COMUNICADO: “La Memoria viv@ reinicia de nuevo su actividad”

septiembre 1, 2010

Ya tenéis actualizado el blog de La Memoria Viv@ y el FB. Durante estos días contestaremos a todos aquellos que nos habéis remitido consultas o correos electrónicos, tanto en nuestro propio correo como en el apartado de “comentarios” del blog . Gracias a todos. ¡Salud y Memoria!

La Dirección de La Memoria Viv@



114.000 familias desconocen el paradero de sus desaparecidos en la guerra civil…

septiembre 1, 2010

Según un informe de Amnistía Internacional.

El barranco de Víznar, donde está la fosa de Lorca. (Público.es)

En España más de 114.000 familias siguen sin saber donde están sus seres queridos,desaparecidos durante la Guerra Civil y el franquismo, según pone de manifiesto Amnistía Internacional (AI) en un comunicado con motivo de la conmemoración del Día Internacional de los Desaparecidos.

Desde que el Grupo de Trabajo de la ONU sobre Desapariciones forzadas comenzase a documentar casos hace ahora 30 años se han registrado en todo el mundo 53.232 desapariciones forzadas y en 42.600 casos se sigue sin conocer el paradero de la víctima.

“Estas son las cifras denunciadas ante la ONU. Pero sin duda, el número de personas que siguen desaparecidas en todo el mundo es dramáticamente muy superior”,  señala AI en un comunicado.

Hoy en día, explica el texto, decenas de países en todo el mundo “siguen utilizando la práctica ilegal de la desaparición forzada amparados en la excusa de la seguridad”.

Desaparecidos en todo el mundo

En Irak, según Naciones Unidas, existen 16.409 casos pendientes de desapariciones forzadas y en Ingusetia, “en el marco de ‘operaciones de lucha contra el terrorismo’ del Gobierno ruso”,desde 2002 se han registrado 179 casos de desaparición forzada, una cifra “muy elevada” para una república con una población aproximada de sólo 500.000 personas.

Naciones Unidas insta al gobierno español a “facilitar el acceso a la verdad”

Respecto a España pide al gobierno español que “asuma un compromiso categórico con los derechos humanos en cuanto a desapariciones forzadas se refiere” y opina que las autoridades españolas “deben facilitar el acceso a la verdad, la Justicia y la reparación de las víctimas de desaparición forzada durante la Guerra Civil y el Franquismo”.

A su vez, opina que España debe pedir Gobierno estadounidense “una aclaración” sobre el paradero del ciudadano español Mustafá Setmariam, desaparecido desde noviembre de 2005 tras ser detenido en Pakistán por estar presuntamente relacionado con los atentados terroristas del 11-M y el 11-S, además del atentado perpetrado en abril de 1985 en el restaurante El Descanso de Madrid.

“Garantizar la reparación de las víctimas”

Respecto a la cifra de 114.000 personas apunta que el Gobierno “sigue obviando” la responsabilidad del Estado de investigar estas “graves violaciones de derechos humanos y garantizar Justicia y reparación a las víctimas”.

“España tiene la obligación de dar a conocer el paradero de los restos de los fallecidos”, recuerda.

También reflejan que las autoridades españolas “siguen sin cumplir sus compromisos con la legalidad internacional” al no incluir en su, modificación del Código Penal el delito de desaparición forzada conforme a la definición de la Convención de Naciones Unidas para la Protección de las Personas ante la Desaparición Forzada, que España ya ha ratificado.

Por otro lado, y en relación a Latinoamérica indica que tampoco el Gobierno salvadoreño ha puesto en marcha medidas para resolver los “2.270 casos de desapariciones forzadas llevadas a cabo durante el conflicto interno en la década de los 80”.

Por último la AI informa que en México hubo al menos 700 casos de desaparición forzadadurante la “‘guerra sucia'” emprendida por el ejército y las fuerzas de seguridad en las décadas de los 70 y los 80, que siguen en la más completa impunidad.

Público.es


Catalunya aprueba “dignificar” las fosas comunes de la Guerra Civil…

septiembre 1, 2010

La Generalitat ha aprobado el reglamento de la Ley de Fosas que establece que el Govern deberá impulsar un protocolo de actuación para “dignificar” las fosas comunes de la Guerra Civil y el franquismo.


El reglamento regula las condiciones y procedimientos que deben seguirse para localizar y recuperar los restos de personas desaparecidas entre 1936 y 1975.

Crea un censo de desaparecidos, mapas de localización de fosas y también que el Govern deberá acordar con los ayuntamientos protocolos de actuación para “dignificar” las fosas comunas situadas en los cementerios municipales.

Entre las primeras actuaciones, se prevé una intervención en la fosa situada en el cementerio de Lleida.

El censo de desaparecidos dice en la actualidad que hay más de 3.600 desaparecidos en este periodo y 179 fosas, y se están haciendo los trabajos correspondientes para comprobar si existen unas sesenta fosas más.

La Ley de Fosas es pionera en el estado español y reconoce el derecho que tienen los familiares de los desaparecidos de obtener información sobre el destino que tuvieron, la señalización y lugares públicos de las fosas y el derecho de los ciudadanos a saber todo lo que ocurrió durante la Guerra Civil y el Franquismo.

Europapress


El insulto como argumento. Respuesta a Santos Juliá…

septiembre 1, 2010

Una posible explicación de la resistencia a la recuperación de la memoria histórica (hecho que requiere la intervención del estado) por parte de ciertos autores definidos como progresistas, es que no tuvieron la misma experiencia que la que tuvieron los vencidos y, por lo tanto, no sientan con la intensidad con que sentimos los hijos de los vencidos la urgencia y necesidad de que se corrija esta situación.

El profesor Vicenç Navarro (Imagen de archivo)

A la vuelta de mi exilio, una de las realidades que me encontré en España que más me sorprendió fue lo generalizada que estaba en los establishments políticos y mediáticos del país la definición y percepción del proceso de transición de la dictadura a la democracia como modélica. Los datos, que publiqué en mi libro“Bienestar insuficiente. Democracia Incompleta. De lo que no se habla en nuestro país”, Editorial Anagrama, 2002, no avalaban tal percepción. La transición se hizo en términos muy favorables a las derechas (que dominaron aquel proceso), determinando una democracia muy limitada y un estado del bienestar muy poco desarrollado. Los datos que probaban lo que decía estaban ahí para el que quisiera leerlos. Y si alguien estuviera en desacuerdo, hubiera sido muy bienvenida su aportación de datos cuestionando los míos. Pero no llegaron. En su lugar, la respuesta a mi libro por parte de voces de aquellos establishments fue ignorarlo o abierta hostilidad. Por desgracia (y aunque el libro recibió el Premio de Ensayo de Anagrama 2002), el impacto de mi crítica fue mínimo, pues tal definición de la transición como “modélica” continúa enraizada en aquellos establishments y a través de ellos en amplios sectores de la intelectualidad española.

Uno de los indicadores de lo inmodélica que fue aquella transición fue la injusticia que se hizo hacia los vencidos en aquel conflicto, olvidando su historia. A lo máximo que se llegaba en los medios de mayor difusión del país (tales como la televisión) era a presentar como equidistantes las atrocidades llevadas a cabo por los mal llamados “dos bandos” (a los que se llamaba nacionales por un lado y republicanos por el otro). Pero esta versión del pasado y el olvido de la lucha de los vencidos no era sólo la perpetuación de una enorme injusticia, sino un enorme error político de las fuerzas democráticas del país (y muy en especial de las izquierdas, que habían representado a los vencidos en aquella transición), pues el poder de las derechas derivaba precisamente del control de aquella memoria. De ahí que hubieran promovido el olvido del papel clave que las izquierdas tuvieron en la defensa de la única democracia anterior a la actual que había vivido España, y su recuperación. Era lógico que las derechas, que tuvieron gran responsabilidad en el alzamiento golpista (a los que se les llama también rebeldes) y en el establecimiento de la dictadura, quieran mirar adelante sin mirar atrás. Pero ha sido un profundo error de las izquierdas contribuir a aquel olvido, porque el que controla el pasado controla el futuro. Y esto es mucho más que una mera frase retórica. En mi libro “El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias”. Anagrama. 2006, intenté mostrar que el enorme retraso de la democracia española y de su estado del bienestar se basa precisamente en el enorme poder que las derechas han tenido históricamente y continúan teniendo en nuestro país, incluyendo en sus medios de información y persuasión.

En mis escritos tuve que hacer crítica de los autores que, debido a su acceso privilegiado a los medios de mayor difusión, han tenido una elevada prominencia en la promoción de la percepción y definición de la transición como modélica. Tales autores consideran que la transición fue un pacto entre iguales -entre los herederos de los vencedores y de los vencidos-, negando a su vez que hubiera habido un silencio de la memoria de los vencidos. Entre ellos estaba el columnista de El País, y Catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España (UNED), Santos Julià. Quisiera añadir que en mis críticas nunca utilicé ni el insulto ni el sarcasmo. Un aspecto que me desagradó profundamente cuando me integré de nuevo en la vida académica y política de nuestro país fue la excesiva tirantez y agresividad en los debates políticos, e incluso académicos, que atribuí a la escasa experiencia democrática y a la rudeza de la derecha española (homologable en muchas de sus posturas y narrativas a las ultraderechas europeas). Todavía hoy escribo en diarios de los países en los que he vivido durante mi largo exilio (Suecia, Gran Bretaña y EEUU), y en ninguno existe el nivel del insulto, sarcasmo, estridencia e hipérbole que aparece en España. La agresividad de las derechas en España es enorme, y ha contagiado en muchas ocasiones a las derechas democráticas (todavía minoritarias en las derechas en España), al centro político e incluso, a veces, a las izquierdas.

¿Hubo o no silencio sobre nuestro pasado?

En mis críticas suelo referirme a datos y a experiencias concretas. Un ejemplo de ello es mi crítica a la postura de Santos Julià, que sostiene que no hubo silencio sobre el pasado ni sobre la memoria de los vencidos (aportando, como muestra de la veracidad de su postura, libros escritos sobre la Guerra Civil desde una perspectiva republicana). En mis trabajos indiqué que la mayoría de tales libros eran académicos, señalando que la distancia entre la academia y la calle es enorme en España. En realidad, en los medios de mayor importancia para poder llegar a la mayoría de la población, tales como la televisión, el primer documental mostrando la enorme y brutal represión en contra de los vencidos, “Els nens perduts del franquisme” (Los niños perdidos del franquismo) se hizo casi un cuarto de siglo después de la transición. Si Santos Julià está en desacuerdo, lo lógico sería que mostrase datos que cuestionaran los míos. No hace esto. En lugar de ello, insulta (a lo cual me referiré más adelante).

Lo mismo ocurrió cuando indiqué que una posible explicación de la resistencia a la recuperación de la memoria histórica (hecho que requiere la intervención del estado) por parte de ciertos autores definidos como progresistas, es que no tuvieron la misma experiencia que la que tuvieron los vencidos y, por lo tanto, no sientan con la intensidad con que sentimos los hijos de los vencidos la urgencia y necesidad de que se corrija esta situación. La memoria de los hijos de los vencedores es distinta a la de los hijos de los vencidos. Escribí que la mayoría de tales autores que escriben en contra de la aplicación y extensión de la Ley de la Memoria Histórica son hijos de vencedores, no de vencidos, e indicaba que si fuera al revés, creo que la situación sería distinta. No era mi intención insultar. Ser hijo de una persona que luchó en el lado golpista no es, en sí, un insulto. Muchos de mis compañeros en la clandestinidad en los años cincuenta y sesenta fueron hijos de vencedores. Y muchos militantes del Partido Comunista fueron hijos de vencedores. Este no es el tema. El tema es que ser hijo de vencedores tiene una experiencia distinta a la de ser hijo de vencidos. Es lógico y humano que sean estos últimos, que han tenido en carne viva mayor experiencia de aquella brutal represión, los que deseen con mayor intensidad que se recupere la memoria de los suyos. Decir esto no es, como Santos Julià, maliciosa y erróneamente me acusa, continuar la división de España entre vencedores y vencidos. Pero me parece obvio subrayar que en la experiencia habida en cuanto a la memoria histórica, las memorias entre los hijos de vencedores y los hijos de vencidos son distintas, con consecuencias diferentes. Y es lógico, predecible y humano que sean los que tuvieron la experiencia de los vencidos los que desean con mayor intensidad que no se olviden a sus antecesores, que lucharon para conseguir la democracia durante la República y después. Y que como consecuencia sufrieron una represión brutal. En nuestras familias han habido fusilamientos, prisioneros en campos de concentración españoles y nazis, torturas, humillaciones y exilios. Exigir que se les honre no es revancha o venganza, sino justicia. Naturalmente que en este homenaje tiene que haber una condena de los responsables de tanto sufrimiento. Esto es lo que implica la justicia, y ello significa una necesaria corrección de la historia del país, lo cual, sin duda, debilitaría a las derechas. Repito que este reconocimiento no es la exigencia de perpetuación de la división de los españoles entre vencedores y vencidos, pues hacer aquel reconocimiento y corrección de la memoria histórica es obligación democrática de todos, independientemente de su origen.

En una democracia, los datos y argumentos no deben sustituirse por insultos

Una última observación. Un amigo me envió hace unos días copia de un artículo de Santos Julià sobre mi postura, refiriéndose a mi persona como un “personaje llamado Vicenç Navarro”, al cual define como “residuo del franquismo”. Con esta introducción, la retahíla de insultos (me llama “vil”, “ruin”, “ese caballero”, “retorcida mente”, “deshonrado” y un largo etcétera) y sarcasmos, dirige sus acusaciones a posturas que yo no sostengo, como la de que constantemente en mis trabajos “divido a los españoles entre hijos de vencedores e hijos de vencidos, tal como hacía el franquismo”. Lo que escribí, y repito, es que la gran mayoría de los que se oponen a la recuperación de la memoria histórica son hijos de familias conservadoras y/o hijos de los vencedores que por tal condición no tienen una identificación existencial con los vencidos, señalando, entre otros, a Santos Julià, al cual definí como ex sacerdote e hijo de vencedores. En su artículo niega que fuera hijo de vencedores y que su padre, un oficial de la Armada, no apoyó el golpe militar. Tomo nota de la aclaración. Y no tengo ningún inconveniente –antes al contrario- en hacer tal corrección pública. Pero no se necesita ninguna disculpa pues, aunque hubiera sido hijo de vencedores, no era mi intención insultar, sino describir el background de muchos de los autores que se oponen a la aplicación y extensión de aquella Ley de la Memoria Histórica. Es importante hablar y conocer el pasado de las personas, y como influencian sus posturas políticas en temas tan importantes como la recuperación de la memoria histórica. Ahora bien, me sorprende que si su padre no apoyó el golpe, él se oponga a que el estado ayude a recuperar la memoria de los que lucharon en contra de la dictadura.

Termina Santos Julià su carta ofensiva con un pequeño psicoanálisis, interpretando mi crítica como resultado de mi frustración -dice él- de que no se hubiera dignado responder a las críticas debido –añade- a su pereza. La arrogancia del establishment no tiene límites. Le aseguro a Santos Julià que nunca tuve ninguna frustración porque no contestara a mis críticas, pues su predecible silencio es un indicador de falta de argumentos, aún cuando, al decidir romperlo haya sustituido éstos con insultos y con un estilo que le caracteriza y es bien conocido. Sus posturas sobre la transición, sobre la Guerra Civil, sobre la Ley de la Memoria Histórica y otros temas, son bien conocidas, pues cuentan con amplias cajas de resonancia poderosas en nuestro país. Y mis posturas sobre cada uno de aquellos eventos es distinta y critica de la suya. Si está en desacuerdo, que haga como yo hago, que presente datos, argumentos y experiencias. Pero, por favor, que no insulte. No sólo entre académicos, sino entre demócratas, los desacuerdos se presentan en base a evidencia y argumentos, no con ofensas, sarcasmos o insultos.

Vicenç Navarro – Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

Blog: www.vnavarro.org

NUEVATRIBUNA.ES



Las dos España, mitos y leyendas…

septiembre 1, 2010

Hoy no hay dos Españas, en ningún caso. El franquismo, mediante el terror, creó, al calor del turismo y de las remesas de los emigrantes, una clase media tirmorata e indolente, generalmente poco ilustrada y ajena a la cosa pública, salvo para maldecir a quienes en ella se involucraban, fuesen honrados o lo contrario.

NUEVATRIBUNA.ES – 31.8.2010

Pedro Luis Angosto

En 1930 existían, en efecto, dos Españas. Una formada por plutócratas, clases medias tradicionalistas, militares y clérigos, que tenía todos los privilegios del dinero, la alcurnia y el poder, y otra, inmensamente mayoritaria, analfabeta, pobre, humillada, amedrentada, resignada y sin apenas posibilidades de prosperar. Aunque sorprenda, las dos Españas nos se relacionaban entre si más que obedeciendo a estructuras muy jerarquizadas y era –como en La India- muy difícil pasar de la una a la otra. Tan sólo algunos burgueses arrimados a las
gentes de bien, traicionando a su clase, podían terminar matrimoniando con algún “pollo” venido a menos y situarse, no sin recelos, entre los elegidos.

Fueron burgueses ilustrados quienes formaron los primeros gobiernos republicanos, burgueses con un programa de reformas moderadas ya aplicadas en buena parte de nuestro entorno; burgueses que se verían obligados a combatir a las masas populares hartas de siglos de atropellos y abusos, pero decepcionadas por el lento avanzar de los cambios liberadores alimentados por el sueño republicano. Los proletarios creyeron que la República acabaría de un plumazo con todo el entramado caciquil que los subyugaba y oprimía, lanzándose, generalmente dirigidos por la CNT, a huelgas y conflictos que los sucesivos gobiernos hubieron de reprimir con los medios a su alcance, que no eran muchos, sobre todo si pensamos que una parte del Ejército conspiraba contra el nuevo régimen desde el mismo día de su instauración. La obra reformista de la República, desarrollada en tan sólo dos años, quiso primero dar escuela a quienes carecían de ella, esperando como fruto ciudadanos libres y conscientes; elevó los salarios de los jornaleros; admitió el divorcio, el voto de la mujer, emprendió obras públicas para mitigar el paro, puso en marcha una tímida reforma agraria y quiso la separación –condición sin ecua non para avanzar en el progreso social- de la Iglesia y del Estado. La pobreza impulsó a muchos jornaleros y obreros a luchar por mejorar su situación, enfrentándose abiertamente con los gobiernos republicanos y cometiendo, en ocasiones, desmanes sólo justificables por su terrible situación; la defensa del privilegio, animó a la minoría que todo lo tenía a empuñar las armas del Estado contra el Gobierno y
contra los pobres, provocando una de las etapas más desdichadas y trágicas de nuestra historia. Sí, había entonces varias Españas -puede que tres, o que cuatro-, pero fundamentalmente dos: La de los que dieron rienda suelta a los cuatro jinetes del Apocalipsis movidos por un egoísmo brutal; y la que, desde el analfabetismo y la opresión secular, quiso romper la armadura obscena que les oprimía.

Hoy no hay dos Españas, en ningún caso. El franquismo, mediante el terror, creó, al calor del turismo y de las remesas de los emigrantes, una clase media tirmorata e indolente, generalmente poco ilustrada y ajena a la cosa pública, salvo para maldecir a quienes en ella se involucraban, fuesen honrados o lo contrario. Esa clase social, que hoy abarca desde obreros manuales en precario a profesionales con alta remuneración, trabaja sin descanso, paga sus impuestos, consume en la medida de sus posibilidades, es dócil y comprende a la inmensa mayoría de habitantes de este país. De sus entretelas salen dos apéndices minoritarios, uno reaccionario que tiene la mirada puesta siempre en el pasado y en las “nuevas” políticas ultraconservadoras; otra, reformista que, desnutrida en sus filas por el avance del descreimiento y “el desencanto” acomodaticio, pretende solucionar, con mayor o menor destreza, los problemas que nos acucian desde antiguo.

Sin embargo, pese a su implantación minoritaria, la influencia social de los apéndices es grande y todavía son muchos quienes siguen hablando de las dos Españas, de “guerravicilismo”, de balcanización del país. Nada más falso. Lamentablemente, nuestra actual democracia no quiso que de las escuelas saliesen ciudadanos conscientes y libres, a los jóvenes se les ocultó el pasado como si no hubiese existido y hoy, para algunos, aunque parezca mentira, resulta una provocación que una persona quiera saber donde yacen los restos de su padre fusilado y torturado; que se intenten fórmulas para que los nacionalismos periféricos se integren placenteramente dentro del Estado; que se llame genocidas a quienes cubrieron España de sangre y terror una vez acabada la contienda civil.

No, hoy no existen dos España, pero sí una minoría recalcitrante que hace mucho ruido y tiene pocas nueces que vender, que está al acecho, que ha multiplicado su hacienda por mil al calor de la especulación y de la destrucción, hormigonera en mano, física de España, que sigue sin estar dispuesta a perder ni uno solo de sus privilegios “innatos”. La inmensa mayoría, como antaño, calla y contempla el panorama desde un puente, ajena a su historia.

Pedro L. Angosto

Nueva tribuna.es



El médico que burló a la Gestapo…

septiembre 1, 2010

CARLOS PREGO – Santiago – 31/08/2010

La hija de Eduardo Martínez novela la epopeya del vigués que salvó a miles de judíos.

Patricia Martínez, hija del ex agente británico Eduardo Martínez, ante una placa conmemorativa en la prisión de Miranda del Ebro.-

La infancia a caballo entre embajadas sudamericanas, las grandes cities británicas y su Vigo natal hicieron de Eduardo Martínez Alonso (Vigo, 1903) un gentleman de sonrisa gallega. Su vocación médica y una ética contraria al embozo de las banderas pusieron el resto para convertirlo en uno de los 164 agentes secretos españoles (SOE, en sus siglas en inglés) con los que el Gobierno de Winston Churchill salvó en los años cuarenta a 300.000 refugiados huidos de la Alemana nazi. Su misión consistía en burlar los controles de la Gestapo para que polacos y judíos pudiesen alcanzar sin riesgo la frontera lusa.

La historia de Eduardo Martínez permaneció oculta en los ficheros de la National Archives de Londres hasta que en 2005 la hija de ex agente, Patricia Martínez, pudo acceder a ellos. El motivo: el goteo de anécdotas y pasajes sin conexión que escuchaba de niña y que su padre nunca le pudo aclarar por el juramento de silencio que en 1943 hizo al Servicio de Inteligencia Secreto (SIS). “Nunca lo dijo”, aclara Patricia Martínez, “de niña escuchaba comentarios que fueron despertando mi curiosidad”. Los archivos, el rosario de anécdotas que conserva y los testimonios de su propia madre, Ramona de Vicente, constituyen ahora el argumento de La clave de Embassy, la novela que acaba de publicar relatando la hazaña de su padre.

Durante 60 años su historia permaneció oculta en el Archivo de Londres.

Las misiones de Martínez se orquestaban a través de la Cruz Roja británica, dirigida por el mismo MI6 -el servicio secreto británico- en Vauxhall Cross, que años después se haría célebre tras descifrar el Código Enigma empleado por las SS. Allí obtenía la lista de prisioneros a los que más tarde visitaba en la cárcel de Miranda de Ebro con una carpeta de partes médicos falsos bajo el brazo. Sólo su sangre fría de cirujano y las mil argucias de diplomático le permitieron frecuentar el presidio franquista entre 1939 y 1941 y sacar de allí a cientos de polacos.

La parte más arriesgada, sin embargo, consistía en trasladar a los prisioneros desde Miranda de Ebro a Gibraltar y Galicia, las dos principales vías de salida. Patricia Martínez recuerda cómo la labor del médico se centraba en la frontera con Portugal. “Había dos puntos para escapar, uno era Redondela y otro, el principal, el de Guillarei”. La participación de Martínez en aquellas operaciones la atestigua un plano trazado a mano por el propio ex agente en el que explica a los aliados británicos cómo moverse por el río Miño para recoger a los refugiados.

Ningún plan dura eternamente y en 1942, cuando las investigaciones de la Gestapo cercaron a Martínez, el MI6 decidió sacarlo de España. Tras casarse el 3 de enero, Eduardo y Ramona viajaron en luna de miel a Lisboa en lo que constituía una huida camuflada a Londres. El exilio duró cuatro años, pero no puso fin a la colaboración de Martínez con la inteligencia británica. Cómo consiguió regresar a España en 1946 e instalarse cómodamente en Madrid es uno de los enigmas que ha centrado las investigaciones de Patricia a lo largo de los últimos años. Para ella la respuesta es clara. El papel neutral de España durante la II Guerra Mundial permitió a los aliados una “intervención en los asuntos internos” del Régimen franquista. La buena posición social de Martínez y su falta de relaciones con la República hacían que el riesgo lo representase la Gestapo, no la dictadura. “Mi padre era afranquista“, aclara Patricia, “él sólo era un monárquico partidario de Alfonso XIII”.

De carácter afable, Patricia aclara que Eduardo Martínez poco tiene que ver con los agentes especiales al uso. El fue un “antitopo“, que aún manteniendo silencio sobre susviajes, nunca se privó de alimentar la rica vida social de la que disfrutaba como médico madrileño. El título que da nombre a su novela, La clave Embassy, escogido en honor del selecto salón Embassy, que su padre visitaba con frecuencia, es buena muestra de ello. El Embassy era un local de moda en el Paseo de la Castellana (Madrid), pero al mismo tiempo servía de punto de encuentra a los anglófilos que colaboraban en la liberación de refugiados.

Rico, con una posición social prometedora y sin antecedentes que le hiciesen temer a la dictadura, la opción escogida por Eduardo rompió con los esquemas del momento. “Mi padre se metió en esto por ética y por amor a la vida”, aclara Patricia. Su hazaña le valió la Medalla al Valor del Gobierno británico en 1945 y una propuesta en 2007 para distinguirlo como Justo entre las Naciones.

El País.com


REPLEGA fomenta el intercambio de artículos y exhibe una exposición inédita de recortables de papel de la Guerra Civil…

septiembre 1, 2010

MONZÓN (HUESCA), 30 (EUROPA PRESS) La localidad oscense de Monzón albergará, el 4 y 5 de septiembre, la VII edición de la feria nacional del coleccionismo general y popular REPLEGA, cuyo objetivo es fomentar el intercambio de todo tipo de artículos, como carteles, pins, sellos, mecheros o azucarillos, entre otros. Además, se podrá visitar la exposición inédita ‘¿A qué jugaban los niños y niñas de 1936 a 1939?’, que recoge recortables de papel de la Guerra Civil.

En un comunicado, el presidente de la Institución Ferial de Monzón, Joaquín Palacín, ha subrayado que muchos “museos y exposiciones se han surtido del material de coleccionistas particulares de objetos, que en su día eran despreciados por una inmensa mayoría, pero que con el tiempo se han convertido en referencia para conocer una parte de nuestra historia”.

Desde la primera edición de REPLEGA “el apoyo del público ha sido espectacular, más de 5.000 personas de diversas partes de España acuden anualmente a la cita”, ha indicado Palacín.

El director del certamen, Chorche Paniello, que colecciona pegatinas de todo tipo, decidió crear esta feria porque no había ningún encuentro, a nivel nacional, en el que se pudieran intercambiar todo tipo de objetos.

Además de la compra, venta o intercambio de objetos, se han programado exposiciones, presentaciones de libros y exhibiciones, todas ellas gratuitas.

La exposición inédita sobre recortables de papel de la Guerra Civil, bajo el nombre de ‘¿A qué jugaban los niños y niñas de 1936 a 1939?’, recoge los recortables que Manuel Ortega ha ido recopilando durante más de cuarenta años.

Ortega ha señalado que coleccionar estos objetos presenta “muchas dificultades, porque muchos no se conservan bien, se crearon tiradas no controladas y se hicieron numerosas impresiones”. Asimismo, muchos de ellos se han destruido.

La exposición comprende figuras troqueladas de papel y cartón que representan a los requetés, milicianos, falangistas, aviones, carros de combate, cañones o soldados, entre otros.

OTRAS EXPOSICIONES

Chorche Paniello, que ha promovido, a través de REPLEGA, el binomio del coleccionismo popular con cultura y la memoria histórica, ha destacado que “ahora que se habla tanto de la memoria histórica, es importante valorar el trabajo de los coleccionistas en este campo”.

Durante esta feria se podrán visitar otras exposiciones, como una de cajetillas de tabaco del siglo XX, una de envases de hojalata o la de décimos de lotería con motivos de la arquitectura popular Española, castillos de España y arte románico.

Por su parte, Chorche Paniello exhibirá su colección de pegatinas del 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo. Asimismo, Cristian Santisteve, de 10 años de edad, mostrará todos los búhos que ha recolectado desde que tenía dos años.

Las asociaciones de coleccionistas de todo el territorio nacional tienen un papel protagonista en la celebración de este certamen. “Su fidelidad y participación, desde la primera edición, es la garantía de éxito de este salón pionero a nivel nacional”, han indicado el presidente de la Institución Ferial de Monzón, Joaquín Palacín.

Europa Press via Yahoo! España Noticias