El derecho a la memoria…

enero 20, 2012

 “No basta que callemos, y además no es posible…” Luis Rosales.

Vivimos en un extraño país en el que resulta más cómodo ser verdugo, que juez o víctima. “Aquí nunca se hará justicia…” Las mañanas de algunos sábados de mi infancia subíamos, como muchos madrileños, a la Sierra de Madrid, a Guadarrama, a Cercedilla, en busca del frescor y el oxígeno que la capital nos negaba. Nosotros siempre llegábamos más tarde que los demás porque mi padre daba un tremendo rodeo para evitar pasar por El Valle de los Caídos (Cuelgamuros lo llamaban ellos…). Atrás dejábamos aquella cruz que se cernía amenazadora sobre el paisaje, y que ensombrecía el rostro de mi abuela y hacía que mi padre masticara entre dientes frases que yo no lograba descifrar. “Aquí nunca se hará justicia…” de esa frase sí que me acuerdo. Y de que mi abuela me apretaba la mano con fuerza mientras su mirada triste se perdía por caminos que conducían a un antiguo dolor, a una cicatriz que yo heredé más tarde cuando supe por qué nunca visitábamos aquel lugar, ni siquiera de paso…

Los derechos humanos no prescriben en la memoria de los que han sufrido ni de aquellos, que amándolos, los han visto sufrir. Las lágrimas de mi abuela, los juramentos contenidos de mi padre, las viejas fotos donde mi abuelos y mis bisabuelos sonríen ajenos a todo lo que se les venía encima, y las miles de historias, los miles de rostros desconocidos que sufrieron durante décadas la humillación, el silencio, la sinrazón, la barbarie, la venganza programada y sistemática, no prescriben.

Los niños judíos con su pijama de rayas mirando entre las rejas de los campos de concentración, no prescriben. Las caravanas de exiliados cruzando las fronteras arrastrando penas y maletas, no prescriben. Los presos torturados esperando la muerte en celdas nauseabundas, no prescriben. Los niños arrancados de sus madres y entregados a familias afectas al régimen de turno, no prescriben. El miedo cocinado a fuego lento durante años no puede prescribir. Pasemos página, sí, dejemos descansar a los muertos, sí. Pero leamos todos juntos la página para poder pasarla, con tolerancia, con respeto, con compasión y empatía por los que han sufrido; y luego, que cada uno descanse todo lo en paz que le permita su conciencia.

Textos : Marisa de la Peña

Por

Listados del Auxilio Social…

enero 20, 2012

Listado de documentos de altas y bajas del Auxilio Social el cual podéis seguir en el enlace adjunto proporcionado por Memoria Pública del diario Público.es:

http://www.publico.es/especial/memoria-publica/documentos/19/auxilio-social


22 testigos en el juicio sobre el franquismo…

enero 20, 2012
20.01.12 – 00:44 –
M. BALÍN | MADRID
 
Finalizado el juicio por las escuchas del ‘caso Gürtel’ la siguiente parada se llama ‘memoria histórica’.
 
El próximo martes arranca la segunda vista oral en el Tribunal Supremo contra Baltasar Garzón, ahora por investigar las desapariciones de republicanos durante el franquismo. Será con el trámite de cuestiones previas, porque la declaración del acusado y de los testigos no comenzará hasta una semana después.
Garzón, acusado de prevaricación en esta causa, por la cual las acusaciones populares (Manos Limpias y Libertad e Identidad) le piden 20 años de inhabilitación, será interrogado el 31 de enero. Un día más tarde y hasta el 13 de febrero comparecerán los testigos propuestos por la defensa del juez. Serán 22 personas provisionalmente.
La mayoría son miembros de asociaciones de la ‘memoria histórica’ de toda España. Sus procedencias son muy diversas: Ávila, Tenerife, Aragón, Pontevedra, Mallorca, Valencia, Granada, León, Málaga, Valladolid, Cádiz o Salamanca.
También declararán dos abogados relacionados con esta causa y los derechos humanos, Fernando Magán y Joan Garcés. Por su parte, la acusación popular solo ha pedido la declaración de Garzón como acusado.
En el caso de la defensa del juez suspendido, ejercida por el abogado Gonzalo Martínez Fresneda, la sala rechazó en diciembre del 2010 la declaración del exfiscal Carlos Jiménez Villarejo, la fiscal de la Corte Penal Internacional Carla del Ponte o el juez chileno Juan Guzmán.
Dijo entonces el alto tribunal «que no es necesaria su comparecencia porque su opinión jurídica es ya conocida».

http://www.larioja.com/v/20120120/espana/testigos-juicio-sobre-franquismo-20120120.html


Caso Garzón: nadie debe ser juzgado por investigar violaciones de derechos humanos…

enero 20, 2012

El Tribunal Supremo debe tener en cuenta en el proceso las obligaciones de derecho internacional que pesan sobre España

Madrid.- El próximo 24 de enero comienza en el Tribunal Supremo el proceso judicial contra el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, en el que se persigue penalmente al magistrado, actualmente suspendido, por haber iniciado una investigación sobre violaciones a derechos humanos cometidas durante la guerra civil y el franquismo.

Amnistía Internacional considera escandaloso que un magistrado sea juzgado por buscar la justicia, la verdad y la reparación para las víctimas y los familiares de una violación masiva de derechos humanos. La investigación de los abusos contra los derechos humanos es una obligación de derecho internacional para el Estado español, incluyendo el Poder Judicial en su conjunto.

Al juez de la Audiencia Nacional se le acusa de un presunto delito de prevaricación por haber abierto una causa en la Audiencia Nacional para investigar la desaparición forzada de 114.266 personas entre el 17 de julio de 1936 y diciembre de 1951. A Garzón se le acusa, entre otras cuestiones, de no aplicar a sabiendas  la Ley de Amnistía de 1977 en la instrucción del caso.

Amnistía Internacional considera irrelevante que la investigación del juez Garzón infringiera o no la legislación nacional española, ya que es justamente la Ley de Amnistía de 1977 la que impide iniciar procesamientos por delitos de derecho internacional, la que supone un incumplimiento de las obligaciones contraídas por España en virtud del derecho internacional. Para la organización, jamás puede considerarse como delito la investigación de violaciones de derechos humanos, aún si para ello es necesario dejar de lado una ley de amnistía u otras normas relativas a la prescripción de los delitos.

Además, es profundamente preocupante la dilación que ha sufrido la investigación de los crímenes de desaparición forzada durante la guerra civil y el franquismo. Una de las investigaciones de Amnistía Internacional actualmente en curso, cuyas conclusiones definitivas se harán públicas este año, parece evidenciar que al menos cuatro procesos de investigación de dichos crímenes se han visto postergados y su avance ha sido condicionado a la decisión final por parte del Tribunal Supremo en la causa contra Garzón.

Tal investigación parece demostrar asimismo que los criterios utilizados para fundamentar los cargos contra el juez han sido esgrimidos por juzgados territoriales que investigaban los crímenes cometidos durante el franquismo para archivar masivamente los procedimientos. La organización considera que este hecho está afectando de manera grave los derechos de las víctimas y sus familias. 

Por otra parte, Amnistía Internacional urge a las autoridades españolas a que centren sus esfuerzos en revelar la verdad de los millares de desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y actos de tortura cometidos durante el franquismo y en proporcionar reparación plena a las víctimas y a sus familias..

En consecuencia, Amnistía Internacional insta al Tribunal Supremo a que se pronuncie en línea con las obligaciones de derecho internacional que pesan sobre España, aplicando los tratados internacionales suscritos por este país que prohíben la aplicación de la amnistía o la prescripción a los delitos de derecho internacional, entre los que figura la desaparición forzada de personas.

Información adicional

Los hechos que se cometieron durante la Guerra Civil española y la dictadura franquista eran ya reconocidos como crímenes de derecho internacional en el momento de su comisión.

Los efectos legales que se derivan de la condición de crímenes de derecho internacional son, entre otros, la imprescriptibilidad de la acción penal y la prohibición de aplicar amnistías o indultos a las personas responsables de tales conductas, hasta tanto se haya celebrado un proceso judicial independiente e imparcial donde se dilucide plenamente la verdad de los hechos y se diriman las responsabilidades penales correspondientes. 

La Ley de Amnistía de 1977 y otros mecanismos de impunidad han sido invocados expresamente para perseguir a un juez que ha intentado dar respuesta a víctimas de desaparición forzada y sus familias. El Comité de Derechos Humanos y el Comité contra la Tortura, de la ONU, han señalado que España debe revocar la Ley de Amnistía. Han reiterado a las autoridades españolas que la desaparición forzada y la tortura son crímenes por los que no pueden aplicarse amnistías y que no prescriben.
 A. I

http://www.es.amnesty.org/noticias/noticias/articulo/caso-garzon-nadie-debe-ser-juzgado-por-investigar-violaciones-de-derechos-humanos-1/


Nueve organizaciones se movilizan en apoyo de Baltasar Garzón

enero 20, 2012
Madrid, 19 ene (EFE).-
 
Nueve organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales han instado hoy al Tribunal Supremo a actuar con sentido de justicia en el juicio que comienza el día 24 contra el magistrado Baltasar Garzón por investigar los crímenes cometidos durante la Guerra Civil y el franquismo.
Así lo expresan en un comunicado la Asociación Pro Derechos Humanos de España, el Observatorio para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos, Fundación para el Debido Proceso Legal, International Commission of Jurists, Human Rights Watch, European Center for Constitutional and Human Rights, Center for Constitutional Rights, Lawyers’ Rights Watch Canada y Rights International Spain.
Estas entidades opinan que si el juicio contra Garzón termina en condena puede constituir la piedra que selle la impunidad de los crímenes durante la Guerra Civil y el franquismo en España o bien puede abrir la posibilidad de que haya justicia para las víctimas de estos crímenes.
Piden al Tribunal Supremo (TS) que actúe con el sentido del deber de garantía de los derechos constitucionales y con respeto a los derechos de las víctimas de los crímenes perpetrados durante la Guerra Civil y el franquismo.
Además, exigen al alto tribunal que respete a las obligaciones internacionales contraídas por el Estado español y aplique el sentido de justicia que merece el enjuiciamiento de un miembro de la magistratura española.
Recuerdan que las resoluciones del TS han sostenido hasta el momento la supremacía de las normas nacionales sobre los principios del derecho internacional y han afirmado que la acción judicial debe mantenerse al margen de la acción legislativa y los acuerdos políticos que, según este tribunal, legitiman la Ley de Amnistía de 1977.
Según estas organizaciones, el TS no reconoce el rol de los jueces a la hora de tomar medidas para corregir el derecho interno cuando contradice el derecho internacional.
Apuntan que el Supremo ha avalado la investigación y el enjuiciamiento de crímenes contra la humanidad cometidos en terceros países, pero ha mantenido una posición contradictoria con respecto a crímenes similares supuestamente perpetrados en España.
Por ello, las entidades firmantes sostienen que el juicio contra Garzón supone «un atentado a la independencia judicial en España» y critican el «nefasto precedente» de la visión del Supremo para el acceso a la justicia de las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo y para el comportamiento de los tribunales nacionales a nivel mundial.
Subrayan que los jueces del Supremo tienen la oportunidad de corregir el peligroso camino que comenzó con esta investigación por prevaricación, que, agregan, debe aplicarse con cautela para no socavar la independencia judicial ni castigar a jueces que siguen interpretaciones aceptadas por el derecho internacional.
Para estas organizaciones, el Tribunal Supremo tiene la posibilidad de convertirse en garante de los derechos humanos, al igual que lo han hecho jueces en otras partes del mundo, o de «resquebrajar» los avances del derecho internacional y «lapidar» el acceso a la justicia de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo.
 EFE

Garzón y la Transición…

enero 20, 2012

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra
Ilustración de Mikel Jaso

Una de las concepciones más extendidas en los círculos políticos y mediáticos de mayor influencia y difusión en España es que la Transición de la dictadura a la democracia fue modélica. Liderada por el monarca, tal Transición dio como resultado –según esta versión– una democracia homologable a cualquier otra democracia existente en Europa, lo cual se consiguió sin mayores convulsiones en las instituciones políticas, económicas, financieras y mediáticas del país. El supuesto éxito de tal proceso explica que se haya querido incluso exportar este modelo de Transición a otras dictaduras que estaban bajo presión para que se transformaran en sistemas democráticos. Varias veces, el ministro de Asuntos Exteriores ha sugerido a dictaduras en declive, y a sus opositores democráticos, que tomaran la Transición española como punto de referencia.

La misma concepción que valora la Transición española como modélica (elemento fundamental de la sabiduría convencional existente en el país sobre aquel proceso), también considera ejemplar el compromiso adquirido por las fuerzas políticas mayoritarias de no hurgar en el pasado. Es decir, olvidarse de las enormes violaciones de los derechos humanos, predominantemente realizadas por las fuerzas golpistas en contra de un sistema democrático, olvido que se defendía y continúa defendiéndose como necesario para construir el futuro. Parte de este objetivo asumía que los definidos como los dos bandos del conflicto civil eran igualmente responsables de lo acaecido y que, por lo tanto, era mejor cerrar cuentas y olvidarse de lo ocurrido. De esta concepción deriva la Ley de Amnistía, en que todas las violaciones quedaron amnistiadas, ley que se considera determinante para que ocurriera la Transición, supuestamente modélica. Hay que señalar que, aun cuando las derechas fueron las que promovieron esta versión de la Transición, muchos elementos importantes fueron también asumidos por grandes sectores de las izquierdas, lo cual contribuyó a que tal percepción se reprodujera casi como un dogma.

Tal dogma, sin embargo se basó en una falsedad. La Transición no fue modélica como tampoco lo fue la democracia que estableció. Fue un proceso realizado bajo el dominio de las fuerzas conservadoras y por los aparatos heredados del régimen anterior, liderados por la monarquía, y claramente enquistados en el Estado español. No fue una Transición pactada entre iguales: antes al contrario. Las izquierdas acababan de salir de la cárcel o de la clandestinidad y del exilio.

Su peso procedía de las enormes movilizaciones de la clase trabajadora y otros elementos de las clases populares que presionaron para que terminara aquel régimen. De ahí que, aun cuando el dictador murió en la cama, la dictadura muriera en la calle. No obstante, las izquierdas no tenían el poder ni para romper con aquel Estado ni para negociar en bases de igualdad, dando lugar al enorme sesgo conservador que existe, no sólo en las estructuras del Estado, sino también en las instituciones financieras, económicas, culturales y mediáticas del país. Es este poder el que explica las enormes insuficiencias del Estado del bienestar español, que 33 años después de terminar la dictadura todavía tiene el gasto público social más bajo de la UE-15. La democracia incompleta ha conducido a un bienestar claramente insuficiente.

No hay un indicador mejor de lo inmodélica que fue la Transición y de las enormes limitaciones que tiene la democracia española que lo que ocurrirá esta próxima semana. El Tribunal Supremo juzgará al único juez que se ha atrevido a exigir al Estado que encuentre a los desaparecidos durante la brutal represión de los golpistas sublevados contra las fuerzas democráticas, honrándolos, a la vez que denunciando a los responsables. Esta situación cubre de vergüenza a toda España.

¿Cómo puede España presentarse como una sociedad democrática cuando ocurre este hecho que culmina un proceso que reproduce una de las mayores injusticias que ha ocurrido en el siglo XX en Europa? España es el país donde ha habido un número mayor de desaparecidos por causas políticas en Europa sin que se haya hecho nada sobre ello. Y cuando se quiere hacer algo, el Estado (nada menos que el Tribunal Supremo) quiere cerrar el caso y castigar al juez que osó mirar bajo la alfombra e intentar hacer algo de limpieza, reconociendo además a aquellos que fueron asesinados por su compromiso con la democracia. La comparación de lo que está ocurriendo en España con lo sucedido en otros países que sufrieron dictaduras fascistas o fascistoides semejantes es un indicador más del enorme subdesarrollo democrático de este país. En ningún otro país ha habido la ocultación de esta enorme represión, dejando indefensos a las víctimas y a sus familias, que no pueden ni siquiera honrar a sus muertos (que son los muertos de todos los demócratas) por no saber dónde se encuentran. El contraste entre el comportamiento del Estado español hacia las víctimas del terrorismo de ETA y el de las víctimas de las fuerzas golpistas y del Estado terrorista es bochornoso (no hay otra manera de definirlo).

Esta situación es indignante y vergonzosa. El Tribunal Supremo no es consciente del enorme desprestigio que el enjuiciamiento de Garzón por el caso de los desaparecidos significa para la Justicia española y para el Estado español. En el programa de humor de mayor audiencia en Estados Unidos se señalaba que, en la misma manera que Bolivia, sin mar, tiene Ministerio de Marina, España tenía Ministerio de Justicia. ¿No se dan cuenta de la vergüenza que están originando los miembros del Tribunal Supremo con su comportamiento, en el ámbito internacional? Por mera coherencia democrática debería haber manifestaciones a lo largo del territorio español en protesta por el insulto que el enjuiciamiento de Garzón supone a todas las fuerzas democráticas de España y del mundo.

http://blogs.publico.es/dominiopublico/4598/garzon-y-la-transicion/


Asociaciones españolas se unen a la causa contra el franquismo abierta en Argentina…

enero 20, 2012

Por Agencia EFE – hace 21 horas 

Madrid, 19 ene (EFE).-

Varias asociaciones de intelectuales y artistas españoles, así como de recuperación de la Memoria Histórica, anunciaron hoy su personación como acusación en la causa por los crímenes del franquismo abierta por la jueza argentina María Servini de Cubría.

La Agrupación Ateneista Juan Negrín, la Federación de Artistas del Estado Español y la Unión de Actores de la Comunidad de Madrid, entre otras, se adhirieron a la demanda presentada en 2010 en Buenos Aires por familiares de víctimas del franquismo en virtud del principio de justicia universal.

En conferencia de prensa, los representantes de estas asociaciones destacaron la importancia de que se abriera esta causa en Argentina, después de que el único juez español que lo intentó, Baltasar Garzón, fuera suspendido de sus funciones y esté ahora procesado acusado de prevaricación.

«Es una coincidencia lamentable que anunciemos hoy nuestra decisión de sumarnos a la causa, cuando el único juez que ha tratado de llevar los crímenes del franquismo a los tribunales españoles está ahora siendo juzgado», dijo Jorge Bosso, argentino y secretario general de la Federación de Artistas del Estado español.

Vicente Cuesta, secretario general de la Unión de Actores de la Comunidad de Madrid, lamentó también el hecho de que «en España no se pueda todavía enjuiciar al franquismo», y destacó que la querella presentada en Argentina es «una justa respuesta» a la investigación iniciada por Garzón en España y que después fue desviada a los tribunales provinciales tras el apartamiento del juez.

También José María Coronas, de la Agrupación Ateneista Juan Negrín, calificó de «vergonzoso» el juicio a Garzón por tratar de investigar los crímenes del franquismo, a raíz de una querella de agrupaciones de ultraderecha.

El abogado argentino Carlos Slepoy, que representará en la causa a los familiares de las víctimas y desaparecidos, destacó que la querella se presentó en Argentina cuando el Tribunal Supremo español paralizó la investigación llevada a cabo por Garzón.

Slepoy subrayó la contradicción entre la sentencia impuesta por el Tribunal Supremo al ex militar y represor argentino Adolfo Scilingo, de más de mil años de prisión por crímenes contra la Humanidad, en virtud de la justicia universal, y lo ocurrido después con Garzón.

«Cuando se trató de investigar los crímenes cometidos en España por españoles contra españoles se paraliza todo y se procesa al juez instructor», lamentó.

El letrado argentino dijo que con esta querella en su país «se trata de que las víctimas del franquismo tengan un lugar donde puedan declarar, ya que en España no pueden».

«Es una devolución del enorme favor que la Justicia española, y Garzón en particular, hizo a las víctimas argentinas. Las escuchó y determinó que vinieran a declarar, terminó por quebrar la Ley de Obediencia Debida y la de Punto Final», agregó.

Slepoy recordó que «cuando vinieron a declarar las Abuelas de la Plaza de Mayo, y hablaban de 500 niños robados, eso causaba estupefacción en España. Pero de acuerdo a las investigaciones posteriores de Garzón, aquí son 30.000 los niños apropiados de una manera legalizada, eran sustraídos a madres republicanas para entregárselos a familias del régimen».

«Es inconcebible que estos hechos no hayan sido juzgados», subrayó el letrado.

En el acto, los actores españoles Paca Gabaldón y Alberto San Juan leyeron un manifiesto de adhesión a la querella, en el que exigen «la inmediata colaboración del Estado español en la identificación de los victimarios, el esclarecimiento de los hechos y el destino sufrido por cientos de miles de personas».

El pasado 26 de diciembre, la jueza Servini pidió a España nombres y domicilios de los ministros y jefes de las fuerzas de seguridad en el periodo comprendido entre el 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977.

http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5hsyOeN7gnnQt0TR5UsgcPComwZbA?docId=1697409


La Transición contada a nuestros padres…

enero 20, 2012

 Publicado el 17 enero, 2012

por Juan Carlos Monedero:

 Hay algunos dicen que por qué no le dijimos a Fraga lo que pensábamos mientras vivía. Siempre lo hemos hecho. Desde que tenemos memoria. Recuerdo cuando protestamos, como estudiantes, en la Universidad Complutense de Madrid, en la Facultad de Políticas, en su clase de despedida. El tipo que obligó al ABC a publicar unos falsos diarios para encubrir el asesinato del estudiante Enrique Ruano no tenía derecho, entendimos, a despedirse como si hubiera sido una persona de bien. No le bastó querer presentar el asesinato como suicidio, sino que amenazó a sus padres diciéndole que a su hija podía pasarle lo mismo. Fraga era un franquista, mal tipo, energúmeno, oportunista, agresivo y cómplice de asesinato. ¿Celebrar qué?

 Dejo aquí el artículo que salió en Público en abril de 2010.  Para los desmemoriados.

A la memoria de Pepín Vidal Beneyto. 

 Mil veces oímos una petición de silencio que hoy resuena con cuento de furia y ruido: “Abuelo, deje de contar batallas”. Ignoraban los guardianes de los tiempos apacibles que la verdadera batalla no era esa que los viejos apuntaban. Era otra, apenas susurrada, que se contaban a ellos mismos en un silencio de décadas, con complicidad de café, trinchera y cuitas compartidas. “¡Deje de contar batallas, abuelo!”. Y los apaciguadores, al tiempo, contaban incontables veces su cuento incontinente: “La democracia nos la inventamos nosotros”. Lo dijeron, lo escribieron, lo repitieron, lo exportaron y, quizá –sólo quizá–, hasta se lo creyeron. Sociólogos corrieron a decir que antes de la Transición no hubo democracia y que, de pronto, ya éramos iguales al resto de Europa; filósofos cambiaron panfletos contra el todo por panfletos por lo que me caiga; historiadores oficiales dieron el pasado como inocuo pasto abierto sólo a anticuarios; sabedores de la política hicieron taxonomías borgianas para que encajara la democracia con un campo sembrado de fosas comunes y desmemoria; matemáticos trazaron la topología que permitía transitar en vez de retornar a la democracia perdida; periodistas y filólogos encontraron en el decir “consenso” una palabra mágica que contentaba a tirios y troyanos (a unos porque no cuestionaba ningún fruto de su victoria; a otros, porque les entregaba una excusa perfecta para explicar por qué eran tan vociferantes y tan poco consecuentes). Burlón este espíritu de la Transición democrática.

La Transición redujo la explicación dolida del pasado a un problema de derechos humanos. En la distancia, todos somos bienintencionados. Por eso era relevante explicar aquella época como una locura colectiva fruto del calor y los tiempos duros. Otras explicaciones sacan el hilo al ovillo y llegan hasta palacios reales, catedrales, cámaras bancarias y mansiones donde siguen los que nunca se fueron. Recuerdo de la madre. Hija robada por la posguerra a un herrero anarquista –linchado cabeza abajo, colgando de un olivo, por el jefe de Falange, luego alcalde del pueblo–. Nueva vida en Madrid. Pudo estudiar. Su colegio tenía dos puertas, una principal para las niñas ricas y otra lateral para las hijas de la caridad. Recuerdo a la madre subiendo, junio de 1977, la calle del colegio donde estudiaban sus hijos. A suplicar un precio en los caros ejercicios espirituales. Carteles electorales en las paredes. Entendí cuando el cura afirmó: “Si no podéis permitíroslo, buscad otro colegio”. El franquismo fue una dictadura de clase. Pero nunca acepté el tuteo arrogante a la madre derrotada. Porque los mataron mil veces. En aquellos años de la guerra y la posguerra, y también en cada humillación, durante cuatro interminables décadas (las cartas que llegaron y las que no llegaron; compartir mesa con el verdugo; suplicar trabajo o limosna de lo que fue el propio patrimonio; los labios mordidos; pisar el suelo donde reposan los abandonados; las placas santas ensalzando al sayón; la impunidad de los togados, los purpurados, los condecorados; el interminable usted no sabe con quién está hablando…). “Con la Transición, los demócratas vencimos”, y le cargaron al búnker toda la memoria del franquismo. Derrotado el búnker, derrotado el franquismo. ¿Un nuevo inicio? ¿Sin restitución? Hasta que un juez quiso llevar a juicio aquella etapa y se cayeron las caretas. El juicio al franquismo ha separado a los demócratas gratuitos de los demócratas con todas las consecuencias. “Las virtudes de la Transición son los vicios de la democracia” se reescribe: “Los vicios de la Transición son los vicios de la democracia”. Un sistema electoral indigno; Bartolín llamando a la Guardia Civil desde un maletero porque lo había secuestrado ETA. Cospedal y la Caudillesa gritando ¡golpe de Estado! por una reunión política en sede universitaria; un juez escondiendo residuos franquistas bajo alfombras progresistas; el filósofo de la ética para adolescentes recibiendo el premio literario más amañado de la historia de los premios; el ministro de Información de Franco, el que afirmó tras el asesinato en la Puerta del Sol de Julián Grimau que ese “caballerete” merecía morir, redactando la Constitución de la democracia que apuntaló a un rey de origen franquista, a comisarios de origen franquista, a catedráticos de origen franquista, a periodistas de origen franquista e, incluso, a franquistas de origen franquista. Ahí reposa nuestro miedo. Franco es más peligroso muerto que vivo. Vivo por lo menos se le veía venir. Dudo de que la Transición hubiera podido ser radicalmente diferente. En 1973 fue el golpe contra Allende. Unos meses después, la Revolución de los Claveles alertó a los guardianes de la guerra fría. Y 40 años de exilio, represión y miedo.

 Lo reprochable es la falta de honestidad de sus voceros. No decir: “Hicimos lo que pudimos, lo que nos dejaron, lo que nos atrevimos”. Esconderlo tras “nos corresponde la mayor hazaña democrática de la historia de España”. Una Transición perfecta que no deja entender una democracia tan imperfecta. Lo han tenido que recordar desde fuera: aquí hubo un propósito de genocidio. Hubo guerra porque los franquistas, aun ayudados por Hitler y Mussolini, no tuvieron la fuerza suficiente. Cuando ganaron, la intención genocida se consumó. Hoy se siguen repartiendo culpas con la excusa de la guerra. Para una lectura democrática, los luchadores por la República dieron todo para frenar el genocidio. Y los olvidamos. Por eso, abuela, abuelo, perdonad por lo que no os dejaron hablar en estos años. Y contadme otra vez, desde el principio, todas aquellas batallas.

 Juan Carlos Monedero es profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid

 ILustración de Federico Yankelevich

http://www.comiendotierra.es/?p=591