“Tu Memoria es su única sepultura”

marzo 13, 2014

Ayer asistí a la lectura dramatizada de  ”Jusqu’à quand? Extraits de Pleurnichard et de Mon père. de Jean Claude  Grumberg,  por J.M. Flotats en el Instituto Francés en Madrid.

 lectura

En una hora y cuarto el actor dio riendas sueltas a una interpretación, con el corazón en la mano, de extractos del libro maravillosamente seleccionados y encadenados.

El libro cuenta vivencias del terrible sufrimiento y dificultades de los familiares del autor, judíos deportados y asesinados en los campos de concentración nazis. Y de otros.

El autor en una ocasión, acompañado por su esposa en un evento conmemorativo, realizado en el distrito 10 de Paris a la memoria de los 77 niños pequeños de ese mismo distrito, sin edad para ser escolarizados, incluido uno que tenía solo… 28 días…, deportados y asesinados por los nazis, nos cuenta que la placa conmemorativa, colocada ese día había desaparecido en otra de sus visitas a ese lugar. Los vigilantes del parquecito preguntados, comentaron que tenían órdenes de prestar particular vigilancia a esa placa y que seguramente se habían llevado con alevosía y nocturnidad.  Unos años después  el Ayuntamiento de Paris, volvió a colocar otra placa repitiendo el evento conmemorativo cumpliendo con su papel de “devoir de Memoire”.

Surgió en un momento dado: “Tu Memoria es su única sepultura”  hablando de los familiares de los desaparecidos, de los eliminados por el fascismo, de los que no queda nada,… una pequeña foto… , solo esa imagen, recogida de un amasijo de papeles, interpela  a el autor , el retrato de su padre.

Los familiares de las víctimas, aquellas que retrata el autor y los familiares de los Nuestros, desaparecidos por el franquismo, (sin comparar números por supuesto), podrían compartir esa frase. Las placas y los lugares de homenaje también mancillados y destruidos durante la noche.

Vienen al cuento muchos casos en nuestro país de  agresiones sufridas por los monumentos y placas en Memoria de los desaparecidos y como ejemplo  “ el Roble de la Memoria” de Casavieja,: “El Roble de la Memoria” a pesar de haber sido ultrajado y tronchado dos veces este año por barbaros insensibles ( ver: https://lamemoriaviva.wordpress.com/2010/02/28/en-casavieja-avila-solo-el-vandalismo-y-la-estupidez-por-no-decir-otra-palabra-mal-sonante-se-ceban-con-%e2%80%9cel-roble-de-la-memoria%e2%80%9d/ ), sigue vivo, con hojas nuevas y sus raíces están fuertemente arraigadas  en nuestros corazones. De ahí nadie podrá arrancarlo, nunca, porque la Memoria la transmitiremos a nuestros hijos y ellos a los suyos (con el cuidado de familiares de las víctimas, que le riegan cuando lo necesita, le protegen de los animales con una malla, le limpian, ese pequeño y frágil árbol ha retoñado donde le troncharon… y con dos troncos en vez de uno).

Pero algo nos distancia y no será por falta de empeño de asociaciones y familiares, en Francia el Estado, aunque solo sea por “el deber de Memoria”, está presente en esos homenajes y se desplaza el Alcalde de París al lugar, en España no quieren saber nada de esto que “es del  pasado y las heridas están cicatrizadas…, hay que mirar al futuro… no despertar antiguos temores….”

¿Hasta cuándo?

Seguiremos reclamándolo alto y claro. Por eso nos llamamos La Memoria Viva.

Pedro Vicente Romero de Castilla Ramos.


Gobiernos de PP y PSOE han financiado con 80.000 euros a excombatientes de Franco que ayudaron a Hitler

mayo 19, 2013

Infolibre, 17/05/2013 – 18 mayo 2013

fascistas hijos de puta

La Hermandad nacional de la División Azul ha recibido subvenciones públicas de forma ininterrumpida desde el año 2000

 La delegada del Gobierno en Cataluña homenajeó a la agrupación de excombatientes durante la celebración del aniversario de la Guardia Civil

IBON URÍA

El diputado de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) Pere Aragonés ha denunciado que la Hermandad nacional de la División Azul recibe subvenciones del Estado. En concreto, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad entregó a esta asociación un total de 3.579 euros según una resolución del pasado 14 de diciembre de 2012, que fue publicada en el Boletín Oficial del Estado el 22 de enero de 2013.

La denunciada por el diputado Aragonés no es la única ocasión en la que la agrupación, que reúne a los excombatientes franquistas que ayudaron a Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, recibe fondos del Estado. De hecho, y bajo el epígrade “Atención a personas mayores”, la Hermandad ha recibido dinero público año tras año y de forma initerrumpida desde el 2000 hasta sumar 77.390,19 euros. Las subvenciones públicas de mayor cuantía se entregaron entre 2005 y 2010, cuando alcanzaron los 6.697 cada año.

La polémica llega un día después de que este miércoles se conociera que la delegada del Gobierno en Cataluña, María de los Llanos de Luna, homenajeó a la Hermandad durante la celebración del 169 aniversario de la Guardia Civil en Cataluña. Los antiguos integrantes de la División Azul acudieron al acto vestidos con uniformes falangistas y recibieron de manos de la delegada un diploma.

La Hermandad nacional de la División Azul, registrada como fundación cultural privada desde marzo de 1991, tiene entre otros objetivos recordar y homenajear “a los que perdieron sus vidas, defendiendo sus ideales y su fe encuadrados en la División Azul”. La Hermandad también busca establecer relaciones con otras organizaciones afines, como la Verband Deutscher Soldaten.

Subvenciones estatales otorgadas a la Hermandad nacional de la División Azul

14 de diciembre de 2012: 3.579 euros – BOE 22/01/2013.

16 de noviembre de 2011: 5.792 euros – BOE 07/12/2011.

25 de octubre de 2010: 6.697 euros – BOE 16/11/2010.

25 de noviembre de 2009: 6.697 euros – BOE 15/12/2009.

5 de septiembre de 2008: 6.697 euros – BOE 30/10/2008.

11 de septiembre de 2007: 6.697 euros – BOE 01/10/2007.

27 de noviembre de 2006: 6.697 euros – BOE 09/01/2007.

21 de octubre de 2005: 6.697 euros – BOE 28/11/2005.

17 de septiembre de 2004: 6.440 euros – BOE 10/11/2004.

6 de octubre de 2003: 6.252 euros – BOE 05/11/2003.

4 de noviembre de 2002: 6.130 euros – BOE 30/11/2002.

25 de octubre de 2001: 6010,12 euros – BOE 12/12/2001.

14 de septiembre de 2000: 3005,07 euros – BOE 28/10/2000.

http://www.infolibre.es/noticias/politica/2013/05/17/gobiernos_del_el_psoe_financian_los_combatientes


Franco y el exterminio…

septiembre 30, 2012

Una investigación desvela que Franco dejó morir a miles de judíos que tuvo en su mano salvar

Franco y el exterminio

Durante toda su vida, Francisco Franco se refirió a un abstracto peligro judío (masónico y comunista, también) como el mayor enemigo de la España construida tras su victoria en la guerra civil de 1936-1939. Obsesionado con esta idea hasta el fin de sus días, el Caudillo se refirió una vez más a los judíos en su último discurso de 1 de octubre de 1975, poco antes de morir.

Los años y la tergiversación de la historia hicieron que su antisemitismo se diluyera como un azucarillo en la patética frase referida. Sin embargo, es obvio que en sus encendidos discursos Franco no dejó de mostrarse antisemita, pero nunca reveló que su odio-temor había tenido durante la Segunda Guerra Mundial una repercusión criminal sólo descubierta gracias al contenido de decenas de documentos secretos desclasificados, encontrados en los archivos de Estados Unidos, Reino Unido y Holanda.

Hasta ahora nadie pensaba en Franco cuando se hablaba del holocausto, como si la España pronazi de principios de los cuarenta, claramente dibujada por los documentos que un día fueron secretos, hubiera visto de lejos cómo la Alemania nazi deportaba y asesinaba a millones de judíos y otras minorías.Pero la realidad, espantosa, que aflora en los documentos citados muestra que Franco pudo salvar a decenas de miles de sefardíes, pero prefirió dejarlos morir a pesar de reiterados ultimátums alemanes que le advertían de las medidas extremas (léase exterminio) de que serían objeto si su España no aceptaba acogerlos.

El corolario de la investigación documental que se recoge en el libro que adelantamos tiene varios puntos esenciales; el primero de los cuales es que apenas quedan dudas de que los nazis alentaron el golpe de Estado de julio de 1936, al que no dejarían de apoyar hasta la victoria en 1939. Como consecuencia del sostén germano, Franco inclinó dramáticamente los destinos de España del lado alemán y no del italiano. Los alemanes influyeron en toda la política y la economía española, prensa incluida, y una vez iniciada la Segunda Guerra Mundial las relaciones entre la cúpula del nazismo y Franco y sus ministros fue muy estrecha, y la nueva Alemania, cuyo imperio tenía que durar mil años, tuvo un exquisito trato de favor hacia el Generalísimo. Esta deferencia se tradujo en la oferta nazi de hacerse cargo de los judíos españoles esparcidos por Europa a los que tenían previsto asesinar industrialmente. Pero Franco no los salvó, a sabiendas de lo que les iba a suceder, muy bien informado por los embajadores españoles testigos de excepción de las deportaciones. De esta forma, la dictadura española se convirtió en cómplice activo del holocausto.

El ofrecimiento nazi de enviar a España a los spanischer Juden (judíos españoles), como designan los nazis a los judíos en todos sus documentos, no se produjo en una ocasión anecdótica que pasó rápidamente al olvido. Al contrario. Se trató de un tema de gran calado que generó cientos de documentos, telegramas, órdenes y contraórdenes procedentes del departamento de asuntos judíos del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, de la embajada de Alemania en Madrid y del Ministerio de Asuntos Exteriores español. Y es que, tratado como un amigo muy especial, el III Reich brindó a Franco la entrega de miles de judíos repetidas veces, por escrito, por comunicación diplomática verbal con reiterada insistencia de los embajadores alemanes. Tanto se esmeraron con su amigo español, que los nazis mantuvieron presos pero sin deportar a muchos judíos en espera de una respuesta positiva de Franco que nunca llegó. Mientras tanto, los alemanes ampliaron por propia iniciativa el plazo límite de entrega (marzo y abril de 1943) para dar tiempo a una respuesta de Franco.

¿La oferta nazi contenía cierta piedad hacia los judíos sefardíes? No. No se trataba de eso. Era la deferencia al amigo y al mismo tiempo una medida para abaratar los costes del exterminio. Es decir, antes de proceder a aplicar en toda su dimensión la solución final, el gobierno del Reich dio la oportunidad al amigo Franco de decidir sobre la suerte de los spanischer Juden, de tal suerte que si los acogía para tomar sus propias medidas contra ellos –como suponían que sucedería–, el operativo nazi de exterminio humano se vería sustancialmente reducido.

El régimen sintonizaba totalmente con Berlín y, a pesar de los reiterados ultimátums alemanes –obviamente secretos– que advirtieron explícitamente al gobierno español de las medidas extremas de que sería objeto el colectivo judío, Franco se opuso a salvarlo, pero no olvidó reclamar las propiedades y el dinero de los aniquilados, considerados, por tanto, ciudadanos españoles en toda regla.

Esta historia tiene otra cara trágica, pero muy honrosa. Mientras se producían las deportaciones y España negaba el pan y la sal a miles de seres humanos, unos horrorizados diplomáticos españoles actuaban por su cuenta y en contra de las órdenes emanadas de Madrid. Falsificaron documentos y lograron salvar a cientos de personas. Todos alertaron a Madrid del genocidio en telegramas secretos, y dos de ellos, Ángel Sanz Briz, desde Budapest (Hungría), y Julio Palencia, de la legación de España en Sofía (Bulgaria), fueron crudamente explícitos en sus mensajes. El primero, conocedor del llamado “protocolo de Auschwitz”, avisó de las matanzas en cámaras de gas, y el segundo, testigo presencial desde su embajada, escribió a Madrid avisando del desastre humano.

Tres años después, cuando la guerra mundial cambió de curso y los aliados presionaron a Franco, este se apropió de los actos heroicos de estos diplomáticos para ganarse la benevolencia de los vencedores.

El libro lo explica cómo tras la muerte de Franco, Don Juan Carlos hizo todo lo posible por dejar atrás aquel pasado oscuro. Poco después de su llegada al trono, ya con una España nueva, Don Juan Carlos sería el primer jefe de Estado español que rendía homenaje en el Yad Vashem a las víctimas del holocausto.

http://www.diariodemallorca.es/sociedad-cultura/2012/09/28/franco-exterminio/797158.html


El hospital de Varsovia, la guerra después de la guerra/’hospital Varsòvia, la guerra després de la guerra

febrero 19, 2012

Algunas pequeñas historias esconden rasgos que describen toda una época. Como la que narra el documental La batalla del Varsovia de la productora valenciana InfoTV. El filme recuerda la apertura en el año 1944, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, de un centro sanitario en la ciudad francesa de Toulouse. El Hospital Varsovia, que llevaba el nombre de la calle donde estaba situado, lo crearon médicos republicanos españoles para atender a los heridos de la resistencia antifranquista (los maquis) y también los cerca de 150.000 exiliados que malvivían en la región del Languedoc.

Pero, bajo este hilo conductor del documental se desgranan también la agotadora diáspora de los refugiados republicanos, la guerrilla de los maquis, las peleas internas del Partido Comunista de España (PCE) en el exilio, la persecución macarthista o caza de brujas norteamericana, la Guerra Fría y, como consecuencia,  la tolerancia progresiva del régimen de Franco por parte del mundo occidental.

En resumen, muchos años de historia y muchas historias paralelas de la posguerra mundial en los 57 minutos que dura el documental, que anteayer se estrenó en Valencia y que se presentará próximamente en Alicante, Barcelona y Toulouse, entre otros ciudades.

El proyecto nació casi por casualidad hace unos cuatro años. El profesor Àlvar Martínez Vidal, del Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia-CSIC de la Universidad de Valencia, coordinaba una investigación sobre el Varsovia, que la Editorial Asuntos publicó en 2010 bajo el título Exilio, medicina y filantropía. El Hospital Varsovia de Toulouse. 1944-1950. “Quise incluir en el libro un DVD con un documental estadounidense inédito aquí, Spain in Exile“, explica Martínez, “y me puse en contacto con Juli Esteve [director de la productora audiovisual InfoTV], porque en fiera el edición y las copias .

Médicos republicanos dirigieron un centro de planteamientos progresistas

Spain in Exile era un documental propagandístico hecho en 1946 terminada ya la Segunda Guerra Mundial, por el Joint Antifascista Refugee Comittee con el objetivo de recaudar fondos para el Hospital Varsovia y otros centros de atención a los españoles en Francia. El filme  de 19 minutos de duración, mostraba a los ciudadanos de los Estados Unidos las condiciones pésimas en que malvivían los republicanos exiliados en Francia. Aparece, por ejemplo, un “profesor valenciano que trabaja de llenyaire” en el sur de Francia. “Es una deuda nuestro, pendiente y antiguo”, afirmaba el periodista que presentaba el documental.

“Nos endulzar la historia”, recuerda Julio Esteban, que propuso a Martínez no sólo hacer las copias de Spain in Exile para su libro disco sobre el Varsovia, sino un documental nuevo con el testimonio de supervivientes y los descendientes de los protagonistas y con imágenes actuales del centro sanitario. Es decir, contar la historia del Varsovia desde 1944 hasta nuestros días. Así, Martínez y Esteve se convirtieron en codirectores y coguionistas de La batalla del Varsovia, producido por el Museo de Historia de Medicina de Barcelona con la colaboración del Memorial Democrático, las universidades de Valencia, Alicante y Miguel Hernández y Comisiones Obreras, entre otras entidades.

Fotograma del documental ‘La batalla del Varsovia’

No quisiéramos desvelar aquí el contenido de este documental que hay que ver, pero sí ofrecer algunas claves para entender el contexto.

El Hospital Varsovia  dirigido por médicos republicanos abrió en 1944 poco después del desembarco norteamericano en Normandía y la liberación de Francia. Sus prioridades eran el cuidado de los españoles procedentes de los campos de concentración nazis y la atención a los guerrilleros o maquis, que una vez acabada la Segunda Guerra Mundial pensaban que con la ayuda aliada se podía seguir combatiendo hacia el sur para hacer caer el régimen de Franco. Fue la llamada “Operación Reconquista” dirigida por el PCE en octubre de 1944. Unos 4.000 guerrilleros invadieron el norte de la península con la intención de establecer la sede del gobierno republicano en el Valle de Arán. Pero la operación fracasó: 50.000 soldados y guardias civiles les esperaban en una frontera bien protegida por el gobierno franquista. Además, los dirigentes comunistas estaban divididos (Santiago Carrillo estaba en contra de la operación) y los países aliados no se quisieron involucrar.

Muchos años de historia y muchas historias de la posguerra en 57 minutos

A pesar de su rápida e improvisada creación, el Hospital Varsovia llegó a ser el centro sanitario más moderno de Tolosa, porque “los otros hospitales de la ciudad parecían casi medievales”, comenta Martínez. Y lo fue, sobre todo, gracias a la financiación de civiles estadounidenses, especialmente de la comunidad de los unitarios, una corriente cristiano protestante de carácter progresista, humanista y antipurità, que crearon la Unitarian Service Comitee para distribuir la ayuda.

Fueron los unitarios los que colaboraron en la producción del documental Spain in Exile, y los que dotaron el hospital de todo tipo de instrumentos y medicinas. En el documental también se habla de una misteriosa estadounidense que dio una parte de su fortuna al Varsovia. “Se decía Harriet Marple”, explica Martínez, “pero no he podido saber nada más”.

Todo el equipo médico era español, donde predominaban los catalanes. Era el hospital de referencia para los exiliados en toda Francia, y además pionero en la investigación y la práctica de la medicina social, dado que una vez convertido en hospital civil, se dedicó a tratar las enfermedades endocrinas provocadas por los ocho años de hambre y sufrimiento, las afecciones venéreas o las causas de la mortalidad infantil. Con el paso del tiempo, fue también líder en cuidados paliativos, parto sin dolor, planificación familiar y asistencia social a grupos desfavorecidos.

“Los otros hospitales de la ciudad parecían medievales”

Pero, en Estados Unidos, durante la Guerra Fría, el Comité de Actividades Antiamericanas, en la conocida como “caza de brujas”, interrogó a los miembros de la Joint Antifascista Refugee Comittee y los unitarios que colaboraron. Muchos de ellos fueron acusados de comunistas y encarcelados, y la ayuda civil estadounidense en Varsovia llegó a finales en 1948. Era el año en que el bloque comunista crecía con la integración de Checoslovaquia y Hungría, y cuando el aumento de la tensión entre los dos bandos se manifestó con el bloqueo soviético de Berlín.

Poco después, en 1950 los Estados Unidos ya habían establecido relaciones diplomáticas con Madrid. España fue tratada como aliada en la lucha anticomunista por motivos geoestratégicos. El gobierno de Francia fue presionado para que persiguiera las células de resistencia comunista españolas en su territorio, y en septiembre de ese año, de madrugada y en secreto, la policía francesa detuvo 276 españoles, entre ellos el equipo médico de del Hospital Varsovia  en la conocida como Operación Bolero-Paprika (paprika es el nombre que recibe en muchos países nuestro pimentón molido). Los detenidos iniciaron así un nuevo exilio al ser deportados a colonias francesas en unos tiempos que, pretendidamente, eran de paz.

Pero el hospital no cerró: un grupo de médicos del Partido Comunista Francés, encabezados por el doctor Ducuing, iniciaron una lucha legal que duró cinco años, y mediante la Societé Nouvelle Hôpital Varsovia, una asociación sin ánimo de lucro, consiguieron la titularidad del centro para continuar su labor social. Esa es La batalla del Varsovia que da título al documental de InfoTV. En el barrio de Saint-Cyprien de Tolosa  donde está situado el centro sanitario, los inmigrantes magrebíes y subsaharianos han sustituido a los exiliados españoles, pero la filosofía del centro, ahora bajo el nombre de Hôpital Joseph Ducuing, sigue siendo la misma.

Cabe destacar en el documental una imagen especialmente impresionante que quizás hoy no llamaría la atención: la de una mujer, la cirujana María Gómez operando en el Varsovia en 1946. Todo un símbolo del desarrollo profesional femenino iniciado llevarán la II República y que el franquismo truncó.

La estadounidense Harriet Marple dio parte de su fortuna

Y como decíamos anteriormente, si algunas pequeñas historias destilan de refilón los rasgos de una época, la producción de este audiovisual tiene una bien expresiva: ante el desbarajuste económico que sufren nuestras instituciones públicas, InfoTV hizo un llamamiento popular mediante el correo electrónico para completar la financiación del proyecto. “La aportación no ha sido masiva”, dice Esteban, “pero hemos probado la capacidad de implicar a los particulares. Toda colaboración, de aquí y de allá, es buena, y nos ha permitido terminar el documental”. Hilando delgado, podríamos establecer un paralelismo entre el espíritu de aquellos civiles estadounidenses que ayudaron al Varsovia con el de los ciudadanos que ahora se involucran en la salvaguarda de nuestra producción cultural y la memoria histórica.

La batalla del Varsovia tiene un precio de 15 euros e incluye además el documental Spain in Exile y otros extras. El próximo proyecto de Esteve es “contar la historia de los argelinos valencianos”, afirma. Será el octavo documental de InfoTV, tras otros de bien logrados, como Valencianos de Mallorca o Moriscos, los valencianos.

 Artículo original escrito en valenciano y traducido por el editor.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/02/16/valencia/1329383339_211733.html


La última brigadista…

diciembre 11, 2011

JESÚS RODRÍGUEZ 11/12/2011

Hace 75 años, más de 35.000 hombres y un puñado de mujeres de 54 países llegaron a España para luchar contra Franco. Estaban convencidos de que si frenaban el fascismo podían evitar una guerra mundial. Esta es una historia de valor y solidaridad a través de la memoria de Lise London, la última mujer voluntaria con vida.

Lise London

 
 
1942

Lise en la localidad de Charande, en junio de 1942, un mes antes de ser detenida por la Gestapo.-

Cuando el compacto grupo de ancianos franceses con acento español y ancianos españoles con acento francés se arranca a entonar con rabia el vibrante himno de batalla de nuestra Guerra Civil, se hace un silencio doloroso y toca tragarse las lágrimas. Son los testigos de una historia que se acaba. Una gesta de ideales y lucha por la libertad que pronto, cuando sus últimos protagonistas desaparezcan, quedará enterrada en los manuales de historia. Hoy están aquí. Quizá por última vez. Tienen el pelo blanco y las manos nudosas como una vid; ondean sobre sus cabezas pálidas banderas tricolores; un centenar de veteranos de la guerra se han reunido esta tarde de noviembre en un rincón sin turistas de París en homenaje a los miles de camaradas que llegaron a este lugar hace justo 75 años, procedentes de 54 países, para alistarse en las Brigadas Internacionales y luchar durante más de dos años contra Franco en los frentes de Madrid, el Jarama, Guadalajara, Brunete, Teruel y el Ebro. Fueron más de 35.000. Casi un tercio reposa en España en tumbas sin nombre. Muchos iniciaron malheridos la retirada a finales de 1938 y murieron en campos de concentración franceses y alemanes. Los que sobrevivieron formaron una estrecha comunidad de sangre que nunca nadie ha conseguido romper.

Eran jóvenes y no eran soldados; nunca habían sostenido un arma; habían militado en el pacifismo y la solidaridad entre los pueblos. Eran unos soñadores. Metalúrgicos, estibadores, estudiantes, campesinos e intelectuales; aventureros, revolucionarios; activistas negros americanos y judíos perseguidos por los nazis. Por encima de su origen, combatir en la Península al Caudillo suponía para todos plantar cara a Hitler. Creían que la Guerra Civil era el primer asalto de una contienda mundial que se podría frenar si Franco y sus compañeros de viaje eran derrotados en España. Para los brigadistas, no se trataba de una simple guerra fratricida aislada en un país frontera con África. Era el aperitivo de la catástrofe. El tiempo les daría la razón.

Aquella guerra concluiría el 1 de abril de 1939 con el triunfo de Franco y los ejércitos del Eje y el éxodo de medio millón de derrotados; cuatro meses más tarde, Hitler, según el plan previsto, invadía Polonia; doce meses más tarde, Francia, y dos años más tarde, en mayo de 1941, la Unión Soviética. Cincuenta millones de personas perecerían en la II Guerra Mundial. La perspectiva que proporciona el tiempo confirma que los brigadistas fueron unos visionarios. Antes de que existieran el derecho humanitario y la declaración de derechos humanos, apostaron por la solidaridad internacional con un Gobierno legítimo cuya democracia estaba siendo pisoteada. Se adelantaron. Una idea que sintetizaría Artur London, brigadista hasta las últimas horas de la República y uno de los protagonistas de este reportaje, con una frase: “Se levantaron antes del alba”.

Muchos eran parias de la tierra. Tenían poco que perder porque no tenían nada. Dieron un paso al frente aquel otoño de 1936. Rompieron con todo. Se convirtieron en proscritos en sus países de origen. Era un instante crucial en el que la democracia se resquebrajaba; no solo Alemania e Italia habían caído bajo el yugo del fascismo. En Polonia, Hungría, Rumanía, Grecia, Lituania, Bulgaria, Checoslovaquia, Austria y Portugal se estaban incubando regímenes dictatoriales. La extrema derecha había mostrado sus colmillos en Francia. En sectores del Partido Republicano estadounidense y el establishment británico se aplaudía a Hitler. En ese instante, la mitad de España se había rebelado contra el golpe de Estado del 18 de julio. La guerra había comenzado. La República carecía de ejército y lo improvisaba a diario; mientras, Franco, al mando de unas fuerzas fogueadas en África, había alcanzado en semanas los arrabales de Madrid. Hitler humillaba a las democracias y enviaba sus bombarderos contra los españoles saltándose los acuerdos internacionales. Para apaciguarlo, Francia y Reino Unido habían abandonado a la República. La Península ardía. El mundo asistía mudo a la tragedia. Dentro de ese macabro decorado, miles de hombres habían reaccionado y enfilado París como primera escala hacia España. ¿Por qué estaban dispuestos a jugarse la vida en un país del que no conocían ni la lengua? Artur London daría la clave: “En Madrid, el checo iba a luchar por Praga; el francés, por París; el austriaco, por Viena; el alemán, por liberar su país de Hitler, y el italiano, por expulsar a Mussolini de su país”.

No pasarán

 

Un búnker de la Guerra Civil en el parque del Oeste de Madrid; aquí llegaron los brigadistas a defender la ciudad el 8 de noviembre de 1936.- SOFÍA MORO

 

El número 8 de la calle de Mathurin-Moreau era en 1936 un descampado salpicado de barracones que albergaban sindicatos de izquierda y comités obreros. A ese París proletario comenzaron a llegar en octubre los voluntarios. Los partidos comunistas de todo el mundo (de los que había surgido la idea de crear las Brigadas a través de la Internacional, la organización que hacía de correa de transmisión entre las consignas de Stalin y sus cuadros) habían prestado su infraestructura como banderín de enganche. En esta calle comenzaría el largo viaje hasta el frente. Más allá, vencer o morir.

Aquí se levanta desde los años setenta la sede del Partido Comunista Francés, un bello edificio de hormigón y cristal proyectado por el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer como regalo a sus camaradas franceses. Todo aquí remite al combate contra el fascismo. La plaza en la que desemboca el cuartel general comunista lleva el nombre de uno de los más legendarios veteranos de las Brigadas Internacionales: el coronel Fabien, líder desde 1941 de la Resistencia francesa contra Hitler y el primer partisano que acabó durante la ocupación con la vida de un oficial hitleriano. En este ambiente de familia nos encontramos con una de sus viejas camaradas de guerrilla, Cécile Le Bihan, viuda de otro mítico brigadista: el coronel Rol-Tanguy, el partisano al que se rindió el ejército alemán que ocupaba París en 1944. Cécile tiene 93 años; es una anciana erguida, digna y lúcida, con una boina calada hasta las sienes y la Legión de Honor en la solapa. Durante cuatro años se jugó la vida y la de su familia en la Resistencia contra la ocupación nazi. Pasaba documentos en el cochecito de su hijo (hoy ese bebé es un sexagenario que sonríe a su lado) y participó en sabotajes. Su compañero, Rol-Tanguy, es un héroe nacional en Francia. “Nunca olvidó España”, relata Cécile; “afirmaba que la experiencia más grande y enriquecedora de su vida fue la Guerra Civil. Era un sindicalista, un hombre de acción. Me decía: ‘Tengo dos patrias, Francia y España; nunca me he podido sacar a los españoles del corazón’. España era para Henri como esa bala que recibió en la espalda en el frente del Ebro, se le quedó alojada en el omoplato y no le pudieron extraer: era parte de él”.

-¿Por qué se enroló en las Brigadas?

-Quería aprender a luchar contra el fascismo y enseñar a otros. Se empeñó en ir a Madrid. Era un tipo duro, un metalúrgico. No era un idealista, era un militar. Sabía que el siguiente capítulo de aquella tragedia era París. Y no se conformaba. Quería estar en primera línea; volvió de España herido. Nos casamos en abril del 39. Un año más tarde, Hitler invadía Francia y volvió a combatir.

Aquellos jóvenes brigadistas que comenzaron a concentrarse a mediados de octubre de 1936 en París eran tipos jóvenes, grandes, ruidosos, románticos, vitales; sin gran formación (aunque hubiera entre ellos un grupo de escritores como Malraux, Hemingway, Orwell o Koestler), pero muy politizados; gente del pueblo, directos, juerguistas; cariñosos con los españoles que los recibían como salvadores. Se sintieron como en casa. Tras escuchar las grabaciones con decenas de testimonios de brigadistas, leer sus memorias y charlar con los supervivientes y sus familias, se advierte un hecho sorprendente: nunca renegaron de su aventura española; los veteranos recordaban los años de la Guerra Civil como los más enriquecedores, intensos y altruistas de su vida. No había amargura en sus palabras. Ninguno se quejaba del pobre armamento e instrucción que recibieron; las penosas condiciones de vida en el frente; la crueldad de las batallas. No hay ninguna crítica a la discutible conducción política y militar de la guerra por parte de la República. Ni siquiera a su retirada de España como moneda de cambio. Para ellos, la única tragedia fue abandonar a los republicanos a su suerte. Me lo confirma la hija de uno de ellos que prefiere no dar su nombre: “Mi padre me contaba que cuando la República decide a finales de 1938 que los brigadistas se vayan para intentar un agónico acuerdo de paz, estos no querían que los españoles les dieran las gracias; las daban ellos por haber tenido la oportunidad de compartir el ideal de la República. Los brigadistas eran muy queridos en España. Llegaron aclamados por el pueblo, y cientos de miles de personas les despidieron entre flores de la misma forma el 15 de noviembre de 1938 en la Diagonal de Barcelona. Algo bueno debieron de hacer. Consideraban a los españoles sus hermanos. Por eso, los tres centenares que vivían en 1996 aceptaron como un honor la decisión del Gobierno de Felipe González de concederles la nacionalidad española”.

Con Ibárruri

Lise (segunda por la derecha) con Dolores Ibárruri (en el centro).-

De los más de 35.000 voluntarios extranjeros que lucharon en nuestra Guerra Civil no quedan más de veinte. Los más jóvenes han superado los 90 años. Para Marina Garde, responsable de ALBA (Abraham Lincoln Brigade Archives), la organización que reúne a los brigadistas estadounidenses vivos (solo cinco de los 2.800 que vinieron a España), “están muriendo los últimos y es trágico; era gente carismática, entregada, incansable, que movía a mucha gente con su testimonio; ahora nos toca defender esa memoria. Es un legado muy fuerte que tenemos que salvar del olvido. Hay que crear una tradición en torno a su memoria. Que su ejemplo sirva para que nunca nos quedemos cruzados de brazos ante los dictadores”.

El pasado invierno murió el último brigadista italiano; queda un superviviente en México, dos en Argentina, tres en Reino Unido, cinco en Estados Unidos, uno en Rusia, dos en Austria, un estonio, un israelita y cinco franceses. Estos últimos no han podido estar hoy en París en el acto de homenaje. El tiempo no perdona. Sin embargo, César Covo, Théo Francos, los hermanos Vincent y Joseph Almudever y Lise London están en el corazón de todos.

Sobre todo Lise, la legendaria compañera de Artur London; la última brigadista. Tiene 95 años. Nació como Elisa Ricol de padres españoles en un pueblo minero francés. Los Ricol representaban el prototipo del proletariado de comienzos del siglo XX: pobres, analfabetos, desertores del campesinado y emigrantes. El viejo Ricol era un picador que arrastraba la silicosis y militaba en sindicatos comunistas. Lise nació en 1916. De niña vendía helados por las calles. A los 15 años ingresó en las Juventudes Comunistas. Era una mujer guapa, morena, resuelta, chispeante, con unos bellos ojos negros, un rostro de camafeo y una estricta elegancia socialista en blanco y negro que recuerda a Dolores Ibárruri. Firme, vehemente, doctrinaria, adicta al debate, se iba a convertir desde joven en una profesional de la revolución, una activista incansable, una militante dispuesta a todo. “¡Soy aragonesa!”, aún repite con orgullo. El partido, la lucha, eran lo primero. Santiago Carrillo, amigo de los London y durante veinte años secretario general del Partido Comunista de España, intenta explicar esa absoluta obediencia de los militantes de la época respecto de la organización: “Ser comunista era algo más que ser de un partido; suponía tener fe. Había en nosotros mucho de romanticismo. El comunismo tenía un componente religioso, con sus santos, sus mártires y su Meca, que era Moscú. No nos planteábamos más. Queríamos extender la revolución. Cuando perdimos esa fe, todo se desmoronó. Lise tardó en perderla. Tuvo incluso problemas políticos con su marido”. Artur London, en su autobiografía La confesión, describía así a su mujer y camarada: “Ha conservado su frescura de chiquilla: hay que verla entusiasmarse, apasionarse, tomar partido y luchar para lograr que compartan sus convicciones los que la rodean. Pone el corazón en todo lo que hace. Dispuesta a no importa cuál sea el sacrificio por sus amigos, es, por el contrario, intransigente cuando se trata del deber de los comunistas. Su confianza hacia el partido y la URSS es total. Para ella, el gran principio de la vida militante se enuncia muy simplemente: el que comienza a dudar del partido deja de ser comunista”.

En 1934, con solo 18 años, Lise marcha a Moscú invitada por la Internacional para convertirse en dirigente comunista. Lo relata Roberto Lample, de 62 años, francés, de padre anarquista español, alma de ACER (Asociación de Antiguos Combatientes en la España Republicana) y fiel compañero de fatigas de Lise: “Moscú fue su escuela política; ella quería escapar a su destino de mujer proletaria. Se dio cuenta de que si estudiaba, si viajaba, su vida podría cambiar. La ambición de Lise era aprender. El partido le dio la oportunidad de ir a Moscú. Y ella lo aprovechó. Era una luchadora; estaba convencida de que el poder no se podía delegar; no había que esperar que otros te solucionaran los problemas, había que actuar; quería decidir su futuro. Y eso tiene plena vigencia con el movimiento de los indignados”.

Era una fuerza de la naturaleza; una mujer valiente, magnética, decidida; una revolucionaria que conoció a Stalin, Tito, Pasionaria y Ho Chi Minh. En Moscú se enamoró de Artur London, un joven comunista de 19 años, alto, guapo, elegante y tuberculoso; un intelectual checo de origen judío que contraponía al ímpetu descarnado de Lise un carácter calmado y reflexivo. Lise abandonó a su primer marido (el comunista Auguste Delaune, que sería ejecutado en los cuarenta por los nazis) y unieron su destino. Tendrían tres hijos y compartirían 50 años de lucha, desde la URSS a la Guerra Civil; la clandestinidad, la Resistencia en Francia, la persecución de la Gestapo, los campos de exterminio nazis y las purgas estalinistas de los cincuenta. Una vida intensa que llevó al cine en 1970 Costa-Gavras. Sus camaradas Yves Montand y Simone Signoret dieron vida en la pantalla al matrimonio; del guion se encargaría Jorge Semprún, compañero de Artur London en Mauthausen.

Lise está hospitalizada en una hermosa clínica construida tras la II Guerra Mundial para acoger a los supervivientes de los campos de concentración, en Fleury-Merogis, a una hora de París. Michel London, su hijo menor, un matemático de 62 años, se ofrece a llevarnos, aunque advierte que su madre está muy débil. Al volante de su cascado Fiat 500 va recordando pasajes de la vida de su familia, desde sus abuelos maternos españoles, los Ricol, que se hicieron cargo de los hijos del matrimonio London durante su deportación a los campos nazis y acogieron en su hogar a exiliados republicanos, hasta la familia de su padre, judíos checos, de los que murieron 28 miembros en los campos de exterminio. Michel London habla sin odio. “Mi madre rara vez mencionaba los campos nazis; había visto demasiado sufrimiento. En 2005 fuimos toda la familia a Mauthausen, donde habían estado internados mi padre, mi tío y mi cuñado, y también 8.000 republicanos españoles y centenares de brigadistas; mi padre ya había muerto; estábamos sus tres hijos, sus nietos y mi madre. Ella había estado en Ravensbrück y Buchenwald, sabía de qué iba aquello; se emocionó, pero con serenidad; no soltó una lágrima. Enseñó a los nietos los barracones, los hornos, los pijamas de rayas… con naturalidad, sin dramas. Ha sido siempre muy fuerte”.

Tras alistarse en las Brigadas Internacionales en las improvisadas oficinas de la calle de Mathurin-Moreau, los voluntarios marchaban a la estación de Austerlitz, donde cogían un tren con destino a Perpiñán, y de allí, el salto a España. Lise London tomó el 28 de octubre el último que atravesó la frontera. El jefe de las Brigadas, el héroe de la revolución bolchevique André Marty, le había ofrecido ser su traductora y asistente. Lise no vaciló. “Reunirme por fin en España con los combatientes de la libertad… ¿Había algo más emocionante?”. El viejo Ricol profirió al despedir a su hija: “Lise se va a la tierra de sus padres a cumplir con su deber”. Viajaban en el convoy 2.500 hombres y un par de mujeres. Tras ellos, la frontera quedaría cerrada por los franceses para evitar la llegada a España de más voluntarios extranjeros. Los que quisieran alcanzar el frente deberían cruzar ilegalmente los Pirineos con la ayuda de partisanos, como harían Artur y miles de voluntarios más.

Tras un par de jornadas de viaje, Lise y el resto de aquellos primeras voluntarios llegaban vía Barcelona hasta Albacete, la ciudad que la República había dispuesto como cuartel general de las Brigadas. Estaba embarazada de tres meses. Artur continuaba trabajando para la Internacional en Moscú e intentaba salir de la URSS para reunirse con ella en España y combatir a Franco. No sabían absolutamente nada el uno del otro.

En octubre de 1936, Albacete era un poblachón manchego parado en el tiempo. Para convertirse en centro de operaciones de las Brigadas tenía a su favor ser un enclave políticamente seguro, lejano del frente y a mitad de camino de Madrid y Valencia. La ciudad ha cambiado en estos 75 años, pero en el centro se conservan los escenarios que contemplaron por primera vez los brigadistas al desfilar aclamados por la multitud: el parque de Abelardo Sánchez, la calle Ancha, el Banco de España, la plaza del Altozano, la plaza de toros o el Gran Hotel, donde se emplazaría el Estado Mayor de las Brigadas y trabajaría Lise. En las siguientes semanas, los brigadistas serían divididos por lenguas y enviados al campamento de instrucción de Pozo Rubio, a media hora de la capital, en un bosque expropiado a un terrateniente donde se construyeron toscos barracones de madera. En la zona no se conserva ni un solo recuerdo de los brigadistas; tampoco en las localidades limítrofes (que visitamos junto a Fernando Robetta, del Centro de Estudios y Documentación de las Brigadas Internacionales), donde estuvieron alojados en casas de familias de esos pueblos. Robetta describe a los brigadistas: “Era gente dispuesta a todo. Con corazón, una disciplina brutal, ilusión, ideales, valor; eran revolucionarios seguros de su papel, repletos de un entusiasmo que transmitían a los mismos españoles. Se convirtieron en un símbolo a imitar por los milicianos”.

Cuando se pregunta a los vecinos de Madrigueras, Tarazona, Mahora o Casas Ibáñez sobre aquellos brigadistas del 36, no hay grandes testimonios, pero tampoco nadie conserva un mal recuerdo. Son como parientes en sepia que un día marcharon lejos y de los que nunca nadie volvió a saber. Uno de aquellos brigadistas dejó su nombre grabado en la puerta de una casa de Madrigueras; sus propietarios no lo borraron; guardan la inscripción con cariño: “Berti Neville, London. February 37. Communist Party of Great Britain”. “Posiblemente murió en la batalla del Jarama, en febrero de 1937, como la mayoría de los brigadistas británicos”, nos explica el historiador Justin Byrne, que nos acompaña en el viaje.

Lise London está dormida. Es una anciana guapa; tiene el pelo fino como la seda y la tez tersa. Cuando despierta y sonríe, uno se encuentra en esos ojos negros castigados por el tiempo con la brigadista del 36. Cuando le pregunto si aún se considera comunista, contesta tajante en francés: “Soy comunista, pero no por política; ya rompí el carné. Lo soy por no traicionar el recuerdo de aquellos camaradas que compartieron nuestros sueños y murieron por la libertad”.

Fichada

Foto de la ficha de la Gestapo de Lise de 1942.-

 
 -¿Cómo recuerda las Brigadas?

-Fue el mejor momento de mi vida. Siempre han estado en mi recuerdo. Todo me lleva a las Brigadas, a los viejos amigos; sueño con ellos. España fue un ideal, nuestro ideal más querido, y sigue siendo válido.

A las dos semanas de llegar a Albacete, la primera brigada de voluntarios internacionales, la XI, fue enviada con urgencia a Madrid. Estaba formada por 2.000 eslavos, balcánicos, escandinavos, polacos, húngaros, checoslovacos, alemanes y austriacos; apenas tenían formación militar, armas ni uniformes; su único distintivo eran las boinas; detrás iría la XII, integrada por alemanes, italianos y franco-belgas. Las tropas marroquíes de Franco ya habían alcanzado la Ciudad Universitaria. Estaban a un tiro de obús de la Puerta del Sol. La noche del 6 de noviembre, el Gobierno de la República había huido a Valencia y creado una fantasmal Junta de Defensa formada por jóvenes y desconocidos militantes de izquierdas a las órdenes del general Miaja y el coronel Rojo. Santiago Carrillo, un comunista de 21 años, era responsable de Orden Público. “Franco sabía que si Madrid caía, caía la República; y atacó”, recuerda Carrillo. “Madrid era el centro de gravedad de la contienda; si resistíamos, podíamos ganar la guerra; si se perdía, se hundiría la resistencia. Permanecer en Madrid en noviembre del 36 era estar listo para el sacrificio. El que se quedaba estaba dispuesto a luchar. Cuando todo se daba por perdido, el 8 de noviembre de 1936 llegaron los brigadistas. Subieron en formación por la calle de Atocha y la Gran Vía en dirección a la Casa de Campo. Eran unos miles, pero a la gente de Madrid les parecieron millones. Desfilaban por Madrid cantando La Internacional en todos los idiomas y con el puño en alto; y con ese gesto elevaron la moral de los madrileños. No estábamos solos. Ese día se creó la leyenda de ¡No pasarán! Fueron directos a morir a la Casa de Campo. Los brigadistas tuvieron un papel militar no exento de importancia; pero quizá más romántico y político que militar, porque la guerra la hicimos los españoles. En cualquier caso, en 1936 Franco no entró en Madrid”.

Carrillo y Lise London se conocieron durante aquellos días en el frente de Madrid durante un viaje de inspección de André Marty a sus brigadistas. Era el bautismo de fuego de la joven revolucionaria. Se iba a enfrentar sin pestañear a los tableteos de las ametralladoras y los bombardeos sobre la población civil; sería testigo de los miles de mujeres y niños refugiados en las estaciones de metro y sentiría las balas silbando sobre su cabeza en la Ciudad Universitaria; cuando se despidió de Carrillo, este le regaló un Quijote que aún conserva. Su amistad ha resistido 75 años.

Los brigadistas habían frustrado la ofensiva franquista. En pocos días se habían convertido en fuerzas de choque disciplinadas y admiradas por los republicanos. Un modelo a seguir. Combatirían en todos los frentes hasta su retirada a finales del 38. Tras su estancia en el frente de Madrid, Lise, embarazada de cinco meses, perdería su hijo. En 1937 se reencontraría en Valencia con Artur, que, enfermo de tuberculosis y fumador compulsivo, se encargaría de misiones de inteligencia y propaganda en las Brigadas. Aquel terrible invierno de finales del 37, bajo los bombardeos alemanes, con apenas qué comer, la pareja concebiría en Albacete a su hija Françoise: “Temíamos el momento de meternos entre las sábanas húmedas y heladas; cuando le explicaba a Françoise, ya grandecita, que nos la habíamos traído de Albacete, le dije bromeando: ‘Hacía tanto frío en la cama que papá y yo teníamos que abrazarnos muy fuerte para calentarnos. Y así fue como te dimos la vida”, relataría Lise en sus memorias Roja primavera.

La guerra estaba perdida. En octubre de 1938, los brigadistas eran desmovilizados, cruzaban la frontera y eran internados en campos de concentración franceses. A finales del verano del 38, Lise, en el tramo final de su embarazo, había sido evacuada. La seguiría Artur en marzo de 1939 con las tropas de Franco pisándole ya los talones. Tras la derrota se iniciaba un nuevo episodio de la tragedia de los brigadistas. Aquellos soñadores que habían luchado por la libertad en España no podían regresar a Alemania, Austria, Checoslovaquia ni Italia, gobernadas por Hitler y Mussolini. Tampoco a Rumanía, Bulgaria, Yugoslavia, Hungría ni las repúblicas bálticas. Serían represaliados en Brasil, Argentina, Suiza, Canadá y Bélgica por haber combatido junto a un ejército extranjero. Estaban incluso bajo sospecha en Francia, Irlanda y Reino Unido. Se habían convertido en un mito incómodo; héroes de una revolución perdida; miembros de un club de malditos sin fronteras; había que extirparlos del planeta. Fieles al juramento que hicieron a su llegada a Albacete: “Estoy aquí porque soy voluntario, y daré si hace falta hasta la última gota de mi sangre para salvar la libertad en España y la libertad del mundo”, pasarían a la clandestinidad y servirían en la resistencia contra los nazis en toda Europa. Tras la II Guerra Mundial todavía serían purgados en la URSS y sus satélites acusados de espionaje y cosmopolitismo (como le ocurriría a Artur London, preso y torturado entre 1951 y 1956) y, al tiempo, víctimas de la caza de brujas en Estados Unidos por “actividades antiamericanas”.

La clandestinidad, los nombres y papeles falsos, los pisos francos, el rescate de comunistas, la propaganda antifascista, los sabotajes y la lucha armada fueron el destino del matrimonio London y otros muchos republicanos y veteranos de las Brigadas tras la ocupación de Francia por Hitler en junio de 1940. El 1 de agosto de 1942, Lise recibió órdenes de provocar un levantamiento popular contra los nazis en unos almacenes de la parisiense calle de Daguerre. La noche anterior, Artur y ella no durmieron. Hicieron el amor hasta el alba. “¿Presentíamos que no íbamos a vernos durante mucho tiempo, tal vez nunca más?”. La acción subversiva de Lise fue un éxito; llamó al pueblo de París a la “lucha armada”. Hubo un tiroteo y varios policías muertos. Once días más tarde, Lise y Artur eran detenidos. Lise era bien conocida por la Gestapo; tenía todo en contra; sin embargo, la policía no pudo dilucidar quién era Artur. Tenían sospechas, pero no constaba en el fichero; no sabían que era un agente comunista ni un exbrigadista; era un clandestino perfecto y solo fue condenado a diez años de trabajos forzados. Acusada de asesinato, asociación de malhechores y actividades comunistas, el destino de Lise era la guillotina. Sin embargo, algo se les había escapado a los nazis: estaba de nuevo embarazada. Desde el día en que fue concebido, la noche anterior a su acto terrorista de la calle de Daguerre, su hijo estaba destinado a salvarle la vida. Le condenaron a cadena perpetua. Lise lo resume así: “¿Acaso no es un milagro? A cambio de darle la vida, mi hijo salvará la mía”. Artur y Lise serían deportados a Mauthausen y Buchenwald hasta el final de la II Guerra Mundial, en mayo de 1945. Habían formado parte de la Operación Noche y Niebla, iniciada por los nazis para hacer desaparecer a los sujetos indeseables. Ni la maquinaria nazi pudo con ellos.

A comienzos de este mes, Lise ha vuelto a su hogar. Un piso de clase media con un aire soviético, tapizado de libros, en cuyo portal una placa con la Legión de Honor recuerda que allí vivió Artur London, “que estuvo en todos los combates por la libertad y los derechos humanos”. Murió en 1986. Lise no ha logrado olvidarle. Pero cuando le pregunto si toda aquella lucha, si todo ese sufrimiento valió la pena, se incorpora, se echa la mano al corazón, me mira a los ojos y le brotan sus ancestros aragoneses: “¡Por supuesto! Combatimos por la libertad. ¡Valió la pena!”.

El País.com

http://www.elpais.com/articulo/portada/ultima/brigadista/elpepusoceps/20111211elpepspor_11/Tes/


Inauguración del Monumento campo de Gurs (Francia)…

octubre 9, 2011
Amicale du camp de Gurs, – 6 Octubre 2011

Domingo 23 de octubre, Inauguración de la Avenida de los Internados, con autoridades francesas, españolas y alemanas

En el campo de Gurs (Pirineos-Atlánticos, Francia) se inaugurará el domingo 23 de octubre a las 11H 00 la Avenida de los Internados con autoridades francesas, españolas y alemanas.

Este campo fué el más grande de Francia de 1939 a 1944, con 20.000 internados. Estos fueron primero los Vascos del ejército republicano después de la Retirada. Luego los Brigadistas Internacionales y demás soldados de todas provincias. Siguieron personas dichas “indeseables”, Judios alemanes y Gitanos. Con un total de 60.559 internados. Fueron deportados a Auschwitz 3.907 hombres, mujeres y niños.

El monumento es la Avenida de los Internados, sea 27 columnas de granito a lo largo del camino central del campo. Cada una de ellas dedicada a una categoria de internados.

Destaca la columna del Reino de España rindiendo homenaje a todos los Republicanos. Primer gesto aquí en su favor de la madre-pátria y reconocimiento del valor de su causa.

 Emilio Vallés Peransí    Vice-Presidente de la “Amicale du camp de Gurs”

A través de la página de la Federación de Foros por la Memoria (Foro por la Memoria):

http://www.foroporlamemoria.info/2011/10/inauguracion-del-monumento-campo-de-gurs-francia/


Alemania investigará a cientos de ex guardias nazis por los crímenes cometidos durante el holocausto…

octubre 9, 2011
ABC.es, 05/10/2011 – 6 Octubre 2011

La reapertura de cientos de casos se produce tras de la sentencia en mayo contra John Demjanjuk

 La reapertura de cientos de casos, cuyos protagonistas más jóvenes tienes ahora 80 años, se produce tras de la sentencia en mayo contra John Demjanjuk, guardia voluntario en el campo de exterminio de Sobibor

AP / BERLÍN

Los fiscales alemanes han vuelto a reabrir cientos de investigaciones sobre los delitos cometidos por antiguos guardias nazis que sirvieron en los campos de concentración durante el holocausto judio, que podrían ser acusados tras el precedente establecido por el veredicto contra John Demjanjuk.

Teniendo en cuenta la avanzada edad de todos los sospechosos -los más jóvenes tienen 80 años-, el jefe de la fiscalía alemana encargada de investigar los crímenes nazis dijo a AP que las autoridades “no quieren esperar demasiado tiempo, por lo que ya han comenzado las investigaciones”, dijo el fiscal Kurt Schrimm.

Mientras tanto, el director del Centro Simón Wiesenthal de Jerusalén, Efraim Zuroff, informó de que lanzará una nueva campaña en los próximos dos meses para localizar a los otros criminales de guerra nazis.

Zurroff explicó que la sentencia contra Demjanjuk, en la Polonia ocupada, ha abierto la puerta al procesamiento de otros antiguos nazis de los que pensó que jamás serían juzgados: “Podría ser un último capítulo muy interesante”, dijo por teléfono desde Jerusalén. “Esto tiene enormes implicaciones, incluso en esta última fecha.”

Demjanjuk, complice del holocausto

Demjanjuk, de 91 años, fue deportado de los EE.UU. a Alemania en 2009 para ser juzgado. Fue declarado culpable en mayo de este año por cargos de complicidad en el asesinato de judíos, al servir como guardia en el campo de exterminio de Sobibor, en la Polonia ocupada.

Era la primera vez que los fiscales fueron capaces de condenar a alguien en un caso de la época del nazismo, a pesar de ni existir ninguna evidencia directa de que el sospechoso participara en ningún asesinato concreto.

En el juicio, los fiscales de Munich sostuvieron que si se podía demostrar que Demjanjuk había sido guardia en un campo de concentración como el de Sobibor -creado con el único propósito de exterminar a judíos-, era suficiente para condenarlo por cómplice de asesinato como parte de la maquinaria de destrucción nazi.

Después de 18 meses de testimonios, un tribunal de Munich fallo en contra de Demjanjuk y le condenó a cinco años de prisión, a pesar de que niega haber servido como guardia. Actualmente se encuentra en libertad y vive en el sur de Alemania, esperando a que su apelación sea escuchada.

En busca de otros ex guardia nazis

Schrimm dijo que su oficina está repasando todos sus archivos para ver si otros pudieran encajar en la misma categoría que Demjanjuk. Él dijo que probablemente había “menos de 1.000″ posibles sospechosos que aún podría estar vivos y podrían ser procesado, los cuales viven tanto en Alemania como en el extranjero.

No dio ningún nombre. “Tenemos que revisar todo lo referente a las personas que conocían campamentos como el de Sobibor… o que conocía a los Einsatzgruppen”, dijo, refiriéndose a los escuadrones de la muerte responsables de los asesinatos en masa, especialmente al comienzo de la guerra, antes de que los campos de exterminio fueron establecidos.

Aún no ha sido probado en los tribunales si el precedente sentado por Demjanjuk podría extenderse a los guardias de campos de concentración nazis, donde miles de personas murieron, pero cuyo único propósito no era necesariamente asesinato.

http://www.abc.es/20111005/internacional/abci-alemania-abre-investigacion-guarda-