ARTE y MEMORIA: “Lorca está en Granada y con eso basta”

La bailaora y coreógrafa Eva Yerbabuena estrena en julio el espectáculo ‘Federico según Lorca’ en los Jardines del Generalife, en el que ha incluido las voces de Enrique Morente y Juan Diego

PAULA CORROTO MADRID 30/06/2011

Una escena de la última coreografía de Eva Yerbabuena. ruben martín

Una escena de la última coreografía de Eva Yerbabuena. ruben martín

Eva Yerbabuena (Fráncfort, 1970) llora cuando habla de Federico García Lorca. Se emociona con el poeta al que ha dedicado su último espectáculo, Federico según Lorca, que se estrena el próximo 12 de julio en los Jardines del Generalife de Granada y que se podrá ver hasta el 27 de agosto. En él ha contado también con una grabación de Enrique Morente y con la voz en off de Juan Diego. Para la bailaora, que fue premio Nacional de Danza en 2001 y que llegó a trabajar con la coreógrafa Pina Bausch, el autor de Bodas de sangre supone un regreso emotivo a su infancia y a sus raíces granadinas. Y esa sensibilidad no disminuye a lo largo de una entrevista en la que evoca sus comienzos en la danza y su futuro.

Usted habla de Lorca y empieza a llorar. ¿Qué le causa tanta conmoción?

Cuando empecé a ahondar en la biografía de Federico, en sus obras, sus poemas, decidí que quería profundizar más en su condición de persona. Y ahí me di cuenta de que lo que a él le rodeaba me sonaba, que también lo había tenido muy cerca. Por eso tiene para mí una carga tan emotiva. En el fondo es algo que yo reconozco desde muy niña.

¿Qué es lo que reconoce exactamente?

Él fue un ejemplo a la hora de defender en lo que creyó. Su libertad, expresarse como ha querido, poder amar Y no me refiero sólo al sexo. Para él la vida sin amor no tenía sentido. Y eso es lo que me llevo.

Su nuevo espectáculo consta de 11 coreografías. ¿Qué significado tienen?

Soy una persona intuitiva. Estoy en el estudio y ni siquiera sé por qué hago las cosas. Empecé a estudiar qué le influyó y cómo le influyó. Por ejemplo, la religión: en qué se convierte o nos convierte. O su vivencia en la Residencia de Estudiantes, que puede ser su felicidad o una pesadilla, la represión, el miedo a salir de una ciudad que no deja de ser un pueblo y encontrarse con algo que sólo conoce por referencias. Estas coreografías hacen referencia a todo esto, a lo que le despertó de su niñez y le llevó después a ser quien fue.

Usted es lectora de poesía y, además de la obra de Lorca, también ha bailado a partir de textos de Miguel Hernández y Blas de Otero. ¿Cómo casa la literatura con la danza?

Creo que lo que surge entre un músico y un bailarín no deja de ser poesía. Cuando ponemos la música, la danza, el vestuario, ocurre algo muy mágico que acaba siendo poesía.

En esta obra, la música pasa de lo más ortodoxo a lo contemporáneo. Una línea que siempre ha transitado.

Hay veces que escucho algo muy ortodoxo y otras, algo muy contemporáneo. Sí, esto en mi trayectoria no ha sido algo provocado. Las cosas se hacen por necesidad. A mí no me gusta moverme siempre igual. Eso simplemente me está diciendo que tengo que moverme y no siempre de la misma manera. Por tanto, una trata de sentir lo que están tocando, lo que está sonando. Y por muy contemporáneo que sea el movimiento, el alma no va a dejar de ser flamenca.

Al referirse a su infancia y a su tierra, ¿no se siente más desnuda que con otros espectáculos?

No sé si más desnuda. Ha habido un proceso de vuelta atrás. A mí el baile lo que me hace es evocar el pasado para conocerme mejor. Lorca es un poeta que te devuelve a la infancia y eso no significa que sean recuerdos dulces. Por ejemplo, la vecina de mi abuela era la única que tenía teléfono en el pueblo y, además, era soltera. Yo eso lo veía como algo normal, pero cuando leí Doña Rosita la soltera, lo vi de otra manera. Es decir, Lorca me ha hecho mirar las cosas de mi infancia de forma diferente.

En los últimos meses, la figura de Lorca ha vuelto a estar de actualidad al abrirse la fosa en busca de sus restos. ¿Qué opinión tiene acerca de su exhumación?

Para mí Lorca empezó a morir cuando nació en Valderrubios. Los que decidieron quitarle la vida, por el motivo que fuese, lo que hicieron fue darle un nacimiento eterno. Pero realmente hay tantísima gente que murió como él que yo en lo que creo es en sus vivencias, en su niñez, en lo que estudió y todo lo que eso le provocó.

¿Entonces, no está de acuerdo con la exhumación?

Para mí está en Granada y con eso basta. Una persona cuando muere esto [se toca la piel del brazo] no vale para nada. La carne es carne y lo que vale es la energía y la historia que nos ha dejado.

A pesar de su infancia en Granada, usted nació en Fráncfort, ya que sus padres fueron una pareja más de los miles de emigrantes de los años sesenta y setenta. ¿Aparece esa condición en su obra?

Mis padres regresaron cuando yo tenía 15 días, aunque he vuelto, he estado en la casa donde nací, que está igual que estaba. Y en Wuppertal conocí a un ángel que es Pina Bausch. Pero que mis padres fueran emigrantes no me ha pesado. Las cosas pasan porque tienen que pasar. No creo en las casualidades. Que mis padres emigraran a Alemania me hizo entender ahora a Federico y lo que sintió cuando fue a otros países y ciudades.

En Granada, desde muy pequeña empezó a dar clases de baile. Usted lo tenía claro.

Yo creo que se nace con ello, aunque normalmente te lo suele decir otra persona, y en este caso fue una hermana de mi madre que murió con 29 años. A raíz de su muerte, decidieron cumplir uno de sus deseos que era llevarme a una escuela de baile. Y por eso estoy aquí. Uno nace y luego se hace.

Y uno tiene que tener personas que le ayuden. En su caso, la figura de Enrique Morente fue muy importante.

He tenido muchas personas importantes que no son tan conocidas como Enrique. Y, gracias a ellos, uno está con los pies en la tierra. Empezando por mis padres, mis abuelos. Luego hay compañeros que están a tu alrededor. Como figuras consagradas, pues sí, Enrique. Él fue una persona muy luchadora, nada fue gratuito para él. También era de Granada y tenía esa melancolía tan especial, ese misterio. Su forma de sentir Eso es lo que me atrapa de Enrique.

Y después llegó Pina Bausch. De nuevo, ese viaje entre la ortodoxia y la vanguardia.

Conocer a Pina ha sido una de las cosas más maravillosas que me han podido pasar en la vida. Ella solía decir: “No me interesa saber cómo se mueve la gente, sino qué las conmueve”. A raíz de ahí, entendí todo. Entendí que un movimiento contemporáneo no lo es porque tú quieres que lo sea, sino que tiene una forma diferente de contar algo que no deja de ser flamenca.

En 1998 montó su compañía. Ahora es un momento difícil. Los presupuestos de los festivales han mermado. ¿Usted lo está notando?

Ahora uno tiene que invertir en su trabajo y arriesgar, y sobre todo creer en tu trabajo. Hay crisis para todo el mundo y todos lo estamos notando, pero hay que seguir viviendo y seguir respirando.

Por cierto, es curioso que en el mundo del flamenco muchas mujeres hayan montado su propia compañía. Y no es un fenómeno sólo de ahora. Ahí están Carmen Amaya o La Argentinita.

Creo que estaban y estamos un poco cansadas del machismo. El flamenco es un mundo muy machista hasta el punto de que ha habido muchas mujeres que han cantado o han bailado muy bien y nadie se ha enterado porque su marido o su padre han decido que no: “Canta donde yo te diga y como yo te digo”, dicen ellos. Pero llega un momento en el que una dice “quiero hacer esto y lo voy a hacer”. Este machismo ha cambiado algo, pero no ha desaparecido. Sigue ahí.

¿Usted lo ha sufrido?

No. Mis padres me han apoyado siempre. Conocí a Paco [Jarana], que me sigue apoyando en todo. No he tenido ese problema. Desde que cumplí 11 años, lo tenía muy claro: a mí no me va a decir un hombre lo que tengo que hacer. Mi padre no lo ha hecho y yo no voy a consentir a nadie que lo haga. De hecho a mi padre le dije: “Yo dejaré a un novio, pero el baile no”.

Tiene una hija, Manuela. ¿Cómo casó la maternidad con el baile y la compañía?

Fácil no es. Sobre todo porque a veces te sientes mala madre. Te pierdes muchas cosas de tu hija, de la infancia. Tienes que viajar Y los niños saben cómo hacerte chantaje. Pero si tú en ese momento dejas de bailar, el ejemplo que le estás dando a tu hijo no es el mejor. Si lo hago, lo único que provocaré el día de mañana es reprocharle a mi hija no sentirme realizada.

Pero para una bailaora, cuyo trabajo es físico, ¿es difícil parar y ser madre?

Con 25 años, sí me fue difícil. De hecho, estuve bailando hasta los seis meses y, a los tres meses de tener a mi hija, ya estaba de gira en Londres. Pero hoy sí me sería más fácil parar. De hecho, algo que me curro todos los días es el desapego. Es decir, la mente podrá estar en el mejor momento, pero el cuerpo ya no me responde igual. Y habrá un momento en el que se acabó. No quiero que la gente me recuerde arrastrándome. El baile es importante en mi vida, pero no es lo más importante.

¿Y ese momento de dejarlo está cercano?

No lo sé. Quiero ver plasmadas las ideas que tengo en la cabeza. Pero también quiero parar un poco, leer, ir al cine. Y ya empiezo a hacerlo.

La ficha

Sus padres eran emigrantes en Alemania y Eva nació en Fráncfort, aunque creció en Granada.

A los 17 años apareció en el documental de Mike Figgis, ‘Flamenco Women’. Poco después actuó en el Teatro Real y en el City Center de Nueva York.

En el año 1998 crea su compañía y estrena el espectáculo ‘Eva’.

Con 31 años obtiene el Premio Nacional de Danza y el galardón Time Out.

Hasta la fecha ha estrenado seis espectáculos en los que combina la danza contemporánea y el flamenco.

http://www.publico.es/culturas/384636/lorca/granada/basta

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