Los muertos de Pinochet en Copiapó no salen en la televisión…

Familiares de desaparecidos celebran el procesamiento de Pinochet en 2001. / REUTERS

Consiguieron salir los 33 mineros de San José tras 69 días de entierro, pero en el desierto de Atacama que se los tragó hay más historias, la de los desaparecidos de La caravana de la muerte, el escuadrón de asesinos que dirigido por el general Sergio Arellano Stark mató en octubre de 1973 a 96 personas sin juicio ni sentencia, al capricho del dictador Pinochet, con el fin de dar escarmiento y ejemplo. En Copiapó, donde se arremolina la prensa mundial para asistir a la salida de los primeros dados de alta, se asesinó a 16 personas, tres de ellas siguen desaparecidas. Le supera Calama, con 26. Hubo más en Valdivia (12), Curicó (dos), Linares (cuatro), Cauquenes (cuatro), La Serena (15), Antofagasta (14) y Arica (tres).

Pertenece a la época más siniestra de Chile, sobre la que cayó un manto de silencio. Entonces no había focos, ni retransmisiones televisivas en directo ni emoción planetaria.

Los casos de Benito TapiaAntonio Maguindo Castillo y Ricardo Hugo García, los desparecidos de Copiapó, junto a los de Calama, sirvieron para procesar a Pinochet. El dictador que tanto había trabajado por labrarse un lugar en su historia quedó descabalgado gracias a un juez español y el empeño de un abogado, Joan Garcés, amigo de Salvador Allende. Pinochet cambió la eternidad de los héroes de la patria por la de los asesinos en masa. Hoy está donde debe: en la historia de la infamia.

El caso del desaparecido de Copiapó Ricardo Hugo García es una metáfora de la transición chilena. Amigo de juventud del que después sería presidente socialista, Ricardo Lagos, le sirvió de bien poco ese vínculo pues este no movió un dedo por su memoria ni la de los otros, recuerda Gervasio Sánchez en conversación con Aguas Internacionales. El fotoperiodista español es uno de los que más y mejor ha documentado la tragedia en su libro La caravana de la muerte: las víctimas de Pinochet.

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El rostro de la muerte: Arellano Stark.

El tipo que aparece en la foto superior es un asesino en serie. Llegó a Copiapó el 16 de octubre de 1973 a las 20.00 horas. Viajaba en un helicóptero Puma escoltado por otros dos. Venía de La Serena, también de matar. Sacaron a 16 presos y los asesinaron. Los cuerpos se hallaron en una fosa común en 1990. Presentaban mutilaciones, incluso uno había sido decapitado. El forense que analizó los restos determinó que muchos habían sido asesinados a cuchillo, “una muerte lenta y atroz”. La hija del amigo de juventud del presidente Lagos, Ximena García se suicidó a lo bonzo en México el 11 de marzo de 1990, el mismo día que Pinochet dejaba la presidencia. La mujer sobrevivió 17 años al dolor de la desaparición de su padre, pero no pudo aguantar ni un minuto de esperanza a la llegada de la democracia.

En la matanza de Calama murieron 26 personas. Habían sido condenadas a penas menores que oscilaban entre los dos meses y los 20 años. A la cuadrilla Arellano Stark no le frenó la ley. Todos fueron asesinados. Solo han aparecido restos de 13. Los esqueletos fueron sacados de la fosa común y arrojados al mar por sus asesinos o sus cómplices para no dejar huellas. Las limpieza no fue perfecta. Entre los restos hallados está un dedo de Haroldo Cabrera. Debieron cortáselo para robarle el anillo.

El presidente Sebastián Piñera, que tanto ha salido en televisión estos días y tan efectivo ha sido en el rescate de los mineros, también tiene su pasado, cuando se sentía y proclamaba tan próximo al dictador que dirigió la matanza de sus ciudadanos.

Para Pinochet lo suyo no fue una dictadura. A cada personaje le cuesta mirarse al espejo y encontrar las palabras. Para eso está la justicia y los jueces, para recordárselas. En el caso de Chile, la verdadera transición comenzó en 1998 con la detención en Londres del general-dictador. Solo el Gobierno de Michelle Bachelet hizo algo por las víticmas. Su padre, el general Alberto Arturo Bachelet Martínez fue una víctima de Pinochet.

La lista de la vergüenza:

-Sergio Arellano Stark, general de Brigada.
-Teniente Coronel Sergio Arredondo González.
-Comandante Pedro Espinoza Bravo (autor intelectual del asesinato del canciller Orlando Letelier.)
-Capitán Marcelo Moren Brito, comandante de Villa Grimaldi, notorio recinto de detención y tortura, donde fueron vistos por última vez con vida a numerosas personas desaparecidas. (Este fue el torturador de la ex presidenta Bachelet, quien, después de muchos años, lo encontró viviendo en su mismo edificio. Lo reconoció en un ascensor)
-Comandante Armando Fernández Larios, involucrado en el asesinato del Canciller Orlando Letelier y otros atentados fuera de las fronteras de Chile.
-Teniente Juan Chiminelli Fullerton, coordinador logístico de la misión, ascendido a teniente coronel.
-Antonio Palomo Contreras, piloto del helicóptero en la gira del sur. En el 2000 fue señalado como uno de piloto del helicóptero desde cual prisioneros fueron arrojados al mar.
-Comandante Carlos López Tapia, uno de los ejecutores, quien llegó a ser Jefe de la División de Inteligencia que operó desde Villa Grimaldi.
-Emilio de la Mahotiere, copiloto en el sur y piloto en el viaje al norte.
-Luis Felipe Polanco, copiloto y ejecutor en la gira al norte.

Esta canción de Quilapayún representa un buen cierre provisional de la historia de La caravana, porque esta se mantiene abierta mientras siga desparecido un solo asesinado.

El País.com

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