Mardi 7 juin 2011, Jorge Semprún est mort.

junio 10, 2011

Foto EFE

Murió Semprún,
En el periódico local de Espalion dispongo de una crónica en la que, cada semana, esribo algo sobre libros. Ahí va lo que saldrá esta semana…
Raquel.

En 1992 , retourné pour la première fois à Buchenwald avec son petit-fils Thomas, Jorge Semprún  disait : Dans quelques années, il n’y aura plus personne pour avoir une mémoire directe des camps d’extermination. Je voulais ce regard différent, sans contact direct avec l’histoire, à mes côtés.

Cette transmission d’un certain savoir me paraît importante…

 Mardi 7 juin 2011, Jorge Semprún est mort.

 Le samedi 29 novembre 1997, au théâtre de Montauban, il donnait une conférence-débat sur le thème « Combat pour la mémoire ». Théâtre comble, public passionné… Soirée inoubliable…

 Je voudrais savoir comment vous, vous arrivez grâce à vos récits… comment avec des souvenirs qui reviennent sans arrêt… comment vous faites pour affronter ces souvenirs, lui demandait une fille de déporté.

 Il répondait : Pendant toute une période je… je n’ai pas pu les affronter justement… les affronter dans l’écriture… Et… il a fallu à peu près quinze ans, l’espace d’une génération pour que cela devienne possible. C’est le sujet de « L’écriture ou la vie ».

 Un autre lui demandait : Quelles sont les racines du mal absolu ?

Il disait : Les racines, les racines du mal absolu ne sont pas dans l’inhumain mais sont dans l’humain… Les racines, sans jeu de
mots, indéracinables du mal absolu, sont dans l’être humain, et dans la liberté de l’être humain. C’est parce que l’être humain est libre qu’il peut choisir, le mal et le bien.

Et il ajoutait cette phrase de René Char : L’homme est capable de faire ce qu’il est incapable d’imaginer.

 Un troisième demandait : Est-ce que vous ne pensez pas que la liberté individuelle passe avant la raison d’Etat ?   … ce qu’on appelle en général raison d’Etat c’est l’arbitraire d’Etat. En général quand on dit raison d’Etat, c’est pour invoquer le secret défense, ou le secret de ci ou le secret de ça, ou les écoutes illégales, c’est-à-dire des choses qui ont contraires à la raison d’Etat : c’est une minorité qui abuse du pouvoir. Si l’Etat n’est pas l’intérêt général, ce n’est pas l’Etat, c’est la faction…

 Et les échanges se poursuivaient, heure après heure… Personne ne quittait la salle…

 Annonçant son prochain roman « Adieu vive clarté », il avait cité ces deux vers de Baudelaire :

            Bientôt nous plongerons dans les froides ténèbres

            Adieu vive clarté de nos étés trop courts…

 Minuit passé, Jorge Semprún, toujours disponible, dédicaçait ses livres… Sur la page de titre de « L’écriture ou la vie », il avait écrit : Pour une fille de Rouge qui a connu le camp de Septfonds.

Affectueusement.

J. Semprun.

Nota: Voluntariamente no se ha traducido el texto en francés que Raquel nos envia.


Listado de víctimas del franquismo en la ciudad de Cáceres organizado por provincias de origen

junio 10, 2011

En el cementerio de Cáceres , 2 de abril 2011, estado de la placa conmemorativa

Estimados colaboradores de PROMECECA:

Para facilitar la búsqueda de víctimas hemos decidido complementar los listados que aparecen en el lateral de nuestro blog (http://memorialcaceres.blogspot.com/) con una clasificación por provincias de origen:

Listado de víctimas del franquismo en la ciudad de Cáceres
organizado por provincias de origen

 Esta nueva organización puede ser consultada a
continuación en los siguientes enlaces:

Relación de víctimas de la represión (origen provincia de Cáceres).
Relación de víctimas de la represión (origen provincia de Badajoz).

Relación de víctimas de la represión (origen otras provincias).
Relación de víctimas de la represión (origen sin clasificar).

Os rogamos que difundáis esta información.

Un saludo, la Junta Directiva de PROMECECA.


Cuando llamar a tus hijos Lenin e Igualdad te costaba la vida…

junio 10, 2011

El pueblo lucense de Pol da sepultura digna 75 años después al ‘zoqueiro’ ilustrado José Antonio Rivas, asesinado por tener “muchos libros en casa” y ser republicano

HENRIQUE MARIÑO Madrid 05/06/2011

José Antonio Rivas, asesinado por la represión franquista, ha sido enterrado en Pol.

José Antonio Rivas, asesinado por la represión franquista, ha sido enterrado en Pol.

“Un varón desconocido”, rezaba su certificado de defunción, pese a que el zoqueiro de Fraialde desaparecido en agosto del 36 sí tenía nombre: José Antonio Rivas Carballés.

No fueron las zocas las que lo enterrarían a tres municipios, decenas de kilómetros y un olvido casi eterno de su aldea de nacimiento, en el ayuntamiento lucense de Pol. Fue, aseguran los que le han sobrevivido, su mente ilustrada, que trató de abrirse paso en aquella España opaca.

“Para mí, la culpa la tuvo directamente el cura”, recuerda Ramiro Rivas, uno de sus hijos, que ha venido desde Buenos Aires para dar digna sepultura a su padre, a quien “prácticamente” no conoció. Y a un niño de poco le vale conocer a su padre de forma teórica. “Tenía cuatro años cuando se lo llevaron”.

Ramiro, en realidad, no siempre se llamó así. Ni María Digna, su hermana, tres años menor. Su progenitor –que contaba con seis vástagos, entre uno y catorce años, cuando lo pasearon los falangistas– decidió ponerles Lenin e Igualdad, pero el párroco se negó a que la revolución rusa y la república francesa se dieran un chapuzón en la pila bautismal.

“No nos quiso bautizar. De ahí, el motivo de su desaparición, que partió del cura y de algunos otros más”, cree Rivas, que subraya que su padre “era una persona normal, pero con un grado más de cultura” que sus coetáneos, vecinos de una minúscula parroquia de la montaña luguesa perteneciente a un ayuntamiento que hoy no alcanza los 2.000 habitantes. El sacerdote, con una instrucción superior al resto, pero que rivalizaba con la de un artesano autodidacta cuyo horizonte trascendía las fronteras de la comarca de Meira, le cogió ojeriza.

“Leía muchos libros, tenía una mentalidad sobresaliente, estaba de acuerdo con la República y, cuando nací, había evolucionado con la revolución rusa, de ahí mi nombre”, rememora este emigrante gallego en Buenos Aires, adonde llegó en 1952 con su madre, su hermana y el hatillo a cuestas. Ese viaje, precisamente, sirvió para tejer el hilo de Ariadna que le terminaría guiando a los restos de su cadáver.

Josefa Pérez Veiga, como la viuda del náufrago que precisa acreditar su muerte para encauzar una nueva vida, necesitaba demostrar que era la única tutora de aquellos mocosos para echarse al mar y hacer las américas, ya que el cónsul argentino le exigía el comprobante de que había perdido a su marido. “El juez de paz dijo que se lo daría, pero a cambio de 2.000 pesetas”, afirma Ramiro, retrotrayéndose a un tiempo remoto en el que escaseaban las perras gordas y chicas. “Sin él, mi madre no era soltera, ni separada, ni viuda, ni nada”. Comenzó entonces a llamar a cuanta puerta había en la redonda, hasta que consiguió un certificado de defunción, gratis, gracias al cura de Portomarín. Un papel que decía: “Varón desconocido, 36 años”. José Antonio tenía, en realidad, tres más.

“Nunca más supimos nada de él”

Aquel hombre sin nombre suponía, en un país que se resquebrajaba, víctima de un seísmo alzado en armas, “un peligro”. Consciente de ello, un sobrino corrió a avisarle cuando la Falange se plantó en una localidad cercana para enterrar a un difunto del bando nacional, caído en el frente. “Mi tío, un republicano con ideología definida que sabía de esto, ordenó que le diesen el recado, pero mi padre no se movió. Dijo que trabajaba de lunes a lunes para alimentar a su familia y que no temía nada porque no hacía mal a nadie”, explica Ramiro, quien ayer pudo enterrarlo como es debido tras el acto de entrega de los restos en el consistorio de Pol.

Allí, junto a su esposa e hija, asistió a un reconocimiento público en el que estuvieron presentes amigos, vecinos y autoridades locales, que rindieron homenaje al zoqueiro de Fraialde antes de su definitivo viaje. La primera etapa había comenzado mucho antes, un 27 de agosto de 1936, cuando se lo llevaron de casa en presencia de la prole. “Nunca más supimos nada de él”, expone con pesar aquel crío llamado Lenin, ahora asaeteado de canas, que apunta al puñado de falangistas del cortejo fúnebre como brazo ejecutor y al dedo de un paisano como ideólogo del asesinato. El cura, según él, se lavó las manos: “No hizo nada por salvarle la vida”.

“Los del yugo y las flechas, tras enterrar al soldado nacional, hicieron un barrido por la zona para justificar lo injustificable”, cavila el hijo del represaliado, que fue conducido a un cruce de caminos en el lugar de Rego do Can, donde le descerrajaron la cabeza. “Recuerdo que vino un chófer de La Directa a avisarnos de que había un muerto tirado en el empalme de la carretera”, rememoró a los familiares décadas después Dolores. La anciana, que tenía por entonces ocho años, residía a más de 40 kilómetros de la aldea del zoqueiro, maestro en el oficio de insuflar vida a la madera y el cuero, transformados en rústico calzado que protegía a la plebe de los rigores de la lluvia.

Boca abajo, con un tiro en el cráneo

“Nos dijo que cuando dieron con él vestía un traje de pana negro, unas medias de lana y unas botas de piel de becerro. Lo trasladaron en una escalera, lo amortajaron y lo velaron, para luego enterrarlo en la iglesia de San Mamede do Río”, comenta Rivas, que terminó siendo Ramiro en la pila bautismal porque Lenin no le iba a traer nada bueno ni a él ni a su madre. Allí, junto a la sacristía, lo encontraron: boca abajo, con un tiro en el cráneo y los zapatones “traídos de Cuba, brillosos por la humedad, intactos: un milagro“.

 Un momento duro, no sólo por la volatilidad de la aguja del tiempo, de la emoción desbordante, del polvo mismo, sino también por la arisca hostilidad de algunos parroquianos, que no querían saber nada del pasado óseo de un ciudadano sin carné ni militancia, pero decididamente progresista.

 “Algunos intentaron prohibir que fuese exhumado y pusieron una cadena en la cancilla de entrada al recinto de la iglesia”, explica el hijo del artesano. “Incluso quisieron pegar a los chicos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH)”, con los que se habían puesto en contacto a través de su hija, Mirna, que inició la investigación que posibilitó el hallazgo del cuerpo de su abuelo.

Otro Rivas, el alcalde de Castro de Rei, asesinado

Comenzó buscando en internet, donde se encontró con otro Rivas, de nombre Severiano, asesinado en Portomarín. Era el alcalde republicano de Castro de Rei, que apenas duró tres meses en el cargo desde que cayó la hoja del calendario que señalaba el 18 de julio: los que mediaron entre el alzamiento y su asesinato a manos de falangistas. Las coincidencias son tantas que saltan el charco y arriban a Argentina, donde recaló su pequeño, Darío, quien no cejó en su empeño de hozar en el destino de su padre, que dio con sus huesos en el antiguo atrio, hoy cementerio, de la capilla de Cortapezas.

“A raíz del descubrimiento de este caso, se ponen en contacto con un historiador, con la corporación municipal de Portomarín y con la octogenaria que había sido testigo de la inhumación, pues su casa estaba cerca del hoyo. Así empiezan a recopilar información e hilvanan su asesinato, cometido por pistoleros de Falange o paramilitares, que operaban de manera incontrolada y se permitieron el lujo de secuestrarlo en su pueblo, atravesar tres municipios y matarlo”, explica Marco González, de la ARMH, que también medió en el hallazgo del alcalde de Castro de Rei.

Con su ayuda, Darío pudo, a sus 85 años, sepultar con honores a su padre, cuyo epitafio concluye con un “Volvió a casa para descansar en paz el día 19 de agosto de 2005”. José Antonio Rivas Carballés hizo lo propio ayer en la tierra que lo vio nacer. La desmemoria lo había relegado a una fosa, cavada detrás de una iglesia alejada del hogar donde vivió con los suyos, hizo de la lectura un rito, esculpió zocas como un demiurgo y fue arrebatado a punta de pistola. El zoqueiro de Fraialde ya tiene tumba. En ella yace un varón con nombre, oficio y saber conocidos en Pol.

Público.es (Memoria Pública.es)


La memoria de Jorge Semprún, en peligro de extinción…

junio 10, 2011

El ejemplar de ‘Las dos memorias’, documental sobre la Guerra Civil y única película que rodó el escritor, se encuentra en estado ruinoso en la Cinemateca francesa

Á. VICENTE / C. PRIETO PARÍS / MADRID 10/06/2011

Dañada por el paso del tiempo y en un estado casi ruinoso. Así se encuentra la única copia que ha sobrevivido de la única película que Jorge Semprún dirigió a lo largo de sus 87 años de vida. Las dos memorias, documental sobre la Guerra Civil y el exilio relatados por sus principales protagonistas, fue rodada durante el verano de 1972. Semprún logró estrenarla en Francia dos años más tarde. En España, donde fue obviamente censurada, sólo se proyectaría en dos ocasiones en la Filmoteca Española, una vez acabado el periodo franquista.

La única copia localizada en todo el mundo se encuentra hoy en los archivos del subterráneo de la Cinemateca Francesa, en un edificio proyectado por Frank Gehry al este de París. “Desgraciadamente, la copia está muy deteriorada, por lo que es imposible que vuelva a ser proyectada en público”, lamentaban ayer los conservadores de la Cinemateca, que también guarda una transcripción del guión de Las dos memorias, en una edición italiana, a la que tuvo acceso Público.

Filmoteca Nacional: “Es vergonzoso que no se haya podido ver apenas”

Pero muy pocos vieron la película y todavía menos logran recordarla hoy. Su carrera comercial fue prácticamente invisible y amigos próximos al director, como el cineasta Carlos Saura, aseguraban ayer “desconocer su existencia”. Pere Portabella sí la vio: “Es trágico que películas importantes como esta desaparezcan”.

El propio Semprún lamentó en vida la mala suerte que tuvo el proyecto, una cinta de dos horas con testimonios del peso de políticos como Carrillo y Montseny, historiadores como Gabriel Jackson e Ian Gibson o artistas como Núria Espert e Yves Montand. El equipo que rodeó al director fue igual de prestigioso: su asistente fue Alain Corneau, y el visionario Chris Marker, autor de La jetée, montó el filme, junto con la propia mujer de Semprún, Colette Leloup.

Ayuda in extremis

Costa-Gavras invitó hace pocos meses a Semprún a verla en la Cinemateca

El injusto destino de la película podría pararse en breve. La Cinemateca Francesa, en colaboración con la Filmoteca Española y la Filmoteca de Catalunya, estudia la restauración del negativo original, actualmente en proceso de análisis en un laboratorio parisino, que dará su veredicto sobre la viabilidad del proyecto en escasas semanas.

“Es un filme que siempre hemos querido tener. Uno de los problemas es que sólo parecía circular una copia bastante deteriorada, propiedad de Semprún. La misma que está ahora en la Cinemateca francesa”, explica a este periódico Alfonso del Amo, jefe del departamento de Investigación de la Filmoteca Española, encargado de la restauración y conservación de películas. “Nuestro objetivo es asegurar la preservación de la película. Porque es vergonzoso que Las dos memorias, como ocurre con muchas otras películas, no se haya podido ver apenas”, explica el conservador.

Esteve Riabau, director de la Filmoteca de Catalunya, confirma que el proyecto de recuperación del filme data de hace más de un año. Riabau destaca la importancia del filme por el testimonio de los protagonistas directos y por el punto de vista del Semprún de 1972: “Un momento histórico y biográfico fundamental en el que se cruzan su disidencia del PC y los últimos años de la lucha antifranquista”.

Gubern: “Se estrenó en un momento en el que el pasado no interesaba”

El impulso inicial de las filmotecas estatales, que hacía décadas que perseguían recuperar la película, encontró la buena acogida de Costa-Gavras, actual presidente de la Cinemateca Francesa, amigo íntimo y colaborador de Semprún, que escribió el guión de tres de sus películas (Z, La confesión y Sección especial). Costa-Gavras, que ya organizó una proyección de la película en 2008 al ser nombrado al frente del centro, volvió a invitar hace pocos meses a Semprún a la Cinemateca para que volviera a verla. El equipo de Costa-Gavras recordaba ayer la ilusión del escritor y político por restaurar una película que pasó más desapercibida de lo que hubiera debido.

Un mal momento

“Uno de los problemas que explicaría su pésima carrera comercial es que se rodó antes de la muerte de Franco y se estrenó después”, opina Román Gubern, que asistió a una proyección en Perpiñán en enero de 1975. “Era un filme con entrevistas a la oposición antifranquista, en el que se hablaba de las diversas maneras de oponerse al régimen. Pero, cuando se estrenó, el escenario había cambiado y el tema había perdido actualidad. Era una película que hablaba del pasado, en un momento en que el presente era más importante”.

Los ejercicios pendientes con la memoria histórica le devuelven hoy toda su valía. Las dos memorias constituye un impresionante relato polifónico sobre la historia española, centrado en la experiencia del bando perdedor, pero abierto a interpretaciones diversas sobre la guerra y la posguerra. “El punto de vista político de Las dos memorias es dejar que los demás hablen. Con el riesgo de escuchar muchas tonterías, con el riesgo de escuchar también algo que ya se sabía antes. Pero, por lo menos, escuchar e intentar comprenderle”, resumió el mismo Semprún en un momento del metraje.

“La verdadera España”

La película se abre con imágenes de los campos de internamiento creados por el gobierno francés al otro lado de los Pirineos, a los que llegaron cerca de medio millón de exiliados republicanos al terminar la guerra. Sobre esos parajes aparentemente idílicos, Federica Montseny abre fuego narrando la noche en que cruzó la frontera en dirección al municipio francés de Le Perthus, con su madre enferma a cuestas y un bebé de siete meses en el brazo. “Las puertas estaban cerradas y nadie las abría para dejar entrar a los niños que temblaban de frío. Muchos cogieron pulmonías y algunos se murieron”, recuerda Montseny, sindicalista anarquista y primera mujer que logró ser ministra en un gobierno europeo. “Nosotros somos los representantes de la verdadera España. La España que está allí, la que se ha instalado allí, pese a haber sido reconocida por todos los gobiernos, es para nosotros la España ilegal”, añadirá más tarde.

En esos primeros minutos, Santiago Carrillo toma la palabra con su primer recuerdo: a su padre encerrado en la cárcel en 1917. El secretario general del PCE relata también por qué pasó del socialismo al comunismo durante la defensa de Madrid. “Los comunistas fueron los únicos que tuvieron el coraje de entender al pueblo”, asegura. Al parecer, Semprún invitó a su excamarada al documental a regañadientes, porque el exministro de Cultura todavía tenía abierta la herida de su expulsión, en 1966, del PCE por el propio Carrillo.

Perfiles más distantes y menos conocidos aparecen en el documental. Por ejemplo, el jefe de filas de la derecha católica hasta 1936, José María Gil-Robles, para quien “la guerra fue resultado de una tensión que duraba desde hacía siglos entre dos Españas”. “Durante cinco años, ciertamente muy amargos para mí, en los que estuve a la cabeza de lo que podríamos llamar una fuerza centrista, me esforcé para evitar ese encuentro sanguinario. Pero desde 1934 empecé a perder la esperanza”, cuenta.

Y Ridruejo arrepentido

Otro testimonio infrecuente es el del escritor Dionisio Ridruejo, exdirigente falangista que rompería con el régimen en 1942 con estas palabras: “Entre los vencedores, muchos nos sentimos vencidos”. Ridruejo describe a Franco como “un hombre de constitución mental, intelectual, imaginativa y emotiva absolutamente conservadora”, así como “un adepto de la providencia, convencido de que las cosas avanzan solas y de que lo único que le quedaba era eliminar con violencia todo lo que consideraba que estaba mal”. “Franco nunca gobernó, sino que comandó. De todos los dictadores terribles de nuestra época, el menos imaginativo fue él”, zanja.

El documental se adentra en las memorias de artistas como Raimon, para quien los recuerdos familiares sobre la guerra se contaban en silencio. “Cuando mis padres hablaban de la guerra, lo hacían en voz baja. Mi madre todavía habla de ella en voz baja y no quiere contar demasiado, porque nunca se sabe quién estará escuchando”, dice el cantautor ante la cámara de Semprún.

Las críticas aparecidas en la prensa francesa tras su estreno dan cuenta de un proyecto recibido con atención, aunque también con cierta distancia. Los verdaderos destinatarios de la película eran los españoles del franquismo más tardío. “Es una película sobre la España de hoy y sobre la España de mañana, en la que Semprún cree firmemente”, dice una crítica aparecida en la revista Télérama tras el estreno de la película, antes de citar el testimonio final de Montseny: “Fuimos vencidos por la fuerza de las armas, pero somos los vencedores morales”.

El crítico de Le Monde hizo una lectura distinta de la película. “Esta introspección de múltiples rostros es algo más que un zambullido en el pasado. Aclara, de cierta manera, los conflictos políticos del presente”, concluye la crítica.

Las palabras de sus protagonistas

“Me hice comunista durante la defensa de Madrid. […] La ayuda soviética a España fue un elemento muy importante. Ni Francia, ni Inglaterra, ni ninguna de las democracias occidentales respetaron sus acuerdos con la República”

Santiago Carrillo, secretario general del PCE

“La guerra fue el resultado de una tensión que duraba desde hacía siglos entre dos Españas distintas. Al llegar al poder, la República destruyó más de lo que construyó. Y provocó, en una reacción natural, una intransigencia en sentido contrario”

J. M. Gil-Robles, líder de la derecha católica

“Pecamos de optimismo y creímos que la revolución podría realmente ser llevada a cabo”

José Peirats, secretario general de la CNT

“El pueblo no combatía por la República democrática y burguesa, sino por algo más: por la realización de tipo socialista que la República se había revelado incapaz de llevar a cabo”

Federica Montseny, sindicalista anarquista y ministra de la II República

“Nacer en España es una desgracia como nacer ciego, sordo o con una discapacidad similar. No tener la posibilidad de desarrollar el espíritu libremente, de tener acceso a la cultura, de expresar las ideas libremente, de hacer política libremente, supone una mutilación tan grave como las incapacidades físicas”

Juan Goytisolo, escritor

“Puede que mostrara más valentía que otros, aunque creo que en aquel momento [la Guerra Civil] ninguno tuvimos la suficiente”

Dionisio Ridruejo, escritor y dirigente falangista

“La política española no ha cambiado, los discursos españoles no han cambiado, la estupidez española es igualmente inmutable. Pero España ha cambiado. Ya no es un país de campesinos”

Yves Montand, actor y cantante

Público.es


En busca de un Valle para todos los Caídos…

junio 10, 2011

Un grupo de expertos afronta el reto de arrebatar al dictador su gran símbolo – La colosal cruz se queda – El dilema es qué hacer con Franco

NATALIA JUNQUERA – Madrid – 08/06/2011

Sepultado por una losa de granito de 1.500 kilos, Franco resiste, desafiando al tiempo y al olvido. Más de 35 años después de su muerte, todavía hay intelectuales que se resisten a llamarle dictador, como ha evidenciado el polémico diccionario de la Real Academia de la Historia. Y medio siglo después de su inauguración, el mayor símbolo del franquismo, el monumento que él ideó, precisamente, para inmortalizar su victoria, el Valle de los Caídos, sigue intacto, regido por los mismos principios y decretos que él dejó atados y bien atados. El Gobierno de Adolfo Suárez y el primero de Felipe González intentaron crear sendas comisiones para actuar sobre el monumento y ambos fracasaron. Ahora, a menos de un año para las elecciones, el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero ha constituido un grupo de expertos para que en un plazo de cinco meses elaboren un plan para arrebatarle a Franco esa última plaza en la que todavía resiste y darle otro significado. “No existe nada parecido en el mundo”, repiten, con una mezcla de emoción y respeto por la tarea, varios de ellos, entre los que hay historiadores, juristas, filósofos y un monje benedictino. EL PAÍS preguntó a expertos de esa comisión y a otros cómo convertir ese “monumento a la guerra y el nacionalcatolicismo”, en palabras del ministro de la presidencia, Ramón Jáuregui, en “un lugar de memoria reconciliada”.

Suárez y González fracasaron en su intento de intervenir en el monumento

“España se ha resistido a mirar al pasado”, dice el filósofo Reyes Mate

Qué hacer en el Valle de los Caídos es la gran pregunta, pero la primera es: ¿por qué no se ha hecho antes? ¿Por qué, 35 años después de su muerte, sigue siendo lo que Franco quiso que fuera?

“Por miedo”, asegura el historiador Ricard Vinyes, miembro de esa comisión de expertos. “Porque no ha habido voluntad de hacerlo, ni sensibilidad para abordarlo. Lo cual es increíble, porque es el lugar de memoria de los vencedores más importante que la dictadura legó. Es demasiado grande, con muchas partes implicadas y no sabían qué hacer. Y cuando preguntaban, no les gustaba lo que algunos decíamos”, añade Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea y uno de los expertos que los familiares de los republicanos enterrados en el monumento pidieron que estuviera en la comisión. Casanova no cree que “las memorias puedan reconciliarse”. “Es un monumento de vencedores y así hay que mantenerlo, pero explicado, con carteles, documentos y documentales, desde la democracia”.

Santiago Carrillo cree que si no se ha intervenido antes es “porque la derecha no ha roto todavía con el franquismo y la izquierda es muy tímida, incapaz de enfrentarse políticamente a los prejuicios de una parte de la opinión pública”. Y el filósofo Reyes Mate, miembro de la comisión, opina que el retraso obedece a que “la cultura dominante en España y en Europa ha sido la cultura del olvido. Ha habido una resistencia a mirar al pasado porque muchos piensan que la memoria es peligrosa, que crea problemas, cuando en realidad, es la condición para alcanzar soluciones”.

Por miedo, repiten unos y otros. “Es una oportunidad histórica y a la vez un reto tan colosal como la cruz que lo corona. Debemos de ser concienzudos, imaginativos, y sobre todo, valientes”, asegura Francisco Ferrándiz, antropólogo social e investigador del CSIC miembro de la comisión. “Lo que tenemos que hacer es volar el Valle de los Caídos como metáfora. Darle totalmente la vuelta. No basta con poner carteles encima de cada piedra explicando lo que son”, añade Vinyes.

Ese miedo también resiste. El temor a la reacción de determinados medios de comunicación ha provocado que la comisión haya hecho un pacto de silencio para no informar de sus ideas hasta que hayan concluido su informe.

En cualquier caso, el futuro Valle de los Caídos ha comenzado a dibujarse. Mantendrá la gran cruz, de 150 metros de alto -la Federación de Foros por la Memoria pedía su voladura, por considerarla “equivalente a una esvástica”- y a la comunidad benedictina -pese a que algunos de estos expertos son partidarios de convertirlo en un lugar laico-. Y añadirá un memorial que sirva de homenaje a las víctimas allí enterradas y a los presos políticos que fueron obligados a construirlo. Al menos, estas son las grandes líneas que Jáuregui ha marcado a la comisión.

Pero la cuestión más delicada que ha de decidir este grupo de expertos es si los restos de Franco y Primo de Rivera deben permanecer allí. Varios de ellos opinan que no es posible darle otro significado al Valle de los Caídos dejando al dictador donde está y propondrán entregar los restos a su familia para que lo entierren donde quieran, por ejemplo, en el cementerio de Mingorrubio, a las afueras de El Pardo, junto a su mujer. Distinto podría ser el tratamiento de José Antonio Primo de Rivera, que murió fusilado en Alicante al principio de la Guerra Civil y, al contrario que Franco, sí puede considerarse una víctima de la Guerra Civil.

“Retirar los restos de Franco del Valle de los Caídos sería un gesto simbólico muy poderoso”, explica uno de los expertos de la comisión. Otro es partidario de dejarlo donde está y llevar al monumento todas las estatuas del dictador que se han ido retirando, con la convicción de que si es un Estado democrático el que lleva a cabo esta operación, cambiaría totalmente de significado.

Si la comisión decide finalmente que es necesario exhumar los restos de Franco, el Gobierno debería iniciar gestiones con la familia. Este periódico intentó sin éxito contactar con Carmen Franco Polo. Pero Emilio de Miguel, portavoz de la Fundación Nacional Francisco Franco, que preside la hija del dictador, opina al respecto: “Franco merece un respeto, como todos los muertos. Si quieren hacer un museo hay monte libre para hacerlo, no allí”.

Pero Franco y Primo de Rivera no son los únicos enterrados en el Valle de los Caídos, que además de monumento al franquismo es la mayor fosa común de España, con 33.833 personas enterradas -el equivalente a la ciudad de Teruel-. Entre ellas hay, además, centenares de republicanos fusilados que fueron exhumados de las fosas comunes a las que habían sido arrojados y llevados en 491 traslados al mausoleo para ser enterrados junto a su verdugo sin el consentimiento de sus familias. Once de ellas reclaman ahora que les devuelvan sus restos para enterrarlos donde ellos quieran. Responder a esta petición va a ser otro de los grandes retos de esta comisión.

Los forenses que el Gobierno envió para analizar el estado de esos huesos concluyeron en febrero que es imposible identificarlos, por estar mezclados y muy deteriorados. Pero Jáuregui ha encomendado a esta comisión que explore todas las posibilidades, para lo cual los expertos solicitarán el asesoramiento externo de otros especialistas, españoles y extranjeros, incluido uno elegido directamente por los afectados. Fausto Canales, hijo y sobrino de republicanos enterrados en el Valle, asegura que solo volverá a ese lugar para llevarse a los suyos.

Como explicó la historiadora Queralt Solé en Los muertos clandestinos, Franco no tenía intención de incluir a los miles de fusilados repartidos por fosas comunes en toda España que finalmente acabaron en el Valle. “No sacrificaron nuestros muertos sus preciosas vidas para que nosotros podamos descansar”, dijo en la inauguración del monumento, en abril de 1959. “Nuestros muertos”. Pero en contra de lo que pensaba, muchas viudas del bando nacional no autorizaron los traslados y Franco se vio obligado a pedir por carta y “con urgencia” a los Ayuntamientos restos con los que alimentar el mausoleo. Estos contestaron que no tenían muertos franquistas, pero sí muchas “fosas del ejército rojo”. Además, les venía muy bien deshacerse de estos enterramientos que en muchos casos les impedían ampliar el cementerio municipal.

Solé propone dejar los restos de Franco y Primo de Rivera donde están para que “el Valle se conserve como la tumba faraónica que el dictador se hizo construir” y sirva de “ejemplo de lo que no debe volver a ocurrir”. Pero es partidaria de exhumar “sin distinción los demás restos, poco a poco, con un presupuesto anual”.

Casanova también dejaría a Franco en su tumba. “Él la construyó para su gloria y hay que explicarlo. José Antonio debería aparecer con los restos de los otros mártires porque el personaje vivió hasta el 20 de noviembre de 1936 y después fue inventado por el franquismo. En febrero de 1936 ni salió elegido diputado y dirigía un partido minoritario antes del golpe de Estado de julio”.

Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, jurista que ocupó varios cargos en el PP y actualmente es miembro del Consejo de Estado, además de integrante de esta comisión de expertos, opina que una de las cuestiones más delicadas es la gestión del Valle de los Caídos. De la comisión ha de salir un nuevo convenio con la comunidad benedictina, la que actualmente se encarga del recinto, cuya conservación y mantenimiento paga Patrimonio Nacional, pese a que el monumento no aparece en su relación de bienes propios, es decir, que el Valle de los Caídos no tiene un dueño definido.

La ley de memoria histórica establece que la Fundación gestora del Valle (que hoy se rige por un decreto franquista de 1959) “incluirá entre sus objetivos rehabilitar la memoria de todas las personas fallecidas a consecuencia de la Guerra Civil y la represión” y “profundizar en el conocimiento de este período histórico y de los valores constitucionales”. Hasta ahora la comunidad benedictina se ha dedicado básicamente a celebrar misas y acoger carísimos campamentos de verano de colegios privados como St. Michaels School.

Rodríguez de Miñón le quita hierro al asunto: “No es como volver a hacer la Constitución. Con buena voluntad y criterio sacaremos esto adelante”, pero varios de sus compañeros en la comisión creen que el futuro del Valle de los Caídos pasa necesariamente por su desacralización. “Me preocupa la presión que pueda ejercer la Iglesia tanto como que sea el PP el que tenga que gestionar este informe”, admite Vinyes.

A todos les preocupan los tiempos políticos. También al ministro Jáuregui, que confía en que “ningún Gobierno” vuelva a meter este asunto “en un cajón”.

¿Qué haría en el Valle de los Caídos?

Marcos Ana, 23 años preso en las cárceles franquistas. “Los presos deseaban que les llevaran a trabajar en la construcción del Valle de los Caídos porque pensaban que así tenían una oportunidad para escapar, pero solo llevaban a los que tenían bajas condenas y la mía era de 60 años, así que no fui. La memoria de los vencedores está todavía muy presente, en los entresijos del Estado, en la judicatura, en lugares como el Valle. Me gustaría que fuese un museo antifranquista, un lugar de memoria democrática que recuerde a quienes lo construyeron”.

Santiago Carrillo, exlíder del PCE. “Desde que llegué a España me propuse no ir jamás a ese lugar. Antes pensaba que habría que cubrirlo de plomo, como en Chernóbil. Ahora pienso que habría que convertirlo en un sitio al que podamos ir todos, y para eso, sacar los restos del dictador, retirar la cruz y convertirlo en un lugar laico, puesto que allí están enterrados combatientes que no eran religiosos. Sería muy positivo que tomara la forma de un museo que explicara cómo se construyó ese terrible monumento”.

Luis Eduardo Aute, cantautor. “No he ido nunca. Para mí hoy es el símbolo del horror, de la salvaje Guerra Civil, la representación de la victoria de los golpistas. Me gustaría que fuese un museo sobre la Guerra Civil a la manera de los que hay sobre los campos de concentración nazis. Y para hacerlo habría que sacar de allí los restos de Franco y de Primo de Rivera”.

Emilio de Miguel, portavoz de la Fundación Nacional Francisco Franco. “Lo dejaría como está. Están generando problemas donde no los hay mientras la gente asalta contenedores de basura porque tiene hambre, eso sí que es un problema. La comisión que han nombrado para cambiarlo me parece muy sectárea. ¿Quiénes son ellos para opinar? ¿Qué currículum académico tienen? Franco no está ahí por decisión de Franco, sino del Rey. Es un muerto y merece un respeto, como todos los muertos. Y si quieren hacer un museo, hay monte libre para hacerlo, no allí”.

Juan Diego Botto, actor, hijo de un desaparecido de la dictadura argentina. “Para mí es un mausoleo a un dictador pagado con fondos públicos y al que peregrinan grupos de extrema derecha, un edificio que no está a la altura de la España democrática. Hay que sacar de allí los restos de Franco y Primo de Rivera y convertirlo en un lugar de memoria que homenajee a los que dieron su vida luchando por la democracia. Si no se ha actuado antes es porque ha faltado coraje. Pero me parece curioso que en Sevilla se plantee retirarle una calle a Pilar Bardem, que es una actriz, cuando siguen estando presentes lugares como el Valle de los Caídos y hay asesinos que aún tienen calles”.

Fernando Savater, filósofo. “Yo en el Valle de los Caídos tengo enterrado a un hermano de mi padre que fue asesinado en Paracuellos y a Franco, que me fastidió la juventud y me metió en la cárcel. Creo que lo mejor sería que todos los muertos fueran llevados a cementerios y que el Valle de los Caídos fuera una iglesia, sin más.

Fabio Gándara, abogado acampado en Sol. “No es un modelo a recordar. Creo que debería permanecer, pero convertido en un sitio para todos los españoles que recuerde a los presos que lo construyeron y a los republicanos que fueron enterrados allí, como una especie de museo de la memoria”.

Juan José Solozábal, catedrático de Derecho Constitucional.

“Soy absolutamente contrario a todo movimiento de los restos de Franco y Primo de Rivera. De los muertos, es su recuerdo lo que importa no sus reliquias, tan manipulables. Pienso en la oportunidad de que el Valle de los Caídos sea un gran centro de estudios, que acometa, con libertad y tolerancia, la construcción de una memoria común de los españoles, tan factible como necesaria”.

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El Valle de los Caídos

“No sacrificaron nuestros muertos sus preciosas vidas para que nosotros podamos descansar”, dijo Franco en la inauguración del Valle de los Caídos, en 1959.- B. PÉREZ

El País.com


La naturaleza del franquismo…

junio 10, 2011

TRIBUNA: ÁLVARO SOTO Y PEDRO A. MARTÍNEZ LILLO

La dictadura duró mucho y fue camaleónica, por lo que, sin variar su esencia -poder personal, represión, rechazo de la democracia-, adoptó distintas formas, desde el proyecto totalitario al autoritarismo

ÁLVARO SOTO Y PEDRO A. MARTÍNEZ LILLO 08/06/2011

La publicación de los primeros volúmenes del Diccionario Biográfico Español por la Real Academia de la Historia ha dado lugar a una polémica en los medios de comunicación sobre algunas de las afirmaciones que se realizan en el mismo. Es importante que los ciudadanos conozcan las opiniones de otros historiadores y la existencia de un debate “académico” que, lejos de escandalizarnos, debe contribuir a un mejor entendimiento y comprensión de nuestro pasado más reciente.

“El Jefe responde ante Dios y ante la Historia”. La clase política respondía solo ante Franco

Los “aperturistas” no querían un cambio de régimen sino cambios en el régimen

Para comenzar, se debe aclarar que es frecuente confundir naturaleza de un régimen político y forma de ejercicio del poder. Son dos cuestiones distintas, mientras que los conceptos “totalitario” y “autoritario” se refieren al primero de ellos, el término “dictadura” se aplica al segundo.

Totalitario es un régimen político no democrático que busca imponer una integración política total entre el Estado y la sociedad. En dicho régimen, la participación y adhesión al mismo son una obligación para todos los miembros de la comunidad política. Mientras que autoritario define a un régimen político no democrático, pero en este caso a través del control del Estado, monopolizando el poder político sin permitir a los ciudadanos participar en la toma de decisiones. No tiene como objetivo controlar la vida social por medio de una ideología, ya que en ocasiones se carece de ella, sino lograr la pasividad de los ciudadanos.

La victoria militar en la Guerra Civil de los sublevados contra el orden legítimo que representaba el régimen republicano supuso la quiebra del Estado democrático. El “nuevo Estado” se atribuyó un carácter fundacional y se dispuso a construir un “orden político” distinto al democrático. Buena muestra de ello fue la extraordinaria concentración de poder que se dio en la persona de Francisco Franco. Desde el 1 de octubre de 1936 y hasta su muerte ocupó la Jefatura del Estado, del Ejército y del partido único; hasta 1973, la del Gobierno y se añadía “la suprema potestad de dictar normas jurídicas de carácter general”.

Se estableció así una dictadura soberana que se atribuyó un carácter constituyente. Ello supuso trasladar la soberanía del pueblo al Estado, suprimir los derechos fundamentales de los ciudadanos, acabar con la división de poderes y establecer límites mal definidos para el ejercicio del poder, lo que le permitía hacer uso de la arbitrariedad en aquellas ocasiones que estimara oportunas. Por ello, no se puede hablar de un Estado de derecho, sino de Estado con derecho, que es algo muy distinto.

Junto al hecho de ser una dictadura, es obligado referirse a la existencia de una identidad represiva. La represión y la violencia política fueron una constante. Desde los primeros momentos del fracasado golpe de Estado de 1936 se hizo uso de ella (basta con leer las directrices elaboradas por el general Emilio Mola) para aplastar la resistencia, continuando con estos métodos a lo largo de toda la dictadura para someter a la oposición.

El debate sobre la naturaleza del franquismo ha originado una amplia controversia, dando lugar a numerosas definiciones (Juan José Linz, Juan Martínez Alier, Ignacio Fernández de Castro, Salvador Giner, Carlos M. Rama, Javier Tusell, Gino Germani…) que en ocasiones producen la sensación de que nos encontramos en un laberinto sin salida. En nuestra opinión, dada la duración del régimen, es más conveniente hablar de distintas naturalezas y no de una sola, y más teniendo en cuenta que a lo largo del tiempo el régimen franquista hizo uso de actitudes camaleónicas, que variaron no su esencia (poder personalizado, identidad represiva y rechazo a la democracia), sino su forma de actuación política.

La manera más idónea de buscar una definición es analizar la cronología de la dictadura y ver sus comportamientos frente a la situación internacional, a los grupos políticos predominantes en el interior, al tipo de estructura social y a la política económica. Se puede hablar en un primer momento de la existencia de un proyecto totalitario similar al fascismo, aunque se debe tener en cuenta la debilidad del partido único, la posición de la Iglesia y la fortaleza del Ejército. Este proyecto totalitario se encontraba avalado por los éxitos en los campos de batalla de Europa de los ejércitos del Eje, por la preponderancia del sector falangista (presencia en el Gobierno de Ramón Serrano Suñer), por las prácticas intervencionistas y autárquicas en la política social y económica, que se conciben no tanto como una política coyuntural, sino como un modelo cerrado y definitivo. A ello deberíamos añadir el uso de la estética fascista y la pasividad de una Iglesia deudora del bando nacional.

A partir de la crisis de Gobierno de 1942, que supuso el cese definitivo de Serrano Suñer, y de los cambios que se estaban produciendo en la II Guerra Mundial a favor de los aliados, se entró en un periodo de indefinición, a los que Franco era muy proclive, dado que le permitía ganar tiempo y consolidar su poder.

A partir de 1945, el fin de la II Guerra Mundial y el nuevo orden internacional (llegada al poder, en algunos Estados europeos, de fuertes partidos demócrata-cristianos, la extensión del Estado social y el éxito del capitalismo) condujeron a la dictadura a variar su naturaleza política. En esta ocasión se trataba de buscar apoyos en el bloque occidental, lo que se vio favorecido por el inicio de la guerra fría. En el interior tuvieron un especial protagonismo los “católicos políticos”, que además contribuyeron a lavar la cara del régimen en el exterior y a partir de la década de los cincuenta favorecieron la transformación social y el crecimiento económico dentro de la lógica capitalista. Pero en ningún caso propiciaron reformas democráticas, ya que los denominados “aperturistas” (José Solís, Manuel Fraga, Laureano López Rodó…) no querían un cambio de régimen sino cambios en el régimen.

La nueva naturaleza era autoritaria, al menos en los términos que en 1964 estableció Juan José Linz. Para este autor, las características del autoritarismo se refieren a un sistema político no democrático, no responsable, con una mentalidad característica, carente de movilización política y límites formalmente mal definidos en el ejercicio del poder.

Durante la dictadura de Franco no existieron medios de control político sobre sus miembros. Comenzando por el jefe del Estado, como afirmaban los Estatutos de FET y de las JONS: “El Jefe responde ante Dios y ante la Historia”; y continuando con toda la clase política que respondía solo ante Franco, siendo la adhesión a su persona el mayor mérito que se podía presentar.

La movilización política es uno de los objetivos centrales de los regímenes totalitarios (fascismos y comunismos) y para ello es imprescindible una ideología cerrada. En cambio, durante el franquismo se primó la desmovilización y la pasividad de los ciudadanos. Así, las escasas movilizaciones habidas en la plaza de Oriente de Madrid respondían a motivaciones nacionalistas (retirada de embajadores, “proceso de Burgos” o condena internacional tras los fusilamientos del 27 de septiembre de 1975), habiendo otras de carácter religioso (Congreso Eucarístico Internacional de 1952 en Barcelona), o sentimental (visita de Eva Perón de 1947). Esta carencia de movilización se basaba en la existencia de una mentalidad cambiante, en la que el régimen anteponía sus intereses de supervivencia a los intereses de España.

Junto a las características mencionadas, Linz hablaba de pluralismo político limitado. Es cierto que entre los miembros de la “coalición reaccionaria” existían grupos políticos diferentes (fascistas, conservadores, tradicionalistas, alfonsinos…), pero eso no era lo decisivo, lo que anula la existencia de dicho pluralismo. Lo decisivo era lo que les unía a todos ellos: 1º) la fidelidad a la persona de Franco; 2º) la hostilidad a la democracia parlamentaria; 3º) un rígido concepto del orden público; 4º) la creencia en la necesidad de la Guerra Civil; 5º) el convencimiento de que España debía ser bastión del catolicismo; 6º) una imagen tradicional y autoritaria de la vida y la sociedad, y 7º) un nacionalismo español excluyente.

Álvaro Soto Carmona es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y autor de ¿Atado y bien atado? Institucionalización y crisis de franquismo (Biblioteca Nueva, 2005). Pedro A. Martínez Lillo es profesor titular de Historia Contemporánea de la UAM y codirector del Máster en Gobernanza y Derechos Humanos (Cátedra de Estudios Iberoamericanos Jesús de Polanco).

El País.com


´La represión franquista en la isla fue planificada con listas previas´

junio 10, 2011

Los familiares de las víctimas piden que se sepan los nombres y apellidos de los asesinos

 

Cesc Mulet, Jean Schalekamp, Maria Antònia Oliver y Gabriel Janer Manila.

Cesc Mulet, Jean Schalekamp, Maria Antònia Oliver y Gabriel Janer Manila.  m. mielniezuk

Emoción y rabia, dos de los sentimientos que se apoderaron ayer de los muchos espectadores que acudieron al Club DIARIO de MALLORCA para asistir al pre-estreno de D´una illa hom no en pot fugir, documental dirigido por Cesc Mulet y producido por La Perifèrica que se basa en el conjunto de testimonios de los represaliados por la dictadura franquista y que publicó en el libro homónimo Jean Schalekamp hace ahora treinta años.
El acto reunió al autor del libro, de 84 años; al traductor al catalán del mismo, Gabriel Janer Manila; al director de la cinta, una “radiografía del horror” que también se emitirá en IB3 TV próximamente; y a la presidenta de la Associació Memòria Històrica de Mallorca, Maria Antònia Oliver, quien recordó que aquella, a diferencia de la de otros lugares de la Península, fue “una represión planificada, sistemática y controlada con listas previas por las autoridades” que se cobró la vida de 3.000 personas solo en la isla.
“Nunca he ententido cómo el ser humano puede cometer semejantes actos, cómo un vecino puede torturarte hasta el extremo de sacarte los ojos”, señaló Janer Manila, quien sigue preguntándose quién hizo aquellas listas. “En el fondo todo el mundo lo sabe, pero nadie lo dice”, aseguró un escritor que vivió la postguerra inmediata, dominada por una “atmósfera de miedo y angustia, de historias contadas en voz baja, hasta hace muy pocos años”.
En este sentido, Oliver lamentó que las actuales instituciones no tengan una voluntad “clara y de justicia” hacia todas aquellas personas que padecieron “graves violaciones de los derechos humanos” y pidió “un mínimo de dignidad” a todos los que se posicionan en contra de las exhumaciones.
“No soy historiadora, pero para mí lo primero son las fuentes orales, antes que los documentos, que poco a poco vamos encontrando. Es imposible que tantas personas mientan, basta ver sus ojos, con tanto dolor. Queremos saber los nombres de los asesinos”, agregó.
El documental “no busca despertar ni remover conciencias”, en palabras de su director, pero sí quiere dejar a los espectadores sin palabras. Ayer lo logró, durante la proyección, con una sala enmudecida, con el corazón encogido. Posteriormente hubo preguntas y confesiones, como la de un espectador al que no le gustó “el tono” de la cinta. “Todas las opiniones son subjetivas. Seguro que usted lo habría hecho de otro modo”, le contestó el realizador.
Jean Schalekamp, que acudió al pre-estreno acompañado de su mujer Muriel y de su hijo Fabián, precisó que antes de su llegada a la isla, en 1960, procedente de Rotterdam, su ciudad natal, sabía del horror que producen las guerras. “Viví la Segunda Guerra Mundial, la invasión de los nazis, que exterminaron al 80 por ciento de los judíos que habitaban en Holanda. Pero viví aquello como una aventura, como algo emocionante, era un niño. También supe de la Guerra Civil, por mi padre, que nos leía el periódico en voz alta. Enseguida me puse de parte de los republicanos”, confesó.
Cuando pisó Mallorca, Schalekamp ya había leido dos libros que le marcaron: La isla del segundo rostro, de Albert Vigoleis Thelen, y Los grandes cementerios bajo la luna, de Bernanos. Con el tiempo, sus amistades, como Jaume Adrover, le pondrían en contacto con familiares y víctimas del franquismo, que le relataron testimonios como este: “No quedó nada, tan solo sangre”.
“Escribí el libro como una justificación, porque en cierto modo me sentía culpable de vivir bajo una dictadura fascista”, confesó.

Diario de Mallorca