ENTREVISTA: VIDAS ROBADAS CARMEN TORRES FRANCO: 42 años y 5 minutos buscando a Susana

NATALIA JUNQUERA / JESÚS DUVA – Madrid – 13/03/2011

Carmen Torres Franco

Carmen Torres Franco, el pasado viernes, en una cafetería cercana a su lugar de trabajo en Madrid.- LUIS SEVILLANO

TRES PERSONAS PARTIDAS. Carmen, Eva y Pepi sienten como si les faltara una parte de su cuerpo. Como si estuvieran incompletas. Es la extraña sensación que tienen los mellizos. Ellas están convencidas de que sus hermanos fueron robados al poco de nacer

Carmen lleva 42 años buscando a la persona que nació cinco minutos después que ella en el hospital de la calle O’Donnell (Madrid). Es mucho tiempo, pero todavía es incapaz de mencionar el nombre de su hermana gemela, Susana, sin romper a llorar. “Yo siempre he vivido con una sensación extraña, como si me faltara mi parte derecha, como si estuviera coja”.

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Carmen Torres Franco denuncia el robo de su hermana en la clínica O’Donnell en 1968

  • “¡Búsquela ahí!’, le gritó la monja a su padre señalando cuatro cadáveres
  • Un certificado oficial confirma que la niña nunca fue enterrada

Carmen Torres Franco cuenta que el día que recibió el escrito del cementerio de La Almudena certificándole que su gemela nunca había estado enterrada allí, sintió una mezcla de “felicidad y rabia”. Lo primero, porque el documento probaba que ni ella, ni su madre, ni su padre estaban locos cuando pensaban que a la pequeña la habían robado al poco de nacer. Lo segundo, la rabia, “la impotencia”, añade, porque probablemente preferirían no haber tenido nunca razón.

“Nacimos la madrugada del 24 de enero de 1968, con cinco minutos de diferencia. A mi madre, Carmen, no le habían dicho que estaba embarazada de gemelas. Pese a ser sietemesinas, las dos teníamos un buen peso: 2,5 kilos yo y 2,1 mi hermana. El parto fue ‘normal’ y ‘viable”, relata Carmen subrayando las palabras clave en un documento recogido en la maternidad. “Pero después de haber pasado dos días en la habitación con mi madre, llegó un médico y dijo que tenía que llevarnos a la incubadora, que estábamos muy mal. Ese mismo día le dieron el alta a mi madre”, recuerda.

Sus padres van a verlas cada día al hospital. Las niñas tienen buen aspecto. Pero el médico les desanima hasta el punto de que les sugiere que sean bautizadas por si acaso. “Una monja le pidió a mi madre dos nombres para el bautizo y mi madre se los dio”. A los 16 días, el 9 de febrero de 1968, cuando Carmen Franco, ama de casa, y Luis Torres, transportista, van a ver a sus hijas a la incubadora, un médico del cual no recuerdan el nombre les comunica que la pequeña Susana ha muerto.

“A mi padre le dicen que le han practicado una autopsia a la niña y que gracias a eso han conseguido salvarme a mí. Le aseguran que mi hermana ha muerto de hemorragia intracraneal, que según me he informado, es algo que en el 70% de los casos ocurre en los tres primeros días de vida, no en el 16º”, explica Carmen. “Mi padre exige verla. Una monja intenta convencerle de que no lo haga: ‘Es mejor que se quede con la imagen que tiene. Está muy desfigurada’, le dice. Mi padre insiste: ‘Quiero ver a mi hija. Quiero ver a mi hija’. Por fin, le dejan. De malas maneras, le llevan a una habitación. No era la morgue, pero cuando mi padre entra, ve el cadáver de una mujer en una cama y tres cajitas con bebés muertos. La monja le empuja dentro y le grita: ‘Búsquela ahí!’. Pero mi padre mira en las cajitas y no ve a su hija”.

Luis Torres busca a la religiosa. “Mi hija no es ninguna de esas. He mirado las etiquetas y ninguna pone su nombre”, le dice. Ella, enfadada, le responde: “Tiene que mirar por el nombre de la madre, no por el de la niña. Espere aquí”. El padre de Carmen le ha contado a su hija que, tras tenerle un buen rato esperando, le invitaron a volver a entrar a la habitación. “Cuando entró de nuevo, en una de las etiquetas de los tres bebés muertos estaba escrito el nombre de mi madre. Mi padre siempre me ha dicho que la primera vez no estaba, y que la niña que vio era muy grande para ser su hija”.

Luis Torres comunica entonces a la monja que quiere llevarse a Susana para enterrarla en el panteón familiar. “Ella le dice que el hospital se encarga de todo. Que la niña será enterrada ‘como todos, como un angelito de Dios’, en una fosa común en el cementerio de La Almudena. Mi padre insiste. La religiosa le dice que lo que tiene que hacer es cuidar de mí, porque probablemente también me muera. Así que, al final, mis padres salieron de allí sin Susana, conmigo en brazos y el miedo metido en el cuerpo a que yo también muriera”, explica Carmen. “Pero yo estoy aquí y estoy convencida de que mi hermana también sigue viva”.

Aquel febrero de 1968 en O’Donnell murieron otros 36 bebés. Antes, en enero de 1964, habían fallecido otros 37 y, después, en noviembre de 1973, 34 más. Son los datos que han recabado tres familias que denuncian el robo de sus hijos en esta clínica y que han acudido al Archivo Regional de la Comunidad de Madrid (calle Ramírez de Prado, 3) para pedir el libro de asientos de esta maternidad aparentemente maldita, a tenor del altísimo índice de mortalidad infantil que registró durante más de una década.

Carmen cuenta que en su casa apenas volvió a hablarse de la pequeña Susana. “Yo recuerdo que de pequeña solía dibujar a mi hermana y cuando fui mayor le reprochaba a mi madre que no supiera exactamente dónde estaba enterrada para llevarle flores. Ahora me arrepiento de aquel reproche. Mi madre siempre pensó que se la habían quitado y mi padre igual. Ella murió ya y mi padre sigue sufriendo. Si la sigo buscando es, sobre todo, por él”.

Tras el rastro de su hermana, Carmen ha recorrido cada archivo. Así ha descubierto que donde debería haber estado registrado su bautizo, no figura nada, y que, en el cementerio donde supuestamente la habían enterrado “como a un angelito de Dios”, tampoco. El documento que el director de Cementerios, Manuel Torres Iribarne, le remitió hace apenas dos semanas, reza: “Tras una búsqueda en el libro de enterramiento diario, no encontramos ninguna inscripción que se ajuste al perfil que nos ha solicitado, buscando referencias como ‘feto femenino de Luis y Carmen’ o ‘Susana Torres Franco’ entre las fechas comprendidas entre el 9 de febrero y e1 9 de marzo de 1968”.

“No saber qué pasó con mi hermana es una tortura”, prosigue Carmen. “La busco constantemente. Me siento coja. Tengo pesadillas con el momento en que la sacan de la incubadora y se la llevan para siempre. Cada día pienso en la vida que habrá tenido. A veces creo que ha ido a parar con unos padres ricos, que no podían tener hijos, y que quizá por eso, porque ella tiene ahora una buena posición, no me busca o no quiere encontrarme. Otras veces, imagino que tuvo unos malos padres que no querían una hija, sino una criada, como en otros casos. Es muy duro. Mi padre siempre está triste. Cada vez que suena el teléfono nos abalanzamos sobre él por si es ella”.

Durante décadas miles de bebés en España fueron sustraídos o separados irregularmente de sus padres. Sigue la serie de EL PAÍS sobre este tráfico de niños y ofrece el relato de las víctimas y de quienes participaron en las tramas. | Consulta el especial: Vidas robadas. | Participa en Eskup. ¿Crees que eres un niño robado o conoces a algún caso? Envíanos un correo electrónico.

El País.com

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