Hitler inédito. La ‘atracción’ por el mal…

julio 24, 2011

Durante un viaje al Este como miembro de la unidad de propaganda de las Fuerzas Armadas alemanas, Krieger tomó estas fotos del Führer.- FRANZ KRIEGER

Pincha aquí para accder al archivo fotográfico: HITLER INÉDITO

JACINTO ANTÓN 24/07/2011

Franz Krieger fue un fotógrafo oficial del nazismo. Sus imágenes inéditas de Hitler descubiertas hace unas semanas, que ahora pueden ver en estas páginas, muestran hasta qué punto sigue despertando ‘fascinación’ esta encarnación del mal.

Por qué nos fascina tanto la imagen de Hitler? La vieja pregunta vuelve a plantearse tras el revuelo por la aparición de las fotos del líder nazi que tomó el reportero austriaco Franz Krieger durante la II Guerra Mundial y que han salido ahora a la luz pública. Krieger era un fotógrafo oficial del régimen y durante un viaje al Este como miembro de la unidad de propaganda -Propagandakompanie- de las Fuerzas Armadas alemanas realizó la cobertura del encuentro en 1941 en tierra polaca entre Hitler y su aliado el regente de Hungría, el almirante Miklós Horthy. Entonces estaban a partir un piñón, aunque en 1944 Hitler se mostraría menos cortés, enviaría al coronel de las SS Otto Skorzeny a secuestrar al hijo del mandatario magiar y acabaría haciendo abdicar a este y encerrándolo en un castillo en Baviera. Las fotos en las que aparece Hitler son nueve y están incluidas en un álbum con 214 instantáneas de Krieger que se encuentra en manos de un coleccionista privado. El resto de las imágenes muestran diferentes aspectos de la realidad en el frente y en los territorios ocupados. Soldados alemanes en faenas de retaguardia o en momentos de descanso, humillados prisioneros de guerra soviéticos, civiles que muestran la huella de la guerra en sus rostros, autorretratos del propio Krieger en uniforme. Pero lo más extraordinario del conjunto son ese puñado de fotos del Führer que vienen a enriquecer -uno duda en usar tal palabra- el corpus retratístico de Hitler.

Estampas de autoridad y dominio. Hitler no se dejaba retratar por cualquiera, ni de cualquier manera

Raras veces perdía Hitler la compostura ante la cámara. Al caer Francia bailó una giga

Son imágenes canónicas. Brazo en alto, apoteosis de gorras, botas lustradas, despliegue de peligro…

“El führer no era glamuroso, pero sí enérgico, con un toque de misticismo y una retórica corporal muy elaborada”

Son imágenes canónicas, por supuesto, muy canónicas, nicht natürlich, nada naturales: Hitler brazo en alto, rodeado de mandatarios -le acompaña el siniestro Bormann- y guardaespaldas en una contundente apoteosis de gorras, botas de caña alta lustradas, sensación de inminencia -a ver qué invadimos hoy-, despliegue de peligro y actitudes marciales. Una estampa de autoridad y dominio. Junto a Hitler, Horthy, que no era precisamente un santo, parece venir de patronear el Bribón. Que nadie espere una revelación de aspectos desconocidos del líder nazi. Un rasgo de humanidad, un despiste, un guiño, ¡quia! Hitler no se dejaba fotografiar de cualquier manera ni por cualquiera. Jamás.

De hecho, solo se conoce una foto robada de Hitler. La tomó en 1929 un reportero del Munich Ilustrated News, Tim Gidal, judío, que luego, tras escapar a Palestina, sería un pionero del fotorreportaje para Life (aparte de fotógrafo del 8º Ejército, las heroicas ratas del desierto). Se lo encontró, a Hitler, desprevenido -¡Hitler desprevenido!, ¡qué ocasión!- en el café Heck de la capital bávara. La imagen muestra a Hitler hablando con tres hombres fornidos que están de espaldas -uno de ellos acaso el jefe de la SA, Ernst Röhm- en torno a una mesa con mantelito en el jardín del establecimiento, bajo un árbol. Hitler tiene el mentón en la mano y está pensativo cuando descubre a Gidal y la cámara y alza la vista con sensación de haber sido atrapado por el clic. Muestra Hitler sorpresa, curiosidad y un inicio de irritación que incita, incluso tantos años después, a poner pies en polvorosa (afortunadamente, Röhm no debía de correr mucho). Cuando ves lo difícil que era conseguir una foto de Hitler entiendes que nunca consiguieran matarlo. Philipp von Boeselager, que lo intentó cuando era oficial de Estado Mayor de la Wehrmacht, durante una visita del líder nazi al frente ruso, me dijo en una ocasión que estaba todo el tiempo rodeado de guardias de las SS “desesperantemente altos”.

Hitler siempre mostró, desde el principio de su carrera política, una enorme reticencia a ser fotografiado. Quería poseer el control total de su imagen, en la que asentaba, recordémoslo, gran parte de su carisma. Era consciente de que cualquier desviación podía ser peligrosa: de lo sublime al ridículo hay un paso muy pequeño, como atestiguan en sus parodias del Führer Chaplin, Lubitsch, los Monty Python o más recientemente Tarantino (al que le basta con ponerle capa). En sus charlas de sobremesa (véase Las conversaciones privadas de Hitler, Crítica, 2004), Hitler elogia muy significativamente a Rommel por conservar la dignidad y, al revés de los italianos, no dejarse fotografiar nunca a lomos de un camello (el zorro del desierto, sostenía, quedaba mejor subido en un Panzer).

Sabía además Hitler que su propio aspecto no respondía precisamente al ideal ario que propugnaba -ya se sabe la broma berlinesa: “esbelto como Goering, alto como Goebbels y rubio como Hitler”-, y muy inteligentemente convirtió esos rasgos hoy universales que son su flequillo y su bigotito (peor hubiera sido la pilosidad tipo káiser que lucía en la I Guerra Mundial) en atributos de unicidad, de genio y de misterio. Pero había que cuidar el detalle. Solo en contadas ocasiones perdió Hitler la compostura ante una cámara, como cuando en aquel exceso de entusiasmo tras recibir la noticia de la caída de Francia en su cuartel general del cubil del lobo, Wolfsschlucht, se puso a bailar una giga. Aunque, claro, no todos los días te cae Francia en el saco.

En realidad, la única persona autorizada a fotografiarlo era su fotógrafo personal, camarada y confidente Heinrich Hoffmann (1885-1957) -un nazi de la primera hornada que le presentó a Eva Braun a Hitler y casó a su propia hija con Baldur von Schirach, que ya es emparentar-. Excepcionalmente, y bajo estricto control, se permitió puntualmente a otros fotógrafos del régimen, como Walter Frentz, recoger la imagen del líder. “Hitler tenía a Hoffmann como Franco a Campúa”, explica el estudioso de la imagen Romà Gubern. “Ambos dictadores eran de baja estatura y se los solía tener que retratar en contrapicado. Como todos los líderes totalitarios, trataban de dar una imagen de poder, omnisciencia, rigor y seriedad, algo muy alejado de la familiaridad de los líderes demócratas como Churchill, Truman u, hoy, Obama. McLuhan sostenía que Hitler triunfó porque no vivió en la era de la televisión, en la que es mucho más difícil controlar y manipular la imagen. No era glamuroso, pero era enérgico, con un toque de misticismo y una retórica corporal muy elaborada, y, claro, lo que nos atrae de él es en última instancia la fascinación del mal, atisbar qué hay detrás de la máscara”.

Hoffmann retrataba siempre a Hitler en pose, en su restringido repertorio de gestos favoritos, marciales o cuidadosamente arrebatados -su característico histerismo narcisista y egomaniaco-, efectuados con esa afable naturalidad digna de un fotograma de El triunfo de la voluntad. Todo cuidadosamente ensayado y preparado. Solo en una ocasión cambió el criterio y Hoffmann fue autorizado a realizar una colección de retratos supuestamente cotidianos y amables (!) del líder, que aparecieron reunidos en su libro Hitler wie ihn keiner kennt (El Hitler que nadie conoce). El libro, una maniobra oficial, salía al paso de una imagen excesivamente hierática o arrebatada del Führer que podía enajenarlo de las masas -no puedes estar todo el día echando espuma por la boca o como si llevaras introducida una escoba- y consagraba una especie de espontaneidad autorizada que es a lo más que se podía llegar en términos de humanizar al jefe. Eran en realidad fotos cuidadosamente estudiadas. En todo caso, además, a eso solo se llegó cuando la imagen de Hitler estaba tan consolidada en Alemania y era tan potente que ya no significaba ninguna pérdida de decoro que se le viera acariciando a su perro. El libro de Hoffmann incluía una foto de Hitler bebé que da mucho que pensar: ¿podemos proyectar la maldad posterior en esa imagen?

Aunque es discutible que siempre consiguiera su objetivo de quedar sublime -las fotos de Hitler en traje tradicional bávaro con pantalón corto de piel nos resultan ridículas, aunque él lo juzgara tan apropiado que hasta quiso crear una unidad de las SS con ese atuendo-, el Führer logró una uniformidad (y valga la palabra) en su imagen como ningún otro líder mundial.

Sabía lo que hacía. Había tenido muchos problemas de imagen. Antes de su ascenso al poder, sus caricaturas estaban al orden del día en los medios opositores a los nazis. Algunas lo mostraban por los suelos recordando su nada heroico comportamiento durante el fallido putsch de 1923, cuando se echó a tierra ante los disparos de la policía y se protegió de las balas entre los cadáveres de sus camaradas. Fue notable, por su audacia, el grotesco fotomontaje que le dedicó el periodista Fritz Gerlich en el que Hitler aparecía del brazo de una novia negra, casándose con ella, y cuyo titular apuntaba burlonamente la posibilidad de que el líder nazi tuviera sangre mongola Hat Hitler mongolenblut?, a cinco columnas, con un par, en el Der Gerade Weg-. Había que tener valor. La imagen se publicó en julio de 1932, cinco meses antes de que Hitler llegara al poder. Pero Hitler no era de los que echaban pelillos a la mar. Gerlich fue a parar a Dachau, donde una escuadra de SS lo asesinó aprovechando esa gran ocasión que fue la Noche de los Cuchillos Largos. A su mujer le enviaron las gafas rotas y ensangrentadas.

Conocemos lo que buscaba Hitler en sus fotos. Imponer, impresionar, inspirar fervor y temor, la conquista del individuo y de las masas. También seducir -¿era Hitler sexi?: no es broma; sin duda, lo fue para muchas alemanas-. ¿Qué tratamos de atisbar nosotros en las imágenes? Algo que nos explique a Hitler, que nos dé pistas sobre lo que fue y lo que hizo. El tipo que dejó a su paso por la historia 40 millones de muertos y trató de borrar a un pueblo de la faz de la tierra. Se ha convertido en el gran icono de la maldad y nos fascina mirarlo. Quizá lo de fuera nos dé pistas sobre lo de dentro. Sobre el mal como capacidad de la naturaleza humana.

“Hay dos cosas que todo el mundo puede reconocer, una esvástica y un retrato de Adolf Hitler”, señala el historiador catalán Ferran Gallego, uno de nuestros grandes especialistas en el nazismo. “Hitler es para la mayoría la encarnación del mal, su rostro, como Auschwitz es la concreción de la maldad en un lugar”. Gallego considera que la característica esencial de la imagen de Hitler y lo que le diferencia de otros dictadores y tiranos es su aire de impenetrabilidad. “Es más personaje que persona. Ian Kershaw, su más reciente biógrafo (Península), decía que no encontraba la persona en Hitler. Hay un misterio irreductible en Hitler que no hay, en cambio, en Stalin, una malignidad esencial asociada a la irracionalidad del nazismo”. El historiador reflexiona: “Y a la vez, paradójicamente, resulta tan familiar… es tan fácil caricaturizarlo”. O caracterizarte de él, como atestiguara cualquiera que lo haya probado.

En su extraordinario libro Explicar a Hitler (Siglo XXI, 1999), Ron Rosenbaun considera a Hitler una terra incognita, una auténtica caja negra, lo que hace tan apasionante observarlo en fotos. Su grado de sinceridad -¿era un oportunista o creía en lo que hacía?-, su inevitabilidad o no (¿de no haber habido Hitler, habría ocupado otro su lugar y acometido igualmente la Solución Final?), la influencia de su voluntad -¿hasta qué punto dirigía el proceso de la eliminación de los judíos?-, la existencia en su biografía de un momento fundacional de sus obsesiones -la supuesta visión en el hospital tras ser gaseado-, su propia sexualidad y la influencia que esta habría tenido en su acción política no están, opina el autor, dilucidados. De alguna manera, dice, Hitler sí se escapó del búnker, de la explicación última.

Rosenbaun analiza, en una búsqueda sensacional que le lleva a entrevistarse con las grandes figuras como Alan Bullock o H. R. Trevor-Roper, las diferentes opiniones de los historiadores sobre Hitler. Es un paseo abismal que lleva de la opinión de Lanzmann de que Hitler es irreductible -porque entenderlo lo haría, Dios no lo quiera, susceptible de ser perdonado- a la relativa relativización del personaje por historiadores contemporáneos, como Kershaw, que consideran mucho más importantes las razones históricas profundas que produjeron a Hitler que el propio Hitler, al cabo solo un individuo, un peón (¿no es insoportable pensar que todo el horror del nazismo haya ocurrido porque lo quiso un solo hombre?, anota Rosenbaun).

Una pregunta es estremecedora: ¿sabía Hitler que hacía el mal o creía que realizaba una labor justa y necesaria? Y otra: ¿había explicaciones psicológicas o médicas (la sífilis, por ejemplo) que explicaran sus acciones?, ¿podría ser entonces que Hitler fuera un loco, un enfermo, irresponsable de sus actos, una víctima de su historial? “Pero si Hitler no es malo, ¿quién lo es?”, se pregunta ante Rosenbaun el gran Bullock.

Todo eso es lo que nos hace observar estupefactos su imagen, sus fotos. Nos invita a meditar sobre lo demoniaco y lo trivial (el arribista hipocondriaco). Sobre el propio mal en nosotros. Tratamos de escudriñar su magia -si la hubo-, lo que arrebató a tipos inteligentes como Speer o Goebbels (“Ahora sé lo que significa Hitler para mí: ¡todo!”) e impresionó a Klemperer. El aspecto Caligari o Svengali, hipnotizador. El célebre apretón de manos y los famosos ojos de acero que miraban sin pestañear, parte de su representación, de sus trucos. ¿Eran los ojos de Hitler lo que seducía, o era el poder de sus ejércitos? También, no lo neguemos, nos intriga de Hitler lo morboso: ¿es cierto que era un voyeur que hacía desnudarse ante él y tocarse a su sobrina-amante Geli Raubal? ¿Ella se suicidó o la mató o la hizo matar él? ¿Tenía alguna malformación anatómica el Führer -la tan expresivamente denominada “cuestión de la bola única”-? ¿Le arrancó, como indican las memorias de un condiscípulo, una cabra un trozo de pene al joven Adolf cuando este trataba de probar que era capaz de orinar en la boca del animal? ¿Habrían cambiado las cosas si los ancestros de Hitler hubieran conservado el apellido original Schicklgruber? -a ver quién habría saludado “¡Heil Schicklgruber!” sin que se le escapara la risa en plan el legionario de Biggus Dickus en La vida de Brian…-.

Miramos las fotos del tirano Hitler, entre el payaso y el exterminador. Y nunca nos es posible hacerlo sin un profundo escalofrío.


Mujeres de Puerto Real víctimas del franquismo…

julio 24, 2011

Fotografía extraída del Foro por la Memoria

José Pizarro Fernández

María Concepción Gutiérrez Alfaro y Rosario Prado Gutiérrez estaban afiliadas al Sindicato de Mujeres de la CNT de Puerto Real en 1936. María trataba de sacar adelante a sus hijos como podía. Se había quedado viuda de José Prado, jornalero agrícola y su hija Rosario de poco más de 16 años, la mayor de cinco hermanos, la ayudaba trabajando  en el servicio doméstico.

Cuando sobre las cinco de la tarde del día 18 de julio de 1936 corrió la noticia de que las tropas franquistas habían desembarcado en Cádiz y venían hacia Puerto Real, muchos hombres y mujeres, sobre todo de CNT e Izquierda Republicana, organizaron patrullas de vigilancia “armadas” con poco más de seis escopetas de caza decomisadas que les había entregado la Guardia Civil a requerimiento del Ayuntamiento. Antes, habían registrado algunos domicilios particulares e incluso el colegio de los Hermanos de La Salle en busca de armas que sospechaban guardaban destacados falangistas locales en espera del previsto golpe militar.

Quemaron la Iglesia prioral de San Sebastián y asaltaron la de San José e intentaron cortar las carreteras por ambas direcciones para evitar la entrada de los militares y falangistas que se rumoreaba vendrían desde Cádiz y San Fernando. Al día siguiente, y sin disparar un solo tiro, el Ayuntamiento estaba en manos de la Infantería de Marina llegada de San Fernando que se hicieron rápidamente con la situación deteniendo en primer lugar a las autoridades municipales del Frente Popular. Puerto Real quedaba en manos de los golpistas y en pocos días imponían un nuevo alcalde.

María y Rosario, junto a 73 personas más, fueron procesadas por su participación en estos hechos. Detenidas en el Depósito Municipal, fueron trasladadas al Penal de El Puerto para ser juzgadas en juicio sumarísimo con el resto de inculpados, el 13 de junio de 1938, en la cárcel de la Casería de San Fernando. La pena para ambas, acusadas de “auxilio a la rebelión con concurrencia de atenuación”, fue de doce años y un día, aunque en 1940, les fue conmutada por diez años. A la confirmación de la sentencia, fueron internadas en El Puerto y finalmente, llevadas junto a otras encausadas como María Cumplido Casas, María Garrido Rodríguez o la presidenta del Sindicato de Mujeres Ana Cabello Sánchez, a la Cárcel de Mujeres de Girona donde Rosario, por las duras condiciones en que se encontraban, moría de “tuberculosis pulmonar” el 19 de agosto de 1941. Tenía tan sólo veinte años.

María su madre, continuó presa y un año más tarde, en libertad condicional, volvió a Puerto Real. Durante su reclusión, sus hijos habían sido separados e internados en los hospicios provinciales gaditanos: Juan, Antonio y Manuel en el de Cádiz y Francisco en el de Jerez. La familia había quedado destrozada aunque Juan el mayor, que salió del hospicio en junio de 1940 y Francisco dos meses más tarde, intentaron recomponerla y se establecieron de nuevo en Puerto Real en la casa conocida como la Petit Torre. El último en salir del hospicio fue Manuel, en diciembre de 1942.

Pero igual que su hija Rosario, María, sufrirá también las consecuencias del hambre, hacinamiento e insalubridad del sistema penitenciario franquista. Enferma, ingresaba en el Sanatorio de Santa Rosalía en Jerez, donde murió, siendo enterrada en Cádiz el   20 de julio de 1944. Tenía 55 años.

José Pizarro Fernández es historiador

Memoria Pública (Público.es)

http://blogs.publico.es/memoria-publica/2011/07/20/mujeres-de-puerto-real-victimas-del-franquismo/


De lesa humanidad…

julio 24, 2011
21 Julio 2011
Carlos María Brú

Relacionado con mi anterior artículo titulado “Cuelgamuros”, quisiera volver sobre el tema, más de fondo, del tratamiento procesal idóneo de los crímenes franquistas.

Se ha hablado y escrito mucho al respecto, sin otro logro que la alicorta Ley 52/2,007, las frustradas Diligencias Previas iniciadas por el Juzgado 5 de la Audiencia Nacional y las variopintas imputaciones, con freno y acelerador según las circunstancias o conveniencias, contra  el Magistrado que fue su titular. Pero yo no voy a hablar aquí de Garzón, es un tema lateral aunque preocupante.

Para tratar el tema de fondo, es oportuna la lectura  en “El País” del 2 de Julio último, una entrevista con Darío Rivas, uno de los varios españoles residentes en Argentina que denunciaron en este país –adscrito al régimen jurisdiccional de Justicia Universal- los crímenes franquistas.

Quizá no mucha gente aquí sepa que los querellantes han obtenido del Tribunal Superior de Apelaciones en lo Criminal (máximo órgano en aquel país), una Resolución firme por la que se ordena –literalmente- “la investigación de los crímenes contra la Humanidad llevados a cabo por el franquismo desde el 17/07/1936 (fecha de la rebelión), al 15/06/1977 (fecha de las primeras elecciones democráticas)”. (Paréntesis míos).

Cómo se ve, el período abarcado por la Justicia argentina queda muy por encima del previsto por el Juez Garzón en sus fenecidas Diligencias, por lo que casos cómo los de Grimau, Ruano, sentencias de muerte de 1975, Vitoria, Montejurra, etc., quedarían sujetos a investigación.

Esta Resolución comporta dirigirse a España para que, en caso de no tener en marcha proceso propio sobre el tema -y ello es así -, se siga por la Jueza competente argentina María Servini de Cubría, la investigación acerca de la certeza de los hechos, su calificación jurídicopenal. y determinación de autorías, bajo la rúbrica de presuntos crímenes de lesa humanidad perpetrados entre ambas fechas en nuestro país.

Se queja Rivas de que el  exhorto indagatorio acerca de si existe o no causa pendiente en nuestros Tribunales para la sanción de los crímenes franquistas, lleva 8 meses sin respuesta.

Yo confío en que respuesta habrá, lenta y meditada porque el tema es duro de pelar. Y no dudo de la veracidad de nuestras Autoridades.

¿Porque qué cabe contesten?  Muy sencillo: que en virtud del Auto de 02/12/2008 de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, no hay tal causa porque la mismo denegó la competencia al Juez de Instrucción nº 5 de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, y tampoco atribuyó tal competencia a algún otro órgano judicial.

De ello se deduce que, salvo la inimaginable incursión de nuestro Gobierno en delito de falsedad, habrá de responder que NO, que no hay tal procedimiento abierto. Y si nuestro Ejecutivo adoptase en su respuesta un plus de sinceridad aunque no mucho respeto hacia la división de poderes, podría añadir que no sólo la posible indagación está archivada, sino que el Poder judicial a través de sus órganos persigue e intenta condenar al Magistrado llamado Baltasar Garzón que tuvo la osadía de intentarlo.

Así pues, no es aventurado anticipar que, o España inicia los procedimientos adecuados que nunca debieron archivarse, o tendrá que soportar la carga de  cumplimentar los instruídos por la Justicia de otro país, tan hermano como se quiera, pero otro; el cual a su vez –y eso dice mucho de la democraticidad sobrevenida en Argentina- fue en su día sujeto pasivo de nuestra causa Scillingo (TS 01/10/07) cuando España aplicó sabia y humanitariamente los cánones de Justicia Universal,   Derecho en pleno vigor, ius cogens.

 A) Ius cogens.- Para no cansar al lector, vayan telegráficamente  los textos señeros de ese Ius ccgens:

Art. 6º Convención/ Londres de 08/08/1945 creando el Tribunal de Nuremberg;  su Estatuto 06/10/45; Resolución de la Asamblea/ONU  11/12/1946 que ratifica los “principios Nuremberg” y tipificación en el 6º de los “crímenes contra la humanidad”, a su vez reconocidos por España (BOE 05/08/1952);  art. 15.2) “Pacto Internacional de Derechos civiles y políticos” ONU1968, declarando inoperante el principio  “Nulla poena sine lege” para los referidos crímenes, o sea los de “asesinato, exterminio (..) deportación(…) contra la población civil o persecución por motivos … políticos (…) en conexión con cualquier crimen contra la paz (…)”; ratificación española de 27/04/1977 , seis meses antes de nuestra ley de Amnistía(15/10/77); imprescriptibilidad del delito de desaparición forzada mientras no se determine el paradero, en vida o restos mortales (Convención ONU 20/12/2006, ratifica España el 29/09/2007); asunción obligada por el Derecho interno de tales Convenciones (art. 96 Constitución Española); vigencia de la accesibilidad procesal contra tales presuntos delitos contra la Humanidad, a partir simplemente de tales Convenciones o Tratados (Dispn. Adicional 2ª, Ley llamada de “Memoria Histórica”, 26/12/2007),etc.

A lo que hay que agregar una avasalladora  Jurisprudencial, tanto internacional -entre muchas, Sentencias TEDH de 10/05/2001, Chipre vs. Turkey, 17/01/2006 Kolk y Kislyiy vs. Estonia, 14/04/2006 Korsakov vs. Moldavia; o en Latinoamérica, Velazquez vs. Honduras de 29/07/1988, o Babamaca vs. Guatemala de 25/11/2000, ambas de la CIDH- como española (citada Scillingo), STS 327/03 (Guatemala), todavía la 15/11/04 (Argentina), pero más aún, el Auto de 18/05/09 de la AN (confirmante de las diligencias previas nº 211/2008 Moyano vs. Leprich & allia), etc, etc.

¿Se va a hacer caso omiso de todo este arsenal legislativo y jurisprudencial? (Y perdón por lo agobiante de los datos, podrían ser muchos más).

B). Facta in juditio.- Hablemos ahora de las conductas presuntamente punibles: ¿Hará falta desplegar  mucha técnica jurídico-creativa para considerar tipificables de “lesa humanidad” conductas como las de un Régimen nacido de rebelión frente al Gobierno legítimo y cuya inmediata legislación criminaliza con carácter retroactivo las “responsabilidades políticas” (Ley de 09/02/1939) exigibles hasta a los simples “afiliados a los Partidos” objeto de persecución, o “reprime (sic)” también retroactivamente la adscripción a “la masonería y el comunismo”, pero en el articulado extendida a “(…) troskistas, anarquistas y similares” (art. 2º Ley  01/03/1940); o extiende la Ley republicana de Vagos y Maleantes (para aseguramiento y atención de los que están en una situación), a castigo para los que tienen una determinada condición (“homosexuales”, art. 2º,2 Ley  de 15/07/54) o pertenecen a cierta etnia (“gitanos”, Orden del  Ministerio de la Gobernación, 1955)?.

Y si a eso le agregamos las 114.456 personas acreditadamente asesinadas desde el Alzamiento y hasta mucho después del 01/04/1.939 (otras estimaciones elevan la cifra a 141.951), las más de 450.000 personas o sea, casi el 2% de la entonces población española que se libró huyendo, los más de 350.000 presos por “delito” político computados solamente en 1.941, la cifra probable de 30.000 niños arrebatados a sus padres, los trabajos forzados, la depuración masiva de maestros y demás funcionarios por “desafección al Régimen”(ley 10/02/39),    … parece indudable que por el carácter planificado, sin subterfugios, descaradamente impreso en BOE´s y circulares de todo tipo, fielmente ejecutado por Tribunales de toda índole y jerarquía, de esa labor represora, parece –repetimos- que la misma encaja al dedillo en la figura jurídicopenal de  delito de lesa Humanidad.

 Resumo:

A)   Hay delitos contra la Humanidad basados en el ius cogens admitidos y sancionados por los Tribunales de  todas las naciones civilizadas, entre ellas España.

B)  La ratificación española del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, anterior en meses a la Ley de Amnistía, comporta que ésta no puede inhibirse de perseguir los presuntos delitos anteriormente citados: como ha dicho Martín- Pallín, el pacta sunt servanda debió desde 1.977 cortar con la impunidad.

C)   Es jurisprudencia incontestable que para los “desaparecidos” no cuenta la prescripción del delito sino a partir del hallazgo de la persona en vivo o en cadáver.

D)   El fallecimiento de los presuntos culpables comporta según el Código Penal, art. 130, 1) la extinción de la responsabilidad penal de los mismos pero no la indagación de los hechos en sí.

E)   Conforme a la Disposición Adicional Segunda de la Ley 52/2007 conocida como de “Memoria Histórica”, cabe e inclusive es obligado proceder contra delitos de lesa Humanidad asumidos y ratificados por leyes españolas.

F)    Los  Convenios y Tratados internacionales una vez ratificados, son Derecho interno español (art. 96 Constitución española), por lo que si aquéllos definen delitos, estos quedan automáticamente tipificados como tales en nuestro país.

Creo, para concluir, que el Exhorto argentino habrá de ser cumplimentado por las Autoridades españolas y, por tanto, deben colaborar en la tramitación de una Causa que fijará hechos, indagará autorías, aplicará figuras delictivas y, dada la probable no supervivencia de culpables, evitará condenas pero dejará sentada una VERDAD HISTÓRICA en la que pueda pacíficamente descansar la hoy insatisfecha Memoria.

 Firmado este artículo, leo en algún medio de comunicación que el Ministerio de Justicia ha respondido recientemente a la Justicia Argentina en el sentido de que en España se mantienen los procesos por crímenes franquistas ya que las archivadas Diligencias del Juez Garzón han pasado a Juzgados locales. Dado lo inconcreto de la información, a espera de la que en su caso daría el Ministerio, anticipo que si esa es la respuesta, sigue siendo NEGATIVA, no es lo mismo unas diligencias concretas de recuperación de restos humanos que lo del exhorto: si hay o no causa abierta por el genocidio en cuanto sí”.

Diario Progresista:

http://www.diarioprogresista.es/autores-opinion/71-carlos-bru/3812-de-lesa-humanidad.html

 

 


La memoria como ética colectiva…

julio 24, 2011

Es de agradecer que José Bono diga lo que piensa. La sinceridad ideológica supone una rara virtud en la vida política española, marcada por dos partidos mayoritarios que necesitan mentir y exagerar para mantener la táctica de los enfrentamientos crispados y la estrategia de las coincidencias profundas. Ese fue, en resumen, el pacto bipartidista de la Transición y el sentido de la Ley Electoral vigente.

Pero utilizar un discurso de Azaña para eludir la condena explícita a los golpistas de 1936 es un grave error histórico. Al suplicar paz, piedad y perdón, Azaña no sugería equidistancia entre los dos bandos a la hora de interpretar las responsabilidades de la Guerra Civil. Son numerosas las reflexiones del autor de La velada en Benicarló que no admiten duda al diferenciar entre una República democrática, basada en la legitimidad de las urnas, y un bando golpista, dispuesto desde el principio a imponer el terror como procedimiento oficial.

El escritor Francisco Ayala compuso en París, en el inicio de su exilio, un emocionante Diálogo de los muertos. El bando franquista había ejecutado a su padre y a uno de sus hermanos. Los muertos hablan bajo tierra, estremecidos por la catástrofe. Ayala llama a la conciencia individual para evitar el espíritu de venganza. En absoluto quiere obviar la condena a un golpe de Estado que siempre denunció como un acontecimiento injustificable y causa de la violencia posterior desatada en España. La filosofía que subyace en su diálogo, muy parecida a la de Azaña, es otra. Una vez producida la tragedia, con unos responsables claros, hay que buscar una solución colectiva.

Azaña y Ayala fueron testigos de la barbarie. Desde el punto de vista de la condición individual, no les resultó difícil admitir que en los dos bandos hubo víctimas y verdugos, personas decentes y canallas. El excelente libro de Paul Preston, El holocausto español (Debate, 2011), ofrece muchos testimonios en este sentido. Es significativa la evolución del padre Huidobro, golpista de primera hora, que se vio obligado por conciencia a protestar ante Franco de los horrores cometidos por su Ejército. El Vaticano abrió a su muerte un proceso de beatificación, que cerró de forma inmediata al descubrirse que lo había asesinado por la espalda una bala franquista interesada en cerrarle la boca. Si hablamos de individuos, hubo personas generosas y asesinos en los dos bandos.

Pero si hablamos de historia, la equidistancia es un sinsentido, como demuestra también el libro de Paul Preston y el trabajo de muchos historiadores que están analizando de forma minuciosa la Guerra Civil. El franquismo nació de un golpe de Estado que se preparó con un odio ideológico basado en mentiras, utilizó el terror durante la guerra e impuso la represión más cruel en la posguerra. La voluntad de no condenar el franquismo es un despropósito. Resultaría inconcebible que el presidente del Parlamento alemán intentase equilibrar las responsabilidades de los demócratas con el nazismo. Eso es lo que ha hecho Bono.
Como no ha brillado nunca por su cultura, sería irrelevante su despropósito, si no fuese por la significación política. Es grave confundir la defensa de las víctimas y el movimiento de memoria histórica con un deseo de no piedad, no paz y no perdón. Y resulta grave también que Bono prefiera en 2011 sostener las tesis oficiales de la Transición, en vez de condenar un golpe de Estado. Ya no estamos en 1975. Lo que hubo que callar entonces por miedo y correlación de fuerzas, hoy puede explicarse con naturalidad, respondiendo a los valores de la verdad, la justicia y la reparación como voluntad de un sentimiento democrático colectivo. Los historiadores franquistas que nos escandalizan todavía con sus diccionarios se aprovechan de otro tipo de historiadores, podemos calificarlos de palaciegos, que han creado falsas equidistancias para defender una Transición pura, no mediatizada por la extrema derecha, y un monarca limpio, heredero directo de Franco, pero muy demócrata.

A esos historiadores palaciegos se suma Bono. Cuando Rubalcaba está montando la táctica de la gran regeneración democrática y social, un compañero empuja de nuevo las siglas de su partido al corazón de las corrupciones del sistema.

Píblico.es vía Google noticias: enlace: Público.es blog “La realidad y el deseo”


Cultura retorna a Cataluña 365 cajas de los ‘papeles de Salamanca’…

julio 24, 2011

EL PAÍS – Barcelona – 21/07/2011

La ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, reveló ayer que la devolución a Cataluña de documentos incautados tras la Guerra Civil está prácticamente completada con la partida que salió ayer por la mañana del Archivo de la Memoria Histórica de Salamanca. Un total de 365 cajas llegaron a última hora de ayer al Archivo Nacional de Cataluña en Sant Cugat del Vallès (Vallès Occidental). El consejero de Cultura, Ferran Mascarell, se mostró ayer “lleno de emoción” por la llegada de este envío que aprobó el pasado viernes el Patronato del Centro Documental de Memoria Histórica sito en Salamanca.

¿Qué hay en estas 365 cajas? Pues según el ministerio, se incluye documentación incautada a sindicatos y partidos políticos catalanes. El Gobierno precisa que se trata de documentación referida a la sección catalana de la UGT, al periódico vinculado a la CNT Solidaridad Obrera y del diario de la FAI Tierra y Libertad, al comité central del PSUC, al secretariado de ERC, al POUM, al Partido Sindicalista y a las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña. En la documentación devuelta también hay elementos pertenecientes a las siguientes organizaciones: Agrupación de Comerciantes de Cataluña, Federaciones de Sindicatos Catalanes, Sección Catalana del Socorro Rojo Internacional y numerosas personas físicas con domicilio en Cataluña.

Cartas de Cambó

Además, la ministra Sinde precisó que también hay documentos de particulares, entre ellos del político Francesc Cambó, una parte de cuya correspondencia había sido incautada, y archivos fotográficos personales. El ministerio cumple así con lo establecido en la ley de 2005 que prevé la devolución de estos archivos y da prácticamente por finalizado el proceso de restitución a esta comunidad. Según informó el Ministerio de Cultura en una nota, queda tan solo pendiente un último grupo de documentos y objetos pendientes de análisis en la Comisión Mixta.

Todos estos documentos estaban en el Archivo General de la Guerra Civil española y forman parte de 715 legajos y de 15 cajas correspondientes a la Sección Político-Social de Barcelona y Lleida, respectivamente.

El País vía Google noticias


La memoria histórica sólo sirve “para remover la mierda”

julio 24, 2011

La única concejal de UPyD de Granada desata las iras de PSOE, IU y los grupos de memoria

AMINA NASSER GRANADA 20/07/2011 08:00 Actualizado: 21/07/2011 12:48

Mayte Olalla, concejal de UPyD de Granada.

Mayte Olalla, concejal de UPyD de Granada.AMINA NASSER

 

La memoria histórica sólo “sirve para remover la mierda”. Lo dijo así, literalmente, la concejala de UPyD en el Ayuntamiento de Granada, Mayte Olalla, este lunes, coincidiendo con el 75º aniversario de la sublevación militar de 1936.

La representante de UPyD realizó esas afirmaciones poco después de que el grupo municipal socialista reclamara la retirada del monumento a Primo de Rivera, que preside la céntrica plaza de Bibataubín. Fue a preguntas de los periodistas sobre la retirada del monolito: “Meterse ahí sólo sirve, por decirlo de alguna manera, para remover la mierda”, respondió Olalla.

Sus afirmaciones sólo trascendieron a última hora del lunes a través de la cadena Ser y ayer surgieron las reprobaciones. Y la edil se vio forzada a rectificar ante las críticas de IU y del PSOE, que solicitó su dimisión. Olalla matizó, en un comunicado, que sus declaraciones fueron desafortunadas y que pretendía decir que “estos temas no solucionan ni palian las injusticias que se cometieron durante la Guerra Civil y tras la misma”, sino que “remueven heridas y dividen a la población”.

Su rectificación no bastó a los restantes grupos. De hecho, PSOE e IU suspendieron una comparecencia conjunta que tenían previsto ofrecer con la representante de UPyD para pronunciarse contra el recorte de las asignaciones a los grupos municipales, que perjudica a los tres partidos de la oposición, pero apenas supone merma de los ingresos del PP.

La Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica (AGRMH) también condenó las declaraciones de la edil y las tachó como “provocación y un insulto a las víctimas del franquismo que dieron su vida por defender la justicia social, la igualdad y las libertades democráticas”. La AGRMH recordó a Olaya que, entre las 4.000 víctimas fusiladas en la tapia del cementerio, había muchos alcaldes y concejales de la corporación municipal de 1936, “antiguos compañeros suyos que se sentaban en los mismos sillones del Salón de Plenos que hoy ocupa ella”.

Público vía Google noticias


Bono y la Guerra…

julio 24, 2011
Yo, como tanta otra gente, como el mismo Zapatero al parecer, tuve un abuelo que fue militar republicano y una madre que aun llora cuando ve los reportajes sobre el alzamiento y la guerra. Una madre que cuenta y no acaba de una niñez de niña roja en la que sólo cabía la humillación. Así que además de las razones ideológicas que supongo que llevan a todas las personas de izquierdas, a todas las feministas también, a valorar lo que supuso la II República de esperanza, de igualdad, de justicia, por fin justicia para un país martirizado por la injusticia; además de esas razones, he vivido toda mi vida en la sombra de lo que pudo ser y no fue y en la sombra también de lo que el Régimen franquista hizo con las mujeres que pasaron de imaginar la posibilidad de ser libres e iguales a ser esclavas del marido, de la familia y del propio régimen.

75 años después del maldito alzamiento nacional, el Congreso de los Diputados es completamente incapaz de emitir una declaración institucional de condena del mismo, y de la dictadura casi eterna que padecimos como consecuencia de aquel. No es de recibo que el Presidente del Congreso de los diputados, el heredero de los presidentes anteriores y de los diputados asesinados, exiliados y represaliados por el franquismo, lea una declaración en la que iguala a víctimas y verdugos. Bono leyó una declaración inicua para las únicas víctimas: aquellos y aquellas que lucharon por la libertad y la democracia, y lo hizo con unas palabras del Presidente Manuel Azaña sacadas de contexto para apoyar una supuesta necesidad de reconciliación que a los perdedores de aquella guerra ya les impusieron a la fuerza. A estas alturas lo que hace falta no es reconciliación, ya pasó el tiempo de eso, no queda casi nadie vivo a quien culpar o a quien castigar, así que la reconciliación está de más. Los vencidos y sus herederos están de sobra reconciliados con sus vidas. Lo que ahora necesitan, lo que quieren y exigen y lo que es de justicia es que se reconozca que mientras que ellos dieron sus vidas por la libertad, la democracia y la justicia, los otros empuñaron las armas contra la libertad, la democracia y la justicia.

Pero he aquí que para el Presidente del Congreso todos son iguales, unos y otros, y así lo decía en su discurso: que como unos y otros murieron por sus ideales, todos merecen reconocimiento y perdón. Pues no, porque no son lo mismo unos ideales que otros. Decía Paul Preston el otro día en una entrevista que en España se pueden hacer afirmaciones respecto a la Guerra Civil que en otro país serían delito. Eso mismo está claro respecto a los ideales. Los “ideales” que defendía el llamado bando nacional hoy están proscritos en una democracia y muchos de ellos, efectivamente, son incluso un delito. Por el contrario, los ideales que defendían los republicanos son aquellos ideales que hoy son compartidos y valorados socialmente por casi todos menos por los añorantes del fascismo y de la dictadura. Por tanto, no es posible comparar a los que murieron por la libertad de todos con aquellos que murieron en una guerra provocada por ellos y que tenía el objetivo de acabar con las libertades y con la democracia.

Ya sé que Bono no es un añorante de la dictadura, pero un Presidente de un congreso democrático no puede en modo alguno igualar, o parecer que iguala, a los combatientes de uno y otro bando de aquella guerra. Es una afrenta de nuevo, otra más, a los que combatieron por la libertad, los que aún yacen en las cunetas y cuyos nombres no han sido reparados. Estoy, como mucha gente, harta de Bono. Y no sólo por esta enésima metedura de para sino por muchas de sus declaraciones y actuaciones en las que queda claro que representa a ese sector derechista que ha llevado al PSOE a su situación actual y de la que ahora parece que quiere salir. Espero que la renovación del PSOE acabe con la vida política de este señor, que se vuelva a su casa y que deje en paz a su propio partido y a sus sufridos votantes.

Beatriz Gimeno es escritora y expresidenta de la FELGT (Federación Española de Lesbianas, Gays y Transexuales)

El Plural:

http://www.elplural.com/opinion/bono-y-la-guerra/