Almudena Grandes y la memoria histórica…

Inés y la alegría, la más reciente novela de la escritora, tiene como telón de fondo la fallida Operación Reconquista de los guerrilleros republicanos en 1944.

ALEJANDRO M. GALLO Almudena Grandes sitúa su última novela, Inés y la alegría (Tusquets, 2010), en el fallido intento de la Unión Nacional Española de penetrar en el «cortijo de los Franco» para liberar un terruño en el que asentar el Gobierno provisional de la II República. Lo anterior se conoció como la invasión del Valle de Arán u Operación Reconquista y, sobre ello, no hay versión oficial. Es más, no la habrá jamás.

Como tengo la manía de hablar y escribir para los últimos de la clase, situémonos en los días previos y posteriores a la citada incursión: Montgomery acaba de sufrir la mayor derrota de su historia militar en la Operación Markel Garden; George S. Patton se repliega en las Ardenas; el I Ejército francés, con la II División blindada de Leclerc y la Legión Extranjera en cabeza, apenas contiene a las unidades Waffen-SS en Alsacia; los batallones Libertad y Guernica aún combaten a la Wehrmacht en el estuario del Gironda; el frente soviético lleva semanas estancado; y de lo que ocurre en el Pacífico es mejor ni hablar.

Unido a lo anterior, meses atrás -verano de 1944-, la masacre del Maquis de Vercors, en el que la Wehrmacht mató a cuatro mil guerrilleros, enseñó al más torpe de los estrategas que nunca se pueden utilizar guerrilleros como fuerzas de asalto de infantería, ya sea ligera o mecanizada.

En medio de este contexto militar, alguien ordena en la segunda quincena de 1944 a cuatro mil guerrilleros españoles, que habían combatido a los nazis y liberado el Mediodía, penetrar en España para crear una cabeza de playa. Se produjo lo evidente: el fracaso.

Cuando uno pregunta: ¿por qué naufragó la invasión del Valle de Arán? Siempre surge la voz que justifica la incompetencia: «Los Aliados no nos ayudaron». Pero en el contexto antes dibujado, ¿quién iba a apoyar a los guerrilleros de Arán? Yo se lo diré: ni los dioses. A quien estas líneas escribe siempre le gustó saber a ciencia cierta quién fue el genio militar que diseñó esa operación. No para entregarle una medalla ni elevarle una estatua a título póstumo, más bien para mostrar a las generaciones presentes y futuras cómo no se deben hacer las cosas.

Antes les dije que nadie ofreció una versión oficial. A lo que añado que los dos grandes pioneros en la recuperación de la gesta del exilio republicano, Antonio Vilanova (Los olvidados, Ruedo Ibérico, 1969) y Eduardo Pons Prades (Los republicanos españoles en la II Guerra Mundial, La Esfera, 1975), pasaron de puntillas sobre este hecho. ¿Las razones? Las disputas internas entre las facciones políticas del exilio.

Dicen que en un principio eran doce mil guerrilleros dispuestos a la toma del Valle de Arán. Alguien ordenó que los extranjeros se replegasen, para que Franco no lo vendiese como una invasión de otra potencia. Quedaron siete mil. A continuación, los anarquistas y los del extinto POUM alegaron que no iban con los comunistas ni a recoger pesetas. El número se redujo a cuatro mil (momento en el que comienza Inés y la alegría). Después de la debacle, los dirigentes del PCE callaron. Y Franco era de los más interesados en silenciarlo.

Así que llegados a este punto, sólo nos quedan investigaciones como las de Secundino Serrano en La última gesta (Aguilar, 2005) o novelas como Siempre quedará París de Ramón Acín (Algaida, 2005) o la versión ofrecida por miembros destacados de la dirección del PCE, como Manuel Azcárate, o testimonios aislados como el de Lluís Montagut en Yo fui soldado de la República, 1936-1945 (Inédita, 2004). Y ahora sumamos a Almudena Grandes con Inés y la alegría. Centrémonos en esta novela.

La autora, a través de cuatro capítulos que intercala en las peripecias de sus dos protagonistas, nos explica las razones por las que se produjo la Operación Reconquista, su finalidad y hasta su fracaso. Nos muestra quienes fueron los artífices de la misma, sus protagonistas directos, los que se subieron al carro a última hora y los que se bajaron de él de inmediato. Todo ello en una versión muy arriesgada, dicho sea de paso.

Desde el primer capítulo, Almudena repite hasta la saciedad: «La Historia inmortal hace cosas raras cuando se cruza con el amor de los cuerpos mortales». Sospecho que es para mostrarnos su posición ante esa visión de la Historia que algunos denominan «La nariz de Cleopatra».

La Nueva España vía google noticias


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