La última fosa franquista… “Atado y bien atado”

noviembre 28, 2011

El próximo 24 de enero del 2012,  sentando al juez Baltasar Garzón en el banquillo de los acusados por prevaricación en el caso de las investigaciones contra los delitos cometidos por el FRANQUISMO y los más de 113.ooo DESAPARECIDOS,  se cavará la última FOSA FRANQUISTA, la  más grande de las  fosas jurídicas y de derecho internacional del mundo,  y que España tendrá el orgullo de ser el primer país democrático en negar y esconder complicemente a un “Criminal de Guerra” como Francisco Franco Bahamonde,  al mismo tiempo que se cometerá una injusticia no sólo contra el juez B. Garzón, sino contra todos los REPRESALIADOS y VÍCTIMAS del FRANQUISMO. ¡Una vergüenza!

¡Atado y bien atado!, tal y como demuestra el hecho de que España vaya a juzgar precisamente al magistrado que abrió las puertas para que los delitos contra los crímenes de lesa humanidad pudieran ser investigados y juzgados, y así evitar la impunidad de ésos crímenes cometidos por caudillos y dictadores, tal y como ya ocurrió por su gracia y trabajo en Argentina y Chile.

De nada valen las resoluciones y las invitaciones de la ONU,  Tribunal Penal Internacional y otros organismos a nuestro país para que estos delitos sean investigados y juzgados tal y como mandan las leyes internacionales, que por otra parte  nuestro país tiene firmadas y ratificadas como paladín y percursor del derecho internacional, eso sí, prevalece primero ante y sobre todas ellas la famosa Ley 47/1977 del 15 de Octubre también conocida como Ley de Amnistía de 1977, y que contrariamente al efecto que causa una ley de este tipo, consiguió amnistiar a todos los presuntos culpables, y los no tan presuntos, liberando de las cárceles hasta entonces franquistas a todos los inocentes y víctimas represaliadas por el régimen de Franco y sus atlátares,  perjudicándoles así, al negarles la posibilidad de reparación de las injusticias cometidas sobre ellos y sus familiares.

Eso no fue más que una grave consecuencia y factura de nuestra “Intransición democrática” que por otra parte podría implicar como delfín del Caudillo sátrapa a nuestro actual y coronado Jefe de Gobierno que tan fielmente juró fidelidad al Movimiento Nacional como a otros muchos políticos, jueces, fuerzas de seguridad, militares de entonces, etc, etc.

Con esta interpretación del  Tribunal Supremo que actúa a sendas instancias del sindicato Manos Limpias conjuntamente con la asociación Libertad e Identidad, los cuales solicitan 20 años de inhabilitación para el juez, sin que la Fiscalía del Estado acuse en esta causa. Con tod ello queda más que patente del corte fascistoide de ambas entidades,  y de las influencias actuales del fascismo en los órganos gubernamentales, jurídicos y asociativos de España, y que no son algo más que reminiscencias del pasado.

Se ha empezado a cavar la última fosa del franquismo con la cobardía de los políticos del país que teniendo la oportunidad de cerrar esta etapa legislando correctamente una Ley de Memoria Histórica que no fuera “ni chicha ni limoná” dejando más agujeros que las propias fosas y consiguiendo no contentar a nadie; en eso si que fueron unánimes, aprobaron una ley para la  Memoria Histérica que hasta la fecha ha demostrado su inoperancia y que ahora permitirá que el primer juzgado por los crímenes del franquismo sea precisamente el juez que quiso investigarlos y juzgarlos. Flaco favor al derecho, la verdad  y la justicia.

Nuestra historia no merece la medicación para la amnesia general y menos castigar a aquellos que se rebelan contra el olvido instaurado por el propio Estado y sus estamentos, nuestra historia no merece ser cercenada y obviada para que descansen aquellos cuyas conciencias se saben sucias por hecho, omisión o complicidad, nuestra historia no merece cimentarse en la mentira y el olvido, pero sobre todo nuestra historia no puede negar el derecho a las víctimas y familiares a la reparación.

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de la A. I. La Memoria Viv@

 


Garzón comenzará a ser juzgado por investigar el Franquismo el 24 de enero…

noviembre 28, 2011
juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón

Foto: EUROPA PRESS

MADRID, 28 Nov. (EUROPA PRESS) –

   El Tribunal Supremo comenzará a juzgar a Baltasar Garzón por un supuesto delito de prevaricación al investigar sin competencia los crímenes y desapariciones del franquismo el próximo 24 de enero, informaron a Europa Press fuentes jurídicas.

   Concretamente, el día 24 se ha citado a las partes para tratar las cuestiones previas a la vista (posibles peticiones de anulación por prescripción de los hechos o vulneración de derechos fundamentales) y el asunto se reactivará con el juicio en sí el 31 de enero, que será probablemente cuando se interrogue al juez suspendido de la Audiencia Nacional.

   La Fiscalía no acusa en esta causa (es la misma postura que mantiene en los tres procedimientos abiertos al titular del Juzgado Central de Instrucción número 5) , si bien el sindicato Manos Limpias, que concurre junto a la asociación Libertad e Identidad, pide que Garzón sea inhabilitado por 20 años.

DOS CAUSAS EN ENERO

   La cuestión a dilucidar ahora es si este juicio se celebra antes o después de que el alto tribunal dicte sentencia por la causa en la que se pide la inhabilitación de Garzón por permitir la intervención de las conversaciones telefónicas de abogados de la trama “Gürtel” con sus defendidos en prisión, fijada para el 17 de ese mismo mes.

   Si para entonces ya existe condena, Garzón sería expulsado de la Carrera Judicial y el juicio por la memoria histórica se celebraría en la Audiencia de Madrid.

   Por el momento, el juez instructor de las recusaciones que ha presentado Garzón contra la Sala designada inicialmente para juzgarle por “Gürtel” ha elevado el asunto a la Sala del 61, por lo que demorarse estos trámites aún cabe la posibilidad de que el juicio por investigar el franquismo se celebre el primero de todos, han informado las mismas fuentes.

   En su escrito de acusación, Manos Limpias sostiene que en todas sus actuaciones, el magistrado de la Audiencia Nacional “era perfectamente consciente de su incompetencia; de la retroactividad sancionadora que adoptaba; de la prescripción de los delitos que perseguía; del fallecimiento de víctimas y autores; de la creación de una causa general en contra de los principios de legalidad, culpabilidad y personalidad; de la inaplicación del derecho consuetudinario internacional, y de la infracción en suma de los más elementales criterios de legalidad”.

   Por ello, solicitan al Supremo que imponga a Garzón la pena de 24 meses de multa, a razón de 30 euros al día, así como 20 años de inhabilitación especial para empleo o cargo público, con pérdida definitiva del cargo que ostenta y de los honores que le son anejos, y con la incapacidad para obtener durante el tiempo de la condena cualquier empleo o cargo con funciones jurisdiccionales o de gobierno dentro del Poder Judicial o funciones jurisdiccionales fuera del mismo, así como al pago de las costas procesales producidas incluidas las de la acusación Popular.

   Según el sindicato –uno de las tres organizaciones que se querellaron por esta causa junto a la Falange de las JONS, que fue expulsada del procedimiento y la asociación Libertad e Identidad–, “el momento culminante de la antijuridicidad” cometida por el magistrado es su auto de 16 de octubre de 2008″ en el que, contra el criterio del fiscal, declaró la competencia de la Audiencia Nacional para la investigación y enjuiciamiento de los hechos denunciados por asociaciones de memoria histórica.

   Para Manos Limpias, todas las resoluciones dictadas por Garzón en la causa abierta en la Audiencia Nacional son injustas por infracción del ordenamiento jurídico-penal, al haber sido dictadas “en fraude de ley, eludiendo normas aplicables y procurando la aplicación de otras no procedentes”.

   Igualmente, la acusación alega que se resolvió la persecución de delitos manifiestamente prescritos, no se respetó el principio de legalidad, al dejar sin aplicar la Ley de Amnistía, y se incumplieron las normas de competencia establecidas por la Ley Orgánica del Poder Judicial y la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

QUIENES LE JUZGARÁN

   El pasado mes de junio, La Sala del 61 aceptó de recusación presentado por Garzón contra el presidente de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, Juan Saavedra Ruíz, y los magistrados Adolfo Prego, Joaquín Giménez García, Francisco Monterde y Juan Ramón Berdugo, designados inicialmente para juzgarle por estos hechos, al considerarlos “contaminados” al ser los mismos que admitieron a trámite la querella y por intervenir en la instrucción de la causa.

   Tras aceptarse este incidente, el Tribunal Supremo conformó un nuevo tribunal de siete magistrados en el que será ponente Andrés Martínez Arrieta. Completan la Sala enjuiciadora los magistrados de la Sala Segunda Carlos Granados, Perfecto Andrés Ibáñez, Julián Sánchez Melgar, José Ramón Soriano Soriano, José Manuel Maza Martín y Miguel Colmenero Menéndez de Luarca.

   La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha rechazado a más de la mitad de los testigos solicitados por el juez Baltasar Garzón para arbitrar su defensa en este juicio. No declararán ni expertos internacionales en jurisdicción universal ni el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza.

   La Sala únicamente consideró pertinente la declaración del propio Garzón y de una veintena de representantes de asociaciones de la memoria histórica. Autorizó además la testifical de los abogados de asociaciones de víctimas de la dictadura Fernando Magán y Joan Garcés.

http://www.europapress.es/nacional/noticia-garzon-comenzara-ser-juzgado-investigar-franquismo-24-enero-20111128192536.html


CON UN PICO Y UNA PALA…

noviembre 27, 2011

 

Con un pico y una pala abuelo  intentamos desenterrar el olvido, con un pico y una pala padre se exhuma la vergüenza de un país, con un pico y una pala tío se afloran las vidas pasadas, con un pico y una pala primo se destapa el olvido y la desmemoria.

Dame un pico y una pala madre  para poder buscar  la memoria de los olvidados, dame un pico y una pala abuela que te pueda devolver la paz; dadme un pico y una pala para  secar vuestras lágrimas, dadme un pico y una pala para equilibrar la balanza de la justicia, dadme un pico y una pala que asome la verdad sobre la falacia, dadme un pico y una pala para cerrar las heridas del pasado, dadme un pico y una pala para que pueda descansar por fin.

Qué lejos queda ya aquél  1 de abril del año 1939 que trajo con un escueto comunicado el final de la “Guerra Incivil española”. Queda tan lejano que ni los más viejos del lugar lo recuerdan ya. Se han ido entre partidas de dominó y silencios vergonzosos de café aquellos recuerdos dañinos que a base de la negación de su existencia parece que nunca existieron. Y ahora, cuando todo estaba tranquilo vienen estos desalmados con el pico y la pala para reabrir las heridas del ayer, ahora vienen éstos para remover la mierda que defecó el salvador golpe de Estado del año 1936, ahora vienen con el pico y la pala para ensuciar el buen nombre de aquél paladín de España que nos libró de las fauces del caos y el libertinaje, ahora vienen con el pico y la pala a ofender el buen nombre de Dios.

A quiénes les importan ya esos huesos casi deshechos, a quienes les importan ya que los muertos hablen aunque sea por boca de otros, a quienes  les importa ya que en España haya habido una guerra fratricida. Sólo les importa a ellos, a los del pico y la pala, a los rencorosos que no olvidan. ¡Dejad a los muertos descansar!

Con un pico y una pala abuelos se escriben vuestras historias, con un pico y una pala abuelos se recuperan vuestras existencias, vidas, con un pico y una pala abuelos se sentencian las injusticias pretéritas, con un pico y una pala abuelos se reescribe la verdad histórica de una nación por mucho que ella fuerce el olvido colectivo, con un pico y una pala abuelos te deslomas primero para después poder descansar en paz. ¡Descansad en paz todos aquellos que el pico y la pala todavía no ha conseguido liberar vuestro recuerdo! Nosotros seguiremos cavando con el pico y la pala para que no seáis olvidados nunca.

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de la A. I. La Memoria Viv@


Juan Pablo Fusi: “El Guernica no tiene una significación vasca”

noviembre 27, 2011

 

Recuerda que el lienzo fue un “encargo” de la República y por tanto “propiedad y patrimonio del gobierno español”.

nuevatribuna.es | | Actualizado 21 Noviembre

“El Guernica es un cuadro sin una significación explícita vasca y no gustó en su momento al gobierno vasco”, precisa el historiador Juan Pablo Fusi.

“Ni Guernica ni el Gobierno vasco no han tenido nunca nada que ver con el lienzo de Piccaso”, añade el historiador Santos Julia, y subraya que el Museo Reina Sofía podría ser “su lugar” y tiene “sentido” porque se exhibe junto a otras piezas que estuvieron presentes en el Pabellón español de París de 1937.

Los historiadores Juan Pablo Fusi, Santos Julia y Josefina Cuesta han participado este viernes en una de las mesas redondas, bajo el título ‘En torno al Guernica’, que se celebran en el Museo Reina Sofía para celebrar el 30 aniversario de la llegada del cuadro a España, y en las que se pretende reflexionar sobre la doble trascendencia política y artística de una obra considerada símbolo de la paz y denuncia de la violencia.

Con esta obra, Pablo Picasso había querido contribuir al Pabellón de la República española de la Exposición Universal de 1937 (París), alzando su voz contra la barbarie del totalitarismo.

Además, el Museo Reina Sofía celebra el treinta aniversario de la llegada del Guernica albergando un préstamo excepcional: el lienzo Femme assise dans un fauteuil (Dora) de Pablo Picasso, cedido por la Fondation Beyeler de Riehen/Basel (Basilea).

“NO ES UN CASO DE DEVOLUCIÓN”

En esta misma línea y preguntado por las recurrentes peticiones del PNV para que el cuadro se exhiba en la localidad de Guernica, el historiador Santos Julia alegó que no se puede considerar un caso de “devolución” como la dama de Elche o el Partenon.

“Ni Guernica ni el Gobierno vasco han tenido nada que ver en cuanto al lugar del cuadro. La única discusión posible es la supuesta voluntad de Picasso de que si volvía a España el lienzo se exhibiera en el Museo del Prado”, explicó a Europa Press Santos Julia.

El ‘Guernica’ fue realizado por Pablo Picasso en 1937, para ser expuesto en el Pabellón Español durante la Exposición Internacional del mismo año y su título alude al bombardeo de Guernica durante la Guerra Civil española por aviones alemanes y es una denuncia contra la violencia y los totalitarismos.

En este sentido y durante su intervención el historiador Juan Pablo Fusi describió cómo afectó la Guerra Civil al País Vasco y rechazó la idea de que el bombardeo de Guernica tuviera un “valor estratégico” para la guerra civil española. No obstante, subrayó que el Gobierno vasco utilizó este bombardeo para “rearmar la moral de sus ejércitos” .

Terminada la Guerra Civil y con la llegada de la democracia, finalmente en septiembre de 1981, el Guernica aterrizó en España y fue trasladado al Casón del Buen Retiro de Madrid. Desde 1992 el lienzo de 7.77 por 3.49 metros se exhibe en el Museo Reina Sofía, que se ha encargado de custodiar, mostrar, e interpretar esta obra.

Para el historiador Santos Julia, el regreso del Guernica a España, supone la vuelta del “último exiliado” y culmina un proceso de retorno de los exiliados y el final de la separación entre españoles.

REASIGNACIÓN DE SU CONTENIDO

Por ello ha subrayado que con su regreso de produce una “reasignación” de su contenido que sirve para significar “el fin y el horror de la guerra” y el establecimiento de la paz y recordó las palabras de Javier Tussell: “Es un signo vivo de la democracia y la libertad restauradas en nuestro país”.

Por su parte la historiadora Josefina Cuesta centró su intervención en analizar cómo veía la prensa extranjera a España tras la llegada del Guernica y recordó que nadie “daba un cuarto por la democracia española tan amenazada y atenazada” y que había una “desconfianza total” ante el futuro democrático de nuestro país.

En estas mesas redondas en torno al Guernica también participará, Timothy J. Clark, uno de los historiadores más influyentes de la actualidad, quien pronunciará dos conferencias sobre nuevas interpretaciones sobre Picasso y su obra. En la primera de ellas, ‘El pintor y su modelo’ el día 23, analizará las conexiones entre el artista y la monstruosidad, mientras que en ‘Otra mirada al Guernica’, el día 24, revisará la crisis del espacio público en la representación pictórica.

http://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura—ocio/2011-11-21/-el-guernica-no-tiene-una-significacion-vasca/2011112111261900927.html


Mi padre era verdugo…

noviembre 27, 2011

Los hijos de los últimos hombres que aplicaron la pena muerte con el garrote vil cuentan a EL PAÍS sus recuerdos sobre este oscuro oficio del franquismo. El primogénito de López Sierra, el ejecutor de Puig Antich, iba a heredar el empleo: “No me hubiera temblado el pulso

JUAN DIEGO QUESADA 27/11/2011

Cándido López

 
Cándido López, Kung Fu, el hijo mayor del último verdugo, Antonio López Sierra.- KIKE PARRA
 
Inés Sánchez

Inés Sánchez, hija de Bernardo Sánchez Bascuñada, verdugo de profesión, posa con una foto de ella y su padre.- FRANCISCO BONILLA
 

Con una bufanda al cuello, un sombrero que ganó bailando tango, chaquetilla ajustada, Cándido López se pasea por el barrio de Malasaña de Madrid con las manos en los bolsillos. Se para en esta taberna donde se juega al tute, en esta de aspecto añejo y en la otra de más allá. Dice que esta noche hay que hablarlo todo, en caso de que haya que hacerlo, porque de madrugada se irá a dormir a una pensión del centro de la ciudad y sabe Dios cuándo se despertará. Su existencia está marcada por el oscuro oficio de su padre, el último hombre que ejerció de verdugo en España. Ese hombre se llamaba Antonio López Sierra y en un maletín guardaba el garrote vil con el que ajustició a 17 reos. Pero esta historia no cuenta la vida del verdugo, ni la de sus años en prisión por el atraco a una gasolinera, pues ya se han escrito mucho sobre eso; sino más bien sobre el niño, su hijo, el que le veía irse de casa tras recibir un telegrama, cualquier día, a cualquiera hora, y le recibía al día siguiente cuando desprendía todavía un fuerte olor a coñac.

Los descendientes de los conocidos en la época como “ejecutores de sentencias” quieren pasar página en la mayoría de los casos. Reniegan de su pasado. Se cambian los apellidos, queman fotografías, periódicos viejos, la ropa guardada en el armario. Entran en un proceso de exorcismo con el que cerrar para siempre un capítulo de su vida. Ese intento lo llevó a cabo la familia del verdugo que ejecutó en 1974 al anarquista Salvador Puig Antich. Su nicho en el cementerio de Carabanchel se había convertido en una especie de lugar de peregrinaje morboso para curiosos, policías y nostálgicos del régimen de Franco, convencidos de la eficacia del ojo por ojo. Cándido López (Badajoz, 1949) y una hermana, cuenta él, incineraron el cadáver de su padre cuando se cumplió el décimo aniversario de la muerte. Con el tiempo, Cándido se ha propuesto recuperar su memoria.

-Mi viejo parecía un tipo muy duro, pero te aseguro que siempre iba borracho cuando tenía que ejecutar a alguien. Era un trago hacer eso.

Uno de los primeros recuerdos que tiene Cándido es el de su familia criando borregos en Badajoz. Su padre, nacido en 1913, acababa de regresar de Alemania, donde trabajó como barrendero. Fingió padecer sífilis para que le pagasen el viaje de vuelta a casa. Cuidar el ganado no daba para mucho en esa España hambrienta, y López Sierra completaba el jornal con el estraperlo y los timos en las ferias. Lo hacia junto a Vicente Copete, un compadre que a la larga también se dedicaría al mismo oficio. Fue en esas fechas cuando un policía secreto le preguntó que si tenía valor para ser verdugo. Él contestó: “Me da lo mismo que sea verdugo, que sea lo que sea, mientras me dé de comer”.

Así se contrataba a los encargados de aplicar la pena muerte en la España del dictador Francisco Franco, previa inscripción en el Ministerio de Justicia. Se ejecutaba a los reos mediante el garrote vil, un collarín de hierro que servía para asfixiar y quebrar el cuello del condenado. Los secretos del oficio se transmitían de un verdugo a otro, sin ningún tipo de escuela ni formación. No es que hubiese cola para ingresar en el cuerpo. Más de uno se apuntó para recibir un sueldo mensual en una época de muchas penurias, con la idea de que nunca tuviese que llegar el momento de tener que hacer una ejecución.

López Sierra aprendió lo más elemental de un verdugo andaluz, un hombre de misa diaria que escribía poesía. A partir de ahí, sus viajes a Madrid se sucedieron. “Yo lo veía coger el tren, con su maletín. Estaba muy nervioso cuando se iba. Le pedía que me trajese balones de fútbol de reglamento”, rememora Cándido. ¿Sabía adónde iba? “Claro, en mi casa nunca se ocultó. Alguien tenía que hacerlo, ¿no? Daba garrote a asesinos, no a pobres gentes”. La realidad es que tanto los reos como los verdugos solían pertenecer a los que vivieron la miseria de la posguerra, a los que que se ganaban la vida como podían. En ocasiones, tan solo el azar había colocado a uno y a otro en cada lado, a uno con la capucha y a otro manejando el garrote, como si la pena de muerte fuese un asunto estrictamente entre los desfavorecidos.

La familia de López Sierra se instaló a finales de los cincuenta en la capital, más concretamente en Carabanchel. Cándido recuerda haber recorrido con su padre las comisarías para hablar con los policías sobre los casos abiertos, haber ido a los juzgados a cobrar el sueldo, haber leído los dos juntos el periódico en busca de los crímenes más horrendos. Para él fue lo normal. Era un juego de buenos y malos. Tiene recuerdos de pasear orgulloso con su padre por la calle. Le llamaban “el hijo del Guillotinas” y más tarde, Kung Fu, por el pelo largo que gastaba. López Sierra, según reconoció en vida, soñaba en ocasiones con los agarrotados, pero su hijo no recuerda un sentimiento de culpa o vergüenza en él (“hay que ser muy duro de corazón”, se le oyó decir al verdugo).

¿Hubiese heredado el oficio? “Sí, y no me hubiese temblado el pulso. Estaba preparado”, responde Cándido sin vacilar. Su padre, en cambio, sí tembló en ocasiones. En 1959 tuvo que agarrotar a Pilar Prades, la envenenadora de Valencia, cuando esta apenas era una chiquilla. Se le acusaba de haber asesinado con matahormigas a Adela Pascual, dueña de una chacinería, en cuya casa servía de doméstica. López Sierra se negaba a ejecutar a la mujer. Estaba previsto que el ajusticiamiento se hiciera a las seis de la mañana, pero se retrasó un par de horas a la espera de un indulto que nunca llegó. A la hora de la verdad tuvieron que arrastrar hasta el patíbulo al verdugo, que para entonces estaba ya borracho. Al llegar a casa, Cándido recuerda una confesión de su padre, aún muy impactado: “Es lo más tremendo que he hecho en mi puta vida. Peor que matar a 100 hombres”.

Esa imagen contrasta con el perfil que dibujan otros que le contemplaron dar muerte. El primer reo ejecutado por López Sierra fue Ramón Oliva Márquez, El Monchito. Un psiquiatra asistió para elaborar un informe que reveló el carácter infantiloide del condenado por el asesinato de Juana Arribas García, de 42 años. Ese mismo día había Consejo de Ministros y se esperaba también el indulto. Hubo un ruido que la gente identificó con el tubo de escape de una moto que llegaba con el telegrama, pero El Monchito advirtió que se trataba de una cañería rota. López Sierra, a continuación, manejó con poca pericia el garrote. La muerte se alargó angustiosamente más de 20 minutos y el psiquiatra dijo que la actitud del verdugo fue parecida a la de Manolete ante un toro muerto en Las Ventas, como si estuviese brindando la pieza.

Este salvaje procedimiento acabó una vez muerto Franco. La pena capital se abolió al llegar la democracia. López Sierra asimiló entonces el oficio de su esposa y se convirtió en el portero de un edificio de la calle de Monteleón, en el barrio de Malasaña (Madrid). La familia se instaló en el bajo. El exverdugo tiraba las bolsas de basura, recibía el correo. Ocultó a casi todo el mundo su antiguo oficio, excepto a un asturiano propietario de una taberna al que con el tiempo regaló un encendedor Zippo que el hombre aún conserva. Se sinceró también con el dueño de la finca, quien guarda un buen recuerdo de él: “Fue siempre un hombre muy correcto. Me dijo que me contaba su secreto antes de que me enterase por otra gente. Sencillamente, fue un señor al que le tocó hacer lo que tenía que hacer en su tiempo”.

Una vez que murió López Sierra en 1986 y cuando años más tarde ocurrió lo mismo con su esposa, Cándido, un hijo de vida desordenada, rebelde, se quedó a vivir en la portería. Las quejas de los vecinos fueron constantes por su comportamiento, hasta que hace seis años lo desalojaron tras varias advertencias.

No resulta sencillo cuadrar las fechas en la biografía de Cándido. Tuvo que buscarse otra forma de ganarse la vida. Fue camarero. Estuvo casado y tuvo una hija, con la que apenas tiene trato. Se separó. Su vida fue cuesta abajo. Durmió seis meses en la calle hasta que hace dos la Comunidad de Madrid lo alojó en una pensión de la plaza de Tirso de Molina. Se alimenta en un comedor social y recibe ropa de las monjas. Pasa las mañanas en un centro de día para gente sin techo, y las tardes, de bar en bar junto a la glorieta de Bilbao. “Nunca me verás pedir limosna”, dice dejando traslucir una muestra de orgullo, ese mismo que muestra cuando baila agarrado a alguna mujer en la pista de las salas de fiestas o cuando se encara a las cámaras de fotos con gesto desafiante.

Conserva unas instantáneas de su padre, su pasaporte, documentación, una nómina. Como si fueran reliquias. Todo eso lo guarda en su apartamento el tabernero asturiano, un amigo inseparable de López Sierra en su día y del hijo de este hoy. Con ese material y más recuerdos que se guarda para sí quiere publicar un libro. Su hermana se ha desentendido de todo. No quiere saber nada del asunto. Abomina del oficio que tuvo su padre. Pero Cándido está convencido de la necesidad de rescatar su recuerdo. ¿Tendría algo que decirle a los hijos de algún ejecutado? “No. Mi viejo no dictaba sentencias, eso lo hacían los jueces. No tengo que pedir perdón a nadie”.

Cándido cree recordar que cuando murió su padre, estando él en Ibiza, un familiar quemó el manuscrito de una autobiografía que había escrito López Sierra con la ayuda de un periodista. En esa hoguera ardió una parte, aunque fuese pequeña, de la historia criminal y judicial del franquismo. El que quiera llegar a conocer las entrañas del último verdugo español tendrá que indagar entre humo.

El verdugo andaluz que fue su maestro se llamaba Sánchez Bascuñana (Carrión de los Céspedes, Sevilla, 1905). Vivía en un patio de naranjos y cipreses del barrio del Albaicín de Granada. Fue el verdugo titular de la Audiencia de Sevilla entre 1949 y 1972, el año de su muerte. Dejó huérfana a una niña de cuatro años. La madre de la pequeña se murió seis años después. Se quedó a los diez años a cargo de unas tías que la ingresaron en un internado. Desde siempre pensó que su padre era guardia civil (lo había sido con anterioridad). Tenía recuerdos borrosos de jugar en su regazo, de su sombrero de ala, la pajarita, de su espíritu místico. Se había construido una imagen ideal de él. De adolescente discutió con una de sus tías y esta le soltó: “Eres tan criminal como tu padre”.

Con esa frase retumbando dentro de ella, Inés Sánchez, como se llama esa niña, consultó a un amigo de la familia. “Tu padre fue verdugo”, le dijo, “y, de hecho, grabó una película”. Pasó los siguientes años buscando esa cinta sin éxito. No había Internet y nadie que conocía recordaba el nombre del filme. Le atormentaba que el recuerdo que tenía sobre el hombre religioso, cariñoso, que conoció no fuese compatible con el oficio que tuvo. Descolgó el teléfono para contactar con un hermanastro, hijo de un primer matrimonio de su padre. “No quiero saber nada de eso. Lo tengo olvidado. No quiero que mis hijos sepan a qué se dedicaba su abuelo”, le cortó en seco.

Sin la ayuda de su hermanastro, Inés descubrió al fin que esa película era Queridísimos verdugos, de Basilio Martín Patino. Este le facilitó una copia de un filme grabado en 1973 en la clandestinidad y exhibido en los cines cuatro años después, una vez acabada la dictadura. Su testimonio lo recogió en una muestra exhibida en un centro de exposiciones. Su padre aparece como un hombre amigo de payos y gitanos, que va saludando por la calle al que se cruza. Odia que le llamen verdugo: “Somos administradores de justicia. Yo no mato a nadie, lo mata la justicia”.

Sánchez Bascuñana era un fiel creyente en la otra vida: “Son momentos graves (el de la ejecución), difíciles, tan graves, que yo envidio al que traspasa los umbrales de la eternidad. Dichosos los que nos quedamos, porque esta vida es un valle de lágrimas”. Inés Sánchez, una vigilante de seguridad de 43 años, fue recabando más opiniones y anécdotas sobre gente que conoció a su padre, un tipo de misa diaria, impulsor de dos cofradías, rapsoda de versos bíblicos. “No me cuadraba que él se dedicara a eso, pero he descubierto que él sufría siendo verdugo y ese sufrimiento se lo llevó a la tumba”, cuenta la hija de Bernardo. Ya le ha revelado el secreto familiar a un hijo adolescente y hará lo mismo con una hija pequeña cuando crezca un poco.

Con su identidad resuelta, Inés se siente más cómoda dentro de su piel: “No juzgo a mi padre. No soy nadie para hacerlo y quien lo haga es un hipócrita. Sé que era un hombre bueno. Yo estoy orgullosa de él, es historia de España. Es miserable esconderlo”. Bernardo Sánchez colocaba siempre una capucha al condenado para que su rostro no fuese lo último que viese antes de cerrar los ojos. El verdugo le pedía que rezara el credo y ponía en marcha el mecanismo del garrote en medio de la oración. “Todos somos reos o verdugos aún hoy. Así es este mundo”, apuntilla su hija Inés.

http://www.elpais.com/articulo/reportajes/padre/era/verdugo/elpepuesp/20111127elpdmgrep_9/Tes


El pendiente que guardó la memoria de María…

noviembre 27, 2011

Por

La sortija hallada en una fosa contribuyó a identificar a la víctima que la portaba. Josefina Alonso tenía la pareja del pendiente que su hermana dejó en casa por casualidad justo antes de que la fusilaran. Un documental de Clemente Bernard acaba de rescatar esta historia.

Cada vez que se abre una fosa común del franquismo sale a la luz una cantidad ingente de información. Los testimonios quedan verificados gracias a detalles como la posición de los restos humanos o los objetos que se localizan en estos enterramientos. El recuerdo de un familiar o del propio enterrador coincide con las evidencias que encuentran los técnicos que trabajan a pie de fosa y, a partir de ese momento, el trabajo forense se facilita en gran medida. De ahí la gran importancia de los testimonios orales.

El caso de María Alonso Ruiz, presidenta de Unión Republicana en La Bañeza (León) , paseada el 10 de octubre de 1936, ha llegado a nuestros días a través del relato de Josefina, su hermana pequeña, víctima de los abusos de las autoridades franquistas durante años por pertenecer a una familia de izquierdas. La memoria de Josefina incluye episodios oscuros de los que habla, 75 años después, con normalidad pero con una intermitente voz quebrada. El impulso definitivo para desempolvar su relato fue dar a su hermana una sepultura digna.  Esto sucedió el 10 de abril de 2010, un año y medio después de que comenzara la exhumación de los restos de los 10 fusilados de Izagre, entre los que se encontraba Maria. Hasta entonces, a esta bañezana nacida en 1921 le atormentaba no poder cumplir el deseo de su madre: regresar de nuevo a casa con su hermana.

Sortija de María Alonso con la que su hermana Josefina se hizo un anillo

Sortija de María Alonso con la que su hermana Josefina se hizo un anillo

“Un sábado la llevaron a declarar, y al salir nos miró a mi madre y a mi poniéndose el dedo en el cuello y haciendo como que se lo
cortaba”, recuerda Josefina. Ese fue el modo en que su hermana mayor le traslado su inminente destino: la muerte.

El día que María salió de casa por última vez tenía una herida en el lóbulo de la oreja y no pudo ponerse los dos pendientes que acostumbraba llevar. “Ponte uno solo”, le sugirió Josefina. Obedeció, y la pareja del pendiente se quedó en casa. Ese gesto tan cotidiano y sencillo permaneció intacto en la memoria de Josefina. “La fusilaron llevando solo un pendiente y siempre pensé que se lo habrían robado”. Pero no fue así. La joya apareció en la fosa conocida como la de los bañezanos de Izagre el 4 de septiembre de 2008.  Los técnicos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica llamaron a Josefina para hablarle del hallazgo. “Solo hemos encontrado un pendiente, no está la pareja”, le advirtieron. “¡Y cómo iba a estar si lo tenía yo!”, recuerda emocionada.

“También estaban sus gafas y,  por el tamaño de los huesos, los forenses decían que con seguridad se trataba de una mujer”

Con el pendiente que María dejó en casa antes de que la fusilaran, su hermana pequeña se hizo un anillo y, con esa sortija modificada que nunca se quitaba, puso rumbo a Izagre. “Me acaban de operar de cataratas y apenas veía”, puntualiza.
La emoción embargó a todos los que allí se econtraban cuando Josefina llegó con su joya y comprobaron que se trataba del mismo pendiente hallado en la fosa. Era  María. “También estaban sus gafas y, por el tamaño de los huesos, los forenses decían que con seguridad se trataba de una mujer”. No había lugar a dudas.

MEMORIA FILTRADA

Josefina, que ha interrumpido su lectura del último libro de Paul Preston, El Holocausto español, para contar al otro lado del telefono su experiencia, se emociona en este punto. Su historia la ha contado muchas veces. La comparte con todo aquel que se la pregunta. Uno de los primeros en hacerlo fue el historiador José Cabañas, autor de La Vorágine de Junio, el libro que ha documentado lo sucedido en esa comarca leonesa los días posteriores al golpe de estado de Franco contra la II Republica.

La memoria de Josefina tiene unas  lagunas forjadas por el dolor y la obligación de tener que sostener un discurso contrario a lo que sentía cada vez que salía a la calle. Su hermano pasó varios años escondido en la vivienda familiar, y las autoridades franquistas les hacian registros en los que nunca llegaron a encontrar nada. “Aun asi te ponian multas de 1.000 pesetas”, rememora. Sin embargo, de la filiación política de su hermana poco o nada recuerda. “Tenia un amigo que sí estaba metido en política, pero ella no, si acaso ayudaba como secretaria del partido”.

 

Las investigaciones que hacen los historiadores a menudo contradicen este tipo de testimonios. En el caso de María Alonso, José Cabañas rescató del sumario 151/36 -incoado por “los sucesos de La Bañeza los días de julio”- la declaración en la que María confesaba su cargo de presidenta de Unión Republicana.

TEMOR POR LOS DEMÁS

Hoy en día, con unas elecciones generales que han cumplido con todos los sondeos que pronosticaron la vuelta de la derecha al Gobierno, la incertidumbre se apodera de Josefina y siente lastima por todas las víctimas que aún quedan por desenterrar. Se congratula de su suerte por tener a su hermana “en casa” pero teme que no se sigan abriendo las fosas y cunetas que todavía albergan a miles de desaparecidos. “Me volvía loca pensando que mi hermana estaba bajo una carretera. Sacarla de allí fue un milagro. Son personas, no animales como quiso Franco que fueran. Ahora siento que mi herida se ha curado”.

La historia de estas dos hermanas es parte protagonista del proyecto que se estrenará el próximo 12 de diciembre en Pamplona: Donde habita el olvido, un libro [Desvelados] y un documental [Morir de sueños] en el que el fotografo Clemente Bernad ha reflejado  los relatos del horror en las fosas comunes del franquismo.


Ciudadanos a su pesar…

noviembre 27, 2011

 

 

 nuevatribuna.es | Pedro L. Angosto | Actualizado 23 Noviembre

 

Mucho se ha escrito en estos últimos tiempos sobre la magnífica transición de la tiranía a la democracia…

Mucho se ha escrito en estos últimos tiempos sobre la magnífica transición de la tiranía a la democracia protagonizada por el pueblo español a mediados de los setenta. Se dice que no fue tanta la gente que se movilizó contra el tirano en sus últimos años de existencia, que fueron unos pocos miles de ciudadanos quienes salieron a las calles exigiendo libertad, que el miedo seguía guardando la viña. En la parte que uno conoce, así fue pese a que era cierto que en aquellos años había ciudades –como afirmaba Joaquín Estefanía- que estaban completamente controladas por los sindicatos y que el miedo de los últimos mandatarios franquistas a lo por venir en aquella situación de incertidumbre se aproximaba más al pánico que a otra cosa, circunstancia que ni mucho menos se supo aprovechar adecuadamente, tal vez por el sufrimiento acumulado a través de décadas.

Sin embargo, para quien no estuviese implicado de algún modo en aquella resistencia es muy difícil explicar el trabajo que costaba movilizar a unos cuantos cientos de personas para protestar contra la explotación, contra la tortura generalizada en las comisarías y cárceles, contra los asesinatos -650 entre 1976 y 1982- o contra la brutal represión callejera. Sólo cuando el muerto, el torturado o el lisiado era de la “familia” o del “gremio” -estudiante, trabajador de tal sector, abogado laboralista, etc.-, además de los de siempre, se atrevían a salir a la calle algunos timoratos, que eran la mayoría de las personas que habitaban España. El timorato, el indolente, el apolítico fue el producto más logrado del franquismo, un individuo moldeado por una represión como nunca había conocido este país, que impregnó a varias generaciones y se extendió como la mala yerba, llegando frecuentemente los miembros de esa triste cofradía, en su fase última, a sufrir el síndrome de Estocolmo, o sea la adoración hacia aquellos que habían matado a sus amigos y parientes, hacia quienes les habían castrado haciéndoles vivir fuera de su tiempo, hacia quienes les habían convertido en “gallinas ciegas”, según la maravillosa novela de Max Aub. Y, que nadie se engañe, ese producto fruto de la represión salvaje, votó franquismo en 1976, volvió a votar franquismo en las primeras generales en la persona de Adolfo Suárez -un hombre que después supo comportarse dentro de un orden, mostró una habilidad política considerable y fue devorado por sus propios colegas impidiendo la formación de un partido de derecha moderno-, repitió su gesta en 1996 y lo ha hecho de nuevo ahora, inmersos en una crisis que se puede llevar por delante muchos de los derechos de todos, derechos que jamás fueron del gusto de la gente del movimiento.

Entre 1970 y 1982, con baches notorios, la movilización de los ciudadanos españoles para reconquistar sus inalienables derechos ciudadanos, civiles, sociales y económicos fue creciendo, explotando definitivamente durante los meses que van desde el golpe de Estado de febrero de 1981 al triunfo socialista de octubre de 1982. Aquella noche otoñal, tan opuesta a ésta, lo digo como lo siento, como lo vi, España, de punta a punta pareció recuperar el esplendor ciudadano, la euforia incontenible, la alegría indescriptible de otro día lejano, ilusionado y primaveral cercenado de raíz por la fuerza de los señores de la oscuridad. La entrada en la OTAN, tras aquel referéndum con doblez, fue la primera señal de que el pragmatismo se impondría a la ilusión y al deseo. No obstante, durante aquellos años España progresó en “casi” todos los aspectos como nunca antes lo había hecho

Hoy, pasados treinta y cuatro años desde las primeras elecciones, han cambiado mucho las cosas, sobre todo económicamente. El país es mucho más libre, mucho más abierto, mucho más de su tiempo y más rico: Lo sigue siendo aunque no sabemos por cuanto tiempo. Empero, en el camino se han dejado cosas y si España hoy vive en el tiempo que le corresponde –bien es verdad que eran muchos los problemas que había que resolver- nos olvidamos de aquel perfecto producto franquista, del timorato, del indolente, del gañán, del apolítico, que con fuerza reapareció en nuestros ruedos hace dos décadas – de la mano de Aznar López- porque la nueva democracia española, con sus pactos, con sus ataduras, con sus compromisos de silencio, con su “mejor no meneallo”, no se atrevió a acometer una de sus principales obligaciones: suprimir a ese tipo de individuo fruto del franquismo, y cuando hablo de suprimir hablo de educación. La democracia española de 1978 no quiso emprender la reforma educativa laica y librepensadora que había tenido lugar en la mayoría de los países de nuestro entorno a principios del siglo XX, ni se atrevió entonces ni, desde luego, lo va hacer ahora cuando la derecha neofranquista y nacionalista ha recogido la cosecha y controla todos los poderes para utilizarlos, como siempre hizo, contra el progreso y la justicia social.

El resultado no puede ser más desalentador, niños que se saben los himnos fascistas y votan compulsivamente cuando les llega la edad y quieren; mayores sin la más mínima conciencia política o social que admiran a quienes les van a hacer la vida imposible destruyendo conquistas de siglos; ciudadanos que votan consciente y orgullosamente listas llenas de imputados en delitos de corrupción, en robos y todo tipo de fechorías. Y lo que es más grave, la perdida de referentes que no descansen en la confusión entre valor y precio, en el dinero o en el apoliticismo superficial, que al final deriva irremisiblemente en un conservadurismo individualista e insolidario que afecta a todos los aspectos de nuestras vidas.

Esto sucede hoy en nuestro país, y la explicación, al menos para quien esto escribe, no estriba en las ofertas políticas de tal o cual partido, sino en ese residuo franquista que dejó sus raíces bien profundas y, sobre todo, en que el crecimiento económico y la mejora de las condiciones materiales de vida de los españoles –ni de lejos- fue acompañado por una elevación cultural paralela. Hoy, como hace décadas, son muchos los españoles que se siguen sintiendo orgullosos de cuanto ignoran, que tocan el claxon a la mínima para soliviantar al otro, que gritan, descalifican e insultan con rabia al que se atreve a llevarles la contraria en el bar de la esquina después de soltar un mitin irracional que nadie solicitó escuchar. Al mismo tiempo que se fue llenando la despensa, se tuvo que llenar la conciencia cívica de los españoles. No se hizo, todavía se puede hacer pero la empresa, dada la gravedad del daño, requiere todos los recursos de que se dispongan y más, empezando por dedicar todos los dineros públicos a preparar pedagogos vocacionales capaces de inculcar esos valores olvidados y a crear centros educativos laicos que no diseñen sus curriculum exclusivamente por criterios economicistas, esos que tan insistentemente piden “los mercados” y defienden a capa y espada nacionalistas castellanos y periféricos, afanados como están en destruir todo lo que suene a bienestar social y a igualdad de oportunidades.

Después de lo que llevamos a nuestras espaldas, es indudable que este es un país fuerte, incluso indestructible por masoquista. Aguantó a la Iglesia, a Fernando VII, a los carlistas, a Isabel II, a Cánovas y su tropa, a Sabino Arana y la suya, a Primo de Rivera, a la CEDA, al franquismo, a Aznar y el ladrillazo, a los bancos y al palurdismo inyectado en vena, y ahora, cuando muchos estábamos convencidos de que los fantasmas habían desaparecido, comprobamos, al mirar atrás, que nos hemos convertido en estatuas de sal al haber permitido pasar de una dictadura brutal a una democracia que dejó en el olvido su nuestro pasado y su principal misión: formar ciudadanos capaces de discernir, de distinguir siquiera cual es la diferencia que hay entre valor y precio, entre dignidad y servilismo, entre ética y falsía.

http://www.nuevatribuna.es/articulo/espana/2011-11-23/ciudadanos-a-su-pesar/2011112318540800357.html