Rojas, enfermas y pecadoras

enero 13, 2013

La exposición ‘Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad’ analiza el papel de la mujer desde la II República hasta la Transición prestando especial atención a la doble represión que el régimen de Franco ejerció sobre ellas por “rojas” y por “liberadas”.

ALEJANDRO TORRÚS Madrid 13/01/2013

Retrato de Pilar Primo de Rivera incluido en la exposición 'Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad'

Retrato de Pilar Primo de Rivera incluido en la exposición ‘Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad’

Rapadas al cero para censurar su ‘libertinaje’ y purgadas con aceite de ricino para depurar su “alma tóxica”, miles de mujeres fueron exhibidas por las calles y plazas del país durante los años de guerra civil y posguerra. El castigo del franquismo sobre las mujeres fue doble. Por “rojas” y por “liberadas”. La dictadura exigió a las mujeres un exceso de virtud que encarnara un modelo de decencia y castidad que limpiara la degradación moral republicana.

Es imposible determinar el número de mujeres represaliadas a lo largo de la dictadura. Historiadores como Fernando Obregón han documentado la muerte de 116 mujeres en Cantabria desde 1937, cuando la provincia fue tomada por Franco. En Burgos, casi 500 mujeres murieron en la cárcel a manos de los franquistas y en la cárcel de Ventas (Madrid) está documentada la presencia de más de 5.000 reclusas republicanas, a pesar de que su capacidad sólo era para 450 personas.

Sus historias fueron silenciadas durante años por la ideología oficial del régimen. Sobre ellas recayó  la responsabilidad de “regenerar la patria”. Catalogadas como individuas de dudosa moral, su acceso a la ciudadanía fue castigado ejemplarmente durante la dictadura a través de cárcel, violencia, exilio, silencio o uniformidad.

“La forma de castigar al hombre era el exterminio. Se fusilaba a gran parte de los hombres de una población, por ejemplo. Con la mujer se buscaron castigos más ejemplares. En lugar de ir a por todas, se castigaban a unas pocas de manera pública. La exposición pública del rapado o del ricino marcaba a las mujeres por vida. Un método devastador y efectivo”, explica Raquel Osborne, doctora en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid.

 Sobre ellas recayó  la responsabilidad de “regenerar la patria”

Con el objetivo de recuperar una parte fundamental de la memoria de España y de cubrir la historia de género de las mujeres en el período del franquismo, el Ateneo de Madrid acoge hasta el 10 de febrero la exposición Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad (1930-1980). Una exposición realizada bajo el prisma de la memoria y que recoge diferentes elementos como fotografías, vídeos, cuadernos de escuela o vestidos que muestran la represión física y psicológica de la mujer, muchas veces invisibilizada al hablar de la represión fascista.

“La disciplina histórica, una disciplina bastante patriarcal, hecha por hombres y durante mucho tiempo para hombres, tiene unos elementos de construcción metodológicas que han invisibilizado todo el trabajo o la existencia de las mujeres. En toda la resistencia antifranquista las mujeres tuvieron un amplio activismo de base, pero ese activismo no implicaba hacer de espía en Francia o exiliarse. Eran las hermanas, mujeres o parejas de los actores”, explica a Público la investigadora María Rosón, comisaria de la exposición junto a Raquel Osborne.

Pilar, la hermana del ausente

La represión de la mujer, no obstante, no se limita a la cruda posguerra. Sobre ellas se pretendió cimentar el nuevo régimen nacional católico de Franco. Monjas y falangistas de la sección Femenina trataron de domesticar a las mujeres para ajustarlas al modelo de madres y esposas sacrificadas. Los tres ejes sobre los que se cimentaron su educación resumen el papel que el régimen tenía planeado para ellas: “formación del espíritu nacional, labores y gimnasia”.

“Las mujeres pueden considerarse como los ejes de la dictadura de Franco. A pesar de ser una dictadura paternalista recae un peso enorme en esa idea de mujer como madre, mujer sana y buena esposa. La mujer debía ser una especie ‘superwoman’ capaz de hacerlo todo: cuidar a los hijos, atender al marido, llevar la casa, ser buena cristiana y conocer la doctrina franquista”, analiza la investigadora María Rosón.

Para crear esta mujer “dócil y casta” al servicio del varón y de la patria, la Sección Femenina de Falange, dirigida por Pilar Primo de Rivera hasta su fin en 1977, recibió el encargo oficial de formar a las mujeres españolas en todos los campos de actuación convirtiéndose en la única organización institucional dedicada a las mujeres durante la dictadura.

 “Las mujeres podían considerarse como los ejes de la dictadura de Franco”

“La Sección Femenina de Falange estuvo dirigido todo el tiempo por Pilar Primo de Rivera, la conocida como la hermana del ausente [José Antonio]. Los mandos de esta organización estaban copados por una comunidad de mujeres independientes, solteras y sin hijos. Aquí radica su principal contradición, de la que se hace eco la cultura visual presentada y que tiene que ver con el mando, la acción y la masculinidad, muy alejada de los valores tradicionales que promulgaban”, explica Raquel Osborne.

El cuerpo femenino, un bien público

La liberación y el acceso de la mujer a la ciudadanía que se vivió en el mundo occidental en el período de entreguerras, en España tuvo su reflejo durante el período de la II República. Es en este breve lapso de tiempo cuando la mujer consigue acceder a derechos inalienables como laeducación, el trabajo, el voto o el divorcio.

La mujer ideal del franquismo, según asevera la catedrática Osborne, se construye en oposición a esta mujer moderna, ciudadana y republicana. “El pecado está siempre presente en la mujer franquista. Su actitud debe regirse por la moral católica más intransigente”, explica.

Fruto de esta mentalidad, el cuerpo de la mujer se convierte, si es que no lo era ya, en un objeto público del Estado. El régimen franquista trata de llegar a los lugares más íntimos de la vida de las mujeres como la sexualidad, las relaciones matrimoniales o hasta el corte de pelo. “El fascismo consigue inmiscuirse en todos esos espacios de la privacidad de las personas”, añade María Rosón, que asevera que sobre la mujer se instaló el triángulo represor de pecado, enfermedad y femineidad.

Las expresiones de esta mentalidad ultra del pensamiento católico llegan hasta la actualidad, tal y como afirma Rosón. 37 años después de la muerte de Franco, el Estado continúa intercediendo en la libertad sexual de la mujer y las decisiones sobre su cuerpo.

Hay ciertas políticas en la actualidad que recuerdan a otros tiempos. La idea del control sobre el cuerpo de la mujer está presente en temas como el aborto y la ley del ministro Gallardón. No obstante, el control formal y moral sobre la mujer sigue estando presente en nuestra sociedad y se percibe en lugares tan comunes como las redes sociales”, analiza Rosón, quien considera que los ejercicios de memoria histórica que plantea la exposición son fundamentales para destapar “la represión” y “recuperar la memoria” de una parte del pasado que fue silenciado.

“Para ver que nuestro pasado está muy presente en la mentalidad del presente sólo hace falta ver imágenes tan contundentes como a Cospedal con mantilla”, sentencia Rosón.

http://www.publico.es/448819/rojas-enfermas-y-pecadoras


Las ’17 rosas andaluzas’ descansan al fin en un lugar digno…

diciembre 16, 2012

75 años después de haber sido arrojadas a una fosa común tras ser fusiladas, los cuerpos de estas mujeres republicanas han sido enterrados en un panteón en su pueblo de origen, Guillena, en Sevilla

PÚBLICO / EUROPA PRESS Guillena (Sevilla) 15/12/2012

Los rostros de algunas de las 17 fusiladas.

Los rostros de algunas de las 17 fusiladas.EP

Los restos de ’17 rosas’ andaluzas, las 17 mujeres de Guillena (Sevilla) que fueron fusiladas en 1937 tras ser peladas y paseadas por el pueblo como un trofeo, han recibido, al fin, un enterramiento digno. Desde este sábado descansan en un panteón en el cementerio de su localidad 75 años después de haber sido arrojadas a una fosa común en el municipio vecino de Gerena. “Hoy se cierra por fin un capítulo largo y amargo que ha durado muchos años”, ha expresado en declaraciones a Europa Press, María José Domínguez, perteneciente a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ’17 Mujeres de Guillena’ y nieta de una de las ‘rosas’, Manuela Méndez.

Los restos de estas mujeres, exhumados entre los pasados meses de enero y febrero, han sido trasladados escoltados por la Policía en dos coches fúnebres desde Gerena, donde han permanecido custodiados todo este tiempo, hasta su pueblo natal. Previamente, la alcaldesa de Gerena, Margarita Gutiérrez (PSOE), ha realizado un pequeño homenaje de despedida a estas mujeres.

Tres cuartos de siglo después de su muerte, los restos de estas mujeres han entrado en el cementerio de su localidad. Allí se han reunido no sólo familiares de las víctimas, entre ellos cinco hijos que aún quedan vivos, así como nietos, bisnietos y sobrinos nietos; sino también una multitud de vecinos del municipio, acompañados también por el presidente del Parlamento andaluz, Manuel Gracia (PSOE), y el director general de Memoria Democrática, Luis Naranjo.

En el cementerio se ha leído una poesía en su recuerdo en el lugar donde se ha destapado una placa en su honor. Posteriormente, se han depositado los restos en los distintos nichos de un panteón construido en exclusiva para ellas en la parte principal del camposanto de Guillena. Una ofrenda floral a estas ‘rosas’ ha puesto un punto y final a un acto de homenaje “sencillo y emotivo”.

Las ’17 rosas de Guillena’ fueron fusiladas al poco de triunfar el alzamiento militar como “condena ejemplarizante” por su relación conyugal o sentimental con sindicalistas o dirigentes de izquierdas. Tras cerca de un año de investigaciones y excavaciones, los arqueólogos contratados para este proyecto localizaron en el camposanto de Gerena una fosa común donde fueron arrojadas. El 23 de enero comenzó una exhumación que terminó el 10 de febrero y donde el arqueólogo responsable, Juan Luis Castro, indicó a Europa Press que los restos presentaban evidencias de “violencia extrema”. Así, se encontró un cráneo con dos tiros, además de numerosas fracturas. También se hallaron objetos personales como un monedero, un peine, pendientes, un anillo u horquillas.

Con nombres y apellidos

Según la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ’19 Mujeres’ de Guillena, la mayoría de los hombres habían huido de Guillena en julio de 1936, de los que algunos fueron detenidos y fusilados por aplicación del bando de guerra, mientras que otros llegaron a Madrid, donde se alistaron en el ejército republicano.

“Las mujeres, sin embargo, se quedaron en el pueblo conviviendo con el miedo, el hambre y las desesperación de la represión que desde los primeros momentos se instauraron en Guillena”, se añade, tras asegurar que 19 vecinas de este pueblo fueron detenidas a principios de septiembre de 1937 “por el único motivo de ser hijas, hermanas o viudas de rojos”. De ellas, dos recibieron indulto, mientras que las otras 17 fueron fusiladas a primeros de noviembre de 1937 en el cementerio de Gerena.

La localidad de Guillena concedió en enero de 2012 el título de Hijas Predilectas de la Villa a estas mujeres, asesinadas en noviembre de 1937, y cuyos nombres son Eulogia Alanís García, Ana María Fernández Ventura, Antonia Ferrer Moreno, Granada Garzón de la Hera, Granada Hidalgo Garzón, Natividad León Hidalgo, Rosario León Hidalgo, Manuela Liánez González, Trinidad López Cabeza, Ramona Manchón Merino, Manuela Méndez Jiménez, Ramona Navarro Ibáñez, Dolores Palacios García, Josefa Peinado López, Tomasa Peinado López, Ramona Puntas Lorenzo y Manuela Sánchez Gandullo.

http://www.publico.es/espana/447462/las-17-rosas-andaluzas-descansan-al-fin-en-un-lugar-digno


Todos creían que era una espía…

septiembre 16, 2012

Perdió los brazos y aprendió a hacer cualquier cosa con los pies. Dio la vuelta al mundo. Pero republicanos y franquistas la enviaron a prisión…

16 SEP
Regina García López ‘La Asturianita’ disparando una escopeta.

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Lo nunca visto. El caso más portentoso de reformación humana mediante la voluntad. La artista sin brazos, ni los tiene ni los necesita. Es tiradora al blanco. Toca piano, violín, acordeón y xilófono. Es profesora de caligrafía. Es una excelente mecanógrafa. Juega al billar y a cartas. Conduce un automóvil con la ayuda de sus pies. Hace caricaturas de uno del público. Hace toda clase de labores propias de su sexo: corta, enhebra una aguja, cose…”. Así se anunciaba en 1933 la actuación en un teatro de Lleida de Regina García López, La Asturianita. Una mujer excéntrica con una vida de película, a la que republicanos y franquistas encarcelaron por el mismo delito: espiar para el bando contrario.

Regina García, segunda de ocho hermanos, había nacido en 1898 en Valtravieso, una aldea asturiana de 25 casas y 63 habitantes. Un accidente en el aserradero de su padre cuando tenía nueve años le arrancó los dos brazos. Un asturiano que se había hecho rico en Argentina se ofreció a pagar su educación en el Colegio del Asilo, donde iban los hijos de las mejores familias de Luarca. Más tarde, propuso a sus padres adoptarla y llevársela a Buenos Aires, pero estos no aceptaron. Incluso contrató a un especialista alemán para que le implantara unos brazos mecánicos. El experimento no funcionó.

Cuando Regina cumplió los 15 años le dijeron que tenía que dejar sitio a otra niña en el colegio. Para entonces, había decidido que quería ser maestra. “La gente le decía ‘¿pero cómo vas a ser maestra sin brazos? ¡Olvídate! Duerme, come, reza”, relata su hijo Marcelino, de 86 años. “Poco después intentó suicidarse tirándose desde un acantilado”. Aquel día vio, en el camino de regreso a casa, a unos titiriteros con monos que cogían cosas con las patas. “Mi madre pensó: ‘Si ellos lo hacen, yo también’. Y empezó a ensayar haciendo garabatos con los pies. Pensaron que estaba chiflada”. Fue la primera vez que la dieron por loca. La primera de muchas. Pero Regina iba a recorrer el mundo y a hacerse rica con aquella locura.

Debutó en el Teatro Jovellanos de Gijón, actuando para la infanta María Teresa de Borbón en 1917, y durante los años siguientes visitó 42 países de gira (Turquía, Egipto, Brasil, Argentina, Venezuela, EE UU…) con su espectáculo, siempre en teatros. Nunca quiso actuar en circos. En 1933, según recoge María Teresa Bertelloni, su nuera, en la biografía Regina García López, La Asturianita, fue recibida por el presidente Roosevelt en la Casa Blanca, adonde llegó, como era costumbre en sus actuaciones, conduciendo ella misma con los pies. El presidente estadounidense le tendió instintivamente la mano y La Asturianita le ofreció el pie.

En una de sus giras fue recibida por el presidente Roosevelt, que le extendió instintivamente la mano. Ella le ofreció el pie

En una de sus actuaciones, en Avilés, Regina conoció al que sería su marido, entonces, un admirador. Se casaron en 1922 y tuvieron tres hijos: María, Marcelino y Juan, este último nacido en mitad de una gira, en un barco de bandera alemana en aguas de las Azores. En 1928 se separaron. “Mi madre tenía una personalidad arrolladora. Era un cerebro y los hombres en aquella época querían ser tutores de las mujeres”, explica Marcelino. “Lo mismo que le atrajo de ella fue lo que les separó. Tengo la impresión de que mi padre se sentía desbordado por ella”.

El 27 de marzo de 1936, antes de comenzar una actuación en un teatro de Luarca, Regina quiso hablar de sí misma: “Los niños huían de mí… Obtuve las primeras revelaciones de la compasión, que hiere, que humilla. Las gentes derramaban sobre mí sus miradas piadosas. ‘¡Pobre manquina!’, decían. ‘¡Y para los suyos, qué carga!’. Esto amargaba mi espíritu. Con la voluntad hecha acción, aprendí, trabajé, gané, gasté, soñé, amé y realicé, porque dentro de mi cuerpo mutilado está el alma de una mujer de cuerpo entero…”. Y a continuación, presentó su gran proyecto, Selección, con el que pretendía recaudar fondos en sus giras para pagar los estudios a chavales de aldea sin medios pero con aptitudes.

Recibió muchas críticas por aquel proyecto, como recoge Luis González Fernández en Regina, el coraje de una mujer (Madu ediciones). El semanario La Democracia arremetió contra ella por pretender educar a los niños “sin Dios”. La Voz de Asturias la elogiaba: “Es excepcionalmente culta y siente inclinación fervorosa hacia la enseñanza (…) No veáis en ella el número de varietés, ved en ella a Regina García, altruista, filántropo, apóstol”.

La Asturianita pintando un cuadro

Es verdad que Regina era muy culta. Hablaba cinco idiomas: portugués, francés, inglés, alemán e italiano. Por eso el encargado de información del Ministerio de la Guerra, Ángel Pedrero, le propone trasladarse a Francia para espiar para la República. Regina se niega. Había llegado a Madrid poco antes de que estallara la Guerra Civil con un contrato en La Zarzuela para recaudar fondos para los niños de Luarca. Y en abril de 1937 es encarcelada en la prisión de Ventas, acusada de espiar para los franquistas.

Al caer Madrid en manos del bando nacional, el 1 de abril de 1939, Regina sale de la cárcel. Pero por poco tiempo. Para celebrar su libertad, decide ir al cine. Llevaba un vestido-capa que disimulaba su defecto y al terminar la película fue la única que no hizo el saludo fascista. “¡Brazo en alto!”, le gritó un falangista. “Yo no levanto el brazo ni aunque me lo pida el mismísimo Franco”, contestó. “Pues queda usted detenida”. El episodio lo cuenta ella misma en su diario y lo recuerda bien Marcelino: “Mi madre no se callaba nunca. Protestaba sin medir las consecuencias. Era muy temperamental”. Regina terminó mostrando al falangista que no tenía brazos y explicó que acababa de salir de la cárcel, donde la habían metido los republicanos. La dejaron marchar, pero ella vería varias veces a aquel falangista espiándola. Poco después, el Régimen le pide que colabore como soplona. Regina también se niega esta vez y es encarcelada de nuevo, ahora por los franquistas. La prisión de Ventas es ahora un penal abarrotado en el que ingresan cada día entre 80 y 100 reclusas, según recoge González Fernández en su libro. Durante su estancia será trasladada varias veces al psiquiátrico. Ella misma explica en su diario que tenía alucinaciones. “Voy perdiendo la noción de todo y los ruidos en mi imaginación son completamente distintos a lo que deben ser…”. El 5 de agosto de 1939, Regina oye llamar a 13 compañeras que serán fusiladas esa madrugada y pasarían a la historia como Las 13 rosas.

El 3 de marzo de 1942 se celebra su juicio. “Llevábamos seis años sin ver a mi madre y casi no llegamos ese día porque a mi tío le parecía un capricho gastar el dinero en que viajáramos a Madrid para el juicio”, recuerda Marcelino, que entonces tenía 16 años. El que no estuvo fue su marido.

El juicio dura ocho horas. Tres agentes franquistas la acusan de crear “una vasta organización internacional calificada por ella como Selección, de corte masón”. Falange dice que es “bastante peligrosa”. La policía militar de Madrid la considera, sin embargo, “afecta al glorioso movimiento nacional y políticamente de toda confianza, habiendo estado presa con los rojos la mayor parte de la guerra y adquiriendo su libertad el mismo día de la liberación de Madrid”. La Guardia Civil de Luarca advertía: “Muy propagandista del comunismo. Es peligrosísima para la causa ya que por su cultura se desenvuelve con mayor facilidad”. Y en el informe de Sanidad Militar se lee: “Habla en tono autoritario. Aunque perfectamente lúcida, sus contestaciones se desvían enseguida del tema principal a asuntos accesorios de que ella quiere hablar. Niega las sospechas que pesan sobre ella como espía internacional y dice que es víctima de una intriga. Los médicos que suscriben opinan que padece una parafrenia sistemática”. El fiscal pidió para ella la pena de muerte por “prestar servicios como confidente a las órdenes del subnegociado de servicios especiales del Estado Mayor Rojo”. Finalmente, fue absuelta por loca, pero enviada a un psiquiátrico.

Un año después, Regina seguía recluida en la sala de dementes de un hospital. Y allí murió el 19 de mayo de 1942. Su abogado llegó un día tarde: el 20 de mayo de 1942 pidió que le dieran la libertad total.

Los franquistas se incautaron de todos sus bienes. Marcelino cree que su madre no murió de tifus, como le dijeron, sino que fue envenenada. “En su diario había dejado escrito que temía por su vida”, explica. “No estaba loca, pero no era una mujer corriente. Yo la admiraba muchísimo, como si no fuera mi madre. Me parecía infalible”.

Regina García tenía 44 años el día que murió. Le había dado tiempo a recorrer el mundo, a enamorarse, a ser madre, a demostrarle a todos que podía hacer mucho más que comer, dormir y rezar.

http://elpais.com/politica/2012/09/14/actualidad/1347652102_676897.html


Una diáspora de historias

junio 9, 2012

Hay tantos exilios como exiliados y no hay una manera única de entender el inmenso éxodo que se produjo al terminar la Guerra Civil. Salieron cientos de miles de españoles con sus hijos. Nuevos libros siguen recuperando la memoria de los desterrados

9 JUN 2012

Moscú. “Lo más extraño es el invierno ruso. Caminar por la calle y ver en los árboles los encajes que ha hecho la nieve. Ese país tan grande, hecho de paisajes que permanecen inalterables durante kilómetros y kilómetros, tiene un invierno muy duro, pero su belleza es incomparable”. Katya, hija del militante comunista Francisco Abad, nació en Kolomna, a 100 kilómetros de Moscú, un año después de terminar la Guerra Civil que llevó a sus padres a ese remoto exilio. Lleva ya años viviendo en Gijón, donde ha escrito sus memorias, pendientes de publicación. Cuenta allí su historia, la de una moscovita que nunca dejó de ser española, o si se prefiere: la de una española que fue rusa de la cabeza a los pies. “Y que creyó profundamente en la revolución, y que luchó por cambiar el mundo. Seguramente uno de los momentos más duros de mi vida fue cuando murió Stalin. Yo crecí creyendo que era un dios intocable, un hombre que luchaba por los más desamparados, y me tocó comprender entonces que había sido un perfecto canalla”.

Prats de Mollo. “Mi madre era una mujer muy tímida, así que sus padres decidieron acompañarla para que saliera de una vez de España, del infierno de la guerra. Iba pendiente de sus dos hijos pequeños cuando el tren se detuvo. Los padres de mi madre pensaron que la aventura había acabado y le sugirieron entonces que se armara de valor antes de que llegaran los franquistas para obligarlos a regresar: que dejara el tren y que siguiera sola con sus retoños. Así que fue hacia la puerta, la abrió, pero no fue capaz de dar el salto: nevaba, el frío era insoportable, no se veía nada en la oscuridad de la noche. Decidió quedarse. Al día siguiente partieron hacia Prats de Mollo, al otro lado de la frontera. Llegaron: ¡lo habían conseguido! Podían empezar de nuevo. Si mi madre hubiera saltado por aquella puerta la noche anterior, todo hubiera terminado: el tren se había detenido al lado de un precipicio”. María Luisa Capella nació unos años después, ya en México. Ahora recuerda la salida de su madre de España —su padre estaba en el frente— como un lejano episodio que salió bien. Las cosas, sin embargo, pudieron haber terminado de otra manera.

México. Mari Carmen, hija de Tomás Bilbao, uno de los fundadores de Acción Nacionalista Vasca y ministro sin cartera en el último Gobierno de Juan Negrín, el que luchó por la República hasta el golpe de Casado, sigue viviendo en México, donde se casó con uno de los nietos del escultor Mariano Benlliure. “En cuanto terminaba el colegio nos reuníamos en el Centro Vasco”, cuenta de sus primeros años en el exilio. “Éramos un grupo de amigos y allí aprendíamos los bailes y las canciones tradicionales. Incluso probamos con el euskera, pero era endemoniadamente difícil y terminamos abandonando. Nunca supimos nada de política, mi padre jamás nos habló de sus ideas. Pero a los mayores les gustaba escucharnos cantar y bailar las cosas de su tierra y lo hacíamos por ellos. Para tenerlos contentos”.

México. “Ramón Gaya decía que hay tantos exilios como exiliados”, explica María Luisa Capella. Su marido, que falleció en noviembre pasado, fue el poeta Tomás Segovia. En uno de sus textos, recogido en Digo yo, se ocupa de lo que significa el exilio y empieza por reconocer que cada experiencia es única, que no se puede generalizar. Segovia cuenta ahí que él perteneció a una clase muy particular, la de los niños: “Para empezar, yo no fui al exilio, a mí me llevaron. Y por supuesto, no dejaba nada atrás; toda mi vida estaba por delante”, escribe. Y reconoce que tuvieron suerte: “Escapábamos a las persecuciones o exclusiones que sufrían los derrotados en España, pero también al oscurantismo, al aislamiento y al embotamiento de la moral y la sensibilidad de los vencedores”. “El exilio era para mí una condición, pero no una identidad”, apunta Tomás Segovia. “Era algo que me caracterizaba, pero no me definía. Yo no podía hacer de un mundo perdido el centro de mi vida”.

María Luisa Capella lleva un tiempo trabajando en el Centro de Estudios de Migraciones y Exilios (CEME), que depende de la UNED. Si cada exilio es único y diferente, lo que quiere esta institución es reunir la máxima documentación posible sobre todos aquellos que no tuvieron otra alternativa que la de ir errando por el mundo o la de tener que reinventarse de nuevo en un sitio diferente al que los vio nacer. No una única historia, contar todas las historias. Difundirlas e investigarlas.

Orleans. “Poco antes de que entraran los alemanes, tuvimos que salir de París en aquella evacuación famosa que tantas veces se ha contado”, recuerda Mari Carmen Bilbao. “El coche era muy grande, íbamos en él mis padres, los siete hermanos y el chófer. Antes de llegar a Orleans, se estropeó y los hombres se quedaron para apartarlo a la cuneta y para ver si lo arreglaban. Seguimos con mi madre rumbo a Burdeos, padeciendo los ataques de los aviones alemanes. Fueron veinte días de suplicio, caminando, avanzando de tanto en tanto en un tren o en un camión de soldados. Siempre bajo las bombas. Al fin nos reunimos todos y todavía hubo tiempo para que muriera mi hermano: tuvo una peritonitis y no se pudo conseguir penicilina para salvarlo. Salimos al fin de Marsella hacia Casablanca. Allí nos alojaron en un cuartel vigilado por senegaleses y pillé la sarna. Me la curé en el Nyassa, el barco que nos trajo a México”.

La historia de Tomás Bilbao, y de su familia, la han contado Marina Pino y Jon Juaristi en A cambio del olvido. “Hace muy poco, el 14 de abril, hubo un acto en el Ateneo de México con una exposición de acuarelas de desnudos que fue pintando mi marido, que murió hace unos años”, dice Mari Carmen Bilbao. “Aproveché para volver a gritar ‘¡Arriba la República!’. Ya es hora de que se vayan los reyes, ¿no le parece?”.

Bogotá. “Cuando estalla la catástrofe de la guerra, mi padre decide no regresar y prefiere empezar una nueva vida”, cuenta don Julián, el señor de los mosquitos, hijo de Luis de Zulueta y sobrino de Julián Besteiro, el político socialista. “Mi padre, durante el tiempo que fue ministro de Estado en el Gobierno de Azaña, participó en las negociaciones de paz entre Colombia y Perú tras la guerra que se desencadenó en 1932 cuando tropas de este último país ocuparon Leticia, una ciudad del Amazonas. Las conversaciones fueron un éxito y mi padre tuvo muy buena sintonía con el representante colombiano, Eduardo Santos, director de El Tiempo y político liberal que fue presidente entre 1938 y 1942. Fue quien lo invitó a instalarse en Bogotá y le dio trabajo. Así que estudié medicina allí”. Unos años más tarde, convertido en epidemiólogo, Julián de Zulueta entró en la Organización Mundial de la Salud, y se embarcó en distintos proyectos —sobre todo de lucha contra la malaria— que lo llevaron a tantos sitios que su enumeración no entraría en esta página: India, Malasia, Suiza, Grecia, Panamá, Uganda, Líbano, Siria, Irán, Irak, Afganistán, Jordania… Regresó a España después de la muerte de Franco, y fue alcalde de Ronda entre 1983 y 1987.

Buenos Aires. En De mis pasos en la tierra, Francisco Ayala recogió sus impresiones tras llegar a Argentina al finalizar la Guerra Civil: “Súbitamente, todo el laborioso proyecto de mi vida se me mostraba ahora impracticable, inválido, nulo. De repente me había quedado sin expectativas claras, sin puntos de apoyo conocidos, sin un suelo firme en el que apoyar los pies ni caminos trazados por donde adelantar mis pasos. Para mí —como para cuantos a lo largo de la historia lo han sufrido— el exilio implicaba nada menos que la manera de improvisar una manera por completo nueva de hallarme instalado en el mundo”.

Moscú. Los españoles que vivían en Moscú se reunían cada vez que podían para recordar viejos tiempos, comer y beber juntos, cantar canciones, ver películas. “Siempre me llamó la atención”, cuenta Katya Abad, “observar cómo aquellos ojos tristes de los amigos de mis padres de pronto rejuvenecían cada vez que veían a Sara Montiel lucir una de sus seductoras miradas. O cuando cantaban canciones republicanas o bailaban pasodobles. Era como si cada uno estuviera en su lugar de origen. Mis padres eran de Almería, y regresaron en cuanto pudieron. Lo mismo hicieron muchos niños de la guerra. Pero algunos no consiguieron adaptarse bien, y volvieron a Rusia. España no tenía nada que ver con ellos, pero tampoco eran felices en su país de adopción”.

Katya Abad estudió periodismo, trabajó 11 años en Radio Moscú y luego fue enviada a La Habana para trabajar en la revista Cuba que se editaba en español y ruso. Fue solo el inicio de una larga carrera que la llevó a la Argentina de Perón o a Chile, donde asistió a la caída de Allende. “En las fiestas que se organizaban entre los exilados para recibir el nuevo año, desde siempre, desde que tuve uso de razón, escuchabas en el momento de los brindis la misma frase una y otra vez: ‘El año que viene será en España’. Solo dejé de oírla cuando salí de la Unión Soviética, y se quedaron ellos, que seguirían repitiendo aquello sin perder nunca la esperanza”.

Sarawak. “Cuando me propusieron en la OMS que me trasladara para combatir la malaria a Sarawak, en la isla de Borneo, tuve que acudir a la Enciclopedia Británica para saber dónde estaba”, explica Julián de Zulueta, que le contó las historias de su vida a María García Alonso en Tuan Nyamok. El título es el nombre que le dieron allí los dayak, y significa “el señor de los mosquitos”. “Quería que mensualmente un enfermero tomara muestras de sangre entre los habitantes del lugar para saber si los mosquitos seguían transmitiendo la enfermedad, pero se negaron. Así que tuve que amenazarlos con irme. Y entonces transigieron. Había sido el primer médico que los visitó en sus viviendas, las casas largas, y me cogieron mucho cariño”.

Nueva York. “Hay varios tipos de exilio”, explica Nicolás Sánchez Albornoz, y los suyos, que han sido varios, fueron todos un poco raros. “En el primero no tomé la decisión, fue mi padre el que tuvo que salir al principio de la guerra y nos llevó a todos a Burdeos. No fue una experiencia tan terrible como la que vivieron otros después, fui un niño privilegiado: estuve con mi familia, y no abandonado como tantos niños de la guerra. Cuando la Gestapo le pisaba los pies a mi padre tras la ocupación de Burdeos por el Ejército alemán, tuvo que irse a Argentina y nos tocó volver a España con mis abuelos. La siguiente vez que salí al exilio ya fue cosa mía. Tenía la opción de quedarme en la cárcel de Cuelgamuros y cumplir condena, o huir. Preferí arriesgarme: de las 44 fugas de aquel penal que hubo entre 1943 y 1948, solo salió bien la que protagonizamos Manolo Lamana y yo. Nos instalamos en Buenos Aires, donde gobernaba Perón. Cuando en 1968 se produjo allí un golpe militar, el del general Onganía, hice las maletas. Fue mi exilio argentino, una especie de doble exilio: al que me alejaba de España sumé el que me llevaba de Buenos Aires a Nueva York”.

Saint Cloud, París. Francisco Fernández-Santos se instaló en París a principios de los sesenta. Tenía siete años cuando los militares dieron el golpe contra la República, así que fue uno más de los niños de la guerra. Pero de los que se quedaron. Su padre, un maestro que militaba en las filas socialistas, no murió “de milagro”. “Vinieron al pueblo justo cuando había salido a hacer alguna gestión, y se libró. Fusilaron a tres de sus amigos más próximos y los enterraron en una cuneta. No sé si sería capaz ahora de reconocer dónde los tiraron exactamente, pero sí lo sabía por entonces”.

En Azulejo. Un niño en la gran tormenta, vuelve sobre su adolescencia y establece un diálogo con el muchacho que fue entonces, en los años duros de la posguerra. Fernández-Santos estudió derecho y filosofía en Madrid y se fue incorporando a la lucha antifranquista con los socialistas. “A mi mujer le salió un trabajo en París, y fue mi oportunidad para escapar de la represión ideológica del franquismo, de sus hostilidades. Trabajé intensamente en los círculos intelectuales del exilio: estuve muy cerca de Ruedo Ibérico, y tuve grandes amigos con los que combatí contra la dictadura. Dionisio Ridruejo fue uno de ellos. No hay que olvidar que París era el lugar donde los españoles y latinoamericanos acudían para respirar libremente el aire de Europa, y cuantos luchábamos contra Franco siempre creíamos que el régimen terminaría por caer. Por eso, seguramente, lo más duro del exilio fue ver cómo iban muriéndose, uno detrás de otro, los republicanos que se instalaron aquí al terminar la guerra. Y sin lograr ver la caída de Franco y el regreso de la democracia”.

París. “Estuviera donde estuviera, nunca olvidé a los que se quedaron dentro y, en la medida de mis posibilidades, intenté luchar contra el franquismo”. Nicolás Sánchez Albornoz ha contado sus peripecias en Cárceles y exilios, publicado hace poco. “Lo que quiero decir es que no siempre es incompatible integrarse en el país de adopción, como me pasó a mí en Argentina, y seguir en la batalla contra la dictadura. A principio de los sesenta pasé una temporada en París, y volví con renovados bríos a luchar contra Franco. El régimen se estaba abriendo, pero conservaba intacta su impronta autoritaria, y hacía falta hacer una oposición distinta de la que se había hecho hasta entonces. Fue cuando nació Ruedo Ibérico: el desafío en el que se embarcó el exilio para desmontar con las armas de la inteligencia la infamia de la dictadura”.

Veracruz. Ahora se ha reunido en un único volumen, La guerra perdida, la trilogía de novelas donde Jordi Soler reconstruye la historia de una familia de catalanes exiliados en una selva de México. “Aunque creciera en una atmósfera insalubre y llena de mosquitos, mi infancia fue magnífica. Pensaba que el resto del mundo era exactamente igual que yo, que todos eran niños catalanes que vivían en una selva cafetalera. Solo más tarde empecé a darme cuenta de que aquello era excepcional. Ocurrió cuando trabajaba como diplomático en Dublín. Fue cuando descubrí que formaba parte de una familia que siempre hablaba de conquistar el futuro y seguía anclada en el pasado. Vivíamos en Veracruz, pero andaban pendientes de Serrat, de Marsé, de los resultados del Barcelona”.

El exilio toca también a los nietos. Se fueron los abuelos, arrastraron con ellos a los hijos, luego llegaron los hijos de los hijos. “Soy un híbrido”, dice Soler. “Técnicamente soy español, pero me siento mexicano. Hasta que vuelvo a México, y entonces soy de nuevo rabiosamente español. El exilio produce situaciones extrañas. Mi abuelo logró salvarse de los nazis en Montauban gracias a Luis Rodríguez, un mexicano al que mandó el presidente Lázaro Cárdenas a rescatar republicanos. Solo muchos años después pudo conocer a su hija, que nació después de que él saliera a Francia. ‘Tú no eres mi padre’, le dijo la niña, ‘mi padre es este’. Y le señaló entonces una vieja fotografía en la que aparecía retratado un poco antes de salir al frente a defender a la República”.

El rincón del distraído

Páginas sin tierra

Biografía, memorias y narrativa

La guerra perdida (incluye: Los rojos de ultramar, La última hora del último día y La fiesta del oso). Jordi Soler. Mondadori. Barcelona, 2012. 544 páginas. 21,90 euros.

Azulejo. Un niño en la gran tormenta. Francisco Fernández-Santos. Huerga y Fierro. Madrid, 2012. 225 páginas. 16 euros.

Tuan Nyamok [El Señor de los Mos-quitos]. Relatos de la vida de Julián de Zulueta contados a María García Alonso. Residencia de Estudiantes. Madrid, 2011. 412 páginas. 25 euros.

A cambio del olvido. Marina Pino y Jon Juaristi. Tusquets. Barcelona, 2011. 472 páginas. 24 euros.

Destinada al crematorio. De Argelès a Ravensbrück. Mercedes Núñez Targa. Traducción de Pablo Iglesias Núñez y Ana Bonet Solé. Renacimiento. Sevilla, 2011. 216 páginas. 16 euros.

Obras completas I. Narrativa (incluye, entre otros, Los usurpadores y La cabeza del cordero). Francisco Ayala. Edición de Carolyn Richmond. Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores. Barcelona, 2012. 1.534 páginas. 66 euros. / Francisco Ayala en ‘La Nación’ de Buenos Aires. Irma Emiliozzi (editora). Pre-Textos. Valencia, 2012. 498 páginas. 30 euros. / Francisco Ayala y la Universidad Nacional del Litoral. Luis A. Escobar. Fundación Francisco Ayala. Granada, 2011. 210 páginas. 15 euros.

Historia y ensayo

Obras completas III (incluye, entre otros, El hombre y lo divino, España, sueño y verdad y La tumba de Antígona). María Zambrano. Edición de Jesús Moreno. Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores. Madrid, 2011. 1.536 páginas. 35 euros.

El exilio republicano de 1939 y la segunda generación. Manuel Aznar Soler y José Ramón López García (editores). Biblioteca del Exilio / Editorial Renacimiento. Sevilla, 2012. 1.184 páginas. 50 euros.

Diccionario biográfico del exilio español de 1939: los periodistas. Juan Carlos Sánchez Illán (director). Fondo de Cultura Económica. Madrid, 2011. 594 páginas. 25 euros.

Páginas web

Centro de Estudios de Migraciones y Exilios: http://www.cemeuned.org/

Asociación para el Estudio de los Exilios y Migraciones Ibéricos Contemporáneos: http://www.aemic.org/


Hasta 727 mujeres fueron víctimas de la represión franquista en la provincia…

marzo 11, 2012

SEVILLA, 8 Mar. (EUROPA PRESS) –

   El historiador José María García Márquez, por encargo de la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia (AMHyJA), ha realizado una amplia y exhaustiva investigación sobre las víctimas del régimen franquista en la provincia de Sevilla que verá la luz esta primavera; fruto de su trabajo, se tiene constancia de 727 mujeres que perdieron la vida tras el golpe militar del 18 de julio de 1936.

   En un comunicado, AMHyJA ha indicado que la iniciativa se enmarca en las distintas actuaciones que la asociación lleva a cabo para investigar lo sucedido en Andalucía durante la Guerra Civil y el franquismo, darlo a conocer y honrar la memoria de tantas víctimas olvidadas.

   El colectivo ha explicado que, a diferencia de algunas mujeres que protagonizaron actuaciones destacadas, la gran mayoría no tenía implicación política o sindical alguna y no huyó de sus pueblos, puesto que no temía represalias de los ocupantes, pero en ellas se cebó la represión tras el golpe militar y muchas perdieron la vida por la simple razón de ser madres, esposas o compañeras de dirigentes o militantes izquierdistas huidos que no llegaron a capturar.

   Como ejemplo referido a personas destacadas, AMHyJA ha referido el asesinato el 9 de septiembre de 1936 de Isabel Atienza Lucio, de 72 años y madre del dirigente comunista Saturnino Barneto, o el de Carmen Díaz Ramos, viuda con cinco hijos y hermana del lider del Partido Comunista José Díaz Ramos.

   “Aunque estos hechos se cubrieron con un manto de silencio, sabemos que, como mínimo, doce mujeres fueron asesinadas estando embarazadas, y algunas en avanzado estado de gestación”, ha subrayado la asociación. En palabras de García Márquez, “se trata de asesinatos, de muchos asesinatos; más que 13, 17 o 25 ‘rosas’, hay una auténtica rosaleda de muerte”.

   Y es que solamente en siete pueblos (Fuentes de Andalucía, Villanueva del Río y Minas, Arahal, Paradas, Marchena, Lora del Río y Morón de la Frontera), según los datos de AMHyJA, se registraron más de 200 asesinatos en 1936; en 66 localidades de las 102 que tenía la provincia, “se produjeron crímenes de mujeres y estamos convencidos que faltan muchos casos por registrar”. “Respecto a las mujeres asesinadas por los ‘rojos’, sólo hay constancia de tres en toda la provincia”, han apostillado.

http://www.europapress.es/andalucia/sevilla-00357/noticia-727-mujeres-fueron-victimas-represion-franquista-provincia-20120308175510.html


Guillena nombra hijas predilectas a las ‘17 rosas’…

diciembre 4, 2011

Una a una. Con sus nombres y apellidos. Las conocidas como 17 rosas andaluzas, las 17 mujeres que los falangistas fusilaron en 1937, durante la Guerra Civil, tras ser paseadas con las cabezas rapadas y obligadas a ir a misa, son desde ayer hijas predilectas de su pueblo, Guillena (Sevilla): Eulogia Alanís García, Ana María Fernández Ventura, Antonia Ferrer Moreno, Granada Garzón de la Hera, Granada Hidalgo Garzón, Natividad León Hidalgo, Rosario León Hidalgo, Manuela Liánez González, Trinidad López Cabeza, Ramona Manchón Merino, Manuela Méndez Jiménez, Ramona Navarro Ibáñez, Dolores Palacios García, Josefa Peinado López, Tomasa Peinado López, Ramona Puntas Lorenzo y Manuela Sánchez Gandullo.

El Ayuntamiento aprobó por unanimidad, en un pleno extraordinario, la concesión del título póstumo a instancias de la asociación que desde hace años está luchando por recuperar sus cuerpos, aún en una fosa común en el cementerio de la localidad vecina de Gerena, para darles un enterramiento digno. Se trata, además, de uno de los escasos homenajes públicos que las instituciones han realizado a mujeres represaliadas.

Hallazgo

“Es un honor y el mejor impulso que hemos podido recibir para comenzar mañana”, explicó Lucía Sócam, sobrina nieta de Granada Hidalgo. Mañana es hoy, cuando los familiares esperaban poder iniciar la exhumación, retrasada desde hace ya un par de días a la espera de un nimio trámite municipal. “Estas mujeres fueron despojadas de sus propios valores de libertad, justicia, tolerancia… Se merecen este reconocimiento público para que sus nombres y sus vidas nunca caigan en el olvido”, reza el documento que la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica 19 Mujeres de Guillena –dos de ellas recibieron un indulto– registró en el Ayuntamiento.

“Es de justicia el reconocimiento de la valentía, lealtad y solidaridad de quienes sufrieron y murieron por la defensa de la legalidad de la Segunda República, la libertad, la democracia y la justicia social”, respondió el alcalde, el socialista Lorenzo José Medina.

Ha costado años, esfuerzo y momentos de frustración para los familiares, que han tenido que luchar contra el silencio y el miedo todavía palpable 74 años después. Ahora ven más cerca que nunca el hallazgo de estas mujeres, asesinadas porque sus maridos o familiares estaban vinculados supuestamente a partidos y sindicatos de izquierda. La asociación está pendiente de recibir los 40.000 euros concedidos provisionalmente por la Junta de Andalucía para la exhumación y las posteriores pruebas de ADN, para las que han dado su autorización los familiares de todas las víctimas.

En las catas fueron hallados restos de huesos amontonados, restos textiles como corchetes, algún botón o pedazos de suelas de goma, y casquillos de bala. Los familiares, ayer, no cabían en sí.

Público.es

http://www.publico.es/espana/410214/guillena-nombra-hijas-predilectas-a-las-17-rosas


El pendiente que guardó la memoria de María…

noviembre 27, 2011

Por

La sortija hallada en una fosa contribuyó a identificar a la víctima que la portaba. Josefina Alonso tenía la pareja del pendiente que su hermana dejó en casa por casualidad justo antes de que la fusilaran. Un documental de Clemente Bernard acaba de rescatar esta historia.

Cada vez que se abre una fosa común del franquismo sale a la luz una cantidad ingente de información. Los testimonios quedan verificados gracias a detalles como la posición de los restos humanos o los objetos que se localizan en estos enterramientos. El recuerdo de un familiar o del propio enterrador coincide con las evidencias que encuentran los técnicos que trabajan a pie de fosa y, a partir de ese momento, el trabajo forense se facilita en gran medida. De ahí la gran importancia de los testimonios orales.

El caso de María Alonso Ruiz, presidenta de Unión Republicana en La Bañeza (León) , paseada el 10 de octubre de 1936, ha llegado a nuestros días a través del relato de Josefina, su hermana pequeña, víctima de los abusos de las autoridades franquistas durante años por pertenecer a una familia de izquierdas. La memoria de Josefina incluye episodios oscuros de los que habla, 75 años después, con normalidad pero con una intermitente voz quebrada. El impulso definitivo para desempolvar su relato fue dar a su hermana una sepultura digna.  Esto sucedió el 10 de abril de 2010, un año y medio después de que comenzara la exhumación de los restos de los 10 fusilados de Izagre, entre los que se encontraba Maria. Hasta entonces, a esta bañezana nacida en 1921 le atormentaba no poder cumplir el deseo de su madre: regresar de nuevo a casa con su hermana.

Sortija de María Alonso con la que su hermana Josefina se hizo un anillo

Sortija de María Alonso con la que su hermana Josefina se hizo un anillo

“Un sábado la llevaron a declarar, y al salir nos miró a mi madre y a mi poniéndose el dedo en el cuello y haciendo como que se lo
cortaba”, recuerda Josefina. Ese fue el modo en que su hermana mayor le traslado su inminente destino: la muerte.

El día que María salió de casa por última vez tenía una herida en el lóbulo de la oreja y no pudo ponerse los dos pendientes que acostumbraba llevar. “Ponte uno solo”, le sugirió Josefina. Obedeció, y la pareja del pendiente se quedó en casa. Ese gesto tan cotidiano y sencillo permaneció intacto en la memoria de Josefina. “La fusilaron llevando solo un pendiente y siempre pensé que se lo habrían robado”. Pero no fue así. La joya apareció en la fosa conocida como la de los bañezanos de Izagre el 4 de septiembre de 2008.  Los técnicos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica llamaron a Josefina para hablarle del hallazgo. “Solo hemos encontrado un pendiente, no está la pareja”, le advirtieron. “¡Y cómo iba a estar si lo tenía yo!”, recuerda emocionada.

“También estaban sus gafas y,  por el tamaño de los huesos, los forenses decían que con seguridad se trataba de una mujer”

Con el pendiente que María dejó en casa antes de que la fusilaran, su hermana pequeña se hizo un anillo y, con esa sortija modificada que nunca se quitaba, puso rumbo a Izagre. “Me acaban de operar de cataratas y apenas veía”, puntualiza.
La emoción embargó a todos los que allí se econtraban cuando Josefina llegó con su joya y comprobaron que se trataba del mismo pendiente hallado en la fosa. Era  María. “También estaban sus gafas y, por el tamaño de los huesos, los forenses decían que con seguridad se trataba de una mujer”. No había lugar a dudas.

MEMORIA FILTRADA

Josefina, que ha interrumpido su lectura del último libro de Paul Preston, El Holocausto español, para contar al otro lado del telefono su experiencia, se emociona en este punto. Su historia la ha contado muchas veces. La comparte con todo aquel que se la pregunta. Uno de los primeros en hacerlo fue el historiador José Cabañas, autor de La Vorágine de Junio, el libro que ha documentado lo sucedido en esa comarca leonesa los días posteriores al golpe de estado de Franco contra la II Republica.

La memoria de Josefina tiene unas  lagunas forjadas por el dolor y la obligación de tener que sostener un discurso contrario a lo que sentía cada vez que salía a la calle. Su hermano pasó varios años escondido en la vivienda familiar, y las autoridades franquistas les hacian registros en los que nunca llegaron a encontrar nada. “Aun asi te ponian multas de 1.000 pesetas”, rememora. Sin embargo, de la filiación política de su hermana poco o nada recuerda. “Tenia un amigo que sí estaba metido en política, pero ella no, si acaso ayudaba como secretaria del partido”.

 

Las investigaciones que hacen los historiadores a menudo contradicen este tipo de testimonios. En el caso de María Alonso, José Cabañas rescató del sumario 151/36 -incoado por “los sucesos de La Bañeza los días de julio”- la declaración en la que María confesaba su cargo de presidenta de Unión Republicana.

TEMOR POR LOS DEMÁS

Hoy en día, con unas elecciones generales que han cumplido con todos los sondeos que pronosticaron la vuelta de la derecha al Gobierno, la incertidumbre se apodera de Josefina y siente lastima por todas las víctimas que aún quedan por desenterrar. Se congratula de su suerte por tener a su hermana “en casa” pero teme que no se sigan abriendo las fosas y cunetas que todavía albergan a miles de desaparecidos. “Me volvía loca pensando que mi hermana estaba bajo una carretera. Sacarla de allí fue un milagro. Son personas, no animales como quiso Franco que fueran. Ahora siento que mi herida se ha curado”.

La historia de estas dos hermanas es parte protagonista del proyecto que se estrenará el próximo 12 de diciembre en Pamplona: Donde habita el olvido, un libro [Desvelados] y un documental [Morir de sueños] en el que el fotografo Clemente Bernad ha reflejado  los relatos del horror en las fosas comunes del franquismo.