitudes de Federico García Lorca después de su muerte…

agosto 8, 2010

Jesús Mª Montero Barrado

Rebelión

Para empezar

La búsqueda hasta diciembre pasado de los restos humanos de Francisco Baladí Melgar, Joaquín Arcollas Cabezas, Dióscoro Galindo González y Federico García Lorca en Fuente Grande, municipio de Alfacar, no ha dado los resultados esperados. Se había basado en el testimonio que Manuel Castilla Blanco, uno de los enterradores, dio a Agustín Penón en 1955 y Ian Gibson en 1966. Ha sido una búsqueda llena de polémica, con posturas divergentes. Se inició a instancias de la CGT, que está personada judicialmente en nombre de las familias de Francisco Baladí y Joaquín Arcollas, militantes de la CNT, que acompañaron a García Lorca en la muerte. Las diversas asociaciones que defienden la recuperación de la memoria histórica han apoyado la excavación, como lo hacen con cuantas actuaciones sean necesarias para esclarecer los crímenes cometidos por el bando vencedor de la guerra. La familia del García Lorca no se ha mostrado partidaria de la excavación, aunque la mayoría tampoco ha impedido que se llevara a cabo, reconociendo el derecho a hacerlo por quienes la han promovido. Desde los medios de comunicación de la derecha han tachado a todo esto de un circo, a la vez que rechazan abiertamente todo este tipo de investigaciones bajo el argumento de que no es necesario remover el pasado. La Junta de Andalucía, por su parte, se ha mantenido en una posición intermedia, a modo de Poncio Pilatos, permitiendo la excavación, que fue dictada por orden judicial, pero rechazando excavaciones en otros lugares entre Alfacar y Víznar.

La trascendencia de una muerte

La muerte de Federico García Lorca fue en su momento un golpe duro contra el bando sublevado. Fue conocida casi de inmediato en Granada, aunque no se hizo pública. Corrió de boca en boca, porque la familia supo de ella, también las personas más allegadas y, además, algunos de los que intervinieron en su muerte hicieron ostentación de ello. A los pocos días fueron llegando rumores al bando republicano, seguramente transmitidos por quienes pudieron huir de la ciudad o de las zonas ocupadas por los sublevados. Por la trascendencia del suceso la prensa republicana se hizo eco en cuanto se tuvo conocimiento de él. El primer periódico en hacerlo fue El Diario de Albacete , que el 30 de agosto se preguntó en forma de titular “¿Ha sido asesinado García Lorca?” (Gibson, 1981: 283). Lo que vino después entra dentro de las reacciones propias de una noticia importante, tanto en el bando republicano como en el ámbito internacional. Sacar a la luz el rumor, buscar informaciones fidedignas o contrastar la información se fue sucediendo después.

Mientras los rumores se fueron convirtiendo en sospechas e indicios cada vez más fiables, no hubo al principio ninguna declaración oficial sobre lo ocurrido. Se sabe que pronto se dio paso a una contrainformación desde el bando sublevado tergiversando lo ocurrido (Gibson, 1981: 283 y ss.) . Se empezó el 10 de septiembre en el diario La Provincia de Huelva con la inculpación al bando republicano (“Ya se matan entre ellos”) y el lanzamiento de infamias (“el ser correligionario de Azaña en política, en literatura y en… ¿cómo diríamos? Ah, sí: en sexualidad vacilante”), sin que esa rueda de mentiras y calumnias no parara durante mucho tiempo. La respuesta dada en octubre desde el gobierno civil al telegrama enviado por el escritor británico Herbert George Wells, en el que se pedían noticias sobre el paradero del poeta, fue evasiva, además de malvada: “”Ignoro lugar hállase Federico García Lorca” (Gibson, 1998: 555).

En mayo de 1937, como ha documentado Gibson (1981: 280), el marqués Merry del Val cometió la imprudencia de hablar de su fusilamiento: “eran peligrosos agitadores que abusaban de su talento y educación para conducir a las masas ignorantes por malos caminos (…). Todos ellos fueron condenados después de haber sido juzgados por un tribunal militar”. El asesinato de Lorca siempre fue uno de los cargos que más pensaron contra el régimen, del que el mismo Franco salió al paso para el periódico mexicano La Prensa en noviembre de 1937, cuyas declaraciones reprodujo el ABC de Sevilla en enero de 1938: “ese escritor murió mezclado con los revoltosos. Son los accidentes naturales de la guerra” (Gibson, 1981: 300-301).

La huella de su muerte en la literatura del momento

La literatura ha dejado reflejado a través de poemas memorables las muestras de dolor y condena por su muerte. Así lo hicieron en su momento Antonio Machado (“Muerto cayó Federico / -sangre en la frente y plomo en las entrañas- / …Que fue en Granada el crimen / sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada”), Rafael Alberti (“No tuviste tu muerte, la que a ti te tocaba”), Miguel Hernández (“¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla, / pero qué injustamente arrebatada!”), Pablo Neruda (“Federico, te acuerdas / debajo de la tierra, / te acuerdas de mi casa con balcones en donde / la flor de Junio ahogaba flores en tu boca?”), Luis Cernuda (“Por esto te mataron, porque eras / verdor en nuestra tierra árida / y azul en nuestro oscuro aire”), Emilio Prados (“¿En dónde está Federico? / Sólo responde el silencio: / un temor se va agrandando, / temor que encoge los pechos”), Pedro Salinas (“Mataron a un ruiseñor / tan sólo porque cantaba”), Pedro Garfias (“También yo quiero hablarte, Federico / con esa ruda voz que ahora me brota / del mar de mi garganta”), Nicolás Guillén (“Salió el domingo, de noche, / salió el domingo, y no vuelve. / Llevaba en la mano un lirio, / llevaba en los ojos fiebre; / el lirio se tornó sangre, la sangre tornóse muerte”), entre otros.

Se ha escrito, y especulado, sobre cómo el poeta predijo su propia muerte a través de la poesía. En Poeta en Nueva York se encuentra el poema “Fábula y rueda de los tres amigos”, que acaba con estos versos: “Cuando se hundieron las formas puras / bajo el cri cri de las margaritas, / comprendí que me habían asesinado. / Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias, / abrieron los toneles y los armarios, / destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro. / Ya no me encontraron. / ¿No me encontraron? No. No me encontraron. / Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba, /y que el mar recordó ¡de pronto! / los nombres de todos sus ahogados”. También en “Baladilla de los tres ríos”, del Poema del cante jondo , aparecen: “El río Guadalquivir/ tiene las barbas granate/ los dos ríos de Granada/ uno llanto y otro sangre”. Y hasta en la breve composición “Canción de la muerte pequeña”: “Me encontré con la muerte. / Prado mortal de tierra”).

¿Son responsables Queipo de Llano y Franco?

La muerte de García Lorca ni fue aleatoria ni aislada. Estaba inscrita en la estrategia del terror y la ejemplaridad que buscaban los cerebros y ejecutores del golpe de julio de 1936. Una estrategia que se ha estudiado minuciosamente (Casanova, 2002; Reig Tapia, 2000; Espinosa, 2003 y 2006; González Vázquez, 2006; Ortiz, 2006) y que desde el primer momento quedó plasmada por escrito. A ella se refirió Antonio Bahamonde (2006), que fue durante unos meses delegado de Propaganda en Sevilla con Queipo de Llano, y estaba en las “Instrucciones Reservadas” que el general Emilio Mola dictó en abril de 1936, donde se expresaban términos como “extrema violencia” y “castigos ejemplares”. Unas instrucciones que se fueron aplicando y desarrollando minuciosamente sin piedad para “sembrar el terror”, para “dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros” (“Instrucciones” del propio Mola del 19 de julio). Sólo así tienen sentido declaraciones como las de Queipo de Llano en sus charlas de Unión Radio Sevilla: “Mañana vamos a tomar Peñaflor. Vayan las mujeres de los “rojos” preparando sus mantones de luto”; o de Juan Yagüe tras la toma de Badajoz: “Claro que los fusilamos. ¿Qué esperaba? ¿Suponía que iba a llevar 4.000 rojos conmigo mientras mi columna avanzaba contrarreloj? ¿Suponía que iba a dejarles sueltos a mi espalda y dejar que volvieran a edificar una Badajoz roja?” (Preston, 1998: 211).

Se ha indagado mucho sobre la intencionalidad de matar a García Lorca desde las altas esferas del bando sublevado. Por ello se ha aludido a los generales Queipo de Llano y Franco. El primero, el llamado virrey de Andalucía, fue el general que triunfó en Sevilla y desde cuya posición pudo sentar las bases del control de otras provincias andaluzas, el paso de las tropas africanas por el Estrecho y la marcha de éstas por Badajoz con destino a Madrid. Un personaje que dio muestras de un gran sadismo, aderezado de una zafiedad clasista y machista sin parangón. Franco, por su parte, en el momento de la muerte de Lorca era sólo, que no era poco, el jefe de las tropas africanas, que acababa de soldar en Cáceres con el Ejército del Norte que desde el principio controló el general Mola.

En Granada, por supuesto, le tenían ganas a García Lorca las derechas reaccionarias de todos los colores. La posible alevosía de su muerte se basó en su condición de homosexual, una orientación sexual inadmisible dentro de la homofobia del fascismo. De ahí los continuos insultos de maricón.

Los primeros pasos: Claude Couffon y Gerald Brenan

Se ha mencionado con frecuencia que el francés Claude Couffon y el británico Gerald Brenan han sido los primeros en indagar sobre la muerte de Lorca. Lo hicieron prácticamente al mismo tiempo y, lo que puede parecer curioso, llegaron a conclusiones parecidas.

Couffon era estudiante cuando llegó a Granada en 1948, a donde viajó para conocer más sobre la muerte de Lorca. En aquellos momentos se sabía de su muerte en el verano de 1936, pero no acerca de los pormenores. Couffon fue el primero que se acercó al barranco de Viznar, donde se fusiló a centenares o quizás millares de personas, y donde también fueron enterradas. Es donde Couffon sigue defendiendo que tuvo lugar su muerte. En 1951 escribió en Le Figaro Littéraire , a instancias de François Mauriac, el artículo “Ce que fut la mort de Federico García Lorca”. Dos años después salió en Quito el libro El crimen fue en Granada y en 1962 A Granade, sur le pas de García Lorca.

Un año después que Couffon llegó a Granada Brenan, hispanista británico ya conocido entonces por su conocida obra El laberinto español. Antecedentes sociales y políticos de una gran tragedia: la guerra civil . En 1950, tras su estancia en Granada, incluyó pormenores de la muerte de Lorca en un capítulo de su libro La faz de España. Se convirtió, así, en el primer escritor que publicó el lugar de la muerte de Lorca, que era el mismo que Couffon tenía entre sus apuntes. El que publicara antes sus indagaciones resulta circunstancial, en parte porque Couffon era todavía un estudiante y Brenan ya un veterano profesor y escritor conocedor de la realidad española, pues había recalado por primera en España en 1919. ¿Por qué esa coincidencia en el momento del viaje y en señalar el lugar del crimen? Si lo primero es aleatorio, lo otro es producto de las circunstancias temporales. Los dos bebieron las mismas fuentes. Los dos se han referido al ambiente de miedo y silencio que conocieron en Granada. Un miedo que atenazaba a quienes habían sufrido directa e indirectamente los rigores de la represión. Y un silencio que abarcaba a todo el mundo, desde quienes habían ganado la guerra, porque les interesaba, hasta quienes la habían perdido, que callaban por miedo. Pero no fue un silencio completo. El que se indicara a Couffon y Brenan el barranco de Viznar, creo que ilustra que existía memoria sobre ese lugar tan siniestro, dada la dimensión de lo ocurrido allí, y arrojo para transmitirla. Que fuera o no el lugar del crimen contra Lorca y sus compañeros ahora es lo menos importante.

Un paso más decidido: Agustín Penón

Agustín Penón era un escritor de origen catalán, hijo de un matrimonio exiliado en Puerto Rico. En 1955 inició en Granada una investigación in situ sobre la muerte de García Lorca, lo que le llevó a entrevistarse con numerosas personas. Verdugos, cómplices, miembros de la familia del poeta y de la familia Rosales, enterradores… Fue así como conoció a Ramón Ruiz Alonso, dirigente de la CEDA granadina durante la República, de la que llegó a ser diputado en 1933, y muy activo en las tareas represivas durante los primeros meses de la guerra. Fue una de las personas claves. De él supo que conoció como nadie los pormenores de su muerte, pues fue el primero a quien le habló de lo ocurrido después de la guerra. De él sacó la conclusión que fue el que dirigió la detención de Lorca. Penón también encontró “la partida de defunción de Federico” y “se hizo con la matriz del único documento oficial en el que el régimen reconocía la muerte de García Lorca”. Otro personaje que conoció fue el enterrador Manuel Castilla, al que le llamaban Manolillo “el Comunista”, que aportó el lugar donde fue fusilado García Lorca y sus compañeros. Para él no fue el barranco de Víznar, sino otro lugar, no muy lejano: Fuente Grande, en Alfacar. Fue ahí donde acabó colocándose el monolito recordatorio y donde se ha procedido a la reciente excavación fallida.

Cuando Penón regresó a América en 1956, después de año y medio de estancia en España, lo hizo con la numerosa información recopilada en forma de diario de campo, fotografías, documentos escritos, grabaciones sonoras, trascripciones de testimonios orales, borradores de capítulos, anotaciones… Un fruto muy valioso e inmenso, que fue conocido con el tiempo como la “maleta de Penón”. En ella se encuentra el archivo lorquiano del escritor catalán, todo un tesoro.

Sin embargo, en vida Penón no se decidió a publicar el libro que tenía proyectado. Se ha especulado sobre ello, pero lo cierto es que en 1976, tras su muerte y por decisión suya, decidió que el archivo pasara al dramaturgo estadounidense William Layton, un amigo personal, ya entonces instalado en España, con quien compartió el interés por la vida y obra de García Lorca. Casi todo lo que sabemos de Penón ha sido después de su muerte y a través de otras personas, de lo que han dicho de él y su obra, y de lo que han publicado desde sus documentos.

El que más ha escrito: Ian Gibson

Gibson es el escritor que más tiempo ha dedicado a investigar y escribir sobre García Lorca. Irlandés de nacimiento, tiene la nacionalidad española desde 1983, gracias a su larga relación con nuestro país desde que a mediados de los 60 decidió hacer una tesis sobre la poesía del granadino para, de inmediato, orientarse a investigar sobre su muerte. Como hizo Penón años antes, se sumergió entre las gentes y los lugares de Granada para intentar profundizar en lo ocurrido. Y allí volvió a encontrarse básicamente con lo que ya conocido. Es decir, con Ruiz Alonso, Castilla, la familia Lorca, los Rosales… Teniendo en cuenta que Penón no había publicado nada importante acerca de Lorca, para Gibson, sin embargo, su principal referente en esos años fue Brenan.

En 1971 Ruedo Ibérico sacó a la luz en París la obra de Gibson La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca . Era la primera investigación documentada sobre la muerte de Lorca, en la que no faltaba un acercamiento a su biografía, realizada con abundante documentación. Ocho años después, en 1979, salió, ya en España, una edición corregida y ampliada con el títuloEl asesinato de Federico García Lorca .

Dentro de los trabajos de su primera etapa Gibson hizo un análisis amplio y documentado. En esos momentos nadie escribió tanto. Para el historiador irlandés la muerte tuvo lugar en Fuente Grande, en el término municipal de Alfacar, y sitúa la fecha en la madrugada del 19 de agosto, basándose en la partida de defunción del maestro Dióscoro Galindo. Responsabiliza a Ruiz Alonso, en esos momentos todavía vivo, de la detención de Lorca y de ser el personaje clave en el conocimiento de su muerte. Hace principal responsable al comandante José Valdés Guzmán, gobernador de Granada. Atribuye a Queipo de Llano, ante las dudas de Valdés sobre lo que tenía que hacer, las palabras “Déle café, mucho café”, según el testimonio de un contertuliano del gobernador (1981: 228-229). Saca a colación la ostentación que hizo en su día Juan Luis Trescastro de ser uno de los autores de la muerte de Lorca y su homofobia más que enfermiza: “yo le metí dos tiros en el culo por maricón” (1981: 277-278).

El intento exculpatorio de un falangista: Eduardo Molina Fajardo

En 1983 salió a luz, post mortem , el libro Los últimos días de García Lorca del periodista granadino Eduardo Molina Fajardo. Desde años antes había estado investigando acerca de la muerte de Lorca y por su condición de falangista pudo acceder a personas y documentos con cierta facilidad. En el libro, publicado por iniciativa de su viuda, aparece una recopilación de 48 entrevistas y 79 documentos.

Las principales novedades están relacionadas con la fecha y los lugares de fusilamiento y enterramiento, y con la procedencia de los testimonios (Castro, 1983; Arias, 2008; y Tapia, 2009). Molina se había entrevistado con José María Nestares Cuéllar, capitán y jefe de la Falange de Víznar en agosto de 1936, quien le relató la llegada de García Lorca y otros tres detenidos más el día 16 de agosto a La Colonia, en Víznar, lugar donde quedaban recluidos quienes iban con destino a la muerte en el Barranco de Víznar. Allí llegó por la noche el teniente de la Guardia de Asalto Rafael Martínez Fajardo con las cuatro futuras víctimas y la orden de fusilamiento firmada por el gobernador Valdés, y desde allí salió horas más tarde para el lugar de fusilamiento, “en el campo de instrucción de las tropas, antes de llegar a la Fuente Grande, a la derecha de la carretera, según se va a Alfacar, después de pasado el puentecillo”. El fusilamiento ocurrió, por tanto, en la madrugada del 17 de agosto.

Otro testigo, Pedro Cuesta Hernández, carcelero falangista en La Colonia, le informó a Molina en 1969 sobre el mismo lugar: “Pasando por Víznar hacia allá, antes de llegar a la Fuente Grande, a la derecha, en un sitio como un pozo; era algo así como un pozo alargado, pero con forma de pozo, de haber sacado de allí tierra gris; pero ya estaban los muertos en la sepultura”. Sin embargo, para Cuesta el piquete lo mandaba otra persona, José Hernández, cabo de la Guardia de Asalto.

En el libro de Molina se detallan otros pormenores de Nestares, que escuchó de su subordinado Manuel Martínez Bueso cosas que Cuesta ya había contado, como lo del pijama de Lorca, la muleta de Dióscoro Galindo e incluso unas palabras del poeta, que, herido tras los primeros disparos, dijo: “¡Creed en Dios, tened piedad!”.

La implicación de nuevas personas llevó a que un hijo de Rafael Martínez Fajardo llegara a querellarse contra la viuda de Molina Fajardo. En el acto de presentación del libro, el también periodista Juan Bustos aludió entre las razones de que no publicara que temía “alterar la tranquilidad de ciertas gentes”. El que no se hayan encontrado los restos de Lorca en la excavación de Fuente Grande ha vuelto a sacar a luz algunas de las aportaciones de Molina.

Se ha escrito de Molina que sus aportaciones en general han sido escasas, buscando ante todo la exculpación del falangismo, a la vez que ha culpado directamente a los miembros de la CEDA como responsables de la muerte de Lorca. Las escasas aportaciones en parte se pueden explicar por lo tardío de la salida del libro, teniendo en cuenta que Gibson había escrito ya sus dos primeras obras sobre el tema.

La polémica en torno al archivo de Penón

Siguiendo a Marta Osorio (2009), Layton llegó en 1980 a un acuerdo con Gibson para que se hiciera cargo temporalmente del archivo lorquiano heredado de Penón, con el fin de que pusiera orden a la información y publicara una obra sobre las investigaciones de su amigo. Al pasar bastante tiempo sin que se hiciera realidad el acuerdo y ver además que Gibson utilizaba parte de la documentación de Penón en la biografía que el escritor irlandés estaba publicando sobre Lorca, Layton le requirió en 1989 que devolviera el archivo. En 1990, antes de hacerlo, Gibson editó Diario de una búsqueda lorquiana (1955-1956) , basado en una parte pequeña de la documentación de Penón y con una pobre aportación documental. El escaso éxito del libro y la decepción por lo ocurrido llevó a que Layton dejara en manos de Marta Osorio la responsabilidad de sacar a la luz el trabajo de Penón.

En 2000 salió a la luz Miedo, olvido y fantasía. Crónica de su investigación sobre Federico García Lorca (1955-1956) , una recopilación más amplia de lo escrito por Penón, acompañada de varias fotografías y la reproducción de varios documentos escritos. La había hecho Marta Osorio, que fue la autora del prólogo, que tituló “Historia de una investigación”, y que sirve como referencia para conocer los avatares del archivo de Penón.

Siguen apareciendo más testimonios

En 1998 apareció en la exposición Federico García Lorca y Granada una carta escrita por Manuel Luna durante la guerra (para Gibson, en 1939; para Miguel Domingo, entre febrero de 1937 y agosto de 1938) y dirigida a Melchor Fernández Almagro. El primero era un fascista de la época, mientras el segundo, conocido historiador durante el franquismo, había coincidido en los años 20 en la Residencia de estudiantes con Lorca y otros miembros de la Generación del 27. Su contenido no tiene desperdicio dentro de la “literatura” fascista de la época y en ella se hace mención a su participación en la muerte de Lorca: “Hicimos una buena limpia. Algunos días después cogimos al gran canalla de García Lorca -el peor de todos- y lo fusilamos en la Vega, junto a una acequia. ¡Qué cara ponía! Abrazaba los brazos al cielo. Pedía clemencia. ¡Cómo nos reíamos viendo sus gestos y sus muecas! Pertenecí a la ronda depuradora de Ruiz Alonso”.

Una obra de última hora

Recientemente se ha publicado de Gabriel del Pozo Lorca, el último paseo . La obra ha sido presentada como un paso más en el esclarecimiento del rompecabezas. Una de las cosas que ha rebatido ha sido la validez del testimonio de Manuel Castilla acerca del lugar de fusilamiento y enterramiento de Lorca y sus compañeros. Los resultados de la excavación le han dado la razón. Para él se trató de una información llevada por el miedo, en la confianza de Castilla de que no se hiciera una excavación. Del Pozo, por su parte, apunta que Lorca la dimensión internacional que tomó el suceso llevó al régimen a eliminar cuantas pruebas pudieran incriminarlo. Por eso fue desenterrado, sin que sepa dónde puede estar. Para ello se basa en Penón, quien durante su estancia en España recogió de Antonio Gallego y Burín, alcalde de Granada durante la guerra, lo siguiente: “El lugar de la tumba en Víznar había sido cambiado por orden de las autoridades, que temiendo las consecuencias de aquel asesinato decidieron ocultarlo para impedir que pudiera convertirse en un arma propagandística de enorme valor para el bando republicano”.

Del Pozo es tajante a la hora de señalar a José Valdés, gobernador de Granada, como el culpable: “Aquellos días era el único hombre que tenía poder para ello en Granada”. Y con ello exime de responsabilidad a Franco, aunque no así de la eliminación de las pruebas, y también a Queipo de Llano. Para este último se basa en unas declaraciones de la actriz Emma Penella, hija de Ramón Ruiz Alonso, quien le transmitió el testimonio de que la orden sólo era la de asustar a Lorca con el fin de que le llevara al paradero de Fernando de los Ríos.

Y entramos así en una de las partes más controvertidas del libro. Del Pozo mantuvo una entrevista hace unos años con Penella, con la condición de ser sólo publicable tras su muerte, en la que exonera a su padre de la responsabilidad de la detención y muerte de García Lorca. Señala a Miguel Rosales como la persona que sacó al poeta de la casa de los Rosales, siendo el propio Miguel y Ramón Ruiz Alonso quienes lo condujeron sin esposar al Gobierno Civil. Llama la atención, sin embargo, que esa exoneración, que abarca a otra de las personas que se había relacionado con la detención y muerte, Juan Luis Trescastro, se contradiga con la ostentación que en su tiempo hicieron los dos como verdugos de Lorca. La frase de Penella “[mi padre] fue víctima de las disputas por el poder entre la CEDA y los falangistas” destila o inocencia o indecencia, como si su padre, dirigente provincial de la CEDA y diputado en 1933, fuera un simple militante.

La imputación de Miguel Rosales exonera a la vez a Concha García Lorca, mujer de Manuel Fernández Montesinos, alcalde de Granada fusilado días antes. Para Antonio Ramos Espejo ( Crónicas de Gerald Brenan. Desde la Alpujarra a Málaga ) fue la hermana del poeta quien delató el paradero de Federico ante las amenazas sufridas. Una acusación que sirvió a la familia Rosales para salir indemne de los hechos.

Para acabar

El “Guernica” de Picasso, la poesía de García Lorca, las novelas y películas de Hemingway y Malraux, y la poesía inglesa sobre la guerra española “fueron manifestaciones de esta inmensa conmoción moral que la propaganda comunista utilizó con tenacidad y maestría para crear la más odiosa imagen de la España nacional, y con ella, de la Iglesia Católica” (Southworth, 1963: 170). Lo escribió Rafael Calvo Serer en 1962 en su obra La literatura universal sobre la guerra de España . Más recientemente Ricardo de la Cierva escribió en 1999 enLa victoria y el caos que “Sobre Lorca se ha cebado de tal forma la propaganda de la izquierda cultural en la posguerra y en la transición, con la cooperación sospechosísima de grandes órganos de la derecha, y con tal sentido de la unilateralidad y la manipulación, que provocan la hartura de la opinión pública y el propio desdoro del poeta” (Martín Rubio, 2005: 208). Para Ángel David Martín Rubio, autor de Los mitos de la represión en la guerra civil (2005: 208), “La muerte de Federico García Lorca, desgraciada y lamentable como tantos otros asesinatos, ha servido para que se difundiera la idea de que el Frente Popular tuvo a su lado los primeros intelectuales de España y de todo el mundo mientras los sublevados no habrían contado con ningún apoyo relevante en el terreno de la cultura”. José Manuel Rodríguez Pardo, por su parte, hace un año se expresó en estos términos en su artículo “Revisionismo histórico de la Leyenda Negra antiespañola”: “Nadie niega su asesinato, pero fue producto de una venganza personal, no de la aversión de los rebeldes a la figura del personaje” (2009). Meses después, en octubre, cuando se iniciaban las excavaciones en la fosa de Alfacar, el diario La Razón titulaba un artículo de Víctor Fernández así: “Pasen y vean: el circo de Federico García Lorca”. Todos ellos son testimonios de lo que ha suscitado la muerte de García Lorca entre la derecha española a lo largo de los años.

La postura de la familia de García Lorca ha sido la de mostrarse contraria a la exhumación de los restos de García Lorca y por ello a que se haya llevado a cabo la excavación en Fuente Grande. En 2005 hizo público un comunicado en el que manifestaba estar en contra de una excavación, sin que eso supusiera negar la legitimidad de quienes la pedían. La argumentación hacían de la siguiente manera: “Estamos convencidos, y en ello basamos nuestras opiniones, de que las circunstancias de la muerte de Federico García Lorca, por lo que se refiere a la constatación de la memoria histórica, son lo suficientemente conocidas como para que en su caso particular no haya que remover sus huesos”. Así mismo, han defendido que sus restos, de encontrase, deben mantenerse donde fueran depositados, pues “la existencia de una fosa común es parte de la verdad histórica”.

En las excavaciones de finales de 2009 no se descubrieron los restos de García Lorca ni los de las personas que le acompañaron en la muerte por fusilamiento. Para José Mª Pedreño (2009), de la Federación Estatal de Foros por la Memoria, el intento por localizarlos “tan sólo ha servido para poner en bandeja a la “derechona” española la posibilidad de atacar más despiadadamente la memoria democrática en el estado español y fortalecer las tesis revisionistas de los pseudo-historiadores pro-franquistas”. Palabras duras que buscan que se tome en serio por parte de las autoridades políticas la recuperación de la memoria histórica para todas las víctimas, esas miles de personas que perecieron en Granada por una represión cruel y despiadada.

Luis García Montero (2009), también en el fragor de la desilusión por los resultados de las excavaciones, ha coincidido en resaltar lo importante: “volvamos a lo incontestable. García Lorca fue ejecutado por el ejército franquista, entre Víznar y Alfacar, con la implicación de las más altas instancias militares, como uno más de los 5.000 republicanos granadinos”. Pero no ha olvidado que “García Lorca era también un poeta único, y por eso su muerte pasó a representar de forma inmediata el sufrimiento de las víctimas y la dignidad del ser humano contra la barbarie”.

Desde el primer momento quienes se encargaron de matar al poeta, quienes lo permitieron o quienes se alegraron, no han parado de decir y desdecirse, de encubrir y ocultar, de mentir y calumniar, de manipular y justificarse… Todo un juego macabro que ha buscado despistar sobre lo que realmente ocurrió. Muchas son las personas que lo supieron y en esta ceremonia de la confusión que han ido tejiendo, han pretendido irse con sus secretos a la tumba, quizás con la certeza de que todo quedaba oculto. Pero no debemos olvidar que las manos que firmaron las sentencias, las que las ejecutaron o las que las saludaron brazos en alto, formaban parte de lo mismo: un proyecto político y social de muerte que hubo de durar cuatro décadas. Ese fascismo que todavía sigue extendiendo su sombra en nuestros días.

Bibliografía de referencia:

Consultar con la fuente original en:

http://el-victoriano.blogspot.com/2010/08/las-vicisitudes-de-federico-garcia.html

enlace a través de  FACEBOOCK  de nuestra compañera NIEVES  GARCÍA CATALÁN.

http://www.facebook.com/l.php?u=http%3A%2F%2Fel-victoriano.blogspot.com%2F2010%2F08%2Flas-vicisitudes-de-federico-garcia.html%3Fspref%3Dfb&h=f3d3e


Almudena Grandes y la novela del franquismo…

agosto 8, 2010

Como siempre que está a punto de aparecer una nueva novela que tiene por escenario la Guerra Civil o la dictadura franquista, me apresto a las mejores expectativas, a pesar de que una y otra vez se suelen ver defraudadas. Mi última decepción -inesperada por cuanto se trata de un escritor al que valoro- fue La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina, un libro con muy poca enjundia recreadora del Madrid de la contienda, personajes en exceso estereotipados, un conflicto amoroso de folletín blando y ralo y un exceso de paja discursiva que obliga a saltarse páginas enteras.

Ahora nos anuncia Almudena Grandes una especie de homenaje personal a Pérez Galdós -a quien la escritora admira- con la primera entrega de sus Episodios de una guerra interminable, título que quizá por pecar en exceso de la influencia y los propósitos que guiaron la extensa obra de don Benito, no me parece el más idóneo para identificar con claridad la serie. Se trata de seis novelas independientes, vinculadas por la época en que discurren, que va de la inmediata posguerra (1939) al año en que el franquismo celebró sus “25 años de paz” (1964).

Lo primero que destaca la escritora es que entre su obra (en las librerías a primeros de septiembre) y los episodios nacionales galdosianos media un tratamiento temático muy distinto. Mientras el novelista canario cuenta grandes batallas, las que Grandes narra son pequeñas, porque durante el franquismo la única gran batalla fue resistirInés y la alegríaserá el primer título de los episodios que ha novelado Almudena Grandes y en los que, como en las novelas históricas de don Benito,  se dará lo que la autora llama una interactividad entra la historia con minúscula -lo que Unamuno llamaba intrahistoria- y la historia con mayúscula. Las seis entregas contarán con un epílogo, en el que los personajes confluirán en la Transición para situarlos en la coyuntura fundacional de nuestro actual presente histórico.

Grandes tiene ya escrita la segunda de las novelas y avanza en la tercera, con el propósito de continuar en tan arduo como dilatado empeño seis o siete años más. Eso da idea de la envergadura del proyecto, consciente la autora de que la historia contemporánea de España es un filón extraordinario al que no se puede renunciar. Se trata, en efecto, de una épica de primer orden que debe ser rescatada del olvido y que quizá con la firma de Almudena Grandes pueda lograr el grado de difusión y conocimiento que merece.

Me gustaría celebrar con la primera de las entregas la consecución del ambicioso propósito literario en el que se ha embarcado Grandes, porque como dice la propia escritora los vencedores escriben la Historia, pero lo que no se tiene en cuenta es que ellos son además los únicos que pueden olvidar la Historia.

Público.es



Flores para Reboiras en el 35º aniversario de su asesinato…

agosto 8, 2010

Flores para Reboiras- ÓSCAR CORRAL

El 12 de agosto de 1975, en Ferrol, la policía abatió a tiros al militante nacionalista Moncho Reboiras. En vísperas del 35º aniversario de su asesinato, sus familiares y amigos quisieron recordar su figura con un homenaje en el cementerio de Imo, en Dodro (A Coruña). El acto contó con la participación del presidente de la Real Academia de Galicia, Xosé Luis Méndez Ferrín, que recitó Reclamo a liberdade para o meu pobo. Una ofrenda floral y actuaciones musicales completaron el homenaje a Reboiras, reconocido oficialmente el año pasado por el Gobierno como víctima del franquismo. En la foto, un niño deposita flores en la tumba.

El País.com /Edición Galicia


Argentina pone nombre a los desaparecidos…

agosto 8, 2010

Cerca de 9.500 víctimas de la dictadura no han sido aún identificadas.

SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ | Buenos Aires 08/08/2010

“Susana Martínez Wasermann, en este día en el que se cumplen 32 años de tu desaparición, tu hijo no te olvida”. “Jorge Víctor Sznaider, desaparecido con 19 años, tus padres te recuerdan”. Algunos diarios argentinos siguen publicando, día a día, desgarradoras esquelas que no comunican la muerte de alguien sino el cruel vacío de su ausencia.

Cerca de 9.500 casos de desapariciones siguen todavía abiertos en el Instituto Argentino de Antropología Forense (EAAF), sin que haya sido posible encontrar los cadáveres o los restos de esas personas, secuestradas, asesinadas y hechas desaparecer durante la dictadura cívico-militar que padeció Argentina entre 1976 y 1983. En los últimos años fueron exhumados cerca de 1.000 cuerpos pero solo 350 han podido ser identificados: a veces los familiares más próximos de los desaparecidos se exiliaron o han muerto o, simplemente, no han sido conscientes de la importancia de donar muestras de sangre que puedan ser almacenadas en el EAFF; a veces, se trata de restos óseos muy deteriorados, cuyo perfil genético no encuentra equivalencia en los archivos de ADN que se han ido formando, pero que todavía son insuficientes.

En el EAAF nadie desiste ni abandona la tarea. Cada nueva detención de un torturador, de un policía o un militar implicado en aquellos hechos puede facilitar una nueva pista, ayudar a encontrar una nueva tumba “NN” (no identificados) en las que exhumar restos que puedan ser trabajosamente atribuidos a nombres concretos y calmar la angustia de esos padres o hijos que siguen publicando, tercamente, sus falsas esquelas. Cada nueva donación de sangre o de ADN de alguien que sabe que en su familia hubo un desaparecido, incrementa la posibilidad de colocar una tarjeta y una fotografía a las 650 bolsas que todavía siguen cuidadosamente archivadas.

El último caso de identificación positiva ha sido conocido este mismo mes. En Melincué, una pequeña localidad al sur de Santa Fe, un grupo de estudiantes, animados por la maestra, realizó un trabajo de investigación sobre una tumba “NN” en el cementerio local. Poco a poco hallaron testimonios de algunas personas que recordaban lo ocurrido: el 26 de septiembre de 1976, un peón encontró, a la vera de un camino rural, los cuerpos acribillados a balazos de dos jóvenes, chico y chica, sin ningún tipo de identificación personal. Nuevas investigaciones llevaron a recuperar el expediente judicial del caso, celosamente protegido a través de los años por un empleado judicial concienzudo y en el que constaba que las huellas digitales habían sido quemadas.

Finalmente, y en el marco de un programa denominado Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Desaparecidos, el equipo argentino de Antropología Forense logró aclarar el misterio: se trataba de un joven francés llamado Yves Domergue, secuestrado en Rosario cuando contaba 22 años, y de Cristina Cialcerta Marull, de 20, nacida en México pero hija de un antiguo edecán de Perón. El único hermano de Yves que sigue viviendo en Argentina, Eric, de 54 años, declaró a Página 12: “Después de 34 años de desgracia, sentimos alivio”. Su padre fue el fundador de la Comisión de Familiares de Franceses Desaparecidos en Argentina y Uruguay, 18 jóvenes de los que nunca se volvió a saber nada.

El EAAF realiza aun trabajos de exhumación de cuerpos no identificados encontrados en el conurbano que rodea Buenos Aires, en Santa Fe, Mendoza y Tucumán, áreas precisamente en las que existió una feroz represión militar. Entre los restos que se analizan figuran los descubiertos en 1984 en el cementerio de Rafael Calzada, una localidad próxima a la capital federal. Según explica el periodista Adrián Pérez, el Laboratorio de Inmunogenética y Diagnóstico Molecular (Lidmo) recibió hace dos años 600 muestras de esqueletos que fueron remitidos a un laboratorio extremadamente especializado de Virginia (Estados Unidos) donde son contrastados con más de 6.000 muestras de sangre de familiares de desaparecidos. Hasta ahora han sido identificadas 120 personas. Según el director del EAAF, Luis Fondebrider, próximamente se inaugurará un edificio donde se aguardará en condiciones seguras las muestras de sangre donadas, cada día más numerosas. El nuevo laboratorio estará situado en el antiguo complejo de la ESMA (la sanguinaria Escuela de Mecánica de la Armada, donde se torturó a miles de personas) reconvertido en su día por orden del Gobierno Kirchner en Centro Documental de la Memoria.

El País.com

Represión militar durante la dictadura argentina


40 años de la “caída” de La Moraleja…

agosto 8, 2010

JUAN MORENO


La reunión de La Moraleja constituyó uno de los mayores fracasos de la Brigada Político-Social pues, en un momento crucial, podían haber descabezado a Comisiones Obreras si hubieran detenido allí a los principales dirigentes como por ejemplo Cipriano García de Cataluña o Fernando Soto de Sevilla.

Manifestación sindical en la década de los setenta

En plena dictadura, dos años antes de la detención en Pozuelo de Alarcón de diez miembros de la Coordinadora General de CCOO, que dio pie al famoso “Proceso 1001”, los días 25 y 26 de julio de 1970, “las llamadas Comisiones Obreras”, como gustaba denominarlas a la prensa franquista (casi toda), habían tenido más suerte. Los más de cien asistentes a la VI Reunión General de CCOO, su órgano más amplio (que se reunía de tarde en tarde) pudieron, casi todos, escapar del colegio y convento de la Sagrada Familia, situado en la urbanización privada de La Moraleja en Alcobendas.

El comisario jefe de la Brigada Político-Social, Saturnino Yague y el no menos tristemente famoso comisario Conrado Delso, debieron frotarse las manos al creer que iban a dar un golpe definitivo a las Comisiones (algunos de sus líderes estaban ya en la cárcel como Camacho o Ariza) que, desde hacía años, y de forma acentuada aquel de 1970, estaban impulsando un movimiento huelguístico que era la mayor amenaza para el Régimen. Hubo paros en las minas de Asturias y en fábricas de Barcelona, Madrid, Pamplona, Zaragoza, en la construcción de Sevilla…

La misma semana de la reunión, en Granada se estaba llevando a cabo una huelga general de la construcción en cuyo primer día la policía disparó y mató a tres trabajadores, y a la semana siguiente el “metro” de Madrid paró por primera vez desde la Guerra Civil y el Gobierno hubo de recurrir a militarizar a los trabajadores para que volvieran al trabajo.

La Reunión General se había convocado para evaluar las posibilidades de avanzar hacia una movilización general que se concretó en la convocatoria de una Jornada de lucha por la Amnistía. Asimismo acordaron volver a participar en las elecciones de enlaces sindicales que iban a celebrarse en 1971 después de haber sido retrasadas por el temor del Sindicato Vertical a un éxito de las Candidaturas Democráticas como en 1966.

Tratándose de una asamblea muy numerosa, para la policía no debió ser difícil seguir a alguno de los participantes desde su lugar de origen hasta Madrid pues casi todos eran militantes conocidos, muchos de ellos despedidos de sus empresas o desposeídos de sus cargos sindicales legales, en la ofensiva represiva agudizada entre 1966 y 1967, y casi todos fichados. En Madrid, la labor de despiste hecha por los organizadores, mediante grandes rodeos en autos para llevar a los delegados hasta La Moraleja, sirvió al menos para retrasar la localización.

El segundo día, la “Social” dio con el lugar, pero su llegada despertó las sospechas de los dirigentes de Comisiones, Nicolás Sartorius y Antonio Gallifa que también se habían acercado a vigilar la entrada de la urbanización privada y dando la alarma salieron todos (el segundo día habían acordado que la asistencia fuera reducida) en coches por la parte de atrás de la urbanización por un camino de tierra que previsoramente, en busca de salidas, habían explorado el día antes.

Solo uno, de León, se quedó rezagado y fue detenido y después lo serían los sevillanos Francisco Acosta y Luz María Rodríguez. Estos solo habían participado en la primera jornada pero se habían quedado hasta el día siguiente en Madrid para recoger a los otros sevillanos y al llegar y encontrarse con la policía alegaron que se acaban de casar hacía muy pocos días, cosa cierta, y que estaban de viaje y se habían perdido. Pero su matrícula también estaba anotada en la entrada de la urbanización por lo que quedaron arrestados. Luz María pidió ir al baño y allí intentó deshacerse de un boletín de CCOO pero era demasiado para la taza del retrete, ya que según le dijeron en la DGS la monja que la acompañó al baño lo sacó, y entregó.

Fernando Soto, que estuvo en la reunión, en su libro Por el sendero de la izquierda y Fernando Jáuregui y Pedro Vega en el suyo Crónica del antifranquismo relatan esta anécdota. Hace poco Paco Acosta me contaba que fue a Madrid porque solía participar en esas reuniones y que en aquellos años de lucha y recién despedido de su empresa pensar en un verdadero viaje de novios era absurdo. Todavía tuvieron la suerte de que la abogada Cristina Almeida convenciera al juez de que dejara en libertad sin cargos a su mujer alegando su minoría de edad.

A la altura de Ciudad Real la Guardia Civil metralleta en mano interceptó el auto en el que volvían a Puertollano Pedro Ruiz, el líder obrero de esa localidad y otros delegados. La redada continuó días después en Madrid, donde entre otros detuvieron a Antonio Gallifa y Luis Royo, que habían alquilado el local, mientras Sartorius se libró por los pelos. Varios más cayeron en Sevilla, Córdoba y Bilbao, llegando hasta unos quince.

Los detenidos tal vez por no haber sido pillados “in fraganti” sino de forma diseminada y por la escasez de pruebas, fueron puestos en libertad provisional. Algunos de ellos, y de los escapados, pasaron a la clandestinidad. Para evitar que la hermana superiora, que ya había reconocido ante la policía a algunos de los asistentes, se ratificara en el trámite procesal, Antonio Gallifa pidió a monseñor Echarren, que mediara ante ella, pero la monja dijo que “no quería jurar en falso”. Al final parece que el obispo progresista la convenció pues no fue a declarar.

La reunión de La Moraleja constituyó uno de los mayores fracasos de la Brigada Político-Social pues, en un momento crucial, podían haber descabezado a Comisiones Obreras si hubieran detenido allí a los principales dirigentes como por ejemplo Cipriano García de Cataluña o Fernando Soto de Sevilla y a los de las demás zonas. Cuando se produjo un nuevo golpe con las detenciones del “1001” en 1972, el movimiento obrero estaba ya en fase expansiva que no se detendría hasta la ruptura democrática de la cual fue protagonista decisivo.

Juan Moreno es Consejero del Comité Económico y Social Europeo

Nueva Tribuna.es


La última estatua de Franco, en Melilla…

agosto 8, 2010

Es la única que queda en España en una vía pública después de que el pasado miércoles el Ministerio de Defensa ordenara la retirada de otra estatua ecuestre del Generalísimo en la ciudad autónoma.

NUEVATRIBUNA.ES / AGENCIAS 06.08.2010

PSOE y CPM exigen su inmediata retirada. Los portavoces de la oposición recuerdan que “las sociedades democráticas europeas no ensalzan en sus calles las figuras de dictadores y Melilla debe dejar de ser la excepción”.

Los grupos parlamentarios del PSOE y CPM, ambos en la oposición en la Asamblea de Melilla, han presentado este viernes una moción instando al Gobierno local del PP a “que retire la última estatua del dictador Francisco Franco que existe en el territorio nacional”.

“La ley está para cumplirse”, argumentaron los representantes socialistas y cepemistas, que señalaron que el Ministerio de Defensa ya ha dado cumplimiento a la Ley de Memoria Histórica y que hicieron hincapié en que las administraciones “deben dar ejemplo y ser las primeras en cumplir con la legalidad”.

De hecho desde el PSOE y CpM lamentaron las vagas excusas que se han vertido desde el Ejecutivo del PP para evitar la retirada de la efigie del dictador. Así los diputados socialistas y cepemistas pidieron a Juan José Imbroda y su equipo de Gobierno que dejen de “manosear” las instituciones y dejen de escudarse en el Ministerio de Defensa.

“El Ministerio de Defensa no es un almacén al que se llevan los desechos. El PP debe dejar de escudarse en pretextos vagos y cumplir con la ley”, insistieron, al tiempo que apuntaron que no pueden parapetarse en la solicitud que le han remitido a la institución ministerial “para esconder sus miedos a retirar la estatua que elogia a un dictador”.

Al hilo, apuntaron que la negativa de Imbroda de retirar dicha estatua que ensalza al dictador “tiene mucho que ver con su nostalgia hacia épocas que afortunadamente no volverán”.

Socialistas y cepemistas han hecho hincapié en la obligación del Gobierno de Melilla de retirar la estatua del sanguinario dictador, más aún si tenemos en cuenta que nuestra ciudad ostenta la vergüenza de ser el último lugar del país que tiene una efigie del último dictador de España.

“Las sociedades democráticas europeas no ensalzan en sus calles las figuras de dictadores y Melilla debe dejar de ser la excepción”, razonaron, al tiempo que dejaron claro que “nuestra sociedad también es democrática y forma parte de España y de Europa, compartiendo valores democráticos y sistema de leyes contrarios a las dictaduras”.

Desde PSOE y CpM quisieron dejar claro que la estatua forma parte del mobiliario urbano de la ciudad y, como cualquier otro elemento del mobiliario urbano, puede ser retirado de las calles por el ayuntamiento competente, en este caso, el ayuntamiento de Melilla. “El ayuntamiento debe hacer su trabajo, debe cumplir con la Ley de Memoria Histórica y retirar la estatua de Franco de las calles de Melilla”, concluyeron.

El pasado miércoles, el Ministerio de Defensa retiró la estatua ecuestre de Francisco Franco que se encontraba en el Acuartelamiento Millán Astray de Melilla, sede del Tercio Gran Capitán I de la Legión, la última del dictador a caballo que quedaba expuesta en España.

Nueva Tribuna.es