CAUSA GENERAL. ¿CAUSA COMÚN? CONDENADOS AL OLVIDO. ¿CONDENADOS A REPERTIR?

El olvido es la condena

La libertad y la democracia se construyen con el trabajo de cada día. No son estados permanentes de status social y colectivo garantizados por un sistema político determinado o por la estructura del Estado, más bien éstos son herramientas que deberían ayudar a mantener  dichos logros.

Un modelo de sociedad madura avanzada y fundamentada en los principios de la libertad, la igualdad y la fraternidad de sus componentes, debería ayudar a ése trabajo de mantenimiento de la libertad y la democracia y, que ésta, se efectuara a través de la propia conciencia cívica. Esto que puede parecer el ideal del pensamiento utópico para algunos, es sin embargo para mí una obviedad, en la que además, yo creo firmemente. Creo en él y  lo defiendo basándome en la razón y el trabajo fomentados en las mejoras personales e individuales que conducirán en el futuro a las colectivas, es decir, crear mejores personas cimentadas en los principios del conocimiento, la educación, la solidaridad y la razón del pensamiento libre.

Para ello no hay mejor modo que conocer quiénes somos para saber hacia dónde nos dirigimos. Y ése, es o debería ser el “leit motive” de la recuperación de la memoria histórica de una sociedad dispuesta a afrontar su futuro. La historia nos enseña a mirar hacia adelante; pero actualmente lo hace como una guía estéril de nuestras propias actuaciones, ya que el tiempo recorrido hasta la fecha sólo nos demuestra que no somos capaces de mejorar y aprender de nuestras propias actuaciones pretéritas.

Independientemente de voluntades, de ideologías o dogmas está por encima de todo el bien común, el bienestar de todos y ello supone capacidad de análisis, de reflexión y sobre todo de generosidad y entrega obviando individualismos.

Pues parece ser que dentro del mundo memorialista para no ser excepción y como en el resto de ámbitos humanos, a veces nos olvidamos de que hay una gran CAUSA COMÚN, que no sólo afecta a las víctimas del franquismo o a los familiares de las mismas sino que también concierne a la propia historia del país, y por tanto, al interés general de todos los españoles, mal que les pese a algunos.

Eso conlleva o debería conllevar actuaciones generales por parte del propio Estado y de las personas que lo conformamos para que de un modo u otro prevaleciera un método consensuado de trabajar que facilitase que nuestro pasado no hipotecase nuestro futuro, y para ello, es necesaria la memoria colectiva, la justicia y el derecho que permitan cerrar las heridas sangrantes de nuestra propia historia.

Ciñéndome al panorama del memorialismo y sin que mi opinión sea una crítica destructiva, sino todo lo contrario, una invitación a la reflexión, debate y autocrítica que nos permitan mejorar nuestro modo de operar a nivel general sin más endogamias que las propias de aquellos que no creen en el  objetivo de la CAUSA GENERAL como medio de completar la historia, preservarla y enseñarla aplicando los principios generales del derecho y  justicia.

Al memorialismo de hoy en día le pueden más los propios egos que los bienes comunes, y digo esto, porque parece imposible que con tantas personas afectadas, tantas asociaciones, agrupaciones presentes en todo el territorio nacional e incluso allende de nuestras fronteras seamos incapaces de generar un efecto de causa común y, que  se pierdan todos los grandes esfuerzos en pequeñas actuaciones voluntariosas e inútiles, mientras prevalecen las disensiones partidistas, parcelistas o intereses inducidos por directrices nada claras y que sólo demuestran una vez más que la debilidad republicana en su día (la de diseminar esfuerzos más que la de aunarlos) prevalece setenta y cinco años después. No se trata de estar siempre de acuerdo, de adhesiones gratuitas, de consignas unilaterales, todo lo contrario, sólo de debate y acuerdo en las metas por las que trabajar. Hablando se entiende la gente.

Tengo la impresión que estamos no sólo condenados al olvido, sino que también lo estamos a ser condenados a repetir una vez más los yerros del pasado, perdiéndonos detrás de directrices dogmáticas, banderas miles, grandilocuentes lemas y símbolos varios a la vez que obviamos desmemoriadamente los rostros, nombres y apellidos de los que son los verdaderos actores principales de esta historia, la nuestra, la de todos. La verdad, la justicia y la reparación empiezan por la capacidad de trabajar juntos sumando y aportando todas las pequeñas acciones, olvidándonos de las grandes intenciones individuales y creando sistemas que permitan la colaboración y la participación de todos. ¿El modo?  Seguramente habrán muchos, pero el primero es olvidar lo único olvidable, los individualismos y personalismos que acentúan más las diferencias que aproximan las similitudes. Lo segundo es hablar, debatir y consensuar.

No olvidemos que las personas pasamos y que sólo queda nuestra obra, y bajo mi punto de vista, esta es la obra más importante, la de todos trabajando para la historia, para la memoria colectiva. Si nos olvidamos de lo fundamental no recordaremos nunca el objetivo.

 

¡Salud y memoria!

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de la A. I. La Memoria Viv@

 

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