Treinta y ocho años sin él…

 

Portada del diario ABC de 1975

Portada del diario ABC de 1975

Sigue causándome la misma felicidad que aquél lejano 20 de noviembre de 1975 y que recuerdo junto a un hoyo de tierra excavado a mano y que podría haber sido la premonición de mi futuro memorialista; pero poco tenía que ver, ¡Estábamos en la calle jugando a las canicas porque no había colegio! El caudillo había muerto. La alegre inconsciencia ignorante pudiera haber sido también premonitoria de la algarabía y satisfacción de saber que el yugo del pueblo se marchaba con sus treinta y nueve años de aplastante presencia golpista y represora.

Con doce años, uno tenía suficiente con saber que aquel señor bajito y calvo, de voz afeminada y vestido de militar era el padre de la patria, el salvador de la ignominia de las huestes rojas, el baluarte de la cristiandad y el protector de una España grande y libre. Que los estíos, eran para muchos aquellos  veranos en los campamentos con la cara al sol y la camisa nueva,  o felizmente sin el rígido orden colegial y la presencia del susodicho en las aulas mirándote inquisidoramente; y que españoles éramos todos. ¿Por qué nos íbamos a preocupar de los más de 143.353 desaparecidos forzosos y reconocidos, o los más de 450.000 exiliados, o los 250.000 encarcelados en la posguerra, etc., etc.?

Treinta y ocho años después esa figura paternal que escondía al peor de los demonios nacionales sigue estando presente en nuestras vidas, sigue dejando volar su sombra entre los pilares de aquel pretérito imperio de terror y los actuales entresijos de una administración obsoleta y polvorienta custodiada por los fieles adláteres a su figura o al Movimiento Nacional, consolidados por un Jefe de Estado que fue delfín suyo bajo juramento perpetuo (a las hemerotecas me remito) y un sistema de control mimetizado de falsas libertades y reconocimientos demócratas que velan todavía por el legado  del “atado y bien atado”.

Treinta y ocho años sin él, treinta y ocho años tardó en morirse, pero al fin la palmó. Pero lo peor de todo es que tengo la impresión de que el tiempo anda todavía detenido en aquél día en el que jugábamos felices a las canicas porque no teníamos que ir al colegio. Que las cosas poco han cambiado en lo fundamental y no sólo en la apariencia.

Dentro de tres días, el 20 de noviembre, volverán los recuerdos para todos; los del yugo y flechas, las camisas azules, las águilas imperiales rojigualdas y el brazo en saludo cesariano para campar conmemorativamente en el recuerdo y añoranza memorial de aquel tiempo pasado en el que todos éramos felizmente ciegos, tristemente vencidos o simplemente cobardes y conformistas; mientras que ellos, los acólitos al pensamiento unidireccional dirigido eran la clase predominante, realmente feliz y ahora evocadora de otros tiempos mejores. Por otro lado, los falsamente felices enarbolarán sus puños al aire junto a sus banderas tricolores, rojas o rojigualdas constitucionales, para recordar y festejar al mismo tiempo que, con su marcha, todavía queda mucha España que limpiar y sobre todo que recuperar para poder pasar ésa página pendiente de nuestra historia.

Treinta y nueve años con él, más treinta y ocho sin él y, bajo tierra sigue estando su firma en bolígrafo de color rojo.

Jordi Carreño Crispín

Vicepresidente de la A. I La Memoria Viv@

7 respuestas a Treinta y ocho años sin él…

  1. Totalmente ,de acuerdo, Jordi , con tu comentario y todo lo que se dice en el > solo y todo : verdad …

  2. jordicarreno dice:

    Todos los que lo vivimos tenemos un recuerdo propio de la efeméride, pero indudablemente del recuerdo, todos de un modo u otro también somos víctimas o cómplices de aquella historia; todo dependerá del calidoscopio con que se mire. Yo, lo tengo muy claro.

  3. Mª Teresa Calvo Tabuenca dice:

    Pues mis familias, a una por autora y la otra por sabedora, estarán en celebrar los NEGOCIOS que hicieron. La una desampara a mi padre, y la otra lo mata. QUE BIEN! y no digas nada PORQUE LES INCOMODAS y tengo que estar mirando de dejar un mensaje en el contestador a las 9 de la mañana o hablar con LOS HIJOS DE PUTA de tantos estragos, es que son poco considerada con los QUE ME MATARON A MI PADRE PARA ROBAR, hay que ver que mala soy……¡ja! No tuvieron bastante, que me dejan sin Herencia de mi abuelo que murió 2 años después de mi padre. Se plantearon lo siguiente: UNO MENOS A REPARTIR con el asesinato de mi padre, COMO A LA NIÑA YA LE HAN HECHO LA DESHONRA PARA TODA LA VIDA Y A LO MEJOR SALE COMO ELLOS ES MÁS POSIBLEMENTE SEA LO QUE ELLOS QUIEREN, Mi caso es comparable a el Holocausto, que lo hicieron de tal manera, con la intención de que no recordara, no me creyera ni Dios, etc. Menos mal que tengo informes del equipo que me llevó la terapia, y aunque no los tuviera: YO SE, YO VI Y YO RECUERDO. Estoy novelando lo que tengo en ensayo manuscrito, pienso publicarlo en Nueva York. La última voluntad de mi padre fue TU Y LOS TUYOS QUE ME VENGEN Y TU HERMANO TAMBIEN. No pienso ni molestarme en agredirlos, pero mi novela quedará plasmado lo que son y lo que hicieron, ESA ES MI VENGANZA, aquello que ocultaron con tanto ahínco y ocultismo SERA A CIELO ABIERTO Y CLARO COMO UNA MAÑANA DE VERANO. Está la Iglesia, y si a los 2 años se me desprecia a los que tengo, seré yo que haga lo mismo, si no paran de fastidiar, que anulen el matrimonio de mis padres hubo predisposición en TOMASA, HIJA MIA YA SE QUE ESTE HOMBRE NO TE GUSTA, PERO COMO ES UN BUEN PARTIDO, TE CASAS CON EL, TE DEJO VIUDA, TE QUEDAS CON SUS PROPIEDADES Y SI TU NOVIO TE QUIERE, TE ESPERARÁ. Increíblemente cierto y la Sra. no para de decirlo, y además me pone a que sus males son PORQUE SOY MUY MALA, etc. y en vez de diagnosticar por Psicopata y medicarla por ello, lo hacen por Depresión, hay unos Psiquiatras que para que te cuento… son de agudos, que ven dinero y dictaminan a favor del interesado y delincuente si hace falta. .

  4. pikileiza dice:

    Recuerdo muy bien el dia que murio el asesino de la mitad de nosotros ,los españoles,el que dividio España el que nos obligo a dejar nuestra vida a la deriva huyendo de la muerte sin haber hecho el golpe de estado, iba yo en mi auto hacia el taller donde tenia las camisas ya listas y escucho por radio que……habia muerto! Casi no podia creerlo! Despues de esperar tanto! Varias vidas!di la vuelta volvi a mi casa,y saque la botella de champan frances guardada desde muchos años para ese dia,yo jamas habia tomado ni un sorbo de vino,ese dia pense no se lo que pasara pero me tomo toda la botella! Debo brindar! Y cuando ya tomaba un sorbo para degustar a que sabia,suena el timbre en casa! Mi mejor amiga que venia a pedirme trabajo! Ella me salvo quien sabe de que! Es es mi recuerdo de ese dia,aqui desde Argentina!.

  5. Raquel Arto dice:

    Pues a mí Jordi, no me causó ninguna felicidad la muerte de Franco, sino una gran, una inmensa tristeza. Lo recuerdo perfectamente. La agonía ( ? ) ya era noticia desde bastante tiempo.
    Los brindis y regocijos por las calles eran, para mí, como himno al Vencedor.
    Franco había muerto NORMALMENTE, en su cama, con sus años, su enfermedad, arropados de los suyos, como un hombre normal. Lo había conseguido, todo lo que había programado y planeado. Moría dejándolo todo atado y bien atado. Brindar por su muerte, natural y normal, era como celebrar su éxito, darle una última enhorabuena.
    Yo no bebí champán ni cava ni sidra ni…….
    Me acuerdo
    No bebí y lloré
    Hoy también lloro
    Me acuerdo
    Mi padre también estaba en la cama, lecho de muerte
    Subí a la habitación y le dije : ” Franco ha muerto ”
    Nada. Nada más.
    A mi padre, aquel día, le quedaban tres meses de vida.
    Me acuerdo
    Siempre había dicho que no quisiera morir sin ver Paris.
    Me acuerdo

    No, no fui feliz el día en que murió Franco…

    Y mi padre sigue conmigo, presente, hasta siempre.

  6. jordicarreno dice:

    Los recuerdos que poseemos cada uno al respecto son únicos, el recuerdo que dejó el sátrapa caudillo no. Los que pensamos, queremos y deseamos un mundo libre y justo no podemos más que alegrarnos, congratularnos y conmemorar el día de su muerte con la esperanza de que las cosas puderan cambiar, de que cambiarían, de que cambiaron; aún siendo niños en aquella época. La tragedia es que de adultos nos damos cuenta de que nada a cambiado, más que el disfraz del Estado y sus dirigentes. Los muertos siguen estando ahí.

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