LOS TEJERAZOS QUE EN ESPAÑA HAN SIDO. “Párrafos del libro de Javier Cercas, Anatomía de un instante. Y párrafos míos, Francisco Sancho González”

Javier Cercas

J Cercas.

Para los principales personajes del Golpe, no era contra la monarquía, si no contra Suárez.

Las operaciones políticas y militares, apenas se comunicaban.

J Carlos; frente a Suárez – un gobierno fuerte que protegiese a la corona- de turbulencias.

Mío.

¿No era precisamente la corona la que auspiciaba las turbulencias?

J Cercas.

Suárez tras la muerte de Franco en un discurso en las cortes franquistas, “Hay que abrir el juego político y crear cauces de participación para las distintas sensibilidades presentes en la sociedad”.

J Carlos cediendo a la presión de los ultras confirmó a Arias Navarro, en la presidencia del gobierno – ya lo era cuando murió Franco – pero le comunicó que T Fernández Miranda ocupase la presidencia de las Cortes y del Consejo del Reino. Y que este consiguiera que A Navarro, nombrara a Suárez, S G del Movimiento, satisfaciendo así la ambición del más ambicioso, el chico de los recados.

Suárez era un antiguo gallito falangista sin escrúpulos, y un arrivista del franquismo. Es como un camaleón que intentaba engañar a todo el mundo. Sin pedigrí y sin ninguna idea política, un actor.

Mío.

¿Quién era más arribista Suárez o J Carlos?

¿No dijo franco en su testamento que obedecieran a J Carlos lo mismo que a él?

Entonces 1976, M Fraga era M de la gobernación y en Vitoria la policía mato a tres obreros en una manifestación, acto seguido A Navarro decretó el estado de excepción.

Mío.

J Carlos no se opuso al E Excepción.

J Cercas.

Suárez ya S G del M, en pleno E de excepción defendió en las Cortes franquistas, en un discurso brillante, el pluralismo político para conseguir la reconciliación de los españoles, mediante una reforma política patrocinada por el gobierno. Reforma que habían preparado Suárez y T F Miranda pero S la aplico.

El 18 de noviembre de 1976, las C franquistas aprobaron la reforma por 425 votos a favor, 59 en contra y 13 abstenciones.

El 15 de diciembre del 1976 en referéndum se aprobó la reforma con el 80% de participación y el 95% de votos afirmativos.

Seis meses después de instaurada por Franco la Monarquía, el rey y su mentor t F Miranda, ya habían comprendido que, para conservar la monarquía tenia que renunciar a gran parte de los poderes heredaos de Franco y convertir la M franquista en M parlamentaría.

Mío.

Esto es una falsedad como una casa.

De quien era mentor T F Miranda era de A Suárez al que había designado como S G del M, para desmantelar el aparato franquista. Mientras que j Carlos tragaba lo que heredó de Franco, traicionando a su padre – orden dinástico – y jurando los principios fundamentales del movimiento, dispuesto a aplicarlos.

J Cercas.

El rey no tenia claro nombrar a A Suárez presidente del gobierno.

Mío.

Pero de la terna ( 3 de julio 1976) Silva Muñoz, G López Bravo y A Suárez, nombró a este último, por indicación de T F Miranda.

J Cercas,

Los ultras consideraban que con Suárez los P F Del movimiento estaban garantizados y seguirían vigentes.

Mío.

¿Y con J Carlos, que los había jurado ante Franco no? ¿No le dijo Franco a los ultras que obedecieran a J Carlos lo mismo que a el?

J Cercas.

Al día siguiente de ser nombrado P del gobierno, formo el primero con jóvenes falangistas y democristianos, bien relacionados con la oposición democrática y los poderes económicos.

Y empezó las reformas, con declaraciones casi rupturistas, con el franquismo, en la que se comprometía a devolver la soberanía al pueblo español, y anunciaba elecciones generales para el mes de junio del año siguiente, 1977. Después reformó por decreto el código penal que impedía la legalización de los P políticos, Decreto la amnistía política, la cooficialidad del catalán, y autorizó la bandera basca. Y conseguía que las C Franquistas aprobaran la derogación de las leyes fundamentales del franquismo. Y anulaba por D el Movimiento Nacional, y retirada de los símbolos falangistas y convocaba el referéndum para la reforma política, que anunciaría por TVE en septiembre del 1976´

Mío.

Suárez se presento a las elecciones generales el 15 de junio de 1977 y las gano siendo elegido presidente – tras la reforma P – no del rey si no del pueblo español

La familia de Suárez había sido republicana

Lo más insólito, liquidación del franquismo a base de los propios franquistas.

En todo lo relacionado con las reformas de, T F Miranda y A Suárez, J Carlos siempre estuvo al margen totalmente

J Cercas.

J Carlos leía El País, por que representaba la izquierda intelectual, moderna y democrática. El País cuyos editoriales escribía Javier Fradera – antiguo comunista – en uno de los cuales dijo “Suárez como presidente del gobierno es la punta de lanza de una maquina que resulta ser, el autentico bunker inmovilista del país.

Hasta el 1979 Suárez fue un político mediocre, a veces nefasto.

Mío

Y J Carlos hasta 1977 ¿Cómo había sido?, ¿un lumbreras?

J Cercas– . El puesto de mando del contragolpe estaba en la Zarzuela, y el rey empezó a actuar como comandante en jefe de los ejércitos, impartiendo a los militares ordenes de respetar la constitución.

Mío

Eso es mentira, el contragolpe lo organizó Francisco Laína y su gobierno de subsecretarios, pues el otro estaba secuestrado en el congreso.

J Carlos se puso con la constitución cuando comprobó que el golpe había fracasado.

J Cercas.

El pánico se adueñó de los 11 capitanes generales y de los que mandaban la D a de Brunete.

Mío.

¿No habíamos quedado que todos eran golpistas según m del Bosch y lo hacían con el beneplácito del Rey?

El general Quintana Lacaci fue el que ordenó al general Juste, tajantemente que la Brunete se retirara a los cuarteles, mientras Aramburu Topete D G de la G Civil y el general Sáez de Santamaría jefe de la policía nacional instalaron un gabinete de crisis en las oficinas del gerente del Hotel Palace con militares de todas las armas y graduaciones. Ya habían montado dos cordones de seguridad sobre el Congreso, uno de la policía y otro de la G Civil, para protegerle de la Brunete y los fascistas. El G Gaveiras jefe del E M del Ejercito dio la orden al coronel Alcalá Galiano, de entrar en el congreso y arrestar a Tejero, pero cuando lo intenta, Tejero recibe una llamada por T del segundo de Milans Ibáñez Ingles, y le ordena que desarma a A Galiano, pero este lo oye por otro T y con bromas consigue que I Ingles retire la orden y Tejero le deje salir del congreso.

A Topete es más expeditivo, desde la verja exige hablar con tejero, este se presenta pistola en mano, y el General le ordena que desaloje el Congreso y se entregue, a lo que tejero contesta, “mi general, antes de entregarme le pego un tiro, y después me mato” . Topete intenta sacar su arma y uno de sus ayudantes es lo impide, teniendo que retirarse furioso.

J Cercas. – A las 12 de la noche tejero comunicaba al congreso que las regiones militares: II-III-IV y V habían aceptado a M del Bosch como nuevo presidente del gobierno con el visto bueno del rey.

Diego Carcedo, 23-F, Los cabos sueltos.

A Armada Camyns, 30 años mano derecha del rey, y Milans del Bosch monárquico y beato de toda la vida, siempre dijeron que el golpe del 23-F estuvo inspirado por el monarca.

Emilio Romero en ABC “están en marcha una serie de movimientos cuyo final es, consensuar con las fuerzas políticas un gobierno supra partidos capaz de conseguir el respaldo del congreso, una nueva moción de censura contra Suárez, y su substitución por otro de amplia base. Ese plan era conocido como la solución Armada, de gran prestigio en el ejercito y estrechos lazos con la corona, era la persona adecuada, cuando le recibía el rey lo hacia con fuertes abrazos. En conversación Armada le dice al rey en -Vaqueira Veret – refiriéndose al golpe ya en marcha- “tenemos que prepararnos para reconducir el golpe, hemos perdido mucho tiempo, hay muchos generales esperando instrucciones.

J Carlos, “pues habrá que hacerlo Alfonso, no se puede dar marcha atrás, lo peor del camino ya está recorrido, ahora falta superar los últimos obstáculos y reajustar las cosas. No hay que perder los nervios.

A Armada, ya pero habría que tener una alternativa, algo creíble…

En las navidades del 1981, J Carlos comunico a Armada que le iba a nombrar subjefe de la JUJEM, así estarás en Madrid y podrás informarme de primera mano de lo que está pasando, y manejar algunos resortes cruciales para controlar cualquier situación excepcional, – aparte de estar cerca de la casa real para poder asesorar en momentos tan delicados como estos.

Sofía, despidiéndole junto a J Carlos, y tras reconocer que la situación política era muy mala, “todos confiamos mucho en ti Alfonso, eres nuestra salvación”.

Armada se sintió henchido de satisfacción, pensando que aquello le impulsaba con mas fuerza al 23-F por encargo de sus majestades.

También Suárez visitó a J Carlos en Vaqueira Veret el 1981, con las preocupaciones en su cabeza, por el conocimiento de golpe en marcha, y la frialdad con que le atendía el monarca desde hacía tiempo, a pesar del deterioro de la imagen de la monarquía, y su disposición a ayudar a su consolidación.

J Carlos se interesó por la situación militar y Suárez que sabia que Armada le tenía al corriente de ello, recapitulando las palabras de J C concluyó que este ya hacía tiempo que no confiaba en el, “este lo que quiere es que yo dimita – pero no me lo pide- y le deje el camino libre.

Armada en Valencia le dijo a Milans que el rey estaba harto de Suárez y toda su camarilla, y sabe que solo los militares podemos resolver la situación.

Milans, “ el rey renunció a los poderes heredados de Franco y ahora se arrepiente, ahora con la constitución en la mano no puede hacer nada, esperar y firmar, se aburre como una ostra, vamos a darle trabajo, las cosas tienen que cambiar,. Aquí no se ganó una guerra, y se prosperó durante 40 años para que ahora vuelvan los de siempre a joderlo todo. Lo arreglamos y luego le diremos al rey, majestad ¡aquí tiene la corona sana y salva! No vuelva ha hacer tonterías y arriesgarla de nuevo”

Torres Rojas, “Si por que lo que ahora corre peligro es la monarquía”

Milans, lo haremos todo muy limpio, sin derramamiento de sangre, que después no digan.

Tejero a Milans, mi general, eso nunca puede garantizarse.

Milans, lo se, lo se, Antonio, pero hay que intentarlo, solo apretaremos el gatillo en casos extremos, y siempre en nombre del rey y en defensa del la corona.

Armada leyendo unos folios escritos por el, “las cosas han ido tan lejos que obligan a intervenir a la corona”. Firmaba el escrito (Los Almendros) grupo conspirador del golpe y lo publicaba (El Alcázar).

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Amadeo Martínez Inglés

ha enviado un segundo escrito al Presidente del Congreso acusando al rey Juan Carlos de nuevos presuntos y graves delitos que se suman a los que ya mencionó el coronel del ejército español en una carta anterior a José Bono y a Zapatero.

A continuación reproducimos la carta a la que ha tenido acceso LA REPÚBLICA

AL EXCMO SR. PRESIDENTE DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS DE LAS CORTES ESPAÑOLAS

Don Amadeo Martínez Inglés, coronel del Ejército, escritor e historiador militar, se dirige por segunda vez a VE y a la Cámara que preside con arreglo a lo que dispone el artículo 77.1 de la Constitución española manifestándole lo siguiente:

Con fecha 4 de abril del presente año, y de acuerdo a lo establecido en el artículo 77.1 de la Carta Magna española, elevé a su autoridad un escrito en el que le solicitaba la creación de una Comisión de Investigación parlamentaria que, conforme a lo señalado en el artículo 76.1 de ese mismo texto legal, procediera de inmediato a estudiar e investigar los presuntos delitos cometidos por el rey Juan Carlos, tanto en su juventud como en su ya largo reinado, y de los que existen abundantes indicios racionales en las exhaustivas y complejas investigaciones que como historiador militar me he permitido realizar a lo largo de los últimos veinticinco años. Presuntos delitos que le especificaba con todo detalle en el mencionado documento: homicidio imprudente, asesinato, golpismo, malversación de fondos públicos, corrupción generalizada, terrorismo de Estado…

Han pasado seis largos meses desde que le remití el escrito y VE, obviamente, no se ha molestado siquiera en acusar recibo del mismo. Puesto a analizar tamaña falta de profesionalidad, dejación de sus responsabilidades como máximo representante del pueblo soberano y auténtica falta de respeto hacia un ciudadano español que cree desenvolverse en un Estado de derecho y paga religiosamente sus impuestos (una parte alícuota de los cuales va directamente al bolsillo de su excelencia), sólo llego a atisbar tres posibles causas del desafuero institucional cometido por VE contra mi persona. Son las siguientes:

1ª.- Quizá esté equivocado y mis denuncias contra el rey Juan Carlos: asesinato, golpismo, malversación de fondos reservados, terrorismo de Estado, corrupción…no tengan la suficiente enjundia (política, jurídica, social…) como para que el Congreso de los Diputados, máximo órgano representativo del pueblo español, se vea impelido a investigarlos y, en consecuencia, su excelentísima persona urgida a mover de una vez su estúpido trasero.

2ª.- Pudiera ser también que el estado anímico de su honorable persona, señor Bono, no sea el mejor de los posibles después de su heroica decisión de congelar los emolumentos de todas las señorías que en esa Cámara calientan banco tres días a la semana. Con lo que el sueldo mensual de su presidente, el de su excelencia (mensual, no anual como es muy frecuente entre los ciudadanos españoles) deberá seguir siendo durante todo el año de crisis de 2009 de unos 15.000 euros. Desde luego, con esos ingresos puede resultar hasta comprensible su absentismo laboral…

3ª.- O tal vez la razón suprema de su falta de educación, señor Bono, tenga algo que ver con el miedo de su señoría excelentísima a que, si se crea la Comisión de Investigación solicitada, se le caigan definitivamente los palos del sombrajo a este Régimen benefactor y singular levantado con tanto esfuerzo por el franquismo para que nada cambiara de verdad en este país tras la muerte del dictador y VE se quede a la intemperie y sin ese modesto sueldo a que me refería en el apartado anterior.

De todas formas, señor Bono, por una u otras razones, usted no ha cumplido con sus deberes como presidente del Congreso de los Diputados. Yo le remití mi solicitud sobre la base de un derecho constitucional (artículo 77.1) y de ese derecho como ciudadano español se desprende una obligación por su parte: la de acusar recibo de la misma y tramitarla con arreglo a las normas pertinentes de actuación parlamentaria. Porque si usted no cumple con su obligación como presidente de esa Cámara, alegando cortedad en el sueldo o alguna otra razón que se me escapa, yo me quedo sin derecho, sin Comisión de Investigación y sin Constitución que valga. Y lo que es todavía peor: los españoles (empezando por usted) se van a quedar en la inopia para siempre en relación con las perrerías cometidas durante su ya largo reinado por el último de los Borbones.

Y ahora paso al meollo del presente escrito, es decir, a contarle algunas cosas muy graves, muy graves, muy graves… gravísimas ¡como no! del actual rey de España, Juan Carlos I de Borbón. Más que nada para que tome buena nota de ellas, añadiéndolas en lugar preferente al inventario de presuntos delitos que ya le he remitido y que deberá ser estudiado, cuando a usted le venga bien, por la todavía nonata Comisión de Investigación Borbónica Española (CIBE)

Me estoy refiriendo en concreto, señor Bono, a tres nuevos, espeluznantes, bochornosos, repugnantes… delitos, que ni la historia ni los ciudadanos españoles conocen todavía en toda su profunda dimensión (algunos historiadores, obviamente, estamos en ello) cometidos en los últimos meses del año 1975 por el entonces príncipe de España, justo cuando desempeñaba la Jefatura del Estado de una forma interina pero con todos los poderes del dictador en la mano. Presuntos delitos que de entrada podríamos catalogar, hasta que la citada Comisión parlamentaria pueda pronunciarse, como de alta traición, cobardía ante el enemigo y genocidio. Sí, sí, no se me ponga nervioso, señor Bono, que enseguida paso a informarle largo y tendido sobre el asqueroso hecho político que acoge estas figuras delictivas de Juan Carlos I, que para eso soy historiador militar y, modestia aparte, creo que de todo esto sé un poquito, lo justo quizá para despertar su mente y la de algunos miles de ciudadanos españoles.

Y le voy a exponer el asunto, en principio, señor presidente, de una forma extractada y casi telegráfica (aunque creo que muy comprensible para usted, que me imagino tiene cierta culturilla histórica, y para el lector medio) pues no querría bajo ninguna circunstancia que este escrito se convirtiera, por mor de mi incontinencia profesional, en una larga y tediosa lección magistral de historia de España. Eso lo dejo, si a vuecencia le parece bien, para deleite de las señorías a las que les corresponda un día poner en su sitio, de una vez por todas, a este Borbón de medio pelo salido de las cloacas del franquismo que ha tomado la jefatura del Estado español como su finca particular y su saneado negocio.

El hecho histórico a que me refiero, señor Bono, no es otro que el de la vergonzosa entrega a Marruecos, en noviembre de 1975, de nada menos que 200.000 kms cuadrados del llamado Sahara español (provincia africana según Franco, territorio bajo administración española según la ONU) por miedo a tener que enfrentar una guerra con ese país (que había organizado una marcha “pacífica” de 300.000 ciudadanos marroquíes y nos amenazaba con la invasión pura y dura) y tras un pacto secreto entre el jefe de Estado español en funciones en aquellos dramáticos momentos (el príncipe Juan Carlos de Borbón), la CIA y el Departamento de Estado norteamericano (Kissinger). Pacto por el cual el heredero de Franco se quitaba de en medio una muy probable guerra colonial con nuestro vecino del sur (que podía poner en grave peligro su ansiada corona) y recibía además el inmenso apoyo político yanqui para estabilizar su tambaleante Régimen.

A cambio, claro está, de traicionar con nocturnidad y alevosía, como ha sido práctica habitual en él, al pueblo español (ajeno a todo como siempre), a sus Fuerzas Armadas (que a pesar de su abandono operativo y escasez de medios estaban dispuestas a sacrificarse por defender el honor de España y la legalidad internacional), y del que cualquier juez imparcial pediría responsabilidades al jefe del Estado español por cómplice y colaborador necesario) y a la ONU (que había decretado a través de su Tribunal Internacional de Justicia y de su resolución 380 la ilegalidad de la acción unilateral de Marruecos y el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación).

Empecemos, pues, presidente, y que nadie desdeñe el asunto como lejano en el tiempo o meramente historicista pues estamos hablando de hechos gravísimos cometidos en su día por el actual jefe del Estado español, como son los presuntos delitos de “alta traición a la nación española” tras la acción consumada y no debatida en sus órganos institucionales de la entrega a una potencia invasora de una parte importantísima del territorio nacional sin intentar defenderlo siquiera y tras un pacto secreto con el propio enemigo y su socio geoestratégico; de “cobardía ante el enemigo” por parte del jefe del Estado español en funciones de comandante en jefe del Ejército que entrega sin combatir una parte substancial del territorio nacional tras un pacto secreto con el enemigo; y de “genocidio” contra el pueblo saharaui, en grado de colaboración necesaria con el ejecutor directo del mismo (el sátrapa marroquí), al haber puesto bajo la bota de su Ejército, totalmente desarmados, a los 30.000 habitantes de la antigua provincia española, a los que debería haber defendido con arreglo al Derecho Internacional y a los derechos humanos más fundamentales.

Repasemos, pues, esos lamentables hechos, próximo a cumplirse su 33 aniversario:

21 de agosto de 1975

El departamento de Estado norteamericano da luz verde a un proyecto estratégico secreto de la CIA, financiado por Arabia Saudí, para arrebatar la antigua provincia del Sahara (270.000 Kms cuadrados) a España. Un territorio vital desde el punto geoestratégico, rico en fosfatos, hierro, petróleo y gas, que EE.UU no está dispuesto a dejar en manos de España dada la situación en que se encuentra el régimen franquista. El plan consiste en invadir la zona mediante una marcha “pacífica” de unos 300.000 ciudadanos marroquíes (Marcha Verde), que se harían pasar por antiguos habitantes de la zona.

6 de octubre de 1975

El servicio de Inteligencia del Ejército español informa a Franco, ya muy enfermo, de los planes de EE.UU en relación con el Sahara.

16 de octubre de 1975

La Marcha Verde es anunciada por Hasan II, al mismo tiempo que el Tribunal Internacional de Justicia de la ONU rechaza las pretensiones de Maruecos sobre ese territorio.

20 de octubre de 1975

Franco empeora ostensiblemente. Sufre un nuevo ataque al corazón.

21 de octubre de 1975

El príncipe Juan Carlos de Borbón, heredero del dictador, se niega a aceptar la jefatura del Estado con carácter interino. Quiere plenos poderes para poder actuar en el Sahara.

22 de octubre de 1975

El presidente del Gobierno español, Arias Navarro, con conocimiento de Franco, manda a Solís a Rabat para tratar de parar el órdago marroquí prometiendo negociaciones sobre el tema en cuanto la situación del dictador mejore.

26 de octubre de 1975

Comienza la Marcha Verde en territorio marroquí. Toda la planificación operativa y la organización logística han corrido a cargo de técnicos norteamericanos.

30 de octubre de 1975

Juan Carlos de Borbón se hace cargo de la jefatura del Estado español (artículo 11 de la ley Orgánica del Estado). Está muy preocupado por la situación en el Sahara pues tiene muy presente el caso portugués. No quiere que la situación le desborde.

31 de octubre de 1975

El príncipe preside un Consejo de Ministros en La Zarzuela. Cuestión prioritaria: el Sahara. Asiste invitado el jefe del Estado Mayor del Ejército, Carlos Fernández Vallespín. Juan Carlos manifiesta su férrea determinación de ponerse al frente de la situación. Sin embargo, no les dice a los reunidos que él ya ha enviado a su hombre de confianza, Manuel Prado y Colón de Carvajal, a Washington, para solicitar la ayuda de Henry Kissinger. Es consciente de que una guerra colonial con Marruecos en aquellos momentos podría precipitar los acontecimientos al estilo de lo acaecido en Portugal y que podría perder su corona antes de ceñirla.

El secretario de Estado norteamericano acepta la mediación solicitada por el nuevo jefe del Estado español, intercede ante Hassan II y en las siguientes horas se pergeña un pacto secreto por el que Juan Carlos se compromete a entregar el Sahara español a Marruecos (vistiendo el muñeco de la rendición con unas amañadas conversaciones políticas en Madrid), a cambio del total apoyo político americano en su próxima andadura como rey de España.

2 de noviembre de 1975

Juan Carlos de Borbón visita las tropas destacadas en El Aaiun en un viaje sorpresa. Está en tratos secretos con los americanos para la entrega del territorio, pero no tiene ningún reparo en escenificar un “teatrillo castrense” con los militares (a los que traicionará en las siguientes horas igual que al pueblo español, a los saharauis y a la propia ONU) echando mano de la extensa parafernalia castrense propia de estos actos: formación solemne, desfile, honor a los muertos, recepción en el Casino Militar… En este centro, en el curso de una bien regada copa de vino español, hasta se permite el lujo de representar el papel de un moderno “Escipión El Africano a la española”, diciéndoles a los oficiales de las tropas allí destacadas: “España no dará un paso atrás, cumplirá todos sus compromisos, respetará el derecho de los saharauis a ser libres” y también, hinchando el pecho y subiendo la barbilla: “No dudéis que vuestro comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo”

¡La cara de este hombre es de cemento! (Nota del autor)

6 de noviembre de 1975

La Marcha Verde invade la antigua provincia africana española. En virtud del pacto secreto (alta traición) entre Kissinger, Hassan II y el flamante nuevo jefe del Estado español (el viejo se está muriendo en el hospital hecho un guiñapo entre monitores y sondas) los campos de minas de la frontera han sido levantados y los legionarios españoles prudentemente retirados. España hasta se permite la desvergüenza de enviar al ministro de la Presidencia para que gire una visita de cortesía a los campamentos marroquíes. La ONU, incómoda y sin saber de qué va la cosa, urge a Hassan II a retirarse y a respetar la legalidad internacional. España mira para otro lado ¡bastante tiene el principito con asegurar su corona! y el tirano alauí no hace el menor caso.

9 de noviembre de 1975

Hassan II da por alcanzados todos sus objetivos en el Sahara y en espera de las conversaciones de Madrid (ya tiene asegurada su presa) retira los campamentos de la Marcha Verde a Tarfaya. Argelia protesta y retira su embajador en Rabat. Los polisarios, traicionados por España, se aprestan a la lucha.

12 de noviembre de 1975

Comienza la Conferencia de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania, con EE.UU de mandamás en la sombra.

14 de noviembre de 1975

Declaración de Madrid sobre el Sahara. Se entrega a Marruecos toda la parte norte de la antigua provincia española: 200.000 Kms cuadrados de gran importancia geoestratégica, muy ricos en toda clase de minerales, gas y petróleo (descubierto por petrolíferas yanquis y en reserva estratégica). A Mauritania (que los abandonará enseguida en beneficio de su poderoso vecino del norte) se le transfieren 70.000 Kms cuadrados del sur, los más pobres e improductivos. Las Cortes y el pueblo español no saben nada del asunto. Todo se ha tejido entre bastidores, con la CIA, el departamento de Estado norteamericano y los servicios secretos marroquíes como maestros de una ceremonia bochornosa en la que el príncipe Juan Carlos ha movido sus hilos a través de sus validos y hombres de confianza: Armada, Mondéjar, Torcuato Fernández Miranda… mientras el Gobierno del anonadado Arias Navarro, con Franco moribundo y su porvenir político en el alero, se ha limitado a ejercer de convidado de piedra en la mayor vergüenza política y militar de España en toda su historia. Porque sí, efectivamente, este país, después de su flash imperial, ha padecido en diferentes épocas derrotas sin cuento, descalabros memorables y renuncios espectaculares, pero nunca jamás había traicionado de una forma tan perversa a sus propios ciudadanos (los saharauis lo eran en 1975), se había humillado de tal manera ante un pueblo más débil que él pactando en secreto su rendición, y abandonado cobardemente el campo de batalla sin pegar un solo tiro y después de entregar a su envalentonado enemigo acuartelamientos, armas y bagajes.

Una vergüenza histórica sin paliativos, a cargar ¡como no! en el “debe” de un príncipe sin principios morales de ninguna clase, cargado de ambición, bufón de un dictador sin escrúpulos, ansioso de poner sobre su cabeza los ridículos oropeles de una corona trasnochada y profanada hasta la saciedad en el pasado por reyes despreciables de su propia dinastía, y que se permitió el lujo de vender a su propio país, a su pueblo, a la sacrificada minoría étnica que, bajo nuestras leyes y nuestra protección, creyó en la promesas de España y en ser libres algún día.

De todo esto que le cuento, señor Bono, poca información han recibido durante nuestra sacrosanta transición tanto el pueblo español como su clase política. Había que preservar, así lo estipula la Constitución franquista del 78, la imagen del rey que iba a salvarnos a todos y a traernos los derechos y libertades conculcados durante décadas por su amo y señor.

Termino, señor presidente del Congreso de los Diputados, y recuerde: alta traición, cobardía ante el enemigo y genocidio. ¡Casi nada! ¿No le parece a su excelencia que quizá esa Comisión de Investigación que tanto pavor le produce debería comenzar su trabajo analizando tan escalofriantes delitos?

Reciba, señor presidente del Congreso de los Diputados, un afectuoso saludo

Firmo el presente escrito en Alcalá de Henares a 8 de octubre de 2008

Las entrañas de los servicios secretos españoles

Jueves, 29 de mayo de 2008

ENTREVISTA: TENIENTE GENERAL ANDRÉS CASSINELLO

Director de los servicios secretos con Suárez, jefe del Servicio de Información de la Guardia Civil el 23-F e imputado y exculpado en el ‘caso GAL’, guarda los mayores y quizás peores secretos del final del franquismo y de los primeros años de la democracia.

“Lo principal se sabe ya, y lo que no, no sé si es bueno que se sepa”, admite con una sonrisa. Probablemente por eso, el teniente general Andrés Cassinello (Almería, 1927), el hombre que dirigía los servicios secretos durante la Transición y el Servicio de Información de la Guardia Civil durante el 23-F, ha concedido muy pocas entrevistas a lo largo de su vida. En una de las últimas, en 1984, a la pregunta de si era jefe de los GAL, como apuntaban muchos, contestó al periodista: “Fíjate si fuera verdad y tú lo hubieras descubierto. Tu vida valdría sólo dos pesetas”. Veinticuatro años después, a los 81, se resiste todavía a perder aquella reputación: “No se lo dije a [Baltasar] Garzón, estaría feo hablar ahora”.

Pregunta. Preside la Asociación para la Defensa de la Transición, fundada en febrero de 2007. ¿Está en peligro? ¿De qué hay que defenderla?

Respuesta. Hay que defenderla. En las últimas elecciones vivimos un periodo de tensión tremenda. Nos extraña mucho que en un periodo en el que las diferencias eran abismales, nosotros podíamos entendernos: el secretario general del Movimiento hablaba con [Santiago] Carrillo, con Felipe González y no pasaba nada. Ahora que las diferencias tienen mucha menor entidad, estamos a bronca viva unos contra otros todos los días. Nos hemos reunido los fontaneros de Adolfo Suárez, los que bullíamos a su alrededor: Aurelio Delgado [cuñado y ex colaborador de Suárez], Manuel Ortiz [ex portavoz del Gobierno], José Luis Graullera [ex secretario de Estado de Administración Pública]… y decidimos formar una asociación de defensa de aquel espíritu.

P. ¿Cuándo supo que había llegado el momento de despedir a la dictadura?

R. Para mí fue una experiencia lenta y creciente. Yo, como militar, procedo de la lealtad a Franco. Pero no era tan tonto como para pensar que el régimen era perdurable. Deseábamos un sistema homologable a los que veíamos en Europa. El franquismo se fue diluyendo, quizá no en las palabras, pero sí en los hechos, y la vida nos fue enseñando que podíamos hablar con el otro, que no era tan fiera, ni tenía tanto peligro. Corríamos unos riesgos medidos. Todos los que participaron en aquella maniobra eran conscientes de su propia debilidad y sobré valoraban la fuerza del adversario. Para los franquistas, el partido comunista era un ogro poderosísimo, y viceversa. Los partidos tenían una enorme necesidad de militantes y nosotros enviábamos topos. Hay una anécdota muy graciosa en el congreso de un partido liberal. Enviamos a un guardia civil y le dijimos: “Hazte notar”. ¡Lo hizo tan bien que le querían nombrar secretario general!

P. El alzheimer ha enmudecido para siempre a uno de los testigos clave de la Transición. ¿Es bueno que haya cosas que no sabremos nunca?

R. Hace tres o cuatro años fui a ver a Adolfo Suárez. Estuvo muy cariñoso, pero no se enteraba de nada de lo que le decía. Me pidió que se lo escribiera. Al final, de aquella época se sabe casi todo. Aunque hay un sentimiento de pudor y una obligación de callar muchas cosas por lealtad.

P. ¿Guarda usted los mayores y peores secretos de aquellos años y los que siguieron?

R. Hay esa vanidad de “Si yo hablara”… pero ¿cuántos años hace ya de esto? Tengo 81. Los que me guardo, me los guardo (risas).

P. ¿En algún momento ha tenido la tentación de desmentir un relato en el que no se sentía reconocido?

R. A veces me río con lo que dicen de mí, pero no me enfado. Soy un hombre paciente. Uno se sabe testigo de muchas cosas, pero lo principal se ha contado ya. Algunas cosas no es bueno que se sepan. Aunque siempre hay mayordomos infieles, la verdad es mucho más amplia que una pequeña noticia.

P. El 23-F dirigía el Servicio de Información de la Guardia Civil en permanente contacto con La Zarzuela. ¿Cómo lo recuerda?

R. Aramburu Topete (José Luis, director de la Guardia Civil) me dijo: “Habla con todos y diles que esto no es cosa de la Guardia Civil, que es el loco de Tejero”. Tuve un momento de estupor porque al principio no podía hablar con nadie: todos los españoles estaban hablando por teléfono.

P. ¿A quién esperaban? ¿Quién era el elefante blanco?

R. No sabía que le llamaban el elefante blanco. Lo que sí sé es que el teniente general de Valencia [Milán del Bosch], antes de que Armada entrara en el Congreso me dijo: “Esto está pactado, esperan a Armada” [Alfonso Armada, condenado por el golpe de Estado]. Tejero salió del Congreso diciendo: “Yo tengo ganas de que alguien me cuente qué es lo que ha pasado”. Cuando recuerdo el 23-F siento una terrible vergüenza por la imagen que se dio del Ejército. Fue una patochada. Aquello de “¡Se sienten coño!”, empujando a Gutiérrez Mellado, una persona mayor… El Rey fue crucial. Se ha ganado dos veces los garbanzos: dirigiendo la Transición, siendo el piloto del cambio, y el 23-F. Ha sido siempre muy prudente y respetuoso. Nunca se ha salido del papel que le otorga la Constitución.

P. ¿Cuál fue el cambio trascendental en la renovación de las Fuerzas Armadas durante la Transición?

R. Había una corriente ya antigua intentando modificar la estructura de las Fuerzas Armadas. Los pactos con los americanos fueron muy importantes. Mucha gente deseaba tener un Ministerio de Defensa como en otros países. Díez Alegría y Gutiérrez Mellado hicieron una labor teórica excelente en el CESEDEN: planteaban leyes, se esforzaban en trazar planes modernizadores… Luego los políticos los rechazaban. No había forma humana.

P. ¿Han cambiado mucho más las Fuerzas Armadas desde su renovación en la Transición?

R. Sí, han cambiado mucho. Hay cosas que no van demasiado bien. El pase al Ejército voluntario… Ahora me muevo por alguna guarnición y veo regimientos muy faltos de personal. Aquel Ejército era inmenso. Quizá tenía los pies de barro, y nosotros lo sabíamos mejor que nadie, pero había muchos hombres. Había muchos hombres, peores equipos, teníamos dificultades de instrucción. Ahora están mejor instruidos.

P. ¿Es revolucionario nombrar a una mujer embarazada ministra de Defensa?

R. Entra dentro de la naturaleza de los tiempos. Yo he estado con la ministra de Defensa de Chile, ahora presidenta; con la francesa… Y no pasa nada. Hay dos áreas muy distintas: la función política de la defensa y la militar. La función política la tiene que hacer un político; lo nuevo es que sea mujer. He conocido a ministros hombres pésimos. Ya veremos qué tal [Carme] Chacón. No tengo ningún recelo previo, sí un estupor comprensible.

P. ¿Qué piensa cuando ve a la Guardia Civil manifestándose de uniforme y con tricornio?

R. Me parece muy mal. La Guardia Civil es un cuerpo serio o no es nada. Es una parte del Ejército alquilada al Ministerio del Interior, siguen siendo militares.

P. ¿De qué encargo está más orgulloso?

R. Si paso revista, no me siento orgulloso de nada. He cumplido con mi deber y lo he hecho en muchas situaciones muy difíciles.

P. ¿Y la misión Tarradellas [presidente de la Generalitat en el exilio]?

R. Lo de Tarradellas salió muy bien. Me encontré a un señor inteligente, amabilísimo, comprensivo, que abrió una posibilidad en la que no se pensaba. No era un monstruo del nacionalismo, era un hombre sencillo, que había sufrido mucho y que deseaba la paz por encima de todo, un rey destronado. Yo iba allí como un teniente coronel cualquiera y me di cuenta de que él veía en mí al Estado. Me apabulló con atenciones y frases exquisitas. Comimos en su casa, muy humilde, pero había un ambiente de ceremonia, de rito… Me sorprendió. A los diez años de volver a Barcelona me envió una carta cariñosísima agradeciéndome la gestión. El mismo día que volvió a Barcelona me había enviado un telegrama.

P. ¿Se arrepiente de algo?

R. El hombre siempre se equivoca. Las cosas que hice, las hice. No tiene mucho sentido hacer revisionismo. A lo mejor si la otra parte hubiera hecho las cosas de otra manera, yo también.

P. Manejó durante toda su vida mucha información, especialmente de ETA. ¿Ha cambiado mucho la banda desde que dejó de ocuparse de ella?

R. En los ochenta cometía cerca de cien asesinatos por año. Yo estaba destinado en el País Vasco con el general Santamaría y un par de veces por semana tenía que despertarle para decirle que habían matado a otro. Sobre la ETA actual no me gusta hablar porque antes yo sabía y ahora no sé.

P. ¿Qué opina de la política antiterrorista del Gobierno? ¿Es partidario de la negociación?

R. Sospecho que siempre hay algún secreto que no se debe contar. Toda la vida se ha hablado con ETA, unos y otros, porque me parecería absurdo que no se hiciera. Es una obligación. La paz hay que buscarla siempre, no a cualquier precio, pero hay que buscarla. Había por ahí un folleto muy curioso de las guerras carlistas que explicaba que lo habían probado todo: a encarcelarlos, a amnistiarlos, a mantener sus graduaciones militares y esto sigue, decía. Hay que seguir probando.

P. En 1985, en un Congreso de Sociología Militar dijo que prefería “la guerra a la independencia” en el País Vasco. El lehendakari planea un referéndum. ¿Estamos más lejos o más cerca de esa guerra ahora que entonces?

R. Creo que no habrá ni la independencia ni la guerra.

P. En aquel mismo congreso afirmó: “El GAL golpeaba su santuario. Fue una campaña imaginativa, conducida con éxito”. ¿Cuál fue el éxito de los GAL?

R. ¿En el 85? Yo no habría dicho eso.

P. ¿Cree que fue un éxito, una campaña imaginativa?

R. No quiero hablar de ese tema. No se lo dije a Garzón, estaría feo hablar ahora.

 

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