III JORNADA-HOMENAJE

marzo 11, 2015

III Jornada-Homenaje AMECECA para envíos digitales
 

 

 

 

 


“Tu Memoria es su única sepultura”

marzo 13, 2014

Ayer asistí a la lectura dramatizada de  ”Jusqu’à quand? Extraits de Pleurnichard et de Mon père. de Jean Claude  Grumberg,  por J.M. Flotats en el Instituto Francés en Madrid.

 lectura

En una hora y cuarto el actor dio riendas sueltas a una interpretación, con el corazón en la mano, de extractos del libro maravillosamente seleccionados y encadenados.

El libro cuenta vivencias del terrible sufrimiento y dificultades de los familiares del autor, judíos deportados y asesinados en los campos de concentración nazis. Y de otros.

El autor en una ocasión, acompañado por su esposa en un evento conmemorativo, realizado en el distrito 10 de Paris a la memoria de los 77 niños pequeños de ese mismo distrito, sin edad para ser escolarizados, incluido uno que tenía solo… 28 días…, deportados y asesinados por los nazis, nos cuenta que la placa conmemorativa, colocada ese día había desaparecido en otra de sus visitas a ese lugar. Los vigilantes del parquecito preguntados, comentaron que tenían órdenes de prestar particular vigilancia a esa placa y que seguramente se habían llevado con alevosía y nocturnidad.  Unos años después  el Ayuntamiento de Paris, volvió a colocar otra placa repitiendo el evento conmemorativo cumpliendo con su papel de “devoir de Memoire”.

Surgió en un momento dado: “Tu Memoria es su única sepultura”  hablando de los familiares de los desaparecidos, de los eliminados por el fascismo, de los que no queda nada,… una pequeña foto… , solo esa imagen, recogida de un amasijo de papeles, interpela  a el autor , el retrato de su padre.

Los familiares de las víctimas, aquellas que retrata el autor y los familiares de los Nuestros, desaparecidos por el franquismo, (sin comparar números por supuesto), podrían compartir esa frase. Las placas y los lugares de homenaje también mancillados y destruidos durante la noche.

Vienen al cuento muchos casos en nuestro país de  agresiones sufridas por los monumentos y placas en Memoria de los desaparecidos y como ejemplo  “ el Roble de la Memoria” de Casavieja,: “El Roble de la Memoria” a pesar de haber sido ultrajado y tronchado dos veces este año por barbaros insensibles ( ver: https://lamemoriaviva.wordpress.com/2010/02/28/en-casavieja-avila-solo-el-vandalismo-y-la-estupidez-por-no-decir-otra-palabra-mal-sonante-se-ceban-con-%e2%80%9cel-roble-de-la-memoria%e2%80%9d/ ), sigue vivo, con hojas nuevas y sus raíces están fuertemente arraigadas  en nuestros corazones. De ahí nadie podrá arrancarlo, nunca, porque la Memoria la transmitiremos a nuestros hijos y ellos a los suyos (con el cuidado de familiares de las víctimas, que le riegan cuando lo necesita, le protegen de los animales con una malla, le limpian, ese pequeño y frágil árbol ha retoñado donde le troncharon… y con dos troncos en vez de uno).

Pero algo nos distancia y no será por falta de empeño de asociaciones y familiares, en Francia el Estado, aunque solo sea por “el deber de Memoria”, está presente en esos homenajes y se desplaza el Alcalde de París al lugar, en España no quieren saber nada de esto que “es del  pasado y las heridas están cicatrizadas…, hay que mirar al futuro… no despertar antiguos temores….”

¿Hasta cuándo?

Seguiremos reclamándolo alto y claro. Por eso nos llamamos La Memoria Viva.

Pedro Vicente Romero de Castilla Ramos.


77 años depués, sin Verdad Justicia y Reparación oficiales.

septiembre 13, 2013

Hoy 13 de septiembre de 2013 hace, día por día,  77 años que las tropas franquistas secuestraron, a mi abuelo paterno Wenceslao Romero de Castilla López, de 42 años, ferroviario, en Mérida (Badajoz). Le llevaron a un cuartelillo de la Guardia Civil en los aledaños de la plaza central emeritense, donde estuvo retenido 3 días. Posteriormente desapareció.

Obra en mi poder un certificado de defunción registrado el mes de febrero del 37 (“muerto por arma de fuego”) sin reconocimiento médico-legal y sin lugar de enterramiento, el 16 de septiembre de 1936… Nueve huérfanos y una viuda.

libro La columna de la Muerte. F. Espinosa Maestre

Hace pocos años otro documento, una declaración jurada hecha en 1978 por un ciudadano emeritense al Alcalde de esta ciudad, llegó a mis manos. La persona, que por discreción no nombro, jura que conocía a mi abuelo y a su familia y que le consta que fue fusilado por las tropas franquistas delante de las tapias del cementerio local. Esta persona, ya fallecida, era un conocido e importante empresario en esta localidad.

Victor Santos Asensio y Wenceslao Romero de Castilla Lopez, asesinados en Mérida.

Victor Santos Asensio y Wenceslao Romero de Castilla Lopez, asesinados en Mérida.

Contaré ahora algo ocurrido 3 años después del asesinato de Wenceslao en esa misma ciudad.

Mi abuelo materno, Eustaquio Ramos Muñoz, fue encarcelado en marzo del 39 y pasó del campo de concentración de Plasencia (Cáceres) a otro en Palma de Mallorca ( Las Islletas) y de ahí a la Provincial de Cáceres. Tres años fueron su reclusión. Antes de fallecer en diciembre del 75 escribió sus memorias y en ellas relata  sus vivencias y el traslado de un centro de reclusión a otro, cito aquí textualmente la parte que cuenta su llegada en tren a Mérida antes de ir a Cáceres en marzo del 40 después de 8 días de transporte : “…así aguantamos 8 días; después nos esposaron más fuerte y cuando llegamos a Mérida no se veían las esposas, estaba como para reventar y llamar a los guardias 90 cosas; enseguida que llegamos nos metieron en un convento, sucio y húmedo; y los que venían conmigo ya los estaban esperando sus mujeres con mucho pan y latas de sardinas y atún y llenaron una bolsa de pan y sardinas; cuando llegaron al día siguiente para llevarnos a Cáceres se despidieron todos de mí y el guardia al ver que tenía las manos  hinchadas me dijo que si me convenía que me atara la pierna al banquillo del tren les dije que sí, esos guardias de la provincia de Cáceres parecían que eran mejores…”

texto Mérida Eustaquio

 Para que conste, en Memoria de mis dos abuelos y de todos sus compañeros de infortunio.

 ¡Verdad, Justicia y Reparación!

Pedro Vicente Romero de Castilla Ramos.


La matrona de los exiliados…

octubre 25, 2012

Elisabeth Eidenbenz, una joven maestra suiza, ayudó a nacer a 597 niños entre 1939 y 1944, la mayoría hijos de exiliados republicanos que permanecían en campos de concentración en Francia, entre 1939 y 1944.

ALEJANDRO TORRÚS Madrid 20/10/2012

Elisabeth sostiene en brazos a un niño nacido en la maternidad. Imagen cedida por la asociación 'També hi son'.

Elisabeth sostiene en brazos a un niño nacido en la maternidad. Imagen cedida por la asociación ‘També hi son’.

En mitad de la desolación de los campos de concentración del sur de Francia, donde se hacinaban los cerca de 500.000 republicanos españoles que atravesaron la frontera de los Pirineos, hubo una joven maestra suiza que se dedicó a buscar y recoger a las mujeres embarazadas. Elisabeth Eidenbenz, que así se llamaba la joven, había llegado a España el 24 de abril de 1937 como enfermera voluntaria de la Asociación de Ayuda a los Niños de la Guerra y se había marchado junto a los exiliados al sureste de Francia, cuando cayó la República. Allí buscó un lugar donde crear una maternidad. Lo encontró en un antiguo palacete abandonado en la pequeña ciudad de Elna, donde fundó un espacio de paz y humanidad en medio de una Europa en guerra en el que nacieron 597 niños. La mayoría, hijos de exiliados republicanos que se encontraban en los campos de concentración de Francia, aunque también fueron atendidas madres judías que huían de los nazis.

“Era el mes de abril y por los altavoces del campo informaron de que Franco había ganado la guerra –relata Remei Oliva en el libro de la historiadora Assumpta Montellà La maternidad de Elna– ya hacía meses que estábamos rodeados de alambres, vigilados como criminales y mal alimentados. La sarna, el polvo y la arena fina se colaban por todas partes, la ropa, la comida, los ojos (…). Yo no quería que mi hijo naciera en estas condiciones. Tenía miedo de que no sobreviviera. Había visto con mis ojos cómo morían los hijos de otras mujeres”. La mortalidad infantil en los campos de concentración del sur de Francia superaba el 90%.

“En la enfermería me informaron de la apertura inminente de una maternidad para los refugiados. Se encargaba de todo una mujer muy joven, extranjera, pero no era francesa. La había visto alguna vez hablando con mujeres embarazadas. Llevaba un delantal blanco y siempre iba muy limpia, con el pelo largo recogido en una trenza replegada en un moño. Le llamaban la señorita Isabel”, prosigue Remei Oliva. El 7 de diciembre de 1939 nació el primer bebé en la recién creada maternidad. Su nombre: José Molina.

A José Molina le siguieron una larga lista de niños de republicanos exiliados. Adela Aguado, Alberto Álvarez, Azucena Baquero, Faustino Bretos, etc. Entre ellos, Celia García, que nació el 14 de febrero de 1941 y permaneció en la maternidad hasta abril de 1944, cuando soldados de la Alemania nazi clausuraron la institución. Celia, recuerda para Público desde su casa en Perpiñán lo que significó la pequeña isla de paz de Elisabeth Eidenbenz.

“En la maternidad no había judíos ni cristianos. Todos eran iguales”, recuerda Celia, quien nació allí en el año 1941

“Mi madre me contaba que cuando acudió a la maternidad fue maravilloso. Siempre decía que allí fue recibida como una persona y no como un animal, que era como se había sentido hasta el momento en Francia. Allí las madres estaban unidas y todas eran iguales. No había ni blancos, ni negros, ni judíos, ni cristianos. Todos iguales”, recuerda Celia, que señala que la maternidad es uno de los lugares más importantes de su vida, ya que fue en sus jardines donde vio por primera vez a su padre con tres años de edad.

Marruecos, el paritorio

La maternidad estaba instalada en un palacete de tres pisos construido en 1900. Un espacio de tranquilidad y relativo confort que contrastaba con la Europa de destrucción de la época. El espacio disponía de aproximadamente 50 camas, distribuidas por habitaciones de entre cuatro y ocho camas cada una. La mayoría de estas habitaciones habían sido bautizadas con nombres de ciudades españolas: Barcelona, Bilbao, Madrid, Santander, Sevilla y Zaragoza. El paritorio se llamaba Marruecos.

“Cuando llegamos a las puertas de la maternidad ya nos esperaba la señorita Isabel. La casa era preciosa y estaba muy limpia. Ella nos explicó las cuatro normas y nos dijo que las mujeres que se encontraran bien y con ánimo podían colaborar en las tareas de la casa. Quien pudiera planchar, que planchara, quien estuviera más fuerte, limpiaba las baldosas, los platos… Trabajo había para todo el mundo”, explica Joana Pascual, exiliada española en la maternidad de Elna, que recoge Assumpta Montellà en su obra.

                                                                     Sergio Barba junto a una de las enfermeras

Entre esas madres que se quedaron en la  maternidad a cuidar del resto y a ayudar en el mantenimiento del hogar está la madre de Celia, de quien heredó el nombre. “Mi madre siempre decía que en la maternidad pasó los cuatro mejores años de su vida en Francia. Después, todo fue luchar y luchar. La integración en Francia no fue nada fácil”, señala Celia.

Apenas dos meses después de Celia nació en la Maternidad Sergio Barba. Era el 12 de abril de 1941, ya habían pasado casi 10 años desde el advenimiento de la II República española y sus partidarios debían parir fuera de su país. Barba se quedó a vivir en Francia. Allí preside la FFREEE, la asociación de los hijos e hijas de españoles de Republicanos Españoles y Niños del Exilio. Barba, desde Francia, recuerda para Público la labor de la señorita Isabel.

“Mi madre siempre me habló de la suerte que tuvo de poder darme a luz en la Maternidad. Siempre decía que Elisabeth era una mujer estupenda, que cuidaba de todas y cada una de las mujeres y que había conseguido crear un ambiente caluroso, como de una gran familia. Pero lo formidable y fantástico fue que hubiese un lugar para las madres republicanas españolas y después para las madres judíos y gitanas perseguidas por los nazis”, señala Barba.

Refugio para mujeres judías

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, la Maternidad acogió también a madres judías que huían de la persecución nazi. Se calcula que nacieron allí alrededor de 200 niños judíos. La voluntad de Elisabeth de proteger a los niños y madres judíos de la barbarie alemana hizo que la Gestapo visitase frecuentemente la Maternidad. Celia García recuerda una de las visitas de la Policía alemana que le contó su madre.

“Mi madre me dio la vida. Elisabeth, la esperanza en el género humano”, dice Barba, hijo de exiliados españoles “Un día Elisabeth fue al hospital de Perpiñán y vio a una Lucie, una chica judía embarazada de 18 años. Elisabeth se la llevó a la maternidad y trató de protegerla. Pero poco tiempo después la Gestapo se presentó en la Maternidad y la reclamó. La matrona les dijo que Lucie no estaba allí, pero los alemanes dijeron que si no entregaban a la chica se la llevarían a ella y a otras mujeres presas. Finalmente, la tuvo que entregar a los alemanes. La cogieron, le pegaron, la tiraron al suelo, le escupieron (…). Eso la señorita Elisabeth no se lo pudo perdonar nunca” relata Celia.

Finalmente, durante la Pascua de 1944 el ejército alemán, en uno de sus últimos coletazos, cerró la Maternidad, poniendo punto y final a uno de los cientos de episodios olvidados de la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial. Elisabeth desapareció entonces de la vida de los casi 600 niños a los que ayudó a nacer, aunque ellos nunca lo olvidaron.

El reencuentro

El palacete estuvo abandonado hasta que un artesano vidriero francés lo adquirió en la década de los noventa sin saber el pasado del edificio. En 2001, el artista conoció a Guy Eckstein, uno de los niños judíos que había nacido en la Maternidad, quien se acercó hasta el palacete para conocer el lugar donde había nacido. En 2002, el ayuntamiento de la ciudad le dedicó un homenaje institucional a la matrona de los exiliados, entregándole la Medalla de los Justos Entre las Naciones, otorgada por el Estado de Israel. Al acto acudieron algunos de los 597 niños a los que la señorita Isabel había ayudado a nacer.

En 2004 el edificio fue adquirido por el Ayuntamiento de Elna, gobernado por Nicolás García, nieto de españoles exiliados en Francia que lo convirtió en un espacio de recuerdo a las víctimas de la barbarie y a la labor de Elisabeth. Sergio Barba resume en una sola frase todo lo que ha aprendido de la labor de la señorita Isabel. “Mi madre me dio la vida. Elisabeth, la esperanza en el género humano”, concluye.

Foto de familia en el reencuentro de 2002. En el centro de la imagen vestida de gris se encuentra Elisabeth.

*Actualmente se está celebrando la exposición La maternidad de l’Elna en el casal Les Monges(Roda de Berà, Tarragona). Organiza la Asociación També hi som.

 http://www.publico.es/espana/444201/la-matrona-de-los-exiliados


Justicia crea un archivo sobre los 4.440 españoles que murieron en campos de concentración nazis…

septiembre 23, 2012

Lanza un buscador en la web del Ministerio para obtener los datos de los fallecidos en Alemania y Austria.

EUROPA PRESS. MADRID. 19/09/2012

Españoles en el campo de Mathausen

Españoles en el campo de Mathausen

El Ministerio de Justicia ha puesto en marcha una base de datos a través de la cual se podrá acceder a la información sobre los 4.440 españoles que murieron en los campos de concentración nazis de Austria y Alemania durante los años de la posguerra española, ha informado este miércoles de departamento del Alberto Ruiz-Gallardón. El Gobierno considera que esta iniciativa es de interés tanto para investigadores como para particulares, y es accesible a través de la pestaña de Memoria Histórica, en la web del Ministerio de Justicia.

La base de datos funciona a través de un buscador en el que se pueden rellenar uno, varios o todos los campos que ofrece, de forma que el sistema arrojará la información que coincida con los campos completados. Para cada una de las 4.440 víctimas, la aplicación ofrece su nombre y apellidos, fecha y lugar de nacimiento, fecha y lugar de fallecimiento, y el documento histórico original del aviso de deceso. Las certificaciones relativas a esta documentación podrán solicitarse al Registro Civil Central.

El lanzamiento de esta base de datos ha sido posible gracias al proceso de digitalización de las fichas enviadas por el Ministerio de Excombatientes y de Víctimas de la Guerra de Francia, en las que se incluyen los avisos oficiales de decesos de los fallecidos en campos de concentración. Estos datos se encontraban encuadernados en diez volúmenes que entraron en el Registro Civil español a mediados de los años cincuenta, en los cuales aparecen los datos de estas personas. Una vez digitalizada la información, se ha procedido a ordenarla y a elaborar la base de datos.

Con esta actuación, la División de Derechos de Gracia y otros Derechos completa el trabajo iniciado por la Oficina de Víctimas de la Guerra Civil y de la Dictadura, cuyas competencias ha asumido tras la reestructuración del departamento. Justicia considera que esta iniciativa se encuadra en la “normal aplicación y desarrollo de la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”.

http://www.publico.es/espana/442575/justicia-crea-un-archivo-sobre-los-4-440-espanoles-que-murieron-en-campos-de-concentracion-nazis


Almería homenajea a 142 almerienses que murieron víctimas del holocausto nazi…

mayo 6, 2012

Cerca de 200 personas han participado hoy en Almería capital en un acto de homenaje

Ofrenda floral ante el monumento en memoria de las víctimas del holocausto, en Almería, junto al que cerca de 200 personas participan en un acto de homenaje a las víctimas del holocausto nazi, en el que se ha recordado a los 142 almerienses que perdieron la vida en el campo de concentración de Mauthausen, donde fallecieron más de 6.000 españoles, 1.500 de ellos andaluces.EFE

Ofrenda floral ante el monumento en memoria de las víctimas del holocausto, en Almería, junto al que cerca de 200 personas participan en un acto de homenaje a las víctimas del holocausto nazi, en el que se ha recordado a los 142 almerienses que perdieron la vida en el campo de concentración de Mauthausen, donde fallecieron más de 6.000 españoles, 1.500 de ellos andaluces.EFE

EFE Almería

Cerca de 200 personas han participado hoy en Almería capital en un acto de homenaje a las víctimas del holocausto nazi en el que se ha recordado a los 142 almerienses que perdieron la vida en el campo de concentración de Mauthausen, donde fallecieron más de 6.000 españoles, 1.500 de ellos andaluces.

El acto ha sido convocado por el PSOE, IU y el PCA, con la colaboración de la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica Rocamar, con motivo de la conmemoración, el 5 de mayo, del 67 aniversario de la liberación del campo austríaco.

El homenaje, que se celebra cada año, ha tenido como escenario el monumento erigido en el parque de las Almadrabillas de la capital almeriense en honor a las víctimas del holocausto nazi, junto al antiguo cargadero de mineral.

El monumento representa la escalera en la que muchos de los prisioneros del campo de Mauthausen murieron transportando pesadas piedras, y alrededor de ella se levantan 142 columnas, una por cada víctima almeriense.

El acto ha sido presentado por la periodista Antonia Sánchez Villanueva, subdirectora de La Voz de Almería, y la vicepresidenta de la Asociación de Memoria Histórica Rocamar, Martirio Tesoro, ha sido la encargada de leer el manifiesto en recuerdo de las víctimas y en defensa de los valores humanos.

En declaraciones a los medios de comunicación, Tesoro ha explicado que el objetivo es “seguir la estela de los supervivientes, que se juramentaron” para que “nunca más” ocurriera algo como lo que sufrieron.

La intención, ha expuesto, es hacer “un recordatorio contra las dictaduras y el totalitarismo” para “no caer en el error y el horror del olvido”.

“Que se sepa, sin odios, sin rencores, lo que pasó para que no volvamos a caer en esa pesadilla”, ha dicho Tesoro, quien ha expresado su temor ante los “movimientos xenófobos y racistas que hay en Europa”.

También ha participado con unas breves palabras la hija de Antonio Muñoz Zamora, último superviviente almeriense del campo de Mauthausen, que vio un sueño cumplido con la inauguración del monumento en 1999, y cuyas cenizas se esparcieron en la orilla del mar junto al lugar tras su fallecimiento en 2003.

El acto, en el que se ha reivindicado la correcta conservación del monumento, catalogado por la Junta de Andalucía como Lugar de la Memoria Histórica, ha finalizado con una ofrenda floral al monumento y la interpretación del Himno de Riego a cargo de la Banda Municipal de Música.

http://www.publico.es/agencias/efe/432004/almeria-homenajea-a-142-almerienses-que-murieron-victimas-del-holocausto-nazi


Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto: de Berlín a Ourense-Galicia (pasando por los campos de concentración de Mathausen y Drancy)

enero 29, 2012
 Monumento del Holocausto (Berlín, verano de 2011). (Archivo gráfico de “Diario de un médico de guardia”).
Es un monumento que recuerda en Berlín a los judíos víctimas del holocausto. Fue diseñado por el arquitecto Peter Eisenman.
Tomada de http://es.wikipedia.org/wiki/Monumento_a_los_jud%C3%ADos_de_Europa_asesinados

Día Internacional en memoria de las
víctimas del Holocausto
El 1º de noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 60/7 en la que designó la fecha del 27 de enero Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto.
Tras la aprobación de la resolución, el Secretario General de las Naciones Unidas describió este día especial como “un importante recordatorio de las enseñanzas universales del Holocausto, atrocidad sin igual que no podemos simplemente relegar al pasado y olvidar”.
Los horrores de la segunda guerra mundial dieron lugar a la creación de las Naciones Unidas. El respeto de los derechos humanos de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión, es uno de los mandatos fundamentales previstos en su Carta. Al inaugurar el Museo de la Historia del Holocausto en Yad Vashem (Israel) en marzo de 2005, el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, recordó que “la repulsa al genocidio, al asesinato sistemático de seis millones de judíos y millones de otras personas fue también uno de los factores que promovieron la Declaración Universal de Derechos Humanos”. El Secretario General agregó que “las Naciones Unidas tienen la responsabilidad sagrada de combatir el odio y la intolerancia. Si las Naciones Unidas no están a la vanguardia de la lucha contra el antisemitismo y otras formas de racismo, niegan su historia y socavan su futuro “.
El 27 de enero fue elegido para conmemorar el Día Internacional en memoira de las víctimas del Holocausto porque en esa fecha, en 1945, el ejército soviético liberó el mayor campo de exterminio nazi, en Auschwitz-Birkenau (Polonia).
Varios países conmemoran ya este día para recordar a las víctimas del Holocausto.
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Hubo también gallegos y ourensanos que sufrieron los horrores del Holocausto. Este verano en un pequeño artículo publicado en La Región se indicaba que al menos 35 ourensanos estuvieron internados durante gran parte de la II Guerra Mundial en el campo de concentración de Mathausen. Se sabe que 11 de ellos lograron salir con vida. El resto quedó allí para siempre.
Tras la caída de la República en 1939, muchos civiles y soldados del bando republicano huyen a Francia donde intentan rehacer sus vidas integrándose en la sociedad civil, aunque la mayor parte no tuvo opciones y acabó en campos de internamiento creados expresamente para los republicanos españoles. El estallido de la II Guerra Mundial no les deja más opciones que volver a coger las armas y alistarse en el Ejército francés o bien pasar a formar parte de unidades de combatientes extranjeros. La historia para la mayor parte de estos soldados acaba en dos campos de concentración, el “Stalag VII Moosburg” y el temido “KZ Mauthausen”, a donde fueron confinados más de 5.000 españoles, de los que tan sólo 1.500 salieron con vida.

Campo de Drancy (París).
Tomado de http://www.ushmm.org/wlc/sp/article.php?ModuleId=10007415
Hubo otros ourensanos que también sufrieron los horrores de otros campos de concentración, como por ejemplo el famoso campo de Drancy a las afueras de París que funcionó entre 1941 y 1944, y en donde fueron recluídos todos los ciudadanos de orígen judío de París y otras zonas de Francia. Desde allí la gran mayoría fueron derivados a campos de exterminio. La película “La llave de Sarah” o la novela “Dora Bruder” se desarrolla en parte con ese campo de concentración como referencia.
En estas vicisitudes anduvieron el matrimonio Volodia Dainow y María Dicker, los dentistas ruso-judíos establecidos en Ourense desde al menos 1911 hasta 1936. A raíz de la Guerra Civil se exilian a Francia, en donde luego les va a alcanzar el conflicto de la II Guerra Mundial y la invasión de Francia por los nazis. Los Dainow-Dicker consiguen salir vivos de Drancy. Ya nunca regresaron a Ourense, pero esa es otra historia que se está reconstruyendo desde tierras catalanas y está aún sin elaborar.
María Dicker de Dainow (foto de los años 20-30)
Anuncio en El Miño, 22 de noviembre de 1912. Biblioteca de la Diputación
Foto facilitada por Rafa Salgado de Ourensenotempo.  En la casa que hace esquina y con fachada de galerías vivían los Dainow en el segundo piso. Es una foto del Ourense de  los años de la Guerra Civil-posguerra. La calidad de la foto que tenemos no es buena, pero nos han dicho que en el tercer piso aparecen banderas nacionales, y parece que una insignia nazi. En el bajo está en la actualidad el pub Miudiño.
Lista de Galegos asasinados en Mauthausen.   

http://diariodeunmedicodeguardia.blogspot.com/2012/01/dia-internacional-en-memoria-de-las.html

 Nº18 de la revista de la Asociación Galega de Médicos Forenses que dirijo y que ha sido dedicado monográficamente a la Antropología Forense de la Guerra Civil Española. Distribúyela por donde estimes oportuno.

 Descargar ANTROPOLOGIA FORENSE DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA BGML 18.pdf (6,5 MB)
ANTROPOLO…pdf
Descargar(6,5 MB)

La última brigadista…

diciembre 11, 2011

JESÚS RODRÍGUEZ 11/12/2011

Hace 75 años, más de 35.000 hombres y un puñado de mujeres de 54 países llegaron a España para luchar contra Franco. Estaban convencidos de que si frenaban el fascismo podían evitar una guerra mundial. Esta es una historia de valor y solidaridad a través de la memoria de Lise London, la última mujer voluntaria con vida.

Lise London

 
 
1942

Lise en la localidad de Charande, en junio de 1942, un mes antes de ser detenida por la Gestapo.-

Cuando el compacto grupo de ancianos franceses con acento español y ancianos españoles con acento francés se arranca a entonar con rabia el vibrante himno de batalla de nuestra Guerra Civil, se hace un silencio doloroso y toca tragarse las lágrimas. Son los testigos de una historia que se acaba. Una gesta de ideales y lucha por la libertad que pronto, cuando sus últimos protagonistas desaparezcan, quedará enterrada en los manuales de historia. Hoy están aquí. Quizá por última vez. Tienen el pelo blanco y las manos nudosas como una vid; ondean sobre sus cabezas pálidas banderas tricolores; un centenar de veteranos de la guerra se han reunido esta tarde de noviembre en un rincón sin turistas de París en homenaje a los miles de camaradas que llegaron a este lugar hace justo 75 años, procedentes de 54 países, para alistarse en las Brigadas Internacionales y luchar durante más de dos años contra Franco en los frentes de Madrid, el Jarama, Guadalajara, Brunete, Teruel y el Ebro. Fueron más de 35.000. Casi un tercio reposa en España en tumbas sin nombre. Muchos iniciaron malheridos la retirada a finales de 1938 y murieron en campos de concentración franceses y alemanes. Los que sobrevivieron formaron una estrecha comunidad de sangre que nunca nadie ha conseguido romper.

Eran jóvenes y no eran soldados; nunca habían sostenido un arma; habían militado en el pacifismo y la solidaridad entre los pueblos. Eran unos soñadores. Metalúrgicos, estibadores, estudiantes, campesinos e intelectuales; aventureros, revolucionarios; activistas negros americanos y judíos perseguidos por los nazis. Por encima de su origen, combatir en la Península al Caudillo suponía para todos plantar cara a Hitler. Creían que la Guerra Civil era el primer asalto de una contienda mundial que se podría frenar si Franco y sus compañeros de viaje eran derrotados en España. Para los brigadistas, no se trataba de una simple guerra fratricida aislada en un país frontera con África. Era el aperitivo de la catástrofe. El tiempo les daría la razón.

Aquella guerra concluiría el 1 de abril de 1939 con el triunfo de Franco y los ejércitos del Eje y el éxodo de medio millón de derrotados; cuatro meses más tarde, Hitler, según el plan previsto, invadía Polonia; doce meses más tarde, Francia, y dos años más tarde, en mayo de 1941, la Unión Soviética. Cincuenta millones de personas perecerían en la II Guerra Mundial. La perspectiva que proporciona el tiempo confirma que los brigadistas fueron unos visionarios. Antes de que existieran el derecho humanitario y la declaración de derechos humanos, apostaron por la solidaridad internacional con un Gobierno legítimo cuya democracia estaba siendo pisoteada. Se adelantaron. Una idea que sintetizaría Artur London, brigadista hasta las últimas horas de la República y uno de los protagonistas de este reportaje, con una frase: “Se levantaron antes del alba”.

Muchos eran parias de la tierra. Tenían poco que perder porque no tenían nada. Dieron un paso al frente aquel otoño de 1936. Rompieron con todo. Se convirtieron en proscritos en sus países de origen. Era un instante crucial en el que la democracia se resquebrajaba; no solo Alemania e Italia habían caído bajo el yugo del fascismo. En Polonia, Hungría, Rumanía, Grecia, Lituania, Bulgaria, Checoslovaquia, Austria y Portugal se estaban incubando regímenes dictatoriales. La extrema derecha había mostrado sus colmillos en Francia. En sectores del Partido Republicano estadounidense y el establishment británico se aplaudía a Hitler. En ese instante, la mitad de España se había rebelado contra el golpe de Estado del 18 de julio. La guerra había comenzado. La República carecía de ejército y lo improvisaba a diario; mientras, Franco, al mando de unas fuerzas fogueadas en África, había alcanzado en semanas los arrabales de Madrid. Hitler humillaba a las democracias y enviaba sus bombarderos contra los españoles saltándose los acuerdos internacionales. Para apaciguarlo, Francia y Reino Unido habían abandonado a la República. La Península ardía. El mundo asistía mudo a la tragedia. Dentro de ese macabro decorado, miles de hombres habían reaccionado y enfilado París como primera escala hacia España. ¿Por qué estaban dispuestos a jugarse la vida en un país del que no conocían ni la lengua? Artur London daría la clave: “En Madrid, el checo iba a luchar por Praga; el francés, por París; el austriaco, por Viena; el alemán, por liberar su país de Hitler, y el italiano, por expulsar a Mussolini de su país”.

No pasarán

 

Un búnker de la Guerra Civil en el parque del Oeste de Madrid; aquí llegaron los brigadistas a defender la ciudad el 8 de noviembre de 1936.- SOFÍA MORO

 

El número 8 de la calle de Mathurin-Moreau era en 1936 un descampado salpicado de barracones que albergaban sindicatos de izquierda y comités obreros. A ese París proletario comenzaron a llegar en octubre los voluntarios. Los partidos comunistas de todo el mundo (de los que había surgido la idea de crear las Brigadas a través de la Internacional, la organización que hacía de correa de transmisión entre las consignas de Stalin y sus cuadros) habían prestado su infraestructura como banderín de enganche. En esta calle comenzaría el largo viaje hasta el frente. Más allá, vencer o morir.

Aquí se levanta desde los años setenta la sede del Partido Comunista Francés, un bello edificio de hormigón y cristal proyectado por el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer como regalo a sus camaradas franceses. Todo aquí remite al combate contra el fascismo. La plaza en la que desemboca el cuartel general comunista lleva el nombre de uno de los más legendarios veteranos de las Brigadas Internacionales: el coronel Fabien, líder desde 1941 de la Resistencia francesa contra Hitler y el primer partisano que acabó durante la ocupación con la vida de un oficial hitleriano. En este ambiente de familia nos encontramos con una de sus viejas camaradas de guerrilla, Cécile Le Bihan, viuda de otro mítico brigadista: el coronel Rol-Tanguy, el partisano al que se rindió el ejército alemán que ocupaba París en 1944. Cécile tiene 93 años; es una anciana erguida, digna y lúcida, con una boina calada hasta las sienes y la Legión de Honor en la solapa. Durante cuatro años se jugó la vida y la de su familia en la Resistencia contra la ocupación nazi. Pasaba documentos en el cochecito de su hijo (hoy ese bebé es un sexagenario que sonríe a su lado) y participó en sabotajes. Su compañero, Rol-Tanguy, es un héroe nacional en Francia. “Nunca olvidó España”, relata Cécile; “afirmaba que la experiencia más grande y enriquecedora de su vida fue la Guerra Civil. Era un sindicalista, un hombre de acción. Me decía: ‘Tengo dos patrias, Francia y España; nunca me he podido sacar a los españoles del corazón’. España era para Henri como esa bala que recibió en la espalda en el frente del Ebro, se le quedó alojada en el omoplato y no le pudieron extraer: era parte de él”.

-¿Por qué se enroló en las Brigadas?

-Quería aprender a luchar contra el fascismo y enseñar a otros. Se empeñó en ir a Madrid. Era un tipo duro, un metalúrgico. No era un idealista, era un militar. Sabía que el siguiente capítulo de aquella tragedia era París. Y no se conformaba. Quería estar en primera línea; volvió de España herido. Nos casamos en abril del 39. Un año más tarde, Hitler invadía Francia y volvió a combatir.

Aquellos jóvenes brigadistas que comenzaron a concentrarse a mediados de octubre de 1936 en París eran tipos jóvenes, grandes, ruidosos, románticos, vitales; sin gran formación (aunque hubiera entre ellos un grupo de escritores como Malraux, Hemingway, Orwell o Koestler), pero muy politizados; gente del pueblo, directos, juerguistas; cariñosos con los españoles que los recibían como salvadores. Se sintieron como en casa. Tras escuchar las grabaciones con decenas de testimonios de brigadistas, leer sus memorias y charlar con los supervivientes y sus familias, se advierte un hecho sorprendente: nunca renegaron de su aventura española; los veteranos recordaban los años de la Guerra Civil como los más enriquecedores, intensos y altruistas de su vida. No había amargura en sus palabras. Ninguno se quejaba del pobre armamento e instrucción que recibieron; las penosas condiciones de vida en el frente; la crueldad de las batallas. No hay ninguna crítica a la discutible conducción política y militar de la guerra por parte de la República. Ni siquiera a su retirada de España como moneda de cambio. Para ellos, la única tragedia fue abandonar a los republicanos a su suerte. Me lo confirma la hija de uno de ellos que prefiere no dar su nombre: “Mi padre me contaba que cuando la República decide a finales de 1938 que los brigadistas se vayan para intentar un agónico acuerdo de paz, estos no querían que los españoles les dieran las gracias; las daban ellos por haber tenido la oportunidad de compartir el ideal de la República. Los brigadistas eran muy queridos en España. Llegaron aclamados por el pueblo, y cientos de miles de personas les despidieron entre flores de la misma forma el 15 de noviembre de 1938 en la Diagonal de Barcelona. Algo bueno debieron de hacer. Consideraban a los españoles sus hermanos. Por eso, los tres centenares que vivían en 1996 aceptaron como un honor la decisión del Gobierno de Felipe González de concederles la nacionalidad española”.

Con Ibárruri

Lise (segunda por la derecha) con Dolores Ibárruri (en el centro).-

De los más de 35.000 voluntarios extranjeros que lucharon en nuestra Guerra Civil no quedan más de veinte. Los más jóvenes han superado los 90 años. Para Marina Garde, responsable de ALBA (Abraham Lincoln Brigade Archives), la organización que reúne a los brigadistas estadounidenses vivos (solo cinco de los 2.800 que vinieron a España), “están muriendo los últimos y es trágico; era gente carismática, entregada, incansable, que movía a mucha gente con su testimonio; ahora nos toca defender esa memoria. Es un legado muy fuerte que tenemos que salvar del olvido. Hay que crear una tradición en torno a su memoria. Que su ejemplo sirva para que nunca nos quedemos cruzados de brazos ante los dictadores”.

El pasado invierno murió el último brigadista italiano; queda un superviviente en México, dos en Argentina, tres en Reino Unido, cinco en Estados Unidos, uno en Rusia, dos en Austria, un estonio, un israelita y cinco franceses. Estos últimos no han podido estar hoy en París en el acto de homenaje. El tiempo no perdona. Sin embargo, César Covo, Théo Francos, los hermanos Vincent y Joseph Almudever y Lise London están en el corazón de todos.

Sobre todo Lise, la legendaria compañera de Artur London; la última brigadista. Tiene 95 años. Nació como Elisa Ricol de padres españoles en un pueblo minero francés. Los Ricol representaban el prototipo del proletariado de comienzos del siglo XX: pobres, analfabetos, desertores del campesinado y emigrantes. El viejo Ricol era un picador que arrastraba la silicosis y militaba en sindicatos comunistas. Lise nació en 1916. De niña vendía helados por las calles. A los 15 años ingresó en las Juventudes Comunistas. Era una mujer guapa, morena, resuelta, chispeante, con unos bellos ojos negros, un rostro de camafeo y una estricta elegancia socialista en blanco y negro que recuerda a Dolores Ibárruri. Firme, vehemente, doctrinaria, adicta al debate, se iba a convertir desde joven en una profesional de la revolución, una activista incansable, una militante dispuesta a todo. “¡Soy aragonesa!”, aún repite con orgullo. El partido, la lucha, eran lo primero. Santiago Carrillo, amigo de los London y durante veinte años secretario general del Partido Comunista de España, intenta explicar esa absoluta obediencia de los militantes de la época respecto de la organización: “Ser comunista era algo más que ser de un partido; suponía tener fe. Había en nosotros mucho de romanticismo. El comunismo tenía un componente religioso, con sus santos, sus mártires y su Meca, que era Moscú. No nos planteábamos más. Queríamos extender la revolución. Cuando perdimos esa fe, todo se desmoronó. Lise tardó en perderla. Tuvo incluso problemas políticos con su marido”. Artur London, en su autobiografía La confesión, describía así a su mujer y camarada: “Ha conservado su frescura de chiquilla: hay que verla entusiasmarse, apasionarse, tomar partido y luchar para lograr que compartan sus convicciones los que la rodean. Pone el corazón en todo lo que hace. Dispuesta a no importa cuál sea el sacrificio por sus amigos, es, por el contrario, intransigente cuando se trata del deber de los comunistas. Su confianza hacia el partido y la URSS es total. Para ella, el gran principio de la vida militante se enuncia muy simplemente: el que comienza a dudar del partido deja de ser comunista”.

En 1934, con solo 18 años, Lise marcha a Moscú invitada por la Internacional para convertirse en dirigente comunista. Lo relata Roberto Lample, de 62 años, francés, de padre anarquista español, alma de ACER (Asociación de Antiguos Combatientes en la España Republicana) y fiel compañero de fatigas de Lise: “Moscú fue su escuela política; ella quería escapar a su destino de mujer proletaria. Se dio cuenta de que si estudiaba, si viajaba, su vida podría cambiar. La ambición de Lise era aprender. El partido le dio la oportunidad de ir a Moscú. Y ella lo aprovechó. Era una luchadora; estaba convencida de que el poder no se podía delegar; no había que esperar que otros te solucionaran los problemas, había que actuar; quería decidir su futuro. Y eso tiene plena vigencia con el movimiento de los indignados”.

Era una fuerza de la naturaleza; una mujer valiente, magnética, decidida; una revolucionaria que conoció a Stalin, Tito, Pasionaria y Ho Chi Minh. En Moscú se enamoró de Artur London, un joven comunista de 19 años, alto, guapo, elegante y tuberculoso; un intelectual checo de origen judío que contraponía al ímpetu descarnado de Lise un carácter calmado y reflexivo. Lise abandonó a su primer marido (el comunista Auguste Delaune, que sería ejecutado en los cuarenta por los nazis) y unieron su destino. Tendrían tres hijos y compartirían 50 años de lucha, desde la URSS a la Guerra Civil; la clandestinidad, la Resistencia en Francia, la persecución de la Gestapo, los campos de exterminio nazis y las purgas estalinistas de los cincuenta. Una vida intensa que llevó al cine en 1970 Costa-Gavras. Sus camaradas Yves Montand y Simone Signoret dieron vida en la pantalla al matrimonio; del guion se encargaría Jorge Semprún, compañero de Artur London en Mauthausen.

Lise está hospitalizada en una hermosa clínica construida tras la II Guerra Mundial para acoger a los supervivientes de los campos de concentración, en Fleury-Merogis, a una hora de París. Michel London, su hijo menor, un matemático de 62 años, se ofrece a llevarnos, aunque advierte que su madre está muy débil. Al volante de su cascado Fiat 500 va recordando pasajes de la vida de su familia, desde sus abuelos maternos españoles, los Ricol, que se hicieron cargo de los hijos del matrimonio London durante su deportación a los campos nazis y acogieron en su hogar a exiliados republicanos, hasta la familia de su padre, judíos checos, de los que murieron 28 miembros en los campos de exterminio. Michel London habla sin odio. “Mi madre rara vez mencionaba los campos nazis; había visto demasiado sufrimiento. En 2005 fuimos toda la familia a Mauthausen, donde habían estado internados mi padre, mi tío y mi cuñado, y también 8.000 republicanos españoles y centenares de brigadistas; mi padre ya había muerto; estábamos sus tres hijos, sus nietos y mi madre. Ella había estado en Ravensbrück y Buchenwald, sabía de qué iba aquello; se emocionó, pero con serenidad; no soltó una lágrima. Enseñó a los nietos los barracones, los hornos, los pijamas de rayas… con naturalidad, sin dramas. Ha sido siempre muy fuerte”.

Tras alistarse en las Brigadas Internacionales en las improvisadas oficinas de la calle de Mathurin-Moreau, los voluntarios marchaban a la estación de Austerlitz, donde cogían un tren con destino a Perpiñán, y de allí, el salto a España. Lise London tomó el 28 de octubre el último que atravesó la frontera. El jefe de las Brigadas, el héroe de la revolución bolchevique André Marty, le había ofrecido ser su traductora y asistente. Lise no vaciló. “Reunirme por fin en España con los combatientes de la libertad… ¿Había algo más emocionante?”. El viejo Ricol profirió al despedir a su hija: “Lise se va a la tierra de sus padres a cumplir con su deber”. Viajaban en el convoy 2.500 hombres y un par de mujeres. Tras ellos, la frontera quedaría cerrada por los franceses para evitar la llegada a España de más voluntarios extranjeros. Los que quisieran alcanzar el frente deberían cruzar ilegalmente los Pirineos con la ayuda de partisanos, como harían Artur y miles de voluntarios más.

Tras un par de jornadas de viaje, Lise y el resto de aquellos primeras voluntarios llegaban vía Barcelona hasta Albacete, la ciudad que la República había dispuesto como cuartel general de las Brigadas. Estaba embarazada de tres meses. Artur continuaba trabajando para la Internacional en Moscú e intentaba salir de la URSS para reunirse con ella en España y combatir a Franco. No sabían absolutamente nada el uno del otro.

En octubre de 1936, Albacete era un poblachón manchego parado en el tiempo. Para convertirse en centro de operaciones de las Brigadas tenía a su favor ser un enclave políticamente seguro, lejano del frente y a mitad de camino de Madrid y Valencia. La ciudad ha cambiado en estos 75 años, pero en el centro se conservan los escenarios que contemplaron por primera vez los brigadistas al desfilar aclamados por la multitud: el parque de Abelardo Sánchez, la calle Ancha, el Banco de España, la plaza del Altozano, la plaza de toros o el Gran Hotel, donde se emplazaría el Estado Mayor de las Brigadas y trabajaría Lise. En las siguientes semanas, los brigadistas serían divididos por lenguas y enviados al campamento de instrucción de Pozo Rubio, a media hora de la capital, en un bosque expropiado a un terrateniente donde se construyeron toscos barracones de madera. En la zona no se conserva ni un solo recuerdo de los brigadistas; tampoco en las localidades limítrofes (que visitamos junto a Fernando Robetta, del Centro de Estudios y Documentación de las Brigadas Internacionales), donde estuvieron alojados en casas de familias de esos pueblos. Robetta describe a los brigadistas: “Era gente dispuesta a todo. Con corazón, una disciplina brutal, ilusión, ideales, valor; eran revolucionarios seguros de su papel, repletos de un entusiasmo que transmitían a los mismos españoles. Se convirtieron en un símbolo a imitar por los milicianos”.

Cuando se pregunta a los vecinos de Madrigueras, Tarazona, Mahora o Casas Ibáñez sobre aquellos brigadistas del 36, no hay grandes testimonios, pero tampoco nadie conserva un mal recuerdo. Son como parientes en sepia que un día marcharon lejos y de los que nunca nadie volvió a saber. Uno de aquellos brigadistas dejó su nombre grabado en la puerta de una casa de Madrigueras; sus propietarios no lo borraron; guardan la inscripción con cariño: “Berti Neville, London. February 37. Communist Party of Great Britain”. “Posiblemente murió en la batalla del Jarama, en febrero de 1937, como la mayoría de los brigadistas británicos”, nos explica el historiador Justin Byrne, que nos acompaña en el viaje.

Lise London está dormida. Es una anciana guapa; tiene el pelo fino como la seda y la tez tersa. Cuando despierta y sonríe, uno se encuentra en esos ojos negros castigados por el tiempo con la brigadista del 36. Cuando le pregunto si aún se considera comunista, contesta tajante en francés: “Soy comunista, pero no por política; ya rompí el carné. Lo soy por no traicionar el recuerdo de aquellos camaradas que compartieron nuestros sueños y murieron por la libertad”.

Fichada

Foto de la ficha de la Gestapo de Lise de 1942.-

 
 -¿Cómo recuerda las Brigadas?

-Fue el mejor momento de mi vida. Siempre han estado en mi recuerdo. Todo me lleva a las Brigadas, a los viejos amigos; sueño con ellos. España fue un ideal, nuestro ideal más querido, y sigue siendo válido.

A las dos semanas de llegar a Albacete, la primera brigada de voluntarios internacionales, la XI, fue enviada con urgencia a Madrid. Estaba formada por 2.000 eslavos, balcánicos, escandinavos, polacos, húngaros, checoslovacos, alemanes y austriacos; apenas tenían formación militar, armas ni uniformes; su único distintivo eran las boinas; detrás iría la XII, integrada por alemanes, italianos y franco-belgas. Las tropas marroquíes de Franco ya habían alcanzado la Ciudad Universitaria. Estaban a un tiro de obús de la Puerta del Sol. La noche del 6 de noviembre, el Gobierno de la República había huido a Valencia y creado una fantasmal Junta de Defensa formada por jóvenes y desconocidos militantes de izquierdas a las órdenes del general Miaja y el coronel Rojo. Santiago Carrillo, un comunista de 21 años, era responsable de Orden Público. “Franco sabía que si Madrid caía, caía la República; y atacó”, recuerda Carrillo. “Madrid era el centro de gravedad de la contienda; si resistíamos, podíamos ganar la guerra; si se perdía, se hundiría la resistencia. Permanecer en Madrid en noviembre del 36 era estar listo para el sacrificio. El que se quedaba estaba dispuesto a luchar. Cuando todo se daba por perdido, el 8 de noviembre de 1936 llegaron los brigadistas. Subieron en formación por la calle de Atocha y la Gran Vía en dirección a la Casa de Campo. Eran unos miles, pero a la gente de Madrid les parecieron millones. Desfilaban por Madrid cantando La Internacional en todos los idiomas y con el puño en alto; y con ese gesto elevaron la moral de los madrileños. No estábamos solos. Ese día se creó la leyenda de ¡No pasarán! Fueron directos a morir a la Casa de Campo. Los brigadistas tuvieron un papel militar no exento de importancia; pero quizá más romántico y político que militar, porque la guerra la hicimos los españoles. En cualquier caso, en 1936 Franco no entró en Madrid”.

Carrillo y Lise London se conocieron durante aquellos días en el frente de Madrid durante un viaje de inspección de André Marty a sus brigadistas. Era el bautismo de fuego de la joven revolucionaria. Se iba a enfrentar sin pestañear a los tableteos de las ametralladoras y los bombardeos sobre la población civil; sería testigo de los miles de mujeres y niños refugiados en las estaciones de metro y sentiría las balas silbando sobre su cabeza en la Ciudad Universitaria; cuando se despidió de Carrillo, este le regaló un Quijote que aún conserva. Su amistad ha resistido 75 años.

Los brigadistas habían frustrado la ofensiva franquista. En pocos días se habían convertido en fuerzas de choque disciplinadas y admiradas por los republicanos. Un modelo a seguir. Combatirían en todos los frentes hasta su retirada a finales del 38. Tras su estancia en el frente de Madrid, Lise, embarazada de cinco meses, perdería su hijo. En 1937 se reencontraría en Valencia con Artur, que, enfermo de tuberculosis y fumador compulsivo, se encargaría de misiones de inteligencia y propaganda en las Brigadas. Aquel terrible invierno de finales del 37, bajo los bombardeos alemanes, con apenas qué comer, la pareja concebiría en Albacete a su hija Françoise: “Temíamos el momento de meternos entre las sábanas húmedas y heladas; cuando le explicaba a Françoise, ya grandecita, que nos la habíamos traído de Albacete, le dije bromeando: ‘Hacía tanto frío en la cama que papá y yo teníamos que abrazarnos muy fuerte para calentarnos. Y así fue como te dimos la vida”, relataría Lise en sus memorias Roja primavera.

La guerra estaba perdida. En octubre de 1938, los brigadistas eran desmovilizados, cruzaban la frontera y eran internados en campos de concentración franceses. A finales del verano del 38, Lise, en el tramo final de su embarazo, había sido evacuada. La seguiría Artur en marzo de 1939 con las tropas de Franco pisándole ya los talones. Tras la derrota se iniciaba un nuevo episodio de la tragedia de los brigadistas. Aquellos soñadores que habían luchado por la libertad en España no podían regresar a Alemania, Austria, Checoslovaquia ni Italia, gobernadas por Hitler y Mussolini. Tampoco a Rumanía, Bulgaria, Yugoslavia, Hungría ni las repúblicas bálticas. Serían represaliados en Brasil, Argentina, Suiza, Canadá y Bélgica por haber combatido junto a un ejército extranjero. Estaban incluso bajo sospecha en Francia, Irlanda y Reino Unido. Se habían convertido en un mito incómodo; héroes de una revolución perdida; miembros de un club de malditos sin fronteras; había que extirparlos del planeta. Fieles al juramento que hicieron a su llegada a Albacete: “Estoy aquí porque soy voluntario, y daré si hace falta hasta la última gota de mi sangre para salvar la libertad en España y la libertad del mundo”, pasarían a la clandestinidad y servirían en la resistencia contra los nazis en toda Europa. Tras la II Guerra Mundial todavía serían purgados en la URSS y sus satélites acusados de espionaje y cosmopolitismo (como le ocurriría a Artur London, preso y torturado entre 1951 y 1956) y, al tiempo, víctimas de la caza de brujas en Estados Unidos por “actividades antiamericanas”.

La clandestinidad, los nombres y papeles falsos, los pisos francos, el rescate de comunistas, la propaganda antifascista, los sabotajes y la lucha armada fueron el destino del matrimonio London y otros muchos republicanos y veteranos de las Brigadas tras la ocupación de Francia por Hitler en junio de 1940. El 1 de agosto de 1942, Lise recibió órdenes de provocar un levantamiento popular contra los nazis en unos almacenes de la parisiense calle de Daguerre. La noche anterior, Artur y ella no durmieron. Hicieron el amor hasta el alba. “¿Presentíamos que no íbamos a vernos durante mucho tiempo, tal vez nunca más?”. La acción subversiva de Lise fue un éxito; llamó al pueblo de París a la “lucha armada”. Hubo un tiroteo y varios policías muertos. Once días más tarde, Lise y Artur eran detenidos. Lise era bien conocida por la Gestapo; tenía todo en contra; sin embargo, la policía no pudo dilucidar quién era Artur. Tenían sospechas, pero no constaba en el fichero; no sabían que era un agente comunista ni un exbrigadista; era un clandestino perfecto y solo fue condenado a diez años de trabajos forzados. Acusada de asesinato, asociación de malhechores y actividades comunistas, el destino de Lise era la guillotina. Sin embargo, algo se les había escapado a los nazis: estaba de nuevo embarazada. Desde el día en que fue concebido, la noche anterior a su acto terrorista de la calle de Daguerre, su hijo estaba destinado a salvarle la vida. Le condenaron a cadena perpetua. Lise lo resume así: “¿Acaso no es un milagro? A cambio de darle la vida, mi hijo salvará la mía”. Artur y Lise serían deportados a Mauthausen y Buchenwald hasta el final de la II Guerra Mundial, en mayo de 1945. Habían formado parte de la Operación Noche y Niebla, iniciada por los nazis para hacer desaparecer a los sujetos indeseables. Ni la maquinaria nazi pudo con ellos.

A comienzos de este mes, Lise ha vuelto a su hogar. Un piso de clase media con un aire soviético, tapizado de libros, en cuyo portal una placa con la Legión de Honor recuerda que allí vivió Artur London, “que estuvo en todos los combates por la libertad y los derechos humanos”. Murió en 1986. Lise no ha logrado olvidarle. Pero cuando le pregunto si toda aquella lucha, si todo ese sufrimiento valió la pena, se incorpora, se echa la mano al corazón, me mira a los ojos y le brotan sus ancestros aragoneses: “¡Por supuesto! Combatimos por la libertad. ¡Valió la pena!”.

El País.com

http://www.elpais.com/articulo/portada/ultima/brigadista/elpepusoceps/20111211elpepspor_11/Tes/


Inauguración del Monumento campo de Gurs (Francia)…

octubre 9, 2011
Amicale du camp de Gurs, – 6 Octubre 2011

Domingo 23 de octubre, Inauguración de la Avenida de los Internados, con autoridades francesas, españolas y alemanas

En el campo de Gurs (Pirineos-Atlánticos, Francia) se inaugurará el domingo 23 de octubre a las 11H 00 la Avenida de los Internados con autoridades francesas, españolas y alemanas.

Este campo fué el más grande de Francia de 1939 a 1944, con 20.000 internados. Estos fueron primero los Vascos del ejército republicano después de la Retirada. Luego los Brigadistas Internacionales y demás soldados de todas provincias. Siguieron personas dichas “indeseables”, Judios alemanes y Gitanos. Con un total de 60.559 internados. Fueron deportados a Auschwitz 3.907 hombres, mujeres y niños.

El monumento es la Avenida de los Internados, sea 27 columnas de granito a lo largo del camino central del campo. Cada una de ellas dedicada a una categoria de internados.

Destaca la columna del Reino de España rindiendo homenaje a todos los Republicanos. Primer gesto aquí en su favor de la madre-pátria y reconocimiento del valor de su causa.

 Emilio Vallés Peransí    Vice-Presidente de la “Amicale du camp de Gurs”

A través de la página de la Federación de Foros por la Memoria (Foro por la Memoria):

http://www.foroporlamemoria.info/2011/10/inauguracion-del-monumento-campo-de-gurs-francia/


Homenaje a Jorge SEMPRÚN

septiembre 14, 2011

Jorge Semprun. (Foto Daniel Mordzinski)

Jorge Semprún fue ministro de Cultura en España y autor de una de las obras capitales del siglo XX, escrita tanto en francés como en castellano. Destacan novelas como El Largo Viaje (1963), Autobiografía de Federico Sánchez (1988) y La Escritura o la Vida (1994). Jorge Semprún fue miembro de la prestigiosa Academía Goncourt en Francia. También fue el guionista de películas como Stavisky, Z y La Confesión.
En honor a este escritor y guionista de talento, que favoreció la fraternidad y amistad franco-española, se escucharán extractos de sus libros y testimonios de sus amigos:
Rosa Regàs, escritora, Carmen Caffarel, Directora del Instituto Cervantes y Henar Corbí, Directora del Departamento de Holocausto y Antisemitismo de la Casa Sefarad- Israel.

Tras el homenaje, a las 20:45h, Proyección excepcional de Stavisky,1974, 115 mn, VO francés, subt. en castellano. Dirección: Alain Resnais. Guión: Jorge Semprún
Con Jean-Paul Belmondo, Anny Duperrey, Michel Lonsdale, Charles Boyer, Gérard Depardieu, Claude Rich, Alain Resnais
Stavisky narra el apogeo durante los años 30 de Serge Alexandre Stavisky, célebre estafador que mantenía estrechos vínculos con el poder. Las circunstancias de su muerte en 1934 nunca fueron realmente aclaradas y provocaron un gran escándalo político.

Teatro del Institut français de Madrid

Viernes 16 de septiembre 2011

a las 19:30h y proyección a las 20:45h
C/ Marqués de la Ensenada, nº 10. Mº Colon

Entrada libre hasta completar aforo – En castellanohttp://www.ifmadrid.com/frontend/ifmadrid/noticia.php?id_noticia=1691&id_seccion=439

(Nota de La Memoria Viva: Existe una sola copia de un largo documental  Las dos memorias, guion y dirección de J.Semprun. 1974, esperamos que pronto sea restaurado, trabajo emprendido en La Cinematheque Française con la colaboración de Costa Gravas y que podamos verlo. Más info  en :http://www.publico.es/culturas/381152/la-memoria-de-jorge-semprun-en-peligro-de-extincion)


Propuesta para declarar nuevos lugares de la memoria histórica…

agosto 28, 2011

La CGT pide a Zoido apoyo ante la Junta para señalizar La Raza y La Corchuela

R. S. | Actualizado 27.08.2011

El grupo de trabajo de Recuperando la Memoria Histórica Social de Andalucía, del sindicato Comisión General de Trabajadores (CGT), pidió ayer al alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, que apoye la declaración y señalización como lugares de la memoria de los espacios que en su momento ocuparon los campos de concentración de Heliópolis, en la avenida de La Raza, y La Corchuela ante la Consejería de Gobernación y Justicia.

Además, en la misiva el sindicato trasladó al alcalde otras peticiones, como son la “investigación, señalización y protección” de los espacios que ocupan actualmente las fosas comunes del franquismo situadas en el cementerio municipal de San Fernando o la colocación de una placa o monolito en recuerdo a los 24 sevillanos que murieron o pasaron por los campos nazis, algo que “se viene planteando desde octubre de 2003 sin haber conseguido respuesta de ningún tipo”.

Asimismo, el grupo de trabajo de la CGT-A ha lamentado que el Consistorio hispalense “no haya depositado la cantidad aprobada para constituir y formar parte de la Fundación Memorial Merinales, que administraría el solar que albergó dicho campo de concentración y cuyas gestiones para su cesión comenzaron cuando Zoido era delegado del Gobierno en Andalucía, en 2003.

Diario de Sevilla vía google noticias


“Soy un embustero, pero no un falsario”

junio 28, 2011

Lo dice Enric Marco, sobre las ruinas de su inventada autobiografía de luchador antinazi y deportado en el campo de concentración Flossenbürg. El destituido presidente de la Amical de Mauthausen y exlíder de la CNT trata de levantar una versión honorable de su vida

26/06/2011

Enric Marco en 2003, cuando presidía la asociación Amical de Mauthausen, junto a una bandera alusiva a los exterminios nazis.- AP

Sentado a la mesa de un café en Sant Cugat del Vallès (Barcelona), donde reside, Enric Marco Batlle, expresidente de la asociación de deportados en los campos de concentración nazi Amical de Mauthausen y ex secretario general de la CNT, comenta sus vivencias en la Alemania de Hitler. Tiene 90 años, pero este hombre pequeño, de bigotillo teñido, que luce un alfiler con la insignia republicana en la solapa, se expresa con fluidez, sin titubeos ni lagunas, desde la solvencia de una memoria bien engrasada y una dialéctica de acertadas pausas narrativas y golpes de énfasis.

 Fue a Alemania como trabajador voluntario y pasó seis meses de cárcel, según el historiador que descubrió la impostura

“Me convertí en voz y brazo de los deportados porque yo también sufrí prisión en Alemania”, explica Enric Marco

“En aquellas situaciones límite de vida o muerte, uno aplicaba sus propios mecanismos de supervivencia”, explica con una voz gruesa cargada de tensión emocional; la mirada brillante, detenida, paralizada desde dentro por recuerdos que se antojan abrumadores. “Cuando querían hacer un escarmiento, se llevaban a uno de cada 25 de nosotros para matarlo. Aquel día vi llegar al SS y tuve la conciencia de que venía a por mí. Llegó y, en efecto, me apuntó con el dedo. No habló, solo me señaló con el dedo. Yo levanté la cabeza y le dirigí la sonrisa más seductora que he hecho jamás. Entonces, él dijo: ‘Spanisch, an einem anderen Tag’ (‘El español, otro día’), y siguió adelante”.

El problema con Enric Marco es que se sabe quién no es, pero no se sabe quién es. El periodista que escucha sus relatos ya sabe que este anciano, que no aparenta su edad, no volvió, en realidad, de los campos de la muerte, aunque haya representado durante largos años el testimonio del horror ante el mal absoluto, la lucha contra el olvido y el propósito imposible de hacerle justicia al pasado. Sabe que el presidente de la Amical de Mauthausen que el 27 de enero de 2005 subió a la tribuna del Congreso de los Diputados para hablar en nombre de los 10.000 republicanos españoles deportados por el Tercer Reich no era el preso número 6.448 del campo de Flossenbürg que decía ser. Y sabe también que el brillante orador -“cuando llegábamos a los campos en aquellos trenes infectos, para bestias, nos desnudaban completamente, sus perros nos mordían y sus focos nos deslumbraban. Nos gritaban en alemán ‘¡links!’, ‘¡rechts!’ (¡izquierda, derecha!); nosotros no entendíamos, y no entender una orden te podía costar la vida”-, que hizo que se le saltaran las lágrimas a Carme Chacón y que la emoción asomara en los ojos del propio Rubalcaba, no estuvo nunca en un campo de concentración.

Estuvo en la Alemania nazi, sí, pero como integrante del contingente de trabajadores voluntarios que Franco envió a Hitler. Cuando el historiador Benito Bermejo descubrió el nombre de Enric Marco en el correspondiente listado del archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, Enric Marco se disponía a participar, junto al presidente Zapatero, en el homenaje internacional que se celebró el 7 y 8 de mayo en Mauthausen por el 60º aniversario de la liberación del campo. “El auténtico preso 6.448 de Flossenbürg fue Enrique Moner Castells, nacido en Figueras en el año 1900. Enric Marco descubrió ese nombre en los archivos de ese campo de concentración y pensó que la coincidencia en el nombre de pila y la inicial del apellido le permitiría suplantarlo, pero el archivero Johannes Ibel se negó a expedirle un certificado que indicara que uno y otro eran la misma persona”, explica el historiador.

Más que un escándalo, la noticia de que Marco no había estado deportado produjo una sacudida profunda, sorda y lacerante en los colectivos republicanos, como si el alma se les cayera repentinamente a los pies y luego les pasara por encima la apisonadora de la burla. ¿Cómo se puede hollar con la mentira el territorio sagrado de la memoria europea donde reposan el sufrimiento y la desolación suprema, la degradación mecánica, industrial, del individuo, el ejercicio de la máxima ignominia y barbarie humana? ¿Qué le llevó a Enric Marco a hacerse pasar por deportado?

Se lo pregunto, y este hombre que visitaba un centenar y medio de colegios e institutos al año dando charlas dice que lo hacía para que la denuncia del nazismo fuera más efectiva y dejara mayor huella en la memoria de las gentes. Una cosa es cierta: Marco era el mejor conferenciante de la asociación, nadie como él mantenía la atención del público hasta el final y era capaz de tensar el discurso, trufarlo de relatos impactantes y provocar la catarsis. Nadie permanecía indiferente en su asiento cuando él tomaba la palabra. “Soy Enric Marco y nací el 14 de abril, Día de la República”, decía, y ahí mismo iniciaba su sabotaje a la verdad, porque en realidad nació dos días antes, el 12 de abril. “El primero que se quedó de piedra fui yo. Viajábamos mucho juntos para ir a dar charlas y nunca le cogí en un fallo. La gente todavía nos pregunta por él”, comenta Liberto Villar, hijo de deportados.

Así que el discurso del embustero construido sobre el artificio de anécdotas prestadas o inventadas tenía más éxito que la versión auténtica de los hechos; que la mentira bien adobada resultaba más efectiva que la verdad desnuda. La tesis probada de Enric Marco es que la historia bien contada por un farsante resulta más atractiva que la del protagonista o testigo directo. Claro, que no estamos aquí ante un actor, un intérprete, un narrador cualquiera, porque, entre sorbo y sorbo de té y como quien no quiere la cosa, Enric Marco puede enhebrar ante el periodista frases sin duda aprendidas, pero cargadas de intensidad dramática. “Por la noche, en la barraca, se respira el aire denso, turbio, espeso, de la humanidad de aquellas gentes. Por un momento, los ronquidos dejan paso a un gran silencio y se oye un aullido animal, pero no, no es de un animal, es de un hombre que se queja como si fuera una bestia”. Marco habla en tiempo presente, cuida las pautas y el énfasis; como un profesional del relato.

“Era tan brillante que deberíamos haber sospechado”, se lamenta una socia del Amical. “Nos engañó a todos: a nosotros, a las autoridades, a los profesores y alumnos de los institutos… -“a los periodistas nos lo daba todo hecho porque sabía lo que queríamos”, reconocen Carme Vinyoles y Pau Lanao, autores de un buen reportaje publicado en El Punt-; a todos, salvo a algunos deportados que, de todas formas, no se atrevieron a acusarle en público. “Estuvimos con él en una comida de supervivientes y a mi marido le dio mala espina. Siempre pensó que no había estado en un campo en su vida”, afirma Lucía, esposa de Francisco Aura Boronat, el único superviviente de Mauthausen en España. A sus 93 años, Francisco se encuentra demasiado delicado de salud como para atender al periodista. “Marco se hacía el gracioso y dicharachero y dijo en la comida que las albondiguillas de bacalao eran peores que las del campo. Mi marido le replicó que en los campos no había albondiguillas de esas”. Según su esposa, Francisco Aura Boronat evita hablar de Mauthausen porque “cuando habla de aquellas penalidades luego ya no es persona”.

Es sabido que las pesadillas y terrores nocturnos son una constante en la vida de los antiguos deportados, gentes resucitadas, pero marcadas hasta tal punto por el horror, la culpa de haber sobrevivido, el sufrimiento y la angustia que, en muchos casos, no pudieron ya disfrutar verdaderamente de la existencia. “A mi marido, aquello le dejó de por vida una salud muy delicada y lo acompañó hasta su muerte. Siempre llevó Mauthausen incrustado en el cerebro noche y día”, comenta Feli, viuda de Fernando Lavin. En contraste con los auténticos supervivientes, por lo general silenciosos o lacónicos, temerosos de que los recuerdos reavivaran la experiencia traumática de la deshumanización de la persona, Enric Marco es un genio comunicativo que, como buen embustero, sabe que las mentiras deben tener un ingrediente de verdad.

“Soy un embustero, sí, pero no un farsante, ni un falsario. Lo mío fue una simple distorsión de mi propia historia. Me convertí en la voz y el brazo de los deportados porque yo también sufrí cárcel en Alemania. Que me digan qué diferencia hay entre la cárcel y el campo de concentración. No solo fui esclavo de los nazis, también resistente”, sostiene él con gesto desafiante y la mirada volcada, ahora, sobre el periodista. En su primera versión, Enric Marco era un joven libertario que, tras la Guerra Civil, escapó a Francia por el puerto de Barcelona gracias a un pariente aduanero que le metió en un barco de fruta rumbo a Marsella. En Francia, se incorporó a la Resistencia, pero fue detenido por las falanges del mariscal Pétain, entregado a la Gestapo en Metz y conducido a Kiel a trabajar como mecánico en una fábrica de guerra. Cuando los alemanes descubrieron que saboteaba la producción, le enviaron al campo de Flossenbürg, y tras la liberación volvió a España a luchar en la clandestinidad contra el franquismo.

Sobre las ruinas de esa versión, desbaratada al ponerse al descubierto que se alistó como trabajador voluntario para Alemania en la oficina de reclutamiento de la calle de Peláez de Barcelona y que firmó un contrato con los astilleros de la compañía Deutsche Werke Werft, Marco trata ahora de asentar otra que salve su honorabilidad en lo posible. Según este nuevo relato autobiográfico, fue detenido en la base submarina de Kiel por sabotear la reparación de lanchas torpederas, torturado durante seis días por la Gestapo, encarcelado como preso preventivo y liberado al cabo de ocho meses.

Nuestro hombre se ha traído a la cita con EL PAÍS una abultada carpeta repleta de escritos autobiográficos y documentos en alemán, algunos traducidos, que parecen mostrar que, efectivamente, fue procesado por “atentar contra el Estado alemán” y encarcelado en Kiel, aunque no revelan el desenlace judicial del caso. Uno de los textos de su nueva biografía está encabezado por la máxima: “Si no dices quién eres, alguien dirá lo que no eres”, que en su caso podría ser doblada con esta otra sentencia: “Si dices lo que no eres, te negarán lo que eres”.

Desde la autoridad que le da haber estudiado la totalidad del sumario, Benito Bermejo asegura que Enric Marco fue absuelto, en una sentencia en la que se indicaba que el procesado no era un elemento peligroso, sino tan solo “una persona muy joven que había tratado de darse importancia ante sus compañeros”. En apoyo de su dictamen, el tribunal citó la declaración del jefe inmediato del acusado, quien le excluyó de toda acción de sabotaje y le avaló como un buen trabajador. “Enric Marco estuvo seis meses en la cárcel en Alemania. Volvió a España en 1943 con un permiso de trabajo y ya se quedó aquí. En los archivos del Ministerio de Exteriores consta que un familiar de Marco se interesó por su situación y que el Gobierno de Franco le respondió que estaba encarcelado en Alemania cumpliendo una pena de seis meses por mal comportamiento”, asegura el historiador.

Una pregunta que Enric Marco no acaba de despejar es por qué un joven anarquista huye de la España franquista para trabajar voluntario en la Alemania nazi. “Me asfixiaba en la España de la posguerra, con sus símbolos franquistas, la Iglesia…”, responde. Otra incógnita es cómo, dónde, con quién luchó en la clandestinidad contra el franquismo durante los 33 años que van desde que regresó de Alemania hasta que empezó a aparecer en los círculos de la CNT. “Estuve sin documentación viviendo a salto de mata. Sí, trabajé como mecánico en un taller de las Cortes de Barcelona. Me detuvieron varias veces; no sé: dos o tres”. Según las averiguaciones de este periódico, Enrique Marco Batlle trabajó de mecánico durante largos años en lo que hoy es el taller de coches Vinyals, en Travessera de les Corts, 46, de Barcelona. “Trabajó aquí en los tiempos en los que esto se llamaba Talleres Coll-Blanch y, más tarde, Talleres Cataluña. Era el marido, bueno, la pareja, de la entonces dueña del taller, María Belver Espinar, ya fallecida. Siempre nos contó que había estado en un campo de concentración, y, que yo sepa, no estuvo detenido, al menos no entre 1969 y 1979 mientras trabajé en el taller”, indica Antoni, antiguo empleado.

Los vecinos del número 57 de la calle de Oriente de Barcelona recuerdan perfectamente a María Belver y Enric Marco como una pareja amable y educada que se disolvió tras largos años de convivencia, después de que el segundo conociera ya en la cincuentena a una estudiante de historia madre de sus dos hijas. También el dueño del bar Juan, en la esquina de Travessera de les Corts, guarda un buen recuerdo del antiguo mecánico del taller vecino. “Le conozco desde 1976, es una buena persona que se desvivía por los demás. Aquí no hablaba de política, pero sabíamos que había sido de la CNT. Una vez, hace 15 años o así, vino una televisión alemana a filmarle en el bar”.

La mentira de Enric Marco viene, pues, de muy lejos, aunque solo se acercó a la Amical de Mauthausen a finales de 1990 y la CNT no supo de él hasta la Transición política. Los dirigentes libertarios Juan Gómez Casas y Luis Andrés Edo ya advirtieron de que no había “nada sólido en la biografía” de Enrique Marco, pero nada impidió que este alcanzara la secretaría general de la CNT, la presidencia de la Amical y la Cruz de Sant Jordi con la que la Generalitat premió su trabajo directivo en la Federación de Padres y Madre de Alumnos de Cataluña.

¿Quién es, en realidad, Enric Marco?, le pregunto. “Tuve una infancia propia de un relato de Dickens. Llegué al mundo en el centro psiquiátrico de Sant Boi de Llobregat, en lo que antes se llamaba el manicomio, porque mi madre estaba allí ingresada. No disfruté de sus mimos; ni siquiera llegó a darme de mamar. Una vez al mes me llevaban a verla.

-Enriqueta, mira qué niño más guapo ha venido a verte; es tu hijo.

-Sí, es guapo, pero ese no es el mío; el mío es más pequeño. Me han dicho que si trabajo mucho en el lavadero me lo devolverán

Apenas recuerdo a mi padre. Él se echó una mujer analfabeta y alcohólica que por las mañanas me mandaba a buscar un cuartillo de aguardiente y me hacía leerle novelas. Así, empecé a leer a Cervantes, Dumas, Zola… Yo no me enteraba demasiado de lo que leía, pero tenía una buena dicción y por eso me sacaban a la tarima para que leyera al resto de la clase”.

¿Dónde acaba su impostura y empieza su verdad? “Debajo del disfraz hay un hombre de carne y hueso”, nos dice él en tono solemne y un punto arrogante. “No mentí en lo fundamental, aunque sea un embustero. No necesito consultar con un psiquiatra. ¿Qué crimen he cometido para pedir perdón?”. Lo que es seguro es que Enric Marco Batlle, megalómano de ego grande en un cuerpo pequeño, ha dedicado gran parte de su vida a fabricarse escenarios imaginarios donde forjar la pretendida doble personalidad heroica de víctima y resistente. Ha perseguido con ahínco encarnar la figura del líder republicano y ha representado su papel con genialidad. Porque, después de tantos años de connivencia entre la farsa y lo auténtico, Enric Marco, quien quiera que sea en el pliegue más recóndito de su cerebro, es un actor adicto a la escena. Como terapia personal, puede que le viniera bien volver a dar charlas sobre los peligros del nazismo. Claro que entonces tendría que empezar diciendo: “Me llamo Enric Marco y estuve a punto de nacer el 14 de abril, Día de la República. He sido un embustero porque no estuve en la Resistencia y no conocí el campo de concentración de Flossenbürg ni ningún otro, pero puedo contarles lo que vivieron los deportados…”. –

El País.com


Mardi 7 juin 2011, Jorge Semprún est mort.

junio 10, 2011

Foto EFE

Murió Semprún,
En el periódico local de Espalion dispongo de una crónica en la que, cada semana, esribo algo sobre libros. Ahí va lo que saldrá esta semana…
Raquel.

En 1992 , retourné pour la première fois à Buchenwald avec son petit-fils Thomas, Jorge Semprún  disait : Dans quelques années, il n’y aura plus personne pour avoir une mémoire directe des camps d’extermination. Je voulais ce regard différent, sans contact direct avec l’histoire, à mes côtés.

Cette transmission d’un certain savoir me paraît importante…

 Mardi 7 juin 2011, Jorge Semprún est mort.

 Le samedi 29 novembre 1997, au théâtre de Montauban, il donnait une conférence-débat sur le thème « Combat pour la mémoire ». Théâtre comble, public passionné… Soirée inoubliable…

 Je voudrais savoir comment vous, vous arrivez grâce à vos récits… comment avec des souvenirs qui reviennent sans arrêt… comment vous faites pour affronter ces souvenirs, lui demandait une fille de déporté.

 Il répondait : Pendant toute une période je… je n’ai pas pu les affronter justement… les affronter dans l’écriture… Et… il a fallu à peu près quinze ans, l’espace d’une génération pour que cela devienne possible. C’est le sujet de « L’écriture ou la vie ».

 Un autre lui demandait : Quelles sont les racines du mal absolu ?

Il disait : Les racines, les racines du mal absolu ne sont pas dans l’inhumain mais sont dans l’humain… Les racines, sans jeu de
mots, indéracinables du mal absolu, sont dans l’être humain, et dans la liberté de l’être humain. C’est parce que l’être humain est libre qu’il peut choisir, le mal et le bien.

Et il ajoutait cette phrase de René Char : L’homme est capable de faire ce qu’il est incapable d’imaginer.

 Un troisième demandait : Est-ce que vous ne pensez pas que la liberté individuelle passe avant la raison d’Etat ?   … ce qu’on appelle en général raison d’Etat c’est l’arbitraire d’Etat. En général quand on dit raison d’Etat, c’est pour invoquer le secret défense, ou le secret de ci ou le secret de ça, ou les écoutes illégales, c’est-à-dire des choses qui ont contraires à la raison d’Etat : c’est une minorité qui abuse du pouvoir. Si l’Etat n’est pas l’intérêt général, ce n’est pas l’Etat, c’est la faction…

 Et les échanges se poursuivaient, heure après heure… Personne ne quittait la salle…

 Annonçant son prochain roman « Adieu vive clarté », il avait cité ces deux vers de Baudelaire :

            Bientôt nous plongerons dans les froides ténèbres

            Adieu vive clarté de nos étés trop courts…

 Minuit passé, Jorge Semprún, toujours disponible, dédicaçait ses livres… Sur la page de titre de « L’écriture ou la vie », il avait écrit : Pour une fille de Rouge qui a connu le camp de Septfonds.

Affectueusement.

J. Semprun.

Nota: Voluntariamente no se ha traducido el texto en francés que Raquel nos envia.


La memoria de Jorge Semprún, en peligro de extinción…

junio 10, 2011

El ejemplar de ‘Las dos memorias’, documental sobre la Guerra Civil y única película que rodó el escritor, se encuentra en estado ruinoso en la Cinemateca francesa

Á. VICENTE / C. PRIETO PARÍS / MADRID 10/06/2011

Dañada por el paso del tiempo y en un estado casi ruinoso. Así se encuentra la única copia que ha sobrevivido de la única película que Jorge Semprún dirigió a lo largo de sus 87 años de vida. Las dos memorias, documental sobre la Guerra Civil y el exilio relatados por sus principales protagonistas, fue rodada durante el verano de 1972. Semprún logró estrenarla en Francia dos años más tarde. En España, donde fue obviamente censurada, sólo se proyectaría en dos ocasiones en la Filmoteca Española, una vez acabado el periodo franquista.

La única copia localizada en todo el mundo se encuentra hoy en los archivos del subterráneo de la Cinemateca Francesa, en un edificio proyectado por Frank Gehry al este de París. “Desgraciadamente, la copia está muy deteriorada, por lo que es imposible que vuelva a ser proyectada en público”, lamentaban ayer los conservadores de la Cinemateca, que también guarda una transcripción del guión de Las dos memorias, en una edición italiana, a la que tuvo acceso Público.

Filmoteca Nacional: “Es vergonzoso que no se haya podido ver apenas”

Pero muy pocos vieron la película y todavía menos logran recordarla hoy. Su carrera comercial fue prácticamente invisible y amigos próximos al director, como el cineasta Carlos Saura, aseguraban ayer “desconocer su existencia”. Pere Portabella sí la vio: “Es trágico que películas importantes como esta desaparezcan”.

El propio Semprún lamentó en vida la mala suerte que tuvo el proyecto, una cinta de dos horas con testimonios del peso de políticos como Carrillo y Montseny, historiadores como Gabriel Jackson e Ian Gibson o artistas como Núria Espert e Yves Montand. El equipo que rodeó al director fue igual de prestigioso: su asistente fue Alain Corneau, y el visionario Chris Marker, autor de La jetée, montó el filme, junto con la propia mujer de Semprún, Colette Leloup.

Ayuda in extremis

Costa-Gavras invitó hace pocos meses a Semprún a verla en la Cinemateca

El injusto destino de la película podría pararse en breve. La Cinemateca Francesa, en colaboración con la Filmoteca Española y la Filmoteca de Catalunya, estudia la restauración del negativo original, actualmente en proceso de análisis en un laboratorio parisino, que dará su veredicto sobre la viabilidad del proyecto en escasas semanas.

“Es un filme que siempre hemos querido tener. Uno de los problemas es que sólo parecía circular una copia bastante deteriorada, propiedad de Semprún. La misma que está ahora en la Cinemateca francesa”, explica a este periódico Alfonso del Amo, jefe del departamento de Investigación de la Filmoteca Española, encargado de la restauración y conservación de películas. “Nuestro objetivo es asegurar la preservación de la película. Porque es vergonzoso que Las dos memorias, como ocurre con muchas otras películas, no se haya podido ver apenas”, explica el conservador.

Esteve Riabau, director de la Filmoteca de Catalunya, confirma que el proyecto de recuperación del filme data de hace más de un año. Riabau destaca la importancia del filme por el testimonio de los protagonistas directos y por el punto de vista del Semprún de 1972: “Un momento histórico y biográfico fundamental en el que se cruzan su disidencia del PC y los últimos años de la lucha antifranquista”.

Gubern: “Se estrenó en un momento en el que el pasado no interesaba”

El impulso inicial de las filmotecas estatales, que hacía décadas que perseguían recuperar la película, encontró la buena acogida de Costa-Gavras, actual presidente de la Cinemateca Francesa, amigo íntimo y colaborador de Semprún, que escribió el guión de tres de sus películas (Z, La confesión y Sección especial). Costa-Gavras, que ya organizó una proyección de la película en 2008 al ser nombrado al frente del centro, volvió a invitar hace pocos meses a Semprún a la Cinemateca para que volviera a verla. El equipo de Costa-Gavras recordaba ayer la ilusión del escritor y político por restaurar una película que pasó más desapercibida de lo que hubiera debido.

Un mal momento

“Uno de los problemas que explicaría su pésima carrera comercial es que se rodó antes de la muerte de Franco y se estrenó después”, opina Román Gubern, que asistió a una proyección en Perpiñán en enero de 1975. “Era un filme con entrevistas a la oposición antifranquista, en el que se hablaba de las diversas maneras de oponerse al régimen. Pero, cuando se estrenó, el escenario había cambiado y el tema había perdido actualidad. Era una película que hablaba del pasado, en un momento en que el presente era más importante”.

Los ejercicios pendientes con la memoria histórica le devuelven hoy toda su valía. Las dos memorias constituye un impresionante relato polifónico sobre la historia española, centrado en la experiencia del bando perdedor, pero abierto a interpretaciones diversas sobre la guerra y la posguerra. “El punto de vista político de Las dos memorias es dejar que los demás hablen. Con el riesgo de escuchar muchas tonterías, con el riesgo de escuchar también algo que ya se sabía antes. Pero, por lo menos, escuchar e intentar comprenderle”, resumió el mismo Semprún en un momento del metraje.

“La verdadera España”

La película se abre con imágenes de los campos de internamiento creados por el gobierno francés al otro lado de los Pirineos, a los que llegaron cerca de medio millón de exiliados republicanos al terminar la guerra. Sobre esos parajes aparentemente idílicos, Federica Montseny abre fuego narrando la noche en que cruzó la frontera en dirección al municipio francés de Le Perthus, con su madre enferma a cuestas y un bebé de siete meses en el brazo. “Las puertas estaban cerradas y nadie las abría para dejar entrar a los niños que temblaban de frío. Muchos cogieron pulmonías y algunos se murieron”, recuerda Montseny, sindicalista anarquista y primera mujer que logró ser ministra en un gobierno europeo. “Nosotros somos los representantes de la verdadera España. La España que está allí, la que se ha instalado allí, pese a haber sido reconocida por todos los gobiernos, es para nosotros la España ilegal”, añadirá más tarde.

En esos primeros minutos, Santiago Carrillo toma la palabra con su primer recuerdo: a su padre encerrado en la cárcel en 1917. El secretario general del PCE relata también por qué pasó del socialismo al comunismo durante la defensa de Madrid. “Los comunistas fueron los únicos que tuvieron el coraje de entender al pueblo”, asegura. Al parecer, Semprún invitó a su excamarada al documental a regañadientes, porque el exministro de Cultura todavía tenía abierta la herida de su expulsión, en 1966, del PCE por el propio Carrillo.

Perfiles más distantes y menos conocidos aparecen en el documental. Por ejemplo, el jefe de filas de la derecha católica hasta 1936, José María Gil-Robles, para quien “la guerra fue resultado de una tensión que duraba desde hacía siglos entre dos Españas”. “Durante cinco años, ciertamente muy amargos para mí, en los que estuve a la cabeza de lo que podríamos llamar una fuerza centrista, me esforcé para evitar ese encuentro sanguinario. Pero desde 1934 empecé a perder la esperanza”, cuenta.

Y Ridruejo arrepentido

Otro testimonio infrecuente es el del escritor Dionisio Ridruejo, exdirigente falangista que rompería con el régimen en 1942 con estas palabras: “Entre los vencedores, muchos nos sentimos vencidos”. Ridruejo describe a Franco como “un hombre de constitución mental, intelectual, imaginativa y emotiva absolutamente conservadora”, así como “un adepto de la providencia, convencido de que las cosas avanzan solas y de que lo único que le quedaba era eliminar con violencia todo lo que consideraba que estaba mal”. “Franco nunca gobernó, sino que comandó. De todos los dictadores terribles de nuestra época, el menos imaginativo fue él”, zanja.

El documental se adentra en las memorias de artistas como Raimon, para quien los recuerdos familiares sobre la guerra se contaban en silencio. “Cuando mis padres hablaban de la guerra, lo hacían en voz baja. Mi madre todavía habla de ella en voz baja y no quiere contar demasiado, porque nunca se sabe quién estará escuchando”, dice el cantautor ante la cámara de Semprún.

Las críticas aparecidas en la prensa francesa tras su estreno dan cuenta de un proyecto recibido con atención, aunque también con cierta distancia. Los verdaderos destinatarios de la película eran los españoles del franquismo más tardío. “Es una película sobre la España de hoy y sobre la España de mañana, en la que Semprún cree firmemente”, dice una crítica aparecida en la revista Télérama tras el estreno de la película, antes de citar el testimonio final de Montseny: “Fuimos vencidos por la fuerza de las armas, pero somos los vencedores morales”.

El crítico de Le Monde hizo una lectura distinta de la película. “Esta introspección de múltiples rostros es algo más que un zambullido en el pasado. Aclara, de cierta manera, los conflictos políticos del presente”, concluye la crítica.

Las palabras de sus protagonistas

“Me hice comunista durante la defensa de Madrid. […] La ayuda soviética a España fue un elemento muy importante. Ni Francia, ni Inglaterra, ni ninguna de las democracias occidentales respetaron sus acuerdos con la República”

Santiago Carrillo, secretario general del PCE

“La guerra fue el resultado de una tensión que duraba desde hacía siglos entre dos Españas distintas. Al llegar al poder, la República destruyó más de lo que construyó. Y provocó, en una reacción natural, una intransigencia en sentido contrario”

J. M. Gil-Robles, líder de la derecha católica

“Pecamos de optimismo y creímos que la revolución podría realmente ser llevada a cabo”

José Peirats, secretario general de la CNT

“El pueblo no combatía por la República democrática y burguesa, sino por algo más: por la realización de tipo socialista que la República se había revelado incapaz de llevar a cabo”

Federica Montseny, sindicalista anarquista y ministra de la II República

“Nacer en España es una desgracia como nacer ciego, sordo o con una discapacidad similar. No tener la posibilidad de desarrollar el espíritu libremente, de tener acceso a la cultura, de expresar las ideas libremente, de hacer política libremente, supone una mutilación tan grave como las incapacidades físicas”

Juan Goytisolo, escritor

“Puede que mostrara más valentía que otros, aunque creo que en aquel momento [la Guerra Civil] ninguno tuvimos la suficiente”

Dionisio Ridruejo, escritor y dirigente falangista

“La política española no ha cambiado, los discursos españoles no han cambiado, la estupidez española es igualmente inmutable. Pero España ha cambiado. Ya no es un país de campesinos”

Yves Montand, actor y cantante

Público.es


VASCOS VÍCTIMAS DE LOS NAZIS Y DEL OLVIDO

mayo 11, 2011

Alambradas del campo de concentración de Auschwitz, símbolo universal del genocidio nazi. Grzegorz MOMOT , AFP

El 20 de junio 2010, se publicó en el diário Gara un excelente reportaje sobre los vascos víctimas en los campos de concentración nazis y también relegados al olvido.

Nuestra compañera Pilar Pardo nos ha mandado ese documento. Hoy 11 de mayo 2011, en recuerdo de todas las víctimas de los nazis, ponemos los nombres y apellidos de aquellos vascos que sufrieron la barbarie nazi y que muchos dejan en el olvido.

Pinchar en los Pdf siguientes para leer el artículo entero con más facilidad:

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p006_egu_2_4_20100620

p006_egu_3_4_20100620

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