74 años de oprobio y treinta y cinco de olvido democrático…

noviembre 21, 2010

Francisco Franco y Juan Carlos de Borbón

 

74 años de oprobio y treinta y cinco de olvido democrático

Ayer se conmemoraba el 35 aniversario de la muerte del dictador, golpista y asesino regidor de los destinos de nuestro país durante casi cuarenta años. Nada nuevo en el horizonte con respecto a una parte de nuestra historia empolvada y enquistada por la cobardía, inoperancia y desidia de nuestra clase política y los diferentes Gobiernos supuestamente democráticos; pero sobre todo, por la habilidad del sátrapa Caudillo que dejó como bien dijo…”atado y bien atado” el destino y futuro de nuestra nación.

Planificó con astucia malévola la instauración monárquica de asignación autocrática; a mi parecer y personalmente, creo que es más acertada la acepción de… “dedocrática”.

Con la misma se nos vendió el cambio político, social y económico que nos permitía  pasar de la vida en blanco y negro, a la vida en color, eso sí, a cambio de unas migajas de renuncia, olvido y legitimidad soberana a elegir el futuro de nuestro país, por una teórica libertad y democracia descafeinada tal y como demuestran los hechos una vez pasado el tiempo. Y  que por supuesto, exigió para ello la renuncia del ideal republicano sin opción alguna, para así poder perpetuar la institución monárquica ante todas y sobre todas las cosas.

Esa renuncia transicional y que no valoraré ahora, ya que nunca he sido partidario de evaluar las situaciones y decisiones anteriores realizadas por otros, sobre todo, cuando uno no es consciente todavía o no tiene la capacidad  ni la posibilidad de tener todos los elementos de juicio y valor para determinar si ésa fue o no la mejor decisión; si quiero al menos dejar constancia,  de que independientemente del esfuerzo y valía de aquellos políticos y padres de nuestra Constitución y Ley de Amnistía de 1977 (que  al menos sí tuvieron capacidad de diálogo y entendimiento), obviaron algo tan importante como  es que…” al final el tiempo nos pone a todos en nuestro sitio”, y que al día de hoy,  queda más que demostrado  que el borrón y cuenta nueva enmascarado en una mala “Ley de la Memoria Histórica”  (Ley 52/2007 y que teóricamente debería ser ejercida en sus principios: Ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura), no sirven de nada.

Al menos,  si previamente no ha habido un proceso de verdadera “Recuperación de la Memoria Histórica” que permita el conocimiento, difusión y mantenimiento de la misma, a través de la reparación, el  resarcimiento de la memoria de todos aquellos que de un modo u otro fueron asesinados, perseguidos  o represaliados por ideología,  con las anulaciones de las sentencias y juicios sumarios o  con deficiencias procesales e indefensión de las víctimas,  y sobre todo con el mantenimiento de su recuerdo.

Pero  sobre todo, de todos aquellos que  durante y después de la Guerra Civil provocada por el irracional  golpe de Estado militar, y mal llamado “Alzamiento Nacional” de 1936;  y  de su posterior y brutal represión bajo régimen dictatorial, y que  fueron víctimas sistemáticas y gratuitas de una persecución implacable, premeditada y ordenada por Francisco Franco,  que además  fue obedecida, compartida y ejecutada  por sus cómplices y acólitos incondicionales sin la menor duda y con excelencia puesta en el trabajo; y que al día de hoy, no sólo es obviada y no reconocida, sino que además campa en la total impunidad jurídica e histórica.

Ése borrón y cuenta nueva quedó en evidencia ayer por milésima vez en Cuelgamuros, donde la razón de la justicia y el derecho, se quisieron ver apagados por la provocación de la fuerza bruta y el pensamiento único, con los insultos y amenazas de aquellos que se sienten tan demócratas que utilizan el vuelo de la gaviota para proclamar su libertad,  y el del águila imperial para demostrarnos quiénes son realmente y cómo desean imponer  sus criterios.

Sigue habiendo dos  Españas,  y éstas no son de colores, ni rojo ni azul, sino que por desgracia,  ésta es…, la de los enterrados y glorificados, y la de los olvidados bajo el suelo y en los archivos polvorientos. Setenta y cuatro años de oprobio y treinta y cinco de supuesta libertad y olvido democrático, esa es la realidad para los republicanos.

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de la A. I. La Memoria Viv@

 


 


La hija pródiga recobrada…

noviembre 21, 2010

La declaración como Bien de Interés Cultural de la Casa de Campo supone una ocasión para protegerla e integrarla de nuevo en el imaginario de la ciudad

RAFAEL FRAGUAS – Madrid – 20/11/2010

La Casa de Campo, cuya declaración como Bien de Interés Cultural en calidad de Sitio Histórico acaba de ser ratificada esta semana por el Gobierno regional, retorna así al amparo de las leyes protectoras de la ciudad y su entorno. Muchas vicisitudes la han afligido durante cinco siglos. Han sido tantas, que Madrid dejó de pensar en ella y de frecuentarla. Hoy, ecologistas, jardineros y especialistas perciben la decisión recién adoptada como un primer paso para impedir su deterioro y recobrar para los madrileños la plenitud de este bosque urbano único en Europa.

Con 1.900 hectáreas de extensión total, la protección se aplica sobre 1.722

La II República se incautó de su propiedad a la Corona en 1931

Con 1.900 hectáreas de extensión total, la protección se aplica sobre 1.722 hectáreas. Se halla enclavada en el poniente de la ciudad, en la ribera derecha del Manzanares. La riegan sus afluentes los arroyos Antequina y Meaques.

Pocos madrileños saben que este espacio forestal tan unido a la historia madrileña, aunque aún muy desconocido por quienes no viven en su vecindad, es el mejor mirador para la contemplación de la ciudad y de la sierra del Guadarrama, así como para el avistamiento de aves migratorias en tránsito hacia climas benévolos. Bandadas de grullas, cigüeñas, cormoranes y gaviotas surcan en otoño y primavera sus cielos transparentes gracias a las miríadas de quintales de oxígeno que les regala el medio millón de encinas, pinos y fresnos que aroman su atmósfera. Antiguo bosque y cazadero real, fue adquirido en 1562 por Felipe II a la familia de los Vargas. Desde 1931 es propiedad del Ayuntamiento.

La Casa de Campo es un bosque mediterráneo de encinas, adehesado, nutrido de pastizales y praderas, repoblado de pinos y arizónica. Llegó a albergar hasta 778 especies vegetales, según un censo del catalán Mas y Guindal realizado en 1923. Su flora descendería a 476 especies seis décadas después. Tal fue su deterioro que de tantas variedades se cree que no perdura más de la mitad. Pero a día de hoy no existe aún un nuevo censo. Sus frondosas arboledas y sotos, por donde remolonean erizos, triscan liebres y acechan zorros, decoran lomas de perfiles suaves cuya cota más elevada se sitúa en el cerro Garabitas, a 675 metros de altitud, y la más baja a 594 metros, cerca del río que surca su fachada oriental. Este cerro, desde donde la artillería pesada franquista batió Madrid durante la Guerra Civil, fue el primer enclave elegido por Franco para emplazar su monumento a los caídos, que luego instalaría en el valle de Cuelgamuros, cerca de San Lorenzo de El Escorial. Hasta 20 fortines de la contienda quedan aún en pie dentro de su perímetro, trufado todavía de trincheras.

Búnker de la Guerra Civil en la Casa de Campo de Madrid

La finca regia atesora un repertorio artístico-patrimonial que abarca desde yacimientos paleontológicos de grandes animales como rinocéridos y mamuts, hasta vestigios romanos, un cementerio visigodo o una galería de grutas abovedadas, espacio de recreo dotado de fuentes y jardines construidos en clave renacentista por Juan Bautista de Toledo, discípulo de Miguel Ángel en el Vaticano y autor de los primeros planos del monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

En su interior se alzó el palacete de los Vargas, donde Felipe II reunió cuantos cuadros pudo acopiar de Hieronimus van Aeken, El Bosco, como El jardín de las Delicias. ¿Qué hacían, en las colecciones de un rey tan rigurosamente grave, pinturas heterodoxas y semiheréticas como las de El Bosco? Hay pruebas de que Felipe II padecía de gota, cuyos agudísimos dolores se combatían en la época con láudano y alucinógenos. Su jardinero, el sacerdote Gregorio de los Ríos, cultivaba por orden suya estas especies en un jardín de plantas aromáticas y medicinales instalado en los aledaños del vetusto palacio.

Ensanchada en 43 fincas colindantes bajo el reinado de Fernando VI, entre 1746 y 1750, vallada durante el mandato de su hermano Carlos III, la Casa de Campo fue todavía ampliada hasta el siglo XIX por agregación de nuevas parcelas. La Segunda República se incautó de su propiedad a la Corona para entregarla al pueblo de Madrid. La población lo festejó con una romería laica en la que los madrileños guisaron caza menor allí capturada.

Aún hoy, la Casa de Campo permanece cercada de manera parcial por el tapial mampostero neoclásico que en los últimos años ha sufrido los embates de obras muy dañinas. La principal de sus 14 puertas históricas, que da al Puente del Rey, fue descentrada de su enclave. Hoy son unos cuantos hitos pétreos desconectados entre sí.

“Tal vez todo aquello fue posible porque la Casa de Campo permanecía en una especie de limbo legal que, ahora, la declaración de Bien de Interés Cultural ha atajado”. Así lo pone de manifiesto Luciano Labajos, oficial de Jardinería, 20 años destinado en el vivero municipal y uno de los principales conocedores del gran paraje forestal madrileño. “Por su condición de bosque urbano y por su situación, hoy ya dentro del casco de Madrid, es uno de los enclaves naturales más importantes de Europa”, dice Labajos.

Paloma Barreiro es historiadora de la arquitectura de la Fundación del Colegio de Arquitectos y coautora, con el catedrático Ángel Bahamonde, de un libro editado en 2003 sobre el bosque urbano madrileño. “Como Versalles o Fontainebleau, la Casa de Campo era la prolongación del Campo del Moro, bajo el palacio Real, expresión del concepto borbónico del jardín urbanizado conectado a un bosque real”, subraya. Admite sentirse “fascinada por la riqueza patrimonial que esconde aún. Encomia los vestigios neoclásicos que el parque conserva, “como sus siete puentes de piedra del siglo XVIII”.

Entre 1960 y 1970, “el Parque Zoológico de la Casa de Campo, de muy interesante arquitectura, fue trazado por el arquitecto Javier Carvajal en contacto permanente con Félix Rodríguez de la Fuente”, dice Barreiro.

Juan García es el portavoz de Ecologistas en Acción, una de las organizaciones que más iniciativas ha desplegado ante las Administraciones para lograr las garantías ahora conseguidas a la Casa de Campo. “Ahora es urgente que se regulen los usos, como la presencia de bicicletas. Y falta desarrollar una conexión, que en su día fue natural, entre la Casa de Campo, el Club de Campo y el Monte del Pardo”. Este monte tiene una extensión 10 veces superior a la de la Casa de Campo. Tal conexión, que entroncaría con el Parque de la Cuenca Alta del Manzanares, se convertiría en un cinturón verde urbano insólito en el continente europeo.

El País.com

Las fotografías de los búnker han sido incluidas por el editor de La Memoria Viv@  como modo de hacer inciso en los lugares de relevancia memorialista y de nuestra historia pasada en lo referente a la Guerra Civil española. Imágens de google images.

Búnker de la Guerra Civil en la Casa de Campo de Madrid


“Sin comunismo no hay futuro”…

noviembre 21, 2010

El PCG homenajea a militantes con más de 40 años en la organización…

SARA VILA – Santiago – 21/11/2010

Concha Nogueira y Marta Mosquera, abuela y nieta comunistas, en su casa de Nigrán.- LALO R. VILLAR

Miguel Hernández, Pablo Neruda, Lorca, Buñuel o Pablo Picasso. Todos ellos tienen algo en común con los homenajeados hace unos días por el Partido Comunista de Galicia (PCG): se han mantenido fieles a unos ideales sin perder ni un ápice de las ilusiones juveniles. Cerca de un centenar de veteranos militantes comunistas recibieron una medalla conmemorativa por sus más de 42 años en el PCG. Entre ellos, antiguos guerrilleros, exiliados, torturados o encarcelados por la dictadura franquista. Más de medio siglo después, en un panorama político difícil, “la lucha continúa”, tal y como recuerda Concha Nogueira, afiliada desde los años cincuenta.

La rama juvenil del partido tiene hoy solo 40 afiliados en Galicia

“El capitalismo es ‘planeticida’ por definición”, subraya uno de los históricos

La Xuventude Comunista Galega (XCG) apenas cuenta hoy con 40 afiliados. “Ya son muchos y heroicos”, sentencia Xesús Alonso Montero, otro de los históricos, presidente del Foro pola Memoria Republicana de Galicia. Alonso Montero tiene claras las causas de este desinterés por la política entre los más jóvenes: no es cómodo. Afiliarse a un partido es trabajoso y no aporta ningún beneficio material, y menos si se trata del PCG. “La aspiración de la mayoría de los jóvenes de hoy es ir de botellón, comprarse ropa, que papá me enchufe en algún sitio…”, explica.

Carlos Álvarez es uno de los valientes de los que habla Alonso. El comunismo no se lleva en la sangre, no es una tradición ni tampoco una moda. Para algunos es la consecuencia de vivir en un lugar y una época de la historia. Para el secretario de Organización de los jóvenes de la XCG ha sido un descubrimiento. “Empecé a tener inquietudes, buscas información y te das cuenta de que eres marxista. Hay muchos comunistas que no saben que lo son, nuestro reto es hacer que lo descubran”, explica.

Marta Mosquera, responsable de Muller y Estudantado de la XCG, sí lleva el comunismo en los genes. Tras ella, tres generaciones con mucho que aportar a la memoria y al mundo de la literatura. Sus bisabuelos fueron dos de los que prefirieron suicidarse de forma colectiva en lugar de entregarse a los falangistas y así evitar las torturas a las que se verían sometidos. Sucedió en el año 1937 cuando intentaban huir de Galicia a bordo de la embarcación Eva. Además de ellos, militantes del Partido Comunista, en el asalto también se suicidaron otros siete republicanos que huían de la España franquista.

La abuela de Marta Mosquera, Concha Nogueira, fue huérfana de aquella tragedia y es ahora una de las homenajeadas. Nogueira explica orgullosa que se afilió al Partido Comunista en los cincuenta, cuando emigró a Caracas. Fue allí donde pudo dar la mano a los hermanos Castro y al Che cuando desfilaban en el palacio de Miraflores tras el éxito de la revolución en Cuba. Su nieta le ha tomado el relevo y promete dedicar su vida a la causa por la que luchó su familia. Marta Mosquera estudia Ciencias Políticas y cree que el futuro pasa por el comunismo, sobre todo con la situación económica actual.

La omnipresente crisis puede dar alas al comunismo, pero Xesús Alonso lamenta que esta ideología “nunca estuvo tan sola; cuando sale la bandera comunista como estandarte de China es vergonzoso”. Para muchos, la izquierda es la gran perdedora de la historia. Alonso apunta que la caída del muro de Berlín no fue la derrota del comunismo, sino el fin de una concepción del marxismo con la que no está de acuerdo. Además, recuerda que si no hay futuro para esta idea no lo habrá para el mundo. “El capitalismo es por definición planeticida”, por eso Alonso proclama hoy más que nunca lo dicho por una camarada: socialismo o barbarie. Manolo Peña Rey, afiliado al comunismo desde hace más de 40 años, cree que el problema reside en el poco acceso a los medios y una ley electoral que favorece a los partidos mayoritarios. Concha Nogueira lo tiene claro: “Nosotros nos moriremos pero las ideas se quedan: que todos tengamos trabajo, que nadie se muera de hambre… son ideales por los que lucharán otros, como mi nieta”. Y se despide sin olvidarse del ritual de toda una vida: “Salud y república”.

El País.com (Galicia)


“Vamos a tener que volver a sacar las escopetas a la calle”…

noviembre 21, 2010

Neonazis y antifascistas intercambian insultos frente a la tumba de Franco…

NATALIA JUNQUERA – Madrid – 21/11/2010

Partidarios de la memoria muestran la bandera republicana.- U. M

 

Treinta y cinco años después de la muerte de Francisco Franco, frente a su tumba, en el Valle de los Caídos de Madrid, se congregaron ayer cerca de un centenar de personas: familias con niños, adolescentes y un grupo de neonazis con las cabezas rapadas y ganas de bronca. Habían acudido a rezar por el dictador -aunque no pudieron entrar en la basílica por estar en obras-, pero sobre todo a esperar a otro grupo -este más reducido- convocado por la Federación de Foros por la Memoria para reclamar la voladura de la gran cruz del mausoleo, la retirada de los restos de Franco y José Antonio Primo de Rivera, y la conversión del recinto en un museo de la memoria.

Los franquistas desobedecieron a los antidisturbios y se negaron a irse

“¿Sabéis cuántos guarros vienen? Se van a enterar”, decía uno. “Estos quieren ganar ahora la Guerra Civil. Vamos a tener que volver a sacar las escopetas a la calle”, respondía otro.

La ley de memoria histórica (aprobada en 2007) impide este tipo de manifestaciones -estipula que “en ningún lugar del recinto podrán llevarse a cabo actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas, o del franquismo”-, pero los franquistas no se amilanaron.

La Guardia Civil, que movilizó a más de 30 antidisturbios, les ordenó varias veces que se fueran. Envueltos en grandes banderas preconstitucionales, varias personas les increparon: “¡Esto sí es una dictadura!” ¿Y el artículo 20 de la Constitución?”.

La mayoría se negó a irse, así que la Guardia Civil decidió disponer a los antidisturbios a modo de barrera entre ambos grupos para impedir enfrentamientos, como algunos parecían desear. En un lado de la carretera de entrada al mausoleo se quedaron los franquistas, y en el otro los defensores de la memoria histórica. En una orilla se levantaba el puño y en la otra se extendía el brazo. En un lado se izaba la bandera republicana, y en el otro la franquista.

– “¡Rojos de mierda!”

– “¡Asesinos!”

– “¡Buitres carroñeros! ¡Ladrones de cadáveres!”

– “¡A por ellos! ¡Como en Paracuellos!”

Un grupo de profranquistas hace el saludo fascista frente al Valle de los Caídos ayer, 35 aniversario de la muerte del dictador.- ULY MARTÍN

José María Pedreño, presidente de la Federación de Foros por la Memoria, intentó contener a los grupos antifascistas con el megáfono: “No les provoquéis, es lo que quieren. Hemos venido a pedir justicia, verdad y reparación para las víctimas del franquismo”. Hasta el cuarto intento no lo consiguió. Mientras, al otro lado, se cantaba el Cara al Sol y se soltaban vivas a Franco.

Pedreño aseguró que la cruz del Valle de los Caídos “es lo mismo que la esvástica en Alemania”, que todos los grandes monumentos construidos como símbolo de los regímenes fascistas del siglo XX -la cancillería del Reich en Berlín o la gran cruz gamada del estadio de Nuremberg- han sido destruidos, y que el mausoleo de Franco se ha convertido “en un centro de peregrinación del fascismo internacional”.

La federación denunció “el miedo” del Gobierno a intervenir en el Valle de los Caídos, y reclamó que la gran cruz sea “volada como culminación de un gran acto público de desagravio a las víctimas del franquismo”. También exigió que se investigue sobre las miles de personas allí sepultadas “como prueba de un crimen de masas”, y que “las empresas y grandes fortunas que se lucraron con su construcción y el empleo masivo de trabajadores forzados sean obligadas a pagar indemnizaciones a los supervivientes y sus familiares”. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica envió esta semana una carta al Gobierno en la que preguntaba: “¿Hasta cuándo el Estado va a seguir obligando a las víctimas del franquismo a financiar con sus impuestos la tumba del dictador responsable del asesinato de decenas de miles de civiles y la persecución de millones de españoles?”.

El Ejecutivo se ha atascado en el proyecto para cambiar de significado el Valle de los Caídos -que hoy se rige por los mismos principios y decretos que Franco dejó atados y bien atados-, ante la dificultad de exhumar los restos de los republicanos que fueron trasladados allí y enterrados junto a su verdugo sin el consentimiento de sus familias. Los forenses que envió a investigar esta posibilidad no son optimistas. Sí ha logrado sin embargo cuantificar el número de personas enterradas en el Valle de los Caídos: 33.847, de las que 21.317 están identificadas.

Treinta y cinco años después del primer 20-N, se siguen celebrando actos de recuerdo y homenaje a Franco. Cada año más, de hecho. Grupos falangistas publicaron varias esquelas estos días en medios conservadores; se concentraron en la calle Génova, junto a la casa donde nació Primo de Rivera; y prepararon la marcha de hoy hasta el Valle de los Caídos. También hubo ayer una manifestación antifascista y un concierto de grupos neonazis. Todo esto obligó a desplegar un importante dispositivo policial. Más de tres décadas después la muerte de Franco.

El País.com

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Las cartas secretas del carnicero de Mauthausen

noviembre 21, 2010

REPORTAJE: ATENTAMENTE, DOCTOR MUERTE…

El médico de las SS Aribert Heim, el nazi más buscado y odiado del planeta, se comunicó durante décadas con su familia desde su escondite en Egipto donde supuestamente murió. El PAÍS revela el contenido de su correspondencia íntima.

Querida Gerda. Tienes que ponerte en contacto con la familia Thyssen para que te confirmen que viví en el verano de 1942 unas semanas o dos o tres meses allí, el tiempo preciso no me acuerdo. Estoy seguro de que los entonces jóvenes que ahora tienen mi edad pueden acordarse… Te deseo mucha salud. Supongo que es lo más importante. Saludos a todos”

“Ponte en contacto con la familia Thyssen para que te confirmen que viví con ellos en el verano de 1942”

“Se vive solo una vez y no hay que olvidar el humor. La salud es lo más importante”, decía a su hermana

“No entiendo a la madre de los niños. Debería tener más madurez para activar la autoestima de nuestros hijos”

“Tengo tantas cosas que me interesan que si el día tuviese 28 horas no sería suficiente para hacer lo que quiero”

Aribert Heim, el Carnicero de Mauthausen,escribió esta carta el 15 de octubre de 1982 desde su escondite en El Cairo (Egipto) donde se ocultó 20 años antes. La justicia alemana le acusaba de asesinar a 300 presos con inyecciones de benceno en el corazón durante su paso por el siniestro Revier, la enfermería del campo de concentración donde trabajó como médico de las SS. El nazi quería demostrar que estuvo en Mauthausen en 1941 y no en 1942 como afirmaban algunos testigos.

El Doctor Muerte , hijo de un policía y un ama de casa austriacos, fue detenido al terminar la guerra y sometido a un proceso de desnazificación en una mina de sal de los Aliados. En 1947 quedó libre y un año después conoció a Frield, médico perteneciente a una rica familia alemana, y se casó con ella. En 1955 los Heim se instalaron en el palacete de los padres de ella en Baden Baden (Alemania) y ejercieron de ginecólogos. Vivían en paz hasta que años más tarde aparecieron los primeros testigos que le señalaban como uno de los criminales de Mauthausen. La visita de un policía a su villa interesándose por su pasado provocó su fuga en 1962. En aquella época empezaron en Alemania los juicios de Auschwitz.

El clan de los Thyssen y la familia de Frield tenían casa en Lugano (Suiza) y, como otros apellidos influyentes, acogieron durante la guerra en sus domicilios a oficiales de las SS. “Entonces era un honor tener alojado a un soldado alemán en tu casa”, afirma Rüdiger, el hijo del oficial de las SS, mientras prepara una taza de café en la mansión familiar de Baden Baden, ciudad de 55.000 habitantes donde reside con su madre, una anciana de 88 años.

Imagen del barracón hospital de Mauthausen, donde supuestamente estuvo el médico de las SS Aribert Heim en el año 1941.- AP

El barón Hans Heinrich, el marido de Tita Cervera, ya fallecido , y sus primos eran probablemente los jóvenes Thyssen a los que se refiere el nazi en su carta. Tenía entonces 21 años. Su tío Fritz financió la llegada de Hitler al poder, aunque años después se enfrentó a él y acabó confinado junto a su esposa en Dachau, Buchewald y en un campo en el Tirol. Goering, antes su amigo, se quedó con su colección de obras de arte, y Fritz terminó condenado en un juicio de desnazificación en Núremberg donde le obligaron a dar el 15% de su fortuna a las víctimas del nazismo.

El Doctor Muerte escribió a su familia 21 cartas manuscritas a las que ha tenido acceso EL PAÍS y que han sido entregadas por su hijo Rüdiger al juez Neerforth de Baden Baden que investiga el paradero del criminal y su supuesto fallecimiento en 1992 en Egipto. Un misterio abierto, ya que su cadáver no ha aparecido. “Son otra prueba de que mi padre vivió allí”, dice su hijo, que le visitó en secreto y negó hasta hace muy poco conocer su paradero.

Gerda, la persona que debía localizar a los Thyssen para que intercedieran por él, era en realidad su hermana Hertak, el familiar que más ayudó al fugitivo, una mujer atractiva y elegante, de vida social trepidante, que se movió en los círculos de la aristocracia alemana y frecuentó la mansión de los Thyssen en Múnich. “Sería suficiente una confirmación, me refiero a la de Von Thyssen porque sería la más fácil ya que tú también viviste allí, y ellos pueden confirmar que estuvimos en el verano de 1942 durante dos o tres meses… Si logras la confirmación de los Thyssen, podría incorporarla en el análisis de mis testimonios y enviarla”.

Desde 1978 hasta 1985, Aribert Heim dirigió a Hertak la mayoría de sus misivas repletas de claves secretas, frases crípticas, guiños y mensajes en los que pedía dinero, criticaba a veces a su ex mujer e hijos y reclamaba que localizara a testigos o a judíos “no sionistas” para defenderse de “los horribles horrores” que relataron sobre él varios presos de Mauthausen. No hay en ninguna de ellas ni un ápice de autocrítica o arrepentimiento.

El Doctor Muerte preparaba sus cartas con la ayuda de un cuaderno comprado en Egipto de color burdeos donde apuntó los nombres en clave de 12 personas para evitar que la policía las identificara si los documentos caían en sus manos. Lyda era en realidad Hilda, su otra hermana; Dora, su ex esposa Frield; Gretl, su hijo pequeño Rüdiger; Rainer, su abogado Steineker; Lattle era Wiesenthal, el cazanazis judío preso en Mauthausen que dirigió su acusación y siguió su rastro hasta su muerte; Carola, una amiga.

Las misivas de Heim están escritas con pluma y tinta azul, en una letra pequeña e inclinada hacia la derecha. El médico acusado de extraer los órganos de sus víctimas y colocar sus cráneos como pisapapeles trufaba sus cartas con mensajes filosóficos sobre la vida, la salud y la felicidad: “La lucha de la vida hay que tomarla como un deporte pase lo que pase”, “se vive solo una vez y no hay que olvidar el humor…”. “Quedarse tranquilo ayuda a la salud, lo más importante en la vida”, recomendaba a Hertak cuando se iba a separar de su marido, un mujeriego.

Las 21 cartas llegaron a su destino desde El Cairo gracias al sistema de seguridad que ideó el criminal nazi. Iban siempre a la dirección de un pequeño pueblo de Baviera donde vivía un matrimonio de amigos que se trasladaba hasta Fráncfort y las entregaba en mano a Hertak. Esta última respondía desde los países que visitaba para hacer turismo, esquiar o visitar amigos.

En la misma carta en la que el SS pidió a su hermana que localizara a los Thyssen, el fugitivo le rogó que contactara con los Bauersachs, otra saga alemana. “Tendrías que visitar a otra familia que conoces en Núremberg. Por supuesto, la vieja pareja habrá muerto, pero su única hija seguirá en la misma villa, en una colina de la periferia llamada Römer Berg (la montaña romana). A lo mejor se ha casado. Puedes encontrar la dirección en una vieja guía de teléfono… La hija se acordará de mí porque sobrevivimos a un bombardeo aéreo sobre Núremberg. Ella tenía mi edad”.

El 26 de julio de 1979 Heim escribió una larga carta a Lothar Späth, ministro-presidente del land (Estado), en la que criticaba que las autoridades filtraran al semanario Der Spiegel los autos de un tribunal de Berlín. El nazi aseguraba que su estancia en Mauthausen duró siete semanas, entre octubre y noviembre de 1941, y que el proceso para embargarle un edificio de 34 apartamentos que tenía en Berlín se basaba en el testimonio de Otto Kleingünther, quien señaló que el doctor Krebsback dio en la enfermería del campo una orden, en abril o mayo de 1942, para que se pusieran a los presos inyecciones de bencina y se extrajeran órganos internos con o sin anestesia. “No puedo ser responsable de unos hechos que se produjeron en 1942… Los terribles horrores que yo habría hecho a los presos extirpando sus órganos solo pueden salir de la fantasía de un sionista fanático… La autojusticia de Wiesenthal está pagada por el lobbysionista de EE UU”, decía.

Heim y su hijo, a la puerta del colegio, en 1961, en una foto inédita.-

La primera acusación contra Heim la formalizó este tribunal de Berlín, facultado para expropiar a viejos nazis y creado por los Aliados al terminar la Segunda Guerra Mundial. Le multaron con 510.000 marcos alemanes, el valor del edificio que fue embargado, y le acusaron de haber asesinado a 300 presos durante su paso por Mauthausen. A los administradores en ausencia de esta casa el fugitivo les definía en sus cartas como “una banda muy mala tipo Far West”.

La causa penal contra Heim la dirigió el comisario Aedtner, el sabueso que dedicó su vida a perseguirle. Buscó testigos en todo el mundo; entre ellos intentó localizar sin éxito a nueve ex presos españoles de los 26 que fueron operados por Heim en 1941, según consta en el libro de operaciones de la Cruz Roja. Ocho murieron en Mauthausen y Gusen, campo próximo, y cinco de ellos, en fechas próximas a la intervención. Creía que su testimonio era vital para la acusación.

El policía Aedtner localizó a los ex presos Lotter, Hohler, Kauffman, Sommer y Rieger, que describieron los crímenes de Heim sobre los que todavía se sustenta la acusación del nazi más buscado. Los cinco casos que recoge la acusación son estremecedores. El escrito del fiscal es demoledor: “Seleccionó para su liquidación física a presos incapaces de trabajar o enfermos graves. También a presos sanos, jóvenes y judíos para el tratamiento especial. Bajo la cooperación de funcionarios presos (kapos) y otros ayudantes del Revier (enfermería), los anestesió con éter para simular un examen médico. En este estado de indefensión, les aplicó con sus propias manos inyecciones de cloruro de magnesio en el ventrículo del corazón y provocó su muerte inmediata. El número exacto de asesinados no es conocido porque se evitó registrar a las víctimas”. Según el fiscal, Heim actuaba por “libre decisión” y sus operaciones “sorprendieron al personal sanitario ya acostumbrado a la inhumanidad”.

En sus cartas, Heim se describe a sí mismo como una persona diferente del terrible monstruo que retratan sus víctimas, incluso como un benefactor de los judíos y los enfermos a los que atendió después de la guerra. “En nuestro club de hockey Englamann había jugadores judíos, y también el contable fue judío. Yo mismo invité a un estudiante de medicina hebreo, el doctor Robert Braun, en el verano a mi casa… Cuando tenía 10 años tocaba el violín en un concierto de la escuela musical de mi pueblo junto a una alumna judía que tocaba el piano… En la guerra ayudé a conocidos judíos en el límite de lo que me fue posible como demuestra la carta de la doctora Pauline Kachelbacher presentada en el proceso de desnazificación en 1947”.

En su carta al ministro Späth, el médico de las SS llama ex criminales a los presos que le denunciaron y da una peculiar explicación sobre su fuga: “En 1962 no solo me fui al extranjero por una lesión de columna, sino porque necesitaba probar mi inocencia en caso de un proceso, por los testigos presentados contra mí (ex criminales); también por mis hijos de 6 y 12 años. Su escuela estaba junto a la prisión y el tribunal, lo que habría impedido que siguieran allí si yo me hubiera quedado”.

Y concluye su misiva presentándose como un benefactor. “He perdido ocho años por la guerra y la prisión al servicio del Estado, después trabajé por una miseria en clínicas y hospitales en turnos nocturnos de ginecología, así que puedo con todo derecho sostener que he practicado cristiandad toda mi vida por el bien del prójimo”.

Aribert Heim escribió desde su refugio a su amigo judío y compañero de estudios el doctor Robert Braun para que intercediera por él. Lo hizo el 26 de octubre de 1979, y le explicó por qué entró en las SS. “Al principio de 1940 tomé la decisión, tras terminar mis estudios, de ir a las SS porque podía elegir yo mismo la fecha de entrada, y el 17 de abril de 1940 empecé mi servicio”. El oficial nazi describió su paso por la clínica de Oranienburg, por el campo de Buchenwal y “al final siete semanas en Mauthausen, como médico de las tropas, pero tuve que trabajar en la enfermería con los presos lo que ahora ha llegado a ser el punto central de mi vida… Después llegaron los testimonios preferentemente por parte de comunistas”.

El Doctor Muerte relató a su colega los horrores que le atribuían los testigos -extirpaciones de hígados, inyecciones letales en el corazón- y apostilló: “Comprenderás que algo así sin sentido y tan bestial jamás lo habría hecho un médico”. En su misiva omitió que otros doctores de las SS perpetraron crímenes similares en Maut- hausen.

Heim pidió a Braun que escribiera una carta sobre su etapa universitaria y deportiva (jugó en el equipo nacional de hockey) e incidió en que en 1938 y 1939 nunca le había visto con el uniforme negro de las SS. “A lo mejor tienes relación influyente en círculos judíos, no sionistas, que critican a Wiesenthal y me aconsejan algo que pueda serme útil. Quiero afrontarlo de modo deportivo y no rendirme. No quiero que estas acusaciones destruyan el final de mi vida. Gracias por tu ayuda. Pronto tendrás noticias de mi hermana”. Braun envió una carta notarial, aunque años después matizó su apoyo a Heim.

Además de los Thyssen, el oficial de las SS pidió a su hermana Hertak que localizara al doctor Rieger, asistente sanitario en la enfermería de Mauthausen y uno de los cinco testigos que le señalaron. Lo hizo en una carta, con fecha de 26 de noviembre de 1979. “No le hagáis una oferta de dinero para no inducirle a un testimonio falso. Es el más decisivo en mi causa, decía cosas positivas, pero también negativas, especialmente las inyecciones, algo para mí totalmente nuevo y que a lo mejor pudo ser practicado después de mi estancia porque en la época de la eutanasia funcionó de manera distinta. Yo llegué a Mauthausen bien instruido desde Oranienburg, donde todo funcionaba normalmente. ¿Cómo podía yo haber hecho eso?”, se preguntaba.

Las cartas del criminal nazi Heim reflejan, en ocasiones, ácidas críticas a su ex mujer e hijos por su falta de autoestima y tacañería. En especial, una de fecha 14 de agosto de 1982 que dice así: “Pido que me digas si mis cartas de otoño de 1980 han llegado o no porque te has permitido el lujo de no escribirme desde enero de 1980. Pedí también que mi familia me mandara anualmente 6.000 francos, 500 francos mensuales, y si cada miembro pusiera 125 francos cada mes, que no sería demasiado sacrificio, las transferencias anuales serían fáciles y no tendría esta preocupación… He ahorrado dinero toda mi vida para que mis hijos tengan una casa aquí (había comprado un terreno en Alejandría para construir cuatro apartamentos). No creo que sea pedir demasiado si por parte de mi familia recibo algo de lo que ahorré en Alemania”.

O la misiva del 24 de diciembre de 1982: “No entiendo a la madre de los niños. Debería tener más madurez para activar la autoestima de nuestros hijos y para promover la independencia de alma y espíritu en su entorno. Sería difícil en una situación de pobreza, pero no es el caso. Al revés, la riqueza les ha seducido a vivir de manera privilegiada, ociosa, sin hacer nada. Tú decías que si hubieras sido su madre no les darías ni un céntimo… Me interesa el libro de Arthur Koestler The Thirteenth Tribe porque regalé el que tenía. Mi viejo amigo el húngaro Naghy agradecería veros. Le puedes llamar al número 8593… Feliz Año Nuevo”. El libro que reclamó Heim cuestiona el origen de los judíos y asegura que descienden de los kazares, un pueblo del Cáucaso, una tesis que exponía el nazi en sus cartas.

En esa carta, el oficial de las SS preparaba la visita que su hermana Hertak le haría poco después en su refugio. El amigo Naghy no era húngaro, sino un egipcio con el que el nazi se había asociado para comprar un terreno en la playa de Alejandría. Su hijo Rüdiger lo había conocido durante las visitas secretas que había hecho a su padre en El Cairo en 1975 y en 1980. En la última, Heim había cambiado su identidad por la de Tarek Farid Husein, se había convertido al islam y trasladado a vivir al hotel Kasr el Madina de El Cairo, propiedad de la familia Doma. “Naghy te esperará. Cuando saludes, lleva un periódico en la mano derecha y así serás más visible. Sé discreta con él y no des detalles. El mejor tiempo es abril, no hay que luchar contra la nieve, el viento y el hielo” (se refería a que en otras fechas en Egipto hacía demasiado calor).

La vida de Heim en Egipto es un enigma. En sus misivas no aporta datos de sus actividades. “Lástima que no tengas una distracción que te mantenga ocupada. Yo aquí tengo tantas cosas que me interesan que si el día tuviese 28 horas no sería suficiente para hacer lo que tengo que hacer”, explicaba a su hermana Hilda. “Mi padre hacía fotografías a deportistas, leía artículos de medicina, escuchaba la BBC, estudiaba árabe y reparaba las bicicletas de los Doma”, asegura su hijo Rüdiger.

Las comunicaciones por carta de Heim terminaron en 1985. Desde entonces hasta 1992, fecha de su supuesta muerte, el fugitivo contactó con su hermana y su hijo a través del teléfono de Naghy, su socio egipcio. Cuando murió su hermana Hilda, los policías acudieron al cementerio. Creían que el fugitivo acudiría a despedirla. “Si quiere limpiar su conciencia, llámenos”, espetó un agente a la hija de la fallecida en una llamada telefónica.

En una reciente declaración judicial, Rüdiger, el hijo menor de Heim, aseguró al juez Neerforth que su padre murió junto a él en el verano de 1992, a los 78 años, en la habitación de su hotel, en el número 414 de la calle Port Said, víctima de un cáncer de colon. Declaró que, a petición de su padre, entregó el cadáver a un hospital para donarlo a la ciencia, pero que años más tarde, al regresar a El Cairo, comprobó que ese deseo no había sido cumplido. Según su versión, no sabe en qué cementerio de anónimos fue enterrado. Rüdiger se negó a facilitar al juzgado una muestra de su propio ADN.

La justicia alemana aguarda que las autoridades egipcias respondan a una comisión rogatoria (ayuda judicial) y examina una maleta con documentos que Heim guardaba en el hotel donde vivió en El Cairo. Los Doma, dueños del establecimiento, han corroborado la versión de Rüdiger, pero el cuerpo no aparece y el misterio continúa.

“No quieren aceptar que ha muerto”, se queja Rüdiger en el jardín de su casa de Baden Baden. La familia Heim, a través de un abogado, ha pedido que se cierre el caso, pero los jueces y la policía no están dispuestos a archivar la causa del nazi más buscado. Hoy tendría 95 años.

“Le abrió el vientre sin anestesia y sacó el hígado”

“Seleccionó para su liquidación física a presos incapaces de trabajar o enfermos graves”, dice el escrito de acusación contra Aribert Heim del fiscal Wieser, de Baden Baden (Alemania), fechado el 11 de junio de 1979. Un documento plagado de horrores y de testimonios escalofriantes de testigos que trabajaban en la enfermería de Mauthausen: Lotter, Kaufmann, Kohler y Rieger.

La acusación fue redactada cuando el médico de las SS llevaba 17 años huido en Egipto y asegura que, entre el 8 de octubre y el 29 de noviembre de 1941, Heim ejerció como médico oficial de las SS en la enfermería del campo de concentración de Mauthausen, donde “seleccionó a presos sanos, jóvenes y judíos para tratamiento especial tanto en el campo como en la enfermería. Con la colaboración de otros funcionarios presos y ayudantes de la enfermería, los anestesió con éter y cloroformo para simular un examen médico. En este estado de desamparo les aplicó con sus propias manos una inyección de cloruro de magnesio en el ventrículo del corazón que tuvo el efecto esperado de la muerte inmediata de la víctima”.

“Se desconoce el número exacto de los asesinados porque se evitó un registro de las víctimas… Las víctimas judías fueron holandeses en su mayoría, y su asesinato, decidido por los nazis. La capacidad corporal o una eventual enfermedad durante el trabajo no influyeron en la decisión de matarlos. El acusado habría tomado la decisión de matar presos judíos mediante inyecciones de veneno por libre decisión y bajo exclusión de cualquier obligación”.

Caso número 1: “Tras la llegada de un transporte de judíos desde Holanda, el acusado eligió dos chicos jóvenes y, después de haber comprobado su dentadura perfecta, les prometió la libertad si se dejaban hacer una pequeña operación inofensiva. Fiándose de que un oficial de las SS sería fiel a su promesa, los citados se dejaron intervenir. En la sala de operaciones de la enfermería, el acusado los anestesió y abrió el tórax y el vientre para sacarles los órganos internos. Cuando la primera víctima, a la que extrajo el corazón, había muerto, hizo lo mismo con la segunda y la asesinó con una inyección letal. Después cortó la cabeza a los dos cadáveres y las quemó en el crematorio del campo para exhibirlas como pieza de exhibición”.

Caso número 2: “Preso de 35 a 40 años, judío, sano… En la mesa de operaciones, el asistente sanitario colocó al joven. Cuando el preso comprendió cuál era su destino, le dijo al acusado: ‘Bueno, asesino de masas, haz lo que tengas que hacer’. El acusado le golpeó con el puño, después le puso la inyección letal en el corazón y abrió el cuerpo para extraer el hígado”.

Caso número 3: “Un preso judío de Praga se presentó con una hinchazón en la pierna izquierda. El acusado le dijo que le iba a operar. Cuando el hombre desnudo estuvo sobre la mesa de operaciones, le abrió el vientre sin anestesia y sacó el hígado, el intestino y el bazo. La víctima murió sufriendo de modo atroz”.

Caso número 4: “Un viejo preso judío se presentó en la enfermería con una hernia abdominal. En vez de operar la hernia, le abrió el vientre, hurgando en la cara intestinal y, mortalmente herido, lo asesinó con una inyección letal”.

Caso número 5: “Un joven judío de 14 años. En la mesa de operaciones se despidió espiritualmente de su madre con las manos en posición de rezo. El acusado le había explicado por qué tenía que morir: ‘Los judíos son culpables de la guerra’. Tras un intercambio de palabras, le asesinó con una inyección letal, como a otros presos hebreos que se presentaron allí que fueron igualmente asesinados”.

Objetivo principal de los cazanazis

Simon Wiesenthal, preso en Mauthausen y perseguidor implacable de Aribert Heim, fue una de las obsesiones del criminal nazi, según se desprende de la lectura de las 21 cartas que envió a su familia desde su refugio secreto en El Cairo (Egipto). El médico de las SS le define como un “sionista fanático” y se queja por la atención que prestan a sus denuncias la justicia y la prensa alemana. En varias de sus misivas, Heim critica al Estado alemán y plantea posturas revisionistas. “El pueblo, el soldado, el hombre común tiene que pagar si en la guerra ha obedecido al Estado”, se queja en una de ellas.

La caza de Aribert Heim ha sido una de las principales misiones del Centro Simon Wiesenthal y tras la muerte de su fundador, Efraim Zuroff, tomó el relevo en la búsqueda del fugitivo. Heim y otros relevantes nazis desaparecidos son el objetivo de la campaña Última Oportunidad, impulsada por Zuroff.

La última pista del cazanazis fue Waltraut Böser, una química de 66 años, posible hija de Heim, nacida de una relación después de casado con una atractiva mujer ya fallecida y enterrada en un cementerio austriaco. En el cuaderno de notas donde el médico de las SS anotó los nombres secretos de las personas con las que se carteó aparecen algunas citas sobre esta relación sentimental.

La supuesta hija de Heim se casó con un empresario, tiene tres hijos y reside en Puerto Montt, una ciudad de unos 200.000 habitantes situada a 1.000 kilómetros al sur de Santiago de Chile. Asegura no haber tenido ninguna relación con su padre.

La reciente revelación de que el criminal nazi murió en Egipto en 1992 ha dado un vuelco a la investigación policial y judicial que ahora intenta acreditar su fallecimiento. Zuroff duda del testimonio de Rüdiger, el hijo menor del médico de las SS, que durante años le visitó en secreto y negó conocer su paradero. “Si ha mentido durante tantos años, no deberíamos creerle ahora”, sostiene el cazanazis.

Colaboró con revistas científicas españolas

Aribert Heim recomendó a su hijo pequeño, Rüdiger, que estudiara en España, un país que conocía bien, a juzgar por una carta enviada a este desde su refugio en El Cairo (Egipto), el 31 de diciembre de 1985. El joven había estudiado en Pisa (Italia), pero dejó sus estudios y se instaló en Copenhague en 1979, donde montó un restaurante de éxito. En 1984 dejó Dinamarca y pensó en instalarse en España. “Puedo facilitarte información sobre España y te aconsejo que compres allí una segunda vivienda porque puedes sentirte como en tu casa de verdad a causa de los turistas y por la hospitalidad del país, que sabe también apreciar el dinero. Las relaciones interesantes se hacen con personas de educación académica y por eso podrías estudiar en España para lograr ser apreciado como tal. No olvides los estudios de economía nacional que podrías también hacer en Berlín o en otra parte en caso de que encuentres dificultades en España para que te acepten. En verano podías empezar los estudios aunque solo sea para mejorar el idioma como ya hacías en Italia”. Heim conocía España. Cuando se fugó en 1962 salió en coche de su casa en Baden Baden (Alemania), atravesó Francia y recaló en Barcelona, donde permaneció varios días. Frecuentaba el restaurante Los Caracoles, que recomendó a su hijo años después, y paseó por las Ramblas. El médico de las SS tuvo contactos profesionales durante su época de ginecólogo con el doctor español V. Salvatierra, profesor adjunto de la cátedra de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de Valencia, según se desprende de un tarjetón de agradecimiento enviado por este último en julio de 1954. Al parecer, Heim colaboró entonces con revistas científicas españolas. La carta del fugitivo a su hijo terminaba con consejos muy personales: “Lleva una vida higiénica, y en nuevos encuentros utiliza un preservativo porque el sida puede ser transmitido por todos. Mejor una buena cena que una alianza incierta. Buen fin de año y saludos a todos”. “Fue la última carta que me escribió. A partir de entonces, los contactos fueron por teléfono y personales cuando acudí a verle y en los últimos días de su vida en el verano de 1992”, asegura su hijo en su casa de Baden Baden.

El País.com


Memoria de la soledad…

noviembre 21, 2010

El 1 de agosto de 1936 fue un día largo y triste en la Embajada de España en París. El Consejo de Ministros francés confirmó la traición de las democracias europeas al Gobierno de la República, aprobando la política de No Intervención en la Guerra Civil española. La luz clara y generosa del verano contrastaba con el corazón deprimido de Fernando de los Ríos, Luis Jiménez de Asúa y Pablo Azcárate. Reunidos en la embajada, redactaron un comunicado pidiendo que esa extraña neutralidad no fuese unilateral y que se impidiera al fascismo y al nazismo intervenir en apoyo de los militares golpistas. Fernando de los Ríos había recibido la noticia del golpe de Estado en Ginebra. El Gobierno le ordenó que se trasladara a Francia y que negociase la compra de armas necesarias para defender la legalidad vigente. Existían leyes internacionales y tratados particulares que justificaban la petición española. Por eso la indignación del intelectual socialista español se convirtió en una terrible sensación de desamparo cuando sus compañeros franceses le volvieron la espalda.

El problema estaba en Londres. Como los republicanos lo sabían, se nombró a Pablo Azcárate embajador de España ante su Graciosa Majestad. La misión era al mismo tiempo sencilla e imposible. Se trataba de convencer al Comité de No Intervención de que la parálisis de las democracias internacionales sólo servía para que los españoles quedasen a merced de los aviones de Hitler. Pero demostrar lo sencillo resulta imposible cuando los oídos que deben escuchar están cargados de cinismo. La sonrisa de la diplomacia inglesa había decidido que interesaba una dictadura militar en España. El duque de Alba, embajador de Franco y primo de Winston Churchill, tuvo una labor más fácil. Entabló las conversaciones que permitieron la buena amistad del Caudillo con los ingleses, que no sólo sirvió para traicionar a los españoles demócratas, sino para que Franco traicionase a Hitler en su debido momento. Los traidores nunca se andan con remilgos, ya se trate de la supervivencia, de la Razón de Estado o del simple gusto de hacer el mal.

El escritor Francisco Ayala pasó también días de soledad y tristeza en Praga, ciudad a la que llegó en junio de 1937 como encargado de Negocios de la embajada española. Uno de sus objetivos era conseguir que la dirección de la socialdemocracia europea abandonase el cinismo de la No Intervención y se uniera a la militancia socialista popular, muy conmovida por el desamparo de los demócratas españoles y por la impunidad del fascismo. Ayala nunca se hizo ilusiones. Había recibido la noticia del golpe de Estado durante un viaje por Argentina, Chile y Uruguay. Cuando supo que las democracias europeas se desentendían del conflicto, tuvo clara conciencia de que la República estaba condenada. No le quedó más alternativa que la dignidad personal de volver a su país y ponerse al servicio de su Gobierno. Trabajó como diplomático en Praga, sufrió la guerra y luego salió al exilio.

“Sigan ustedes durmiendo la siesta”. Así increpó Martínez del Vayo, escritor y ministro de Estado, a los representantes internacionales que cerraban los ojos al drama de España y se aliaban a Hitler, Mussolini y Franco con la hipocresía de su neutralidad. El doctor Negrín y él habían paseado muchas veces sus soledades por Ginebra, junto a las aguas frías del Lago Lemán, procurando interrumpir el sueño de los injustos con discursos cargados de razón, legítimos y apasionados. No hubo manera, los estadistas durmieron la siesta, España apuró en soledad su tragedia y poco después estalló la Segunda Guerra Mundial.

En este otoño triste de Madrid, caminando las calles del año 2010, he pensado mucho en la soledad de la República española, condenada a muerte por la barbarie de unos tiranos y por las Razones de Estado de las democracias europeas. La memoria de esta soledad se parece a la tragedia actual del pueblo saharaui, un pueblo condenado. Franco y sus herederos, expertos en la traición, abandonaron a la colonia española. Ahora no hay condiciones internacionales para hacer que se cumpla la ley. España ha progresado, ya no es víctima sino verdugo. Está visto que madurar en este mundo significa hacerse experto en el cinismo, el silencio, la mentira y la insensibilidad. Ya formamos parte de esa plaga de cólera que arrasa Haití, Irak, Uganda o el Sáhara.

Público.es

Luis García Montero


La muerte, la cama, el mito…

noviembre 21, 2010

RICARD VINYES.

Disponemos de muchos refranes y proverbios políticos, pero ninguno ha funcionado tan bien en términos culturales como el de la muerte del general Franco en la cama. La evocación a su fallecimiento natural tiene la fuerza tonta de lo evidente, porque nadie negará que aquel anciano sanguinario terminó sus días en el lecho, adulado y ungido con aceites santos. El historiador Pere Ysàs, en un libro convincente publicado en 2004 –Disidencia y subversión es su título–, ha explicado que la popular frase sobre el pacífico expirar del dictador no es otra cosa que una metáfora ideológica. Lo es, y ha funcionado con eficiencia para establecer imágenes importantes del relato oficial sobre la fundación del Estado de derecho. Una de esas imágenes establecía la solidez del régimen –¿acaso no murió en cama el tirano?– y dictaba que la democracia fue producto del desarrollo natural de las cosas, de la evolución hacia la modernidad imparable. Un proceso dirigido por los hombres más innovadores y dispuestos del régimen, que llevaron su amor por la libertad en secreto desde que vestían pantalón corto; próceres generosos que permitieron la discreta y leal colaboración de una oposición imperceptible e incapaz, aunque, eso sí, molesta.
Sobre lo que debía hacerse con esa exigua molestia opositora nunca hubo muchas dudas. Entre 1964 y 1976, más de 50.000 ciudadanos se vieron afectados por el Tribunal de Orden Público según el estudio de J. J. del Águila; y en esos años más del 80% de las conductas delictivas lo fueron contra la seguridad interior del Estado, sin olvidar que se mantuvo activa la jurisdicción de guerra, que actuó sobre más de 3.000 de aquellos molestos transgresores.
Era el efecto de las crecientes movilizaciones sociales, lo suficientemente inquietantes como para que, en febrero de 1971, el Consejo Nacional del Movimiento convocase una reunión para tratar su futuro. Los consejeros hablaron de su incapacidad política para resolver la situación causada por el auge de la disidencia. La consecuencia de su temor y desconcierto fue el aumento de las persecuciones y detenciones. Comisarías de policía y cuarteles de la Guardia Civil siguieron siendo en los años setenta espacios donde convivían, inseparables, la violencia del Estado, la burocracia que aseguraba su funcionamiento y la garantía de impunidad a los funcionarios que torturaban y reían en edificios oficiales ubicados en el centro de la vida urbana.
Nada de todo eso fue accidental, era parte estructural de un régimen que, sin recursos políticos, sólo disponía de la violencia para mantener la vida que aquella exigua oposición –según la metáfora de la cama y la paz– le estaba destrozando. El viejo Estado no sabía cómo podía adecuar sus principios de siempre para sobrevivir, y los más listos andaban asustados a medida que percibían lo que realmente podía significar la palabra democracia con la que comenzaban a jugar. La oposición antifranquista sí sabía dónde ir, pero desconocía las etapas del trayecto condicionadas a las relaciones y negociaciones con quienes tenían el monopolio de la violencia, la capacidad de hacer daño intacta y los nervios a flor de piel. Todo era muy fluido y sólo hubo dos opciones: caminar –es decir, movilizar y negociar– o reventar –esto es la incapacidad de asumir transacciones–. Reventaron ellos, su Estado.
Para mí, el mejor legado de la Transición lo ha contado Joaquim Jordà en un par de cintas, Numax presenta (1979) y Veinte años no es nada (2005), documentales precisos y preciosos sobre la experiencia popular y obrera de un tiempo de alta vitalidad política en el que la ciudadanía más participativa descubrió y usó herramientas que le permitían entender la naturaleza de las relaciones sociales y así devenir civilmente más sabios y, por tanto, más libres.
Sin embargo, en una fecha imprecisa de los ochenta, aquel proceso histórico conocido como Transición fue transformado por el Estado y sus pompas en un mito sombrío orientado a justificar la impunidad. El antiguo y logrado proyecto de reconciliación mutó en una ideología de Estado cuyo principio ha consistido en dictar que todos fueron igualmente respetables en aquellos tiempos de dictadura; y que la memoria, lejos de ser un derecho, era un deber, el deber de recordar, permanentemente, que el país sólo podía avanzar si cultivaba una cierta indiferencia hacia el pasado gaseoso. Apareció así un inmenso vacío ético –no hay distinción entre el bien y el mal– y con este el alejamiento de una parte de la ciudadanía respecto a su valor y papel en el largo proceso de democratización del país.
Desde ese extrañamiento apareció el desprecio hacia la Transición porque muchos creyeron la leyenda oficial sin preocuparse en averiguar las realidades de aquel proceso histórico. Desde luego, averiguar y razonar cuesta. En cambio, combatir tópicos y supersticiones con otros tópicos y nigromancias (por ejemplo, los complots compulsivos, o las “traiciones”, que todo lo cuadran y explican) es barato. La consecuencia de esta práctica ha sido la conversión de la Transición en un principio de determinación causal usado indistintamente por sus creadores para justificar impunidades, y por sus indignados detractores para vocear frustraciones o explicar injusticias presentes que proceden de otras fuentes. Es lo que tiene sacar de la historia un proceso social: el mito encubre el conocimiento y la superstición substituye la razón. Pero seamos positivos y en el día de hoy recordemos aquellos versos de Alberti: “Hay muertos cuya paz merecería / ser quebrantada todas las auroras”. Cumplamos su deseo.

Ricard Vinyes es historiador

Ilustración de Mikel Casal

Público.es por Ricard Vinyes


Un entierro digno para tres maquis 63 años después…

noviembre 21, 2010

Los familias reciben los restos de ocho republicanos asesinados en Benagéber (Valencia)

BELÉN TOLEDO BENAGÉBER (VALENCIA) 21/11/2010

José Martínez ante los restos de su padre. JUAN NAVARRO

José Martínez ante los restos de su padre. JUAN NAVARRO

Salvador Garrido murió asesinado por la Guardia Civil en 1947. Pero su nieto Miguel, que ahora tiene 39 años, creció convencido de que su abuelo paterno había muerto “de repente”.

El miedo tapó las bocas de su padre y de sus tías, que no se atrevieron a contarle el drama familiar hasta bien entrada la democracia. Y sólo ayer, 63 años después del crimen, pudo el nieto cargar con los restos de su abuelo para enterrarlos dignamente.

Junto a Miguel, una treintena de familiares de represaliados del franquismo recibieron los restos de sus deudos, que durante seis décadas permanecieron enterrados en una fosa común del cementerio de Benagéber. Las víctimas exhumadas son tres guerrilleros que peleaban contra el franquismo en las montañas del interior de la provincia de Valencia, un vaquero que les había dado de comer y cuatro trabajadores de las obras de un pantano cercano que les suministraron pólvora y alimentos. Murieron víctimas de la balas de la Guardia Civil, que los enterró sin ataúd, lápida ni funeral. Sus viudas e hijos sufrieron represalias durante años.

¡Viva la República!

En la ceremonia de entrega de los restos hubo pena por los familiares muertos, rabia por la falta de reconocimiento a su lucha por la democracia y alivio por poder al fin enterrarlos dignamente. José Martínez, de 72 años, hijo de uno de los trabajadores asesinados y testigo de algunos de los crímenes cuando era un niño, lloró ayer por su padre todas las lágrimas que se tragó durante la dictadura. En homenaje, gritó un “¡viva la República!” ante la tumba abierta.

Dos asociaciones, La Gavilla Verde y el Grupo para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valencia, les han puesto en contacto y les han ayudado a encontrar el sitio exacto del enterramiento. Primero acudieron a la Justicia para que investigara el crimen. Ante su silencio, recurrieron al alcalde de Benagéber, Rafael Darijo, que autorizó la exhumación. Una subvención del Ministerio de la Presidencia aportó la financiación necesaria.

Público.es


Cuando Adolfo encontró a Paco…

noviembre 21, 2010

Un musical ridiculiza la reunión de Franco y Hitler en Hendaya…

PÚBLICO.ES Madrid 20/11/2010

 

Los actores que dan vida a Franco y Hitler en el musical 'Hendaya. Cuando Adolfo encontró a Paco'.

¿Qué ocurrió realmente el 23 de octubre de 1940 durante el encuentro de Hitler y Francoen Hendaya? Según los autores de la obra teatral Hendaya. Cuando Adolfo encontró a Paco, ni el dictador español rechazó participar en la Segunda Guerra Mundial ni traicionó al Führer cuando le dijo que sí para después echarse atrás. El musical, dirigido por Pepe Macías y Flavia Scarpa, plantea una delirante reunión de siete horas en la que la ironía y el sentido del humor sustituyen a la rigurosidad histórica.

Es lo de menos, ya que lo importante es el guión y las canciones. “La gente no entiende que es humor blanco. No nos metemos con los aspectos políticos, sino que jugamos con las figuras de estos dos grandes dictadores desde un punto de vista inocente”, explica Rafael Aznar, responsable de contratación y distribución de Ribalta Teatro, que presenta la obra este sábado en la localidad madrileña de Arganda del Rey.

Sin embargo, la simbología nazi y falangistaha echado para atrás a muchos programadores de organismos e instituciones oficiales. “No existe la censura, pero sí el rechazo. Directamente, no te contratan, pero hemos luchado mucho y en 2011 estaremos en Valdemoro y en Madrid”, apunta Aznar, que recuerda que las salas privadas han posibilitado que la pieza haya podido ser representada en Sevilla, Coslada, Madrid y la Región de Murcia.

“En España es un tema muy delicado. Aún vivimos bajo la sombra de Franco”, explica Aznar

“Después de mucho esfuerzo, hemos pasado la preselección de la Red de Teatros de la Comunidad de Madrid”, avanza el representante de Ribalta Teatro, consciente de que el argumento les ha traído no pocos problemas. “La esvásticaecha para atrás y resulta bastante fuerte para un programador. No quieren ver más allá, porque en España es un tema muy delicado. Todavía vivimos bajo la sombra de Franco”.

Público.es

 


No pasarán la puerta del Valle de los Caídos…

noviembre 21, 2010

Los franquistas, por primera vez desde 1975, no pueden cantar brazo en alto ante la tumba del dictador un 20-N

DIEGO BARCALA MADRID 21/11/2010

Los nostálgicos de la dictadura se reunieron a la entrada para cantar el Cara al Sol' con el brazo en alto. - MÓNOCA PATXOT

Los nostálgicos de la dictadura se reunieron a la entrada para cantar el Cara al Sol’ con el brazo en alto. – MÓNOCA PATXOT

El 20 de noviembre no volverá a ser nunca más el 20-N. El Gobierno, decidido a evitar los espectáculos fascistas en el Valle de los Caídos, ha conseguido frenar que los franquistas recuerden al dictador en el interior de la basílica como hicieron hasta el año pasado. Lo que no ha evitado es que los monjes que residen en el recinto sí lo hagan. Ayer, recordaron a Franco y a José Antonio en una misa en privado mientras sus exaltados simpatizantes cantaban frustrados el Cara al Sol en la entrada al valle de Cuelgamuros.

Los fascistas se toparon a las 11.00 horas con que la Guardia Civil le cerraba el paso a la entrada del valle de Cuelgamuros, allí donde empieza la carretera que asciende a la basílica donde fueron enterrados los restos de los golpistas Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera. Esta vez no fue la Ley de la Memoria (aprobada en diciembre de 2007) la que impidió la entrada de las banderas falangistas, sino el peligro de derrumbe de las esculturas de la entrada de la iglesia. “Cerrado temporalmente por razones de seguridad”, exponía un cartel con el sello de Patrimonio Nacional. Los dos centenares de nostálgicos que acudieron a conmemorar el 20-N se conformaron con escenificar su parafernalia fascista en la entrada del recinto.

“No soy falangista, pero me gusta oír misa los 20-N”, se quejó un franquista

“Entremos. ¿A quién tenemos miedo?”, proclamó una mujer.

“Quien tiene miedo es Zapatero”, le contestó un anciano.

“Ese es el anticristo que tenemos en la Moncloa”, continuó la señora.

Hubo Cara al Sol cantado brazo en alto, gritos de exaltación de Franco y sobre todo, insultos al Gobierno. “¡Zapatero, hijo de puta!, ¡Rubalcaba asesino!”, gritaron orquestados. “En este país se prohibe rezar. No nos dejan estar orgullosos de ser españoles”, le explicaba un padre a su hija adolescente. “Yo no soy falangista pero me gusta oír misa los 20-N”, razonaba incongruente otro franquista en un corrillo. Después de dos horas reunidos entre los pinos que dan la bienvenida al valle de Cuelgamuros, los nostálgicos de más edad se resignaron. “Este año ya no vamos a entrar. El anterior sí entramos y el anterior…”, recordaba uno de los congregados.

Antidisturbios

La Guardia Civil procedió a las 12.30 de la mañana a desalojar pacíficamente a los franquistas. Media hora después estaba convocada en el mismo lugar una manifestación de la Federación Estatal de Foros por la Memoria para pedir la desaparición del monumento inaugurado en 1959. Los más veteranos aceptaron de buen grado el desalojo: “¡Viva la Guardia Civil!, ya veréis como los que vienen ahora no os lo dicen”, exclamó el mayor de una de las familias.

“¡Juicio justo para Fraga!”, reclamaron los miembros del Foro por la Memoria

Pese a los esfuerzos policiales, un grupo de unos 30 cabezas rapadas con estética violenta se negaron a ser desalojados y fueron aislados. Esperaban encontrarse con la concentración contra el monumento. La Policía Nacional y la Guardia Civil desplegaron entonces a una veintena de antidisturbios armados con escopetas de pelotas de goma y acordonaron a los neonazis como medida intimidatoria. Los agentes procedieron a identificarlos.

Poco después de las 13.00 horas, llegaron los dos autobuses antifranquistas. Junto a la veintena de representantes del Foro por la Memoria veteranos en la protesta contra el monumento puesto que lo han hecho cada año en el último lustro bajaron 150 jóvenes que ocultaban su rostro, dispuestos también al enfrentamiento físico con los radicales ultraderechistas. Entonces comenzó la guerra de proclamas.

En recuerdo de Palomino

“¡A por ellos, como en Paracuellos!”, gritaron los jóvenes. Ante el inapropiado grito, el presidente del Foro por la Memoria, José María Pedreño, tomó el megáfono: “No hemos venido a provocar a nadie. Evitemos los lemas que puedan parecer una provocación”. Los jóvenes, con cuentas pendientes con los ultraderechistas, hicieron poco caso: “¡Carlos, hermano, nosotros no olvidamos!”, espetaron a los neonazis en recuerdo por el asesinato en el Metro de Madrid del joven de 16 años Carlos Palomino. La policía grabó toda la escena.

La Guardia Civil, con un amplio dispositivo de agentes antidisturbios, separó a ambos grupos, que se cruzaron miradas de odio con apenas una carretera de por medio. Los jóvenes que acudieron con los nostálgicos de Franco levantaron el brazo para hacer el saludo fascista y respondieron: “¡Josué, libertad!”. Josué Estébanez es el soldado del Ejército de Tierra que en noviembre de 2007 clavó una navaja en el corazón de Palomino en un vagón parado en la estación de Legazpi.

Los neonazis pidieron la libertad del asesino de Carlos Palomino

Durante media hora de tensión, los jóvenes se recriminaron ataques mutuos en clave interna. “¿Recordáis lo de Valdemoro?”, decía un joven con una bandera rojinegra. Al otro lado, los cabezas rapadas entonaban el Cara al Sol. Los miembros del Foro por la Memoria trataron de frenar la agresividad de los jóvenes que les acompañaron en esta ocasión al Valle de los Caídos: “Chicos, tranquilos, no hemos venido a esto. Hay que pedir ¡verdad, justicia y reparación!”.

José María Pedreño explicó el verdadero sentido de su protesta, lanzada el pasado viernes, cuando solicitaron la voladura de la cruz de 150 metros sobre el risco de la Nava. “Venimos a protestar porque la Ley de la Memoria se incumple constantemente con actos de exaltación fascista. Tenemos que ocupar este espacio para la democracia, no venimos a enfrentarnos a nadie”, insistió.

El portavoz de los Foros sufrió el acoso de un reportero, que le llegó a preguntar “qué sería de los monjes si les sacan del monasterio”. Pedreño argumentó: “No creo que la Iglesia, una gran multinacional, propietaria de la mayor parte del suelo urbanizable de este país, tenga problema en buscar un hueco en otro monasterio para estos monjes”. “¿Y con los cuerpos de Franco y José Antonio?”, insistió el reportero. “Que se los den a sus familias”, zanjó.

De fondo, la guerra de cánticos fue ampliamente ganada por los manifestantes contra el monumento que reclamaron: “¡Juicio justo para Fraga!”. “Si decimos estas cosas en otro país como Francia o Alemania, somos unos defensores de los derechos humanos, pero si lo decimos en España, nos llaman radicales”, lamentó Pedreño.

Un centro de memoria

Ajeno y ausente de la manifestación, el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Emilio Silva, reclamó al Gobierno la creación de “un centro memorial” en el Valle de los Caídos que explique a los visitantes la verdadera historia de su construcción, para la que llego a ser utilizada la mano de obra de presos políticos.

El único nexo de unión a un lado y otro de la carretera entre Guadarrama y San Lorenzo de El Escorial que ayer vivió los tensos momentos fue la crítica al Gobierno socialista por su gestión del Valle de los Caídos. Los franquistas reprocharon que se les cerrara el paso al homenaje a Franco y José Antonio, y los antifranquistas que el recinto permanezca invariable en su utilidad, tal y como lo ideó el dictador Francisco Franco, con unos monjes que mantienen viva la llama de su ideario fascista.

El 35 aniversario de la muerte de Francisco Franco seguirá nutriendo hoy la agenda de los fascistas en Madrid. El ex líder de la organización ultraderechista Fuerza Nueva Blas Piñar pronunciará un discurso en la plaza de Oriente autorizado por la Delegación del Gobierno. El pasado viernes acudió junto a los descendientes de la familia Franco a una iglesia de Madrid donde se llamó a la “cruzada nacional”.

Público.es