CUANDO LAS COSAS NO SE LLAMAN POR SU VERDADERO NOMBRE y TODO SIGUE ATADO Y BIEN ATADO…

junio 11, 2011


Cuando las cosas no se llaman por su verdadero nombre es que se miente, y  en democracia, cuando se pierde la objetividad y el rigor científico en la historia de un país, y por consiguiente, se adultera la memoria del mismo, es que algo no funciona bien y que el futuro se está cimentando en la más escandalosa de las mentiras, la negación de las vidas que formaron parte de ésa propia historia, y por supuesto  representa que al día de hoy, el sátrapa tal y como dijo…, lo dejó todo atado y bien atado.

Seis millones de euros para un proyecto subvencionado por el Ministerio de Educación, por tanto, una oportunidad única de hacer justicia histórica,  un modo también único de documentar, difundir y dar a conocer a las nuevas generaciones su pretérito origen democrático soportado a través del mal llamado Diccionario Biográfico Español de 50 volúmenes; y que el propio Ministerio de Cultura debería haber cuidado muchísimo más en su modo y forma de ser editado, con la finalidad de garantizar la objetividad, imparcialidad e independencia ideológica e histórica que tan  magna obra debería contener. Máxime, cuando los fondos que la originan son del erario público, es decir, el dinero que todos pagamos y tanto nos cuesta ganar. Pagar para generar conocimiento, exponer la verdad de hechos acontecidos y dejar testimonio documental de nuestras efemérides nacionales es loable, justo  y necesario, como también debería ser hacerlo con toda la rigurosidad exigible que la historia y la verdad  merecen.

Cuando a las cosas, hechos o personas no se las llamamos por su verdadero nombre estamos faltando a la verdad, estamos adulterando la historia y estamos perdiendo la oportunidad de legar testimonios fiables que puedan enseñar en el futuro las consecuencias de nuestros yerros pasados. Seis millones de euros para ofender a la historia y a sus protagonistas, seis millones de euros para anestesiar la memoria histórica de un país, seis millones  de euros para esconder la verdad con eufemismos disfrazados de democrático fascismo. Y luego es criticado por la derechona casposa el dinero invertido en la Recuperación de la Memoria Histórica.

Y es que si Francisco Franco Bahamonde tal y como queda definido ““montó un régimen autoritario pero no totalitario” es que esta obra de cincuenta tomos es tan válida como documento histórico como el rollo de papel higiénico que hay en mi baño, o sea, uno sirve para limpiarse esa noble parte del cuerpo y la otra esa negra parte de la historia de España que sigue escondida en el manto terruño de la piel de toro. Es como decir que Adolf Hitler fue un dirigente democráticamente autoritario y que el Holocausto fue un ERP (Expediente de Regulación de Personas). Como diría aquél ex.presidente del parlamento…¡Manda huevos!

Al final cuando las cosas no se llaman por su nombre es que todo sigue igual…, atado y bien atado; y además, demuestra que nuestra descafeinada democracia amparada en una monarquía impuesta por el dictador, es la legítima hija  hereditaria de la represión y el escarnio sufrido por un pueblo que no es capaz de afrontar su deber e historia, y que aprovechando su fortaleza institucional y el buen hacer de aquellos fieles al Movimiento Nacional (entre ellos el Jefe del Estado que juro fidelidad y pleitesía a dicho movimiento – a las hemerotecas me refiero para quién lo dude- ) que sembraron la mentira como verdad única y que mantienen la misma con la premisa de que una mentira repetida muchas veces y prolongada en el tiempo acaba convirtiéndose en una verdad. Y aquí la única verdad es que los muertos, desaparecidos, exiliados, secuestrados y reprimidos de cualquier forma siguen sin tener historia, vidas y que  sólo fueron objeto del autoritarismo de un régimen legitimado por la cobardía del ser humano. Con esta obra los vuelven a sentenciar de nuevo y ejecutar en todos los aspectos. Y es que la historia al final siempre es escrita por los vencedores y los vencidos nunca forman parte de ella.

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de la A.I. La Memoria Viv@

Dirigentes autoritarios que no totalitarios según el Diccionario Biográfico Histórico


Académicos sectarios…

junio 11, 2011
TRIBUNA: JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÍN

JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÍN 10/06/2011

La Academia es la antítesis del sectarismo. Se supone que en sus recintos habitan, estudian y reflexionan personas que anteponen el rigor intelectual a cualquier otro designio o tentación ideológica intransigente y sesgada. Los académicos de la Historia, sin embargo, han irrumpido en el agitado debate sobre nuestro pasado reciente pronunciándose de forma clamorosa a favor de los nostálgicos del fascismo español, especie que solo puede desenvolverse, proliferar e incluso triunfar en el panorama desolador de nuestra democracia que alberga en su seno a apologistas y hagiógrafos de un régimen y sus personajes que fueron y siguen siendo condenados por la comunidad internacional.

Un historiador debe respetar los hechos objetivos e irrefutables del pasado y del presente. Si no quiere respetarlos, por lo menos no debe ignorar su existencia. ¿Han tenido en cuenta los académicos de la Historia la condena del régimen de Franco por Naciones Unidas el 12 de diciembre de 1946? A la vista de lo sucedido conviene recordar sus términos: “Por su origen, naturaleza, estructura y comportamiento general, el régimen de Franco es un régimen fascista, organizado con la ayuda de la Alemania nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini e implantado, en gran parte merced a dicha ayuda”.

La Asamblea General, convencida de que el Gobierno fascista de Franco le fue impuesto por la fuerza al pueblo español y no le representa, le impide la entrada en Naciones Unidas y le recomienda que se comprometa a respetar la libertad de expresión, de religión y reunión, y a celebrar, cuanto antes, elecciones en las que el pueblo español pueda expresar su voluntad libremente.

Es seguro que los académicos no comparten estas declaraciones. En este caso, tienen el deber científico de refutarlas. No sé si les interesa la tarea o les resulta más cómodo alinearse con la paranoica “tesis” de que esta condena se debió a la tan manoseada conspiración judeo-masónica.

Es cierto que más adelante, el régimen fascista español fue admitido como miembro de Naciones Unidas, pero conviene recordarles que compartíamos asiento con el emperador Bokassa de la República Centroafricana. ¿Quizás para nuestros historiadores un padre amantísimo al que se acusó de antropofagia? También confraternizamos con todos los dictadores latinoamericanos, o ¿sería más correcto decir regímenes militares autoritarios de Chile y Argentina?

Es cierto que la primera democracia del mundo firmó un tratado militar con Franco para utilizar nuestro territorio como base logística en caso de confrontación con los regímenes comunistas. Incluso un presidente de Estados Unidos, el general Eisenhower, visitó a Franco, intercambiándose elogios y abrazos. Es de sobra conocido que la política de alianzas de Norteamérica no pedía certificados de buena conducta democrática. Su pragmatismo les llevaba a convivir con sus famosos “hijos de puta” como llamaron al dictador ¿autoritario? Somoza. Esta frase, digna de Groucho Marx, la pronunció el presidente Franklin Delano Roosevelt. Tampoco los norteamericanos tuvieron reparos en abrazar e incluso integrarse en una guerra suicida con el sátrapa (¿autoritario?) vietnamita, Go Din Diem.

Durante mi infancia y adolescencia en tierras de Castilla (Valladolid), conocí a alguno de los académicos que han elaborado este diccionario. El profesor Luis Suárez fue decano de Filosofía y Letras y rector de la Universidad. Reputado e indiscutido medievalista, cultiva y expresa una gran admiración por nuestra reina Isabel la Católica, hasta el punto de involucrarse en una comisión, promovida por el capellán de mi colegio, que desde los años cincuenta viene intentando infructuosamente que prospere el proceso de beatificación de la reina de Castilla. Esfuerzo inútil porque todo el mundo sabe que el lobby judío y el Gran Rabino, han advertido al Vaticano de su rechazo airado a tal decisión.

Comparto la frase del ministro Gabilondo que ha dicho que la política no controla las Academias. Solamente un matiz, hay posiciones que no se pueden compartir, como homologar una dictadura con una democracia, convirtiéndolas en un simple juego de palabras. Son como el agua y el aceite, nunca pueden fusionarse. Me molesta que este desaguisado se haya llevado adelante con dinero público pero, pensándolo bien, por qué escandalizarse a estas alturas.

Todo diccionario se compone de voces y palabras. Con el mismo propósito que nuestros académicos, me permito sugerir la siguiente voz:

“Autoritario: Dícese de un general que encabeza un golpe militar contra una democracia; que ordena, en bandos de guerra, el exterminio de los gobernantes y que, terminada la Guerra Civil, asesina con formas seudojurídicas a miles de personas y propicia la ejecución extrajudicial de más de 100.000 personas, desaparecidas en fosas clandestinas. Se predica también de la persona que condenó a miles de ciudadanos a penas de cárcel, previa tortura, por ejercitar los derechos de asociación política y sindical, reunión, manifestación y libre expresión de las ideas”.

Addenda: Para orientación de posibles historiadores desmemoriados, en septiembre de 1975, dos meses antes de morir, inició su despedida de este mundo con cinco condenas a muerte ejecutadas tras un consejo de guerra sumarísimo que provocó la repulsa internacional.

El País.com:

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Academicos/sectarios/elpepiopi/20110610elpepiopi_5/Tes?print=1


Diario de un soldado fusilado…

junio 11, 2011

09/06/2011 – L.A.R. / El Progreso (Monforte)

Enlace:

http://elprogreso.galiciae.com/nova/94232.html

Al final lo consiguió, aunque de forma indirecta. Faustino Vázquez Carril era un soldado monfortino de reemplazo del Parque de Artillería de A Coruña que fue desplazado en los primeros días de agosto de 1936, en el inicio de la Guerra Civil, con las columnas gallegas hacia Oviedo. Faustino era un joven como tantos otros de aquellos años, formado en el colegio de los Escolapios, pero al que le gustaba escribir y que tuvo la idea de redactar un diario de campaña con el deseo de verlo en algún momento publicado.

Ese diario fue el culpable de que a las cinco de la mañana del 10 de mayo de 1937 fuese fusilado en Punta Herminia, en A Coruña, tras ser condenado a muerte por sentencia de un consejo de guerra, pero también ha sido la causa para que Emilio Grandío Seoane (A Coruña, 1967), profesor titular del Departamento de Historia Contemporánea y de América de la Universidad de Santiago de Compostela haya recuperado lo escrito por Vázquez Carril durante los primeros meses de la contienda bélica en un libro titulado ‘Las columnas gallegas hacia Oviedo. Diario bélico de la Guerra Civil española (1936-1937)’, presentado en la tarde de ayer en la galería Sargadelos.

La obra se compone de dos partes complementarias. En la primera se pretende una aproximación a lo que supuso en los primeros meses de aquella guerra el desplazamiento con carácter urgente de varios miles de soldados y voluntarios desde los cuarteles gallegos con el objetivo de «liberar lo antes posible del asedio» al Oviedo del sublevado general Aranda.

En la segunda se transcribe el manuscrito titulado ‘Apuntes de mi blok’ , donde Faustino Vázquez relata sus experiencias y expone sus ideas. El abogado monfortino José Antonio Cardelle ayudó al autor del libro a indagar en la vida del protagonista de ese diario. Cardelle dijo que sus pensamientos eran anticlericales y que simpatizaba con la izquierda republicana de la época. Asimismo, señaló que ha sabido que, no contrario al ejército, se mostraba muy crítico con buena parte de los mandos alzados contra la República, especialmente contra Franco.

El autor de ‘Las columnas gallegas hacia Oviedo. Diario bélico de la Guerra Civil española (1936-1937)’, gracias a la ayuda de José Antonio Cardelle, al que nombra en varias ocasiones en sus páginas, hace un recorrido por todo lo escuchado y visto por Faustino Vázquez del 20 de julio de 1936, momento en el que sale de Monforte, donde estaba de permiso y es movilizado, hasta el hallazgo de su diario en los primeros días de 1937, cuando el destino no jugó a su favor.

En su libreta, su ‘blok’, y en papeles anexos que redactaba a lápiz conservados en el Archivo Militar de Ferrol aún se puede ver el barro de los campos de batalla asturianos. El destino quiso que fuesen hallados en el Hospital de A Coruña.

INVESTIGACIÓN
Peluquero y amante de la lectura

José Antonio Cardelle ayudó a Emilio Grandío a la hora de que en su libro apareciesen referencias al autor del diario de guerra, para que el lector supiese de quién se trataba. Cardelle, tras una intensa investigación, supo que Faustino Vázquez era el sexto de los hijos de un matrimonio formado por un vecino de Baamorto y una mujer de Fiolleda que vivían en el número 28 de la Rúa Santa Clara de la ciudad del Cabe y que después de dejar los estudios a los quince años había compaginado un trabajo de oficial de peluquería con su afición por la lectura y la escritura hasta que decide ingresar en el Ejército.

El diario El Combate

El investigador llegó a saber que el protagonista del libro intentó ser periodista, en concreto en el diario monfortino El Combate, pero que fue rechazado por sus «duros conceptos» y «alusiones molestas».


Franquismo en la Academia…

junio 11, 2011
 CARLOS BERZOSA

En la III reunión de Economía Mundial que se celebró en Madrid en 2001, la conferencia de clausura corrió a cargo de Ángel Viñas. En aquella ocasión, habló de la relación existente entre democracia y desarrollo, pero aprovechó para anunciarnos que estaba llevando a cabo una investigación sobre la Guerra Civil que iba a ser un golpe mortal para la historiografía franquista que aún seguía viva y trataba de reaparecer con cierta insistencia.

La obra de Ángel Viñas ha salido a la luz, y lo que iban a ser tres tomos se han convertido, de momento, en cinco. Es una obra muy documentada y de referencia obligada en la historiografía actual. Ha desvelado muchos puntos oscuros y otros que no se conocían. Se puede afirmar que hay un antes y un después tras la publicación de esta obra. Pero la Real Academia de la Historia parece ignorarla. A mí, particularmente, me deja perplejo que una sola persona, con ayuda, eso sí, haya sido capaz de llevar a cabo una investigación tan relevante y de esta envergadura.

El Diccionario Biográfico Español, realizado bajo los auspicios de la Academia de la Historia, ignorando esta contribución y muchas otras importantes investigaciones, retrocede a la historia rancia que tuvimos que padecer tantas generaciones de adolescentes durante el franquismo. En aquellos años cincuenta, a través de las enseñanzas recibidas en Primaria y en el Bachillerato, la propaganda del régimen, y para muchos la propia educación familiar, se nos proporcionó una visión de lo que había sido la República, la Guerra Civil, y el régimen, muy apologética de lo que suponía ellevantamiento militar y lo que vino detrás para desgracia de este país.

Para muchos jóvenes, la Universidad supuso un despertar a la realidad dictatorial en la que vivíamos, y ese despertar nos indujo a indagar acerca de lo que realmente había pasado. Entender el presente no puede ser posible sin tratar de comprender el pasado, sobre todo el más cercano a nuestro tiempo. Tuvimos que acudir a libros prohibidos, que se adquirían en Francia, o bien en el cuarto de atrás de determinadas librerías, y es así como conocimos las obras de Hugh Thomas y Gabriel Jackson. También acudimos a la breve pero enjundiosa Historia de España de Pierre Vilar, y las obras de Tuñón de Lara sobre el siglo XIX y XX. Más tarde fue decisiva, y esta sí que fue permitida, la obra de Malefakis Reforma agraria y revolución campesina en la España del siglo XX. Hubo también muchas más, pero estas son una muestra significativa de lo que eran las lecturas, en su mayoría clandestinas, de aquellos finales años sesenta y principios de los setenta.

Estas obras no solamente nos daban una visión muy diferente de la que habíamos escuchado y estudiado durante tanto tiempo, sino que, además, representaban otra forma de hacer historia, muy distinta a la tradicional, la cual se sustentaba en la descripción de hechos, de juicios valorativos de exaltación al Imperio y al régimen, aparte de ser fundamentalmente memorística basada en listas de reyes y guerras. La historia prohibida, por el contrario, era explicativa, analizaba fenómenos políticos, sociales y económicos, y en ella el conflicto era una pieza básica para entender los procesos de la historia. Nos desvelaba no sólo una realidad que se había tratado de ocultar, sino que, además, se sustentaba en el rigor académico, siendo a su vez muy seductora por la forma de enfocar las grandes cuestiones de los años turbulentos.

Estos hechos estaban narrados e interpretados fundamentalmente por historiadores extranjeros, salvo Tuñón de Lara, que, por otra parte, se encontraba en el exilio. En la actualidad, las cosas han cambiado notablemente y, aunque sigue habiendo importantes contribuciones de historiadores extranjeros, afortunadamente hay muchos y buenos historiadores españoles. Como dijo Ángel Viñas en la presentación de uno de sus libros, ahora se hace en España una buena historia. La mayor parte de estos historiadores se encuentran al margen de la Academia, aunque sí están, para fortuna nuestra, en la Universidad. Las aportaciones que se han hecho desde los años setenta hasta ahora acerca de la República, la Guerra Civil y la dictadura franquista han aumentado notablemente en cantidad y calidad.

Lo que hemos conseguido desvelar a través de estas investigaciones, así como por la transmisión oral de tantas gentes que han sufrido los horrores de la dictadura, es que el franquismo supuso una gran brutalidad. Muy superior a lo que podíamos haber imaginado cuando comenzamos a indagar por nuestra cuenta en las primeras lecturas ya mencionadas. A su vez, la historiografía franquista está llena de falsedades, desmontadas oportunamente ya desde el rigor académico y la seriedad de la investigación.

A la luz de lo dicho, la redacción de bastantes términos de este Diccionario es un verdadero escándalo, y no solamente por lo que supone la pervivencia de la historiografía franquista tras 30 años de democracia, sino por lo que significa de absoluto desconocimiento y de no tener en cuenta el estado actual en la investigación histórica. Es como si la obra de Viñas y la de tantos historiadores no hubieran existido. Este Diccionario es una vuelta al pasado de la historiografía.

Como dice muy bien Emilio Lledó en su libro Leguaje e historia: “Pero precisamente por ello, el historiador ha de afinar al máximo su sentido de la objetividad e imparcialidad, sobre todo al estudiar temas que se oponen a sus propias ideas personales, o, por el contrario, parezcan confirmar esas ideas” . Este Diccionario es un ejemplo de lo que no debe hacerse. Es un caso más de derroche de dinero público. Espero que ninguna biblioteca pública compre este libro, pues sería un doble despilfarro.

Carlos Berzosa es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense

Ilustración de Javier Olivares

Público.es