100 Años de Pedro Mateo Merino.

diciembre 16, 2012

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Pedro Mateo Merino durante la guerra civil, con las divisas de mayor de milicias

El pasado día 4 de diciembre, se cumplieron 100 años del nacimiento de nuestro paisano Pedro Mateo Merino, teniente coronel del Ejército Popular de la República Española, y uno de los principales luchadores antifascistas nacidos en nuestra provincia, la cual, como ya sabemos, tiene por costumbre olvidar a sus hijos ilustres, especialmente a los que lucharon por las libertades de todos.

Merino nació en la localidad campiñera de Humanes de Mohernando, (Guadalajara), el 4 de diciembre de 1912. Hubiera cumplido, por tanto, 100 años el pasado día 4. Sirva esta breve biografía como testigo y recordatorio de su fecunda vida.

Pedro Mateo Merino era hijo de unos sencillos campesinos de Humanes. Desde joven mostró inquietud e inteligencia para el estudio, y gracias a su tenacidad logró sacar el bachillerato en Madrid y posteriormente estudiar Ciencias Exactas en la Universidad Central de Madrid, aunque, como veremos, el inicio de la contienda le impidió su finalización. Desde muy joven militó en las filas republicanas y comunistas; y fue muy activo en el movimiento estudiantil (FUE y FUHA) donde luchó en pro del derrocamiento de la dictadura de Primo de Rivera y de la Monarquía. Durante ese periodo, al igual que muchos otros luchadores, sufrió persecuciones y torturas que le llevaron a la prisión en Madrid, Zaragoza y Barcelona. La sublevación fascista de 1936 le sorprendió cuando apenas le faltaba un curso para terminar la carrera de Ciencias Exactas. Decidió desde el primer momento incorporarse como voluntario a las milicias antifascistas, siendo nombrado inmediatamente capitán al mando de una compañía de milicias con la que acudió al frente de Somosierra para frenar las columnas rebeldes que venían de Burgos. Tras Somosierra, conoció los frentes de Madrid, Brunete, Teruel, Lérida, Ebro, Cataluña y de nuevo Madrid. Reconocido su valor y capacidad por los mandos, poco a poco recorrió toda la gama de cargos y empleos desde simple miliciano hasta jefe de la 101 Brigada Mixta, cuya creación le fue encomendada en mayo de 1937. Un año después, en mayo de 1938 asciendió a teniente coronel y obtiene el mando de la 35ª División del Ejército Popular de la República, con la que se batió en la batalla del Ebro, en la venta de Camposines. Obtuvo por su valentía las medallas republicanas del Valor y de la Libertad por méritos de guerra.

 Al producirse la derrota republicana marcha al exilio en febrero de 1939, primero a Francia y después a la URSS, donde cursó estudios militares superiores en la Academia Militar Frunze. También se gradúa en Ciencias Económicas.

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Al comenzar la II Guerra Mundial participó en la guerra contra el nazismo, luchando en la defensa de Moscú y desarrollando, como otros españoles, actividades militares docentes en la propia academia Frunze, dada su experiencia en combate y en el mando. En los años de postguerra desempeñó funciones técnicas en el Ejército Yugoslavo y fue  ascendido a coronel; más tarde enseñó español y estudió ingeniería en Praga (Checoslovaquia).

pedro mateo merino

 Merino ejerció diez años como técnico en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, donde además revalidó su título en Ciencias Económicas.  Después de treinta y tres años de exilio, regresó a España en 1970, donde vivió hasta su muerte, falleciendo en la madrileña localidad de Móstoles el 19 de noviembre de 2000. Una muerte que pasó casi totalmente desapercibida , excepto por una breves reseñas en el diario El País y en Mundo Obrero. Nunca, que sepamos, ha sido Merino honrado con ningún homenaje ni reconocimiento. Algunos militantes militantes de Izquierda Unida le recuerdan en las asambleas locales de IU o del PCE, o sentado en un banco de la Concordia, tomando tranquilamente el sol.

Sirvan estas líneas como reconocimiento a uno de los jefes del Ejército Popular que más altas puso las cotas del valor, del sentido del deber y de la capacidad técnica militar que logró alcanzar el Ejército Popular Regular (EPR) de la República española., creando un ejército de la nada, sin apenas medios, y en tiempo record. Todo un ejemplo de una vida consagrada a defender la libertad y los intereses de la clase trabajadora.. No en vano, sus memorias, publicadas en 1986, se titulan “Por vuestra libertad, y por la nuestra”.

http://articulosmemoriaguadalajara.wordpress.com/2012/12/12/100-anos-de-pedro-mateo-merino/


El hombre de los mil nombres…

julio 10, 2011

DIEGO A. MANRIQUE 10/07/2011

Otto Katz tuvo incontables identidades y fue uno de los más eficaces agentes de la Internacional Comunista. Elegante y mundano, se desenvolvió por las capitales europeas de entreguerras, movilizó a Hollywood y participó en la guerra civil española. No sobrevivió a las purgas estalinistas. Esta es su asombrosa historia.

Otto Katz estuvo en la primera línea de la lucha contra el nazismo en los años treinta. Sobre estas líneas, retrato de su época de juventud.-

Bromeaba con el oficio de espía, “la segunda profesión más antigua del mundo”. Se lo podía permitir, ya que lo suyo era realmente la agitprop (agitación y propaganda). Podía cruzar fronteras clandestinamente y moverse entre sombras, pero prefería la respetabilidad del burgués, un bon vivant que se alojaba en grandes hoteles y alquilaba pisos en barrios finos.

 Llegó a usar 21 seudónimos para viajar y escribir. El FBI le describía como “un hombre extremadamente peligroso”

Susurrante y seductor, Katz encarnaba la resistencia a Hitler. Hollywood se enamoró de su personaje, reconocible en Casablanca

De hecho, nuestro hombre destacaba por su ubicuidad. Los servicios secretos occidentales se reconocían desconcertados con aquel personaje que vivía a todo tren. Fogueado en Berlín, Otto Katz estuvo en la primera línea de la lucha contra el nazismo durante los años treinta, viajando entre París y Londres, entre Nueva York y Los Ángeles. Figura en las crónicas de la politización de Hollywood y aparece igualmente en los textos de la guerra civil española. Hasta le implican en el asesinato de León Trotski, aunque entonces Katz todavía no había desembarcado en México.

Asombra que solo en 2010 se haya publicado un libro sobre su extraordinaria vida. En The dangerous Otto Katz (Bloomsbury), también editado como The nine lives of Otto Katz, Jonathan Miles explica los motivos de que haya escapado de la mirada de los historiadores. El principal, la opacidad de los archivos rusos, que guardan los papeles de la era soviética, donde están las claves de las operaciones de Katz. Al investigador le queda la opción de recurrir a los informes de sus enemigos. La Special Branch le vigilaba cada vez que visitaba Reino Unido, pero no tenía suficientes recursos y Katz disfrutaba dándoles esquinazo.

Sabían que era un pez gordo: según el servicio secreto británico, “el director de toda la política comunista en Occidente”. El FBI se contentaba con describirle como “un hombre extremadamente peligroso”. La Prefectura de París solo cerró su dossier en mayo de 1968, a pesar de que Katz oficialmente había sido ejecutado en 1952; quizá no se creían aquel final tan tajante. ¿Quién podía estar seguro con Katz? Miles comienza su libro con el listado de los nombres 21 seudónimos que usó para viajar, relacionarse y escribir.

Para hacernos una idea de la incertidumbre que le rodea: Diana McLellan, autora de Safo va a Hollywood (2000), está convencida de que Otto se casó con Marlene Dietrich poco después del final de la Primera Guerra Mundial y argumenta que pudo ser el padre de su hija María. Según Jonathan Miles, el cotejo de sus biografías hace difícil creer en una boda legal entre Otto y Marlene, aunque se sabe que ambos eran flexibles a la hora de situar su fecha de nacimiento. Esa relación pasional y el matrimonio blanco con Rudolph Sieber- ayudan a entender la facilidad con que Katz entró en Hollywood o el miedo de Marlene a que su hija fuera secuestrada. Ya en los cuarenta, ella también ayudaría a conseguir un visado para que Otto pudiera retornar de México a Estados Unidos, cuando el FBI le tenía fichado como “agente de la Internacional Comunista y antiguo miembro de la OGPU”, luego conocida como KGB.

Otto Katz había nacido en 1895 en Jistebnice, en Bohemia, entonces parte del imperio austrohúngaro. De familia próspera y judía, pasó por Praga antes de instalarse en Berlín. En los años veinte, la capital alemana era primera línea del combate bolchevique por la revolución mundial. Katz ejercía de periodista y también como gerente de la compañía teatral de Erwin Piscator. Entró en la órbita de Willi Münzenberg, el millonario rojo. Cómplice de Lenin en sus tiempos de Zúrich, desarrolló en Alemania un imperio mediático, financiado -según la mitología con los diamantes de la familia Romanov.

Elegante y sensualista, Otto se acomodó en la tela de araña de Münzenberg. Terminó como director de la sucursal alemana de Mezrabpom-Russ Films, productora y distribuidora que difundía películas como El acorazado Potemkin. En 1931 viajó a Moscú, donde pasó dos años. Compatibilizó sus obligaciones con cursos intensivos en la Escuela Internacional Lenin, la academia de los espías comunistas. Algunos visitantes a la nueva Rusia advirtieron la crueldad del régimen y la acobardada miseria de sus súbditos. Todo lo contrario de Otto, que se comprometió a fondo: ya era miembro del Partido Comunista Alemán (PKD) pero con su ingreso en el OGPU, el servicio secreto soviético, se puso al servicio directo del estalinismo.

Hoy nos resulta apabullante la credulidad de aquellos internacionalistas. Pero conviene tomar en cuenta las urgencias del momento: la inestabilidad de Europa, el ascenso de los fascismos, el crash de 1929. El marxismo-leninismo ofrecía soluciones y la promesa de un paraíso de los trabajadores. Era una religión reconfortante que atrajo incluso a la aristocracia: Otto colaboró con Hubertus, un católico que ostentaba el título de príncipe de Löwenstein y que se había formado en los rituales secretos de la Orden de Malta. Katz demostró también tener un gancho irresistible para la clase alta británica: se discute todavía si en algún momento controló al círculo de espías de Cambridge, el grupo de Kim Philby. Otto era lo que ahora llamaríamos un agitador cultural. Se transformó en escritor y/o compilador de libros de denuncia, como el famoso Libro marrón del terror de Hitler y el incendio del Reichstag.

Para moverse entre intelectuales y políticos resultaba útil una leyenda de hombre de acción. Otto alardeaba de encontronazos con los hombres del Tercer Reich, pero hay una distancia entre esas batallitas y las acusaciones específicas de violencia. Sus enemigos le situaban en el atentado contra Otto Strasser, un disidente nazi, que terminó con la muerte de un técnico de radio. Aún más remota es su posible implicación en el final de Willi Münzenberg. Su padrino se fue desencantando de las consignas moscovitas. Fuera de la disciplina de Moscú, Münzenberg apareció colgado en un bosque francés.

Otto desembocó inevitablemente en el cine anglosajón. En 1934 rescató al actor Peter Lorre de una pensión parisiense y le llevó a Londres, donde hizo su primera película en inglés bajo la dirección de Alfred Hitchcock. El productor era Ivor Montagu, otro agente soviético. Al año siguiente, Otto llegó a Hollywood con los datos en su agenda de abundantes exiliados alemanes: Lorre, Billy Wilder, Ernst Lubitch, Fritz Lang y, naturalmente, la Dietrich. La misión californiana era doble. Urgía extraer dinero a los ricos del cine y Otto pulsaba las cuerdas correctas: contaba fantásticas historias de la lucha clandestina y solicitaba ayuda para los refugiados de la Alemania de Hitler, aunque el dinero terminara finalmente en los cofres del partido.

Susurrante y seductor, Katz encarnaba la resistencia a Hitler. Hollywood se enamoró de su personaje: trasuntos suyos aparecen en varias películas. La más celebrada es Casablanca, donde se le reconoce como Victor Laszlo, cabecilla de los resistentes checos, casado con Ilsa Lund (Ingrid Bergman). En Watch on the Rhine, su papel estaba a cargo de Paul Lukas, un húngaro que ganó así el Oscar al mejor actor en 1943, desbancando al previsible triunfador, el Bogart de Casablanca.

Otto llevaba además la medalla invisible de veterano de la Guerra Civil. Durante el levantamiento militar de 1936, Katz estaba en Barcelona. Telegrafió a Hollywood para pedir ayuda con destino a la Cruz Roja española. Con permiso de Lluís Companys, registraba pisos y oficinas de supuestos agentes de la Gestapo y localizaba documentos que desembocarían en un libro llamado The nazi conspiracy in Spain. Montó en París una agencia de prensa, Agence Espagne, famosa por su difusión de mentiras; Otto era despreciado por líderes republicanos como Andrés de Irujo por su desconocimiento de la realidad española. Servía asimismo de cicerone para visitas de delegaciones extranjeras. El viaje podía incluir una cita con Ernest Hemingway, que disponía de comida y bebidas con toda garantía. A una de esas fiestas acudió Arturo Barea, que explica en La forja de un rebelde su asco ante unos oportunistas que estaban en el Madrid sitiado por motivos particulares, solo ligeramente coincidentes con la supervivencia de la República. Fue la ayuda militar de Stalin lo que permitió que la guerra se alargara durante tres años, pero pagando un terrible tributo: la sovietización del Ejército Popular.

Como explicó el novelista Gustav Regler, voluntario en las Brigadas Internacionales, el campo republicano sufrió “la sífilis rusa, la enfermedad de los espías”. Agentes que tenían permiso para arrestar, torturar y ejecutar a enemigos políticos, supuestos trotskistas como Andreu Nin. Hay una cruel simetría en el hecho de que la mayoría de los hombres de Stalin en España fueran posteriormente eliminados por el zar rojo. Inicialmente, Otto se libró. Pasó buena parte de la Segunda Guerra Mundial en Hispanoamérica, conspirando y organizando. Regresó a Europa a tiempo de unirse a los vencedores. En 1951 le detuvieron. Stalin necesitaba chivos expiatorios para cortar las ansias de independencia -a la yugoslava- de los países satélite. Y Katz encajaba en demasiadas casillas: judío, viajero, hedonista, inevitablemente relacionado con servicios secretos extranjeros. Entró en el lote de la llamada “conspiración de Slánsky”, 14 altas personalidades acusadas de traición y espionaje. Una pesadilla inmortalizada por uno de los supervivientes, Artur London (viceministro de Asuntos Exteriores), en el libro La confesión, base de una película de Costa Gavras con guión de Jorge Semprún.

Otto se ofreció inmediatamente a confesar lo que fuera necesario. Aun así, sus captores le maltrataron durante varios días. Le esperaba la pena de muerte, junto con 10 de sus desdichados compañeros; tres fueron condenados a cadena perpetua. En sus últimas palabras a los jueces introdujo una cita literaria que sus verdugos no captaron: unas líneas de El cero y el infinito, la novela del húngaro Arthur Koestler sobre las purgas de Moscú. Sabedor de que el régimen de Praga estaba radiando fragmentos del juicio, esperaba que sus amigos occidentales pillaran la referencia e hicieran algo por salvarle. No hubo tiempo. Cinco días después, los 11 reos fueron ahorcados. Hay una coda particularmente desagradable. Se incineraron los cadáveres de los traidores y los restos acabaron en un saco. Había unos policías encargados de esparcir las cenizas en un río, pero el invierno de 1953 resultó especialmente crudo: las aguas estaban heladas. Los ateridos funcionarios debatieron si valía la pena hacer un agujero. Optaron por diseminar las cenizas por la carretera. Un año después fallecía Stalin y comenzaba un breve deshielo del bloque comunista.

EL País semanal.com.

http://www.elpais.com/articulo/portada/hombre/mil/nombres/elpepusoceps/20110710elpepspor_6/Tes/


NECROLÓGICAS: Fallece el guerrillero antifranquista Gerardo Antón ‘Pinto’

julio 10, 2011

Conocido por el sobrenombre de ‘Pinto’, Gerardo Antón regresó a Cáceres con la democracia, después de permanecer 30 años exiliado en Francia. Sus vivencias han dado pie a un documental y a un libro, pero él mismo se ocupó desde su regreso de defender activamente sus ideales republicanos.

 

 

08.07.11 – 18:17 –

REDACCIÓN |
Fallece el guerrillero antifranquista Gerardo Antón 'Pinto'
Gerardo Antón, Pinto, considerado el último guerrillero antifranquista de la provincia de Cáceres aún vivo, ha fallecido hoy a los 94 años de edad, según ha informado Izquierda Unida a través de su diputado autonómico, Víctor Casco.
Nacido en la localidad de Aceituna, Pinto, militante comunista, se exilió en 1948 y residió durante 30 años en Francia. A su regreso a Cáceres, ya en la etapa democrática, mantuvo una gran actividad dando a conoder sus vivencias y manteniendo siempe sus ideales a favor de la República. Fue objeto de varios actos de reconocimiento. Además, Alberto Durán rodó un documental sobre su vida, y Julián Chaves escribió en 2006 el libro ‘Guerrilla y franquismo. Memoria viva del maquis Gerardo Antón’. También la escritora Dulce Chacón utilizó algunas de sus vivencias para su novela ‘La voz dormida’
En los últimos años, Pinto residía en Coria. Por deseo expreso suyo no habrá funeral, ya que ha donado su cuerpo a la ciencia. Sus restos pueden ser velados hoy viernes en el tanatorio de Plasencia (junto al cementerio).

Fallece el maquis extremeño Gerardo Antón, ‘Pinto’

Gerardo Antón, Pinto, en una foto de archivo.

El extremeño Gerardo Antón, Pinto, miembro de la agrupación guerrillera que comandaba El Francés durante la Guerra Civil, ha fallecido hoy a los 94 años en Plasencia, según informa el diputado de IU Víctor Casco.Este hombre, que en los últimos tiempos vivía con su hija, es el protagonista del libro Guerrilla y franquismo. Memoria viva del maquis Gerardo Antón (Pinto).El libro, editado por la Editora Regional de Extremadura, y cuyo autor es el profesor de la Universidad de Extremadura Julián Chaves, recoge las vivencias de este guerrillero en las estribaciones montañosas extremeñas.El protagonista, nacido en 1917 en la localidad cacereña de Aceituna, señaló en 2006, durante la presentación del libro en el Congreso de los Diputados, que “la República se proclamó sin una gota de sangre, pero ellos (los franquistas) derramaron ríos”.”Militante comunista, quienes hoy seguimos considerando la justicia social y la República un horizonte, vivimos con tristeza la desaparición de un referente”, indica Casco, que recuerda que Pinto vivió muchos años exiliado en Francia.Sus conferencias, los reconocimientos de que fue objeto y sus entrevistas en los medios de comunicación han mostrado la faceta de una persona que, según el diputado de IU, se comprometió con la democracia y con la República y que “sufrió en carnes la represión de la Dictadura de Franco”.Pinto, que expresó su deseo de no tener funeral, ha donado su cuerpo a la Facultad de Medicina de la Universidad de Extremadura.No obstante, amigos del fallecido y de su causa se darán cita hoy en el Tanatorio de Plasencia para acompañar a la familia y, más adelante, según Casco, se organizará un homenaje

Enviado por Jordi Grau. Memòria antifranquista.

http://lacomunidad.elpais.com/jordigraug/2011/7/9/fallece-guerrillero-antifranquista-gerardo-anton-pinto-


LECTURA MEMORIALISTA: Las últimas horas de José Gómez Gayoso y Antonio Seoane Sánchez…

julio 3, 2011

Este opúsculo se publica con motivo de la inauguración, en el Cementerio Civil de A Coruña, del Mausoleo -sencillo- que nuestro Partido inaugurará oficialmente el 13 de diciembre del presente año (2003). Fue diseñado y realizado por el arquitecto don Celestino García Braña a quien nuestra organización rinde tributo de extraordinaria gratitud.
Los dos luchadores antifascistas fueron homenajeados por nuestro Partido, en el mismo Cementerio, el 6 de noviembre de 1998, cincuentenario de su ejecución (polo procedemento do garrote vil*). En esa ocasión, el Partido publicó un díptico en el que figuraban poemas, fragmentos de cartas e ilustraciones fotográficas. Iniciábase el díptico con este texto:
«Los camaradas José Gómez Gayoso (Secretario General del Partido Comunista en Galicia) y Antonio Seoane (Jefe del Ejército Guerrillero de Galicia) fueron ejecutados, por el procedimiento del «garrote vil*», en A Coruña, el 6 de noviembre de 1948. Seoane (coruñés, obrero) y Gómez Gayoso (de Maceda, maestro) fueron torturados cruelmente por defender la causa cien veces legítima de la República.
«Este homenaje que nuestro Partido les tributa es, también, un homenaje a todos los camaradas nuestros y a todos aquellos que fueron abatidos por el franquismo desde la sublevación fascista del 18 de julio de 1936: Manuel Gómes del Valle, Benigno Álvarez, Alexándre Bóveda, Ánxel Casal, Roberto Blanco Torres, Manuel Ponte, Segundo Vilaboi, Florentino Iglesias Varela, Manuela Sánchez, Antonio Ferro, Amador Rey, Daniel Niebla, Humberto Baena…»
Con éste mismo espiritu inauguraremos, el 13 de diciembre, el Mausoleo que va a recordar, para siempre, a Antonio Seoane y José Gómez Gayoso.
El presente opúsculo es publicado, desinteresadamente, Ediciós do Castro, editorial a la que una vez mas, felicitamos por su afán de velar por la memoria antifranquista y republicana. Nuestra fervorosa gratitud a la editorial que hoy ofrece una mustra mas de este cívico labor. Agradecemos también al profesor Xesús Alonso Montero su colaboración literaria en la elaboración del presente opúsculo. También agradecemos a Xosé Ramón Fandiño su labor en el cuidado de la materialidad de la presente edición.**
Diciembre, 2003
Partido Comunista de Galicia
Autores:X. Alonso Montero – X.R.Fandiño
Enlace: Ensenada de Riazor.

http://ensenadaderiazor.blogspot.com/2011/07/las-ultimas-horas-de-jose-gayoso-y.html


4.500 negativos para pensar en aquella España…

julio 3, 2011

Ampliar Los periodistas Herbert Matthews y Ernest Hemingway conversan con dos militares republicanos en una fotografía de Capa.- ICP

El documental ‘La maleta mexicana’ enlaza el hallazgo del trabajo de Robert Capa con la recuperación de la historia

Trisha Ziff ya advierte a su interlocutor desde el principio de que no tiene ninguna intención de andarse por las ramas. La directora, que ahora vive en México, desde donde atiende a EL PAÍS vía telefónica, acaba de firmar La maleta mexicana, un intenso documental sobre el hallazgo de tres cajas con 4.500 negativos de imágenes tomadas por los fotógrafos Robert Capa, David Chim Seymour y Gerda Taro en plena Guerra Civil española. Uno pensaría que la historia es en sí misma lo suficientemente explícita como para acaparar un proyecto cinematográfico, pero Ziff, de 55 años, no es de la misma opinión: “Uno de mis tíos luchó en la Brigada Lincoln y yo misma pertenecí al Partido Comunista Británico cuando tenía 15 o 16 años, edad a la que somos muy impresionables. En mi juventud lo que pasaba en España nos intrigaba muchísimo, así que puedo decir que siempre he tenido una relación muy clara con el conflicto militar que se desarrolló allí. De eso es lo que quería hablar y no de los negativos”.

Ziff: “Quería hacer preguntas sobre el pasado, no una pieza sobre Capa”

La directora, experta en fotografía contemporánea, no fue solo un testigo de excepción en la recuperación de este material, extraviado durante más de setenta años, sino que pactó las condiciones para su devolución: “Yo no encontré la maleta mexicana, simplemente la recuperé. Durante 12 años se supo dónde estaba este material pero por razones que no logro comprender no se había procedido a su recuperación. En 2007 fui a Nueva York para hablar de un proyecto con el Centro Nacional de Fotografía y allí me pidieron ayuda porque sabían quién tenía el material en México y querían traerlo de vuelta. Un viejo amigo mío, el escritor Juan Villoro, me acompañó en este viaje, me ayudó y en cinco meses conseguimos un acuerdo con la persona que lo guardaba. Era una simple cuestión de ir a por ello”.

Ziff tiene un discurso militante, articulado en torno al hecho de que la objetividad no existe y al mismo tiempo consciente de que por ese motivo la percepción de su trabajo podría quedar lastrada. “No creo que mi documental vaya a ser muy popular en España; de hecho creo que algunos de mis coproductores no estaban muy satisfechos con la idea de no centrar este documental en la figura de Capa, como si fuera una biografía suya. La cuestión es que he vivido durante muchos años en Irlanda del Norte, y he visto la guerra. No quería hacer un documental de fotografía porque lo que me interesaba era el contexto. Recuerdo que al principio del proceso fílmico un amigo de Barcelona me acompañó a Nueva York. En el avión me habló de la Ley de Memoria Histórica y de Baltasar Garzón. Cuando empecé con La maleta mexicana fue al mismo tiempo que en España la gente empezaba a cavar para buscar a sus seres queridos. No quería hacer una pieza sobre la etapa española de Capa. Quería generar preguntas sobre el pasado”.

Naturalmente, la aventura repasa la historia de Capa y sus colegas de correrías en la Guerra Civil, donde el húngaro se convirtió en el fotorreportero de leyenda: “Hay que tener claro que Robert Capa, David Seymour y Gerda Taro eran antifascistas. Los tres eran judíos y venían de países

[Hungría, Polonia y Alemania, respectivamente] de donde habían tenido que exiliarse. Entendían que lo que estaba pasando en España era muy importante y fueron allí a una misión, con cámaras en lugar de armas. Por eso La maleta mexicana es un compromiso político, y habla también de aquellos que quieren neutralizar el poder de aquellas fotografías y colocarlas en un contexto artístico. Capa, Seymour y Taro hacían propaganda, prepararon imágenes, las escenificaron. Pero en ese momento a ellos no les importaba todo eso, no les importaba la neutralidad del fotorreportero. Eso vendría después”.

“¿La neutralidad del director? Eso es una chorrada: cuando diriges un documental estás exponiendo tu punto de vista”, dice la realizadora cuando se la inquiere por el núcleo de su pieza, centrada en el trabajo de los arqueólogos que indagan en las fosas comunes abiertas por toda la geografía española. “Me interesaba mucho conocer a esas personas y esa ha sido mi gran recompensa. Toda esta gente que trabaja tratando de saber qué ha sido de los suyos, de desenterrar la memoria, me ha cambiado como persona: ese ha sido mi premio”.

La maleta mexicana podrá verse en su estreno mundial la semana que viene en el Festival de Cine de Karlovy Vary (República Checa) sin su directora, que alega compromisos previos. Ziff adelanta que podrán verse dos versiones de su trabajo: la primera, la cinematográfica, aparecerá en las salas españolas en noviembre, y la segunda, televisiva, llegará aún sin fecha prevista y con un plus añadido: “Para esa versión, de 55 minutos, hemos pedido a Baltasar Garzón que pusiera su voz en la introducción. ¿Miedo de las reacciones? No, yo no quería hacer un documental abierto a todo el mundo. Como ya he dicho, eso de la neutralidad es una auténtica chorrada”.

El País.com:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/4500/negativos/pensar/Espana/elpepicul/20110703elpepicul_3/Tes


Vivir con las botas puestas…

marzo 13, 2011

Luis Ortiz Alfau, de 95 años, compagina su voluntariado en Banco de Alimentos con su candidatura en las listas de los socialistas en Bilbao

Luis Ortiz Alfau

Luis Ortiz Alfau, durante la entrevista en el salón de té New York, en Bilbao.- LUIS ALBERTO GARCÍA

ISABEL LANDA – San Sebastián – 13/03/2011

Sentado en el salón de té New York, Luis Ortiz Alfau (Bilbao, 1917) desgrana al compás de una memoria prodigiosa los avatares de una intensa vida de 95 años marcada por su paso en el frente durante la Guerra Civil luciendo casaca republicana, el peso de sus hermanos Rafael y Ángel (el pintor de la Ría y el escritor-periodista) figuras emblemáticas de la cultura bilbaína, y su fiel voluntariado.

“Muchos me aprecian por mis hermanos y vivo un poco del cuento”

Ostenta con humildad, pero con cierta relevancia mediática, ser en la actualidad uno de los dos candidatos nonagenarios que va en las listas del PSE de Bilbao en las próximas elecciones municipales y uno de los voluntarios en activo de más edad de Europa por su trabajo en el Banco de Alimentos.

Luis se aferra con clase a la boina ante el fotógrafo “porque es muy bilbaíno”. Lo mismo coge el coche para ir de Txurdinaga, su barrio, hasta Bolueta donde trabaja desde hace 15 años como voluntario, que se desplaza hasta Paredes de Nava, en Palencia, para asistir al levantamiento de una fosa. Un día a la semana participa en una tertulia en Tele 7 de Barakaldo porque le gusta contar historias y las contextualiza sin margen de error. “Me gusta vivir, sacarle chispa a la vida y moriré con las botas puestas”, dice para justificar su vitalidad.

Ajeno a las militancias políticas, se unió al bando republicano a los 18 años porque su padre era de izquierdas. Estuvo en el bombardeo de Gernika pero se salvó porque su batallón se encontraba a las afueras en la retaguardia. “Nos tocó recoger muertos y heridos y mi madre siempre creyó que había muerto allí”. Pasó por el campo de refugiados en Gurs (Francia), y fue sargento administrativo de un batallón creado por Indalecio Prieto para los vascos. Cuando estalló la II Guerra Mundial decidió volver a Bilbao pero le detuvieron en el puente de Hendaya y le llevaron preso a la Universidad de Deusto, convertida en prisión. A pesar de ser rojo, estuvo de escribiente en un batallón de trabajos forzosos para levantar carreteras en el Valle del Roncal. “La memoria histórica significa que nos deben pedir perdón y reconocer que se hizo mal cuando los que no teníamos delitos de guerra nos castigaron a los campos de trabajo porque nos tocó la guerra en zona roja”, reflexiona.

Ortiz Alfau reconoce que salió vivo de las contiendas por la máquina de escribir. “Esa fue mi bendición, le pondría un monumento. En todos los destinos tuve la suerte de trabajar como escribiente. Fui un privilegiado y la máquina me salvó”.

Está jubilado desde 1977 tras 35 años como jefe administrativo en Uralita donde entró pagando 5.000 pesetas a un falangista para conseguir un permiso oficial. “Estuve cuatro años para devolver el dinero pero conseguí un trabajo después de la guerra”. Viudo desde hace dos años, vive solo: “Limpio, cocino y plancho, esto último no muy bien”.

“¿Mis hermanos? Muchos me aprecian por ellos. Vivo un poco del cuento, a veces en las colas cuando me preguntan los apellidos, siempre hay una cabeza que asoma y me cede el paso”, se jacta con picardía.

El País (Edición País Vasco)


“Mi abuelo Franco”

marzo 13, 2011

La revista Época, avalada por su declarada simpatía hacia el viejo régimen, acaba de estrenar una serie documental suscrita por un curtido periodista de confianza, Antonio D. Olano, en la que abunda en la memoria histórica que le es afín: “Lo que nunca se contó de Franco. Historias del “Azor”. Como se deducirá por la publicación que fomenta o promociona tal oferta, así como por el fragmento que me permito transcribir, lo que se cuenta no decepcionará a los más nostálgicos defensores o justificadores de la dictadura.

Escribe Olano acerca de la personalidad responsable y cristiana del extinto caudillo, versión filial de Carmencita Franco: “Si los problemas eran graves, esperaba de pie. El embajador de Alemania conminó a Franco para que la mañana siguiente diese una respuesta a Hitler que llevaría a la debilitada España a una guerra mundial. Franco -me explicaron mis amigas- se fue a la capilla del Palacio y pasó, despierto y rezando, toda la noche. Nosotras le acompañábamos. Cuando amanecía y se esperaba la visita del diplomático alemán, nos comunicaron que había muerto de repente”.

Supongo que en línea similar con esas plácidas memorias franquistas de Olano a bordo del yate de recreo del dictador, su nieto Francis Martínez Bordiú, a quien se le cambió el apellido por el de su abuelo a golpe de decreto, pondrá en la calle en otoño otras en las que obviará algunos pasajes del currículo que se le imputa y del que daba somera reseña Pilar Barrientos hace unas fechas en El Confidencial.

Francis Franco, como su padre Cristóbal Martínez Bordiú, estudió medicina y obtuvo la correspondiente titulación, pero no ejerció nunca como tal por considerar que esa profesión no era la más indicada para ganar todo el dinero que apetecía. También estimaba, al parecer, que el apellido impuesto no era el más indicado para tal actividad: ¿Cómo voy a ejercer de médico llamándome Francis Franco?

Cuentan que Salgado Araujo, jefe de la Casa Militar de Franco, vaticinó que algún día a Francis le gustará llamarse sencillamente Martínez. No será así a propósito de las memorias que se anuncian, pues el negocio comercial ha de basarse sobre todo en la firma y condición del autor. No se dice nada del título del libro, pero el más indicado para ganar dinero entre nostálgicos apasionados y algún que otro curioso y morboso lector podría ser: “Mi abuelo Franco”.


Voz de memoria Por Félix Población / (Público.es)


 


El exilio del exilio en su regreso a Tolosa…

julio 25, 2010

Cecilia G. de Guilarte emprende finalmente el regreso a su tierra en 1964. Y lo hace «a pesar de que mucha gente le aconsejaba que no viniera», aunque otros como Pío Montoya le animaban a volver, recuerda Ruiz García. Al volver, apenas reconoció aquel Tolosa que le vió nacer. Su hija afirma que «después de casi treinta años era un cambio total. La gente no le hacía caso, tenían miedo a hablar, fue el exilio del exilio. No era ese paraíso que todo exiliado había imaginado».

«Un artículo sobre José de Artetxe le ayudó a colaborar con ‘La Voz de España’. A pesar de ser una publicación franquista siguió adelante, era una mujer muy valiente», asegura su hija. Tras tantas idas y venidas, tanto esfuerzo y superación, «no pudo permitirse ser novelista, ni vivir en Madrid o Barcelona. Por eso, se jubiló y descansó. No volvió a escribir nada más que cartas», concluye Ruiz García.

Diario Vasco vía google noticias

Cecilia G. de Guilarte

Cecilia García de Guilarte, periodista y novelista, fue la única mujer que ejerció de corresponsal de guerra en el llamado «Frente del Norte» durante la Guerra del 36. Anarquista desde la cuna, esta tolosarra que años después llegó a ser finalista del Premio Planeta, estuvo en las trincheras con tan sólo veinte años. Un libro recupera ahora sus crónicas.

Karolina ALMAGIA (Gara)


La tolosarra Cecilia G. de Guilarte (1915-1989) ha pasado a la historia por sus libros de narrativa, pero apenas se conoce su faceta como periodista y corresponsal de guerra en el Frente de la Guerra del 36. Escribió de todo, pero nos privó de lo que más nos hubiera gustado leer: sus memorias sobre la guerra. Y, sin embargo, a través de sus crónicas -recuperadas ahora por Guillermo Tabernilla y Julen Lezamiz, de la Asociación Sancho de Beurko, en el libro «Cecilia G. Guilarte. Reporter de la CNT» (Ediciones Beta)-, podemos seguir los pasos de esta valiente mujer. El libro reproduce las crónicas de guerra editadas en los periódicos «CNT Norte», «Frente Popular» y «El Liberal», además de trazar una aproximación a la autora y al contexto histórico en el que trabajó. Esta publicación coincide con las siete tesis doctorales que en estos momentos se están haciendo sobre ella en México y Estados Unidos, lo que demuestra el interés que su figura despierta en los historiadores.

Cecilia G. Guilarte mamó el anarquismo desde la cuna. Nacida en Tolosa en 1915, en el seno de una familia obrera emigrada de Burgos, abrazó el anarquismo de un modo casi confesional. Su padre trabajaba en la industria papelera y uno de sus hermanos, Felix, murió con 17 años en los combates de Irun.

Guilarte cubrió para el periódico de la CNT los frentes de Gipuzkoa, Bizkaia, Santander y Asturias entre 1936 y 1937, ofreciendo una visión de la guerra muy alejada de los tópicos que asignaban a la mujer periodista un rol de mera propagandista.

Reportera de la CNT

Cecilia fue una mujer que no huyó del peligro y permaneció en medio de la batalla de Irun, en las calles de Bilbo durante los trágicos sucesos del 4 de enero de 1937 (cuando, tras un bombardeo que causó varios muertos, la muchedumbre penetró en las cárceles de la ciudad y causó una matanza entre los presos franquistas), en las posiciones del batallón Isaac Puente en Cimadevilla o en la ofensiva del general Mola.

Joven y pasionada, llama la atención el hecho de que escribe sus crónicas en primera persona, siempre preocupada por el factor humano y manteniendo la fe en la victoria. Y en medio de todo ello, vive una historia de amor con el eibarrés Amós Ruiz Girón, gudari que llegó a ser jefe del Batallón Disciplinario de Euskadi. Precisamente investigando sobre este batallón llegaron Guillermo Tabernilla y Julen Lezamiz a las crónicas de Cecilia G. Guillarte, lo que despertó su interés por esta mujer. «Amós era jefe de la Policía Municipal de Eibar y cuando se produce el alzamiento de los franquistas marcha hacia la zona de Tolosa. Se conocen, comienzan una relación y se casan el 2 de mayo de 1937, en Portugalete. Nada más terminar la ceremonia, llaman a Amós para que se incorpore a la Batalla de Sollube, donde el comandante es herido de gravedad», relata Julen Lezamiz.

Compartiendo con los milicianos largas horas en las trincheras, sufriendo las penalidades de la guerra, Cecilia, con apenas veinte años, persiguió la noticia allá donde estuviera. Muestra de ello es la exclusiva que consiguió al localizar y entrevistar a un piloto alemán apresado por el Ejército republicano, que el Gobierno tenía escondido para evitar su linchamiento popular. Claro que lo tuvo fácil: su novio era el encargado de custodiar al prisionero. «Digamos que es una especie de acuerdo. El comandante Ruiz Girón le deja entrevistar al alemán, pero a cambio Cecilia escribe un artículo sobre el Batallón Disciplinario», explica Lezamiz.

Pero no fueron crónicas de guerra lo único que escribió Guilarte esos años en el Frente. Llegó a publicar en las páginas del periódico anarquista un folletín por entregas para entretenimiento de los milicianos. Es lo último que firma en este medio. «Cuando cae Bizkaia, el Ejército vasco se retira hacia Cantabria y unos pocos batallones continúan hacia Asturias, entre ellos el Batallón Disciplinario. Cecilia embarca en Ribadesella hacia Francia, de donde pasa a Catalunya. Ya embarazada, se queda en zona republicana, mientras su marido sigue combatiendo en Asturias. Amós se salvó de milagro, escapando en un pequeño barco mientras muchos de sus compañeros eran apresados y fusilados», continúa Lezamiz.

Exiliados en México, Cecilia se afilió a Izquierda Republicana y comenzó a colaborar con diversas publicaciones, entre ellas «Euzko-Deya».

Residió en diversas ciudades y regresó a su tierra natal en 1964, mientras su marido permaneció en aquel país hasta la muerte del dictador. Autora de ensayos, teatro, relatos, columnas periodísticas y novelas, alcanzó éxito con su biografía de la religiosa del siglo XVII Juana de Asbaje, así como con «Nacer en España», su gran novela sobre la Guerra Civil. En 1975 salía de la imprenta su último libro publicado en vida, «La soledad y sus ríos», en donde rememora sus años mexicanos.

Sus hijas viven en México, excepto una de ellas, Ana Mari, que regresó a Tolosa. Para ellas también ha sido una sorpresa la recuperación de estas crónicas.

ANARQUISTA

Hija de un obrero de la Papelera, mamó el anarquismo en el seno de su propia familia. Se enamoró y se casó en plena guerra con un comandante del Ejército republicano, el eibarrés Amós Ruiz Girón. Se exiliaron en México.

Guiliarte en el exilio

CRÓNICAS

La Asociación Sancho de Beurko recupera la historia de esta mujer de Tolosa y sus crónicas de guerra en un libro publicado por Ediciones Beta. La periodista tolosarra estuvo en primera línea de batalla.

«Hoy me he sentido más periodista que nunca»
Ante los aparatos fascistas destrozados, ante los cadáveres carbonizados de los aviadores alemanes me he sentido más periodista que nunca. Y también más joven. Me parecía que el cotidiano «tranquilidad en toda la provincia» del gobernador y el «niño mordido por un perro» de toda la vida se rebelaban, cansados, sin duda, de ser las noticias salientes del día.

-Uno de los aviadores fascistas ha resultado ileso -se decía. Y la noticia se agrandaba. Corría kilómetros y se repetía de una a otra punta de la provincia.


-Hay que buscarlo -me he dicho-. ¿Cómo?

No quiera el lector saberlo. Imagínese todos los trucos periodísticos, todas las ventanas escaladas que quiera, y aún resultará pálido ante la realidad.

Bilbao era una ola de pasión. Se pedía la muerte del que con tan traidoras intenciones llegó a Vizcaya. La pedían las madres que saben de dolor y de ternuras. La pedía el pueblo sintiendo la bofetada alemana en pleno rostro. (…)

Angustia en los ministerios. Pasión en la calle. Titubeos. Un hombre de pronto. Sólo él sería capaz de llevarse al preso pasándolo por entre la multitud impaciente ya para evitar que la justicia del pueblo se cumpliese con demasiada premura.

Y Schmidt Karl Gustav, el aviador alemán cuya vida un pueblo entero reclama, atravesó Bilbao, lleno el rostro de asombro y temor, ante las gentes agitadas en oleadas de sentimientos vengadores.

Es preciso verle, hablarle. He querido borrar de mi memoria las peripecias que esto me costó. (….)

-¿Qué opinas de la aviación leal?

-Son valientes -responde lacónico.

-¿Y ahora? -le pregunto.

Hace un gesto de indiferencia. Se ve que lucha por aparecer tranquilo sin conseguirlo. Hay en sus ojos azules una sombra de tristeza, parecida a la que se observa en las gallinas próximas al sacrificio. Con la vista fija en el suelo, contesta:

-Ya sé que no saldré de aquí. Al principio creí que esto terminaría enseguida… todos lo creímos así.

Cecilia. G. DE GUILLARTE (Reportaje publicado en `CNT Norte’ el 12 de enero de 1937)

Publicado por hitza hartu

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http://borreruak.blogspot.com/2009/02/cecilia-g-de-guilarte-anarquista-y.html