EN RECUERDO DE MARÍA MARTÍN

julio 23, 2014

Hoy 23 de julio 2014 hemos recibido la triste noticia del fallecimiento de nuestra amiga y compañera de lucha memorialista María Martín. Su lucha por recuperar los restos mortales de su madre en una cuneta de la CC501 ha tenido el eco y apoyo  de numerosas asociaciones memorialistas. Hoy solo tenemos unas palabras de profundo sentir dirigidas a sus familiares.

Sirvan estas lineas y  fotos para rendir homenaje a la esta gran luchadora.

11 octubre 2008. Esperando la entrada aun acto memorialista en Arenas de San Pedro. Sobre la mesa el retrato de sus padres.  ( Foto PV. RdC R)

11 octubre 2008. Esperando la entrada aun acto memorialista en Arenas de San Pedro. Sobre la mesa el retrato de sus padres.
( Foto PV. R d C R)


“NOS ENCARGAMOS DE TODO”. ROBO Y TRÁFICO DE NIÑOS EN ESPAÑA”.

marzo 24, 2014

Portada libro

invitación niños robados Madrid

 26 de marzo a las 19:00 h

Círculo de Bellas Artes- Sala Valle Inclán – C/ Alcalá, 42 – Madrid

La sistemática aparición en los medios de comunicación y la abundante bibliografía que hasta hoy se ha publicado sobe ese drama social, el robo de niños en clínicas y hospitales de maternidad de toda España, ha puesto el foco lógicamente en los casos más dramáticos y llamativos. Ha sido una aportación valiosa para dar a conocer un inmenso drama silenciado durante años. Faltaba un estudio que fuera un paso más allá y ofreciera algunas claves sociales imprescindibles para valorar este problema de Estado. Solo alguien involucrado personal y directamente desde el primer momento con estos casos podía, y debía, llenar ese hueco con un análisis necesario.

El ensayo “Nos encargamos de todo”. Robo y tráfico de niños en España” será sin duda ese referente. También será un texto provocador y sin duda molesto para sectores muy poderosos. Su oportunidad es inevitable por las circunstancias que marcan este momento histórico. Con las presencia ya materializada por parte de las Agencias de NN. UU. de Derechos Humanos en su apartado de Personas Desaparecidas y con el Parlamento Europeo admitiendo a trámite estos casos como delitos permanentes de ámbito supranacional, ya hay movimientos evidentes en el Gobierno de España que apuntan a que se han puesto en marcha estrategias para intentar, al menos, disponer de coartadas que justifiquen el lamentable papel de inacción ante lo que ya es sin paliativos un escándalo internacional. Esta afirmación no es gratuita a juzgar por el interés demostrado por los medios de comunicación extranjeros y la sistemática presencia de periodistas que nos asaltan casi de continuo con este tema.

El texto del que es autor el doctor en Sociología y actual presidente de la Federación Coordinadora X 24 (de asociaciones de Víctimas por el Robo de Niños en España), Francisco González de Tena, está publicado por la editorial Clave Intelectual y estará en las librerías a partir del próximo lunes día 17. El interés previo que ha despertado tiene mucho que ver con ese intento de comprender claves esenciales que están en el origen del problema social, en sus circunstancias y en la multitud de cuestiones que lastran su comprensión y visión general, más allá de los datos dramáticos y puntuales de cada uno de los casos más llamativos. El libro plantea preguntas claves, que van a resultar muy incómodas en un momento tan crítico para la política desarrollada por el ministerio de Justicia de España. Plantear preguntas no es nada inocente, sobre todo cuando en el propio texto hay material suficiente para que cada lector pueda llegar a sus propias conclusiones. Hasta cierto punto ese es el papel más legítimo de la Política y, en este caso de la Sociología Retrospectiva. Evidenciado un conflicto o problema social tratar de hacerse las preguntas oportunas sobre su origen, las causas que lo motivaron y las posibles vías para su esclarecimiento, aunque se quede en el plano más modesto y realista


Panteones de héroes frente a las fosas de los vencidos…

marzo 23, 2014
Fosa común en el cementerio de San Fernando (Sevilla). // LAURA LEÓN
Fosa común en el cementerio de San Fernando (Sevilla). // LAURA LEÓN

Dice Antonio Gala que, para conocer un pueblo,  es fundamental visitar el mercado y el cementerio. Son testigos mudos de la vida cotidiana y de la historia de cualquier municipio. Así sucede en Sevilla. Las calles del cementerio de San Fernando, una necrópolis de más de 270.000 metros cuadrados en el barrio de San Jerónimo, son elocuentes. Son el documento incómodo de una sociedad que quedó quebrada el 18 de julio de 1936, trazando una línea indeleble entre vencedores y vencidos. “Recoge perfectamente la doble historia del golpe militar y la represión”, explica el investigador José María García Márquez, “panteones y mausoleos de héroes, junto a vencidos en fosas comunes”.

El investigador José Díaz Arriaza ha censado el número de cuerpos depositados en fosas comunes dentro del camposanto sevillano entre 1936 y 1958. Y calcula que hay un total de 28.977 cadáveres en ellas, 3.540 correspondiente a ejecutados, víctimas de la represión directa de los sublevados. Cadáveres hacinados sin orden. “En las fosas del cementerio de Sevilla no solo se enterraban fusilados. Se usó como una forma más de enterramiento depositando en ellas cuerpos de indigentes, fetos, suicidas, fallecidos en hospitales, etc”. Así lo detalló el investigador en el Centro Cívico de Ranilla, en Sevilla, que desde principios de marzo acoge las jornadas Exhumando cuerpos, recuperando dignidades. Se trata, en cualquier caso, de cifras aproximadas, dada la dificultad de documentar los enterramientos.

Solo en los años de la Guerra Civil, se sepultaron 5.615 a cadáveres en las fosas del camposanto -de los 25.435 cuerpos sepultados-. Fue uno de los momentos álgidos, pero no el único: años más tarde, a principios de los 40, las consecuencias del hambre provocaron un repunte en este tipo de enterramientos y al final de esa misma década llegó el tercero, fruto de las “condiciones sociales de violencia e insalubridad” del momento. El horror de la guerra, la dureza de la posguerra y el terror de la dictadura. “Muchas veces nos quedamos en los fusilamentos por bandos de guerra o por consejo, o si acaso, muertos en prisión. Una represión directa”, explicó Díaz, “pero después hay una represión soterrada”. Es difícil clarificar las cifras de represaliados y definir las causas reales de muerte de las víctimas. Pasa, por ejemplo, con los ahogados: ”Un ahogado en el río en el mes de julio vale, y en septiembre, hasta en octubre. ¿Pero en el mes de enero?”, sostuvo el historiador, ”Cuando encuentras a un ahogado y a otro y a otro… ¿Qué son? ¿Suicidios? ¿Palizas y después lo tiraron al río?”.

La primera fosa de San Fernando se comenzó a utilizar en el año 1853, el primer año del cementerio: allí depositaron los cuerpos de un matrimonio procedente de la parroquia de Santa María La Blanca, en el centro de la ciudad, víctimas de una calentura cuando ambos rondaban los 40. Pero fue a partir de 1936, tras el levantamiento militar, cuando se aceleró la actividad en las fosas. La de Pico Reja, un espacio triangular de cuatro metros de profundidad, se abrió en el costado derecho del camposanto: “Durante el mes de julio de 1936, esta será la fosa donde se fueron arrojando los cadáveres de las víctimas causadas por la sublevación”, explicó Díaz. No tardaría mucho en llenarse: el 6 de agosto de ese mismo año, el administrador del cementerio comunicaba al alcalde Ramón de Carranza que la zanja ya estaba próxima a su límite. El investigador estima que allí se depositaron un número de cuerpos no inferior a 1.104: solo 253 están inscritos en los libros de partidas de enterramiento: fallecidos por aplicación del bando de guerra;  ejecutados por sentencia de consejo; heridos por arma de fuego, bomba o metralla; víctimas del enfrentamiento por las tropas, etc. El padre de la patria andaluza, Blas Infante, podría estar allí.

La segunda fosa de la guerra, la del Monumento, empezó a utilizarse en septiembre de 1936. Allí se homenajea cada año, el día 14 de abril, a los fusilados. “Suponemos que se empezaron a depositar cadáveres desde los inicios de septiembre”, explica Díaz, “y el 25 de noviembre de 1939 el administrador del cementerio comunicaba al alcalde que estaba agotada”. Sin embargo, matiza, se siguió utilizando hasta finales del mes de enero de 1940. Allí descansan no menos de 7.401 cuerpos.

Después llegaría la fosa Antigua, un largo pasillo de 25 metros de longitud por unos siete y medio de ancho, donde se enterraron alrededor de 5.621 cadáveres. Su construcción obligó a reutilizar otra zanja en desuso ante los problemas de espacio en el camposanto, utilizándose hasta junio de 1942. Ese mismo año se construyó la fosa de la Rotonda – 10.838 cadáveres- , utilizada hasta 1952. Después llegó la ampliación del cementerio y, con ella, la construcción de dos nuevas fosas. En la primera  -2.153 cuerpos hasta 1955- descansan los cadáveres de los últimos condenados por consejo de guerra. Sobre la segunda -1.860 cuerpos de 1955 a 1958- se construyó un edificio para servicios del cementerio para el año 2009 -los restos hallados fueron incinerados-.

En paralelo, Díaz cree que hay otras dos fosas en la zona del cementerio de judíos y disidentes, donde también fueron enterradas algunas víctimas. Allí están los restos de cuatro víctimas de la represión franquista, militantes de la CNT procedentes de Francia, que se enfrentaron a la Guardia Civil en 1952 en las calles del barrio sevillano de Nervión. ”La prensa local informó de este suceso desvirtuando los hechos para anunciarlo como un delito común y tratando a los protagonistas como un grupo de malhechores con antecedentes criminales”, explica Díaz.

TESTIGO DEL HORROR

El trabajo de Díaz recoge el horror que acompañaba a los enterramientos. Incluso circula información, explicó el historiador, sobre la posibilidad de que algunos de ellos fuesen sepultados vivos, como denunció el capellán del Hospital de San Lázaro ante los servicios religiosas del cementerio. Así se lo comunicó una persona que huyó de Sevilla a las autoridades republicanas en Málaga en 1937: “Con un grupo de los nuestros, no se preocuparon de rematarlos y al día siguiente, el capellán fue a protestar ante el general Queipo de Llano. Fue asesinado un día después”. Para Díaz, es más que probable que la situación fuese frecuente, dados los testimonios. Algunas víctimas fueron rematadas a pie de zanja, incluso por el propio sepulturero.

El título de la investigación, Ni localizados, ni olvidados, resume la situación actual del cementerio de San Fernando. “Ojalá sea posible cambiarlo cuando antes por otro más esperanzador y justo, localizados y honrados”, defendió el historiador. Pero recuperar la memoria de las víctimas, en este caso, parece un trabajo complicado. La mezcla de los restos, el número de cadáveres o la falta de documentación provocan que una eventual exhumación resulte compleja . “No tiene que ser óbice para hacer lo que haya que hacer, son problemas técnicos”, defiende el historiador José María García Márquez. En el cementerio de San Rafael, en Málaga, se han exhumado 2.840 cadáveres de represaliados de unas 4.400 víctimas repartidas por ocho fosas comunes, aunque en este caso todas acogían restos de fusilados. En Andalucía todavía quedan unas 600 fosas sin abrir de las 614 localizadas.

http://www.andalucesdiario.es/ciudadanxs/panteones-heroes-frente-fosas-vencidos/


Oración incómoda para Adolfo Suárez…

marzo 23, 2014

22 mar 2014

         ADOLFO~1

Se va la niñez de España con la muerte de Adolfo Suárez. Qué recuerdos, cuando España era un juguete. Las revistas de entonces anunciaban unos plásticos mágicos y muy baratos que, pegados a la pantalla de tu televisor en blanco y negro, te pasaban los programas a tecnicolor. También se promocionaban mucho unas gafas maravillosas que atravesaban la ropa y te permitían ver a las chicas en biquini en cualquier circunstancia, aunque fuera invierno, vistieran hondos abrigos y pasaran fugazmente por la acera debajo de un paraguas. Todo le parecía posible a un niño en aquella España niña, como quedó demostrado un día de 1976, cuando el hermano mayor de tu mejor amigo te enseñó a Marisol desnuda en la revista Interviú. Buscando en el baúl de los recuerdos, uuhh, te das cuenta de que todo aquel tiempo fue pura magia. Con sus trampas y sus prestidigitadores. Con sus elefantes y también con sus payasos. Con sus domadores y sus leones domados.

Se muere Adolfo Suárez y se muere la niñez de esta España que nunca fue niña. Qué viejos hemos nacido.

Se muere Adolfo Suárez.

ariasCuando yo era un niño y mi abuelo nos obligaba a ver el parte de las tres, salía Adolfo Suárez en la televisión diciendo lo de “puedo prometer y prometo” y parecía que la tele se ponía ella sola en tecnicolor. Nadie estábamos acostumbrados a ver a un hombre joven en la televisión, salvo a Raphael y a Julio Iglesias. Y menos en el parte y gobernando. Hasta los niños nos dábamos cuenta de que España se estaba poniendo ye-yé, y les levantábamos las faldas a las niñas sin amenaza de garrote vil. Los Chiripitifláuticos estaban sustituyendo a Arias Navarro. Y sonaba el Habla pueblo, habla en las radios. Cuando hacía tantas décadas que nadie nos llamaba pueblo ni nos dejaba hablar. Y resplandecía tenuemente en la sentina de nuestra Historia un atisbo de hermosura.

Como una perla que brilla en un saco de mierda por un segundo.

Si dejas pasar ese segundo, ya nunca encontrarás la perla.

Y eso es lo que le pasó a Adolfo Suárez. Y a la niñez de España.

umbral_universidad_fancia_001Carmen Díez de Rivera, bella, sabia e hija ilegítima de Serrano Suñer, hoy muerta y entonces negrita fresca y copa joven de Francisco Umbral, fue desde 1976 (y antes) consejera áulica de Adolfo Suárez. No solo ejerció como jefa de Gabinete del presidente predemocrático. Siendo Adolfo Suárez lector escaso, enseñó al presidente a leer a los clásicos y a silabear discursos escritos por ella. Después, yo creo porque se aburrió de Suárez, la chavala se largó con Ridruejo y con el PSOE, para más tarde volver. A Carmen Díez de Rivera se la conocía como “la musa de la Transición”, pero ya nadie se acuerda de ella porque ya no creemos en las musas y todo el mundo sabe que nunca existió tal Transición.

Pero en aquella España niña sí creíamos en las musas. Cuando España era un juguete en nuestras manos.

Se muere Adolfo Suárez y España ya no es un juguete. Y ya no está en nuestras manos. Nunca estuvo en nuestras manos. Ni siquiera en el tiempo de las musas ilegítimas de Serrano Suñer. Suárez pactó con la oligarquía la abolición del posfranquismo de Fraga, la domesticación atlantista del PSOE y el centrismo miedoso del pueblo con el fin de que todo cambiara para que todo siguiera igual. Como ahora seguimos comprobando los que somos pacientes con la Historia.

Hay seis millones de parados en España que hoy pueden alabar en pompa fúnebre a Adolfo Suárez por lo que pudo hacer, pero no por lo que hizo. Somos tan patanes que seguimos justificando y jactándonos de nuestro pasado cuando nuestro presente es una inmundicia. Como si la inmundicia de hoy no fuera consecuencia de aquel pasado. Del pasado que fuimos construyendo –no eludamos responsabilidades– con Adolfo Suárez, con Calvo-Sotelo, con Felipe González, con José María Aznar, con José Luis Rodríguez Zapatero, con Mariano Rajoy. Ninguno supimos jugar cuando España era un juguete. Por mucho que los presidentes del pasado se me mueran, yo no puedo redactarles un responso amable viendo cómo está de roto hoy el juguete. Mi más sentido pésame a la familia de Adolfo Suárez y a la de aquel juguete niño que se rompió.

http://blogs.publico.es/rosa-espinas/2014/03/22/6245/


Último barco al exilio

marzo 23, 2014

Al final de la Guerra Civil, hace 75 años, miles de republicanos trataban de huir desde Alicante

Pocos lo lograron. El ‘Stanbrook’ llevó a 2.638 a un incierto destino

23 MAR 2014

El buque Stanbrook, fondeado en el puerto de Orán en 1939. / Legado Rodolfo Llopis. Fundación Caja Mediterráneo

Faltaban cuatro días para el final de la Guerra Civil. El Stanbrook, un buque carbonero británico de 1.500 toneladas, había fondeado en Alicante con la orden de cargar naranjas y azafrán. En la explanada del puerto bullía una multitud agotada después de tres años de combate, miles de civiles y soldados republicanos que vieron en el puerto levantino, todavía no tomado por el bando franquista, la única puerta para huir de la represión que les esperaba.

Abrumado por la tragedia, el capitán de la nave, un galés de 47 años llamado Archibald Dickson, cambió el plan inicial de embarcar provisiones por el de evacuar a civiles. Al atardecer del 28 de marzo de 1939, el Stanbrook partió hacia Orán con la última carga civil que zarpó camino del exilio antes de acabar la contienda, 2.638 pasajeros que protagonizaron una emblemática y trágica aventura de la que el próximo viernes se cumplen 75 años.

Antonio Vilanova, pasajero del Stanbrook, dejó testimonio del desasosiego del embarque en una carta dirigida a un amigo y a la que ha tenido acceso este diario. “En la mente de todos había sensación de fuga, derrota, hundimiento moral. Cuando llegamos al barco, éramos recibidos entre las protestas de los pasajeros que ya estaban allí. Conforme subíamos, unos se acomodaban en la cubierta, otros en la bodega o en las sentinas. Faltaba sitio, pero seguía entrando gente”, relataba sobre aquel hacinamiento este funcionario aduanero que más tarde, en su exilio en México, escribiría la primera gran obra sobre los refugiados republicanos, Los olvidados.

Miedo, humedad e incertidumbre de niebla y frío. A bordo del carguero, Helia González, de cuatro años, sentada sobre un baúl con sus padres y su hermana, de 22 meses, encontró consuelo en la presencia de un señor pequeño y fornido que la había cogido en brazos para subir la pasarela del barco. Era el capitán Dickson. En la explanada del puerto, quedaba un paisaje de desamparo entre los que habían perdido el barco.

A su corta edad, Helia no sabía que partía al exilio político. Su padre, Nazario, de 28 años, había fundado Izquierda Republicana en Elche. “Era antibelicista”, sostiene Helia. “Durante la guerra escondió en su casa a un sacerdote y a su sobrina, y salvó de la quema parte del archivo de la basílica de Santa María. La mayoría de los pasajeros éramos pacifistas; no asesinos, como decían”.

El propietario del carguero, Jack Billmeir, cuya flota se multiplicó por diez gracias a la guerra española, había prohibido evacuar civiles. El capitán que desafió aquella instrucción era hijo de una modesta familia de Cardiff. Se había licenciado a los 22 años. “Un sector socialista cuestionó su heroicidad diciendo que un grupo se lo llevó ebrio de juerga a Madrid. Algunos líderes en el exilio quisieron atribuirse el mérito del rescate, pero la República fracasó en proteger a su gente”, apunta el documentalista Pablo Azorín Williams, quien ha investigado la vida del capitán.

“Como abanicos de espuma”. Así recuerda Helia, a sus 79 años, la huella en el mar de los proyectiles enemigos que sorteó el carguero al zarpar. Para eludir los ataques del Canarias, un crucero pesado de la flota nacional, el Stanbrook viró el rumbo primero a Baleares y luego al sur hacia Argelia.

Helia González (derecha), pasajera del Stanbrook, abraza a Juanita Alberich, esposa de otro de los refugiados, en un acto conmemorativo en Valencia. / José Jordán

Desde una sentina de popa, el pasajero Vilanova observaba la “incontrolable e incontrolada expedición”, sacudida por asaltos de pánico cuando falsos rumores decían que se dirigían a Melilla. La gente arrojaba al mar la documentación para no ser identificada. Se formaban colas de dos horas para beber agua. “Solo había dos evacuatorios. Dominado el pudor, fuera de la borda, deponíamos en el mar. Más que el hambre, es la nota más dura de la estancia en el barco”, explicaba en su misiva Vilanova.

El 29 de marzo, tras 22 horas de travesía, el Stanbrook ancló en el puerto de Mazalquivir, cerca de Orán. A la niña Helia le embriagó el aroma de unas rebanadas de pan sobre unos tableros en el muelle. “Era la primera vez que olía a pan tierno”, evoca la que fuera la pasajera 2.277. “Un hombre se tira de la cubierta a las bodegas y muere una mujer. Hay síntomas de anormalidad y riñas”, escribió en un diario —facilitado a este diario por su hijo Ulises— Antonio Ruiz, ingeniero madrileño de ferrocarril y oficial en el frente, que había huido junto con su hermano Pablo.

En la mente de todos había sensación de fuga, derrota, hundimiento moral”, escribió el pasajero Antonio Vilanova…

Desde el muelle, españoles residentes en Orán partieron en barcas con alimento y medicinas para los recién llegados. Arribada un mes antes por mediación de Acción Republicana, Juanita Alberich, valenciana de 20 años y embarazada de su primer hijo, buscaba a su marido, Onofre Valldecabres, director del Servicio de Inteligencia Militar. “Recuerdo que la gente tenía hambre”, evoca Juanita, de 95 años, que perdió a su hijo a los dos meses de nacer. Valldecabres fue de los primeros pasajeros en dejar el Stanbrook gracias a sus contactos como refugiado político. “No tuvo número de pasajero porque pudo eludir el listado registrado por las autoridades francesas”, señala su hija Annik Onofra, nacida en el exilio argelino.

Pese a que creyeron haber hallado la salvación en Argelia, entonces bajo el dominio francés, el destino del pasaje del Stanbrook fue muy dispar. En el primer desembarque, dos días después de atracar, tocaron tierra mujeres y niños que, como Helia, su madre y su hermana, fueron a la antigua prisión del Cardenal Cisneros. La mayoría de los hombres aguardaron a bordo más de un mes, por imposición de la Administración francesa. “Salimos llenos de miseria. Allí conocí por primera vez los trimotores, piojos de un tamaño monstruoso”, explicaba en su misiva Vilanova. A muchos les condujeron al Centre d’Hébergement —centro de alojamiento— número 2 para recibir ducha, vacunas y alimentos.

El motivo de la cuarentena no se ha resuelto 75 años después de aquella odisea. “Francia no había previsto nada. Se apuntó a que el barco había generado gastos en el puerto y debía pagarlos, o se temía una epidemia por detectarse un brote de tifus. Es un cabo que todavía queda suelto”, señala el historiador alicantino Juan Martínez Leal, quien resalta una controversia paralela. “No se sabe por qué, una hora después del Stanbrook, zarpó de Alicante sin evacuar a más civiles el Marítima, el triple de grande y con 30 pasajeros, líderes socialistas y sus familias. Hubo una gran polémica en la Federación Socialista en Orán”.

Anclado el Stanbrook en Orán, Alicante se convirtió en un gran presidio para las más de 15.000 personas venidas del frente. Desde Segorbe, en Castellón, Manuel Arroyo, chófer del Estado Mayor del Ejército de Levante, llegó la tarde del 29 de marzo a la explanada del puerto. Ya no había barcos; solo se oían ráfagas de ametralladora y cañonazos de la División Littorio, unidad italiana que reforzaba el bando nacional. “Vi a un hombre desesperado degollarse con una navaja de barbero. Lo más contagioso es el miedo”, relataba a este periódico Arroyo, de 96 años, antes de fallecer hace dos semanas. Las tropas italianas les condujeron al improvisado campo de concentración de Los Almendros y de allí, más de 3.000 hombres, entre ellos Arroyo, fueron trasladados al campo de trabajo de Albatera, diseñado en la República para la reinserción del delincuente.

Recuerdo que la gente tenía hambre”, evoca Juanita Alberich, de 95 años, que perdió a su hijo…

En Argelia, el destino de gran parte del pasaje fue también la reclusión. Exportados al campo de concentración de Boghari, en el interior del Sáhara, los hermanos Ruiz pasaron a llamarse 102 y 103, bajo la guardia senegalesa, con bayonetas caladas. “Somos 300 indocumentados e indeseables. Y todo en nombre de la Igualdad, Libertad y Fraternidad”, narra Antonio en su diario. “Un español que está en la letrina es maltratado por un guardia que sin motivo le golpea con el fusil. Otros acuden y le patean. El pobre pide auxilio. Acuden varios españoles recibidos con bayonetas y obligados a huir. Allí se quedó”. Los Ruiz pudieron huir a Francia, donde embarcaron rumbo a México en 1940.

En torno a la línea del ferrocarril Transahariano, pasajeros como Antonio Gassó, piloto de caza republicano, sufrieron en los campos de trabajo castigos como el tombeau, en los que el preso cavaba su propia tumba para permanecer en ella, saliendo solo dos veces al día para hacer sus necesidades, sin protección contra las adversidades del crudo desierto. “¡Fusiláis poco, pero matáis lentamente!”, escribió en su diario —publicado en el libro escrito por su hija Laura —desde la cárcel de Bou-Arfa—. Otros acabaron combatiendo en la II Guerra Mundial, alistados en la Legión Extranjera Francesa. La tragedia también marcó la trayectoria del capitán Dickson. Seis meses después de atracar en Orán, el considerado héroe de la odisea del Stanbrook murió con su tripulación en el mar del Norte, torpedeado por un submarino alemán, cuyo capitán, Claus Korth, había hundido naves republicanas en la guerra española.

Sobre estas líneas, la repleta cubierta del buque Stanbrook durante la travesía de Alicante a Orán, en marzo de 1939. / Legado Rodolfo Llopis. Fundación Caja Mediterráneo

Frente al drama de muchos refugiados, Juanita Alberich y Helia González, amigas en su destierro en Sidi Bel Abbes, aseguran haber vivido un “exilio privilegiado”. La vida de Juanita, residente ahora en Valencia, fue un continuo traslado. Su familia vivió en Argelia hasta 1946, cuando su marido, de la industria cerámica, fue empleado en Lorena, Francia. “Volvimos a Argelia en 1950 y salimos de nuevo hacia Lille en 1957, antes de la guerra de la independencia. Regresamos a España tras la muerte de Franco”.

La familia de Helia, que se enroló primero en una compañía de teatro española dividida tras la contienda, sobrevivió del estraperlo y de una tienda de alpargatas, el último negocio familiar en Argelia hasta partir hacia España en 1949. “Mi padre no quiso arraigar allí. En Argelia conocí la libertad. En España no se podía hablar de nada, el hambre era terrible y la represión muy dura. Ganar no debería ser vengarse”, sostiene Helia, que fue profesora de francés y funcionaria municipal en Elche hasta su retiro.

Junto al editor Rafael Arnal, Helia, que nunca volvió a pisar suelo argelino, inspiró el proyecto de la Operación Stanbrook, una expedición en barco con familiares y simpatizantes que prevé zarpar a Orán antes del verano, si la situación política tras las elecciones en Argelia no lo impide, para conmemorar aquella trágica y esperanzadora travesía que marcó el final de la Guerra Civil. “Tenemos que recordarlo porque hay muchos países en situaciones semejantes. ¿No vamos a aprender nunca?”.

http://elpais.com/politica/2014/03/21/actualidad/1395425929_742501.html


Borrar a Franco no es la solución

marzo 15, 2014

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Cada vez más España se aleja de su historia, renuncia a la justicia legal e histórica con la negación de su propio pasado, renuncia a un futuro sin complejos, libre y democrático con la aceptación de sus pretéritos acontecimientos históricos y a las efemérides negadas con la injusticia y el olvido.

La Guerra civil, la posguerra y los distintos procesos históricos de la dictadura franquista (la dictadura militar y represiva, la dictablanda o desarrollismo) no pueden quedar en meras anécdotas históricas, es una impunidad que no nos podemos permitir. El franquismo existió, y como consecuencia de él España se desangró durante y posteriormente al golpe de Estado militar africanista contra el gobierno legítimo e inoperante de la II República, Tuvo más que consecuencias políticas, económicas, sociales e históricas, tuvo desgraciadamente consecuencias humanas, vidas; y por tanto, tuvo consecuencias jurídicas irresolutas al día de hoy.

Para hacer justicia bajo mi humilde punto de vista y opinión es necesario recuperar la memoria histórica en su totalidad, es decir, mantener el recuerdo de los hechos acontecidos totalmente, lo que implicaría no únicamente a la documentación, información y difusión de los mismos, sino que también debería incluir la aplicación y el reconocimiento de las leyes internacionales al respecto de los delitos contra “lesa humanidad” de todos aquellos que estuvieran afectados por los mismos. Fomentar la conmemoración de las fechas más significativas y relacionadas con estos hechos,  y sobre todo, el mantenimiento del recuerdo a través de toda su simbología, documentación escrita, fotográfica y audiovisual, soportes artísticos, artículos y materiales, elementos sociales y antropológicos que formaron parte del período histórico. ¿Cómo? Fácil, con diferentes museos, zonas geográficamente marcadas o señaladas de interés histórico nacional, con bibliografía y sobre todo en la enseñanza a las nuevas generaciones de dicha etapa.

El Estado debería ser albacea, protector, garante y difusor de su propia historia y del derecho que a ella le asiste. Ése, es el único modo de hacer honor a la memoria histórica y al reconocimiento de la misma, a todos sus afectados y familiares, a todo un país. Para llegar al perdón no hay que olvidar, sino recordar por qué nos debemos perdón, y así, con el recuerdo permanente intentar evitar cometer los mismos errores del pasado y sobre todo sus consecuencias.

Para pasar página la solución no está en el olvido, en retirar sólo símbolos que nos ofenden más o menos, en esconder en archivos polvorientos vidas y sentencias, ocultar asesinatos en cunetas, barrancos y tumbas comunes, y en borrar de la memoria al mayor icono de esta tragedia, borrar a Franco. La solución pasa precisamente por todo lo contrario, por reconocer el mal, condenarlo, reinsertar las víctimas y su memoria y castigar jurídicamente, aunque sea por reconocimiento a los culpables de todas las tropelías e injusticias cometidas, mantener en el recuerdo y la memoria colectiva a las víctimas pero también a sus verdugos.

La historia no está completa si obviamos o cercenamos parte de ella, si además no le hacemos justicia, entonces estamos volviendo a condenar a todos los actores de la misma. Borrar a Franco y adláteres no es la solución.

 Jordi Carreño Crispín (Vicepresidente de La Memoria Viv@)


Borrar a Franco de la memoria

marzo 15, 2014

ABC, 13/03/2014 – 13 marzo 2014

La Junta ha impulsado una normativa para eliminar todo vestigio de la guerra civil y la dictadura

Portada del diario ABC de 1975

Portada del diario ABC de 1975

A partir de la entrada en vigor de la Ley de Memoria Democrática, las instituciones y organismos de Andalucía tendrán 18 meses para retirar de plazas, calles y edificios los símbolos de la etapa franquista que aún perduran en numerosos rincones de la geografía andaluza. Superado ese plazo, la Junta actuará de forma subsidiaria y procederá a eliminar los vestigios.

En Sevilla capital, en el año 2000, el Gobierno municipal de coalición PSOE-IU llevó a cabo una profunda renovación del callejero y desaparecieron más de 50 nombres de la época de Franco, aunque todavía en edificios, sobre todo de los juzgados, persiste alguna simbología de ese periodo.

Izquierda Unida ha cifrado en más de un centenar los vestigios del franquismo en las calles de Málaga. Un hecho que ha sido motivo de enfrentamiento político de forma intermitente, informa P. D. Almoguera. El análisis de los mismos deja casos tan surrealistas como el del colegio José María Hinojosa de la capital. Dedicado a este poeta represaliado durante la Guerra Civil, el centro conserva en su fachada el escudo preconstitucional con el águila, el yugo y las flechas.

En los últimos tiempos se han intensificado las gestiones para eliminar algunos de estas reminiscencias a la dictadura. Meses atrás la calle Generalísimo Franco, ubicada en la barriada de Olías, ha pasado a llamarse La Ópera. La vía dedicada a Queipo de Llano en esta misma zona también ha desaparecido.

El principal vestigio en Granada del franquismo es el monolito en homenaje a Primo de Rivera, que hay ubicado en la plaza de Bibataubín. Fruto de grandes polémicas, especialmente desde la Ley de Memoria Histórica de 2006 impulsada por el Gobierno de Zapatero, el monumento parece tener las horas contadas. Recientemente, el TSJA rechazó el recurso que presentó la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica para la retirada del monumento que ha sido objeto en numerosas ocasiones de ataques por grupos de ultraizquierda, informa Luis Javier López.

En Córdoba se han quitado, entre otros símbolos, una placa en Correos, una placa en un busto en Subdelegación, en la Universidad… una placa en una casa particular del Realejo exaltando a un general franquista, y en cuanto a las calles los gobiernos municipales de IU se encargaron de sustituir los nombres.

En la catedral de Almería, en la Delegación de la Agencia Tributaria, en la Escuela de Artes o en el IES Celia Viñas perdura la huella del franquismo, informa Raquel Pérez. Los símbolos de la dictadura, como el yugo con el haz de flechas o el víctor, así como las alusiones a figuras como Primo de Rivera, son visibles en la capital almeriense, donde el Foro de la Memoria tiene localizadas 26 calles con nombres que aluden a esta época de la historia de España.

Jaén fue para Franco un territorio «que me quita el sueño», según informa Antonio Agudo. Lo dijo en la década de los 50 al visitar la provincia y darse cuenta de la falta de infraestructuras que sufría. Fueron muchas las obras, sobre todos embalses y pantanos, los que se levantaron durante la dictadura y que, obviamente, fueron firmados con los símbolos del régimen. Símbolos que con el paso del tiempo han ido desapareciendo. Lo que no ha sido retirado todavía, quizás por el pequeño tamaño o porque no salta mucho a la vista, son cientos de placas metálicas del extinto Ministerio de la Vivienda que etiquetan a otros tantos edificios con el yugo y las flechas.

En Cádiz capital destacaban hasta hace pocos años la pervivencia de escudos franquistas en el Instituto Hidrográfico , en la Comandancia de Marina, en la Delegación de Hacienda y en la sede de Correos. Jerez conserva también algunos vestigios de la época franquista: nombres de barrios como España, Federico Mayo y Eduardo Delage, informan A. García y J. Padilla.

En la Cuenca minera de Huelva se localizan algunos de los símbolos que han provocado una gran contestación, como es la Cruz de los Caídos que se ubica frente a la iglesia del municipio de Minas de Riotinto. Este escenario se reproduce también en la capital, en el que todas las calles el barrio José Antonio (Primo de Rivera) están dedicadas a falangistas de la época. En la barriada Pérez Cubillas, permanece el rótulo del Patronato de la Vivienda Francisco Franco, con su simbología, informa Rosa Font.

http://www.abcdesevilla.es/cordoba/20140313/sevp-borrar-francode-memoria-20140313.html


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